Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es fanficsR4nerds, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to fanficsR4nerds. I'm just translating with her permission. Thank you so much, Ariel! ILU!
Génesis
Llovía la primera vez que desperté como vampiro.
La cabaña tenía un techo que goteaba, y la lluvia se colaba, creando un ritmo martilleante que rebotaba en mis oídos nuevos y sensibles.
En mis veinticuatro años, había estado despertando dolorida, y aunque hoy no era una excepción, era diferente. En vez del dolor en mi columna que había requerido un soporte de espalda durante gran parte de mi vida, ese día mi cuerpo salió de la cama, sin esfuerzo y en alerta. Había un fuego en mi sangre y un ardor en mi garganta, pero por primera vez en mi vida, me sentía como una persona completa.
Lloré lágrimas color carmesí al percatarme.
Más tarde, mi hambre y mi nueva movilidad me llevarían a realizar actos horribles y atroces; una rebelión, supongo, contra las limitaciones de mi vida humana.
No fue hasta que conocí a Alice que las cosas comenzaron a cambiar para mí. Había una amiga —la primera que había tenido— una confidente, una hermana. Alice me guió durante mi adolescencia vampírica, no con estándares vampíricos, pero ella era increíblemente más poderosa. Su tutela y sus consejos me salvaron de mí misma, y habíamos estado juntas desde entonces.
~G~
Mis tacones repiqueteaban sobre el pavimento mojado, firmes a pesar de las hojas resbaladizas caídas que inundan las aceras. Hacía frío afuera, supongo, pero no sentía la temperatura. El suéter que tenía puesto fue elegido cuidadosamente para ayudarme a encajar —y resaltar— exactamente de la manera que quería. Había una ciencia detrás de ello; vestirse provocativamente al mismo tiempo que tratas de aludir algún tipo de humanidad. Una manera de atraer a la presa correcta y no resaltar para nada como un tipo de depredador.
Era un estilo que Alice y yo habíamos estado perfeccionando durante gran parte de un siglo.
Mi teléfono vibró en mi mano, y le eché un vistazo.
La fiesta está llena. Comerás bien. ~A
Sonreí, respondiéndole con un emoji de beso. Alice había optado por no comer humanos cuando nos conocimos, pero jamás trató de convencerme de cambiar mi propia dieta. Fiel a su costumbre, mi comprensiva amiga usaba los dones extra que poseía para encontrar la comida correcta para mí. Una vez, me comí a un tipo que planeaba ir a casa y matar a dos chicas que tenía encerradas en su sótano. Alice y yo habíamos liberado a las chicas y esparcimos pedazos del cuerpo del tipo en el Hudson. Nunca se encontraron rastros de él.
Giré en la esquina, a tres cuadras de la fiesta ahora. Podía escuchar la música retumbar, oler la lujuria y el sudor que impregnaba el aire.
Me lamí los labios y caminé un poco más rápido.
A una cuadra de la casa de la fraternidad, capté un aroma poco familiar en el aire. Todo mi cuerpo se congeló mientras lo asimilaba. Dulce, almizcle, como tarta de manzanas y coñac. Me doy la vuelta, mis ojos estudiando la calle oscura, pero no veo nada fuera de lo normal, a pesar de mi mirada vampírica.
Analizo la zona una vez más, y cuando estuve segura de que no era nada, giré en dirección a la fiesta de nuevo.
Él se asomó de entre las sombras como tinta que emana de un bolígrafo. Mi corazón, un órgano que difícilmente funcionaba ya, se contrajo en asombro mientras me detenía en seco. Él era alto y estaba vestido completamente de negro. Era difícil descifrar sus rasgos en la oscuridad, pero no había forma de evitar el rojo brillante de sus ojos.
—Bueno, bueno. —Chasqueó la lengua, su voz ligeramente europea—. ¿Qué tenemos aquí?
Podía sentir el poder emanando de él. Era mucho más grande que yo, lo que quería decir que tendría el poder que solo podía soñar.
Era casi imposible avanzar en jerarquía vampírica. Nuestro poder estaba sujeto a cuánto tiempo habías sido un vampiro. Seguro, eso quería decir que ganábamos más con el tiempo, pero siempre habría un anfitrión que había vivido alrededor de un milenio más. Algunos vampiros, como Alice, nacían con suerte, con poderes que ayudaban a su segunda vida. Pero para la mayoría de nosotros, teníamos que esperar el paso del tiempo para obtener fuerza.
La primera década siendo vampiro, todos somos apenas más que humanos. Había sido vampiro por ciento ocho años, lo cual no era lo suficientemente.
