11:14 pm
Era de noche, donde el viento frio de inicios del invierno se hacía más intenso y la comida más caliente en la villa humana, los humanos se hacían cada vez menos activos y preferían actividades en conjunto a sus seres cercanos o directamente dormitar en sus colchonetas para ver el amanecer de un nuevo día.
En los exteriores de la villa humana el panorama no era muy distinto. Donde algunos yokais aprovechaban para divertirse con las plantas muertas y reírse de un par de diosas hermanas tristes por la muerte de las plantas y vegetales, había otros que empezaban los preparativos para imitar el actuar humano e hibernar hasta que el sol volviese a calentar plenamente la tierra de las ilusiones.
También los había que veían el hambre de estos últimos como una oportunidad de negocios, porque el hambre es un peligro y una preocupación para todos hasta que puedes sacar beneficios de ello.
Es por ello que en este momento, en las profundidades del bosque circundante al territorio de los tengus, un trio de yokais se encontraban juntas, aburridas e impacientes.
—Recuérdenme por qué acepte este acuerdo— Dijo Mystia Lorelei, mordisqueando los restos de una lamprea cruda.
—Porque dijiste que le faltaba variedad dulce a tu menú y podríamos sacar buenas ventas trabajando juntas— Contesto Seiran alegremente al son que sus orejas se movían.
—También porque te destruyeron el carro de lampreas y nuestra tienda móvil te era conveniente— Expreso la coneja rubia, Ringo, mientras se balanceaba en un taburete de plástico. —Y Seiran no quiere quedarse sola luego del incidente, así que todas ganamos.
—Eso último fue innecesario— Reprocho Seiran con un visible rubor.
—Pero es verdad.
s—Ya, pero no tuve que decirlo.
La discusión entre los lagomorfos se extendió por un tiempo que al gorrión le pareció eterno, agarrándose de sus orejas emplumadas para meditar la secuencia de sucesos que le habían llevado a esa situación.
Un día como cualquier otro, otra día de ventas más que exitosas (Todo gracias a sus habilidades culinarias, nada que ver con su canto y los viajeros perdidos y asustados) y simplemente un rayo de energía perdido le había atinado a su puesto de trabajo digno y próspero.
Se había quejado pensando que era Marisa, pero en el momento en que una enojada Yuuka le devolvió la mirada con lo que parecían manchas de sangre en su siempre elegante vestido, prefirió solo alejarse y no decir ni pio.
La realidad es que solo eran tomates que reventaron por accidente, pero prefería no averiguarlo.
—Oe ¿Qué acaso no vendías lampreas?— Le había preguntado la coneja amarilla en ese tiempo no superior a seis días.
Una cosa llevo a la otra y aquí estaba, con el plumaje empolvado, sin haber dormido en saber el Dios Dragón cuanto tiempo y en compañía de dos competidoras en el sector alimenticio, en una tienda con una parrilla, una barra improvisada a base de un par de troncos mal tallados, unas cuantas cajas para guardar lampreas e ingredientes varios, cuatro estantes pequeños para guardar cubiertos y sake y una lámpara malamente alimentada por los poderes raros de las conejas.
En la más sincera y respetuosa opinión de Mystia, esto era una mierda no digna de sus estándares.
—(No debí mencionar lo del dulce)— Pensó amargamente mientras Seiran y Ringo seguían discutiendo en el fondo.
Por esa misma razón ninguna escucho el sonido de dos pares de pasos aproximándose a su pequeño negocio y al dúo que sostenía una amena conversación en el tramo.
—Dijiste hace un ratico largo que no conoces casi nada fuera del bosque de la magia ¿Correcto?— Pregunto una voz alegre.
—Bueno, viví casi toda mi vida ahí, ni siquiera fui al Reino Animal con la jefa para trazar el plan con los Keiga, así que seguramente lo dije— Respondió una voz mucho más curiosa, sus pasos específicos se escuchaban ligeramente silenciados.
La charla ociosa que no tuviese que ver con las conejas llamó la atención de Mystia y coloco una sonrisa feliz en su rostro hasta el momento taciturno, por lo que ajustando su delantal azul y peinando levemente su plumaje se postro frente a la barra improvisada del puesto mientras daba un pisotón en el suelo, avisando a las conejas.
—Sean bienvenidas al puesto de lampreas de Mystia Lorelei y asociados-
—¡Pero el puesto es mío!— Reclamó Seiran.
