Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es fanficsR4nerds, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to fanficsR4nerds. I'm just translating with her permission. Thank you so much, Ariel! 💖 ILU!


Pequeño Fantasma

1997

La sábana blanca no paraba de zafarse de la cabeza de la pequeña Bella de siete años. Ella se estiró, sus pequeñas manos tratando de acomodar la sábana.

Los dos power rangers corrieron por su lado, chocando su codo y haciendo que se tropiece con su sábana. Un niño con la máscara de Ghostface los seguía, sus brazos estirados y gimiendo terriblemente. Bella no sabía de qué película era esa cara, pero había visto la máscara varias veces. Era aterradora.

—Mami —se quejó, queriendo simplemente darse por vencida con toda la aventura de truco o trato—. ¿Podemos ir a casa?

Renée miró a su hija.

querías salir —le recordó—. Me rogaste que te llevara. Corté agujeros en mis sábanas para que puedas tener un disfraz.

La cabeza de Bella se hundió. Ella había estado enferma durante la última semana con gripe. En un momento, había sido lo suficientemente malo que Bella no estaba segura de si podría salir en absoluto. Pero ayer había mejorado y le había estado rogando todo el día a su mamá para salir.

—Ve a buscar a tus amigos de la escuela —le dijo Renée—. Será mejor con amigos.

Bella miró a su mamá a través de la sábana. Era difícil verla, pero Bella podía ver que su madre estaba distraída. Ella estaba saludando a un grupo de señoras sentadas en el porche de la Sra. Newton, bebiendo cócteles de Halloween.

Renée volteó hacia su hija.

—Estaré en el porche de los Newton mirándote. Ve a divertirte.

Con eso, Renée dejó a su pequeño fantasma en la acera. Bella podía escuchar a su madre saludar a las mujeres y a una mujer reírse como una bruja.

Los sonidos aterraban a Bella.

Se suponía que este sería el primer año que iba con sus amigas sola mientras sus padres las miraban desde el porche de la Sra. Newton, pero Bella no había asistido a clases en toda la semana, y no sabía cómo estarían vestidas sus amigas esta noche.

Se quedó parada en la acera, insegura de qué hacer.

Otra ola de niños pasaron corriendo por su lado, empujándola hasta que fue forzada a moverse. Comenzó a caminar por la acera, demasiado nerviosa como para ir a alguna casa por su cuenta, pero queriendo dulces desesperadamente.

—Hola.

Bella volteó, y le llevó un minuto ajustar su sábana así podía mirar por los agujeros de los ojos.

El niño a su lado era pequeño, así como ella, y estaba cubierto con una tela blanca con dos agujeros recortados.

Otro fantasma.

—Hola —dijo Bella, encontrando consuelo de que ella no fuera la única bebé vestida como fantasma en la calle.

Ella vio sus zapatillas moverse nerviosamente por la acera.

—¿Quieres ir a buscar dulces? —preguntó.

—Sí —dijo Bella de inmediato. Él asintió con la cabeza y levantó una funda de almohada que usaba como bolsa de dulces.

Bella aferró su propia funda de almohada, y bajo su sábana, sonrió, a pesar que él no podía verla.

—No sé por dónde comenzar —admitió él. Bella sabía. Señaló con su mano a la casa al final de la calle.

—El Sr. Jenks da dulces buenos, pero se le acaban rápido —dijo, recitando lo que ella había escuchado en la escuela. El pequeño fantasma asintió, sus zapatillas haciendo crujir las hojas mientras la seguía.

Bella no sabía por qué él no tenía amigos con los cuales buscar dulces, ni preguntó. Ni bien se encontraron, nada más importaba excepto por los dulces que finalmente podían juntar.

1998

—Pero fuiste de fantasma el año pasado —dijo Renée, arqueando una ceja. Bella aferró la sábana blanca contra su pecho.

—Quiero ir de nuevo.

La verdad es que, ella no quería ir como fantasma en realidad, pero había estado tan absorta en los dulces el año anterior para preguntar el nombre de su nuevo amigo. Ella lo había buscado en la escuela, pero no pudo descifrar quién era. Ella quería ir vestida de fantasma así él podía encontrarla.

Renée dejó pasar la discusión, sacudiendo la cabeza, y después que Bella se colocó la sábana por encima de su cabeza, salieron.

Bella pasó por esqueletos, zombis, y brujas con grandes narices verdes y verrugas, pero ningún fantasma. Cuando llegaron a la casa de la Sra. Newton, Bella sintió que sus esperanzas se esfumaban.

—¡Diviértete! —dijo Renée, caminando hacia el porche.

Los ojos de Bella estudiaron la calle a través de su sábana, su esperanza disminuyendo con el paso de los segundos.