—Parece un cordero perdido —dijo otra voz detrás de mí. Me di la vuelta para encontrar un segundo vampiro detrás de mí. Alice y yo ocasionalmente nos topábamos con otros vampiros, y en gran parte nos dejaban en paz. No éramos lo suficientemente ricas para estar en el mismo círculo de los más antiguos.
—¿Estás perdida, cordero? —preguntó el primero. Volteé a fulminarlo con la mirada.
—Me están esperando —dije, mi voz tensa con apenas un poco de respeto. Era más sabio mantener un respeto por los mayores, incluso si no eran mucho más grandes que yo. Cualquiera que había sido vampiro por incluso un mes más que yo era más rápido y más fuerte. Yo era una muñeca de trapo para algunos de ellos.
—No, no lo creo —dijo el segundo, dando un paso hacia mí. Olía a guayaba y a orquídeas. No un aroma desagradable, pero ciertamente sorprendente en el medio de Seattle—. Tenemos una fiesta mucho mejor para ti —continuó.
El pánico comenzaba a hacer que mi lento corazón se acelere un poco, y me di la vuelta hacia el que se encontraba frente a mí, tratando de pensar en cómo salir de esto.
—Vamos, cordero —dijo el que estaba frente a mí—. No nos hagas dañar esa pequeña y hermosa garganta.
Tragué fuerte. Sabía que no me morderían. Los vampiros no podían alimentarse de otro, no sin volverse locos. Había escuchado de un vampiro hace unos años que las parejas podían morderse durante el sexo, pero como no tengo una pareja, jamás lo había intentado. Una gota y comenzábamos a cambiar, la humanidad completamente fuera de nosotros hasta que quedamos como algo demente y salvaje. Alice y yo conocíamos a esos vampiros como Salvajes, aunque había escuchado que los vampiros europeos usaban otro nombre para ellos. Lo que fueran esas bestias, no era algo que alguna vez aspiraba a ser.
Estos dos no iban a morderme, pero había mucho que podían hacerme.
—No, eh…
Mis palabras mueren en mi lengua cuando uno de los vampiros me agarra. Él era mucho más rápido y fuerte que yo, y al momento que su mano tocó mi brazo, pude sentir su malicia y malas intenciones.
No tenían intenciones de que sobreviviera la noche.
El pánico se despertó y el instinto me llevó a luchar, a pesar que sabía que era una batalla inútil. Giré, embistiendo mi mano en el pecho del que me tomó, pero él rio y tomó mi otra muñeca mientras su amigo llevaba sus manos a mi cintura y me arrastraban lejos de la calle y hacia las sombras.
Levanté mi rodilla, y logré golpear a uno en la entrepierna, pero el otro me agarró, sosteniendo mis extremidades así no podía luchar. Podía escuchar al que había pateado maldecir, y me dio una pequeña satisfacción.
Él volteó a mirarme con ira, sus ojos rojos ardiendo, y en ese momento supe que tenía una opción.
Iba a morir esta noche, pero al diablo si sería bajo sus términos.
Enviándole un mensaje silencioso a Alice que sabía que ella no sería capaz de escuchar, me despedí de ella mientras el vampiro se acercaba a mí de nuevo. Él no esperaba que lo mordiera, porque estaba suicida, así que dejó su garganta expuesta mientras arremetía hacia mí.
Mis dientes se hundieron en su garganta, como roca deslizándose por mantequilla.
Su compañero gritó con sorpresa, y me liberé de su agarre. Me tambaleé, pero mis dientes seguían firmes en el cuello de su amigo, bebiendo la sangre más dulce que jamás había probado. Me sentía borracha ante el sabor, y bebí de él con voracidad, la sangre escapándose de mi boca y cayendo por mi garganta.
Sentí a su amigo darse la vuelta para huir, y giré, soltando la garganta para tomar la otra. Él gritó, cayendo de rodillas mientras le succionaba la vida, mi mente salvaje y frenética con hambre y energía.
Jamás había sentido un poder como este. Cantaba a través de mis venas, bombeando fuerza en cada célula de mi cuerpo.
Succioné cada última gota de sangre del vampiro y lo dejé caer a mis pies. Mi cuerpo vibraba con poder, mi mente dando vueltas con nueva información, cientos de años de recuerdos e historias que había arrancado de sus dueños. Yo era mucho más que un vampiro; era una Salvaje.
¿Por qué había temido esto?
Esperé a que la locura llegara. Alice y yo lo habíamos visto pasar antes. Un vampiro había atacado a otro, y en cuestión de minutos había cambiado y muerto.
Me preguntaba si tendría tiempo para ver a Alice antes que yo también muriera.
El aroma a tarta de manzana y coñac flotaba a mi alrededor de nuevo, y mi cabeza se levantó, confundida. ¿De dónde venía eso?