—Cállate.
Frente a ellas se encontraban uno de los clientes habituales de Mystia y reconocida solucionadora de incidentes locales: Marisa Kirisame y una cosa que no podría describir como algo que no fuese un perro raro con tres colas, pelo plateado, un vestido morado sencillo, una falda rosa y un par de trampas para animales rojas en las muñecas.
—Ah, Marisa, es un gusto verte ¿El último tiempo ha sido un poco agitado no es así?— Inicio conversación la de plumaje rosa. —Nunca había visto a esta chica ¿Quién eres?
—'Enga 'enga, una pregunta a la vez pohfavoh— Contesto la rubia un poco sorprendida por la repentina hospitalidad. —Pero si, ha sido un poco movido, al menos una vez más la maga ordinaria salva el día.
—Yo no estaría tan segura de eso pero de acuerdo— Menciono la canina. —Un gusto, soy Mitsugashira Enoko, me gustan las peleas y no he salido del Bosque de la Magia la mayor parte de mi vida, es mi primera vez en este bosque… ¿Era así como se presentaba la gente normal?
—Usualmente con menos detalle, pero si— Respondió la voz de Ringo tras la barra. —Un placer señorita perro, soy Ringo ¿Cómo podemos servirles esta noche?
—Bueno, unas lampreas y, supongo que porque ustedes andan aquí, algo de dango. Siéntate Enoko, tu solo espera.
—¿Esperar, es todo? Creí que tendríamos que pelear o algo.
—Tienes que aprender mucho de las relaciones no tan animalescas.
La conversación se extendió en la barra mientras que en la cocina improvisada el gorrión ponía a fritarse un par de lampreas, si podía ganar un cliente nuevo con el negocio mejor que mejor, tocaba dejar una buena primera impresión que-
El pensamiento frenético de Mystia debería de haberse quedado en su cabeza, pero inevitablemente empezó a tararear una pequeña canción lúgubre en voz baja, casi inaudible para el oído humano de Marisa, pero perfectamente comprensible para el trio animal que se encontraba obviamente inquietado por la demostración.
—(Espeluznante)— Pensó Ringo, antes de voltear su mirada a Seiran, que aunque perturbada, lucia inusualmente seria. —(Oe ¿Pasa algo?).
—(¿Eh? No nada, es que siento que conozco a esa yamainu de alguna parte)— Dijo la azulada. —(No me da buena espina)
—(¿En serio? Bueno, sea como sea ahora es una clienta y todos en este parche de tierra son raritos, seguro no es nada)— Dijo Ringo, tratando de aligerar la mente de su compañera. —Y dígame señorita yamainu ¿Es nueva en Gensokyo? ¿Hace cuánto te olvidaron?
—¿Nueva? Jaja no, llevo fácilmente un par de siglos por aquí. Tengo entendido que ustedes vinieron cuando esas arañas raras estaban blanqueando Gensokyo ¿Llevan como 75 años aquí entonces no?
Ese comentario levanto las cejas de todos, hasta de la distraída Mystia ¿75 años? Hasta donde ella podía recordar, la invasión lunarian solo fue hace 5 años.
—Jeje, discúlpenla, cuenta las cosas en años perro— Intercedió Marisa con nerviosismo.
—Ya veo, lo entiendo, a veces igual cuento las cosas en años conejo— Contesto Ringo con una risita, a lo mejor no era tan distinta a estos yokai terrícolas.
—Comida lista, disfruten— Anuncio el gorrión rosado, poniendo su mejor (Y sudorosa) cara. —Lamprea frita y algo de dango, por favor díganme si esta buena, que se puede mejorar, que establecimiento sería bueno para mudarme, si esa inmortal dejo de vender su comida, si
—Creo que entendieron el punto, cálmate chica o espantaras a los clientes— Dijo Ringo poniendo una mano en el hombro de su compañera.
—¿Gustan de algo de Sake?— Pregunto Seiran, menos efusivamente que el ave.
—Claro, una buena comida nunca puede estar falta de sake.
—No suena mal.
Una vez que Seiran fue a buscar el alcohol, la charla entre la coneja y la canina se reanudo sorprendentemente rápido, llamando un poco la atención de Mystia. Pese al aspecto corpulento y poco activo de la coneja, parecía tener un buen don para mantener al cliente entretenido, ignorando una falta de respeto como lo sería hablar con la boca llena de su cocina.
