Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.

Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

—comentarios.

pensamientos.

—*hablando por teléfono, comunicador, etc.*

—[Ddraig, Albion, etc.]


Capítulo 1:

VIAJE — PARTE 01


La cabeza le dolía a rabiar. Sentía como si tuviera migrañas y un dolor punzante en la parte posterior de su cabeza. La luz le provocó molestias en los ojos cuando intentó abrirlos. Pudo escuchar numerosas voces a su alrededor.

—[Al fin despiertas]

—¿Qué ha pasado? —preguntó al dragón en voz baja por el dolor, pero Ddraig no fue el único en escucharle.

Las voces a su alrededor callaron e Issei pudo abrir finalmente los ojos, acostumbrándose a la luz. Intentó mover su mano para hacer de visera para sus ojos, pero hizo una mueca al ver que no podía moverla. En verdad no podía mover ninguna parte de su cuerpo. Estaba atado a una silla.

—Parece que la rata al fin ha despertado —escuchó decir a una voz muy grave y profunda.

Cerró los ojos con fuerza, parpadeó un par de veces y al fin logró visualizar, dejar de ver borroso. La luz ya no le molestaba tanto y le permitía ver el lugar a su alrededor. Estaba en una sala metálica, bajo un foco, y rodeado de poco más de una veintena de alienígenas. No había ni un solo humano o humanoide. Si era sincero consigo mismo, parecía que había ido a una reunión de todos los tipos de alienígenas del imaginario humano. Era como estar en Star Wars o Star Trek.

—¿Quiénes sois vosotros?

—Yo soy el capitán Qhunkrads, y tú, asqueroso y estúpido terrano, destruiste una de mis naves.

—¿Yo qué?

—[¿Recuerdas la nave pirata que destruiste hace una semana?]

Issei estrechó los ojos mientras miraba fijamente al capitán de aquellos piratas.

…..

Hacía tiempo que Issei había comenzado su viaje por el inmenso Cosmos. El joven humano no podía dejar de recordar su planeta natal. Seguramente la primavera estaba en su máximo esplendor. Recordaba los hermosos momentos que había pasado junto a su familia y amigos, lo cual solo le deprimía… y al mismo tiempo provocaba la molestia del dragón.

Pero dejando a un lado sus ataques de nostalgia, tristeza y depresión, Issei admitía que aquel viaje estaba siendo fascinante. Poder atravesar la galaxia gracias a esos Puntos de Salto le permitía viajar más allá de lo que jamás hubiera imaginado. Si algún día volvía a la Tierra, tenía claro que hablaría a los científicos sobre esos Puntos de Salto para así poder enviar sondas a una distancia sólo existente en la ciencia ficción.

Había podido viajar a sistemas y planetas asombrosos, mezclarse con algunas culturas, estudiar tecnología que dejaba en ridículo la terrestre… Pero al mismo tiempo que descubría esas nuevas maravillas, también certificó que el mundo fuera de la Tierra no era muy distinto al suyo: crimen, contrabando, asesinatos, violencia, masacres, pobreza… Parecía que aquellas condiciones no pertenecían sólo al género humano, sino a prácticamente casi toda civilización existente.

Gracias a la capacidad de hablar cualquier idioma del universo por ser portador de Ddraig, Issei pudo ayudar en todo lo que pudo, y eso le llevó a enfrentar unos piratas que atacaron un crucero espacial lleno de civiles… con la destrucción de la nave pirata y sus sanguinarios tripulantes.

Lo recordaba como si hubiese ocurrido ayer. Ahí estaba, atravesando el inmenso vacío del espacio. Apenas y hacía unos minutos había atravesado un nuevo Punto de Salto y lo que menos esperaba era encontrarse con un enorme crucero espacial… siendo abordado por otra nave. ¿Y cómo saberlo? Porque la nave grande, además de no poseer armamento, estaba seriamente dañada… y había varios cuerpos flotando sin vida no muy lejos de los boquetes del crucero.

Manteniéndose alejado de miradas indiscretas, se acercó a uno de los boquetes y atravesó los pasillos de la nave, desgraciadamente encontrando numerosos cuerpos de tripulantes y civiles en el camino, hasta localizar a los piratas y los tripulantes y civiles. Mientras algunos piratas vigilaban que nadie hiciese nada estúpido, los demás parecían estar dándose indicaciones para recoger todo lo que fuera de valor.

—[¿Algún plan?]

—Fuera de salir y reventarles la nave… Pero no sé si habrá prisioneros. Lástima que no sepa usar senjutsu o algo así.