Mi cuerpo se movió sin siquiera pensarlo, más rápido de lo que me había movido antes. En un segundo, me encontraba al final de la calle, al siguiente, me encontraba sobre una azotea, observando el campus y el centro pasando este.
Mis ojos estudiaron los techos y las zonas aledañas, pero incluso con mis sentidos super avanzados, no podía ver a nadie.
En menos de un segundo, me encontraba de vuelta en la calle, mis pies me llevaban hacia la fiesta.
—¡Mierda! ¡Increíble disfraz! —Un tipo me gritó mientras me acercaba. Suponía que tenía suerte que era Halloween y la sangre que cubría mi cuerpo podía ser ignorada fácilmente.
Me metí en la casa llena, mi piel sobrecargada con el contacto de cada humano al que pasaba.
Encontré a Alice en la sala, bailando con un chico que tenía sus brazos alrededor de su cintura.
—¡Bella! —jadeó ella cuando me vio, desenredándose de inmediato. Me sacó de la casa sin una palabra y no se detuvo hasta que nos encontrábamos en un callejón a dos cuadras de distancia—. ¿Qué te pasó? —demandó, sus ojos estudiándome.
—Fui atacada —dije, mi voz pequeña. Alice frunció el ceño.
—¿Y decidiste decorarte con su sangre?
Tragué fuerte y sacudí la cabeza.
—Lo hice, Ali. Bebí sangre vampírica.
Alice siseó instintivamente, sus ojos agrandándose.
—¿Qué? ¿Hace cuánto tiempo?
Sacudí la cabeza.
—Creo que sucederá en cualquier momento —susurré, lágrimas color carmesí ardiendo en mis ojos. Alice me observó.
—No vi nada de esto —protestó.
—Supongo que descubrimos que hay limitaciones en tus visiones —dije, mi voz vacía.
Alice me fulminó con la mirada.
—Para, no hay tiempo para hacer chistes, tenemos que…
Pero su voz se apagó. No había nada que hacer, no había manera de salvarme.
—¿Te sentarías y esperarías conmigo? —pregunté, mi voz suave. Las lágrimas carmesí de Alice estaban acumulándose, y ella asintió.
—Por supuesto —susurró.
Subimos a una azotea, tanto sombría como silenciosa mientras esperábamos que la muerte horripilante comenzara.
Alice sostuvo mi mano, y nos sentamos juntas, en silencio y a la espera.
Al este, el amanecer comenzó a pintar el cielo de un violeta oscuro. Habíamos estado aquí por horas y de alguna manera, seguía con vida.
¿Cómo era esto posible?
—Bella —dijo Alice, mientras observábamos al sol asomarse por el horizonte—. ¿Estás segura que tú…?
La miré.
—Sí, eran vampiros. Los bebí por completo.
Alice negó con la cabeza.
—No lo entiendo —dijo lentamente. Yo tampoco. No debería estar viva. Debería haberme convertido en polvo horas atrás.
Faltaban minutos para el amanecer, y seguía respirando.
—Bella, tenemos que entrar —urgió Alice suavemente. Observé el cielo que se iluminaba. No había visto un amanecer en cien años. Cómo ansiaba quedarme y mirar este.
—Bella —urgió de nuevo.
Parpadeé, permitiendo que me sacara del techo. Si no estuviera muerta ya, no tenía sentido quedarme y esperar a que el sol acabara conmigo. Había recibido un don esta noche, uno que era mejor no presionar.
Dejé que Alice me llevara lejos del techo y hacia las sombras, donde pertenecíamos.
~G~
—No lo entiendo —masculló Alice, una vez que nos encontrábamos a salvo en casa. Habíamos logrado escapar segundos antes de que el sol saliera—. ¿Estás segura que eran vampiros?
Levanté la mirada hacia ella mientras me sentaba en nuestro viejo sofá.
—Segura.
Frunció el ceño, cerniéndose sobre mí, sus ojos dorados estudiando todo mi rostro.
—¿Y los bebiste por completo?
Gruñí, sintiéndome molesta con las preguntas. Habíamos repasado esto ya al menos seis veces.
—Hasta la última gota.
Alice se sentó en el sofá a mi lado, sacudiendo la cabeza.
—No lo entiendo —dijo de nuevo.
Tampoco lo entendía, pero su ansiedad al respecto me hacía sentir peor. Me puse de pie, fingiendo bostezar.
—Voy a ducharme e ir a la cama —le dije. Podía sentir sus ojos en mí, pero no le di lugar para protestar o decir algo más.
Me metí al baño, abriendo el agua tan caliente como podía. No podíamos sentir el frío, pero sí que a los vampiros les encantaba el calor. Era lo que más extrañaba del sol.