—Entonces estuviste vagando por un tiempo sin nada que hacer ¿Correcto?
—Exactamente, cuando eres inmortal y no tienes con quien charlar la verdad es que se vuelve aburrido, nisiquiera los otros yamainus del bosque querían hablar conmigo temiendo que se les fuese a pegar lo que tenía.
—Los perros se escuchan supersticiosos. Entonces, si viviste toda tu vida en el bosque ¿De dónde salieron las trampas? No creo que viniesen con la inmortalidad, ajja— Interrogo la bruja.
—Bueno, me las dio la maestra Saki, dijo que podría ser más imponente, como el mismo Cerbero, así que me compro estas cosas y mes las dio. Son muy convenientes con mi habilidad— Explico Enoko, cerrando el puño y en consecuencia la trama. —Tal vez sea una criminal, pero en verdad que fue una gran persona, me sabe feo haberla abandonado.
—¿Maestra Saki? El nombre no me suena ¿Quién es?— Pregunto Ringo, comiéndose discretamente uno de los dangos de Marisa.
—No creo que la conozcas, es una de las matriarcas del Reino Animal, un lugar bajo tierra donde solo los fuertes pueden imponerse ante los demás. Se me hace chistoso que un caballo tan pequeño sea tan fuerte, pero supongo que sus alas compensan la al—Explicaba alegremente la albina, antes de que un fuerte golpe en la barra improvisada alertase sus sentidos.
—¡Espera un minuto! ¿¡Dijiste caballo!?— Grito Seiran, saltando de la nada y acercando su cara tanto como podía a la de Enoko.
—E-eh, s-sí, eso dije, una caballa hembra para ser exacta.
—Se dice yegua— Corrigió Marisa.
—¡A quien putas le importa como se dice!— Exclamo la coneja antes de apuntar directamente a la frente de la chica. —¡Ya me acuerdo de ti, eres esa loca que me envió al Infierno y luego tuve que pelear con esa vaquera loca!
—Eeeeh ¿Y tú eres? Lo siento, no me acuerdo de ti, de eso ya un par de meses.
—¡No importa quién soy sino lo que voy a hacerte!— Grito nuevamente antes de sacar un martillo para mochi de uno de los estantes. —Levanta tus trampas y prepárate para morir a manos de una de los prodigios de la capital.
La calma de la noche se tornó instantáneamente en un caos cuando la yamaninu se levantó de su asiento de madera y mostró los dientes afilados que se escondían detrás de sus labios a la par que accionaba sus trampas, el lenguaje que empleaba la coneja era extraño pero una pelea era una pelea y no iba a desaprovechar esta chance de algo de diversión extra.
—Sigo sin recordarte, pero si quieres pelea entonces estoy lista.
—¡NONONONO! ¡Seiran ni se te ocurra pelear aquí, no voy a comprarle otra tanda de lamprea a esos kappas! ¡Marisa, controla a tu puto perro y sácalo de aquí, vayan a pelearse a la montaña o una mierda así!— Chillo en histeria Lorelei, temiendo que su mercancía se viese comprometida. —¡Ringo, haz algo maldición!
Y Ringo solo estaba sentada, comiéndose el dango del palillo de Enoko tranquilamente, disfrutando del show solo negó con la cabeza, si no podía interrumpir la disputa, mejor no meterse.
Las palabras de la coneja y el ave solo se intensificaron, escalando aún más en tonos y expresiones tan antiguas que realmente podrían haber estado hablando en una lengua olvidada por los dioses y nadie hubiese podido decir si eso era acertado o no.
—¡Muy bien, si una lucha es lo que quieres entonces eso ten-
Los improperios de la coneja se vieron interrumpidos por una fuerte ráfaga de viento, polvo y estrellas que estallo de la nada y encegueció a todos un instante, cual si hubiesen prendido el modo luz en Discord.
Cuando el destello perdió fuerza y todas pudieron abrir los ojos, los asientos estaban vacios, el suelo quemado y solo quedaba una nota de papel fuertemente sostenida por una roca.
Cuando Ringo fue a recogerla el mensaje era claro.
"Pesimo servicio, una de las tenderas empezó a gritar y atacar a mi amiga de la nada, la lamprea estaba quemada y el sake nunca se sirvió. La charla estuvo buena pese a todo.