Ella estaba lista para quitarse la sábana y correr a casa cuando sintió un pequeño golpecito en su hombro. Se dio la vuelta, su corazón contrayéndose de dicha cuando vio al pequeño fantasma.

—Hola —dijo él. Había crecido un poco, pero no más alto que Bella en el último año. Él aún tenía esas zapatillas blancas y negras.

—¡Hola! —dijo Bella, olvidando inmediatamente su plan de preguntar por el nombre de su amigo—. Vamos, el Sr. Jenks compró las barras grandes de chocolate este año. ¡Vayamos antes que se acaben!

2007

—Bella, vamos, tienes que venir este año.

Bella escuchó el ruego de su amiga, incluso mientras sus ojos escaneaban los pasillos de la escuela a su alrededor.

—No puedo —dijo Bella, distraída. ¿Podría ser ese tipo junto a su casillero su fantasma? ¿O quizás era el deportista que lanzaba el balón por el pasillo con su amigo?

—¡Bella!

Ella llevó su atención hacia Alice.

—¿Qué?

Alice entrecerró los ojos.

—Nos abandonas cada Halloween. Tienes que venir a la fiesta esta noche.

Bella sonrió, cerrando su casillero.

—No puedo —dijo de nuevo—. Tengo una cita

Era el aniversario número diez de su primer Halloween. Diez años de una amistad que se formaba una noche al año, diez años sin saber todavía su nombre.

Era un juego llegados a este punto.

Bella, vestida con jeans y un suéter grueso, y con su sábana bajo su brazo, salió de la casa, despidiéndose de su mamá. Renée había cambiado su tradición de bebidas de Halloween a la sala y Bella sabía que si no se iba ahora, las amigas de su madre estarían aquí pronto y la retendrían toda la noche.

Bella se colocó la sábana sobre su cabeza ni bien se encontraba afuera, sintiendo la sensación familiar de entusiasmo y anticipación cuando se la colocaba.

Ella caminó por la calle, deteniéndose para apoyarse contra el gran árbol de roble que se encontraba frente a la casa de la Sra. Cope. Era el árbol de ambos ahora. Su punto de encuentro.

Ella no tuvo que esperar mucho. Él se encontraba allí pronto, más alto de lo que había estado el año anterior, y al parecer delgado bajo la sábana.

—Hola —dijo, y ella notó que su voz era más profunda también.

—Hola —dijo ella, y aunque él no podía ver su sonrisa, era inconfundible en su voz.

—Feliz aniversario —bromeó él, ofreciéndole un pequeño balde de plástico en forma de calabaza. Ella rio, aceptándolo. Ya estaba lleno de dulces.

—Gracias. ¡A ti también! —dijo ella, sacando un par de anteojos de sol de su bolsillo. Él rio mientras se los colocaba sobre su sábana.

—¿Cómo luzco?

Bella no pudo contener sus risitas. Se colocó sus propios anteojos, y aunque era casi ridículamente oscuro, valía la pena. Él se rio con ella, su sábana sacudiéndose sobre su humor.

—Vamos —dijo, señalando hacia el parque al final de la calle. Ellos se pusieron en marcha, compartiendo pedazos de dulces del balde mientras iban.

—¿Cómo va la escuela? —preguntó él.

Bella gruñó alrededor de una pequeña barra de chocolate.

—Esa tarea para Ramirez me está matando —se quejó—. Como si no tuviéramos suficiente con las aplicaciones para la universidad. —Soltó un bufido.

—Sí —concordó él—. Tengo suficiente estrés por eso.

Se rieron juntos mientras caminaban hacia los columpios. Sabían que se encontraban al menos en algunas clases juntos—tenían que estarlo. La secundaria de Forks era demasiado pequeña como para que no lo estuvieran.

No por primera vez, Bella se preguntaba si debería preguntarle quién era. Él se lo diría, creía. Sería honesto, porque él siempre era honesto, y ella finalmente sabría quién era su Pequeño Fantasma.

Pero había magia en no saber, y Bella no quería romper este último y preciado momento de su infancia.

Así que, en cambio, se sentaron en los columpios y comieron dulces que él había traído y se rieron hasta que los dos tuvieron que correr a casa antes de su hora límite.

2011

Esta era la primera vez que no iba a casa por Halloween.

Cada Halloween desde que tenía siete años, había estado allí para encontrarse con su Pequeño Fantasma. Incluso después de irse a la universidad, ella había podido regresar a casa, pero este año Halloween era un lunes, y tenía trabajo por la mañana.

Alice la estaba llevando a una fiesta de disfraces en el campus, aprovechando el hecho de que su amiga finalmente estaba disponible.

—Será genial —insistió Alice—. Esta fiesta siempre es una de las mejores del año.

Bella no tenía un disfraz que usar, habiendo usado el mismo durante los últimos trece años.