—[Entrena más mis poderes y no necesitarás las Artes Sabias. Destruye el puente]

—Eso podría ser contraproducente. Podrían atacar con su nave y los aquí presentes ejecutar a los rehenes.

—[Humanos y vuestra estúpida moral y ética]

—No empecemos, por favor.

—[Os gusta demasiado no ensuciarnos]

—Si no ayudas a dar soluciones, shhh.

—[Como en las películas: los atraes poco a poco, los eliminas a todos, luego vas a la nave enemiga y la haces saltar por los aires. Listo]

—Hum… Cliché, pero posible.

—[Esperemos que sean tan idiotas como para caer]

—Nunca hay que subestimar la estupidez.

—[¿Lo dices por experiencia?]

Ignorando las últimas palabras del dragón, Issei procedió a iniciar el plan.

—Pues ni tan mal, ¿no? —preguntaba Issei mientras observaba los restos de la nave espacial pirata flotar en el vacío del espacio, a poco más de cien metros del crucero espacial. Por suerte y para alivio de Issei, el plan simple del dragón había resultado efectivo: rehenes vivos y piratas eliminados o capturados. Procedió a volver al interior, junto a los rehenes, donde le informaron que habían logrado comunicarse con la que parecía ser la policía galáctica para informar de la situación. Obviamente Issei quiso saber cómo hacerlo para posibles futuras situaciones. Luego de aquello, y esperando a que aquella policía, el Cuerpo Nova, hiciera acto de presencia, Issei se marchó.

…..

—Oooh… Bueno, en mi defensa diré que se dedicaron a asesinar a civiles desarmados.

—¿Crees que esa es una excusa para destruir una de mis naves?

El puño del capitán Qhunkrads impactó en la mejilla de Issei, tirándole al suelo junto a la silla metálica. Aquel alienígena pegaba fuerte a pesar de tener una constitución que parecía delgada. Le recordó a los sobrenaturales, que también poseían gran fuerza a pesar de que físicamente se parecían a los humanos. Dos piratas se acercaron para incorporarle bruscamente.

—Pues, si soy sincero, solo usé la misma moneda.

Otro nuevo puñetazo del capitán le tiró al suelo.

—[Te gusta provocar]

Solo dime si tengo algún inhibidor o algo.

—[Por suerte para ti, no]

—¿Cómo sabes que soy terrano?

—Hay muy pocas especies en el universo con vuestros rasgos, y es bastante obvio que eres terrano.

—Supongo que eso es bueno. ¿Y cómo sabéis que he sido yo? Antes de confirmarlo, digo.

Entre Issei y el capitán apareció un vídeo holográfico de distintas partes de la nave pirata que destruyó. En dichos vídeos se le podía ver envuelto en su armadura, la cual había vuelto a su diseño original, alejándose de la modificación de diseño que hizo hacía tanto tiempo. Conforme avanzaba por la nave aniquilaba a los mismos piratas que intentaban matarle, y una vez llegó al puente y terminó con los piratas, se quitó el casco, se puso a revisar los datos de la misma nave con sus propios ojos, y luego la voló en pedazos.

—[No aprendes. ¿Para qué te quitas el casco?]

No es que tenga la tecnología de Tony incorporada. Me venía mejor usar mis ojos que ver a través del casco.

—Prácticamente no hay terranos fuera de vuestro diminuto y subdesarrollado planeta, así que ha sido fácil encontrarte. ¿Tienes ego de héroe acaso?

—[Bueno…]

Cállate Ddraig.

—Pues esa va a ser tu perdición, porque pienso torturarte personalmente. ¡Nadie ataca al poderoso capitán Qhunkrads!

Los subordinados del capitán pirata estallaron en gritos, animando a su líder a iniciar la tortura ahí mismo, frente a todos. Deseaban disfrutar del sufrimiento del terrano por sus camaradas caídos. Issei echó una rápida mirada. Por mucho que dijeran de la humanidad, el resto de especies alienígenas, al menos las que había conocido durante aquel tiempo, no eran muy diferentes. Tenían sus virtudes y sus defectos, como el sadismo y la sed de sangre.

—¿Crees en serio que ha sido buena idea traerme aquí, hasta tu nave?

—Mi base —corrigió el pirata—. No tienes tu traje, no eres peligroso. Y, además, aquí tengo mis mejores juguetes. Desearás que te mate en el tiempo que te queda de vida.

El capitán pirata se mostraba arrogante y aterrador. Incluso algunos de sus subordinados se acobardaron al verle sonreír de aquella manera, pues su rostro se deformaba y dejaba ver unos dientes diseñados para triturar lo que entrase en su amplia boca, y decir esas palabras que helaban la sangre, pero Issei sonrió con chulería.