4/10, no lo recomendaría en el futuro cercano"
—Se fue sin pagar— Dijo Ringo al no ver ninguna moneda.
Lo que no veía es que a sus espaldas una avergonzada Seiran se enrojecía como un tomate y una Mystia tan roja como el acero hirviendo acercaba sus afiladas garras al cuello de la chica de la luna.
Mala primera venta.
2:30 am
—Escuchen, sé que fue un mal comienzo, pero estoy segura de que la próxima venta será mucho mejor.
—Ringo, literalmente nos robaron.
—Por tu culpa desde luego— Refunfuño Mystia.
—Oye, ya me disculpe y ya tengo marcas de arañazos en la espalda ¿Qué más tengo que hacer para que me perdones? Lo siento en verdad.
—Oigan, nada se va a solucionar si siguen discutiendo, ya paso la media noche y ahora los yokai deberían estar un poco más activos.
Las charlas de negocios continuaban en un ir y venir del enojo de Mystia con Seiran, disculpas en la dirección contraria y el fútil intento de Ringo de mantener el orden, un coctel de mala comunicación y malas relaciones internas solo podían causar que la ya de por si tensa relación entre las comerciantes fuese a peor.
—Ejem, disculpen, buenas noches— Se hizo presente una voz profunda, pero elegante y femenina.
El trio volteo sus miradas a la barra, generando reacciones mixtas entre las vendedoras. Por un lado, Ringo y Seiran sonrieron, ignorantes del individuo que se encontraba frente a ellas, solo confiando en su aspecto refinado y relajado para decir que esta vez no sería una estafa.
Mystia por su lado podría haberse cagado ahí mismo y no hubiese tenido como excusarse, pues quien estaba sentada bajo la luz de una lámpara mal alimentada era Yuuka Kazami.
—Escuche que había una tienda de dango y lamprea cerca de la montaña, me dio curiosidad y bueno, ya puestos me gustaría algo de comer.
—Claro señorita…
—Kazami Yuuka, coneja, un placer, espero que el servicio sea mejor que lo que me dijo esa ladrona mágica— Contesto con gracia, sonriendo un poco más al ver el nerviosismo acentuarse en el rostro del grupo.
—¿L-ladrona? ¿Qué le dijo Marisa?— Pregunto Mystia.
—Oh, ya sabes, que el servicio fue pésimo, que intentaron pegarle a su perro o algo así— Relato en un tono vago, deleitándose con como sudaban la gota gorda. —Claro, Marisa es tan confiable como lo que dice la niña de Miare, así que quiero darles el beneficio de la duda. Sorpréndanme.
—¡Por supuesto señora! ¿Qué es lo que desea?— Dijo el gorrión, más activa de lo que las conejas la habían visto antes.
—Bueno, una lamprea frita me vendría muy bien, no sé qué más tengan para ofrecer así que si tuviesen algo nuevo…
—Bueno, abrimos esta colaboración hace muy poco así que por ahora tenemos dango, sake, lampreas y algo de ensalada.
—Nah, me quedo con la lamprea sin más, por favor que sea rápido— Finalizo la petición la dama de rojo, observando como el personal se ponía a trabajar. —Ah, y Mystia.
—¿S-si?— Pregunto el gorrión nervioso.
—Me disculpo por lo que te dije hace unos años, me da curiosidad como cantas ahora, así que si pudieses poner música sería un placer.
—Eh, bueno, creo que puedo hacer algo— Respondió ella, más calmada. —Esto es algo que encontré en uno de esos discos del mundo exterior, lo tenía reservado para un concierto pero supongo que funciona ¿No?
—Si claro, adelante, hazlo— Pidió Yuuka con un ademan de manos.
Una tos se hizo presente en la boca de Mystia y sus garras rasparon levemente su garganta en anticipación a su pequeño show, esto causo un poco de expectación de parte de las conejas lunares. Algo habían oído de una cantante en las profundidades del bosque, al parecer cantaba mal pero sus fans tenia.
—(¿Lorelei canta?)— Pregunto Seiran, con una mueca que solo podía describirse como "retorcida".
—(Yo me estoy preguntando si canta bien)—Contesto Ringo, tan estupefacta como ella, comiendo otro dando para la clientela.
Y justo al terminar aquel enlace mental, el gorrión puso una mirada determinada en sus ojos, decidida a no desperdiciar la oportunidad de alardear de sus increíbles habilidades de canto.
