Flores ornamentales: Las flores de un floricultor son utilizadas (por el come flores) con propósitos decorativos, es decir, se pueden guardar o atesorar en flores secas, adornos o marcapáginas.
Flores ornamentales
En términos de organización, la boda fue una verdadera perfección. De eso no se podía quejar. Incluso, cuando habló con Anthony, no resultó como pensó, se saludaron bien e intercambiaron buenos deseos, no obstante, las murmuraciones que empezaron a surgir entre los invitados lo pusieron incómodo, tanto que en algún punto se sintió sofocado. No podía estar allí por más tiempo, así que se dispuso a fingir que iba al baño, pero aprovechó el momento en que nadie lo estaba mirando para desviarse.
Llegó hasta la entrada del bar del hotel y no dudó en pedir un vaso de whiskey, así que ingresó decidido y caminó hacia el cantinero, pero se detuvo en seco cuando en su visión se atravesó una larga cabellera rubia.
Algo dentro de él se removió, recordando al dueño de aquel cabello tan pulcramente peinado.
Para el colmo, Malfoy giró la silla, quedando de perfil.
Harry bufó.
Parecía irónico que justo apareciera Malfoy.
Al pensarlo un par de veces se encogió de hombros y caminó hacia el mago, después de todo, hace rato que se había dado cuenta que Malfoy ya no le caía tan mal e incluso le gustaba. Siempre que lo veía en las revistas y periódicos con alguno de sus tantos novios se imaginó en el lugar de esas pobres almas, por supuesto, siempre se reprendió y únicamente un par de veces se pajeó con la imagen de Malfoy posando para la revista Corazón de Bruja con la cual se imaginaba su perfecto abdomen y su evidentemente suave y aterciopelada piel.
Seis años después…
La última vez que recibió una visita de Malfoy, una de sus flores había quedado en el suelo. Tal vez fue en el momento en que este se levantó tan abruptamente y se fue sin siquiera abrocharse la camisa.
Independientemente de la forma en que cayó, Harry la levantó y le lanzó un hechizo de conservación.
Después, fue a su habitación y antes de colocarla en la mesita junto a su cama, la acercó a su rostro e inhaló el aroma.
Harry amaba el aroma de Draco.
Tal vez, esta era la última flor a la que tendría acceso, pues Draco no había respondido sus mensajes.
Si, podía ir corriendo con el ministro, pero esa sería una tontería, no era un niño y sabía que tenía que resolver los problemas por su cuenta.
Suspiró y después de dejar la flor, ahora sí, fue a la sala del pequeño departamento de Hermione, tomó su mochila que contenía su uniforme de entrenamiento y otras cosas, ese día se propuso ir a Hogwarts, visitar viejas amistades y pedirle a la profesora McGonagall permiso para volar un rato en el campo del colegio.
Estaba decidido, hablaría con Malfoy, pero más tarde, por el momento debía enfocarse en sí mismo. El torneo local de quidditch estaba iniciando, tenía quedarlo todo de sí, no podía darse el lujo de perder los primeros juegos, porque, aunque se decía que estaba en una posición favorable ante el mundo de manera permanente, lo cierto es que la temporada lo estaba poniendo a prueba, los equipos canadienses estaban reclutando jugadores excepcionales, por lo que tenía que esforzarse más que en otras temporadas.
El día pasó volando, entre charlas y entrenamiento, más una serie de alumnos que se aglomeraron a su alrededor por un buen rato pidiéndole autógrafos, el día terminó y tuvo que volver a Londres, no sin antes recibir una lechuza de Neville donde le anunciaba que todos se reunirían en el Caldero Chorreante para beber un poco y convivir como en los viejos tiempos antes del gran día, si, al siguiente día se llevaría a cabo la boda de Ginny y Pansy.
Al llegar de inmediato reconoció a Seamus, Dean, Lavender y otros de sus viejos compañeros de colegio. Se acercó con una sonrisa para saludarlos, pero cuando estuvo lo suficiente cerca para escuchar lo que decían se quedó quieto. Empujado por su curiosidad, al escuchar que estaban hablando de Malfoy, decidió mantenerse en silencio. Porque lo escuchó no le agradó para nada, pues hablaban de Malfoy y su nueva relación.
─ ¿Qué? ¿Cuál relación? ─preguntó alarmado, importándole poco que pudieran sospechar.
Todos giraron a verlo de inmediato. Y Lavender le entregó el periódico, en la página donde se hablaba de la nueva relación del jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Estaba con un hombre joven y atractivo, quien era señalado como una de los sanadores más prometedores y experimentados en el campo de come flores y floricultores. Draco le estaba sonriendo y Harry sintió que iba a colapsar.
Leyó rápidamente el artículo, allí decía que se les había visto en un pub muy popular de magos en Londres, que los dos se veían muy atentos el uno al otro. Y entonces recordó, aquella ultima tarde que se vio con Draco, cuando le dijo que tenía una cita. Lo había olvidado, pero ahora, no podía dejar de pensar en ello.
Arrugó el periódico, sus compañeros le miraron intrigados, no esperaban que hiciera algo así.
Pero a Harry no podía importarle menos, estaba más concentrado en el dolor que sentía en su corazón. Era un hecho, Draco no estaba interesado en él, siempre estuvo interesado en aquel sanador y Harry había estado cegado de amor, que no había visto que en verdad estaba fastidiando al rubio por las causas incorrectas.