¿Ddraig?

—[Unos segundos. Venga, a entrenar la resistencia]

Perfecto —pensó con gran satisfacción—. Ay amigo, la has cagado.

La armadura original del Dragón Rojo le envolvió al instante, sorprendiendo a los piratas. No se parecía a nada que hubiesen visto hasta el momento. Tenían sus dispositivos de trajes espaciales, por ejemplo, pero nada como una armadura que envolviese de esa manera a su usuario. Los piratas abrieron fuego al instante e Issei respondió. Si bien la armadura había perdido la tecnología Stark, había ganado en resistencia y potencia, pues Issei había estado entrenando duramente en los descansos que había tenido en aquel tiempo fuera del planeta. Necesitaba reducir la distancia que sentía que tenía con su anterior versión.

Las cadenas que le inmovilizaban se hicieron añicos en cuanto la armadura le envolvió, permitiendo a Issei ponerse en pie, pero nada más hacerlo una lluvia de disparos le llegó de todas direcciones. La desventaja numérica y el incesante fuego enemigo le estaba pasando factura. Issei apretaba los dientes mientras se cubría como podía. Trozos de la armadura volaban de un lado para a otro, desapareciendo al tiempo que se desprendían, y dichos huecos eran rellenados por el propio poder de la armadura. De un momento a otro el capitán pirata ordenó detener el incesante ataque, observando a aquella escoria terrana que en principio era su prisionero. Lo único que veían los piratas era aquella extraña armadura humeante que parecía repararse a sí misma.

—Me toca.

Así como hizo cuando fue secuestrado hacía tantos años, Issei acumuló energía para soltarla como si se tratase de una bomba.

[Explosión]

La onda de energía dragontina expulsada desde la armadura envió a todos los desprevenidos piratas contra la pared, golpeándose con fuerza. Algunos quedaron inconscientes mientras que otros pudieron evitar caer en el hoyo negro. Al mismo tiempo la alarma comenzó a resonar por toda la base pirata.

—Bien, lo vamos controlando.

—[La última vez fue apoteósico]

—Calla, calla.

Ciertamente la última vez la situación, o más bien el control de aquella técnica, se le fue de las manos. Intentó crear una explosión pequeña en cuanto a rango de efecto y potencia, pero el resultado fue sumamente desastroso ya que ambos: rango y potencia; fueron ridículamente poderosos. Agradeció haber hecho la prueba en un lugar deshabitado incluso de vida vegetal y animal. Usar las habilidades de Ddraig sin su antigua IA o que el propio dragón las manejase resultaba una tarea ardua. En momentos como aquel maldecía no haber practicado más esa parte cuando comenzó con todo aquello.

Observando a los piratas, Issei dejó fuera a los que aún se mantenían conscientes o semiconscientes, abandonando la sala luego de reventar la puerta blindada. Nada más poner un pie fuera numerosos disparos le llegaron de frente, pero esta vez no era nada que la armadura no pudiera soportar. Paso a paso, Issei fue eliminando a los piratas que se cruzaban. Alguno que otro usaba armas, como imanes energéticos o cuerdas de fibra metálica o de plasma, para intentar inmovilizarle, pero eran infructíferas contra los diversos poderes y armamento de la Boosted Gear. Al final acabó llegando a la planta superior, el hangar. Allí pudo comprobar que la base se hallaba en una amplia llanura de roca y piedra. Issei intentó estudiar el lugar, pero rápidamente tuvo que surcar los cielos, pues varias naves piratas que patrullaban por la zona a la espera de que apareciese habían comenzado a dispararle junto a los piratas que había en la superficie. Mientras evitaba aquella munición, observó que había cuatro naves de gran tamaño y una que le recordaba a un inmenso crucero, aunque del tamaño de un portaaviones. Sin duda debía ser la nave insignia. Tenía que acabar con todo ello, pero necesitaba algo de tiempo para idear un plan.

XXXXX

—[¿Y ahora qué? ¿Eliminarás a los que aún quedan?]