—Shou mi jou to lai yur getin veter al de taim, an turnin agaist de uan-
La melodía se extendía y la sonrisa de Mystia crecía tímidamente, con pasión continuaba hablando y dando pequeños saltitos, extendiendo sus alas rosadas con alegría, energía y euforia mientras el ritmo de aquella canción a la que Kyouko había enamorado igual le inundaba a ella con la misma felicidad.
Su pequeño público no estaba tan contento con este show, la dudosa expresión de Ringo se comprimió en su rostro mientras el dango que se había metido a la boca, antes dulce y consistente por su perfecta preparación, se volvía pastoso y amargo a su gusto, viendo su textura arruinada y por poco volviéndole vomitivo al paladar del lunariano.
Seiran iba por un camino similar, por su lado su mandíbula se había endurecido tanto que el acero hubiese palidecido a su lado, fijando la mirada en la lamprea que intentaba poner a cocinar mientras sus orejas se retorcían en visible agonía por la tortura auditiva a la que habían visto sometidos, forzando a sus puños a cerrarse y temblar en doloroso silencio para desviar su sufrimiento a alguna parte.
Y Yuuka solo estaba sentada ahí, mirando sin expresión el show.
El personal encargado de la entrega de los alimentos se puso manos a la obra, con Mystia apoyando a Seiran en la preparación de las lampreas, en terribles consecuencias para la coneja, poniéndose a su lado.
¿Y Ringo que hacia?
—¿Vas a ayudar o qué?— Pregunto el pájaro, interrumpiendo su melodía antes de reanudarla.
—Estoy ayudando, el cliente tiene que mantenerse entretenido— Señalo como si fuese una obviedad.
Realmente prefería no tener que acercarse a ese abominable sonido.
En la parrilla, el gorrión seguía cantando algo en un idioma hasta ahora desconocido para Seiran, la coneja podría haberlo encontrado interesante y un material de aprendizaje real pero el que su primera exposición fuese este crimen contra el arte solo causo que quedar únicamente con el japonés y su nativo chino fuese más atractivo. Sobre todo cuando sus orejas se contraían tanto que empezaba a ser doloroso.
—(Di algo joder, esto es peor que las cámaras de interrogatorios) Y Mystia ¿De dónde conoces a la señorita Kazami?— Preguntó entre susurros.
Afortunadamente para el oído superdesarrollado de Seiran, la pregunta silencio momentáneamente la canción y le valió una respuesta. —Bueno, la conozco de hace algo más de diez años. Es un poco vergonzoso en retrospectiva, me dio una paliza, jeje— Explicó y rio nerviosamente, mirando la charla ociosa que sostenía Ringo con ese monstruo.
—Pero, te veías muy rara cuando ella llegó ¿Tienen algún problema entre ustedes?
Mystia volteó una última vez a ver a la peliverde entretenida, por el leve movimiento en las orejas de la coneja rubia podía notar que, como mínimo, las estaba escuchando y estaba al pendiente de su conversación. Lorelei solo esperaba no tener que interactuar mucho con Yuuka o que notase de qué hablaban. Tras confirmar que no tenía la atención indeseada de la planta carnívora, se acercó rápidamente a Seiran para hablar, borrando de su rostro la felicidad que la canción le generaba.
—Escúchame bien, Kazami Yuuka es una bestia parda, temida y conocida como el "Terror Durmiente" por todo Gensokyo al que ni las solucionadora de incidentes quieren enfrentar. Hace un tiempo destruyó mi carro de lampreas y vi el cuerpo de un hada con plantan encima cuando pase cerca de su campo de flores. Se dice que una vez bajo al Makai y aniquilo a civiles inocentes, que por su culpa las estaciones se volvieron locas hace un par de años, que quien le habla en su letargo nunca es visto de nuevo. Yo tenía una amiga qu-.
—No escucho la música— Dijo Yuuka en tono firme pero tranquilo. —¿Cuánto falta para la comida?
—¡E-en seguida estará lista señorita Kazami, disculpe las molestias!— Exclamo el gorrión antes de continuar con su canto desafinado.
Seiran por su parte mostraba una expresión perturbada, ignorando completamente la aberración auditiva a su lado, ahora se encontraba casi temblando del puro terror, sintiendo su corazón galopando y estallando en lo profundo de su pecho, exigiendo una salida de su cárcel de huesos y suplicando a los músculos de la coneja que por favor los sacaran de ahí.