Me duché rápidamente, quitándome toda la sangre vertida de mi cuerpo. Cuando terminé, me envolví en mi mejor toalla y me dirigí a mi cuarto.
Los vampiros jóvenes —como Alice y yo éramos consideradas— aún necesitaban dormir. No necesitábamos mucho, alrededor de cuatros horas, pero aún teníamos esas funciones. Cuando me transformé por primera vez, me di cuenta que dormía casi catorce horas al día, o más. Había disminuido con el paso de las décadas.
Me hice bolita en mi cama sin siquiera molestarme en vestirme. Mi ventana tapada mantenía mi cuarto oscuro, pero parte de mí ansiaba estirarse y abrirla.
Quería el sol.
Pero era un pensamiento absolutamente suicida, y había tenido mi cuota de esos por la noche, así que me acosté en la cama y me obligué a dormir.
~G~
Desperté con el olor de tarta de manzanas y coñac.
Me senté, mi corazón martillando en mi pecho mientras intentaba observar mi cuerpo con mis ojos soñolientos.
Nada parecía estar fuera de lugar hasta…
Él salió de entre las sombras como tinta que emana de un bolígrafo.
Alto, de hombros anchos, piel pálida que parecía brillar en la oscuridad, y ojos rojos penetrantes.
—¿Qu-Quién eres? —siseé, levantándome rápidamente de la cama. Sus ojos recorrieron mi cuerpo, y me di cuenta que seguía desnuda. Siseé de nuevo y jalé de mi manta para cubrirme. Su mirada regresó a mi rostro, una sonrisa divertida en sus labios rellenos.
—Vi lo que hiciste anoche —dijo, su voz era baja y lenta. Era poderoso, probablemente más poderoso que cualquier otro vampiro que me había cruzado. Podía sentirlo llenar y pulsar en el cuarto. Era un depredador, y yo definitivamente era nada más que una presa.
—¿Qu-Qué? —dije ahogadamente.
Él se movió silenciosamente, y tan rápido que mis ojos superiores no podían seguirlo. Se inclinó, tomando mi rostro en una mano, sus ojos rojos penetrantes en los míos.
No hablé, ni me atreví a respirar, mientras me observaba.
Finalmente, asintió.
—Eres ella.
No sabía a qué se refería con eso exactamente, pero quería protestar que en realidad no era nadie.
—Levántate —instruyó, soltando mi barbilla—. Y vístete. Tenemos que irnos.
—¿Qué? ¿A dónde? —pregunté, sin moverme. Él me miró molesto. Realmente era muy alto.
—Tenemos que sacarte de aquí antes que cada salvaje llegue aquí, a cazarte.
Parpadeé.
—Pero no hay salvajes. Ellos mueren en minutos.
Él sacudió la cabeza.
—La mayoría lo hace. Algunos sobreviven y se convierten en parásitos sedientos de sangre. Depredadores sin consciencia. Y si te detectan aquí, vendrán en manadas y devorarán a cualquiera y a todos en su camino.
Mi corazón se sacudió en mi pecho.
—¿Adónde me llevas?
Me bajé de la cama, olvidando una vez más que estaba desnuda. Él se detuvo a mirarme, y si pudiera haberme sonrojado, lo hubiera hecho.
—Pervertido, ¿al menos podrías darte la vuelta? —siseé, moviendo mis manos inútiles para cubrirme. Él se cruzó de brazos.
—No, de hecho, creo que no lo haré.
Resopleé y me coloqué una sudadera que caía a la mitad de mis muslos. Entonces, me coloqué unas leggings, sin siquiera molestarme con ropa interior. Raramente la usaba en mi segunda vida. Cuando estaba completamente vestida, giré hacia él.
—¿Me dirás tu nombre?
Sus ojos ardían en mí como si pudiera ver a través de mis prendas. Me moví incómodamente. Su mirada finalmente subió a mi rostro.
—Aún no.
—¿Por qué?
—Tenemos que llevarte a un lugar seguro —dijo, caminando de un lado a otro.
—¿Por qué?
Volteó a mirarme tan molesto como imaginaba que estaría con mis preguntas.
—Porque eres algo terriblemente raro, y si alguien se entera, te matarán.
Mi boca se secó.
—Pero no soy nada especial.
Él sacudió la cabeza, caminando hacia mí.
—Lo eres. Eres un Genesis. Tu sangre podría cambiar el mundo. Ahora, vamos, tenemos que irnos.
Usualmente no leo historias de vampiros, pero por esta autora hago excepciones jaja. Por cierto, Ariel tiene pensado en algún momento continuar esta historia.
¡Muchas gracias por leer! Ya nos queda el último OS.
¡Besos!