Issei sopesó la propuesta de Ddraig. Resultaba muy sencillo hacer volar aquella base subterránea y sepultarlos a todos, pero intentaba mejorar y no matar por matar, sobre todo con el enemigo derrotado. Observó el campo de batalla: las naves estelares en llamas o destruidas, así como la fortificada entrada. Él, por su parte, se sentía agotado y hecho papilla. Enfrentar a tantos enemigos de golpe le había agotado. No contar con el Reactor Arc le había hecho ver qué tanto había dependido del mismo, y ahora que tocaba usar solo la energía de la armadura se agotaba con más rapidez y facilidad. Además, las armas alienígenas eran más potentes que las armas humanas, obviamente, y mucho más variadas. Un par habían usado una especie de electroimanes para pegarle a las paredes o el suelo y acribillarlo a lo que fuera que usaran como munición. No era pólvora, no era plomo, simplemente energía, pero no se le había ocurrido cómo llamarlas. Solo sabía que quería algo semejante a un bláster o una espada láser. Dejando salir un largo suspiro, Issei decidió ir a la opción más sensata.

—[¿Llamada anónima al Cuerpo Nova?]

—Están detrás de estos cabrones desde hace tiempo.

—[Te has vuelto aburrido. Haz lo que quieras]

Issei rodó los ojos y se puso en contacto con el Cuerpo Nova, dando la localización exacta del lugar. Aguardaría hasta que estos apareciesen y luego seguiría con su viaje. Nunca había tratado directamente con aquel cuerpo de seguridad de la galaxia de Andrómeda, pero todos con los que se cruzaban los alababan, sobre todo por haber enfrentado y detenido a los kree. Eran los policías estelares y había podido verlos en acción la primera y última vez que se puso en contacto con ellos por una situación similar. En aquel entonces la gente le ayudó y enseñó a contactarles la vez anterior. Esperó pacientemente a que el Cuerpo Nova llegase a la localización, y una vez hubieron llegado, se alejó para salir de aquel planeta y continuar así su viaje por el universo. El problema fue cuando un total de tres naves del famoso Cuerpo Nova se interpusieron en su camino.

—*Atención, quién sea usted. Por orden el Cuerpo Nova, haga el favor de volver a tierra y quitarse la armadura*.

—¿Me estáis deteniendo? —preguntó Issei observando atentamente las naves que tenía a ambos lados y enfrente, así como el enorme crucero de guerra que sobrevolaba la base pirata y las decenas de soldados que ya había en tierra.

—*Usted se encuentra en una base pirata. Como espero que entienda, tenemos unas cuantas preguntas. Si no es un pirata, no tendrá motivos para intentar huir*.

Issei sopesó las opciones: podía huir y ser perseguido por el Cuerpo Nova, que era uno de los imperios más grandes y poderosos del universo; o podía intentar entablar conversación. ¿Qué podía salir mal? Pues todo. No iba a pasar por un segundo juicio y otra prisión. Bastante había tenido con esa vez. Alzando las manos, Issei descendió lentamente hasta que sus pies tocaron la tierra. Varios miembros del Cuerpo Nova le rodearon mientras dos de las tres naves se mantenían en el aire. Una de ellas, la que estaba frente a él, descendió, permitiendo a su piloto salir de la cabina para así poder acercarse a Issei.

—¿Y la armadura?

—Como entenderá, señor oficial, no me siento muy animado a quitarme las defensas —indicó haciendo un leve gesto a todos los compañeros del oficial xandariano.

—Kyle Dyne, soy el oficial Kyle Dyne —se presentó el oficial alienígena humanoide—. ¿Y tú quién eres?

—¿Acaso importa mi nombre?

—Importa. Y convendría que te mostrases más comunicativo.

—Mejor si dejamos las advertencias de lado. Dudo que alguno de los dos quiera un enfrentamiento.

El oficial nova volteó para mirar los restos de la base pirata.

—¿Sabes de quién era esa base? Era del capitán pirata Qhunkrads, uno de los piratas más sanguinarios y peligrosos de este sector. Ha causado innumerables problemas a nuestros territorios y los ha regado con sangre, demasiada sangre —el oficial Dyne volvió a mirar a Issei—. Durante mucho tiempo hemos estado buscando esta base, su base principal, para detenerlo y acabar con su amenaza. Su pequeño ejército era temible, pero entonces llegas tú, en tu roja armadura, y consigues derrotarlos a todos. Así que perdona si mi interés no es pequeño.

—¿Cómo sabes que he sido yo?

—Por las grabaciones de la base.

Un subordinado del oficial Dyne se acercó y le entregó un dispositivo, el cual fue mostrado al humano. Issei pudo comprobar que ciertamente se trataba de las grabaciones de la base, más precisamente del momento donde había comenzado su ofensiva contra los piratas. Incluso salía la sala de interrogatorios, o tortura, no lo tenía muy claro. Ahí se podía ver claramente a Issei siendo «interrogado» por el buen capitán Qhunkrads.

Mierda.

—[Si es que te lo tengo dicho]

No me jodas Ddraig. Ahí me habían capturado.