Ringo estaba mucho más tranquila, prefiriendo mantener la calma y tratar de no sacar conclusiones precipitadas de alguien que por el momento había sido educada.
—Y entonces, Lady Toyohime-
—¡D-disculpe la demora señora Kazami, aquí está su pedido!— Saltó Seiran, con una melódica Mystia siguiéndole de cerca sirviendo cuatro lampreas empaladas bien cocinadas e interrumpiendo bruscamente a Ringo.
—Oh, finalmente, pensé que tardaría más. Una disculpa Ringo, no me gusta hablar mientras cómo.
—No te preocupes.
Dicho y hecho, con toda la parsimonia del mundo, Kazami Yuuka se dispuso a comer con calma su nuevo alimento. Picante, caliente y salado era como podía describirlo, no tan distinto al sabor del pescado promedio, aunque para su edad toda la carne le sabía casi igual, por suerte le gustaba la carne.
En la noche cuyo silencio fue destruido por el canto de Mystia, Yuuka encontro algo de diversión en las expresiones de Seiran y la gorrión. Había pasado un tiempo largo desde que había superado la etapa de "edgy" como le decía una revista de adolescentes del exterior, pero decir que no se entretenida viendo el rostro asustado de yokais más débiles que ella sería una mentira, las exageraciones que salieron del pico de la rosada eran tan hilarantes que por poco no se había echado a reír ahí mismo.
La coneja rubia en cambio estaba mucho más calmada, si es que no estaba consciente de su identidad o solo no le importaba era un misterio.
La pequeña comida de la flor andante se extendió por unos tortuosos diez minutos en los cuales Mystia (A petición de Yuuka) se mantuvo repitiendo torpemente la canción que inicio originalmente, un poco mejor cada vez que tenía que iniciar de nuevo. Este ciclo se repitió lo suficiente hasta que, elegantemente Kazami sacó un pañuelo de uno de sus bolsillos para limpiar delicadamente los restos de comida de su boca.
—Exquisito, en verdad una preparación sublime, posiblemente podría mejorarse en la sazón, pero fuera de eso ha sido un buen servicio, su conversadora hizo la espera más amena si les soy sincera.
—M-muchas gracias s-señora Kazami— Agradeció Seiran.
—Por favor querida, llámame Yuuka, en Gensokyo las formalidades son un poco innecesarias— Pidió el terror, obteniendo un asentimiento dudoso de la coneja. — Déjame buscar el monedero.
Mystia suspiró, finalmente una venta concretada, podría despedirse de este yokai aterrador y pasar al siguiente cliente que, rezaba a todos los dioses que pudiesen escucharla, fuese una persona decente.
—Oh ¿Dónde está?— Preguntó Yuuka en voz alta, tocando todos los rincones de su falda con prisa antes de voltearse con una expresión avergonzada a sus vendedoras. —Jeje, disculpen el inconveniente pero, creo que me deje la plata en casa, creo que la tiene Elly.
La petrificación en los huesos del gorrión fue casi instantánea, como si un engranaje dentro del reloj se detuviera y su corazón dejara de latir, ya no era que no quería pagar, es que no tenía dinero directamente.
—Permítanme ir hasta Mugenkan y-
—¡No hace falta señorita, está bien!— Grito Seiran. —Esta vez la casa invita, no nos pesa demasiado.
—¿En serio? Fueron cuatro lampreas, es un poco tirar una venta grande.
—¡No se preocupe, en verdad, tenemos como treinta más para vender!
La confusión de parte de Yuuka era evidente, por mucho que le entretuviera fastidiar a esta gente no era una ladrona y esto le sabría feo.
Por otra parte, alguien le dijo una vez que "la mejor compra es una que te regalan voluntariamente", por lo que solo se encogio de hombros y puso una sonrisa.
—Como digas coneja, muchas gracias en verdad.
Y con eso, se retiró tranquilamente.
Seiran suspiro en alivio, finalmente librándose de ese ser.
El semblante siempre calmado y sereno de Ringo por primera vez en la noche se veía decaído y apago.
Y Mystia estaba preparada para reventar el cuello de Seiran de un zarpazo.
4:30 am
—Mystia ya te dije que lo siento, no fue mi intención.