Alice logró meterla en un pequeño y revelador vestido sin tirantes, y después de dibujar tres líneas en sus mejillas, le dijo a Bella que se llamara gato negro. Bella no estaba convencida, y mientras salían del cuarto, ella logró esconder su sábana bajo su brazo.

Era una manta de seguridad, y simplemente no era Halloween sin ella.

La fiesta se podía escuchar a tres cuadras de distancia. Alice, vestida como un hada de color neón, bailó de camino hacia la casa de fraternidad, cantando Monster Mash a todo pulmón.

Diez minutos después de estar en la casa, rodeada de cuerpos ebrios y sudorosos, Bella no podía soportarlo más. Ella se colocó la sábana y caminó hacia el porche trasero para esconderse.

Había un columpio de llanta colgando de un árbol en el patio trasero. Parecía olvidado hace mucho tiempo, pero Bella caminó hacia este de todos modos. Después de probarlo, se sentó tentativamente en este. La soportaba bien, meciéndose gentilmente adelante y atrás mientras la punta de los dedos de sus pies se arrastraban por la tierra.

Ella debería haber ido a casa. Debería haber encontrado una manera de llegar a casa, de estar allí. Ellos jamás se habían perdido un año, y aquí estaba ella rompiendo la tradición. Ella estaba decepcionando a los dos.

Unas zapatillas aparecieron en su vista, y levantó la mirada, sobresaltada. De pie frente a ella, había un tipo alto con una sábana blanca. Su corazón saltó en su pecho.

—Esto va a sonar muy raro —dijo él lentamente—. Pero, ¿por alguna casualidad eres de Forks?

Él la había encontrado. En Seattle, su fantasma la había encontrado.

A ella no le importaba cómo o por qué. Se puso de pie, y en un segundo, se le aventó. Él era firme mientras la atrapaba, sus brazos envolviéndose alrededor de su cintura. Ella prácticamente lo estaba ahorcando mientras rodeaba su cuello con sus brazos.

—Oh, por Dios —chilló—. Creí… Quiero decir… —Estaba casi llorando.

Sus brazos la aferraron con más fuerza.

—Lo sé. —Suspiró él—. También lo creí.

Se abrazaron por otro minuto antes que Bella se diera cuenta que ni siquiera sabía el nombre de su fantasma.

Ya era suficiente.

Se apartó, sus ojos buscando los de él. La única parte de él que siempre había visto.

—Creo que ya es hora —le dijo. Él asintió, estando de acuerdo, y ella vio sus hombros subir y caer mientras él inhalaba.

—Sí —dijo él—. Así es.

Ambos tomaron sus sábanas, y después de una pausa, se las quitaron.

—¡Edward!

—Bella.

Ambos sonrieron tímidamente al otro. Se conocían, por supuesto, porque era casi imposible crecer en Forks y no conocer a todos, pero jamás habían sido cercanos en la escuela.

Bella se dio cuenta ni bien se quitó la sábana que deberían haber hecho esto años atrás. ¿Qué tan mejor hubiera sido su experiencia en la secundaria si hubiera sabido el nombre de su mejor amigo?

Abrumada, se acercó para abrazarlo de nuevo. Él la jaló hacia su pecho y soltó un largo suspiro.

El pasado era el pasado, y ahora no tenían nada más que un futuro brillante y prometedor frente a ellos.

2022

—¡Justo así, sí! —Bella sonreía mientras Edward sostenía a su hijo de cuatro años, ambos cubiertos por sábanas blancas con pequeños agujeros recortados para los ojos. Bella se carcajeaba mientras tomaba la foto, y Edward soltó una risita, bajando a su hijo.

—¿Podemos ir? —demandó él, mirando a sus padres. Bella se colocó su propia sábana, su vientre grande haciendo que la tela se levantara.

—Síp —dijo Bella—. Vamos.

Mason festejó y se apresuró hacia la puerta. Edward se estiró en busca de la mano de su esposa, sus dedos ardiendo con los de ella. Levantó su puño para besar el dorso de su mano mientras salían de la casa, siguiendo a su impaciente hijo.

—Feliz Aniversario número veinticinco —le susurró. Él podía ver que los ojos de ella se arrugaron en las esquinas bajo la sábana, y sabía que le estaba sonriendo.

—Feliz aniversario —le repitió ella, su mano abandonando la de él para rodear su cintura. Él la acurrucó contra su costado mientras ella se estiraba para besarlo a través de la sábana. Ambos se rieron cuando ella no alcanzó su boca y besó su mentón.

Veinticinco años atrás, dos pequeños fantasmas se encontraron en una noche oscura, y desde entonces, sus vidas jamás habían sido más dulces.


¡Feliz Halloween! Empezamos dulce, pero ya se vienen más OS :)

¡Besos!