Disclaimer: Todo pertenece a Olivie Blake.
Esta historia participa en el Drabblectober del Multifandom 4.0 del foro Alas negras, palabras negras.
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Aromas y recuerdos
Chicle
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A Parisa le gusta estudiar en la biblioteca. Le gusta su ambiente tranquilo y la posibilidad de tener cualquier libro a su alcance. Además, en la biblioteca hay calefacción, a diferencia del cuchitril que es lo único que ha podido alquilar con el dinero de la beca, así que pasa allí el mayor tiempo posible, en parte para prepararse los finales y en parte para huir del frío de París en diciembre.
Los exámenes finales del primer cuatrimestre son en enero, pero a Parisa le gusta estar preparada con tiempo. Es una chica precavida y precisamente por eso siempre hay una parte de ella que está alerta.
Es esa parte la que nota que la chica que hay sentada a unas mesas de distancia haciendo pompas de chicle mientras lee un libro con desgana está pensando en ella. Parisa se concentra en su mente. No la tiene protegida y eso la tranquiliza. Si hubieran enviado a alguien a buscarla esa persona tendría su cabeza bien blindada. No es que crea que eso vaya a pasar, pero más vale prevenir que curar.
La chica del chicle está pensando que Parisa es hermosa, lo cual no es ninguna novedad. No obstante, no está pensando en acostarse con ella, o al menos no es su pensamiento principal. Eso sí que le llama la atención, así que indaga y lo que descubre podría ser la solución a sus problemas, al menos a los económicos.
La chica cursa la carrera de bellas artes. No es medellana, pero su hermano sí y les gusta estudiar juntos, por eso está allí. El chico ni se ha fijado en Parisa, concentrado como está en subrayar un tocho de apuntes, pero ella ha tenido tiempo de pensar en al menos siete maneras diferentes en que la podría dibujar.
A Parisa le gusta la idea de que la dibujen. Al fin y al cabo, siempre le ha gustado que la admiren. Sin embargo, hay otra cosa que le gusta todavía más: el dinero que la universidad mortal de bellas artes paga a quienes hacen de modelos.
La semana siguiente vuelve a encontrarse con la chica del chicle, aunque esta vez no están en la biblioteca. Parisa ha conseguido un puesto como modelo en su clase de dibujo anatómico. La chica está encantada y a Parisa le da ternura leer en sus pensamientos que a lo mejor ha sido cosa del destino que ella estuviera pensando en dibujarla y que ahora esté allí. Al final de la clase se acerca a ella y le pregunta si quiere ir a tomar algo. Le parece bastante mona y quiere agradecerle por la ayuda prestada aunque la chica nunca vaya a saberlo. Podría contárselo, pero Parisa prefiere no hablar de sus habilidades a menos que sea necesario. Por más bonita que le parezca esta chica, con sus mejillas sonrojadas por la timidez, su mente de artista y su aliento que huele a chicle de fresa, ella no deja de ser una chica precavida.