—Perdimos como doscientos yenes porque dejaste ir a Yuuka gratis, no me digas que me tranquilice.
—¿Pueden callarse las dos? No estoy de humor para esto.
Una vez más, la noche se hizo silenciosa, con el amanecer próximo a aparecer en el horizonte, el trio se sentó esperando, sin esperanza alguna. La coneja azul se encontraba levemente lastimada, con marcas de arañazos todavía brillando en su cuello y parte de su cara llena de lágrimas, Mystia solo estaba frustrada, por decir lo mínimo, comparado con su expresión sonriente en su momento de canto era casi como una persona distinta.
Incluso la siempre calmada Ringo estaba hastiada de la situación, mordisqueando amargamente un palillo cuyos dangos habían sido consumidos hace mucho.
Nadie tenía los ánimos para seguir en esta zona húmeda, fría y casi inhóspita (Quien diría que los tengus están activos en el día), pero Seiran era insistente en que como minimo, necesitaban una venta para que el turno no pasara en vano, de modo que seguían ahí, esperando a ver que fenómeno les jodía (más) la noche.
—¡Reimuchiiii! Llevamos caminando horas ¿Por qué no solo volamos?
—Porque Kasen me dijo que tenía que caminar más y si descubre que no hice nada me hará subir hasta el Hakugyourukou a pie.
Dos voces resonaron en la oscuridad lo que llamó la atención del trio, no tanto porque fuesen clientes potenciales, sino porque una de las voces era particularmente reconocible, una que cualquier yokai que pudiese llamarse orgullosamente como "participante de un incidente" podría recordar (Excepto quizás ese ciempiés).
Anticipando a la clientela, se prepararon a desgana para el próximo pago, y eso asumiendo que Reimu Hakurei decidiese pagar legítimamente y no solo exterminarlas tal como le hizo a ese paraguas hace un tiempo.
Por lo tanto, la más familiarizada con la pelinegra (Mystia) fue quien se puso en marcha para recibirla.
Como estaba previsto, Reimu Hakurei apareció con su usual expresión calmada, a su lado venia una joven con una capa exageradamente grande y un sombrero de copa que parecía pegado a ella.
—(Maldita sea, otra rarita) Sean bienvenidos al Mix de Lamprechi de Ringo, Seiran y Mystia, tenemos lamprea, mochi suave y algo de sake para la sequedad— Anuncio con voz apagada el nombre provisional que Ringo habia propuesto para el local.
—Oh, Mystia ¿Tu no tenías un carro o algo así?— Pregunto Reimu, confundida por la asociación.
—Pasaron cosas, muchas cosas ¿Van a pedir algo o no?— Contesto con enojo, simplemente ya no estaba para estas tonterías.
—Isshh, tas molesta por lo visto Mysti, no te preocupes, compraremos algo ¿No es así Reimuchi?— Salto efusivamente la adolescente, sentándose en uno de los bancos frente a la barra.
—…¿Mysti?
—Sumireko habla así, no se lo tengas muy en cuenta— Contesto Reimu, sentándose al lado de la chica. —Solo dame dos lampreas y un palillo de dangos a cada una.
—¡Y sake para mí!
—Escuche que los humanos tienen restricciones legales para beber alcohol ¿No eres muy joven para andar bebiendo sake?— Pregunto Seiran, con los palillos en cuestión en mano.
—Sí, pero no creo que la legalidad les impida ganar dinero ¿Correcto?
Seiran podría haberse quejado de esa respuesta, pero siendo justos, entre que tenía un punto y que Mystia seguramente acabaría con ella si dejaba ir esta oportunidad prefirió callar y encogerse de hombros.
Con el crepitar de las llamas y la piel de la lamprea cocinándose siendo el único ruido constante, la conversación cayo muerta como un elefante envenenado y nadie dijo ni pio en un rato bastante largo, el foco mal alimentado de tanto en tanto perdia energía, lo que solo potenciaba lo que Sumireko veía como "un aspecto de bar de mala muerte".
Y aunque disfrutaba de esta paz, Reimu prefería tener algo de conversación, vamos, que ni la habladora Ringo estaba haciendo charla pese a sus intentos anteriores de… bueno, en este punto era simple flojera de la rubia.
—Dijiste que pasó mucho esta noche ¿Qué paso exactamente?— Pregunto Reimu al ver que la lamprea estaba lista.