—[Por idiota, no te olvides]

Que te den.

Una vez terminada la reproducción, el oficial le devolvió el dispositivo a su subordinado.

—Usted no es xandariano, así que solo puede ser terrano. ¿Cómo es entonces que está aquí? ¿Tiene usted que ver con los Saqueadores, con Peter Quill, quien se hace llamar Star-Lord?

Detrás de la armadura, Issei alzó una ceja.

—Vale, primero, no sé quiénes son los Saqueadores esos de los que hablas; segundo, no conozco a ningún Peter Quill; y tercero, ¿qué apodo es Star-Lord? Suena ridículo.

—[Mejor no hables de apodos]

—Sí, coincido en que es un apodo ridículo y de alguien con un sentido infantil para los sobrenombres, pero esa no es la cuestión. ¿Asegura usted que no ha tenido relación con ninguno?

—Oiga, mire, que seamos terranos, porque es lo que me estás dando a entender, no quiere decir que nos conozcamos todos, y menos aún si hay tan pocos fuera de mi planeta como sugieres. Y yo no soy ningún saqueador.

—Lo sé. Los civiles del crucero que usted salvó así lo verifican: alguien con una especie de armadura roja subyugó a los piratas y nos salvó la vida. Sus descripciones fueron bastante precisas, descripciones que coinciden con lo que ven mis ojos.

—¿Por qué entonces se me está tratando así?

—Como debería entender, somos un cuerpo militar y policíaco que se encarga de la seguridad en nuestro territorio. No se equivoque, agradecemos mucho su ayuda, pero es también entendible que queramos respuestas sobre este supuesto justiciero enmascarado.

—¿Voy en contra vuestra?

—No aceptamos a justicieros en nuestro territorio por el simple hecho de que no siguen nuestras normas. Tenemos leyes y un código de actuación. Alguien como usted los viola, y por muy buenas que sean sus intenciones, choca con lo que nosotros somos y representamos.

—Entiendo entonces que, a pesar de ayudar a salvar a la gente, no se me permite seguir haciéndolo de manera altruista a menos que me una a vosotros.

—Así es. Esta es una invitación a unirte al Cuerpo Nova. En caso de declinar la oferta, mejor absténgase de cualquier acción justiciera, o aténgase a las consecuencias.

El rostro de Issei se agrió. Pensaba que la charla tomaría un rumbo más agradable. Pensaba que no le saldrían con algo así. Le molestaba el hecho de que a pesar de haber estado ayudando y salvando a gente durante aquel último tiempo, ahora el supuesto cuerpo de seguridad intergaláctico le pedía que se abstuviera de continuar con sus acciones a menos que se uniera a ellos, bajo pena de arresto si continuaba con dichas actividades.

No lograba entender nada de esa lógica.

—[Es lo mismo que ocurre en la Tierra: los cuerpos de seguridad temen que la gente piense que ellos no son capaces de protegerlos y mantener la seguridad y la paz, por no olvidar que los justicieros van contra la ley de los gobiernos, y eso no es algo que les guste en absoluto. A vosotros no os hicieron nada porque contáis con el apoyo del público. Recuerda sino el juicio a tu padre y posterior y luego el tuyo]

Issei hizo una mueca. En cierto modo tenía sentido a ojos de las altas esferas, pero él no pensaba dejar que los malos siguieran haciendo de las suyas si podía evitarlo, como había hecho con el grupo de piratas.

—Pues gracias, pero soy más de trabajar solo.

—Entiendo. Está en su libre derecho de rechazar la oferta. Aun así, queda advertido con respecto a su actividad como justiciero. No nos gustaría tener que arrestarle.

—Lo tendré presente.

En silencio observó cómo el Cuerpo Nova se alejaba en dirección a sus respectivas naves para tratar con los derrotados piratas espaciales.

—[¿Ahora piensas volverte prófugo del Cuerpo Nova?]

—Han dicho SU territorio, por lo que solo tengo que abstenerme de entrar en sus límites.

—[Si mal no recuerdo, el Imperio Nova abarca una gran extensión de esta galaxia. Habrá pocos lugares donde puedas actuar sin verte amenazado por la cárcel, nuevamente]

—Empiezo a pensar que no ha sido buena idea esperarles.

—[Ciertamente habrías disfrutado de la «libertad» de actuación un poco más]

—Todo lo bueno se tiene que acabar. En fin, toca seguir.