—Bueno, tu amiga casi novia vino con un perro raro de tres colas y nos robaron como siete lampreas y seis palillos de dangos, no contentas con eso dejaron una mala reseña del servicio como si nos lo mereciéramos— Explico Mystia, sirviendo la comida de un golpe fuerte en la barra.
—Marichi nos vio de camino para acá, Enoko nos dijo que una de ustedes la atacó y por eso se fugaron— Contradijo Sumireko con confianza, que se volvió confusión al ver la mueca amarga en el rostro de Mystia y un saltito de parte de Seiran.
—Ah sí, eso, un incidente aparte, pero estoy SEGURA que influyo en el robo— Manifestó Mystia con una sonrisa maliciosa.
—Ya te dije que lo siento, además fue ella la que me envió al Infierno— Se justificó Seiran y ganándose otra mirada enojada de Mystia.
—¡Pero podrías haberla ignorado!
—¡Tu no fuiste al Infierno y te atacó un caballo vaquero, no sabes por lo que yo he pasado!
—¿¡Como que no!? ¡Ahuyentaste a dos clientes y dejaste ir una venta porque te "daba miedo" pedirle dinero a Yuuka!
—¡Tú fuiste la que entre cantos que rompen los tímpanos me dijo que era el "Terror Durmiente"! ¿¡Y esperabas que no me asustara!?
—¿Canto horrible? ¡Para empezar mi canto es hermoso y mi talento es inconmensurable, no como tú y tus dangos rancios que además quedan aguados!
—¿¡Acaso quieres pelea, vieja pendeja!?— Grito en furia ciega Seiran mientras empuñaba su querido martillo con una fuerza tal que el mango podría haberse roto ahí mismo.
—¡Acércate repostera de cuarta, acércate!— Respondió de vuelta, alistando sus garras. —¡Estas garras no son solo para empalar peces!
Pronto, una guerrilla a dos bandas estallo en el establecimiento hasta que las luchadoras se alzaron al cielo cuyas estrellas empezaban a desvanecerse, solo para, en un último acto de consciencia, no involucrar a los inocentes en esto.
En tierra, Ringo se veía más cansada de lo usual, mirando fijamente la batalla a falta de algo mejor, ya le picaba la garganta así que era mejor que parlotear indefinidamente con la exterminadora y una chica que bien podría ser su hermana.
Hablando de ellas, Sumireko se veía emocionada viendo una mancha rosada y otra azul desplazarse a velocidades de vértigo en el cielo mientras trataban de resolver sus diferencias al "estilo Gensokyo", mucho más entretenido que ver a dos adolescentes luchando para presumir de la fuerza en sus brazos mal entrenados.
Reimu solo se terminaba su comida, ignorando un escenario que en este punto era cotidiano, aunque ver a Seiran cegada por el canto desafinado de Mystia era chistoso.
—¿Ya terminaste?— Pregunto a la adolescente.
—Ah sí, la comida estuvo 10/10, me encanto la lamprea, estaba picante pero no era molesto.
—De acuerdo, el dango igual estaba bueno, un poco duro pero tan dulce que honestamente no me puedo quejar— Sonrió la sacerdotisa mientras sacaba una bolsa de monedas de su falda antes de mirar a una sorprendida Ringo. —Toma.
La bolsa cayó con un golpe seco y el choque metálico de los materiales en su interior confirmó su contenido, que en este punto era música divina para los oídos de Ringo y motivo suficiente para que las luchadoras en las alturas detuviesen un momento su estúpido conflicto.
Sin decir una palabra más, Reimu y Sumireko se fueron a pata en marcha al templo Moriya, Sanae dijo que tenía una fiesta muy temprano en el día, un festival para conseguir el favor y la protección de Hina dijo la de pelo verde, pero Reimu estaba segura que solo era una excusa para alardear de su riqueza de nuevo.
En el puesto de comida parcialmente dañado los yokai observaron cómo monos al fuego la recompensa ante sus ojos, monedas brillantes que iluminaron sus cansados y heridos ojos con la tenue luz de las estrellas apagadas. Tras confirmar la cantidad a repartir, todas se vieron mutuamente, cansadas, molestas y heridas, pero con un pensamiento colectivo.
—¿Mañana cerca de Eientei?— Ofreció el gorrión.
—Desde luego— Respondieron al unísono los conejos.
Porque la enemistad es un tropiezo pero el dinero une a las personas.
El Fin