XXXXX

Issei observó la sangre en su mano con gran disgusto luego de toser. Bufó con gran hastío mientras apoyaba sus brazos en la barandilla. Ni se molestó en limpiarse las gotas. Demasiado se había acostumbrado a ello. Mientras exploraba el universo se había dedicado a buscar los objetos y artefactos que supuestamente podrían ayudarle con el problema de su núcleo vital, así como la degradación acelerada de su cuerpo. Desde la última vez que Kuroka lo trató, que en paz descansase, la degradación se había acelerado y ahora prácticamente iba contrarreloj, pero a un ritmo mayor. Si antes le quedaba poco tiempo, ahora le quedaba menos. El mayor problema ras que los pocos objetos que había logrado encontrar curaban solo el cuerpo, y eso no le servía. No valía con curar solo su cuerpo. Sería como poner una tirita a una grieta gigantesca. Había escuchado de un elixir que curaba el cuerpo y el alma, que hechiceros y sabios de todo el universo lo habían buscado por todos lados, pero nunca había sido hallado, motivo por el cual apenas y le tomó importancia.

—[¿Quieres saber cuánto?]

—La verdad es que prefiero que no —respondió mientras se apoyaba en la barandilla, observando la ciudad alienígena sacada del siglo diecinueve americano.

—[Pues déjame decirte que mejor encontrar una cura, o usar la dragonificación]

—Quiero ser humano, Ddraig. No quiero volverme un dragón humanoide.

—[Respeto tu orgullo por tu condición, que quieras mantener tu esencia humana, pero si no logramos encontrar algo rápido puede que no te quede más remedio, y cuanto peor sea tu condición, mayor porcentaje necesitarás dragonificar. Puede que incluso llegues al cien por ciento]

—Eso intento evitar.

—[Pues no salen las cuentas]

—Tú tampoco has podido ayudar mucho, ¿sabes? Tanta supuesta sabiduría y conocimiento…

—[Hasta este momento nunca he tenido que preocuparme por algo similar. Buscar objetos como esos, con esa función, siempre ha sido algo deshonroso e inútil. ¿Para qué demonios iba a querer yo algo semejante?]

—Bueno, qué más dará ahora.

Volvió a suspirar, ajustándose la capucha y las ropas para ocultar sus rasgos alienígenas con respecto al planeta. Había pisado aquel planeta porque había escuchado que allí había un objeto legendario capaz de curar cualquier herida y enfermedad, y si bien era cierto, no podía curar lo que él padecía. De pronto tuvo que apoyarse en una pared para toser, sintiendo cómo su cuerpo se debilitaba durante unos segundos. Maldiciendo su suerte se quedó ahí, apoyado de un brazo, mientras la gente de aquel planeta iba y venía, centrada en sus propios asuntos, no haciendo el más mínimo caso a aquel supuesto vagabundo.

Súbitamente captó algo por el rabillo del ojo. Issei no pudo sino asombrarse al ver a un alienígena entre toda aquella gente, uno envuelto en una capa y con unos largos cabellos blancos como la nieve que se alejaba dándole la espalda. Si él mismo resaltaría entre ellos si no llevase el rostro cubierto, aquel alien era como un faro en medio de la noche. Lo que más le extrañó fue que aquel alien no causaba mayor revuelo. No supo si era por algún poder o algún dispositivo, pero algo en su interior le aconsejó seguirla, y eso hizo.

Con toda la cautela que había aprendido, siguió a aquel foco hasta un edificio en todo el centro de la ciudad-capital. Con mucho sigilo abrió la puerta principal, subió las únicas escaleras que había y se preparó para llamar a la puerta, pero se detuvo al sentir una presencia a su espalda y el sonido de un arma siendo cargada.

—Más vale que hables rápido y claro —la voz le pareció sonar femenina—. ¿Por qué me sigues?

—¿Cómo es que no destacas entre los nativos?

—¿Acaso eres idiota? Obviamente porque tratan con otras civilizaciones. Es de cajón.

—O podría ser alguna clase de tecnología que te hace parecer uno de ellos a sus ojos.

—Buen punto, pero no.

—¿Y cómo es que ya han tenido contacto? No parece haber nada fuera de su civilización.

—No tiene por qué tenerla. ¿Por eso me has estado siguiendo?

—Me ha resultado curioso.

—Bien. Date la vuelta y descubre tu rostro. Y yo que tú no haría ningún gesto inadecuado. Podría crearte un nuevo agujero en la cabeza.

Lentamente Issei se dio la vuelta, descubriendo su rostro de aquella alienígena. La alienígena alzó una ceja al ver que no se trataba de un nativo, aunque Issei pudo percibir algo, como si le reconociese, aunque no le conocía. Issei, por su parte, también pudo fijarse mejor en ella. Si su visión no le fallaba, a pesar de su tono de voz, su cuerpo lucía más femenino que masculino, pero solo en apariencia. La verdad es que parecía bastante neutral.

—¿Tú qué eres? ¿Xandariano?

—De la Tierra.

—¿Un terrano? —preguntó ella con cierta sorpresa—. ¿Qué hace un subdesarrollado por aquí?

Issei estrechó los ojos ligeramente. Las pocas veces que había mencionado su procedencia se habían referido a él de la misma manera: subdesarrollado.

¿Así se sienten los de los países subdesarrollados?

—[Seguramente]

—¿Y tú? ¿De dónde eres?

—Soy orioniense.

—¿Y eso dónde está?

—Me parece que será una pérdida de tiempo responder a esa pregunta.

—[Lo que vosotros llamáis Constelación Lyra]

Hubiera jurado que se trataba de Orión.

—[Que los que vosotros llamáis extraterrestres llamen a vuestro planeta Terra no quiere decir que los nombres de donde ellos provienen se parezcan a los vuestros]

Me lo imaginaba.

—[No lo parece]

—¿Y qué hace aquí un terrano?

—Solo estoy viajando.

—Será mejor que no me mientas, a menos que quieras que tu viaje termine aquí y ahora —advirtió moviendo muy levemente su arma—. Solo conozco a otro terrano que haya salido del planeta.

—¿Quién es?

—Un verdadero idiota con apodo ridículo. Star-Lord —Issei alzó una ceja. Era la segunda vez que escuchaba ese apodo. ¿Quién demonios era ese terrícola de apodo ridículo?—. Responde.

El portador de Ddraig suspiró. Sería sencillo usar su armadura y someterla, pero no se sentía con las fuerzas suficientes para hacer uso de su armadura. Desgraciadamente para él, cada vez era más normal sentirse así, por lo que, si podía evitar situaciones tensas, mejor.

—Estoy buscando algo capaz de curar cosas del alma.

—¿Algo en específico?

—Hasta hace poco estaba buscando algo llamado Semilla de Vida, o algo así.

Issei no se fijó en cómo la alienígena estrechó ligeramente los ojos.

—¿Y para qué lo quieres?

—Se supone que ese objeto puede curar cualquier cosa física, astral y demás.

—Sí, incluso resucitar a los muertos si llevan poco tiempo muertos.

—Eso no me interesa.

—Supongo que sabrás lo mínimo con respecto a esa cosa, ¿no es así? Cuenta la leyenda que las pruebas para obtenerlo son prácticamente mortales.

—¿Y qué objeto que posee grandes poderes no está protegido por guardianes y trampas mortales?

—Exactamente. ¿Qué clase de enfermedad tienes para querer jugarte la vida en pos de lograr conseguirlo?

—¿Acaso eso importa?

—No realmente. ¿Y si te dijera que es verdad, que existe?

Issei alzó una ceja y la miró.

—Que han sido muchos los que creían firmemente en algo que realmente no existe.

—¿Y si existiera?

—Si existiera, que lo dudo, lo buscaría para curar mi enfermedad.

—¿Solo para eso?

—Bueno, si es verdad que posee las propiedades que se cuentan, supongo que se la entregaría a alguien para que la usara para curar a la gente.

—¿A quién? ¿Quién no la usaría para beneficio propio o para hacer negocio con ella?

—Siempre hay flores entre las malas hierbas.

—Puede. Aun así, esas malas hierbas no tardarían en ir contra la flor y destruirla hasta hacerse con ese milagro.

La orioniense tenía razón. Algo así sería buscado por gente con muy malas intenciones para uso personal, para hacerse con una fortuna o a saber qué. En verdad, ¿quién le aseguraba que esa fémina no haría lo mismo?

—Tú quieres encontrarlo y curarte y yo quiero pasar a la historia por ser la descubridora de ese objeto.

El humano se sorprendió un poco ante la revelación. Algo había intuido luego de la corta interrogación, pero no esperaba que fuera una especie de caza tesoros.

—¿Ansías la fama?

—Por supuesto. Mi nombre pasaría a la posteridad. El universo entero se acabaría y mi nombre perduraría hasta sus últimos momentos.

—Supongo que la fortuna que acompaña a esa fama no está descartada.

—Obviamente. Es un plus.

—¿Y qué pasa conmigo? —preguntó al parecerle extraño que no pensase que quería ser alguien famoso.

—Por supuesto, pero dado que veo tu nulo interés en que la gente sepa quién lo ha descubierto, no tengo problema en colaborar. Tu interés en ese objeto es distinto al mío y no chocan, así que no tengo problema alguno.

—Entiendo que me estás pidiendo colaborar.

—Básicamente. Pero te aviso de que, si intentas quitarme la fama, no dudaré en matarte —advirtió mientras enfundaba su arma.

En cualquier otra ocasión o momento se hubiera sorprendido por la frialdad con que le había advertido, pero luego de tantas experiencias, en verdad había muy pocas cosas que pudieran sorprenderle de aquella manera.

—¿Y luego qué harás? ¿La venderás?

—La venderé al mejor postor y podré retirarme y vivir tranquilamente, sin tener que matarme a trabajar o poner mi vida en peligro buscando cosas supuestamente inexistentes.

—¿Y todo el bien que podrías hacer con ella?

—¿La quieres para ayudar a la gente? Sencillo, cómpramela o intenta matarme para obtenerla, aunque seguramente acabes muerto antes.

—¿Por qué hablas conmigo? ¿Por qué me cuentas todo esto?

—Porque sé quién eres.

—¿Y quién soy?

—El tipo que derrotó a los piratas de Qhunkrads y que ha ido dando vueltas ayudando a la gente. En verdad ha sido pura coincidencia, pero gran suerte la mía —no le había buscado, dar con él había sido pura coincidencia, o supuestamente eso decía ella—. También sé que eres fuerte, pero parece que tienes una enfermedad terminal. ¿Deducción final? Pareces ser un buen tipo que no mataría para obtener fortuna o fama. Obviamente eso no quiere decir que me fie de ti, pero eres mejor opción que muchos otros que intentaron traicionarme.

—Te aprovechas de mí.

—Te doy la oportunidad de encontrar una cura, pero claro, yo te ayudo y tú no te entrometes. No me parece un mal trato. ¿Qué decides? Espero que no te tome mucho tiempo, puedo matarte y buscarme a otro.

Issei no dudó en que le intentaría matar si no cumplía o si se sentía amenazada, y ciertamente le utilizaría. ¿Cumpliría con su palabra? Lo dudaba, seguramente intentaría matarlo una vez obtenido el botín, no dudaba, pero si en verdad esa cosa existía y podía curarle, debía intentarlo. Ya después vería qué hacer.

—¿Puedo al menos saber tu nombre?

—No, y tampoco me interesa el tuyo. No es necesario que los conozcamos. Además, el mío lo conocerás cuando me vuelva archiconocida. Ahora vamos, mi nave no está lejos —indicó mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar. Issei se colocó a su lado—. Sé que puedes desplazarte por el vacío del espacio con tu armadura —le cortó, pues el humano iba a decir algo—, pero yo no. Sí, sé que la tienes, y parece que lo suficientemente avanzada como para guardarla en un espacio relativamente pequeño. Pensaba que los terranos apenas y habíais logrando mandar sondas fuera de vuestro planetita.

—Te sorprenderías.

—No lo creo. No hay nada interesante allí, solo unos subdesarrollados.

Caminaron durante largos minutos hasta aparecer en una especie de descampado donde había una nave espacial de pequeño tamaño. A menos que fuera como la Tardis, Issei podía calcular que allí podía haber cabida para dos o tres personas a lo mucho. La orioniense no se detuvo, sino que siguió avanzando hacia su nave sin detenerse ni mirar a los pocos nativos que observaban su nave con gran curiosidad. Si bien había dicho que la civilización de aquel planeta ya había tenido contacto con alienígenas, ver una nave capaz de surcar el espacio debía seguir siendo algo increíble de ver, o al menos algo curioso.

Una rampa descendió cuando quedaban pocos metros para tocar la nave. Issei entró justo después de la dueña de aquella nave. Una vez en su interior la estudió detenidamente. Le sobraban dedos para contar las veces que había estado dentro de una, y más le sobraba si contaba en las que no había sido alguien hostil para el dueño de la misma.

—Mejor ponerse en marcha. No toques nada. Primera y única advertencia. Si no te tiro de mi nave y te convierto en un montón de cachitos de terrano en el vacío espacial.

Issei observó de reojo a la alienígena. Sus palabras no eran de amenaza vana, sino que, al igual que antes, indicaban que cumpliría la advertencia. Apenas pasaron unos pocos segundos antes de notar cómo los motores de la nave se encendían. Durante los primeros segundos paseó levemente por la nave. Dado su pequeño tamaño no tenía muchas cosas: la cabina, una única sala que básicamente ocupaba todo el centro de la nave, la cual parecía ser que se utilizaba como cocina y comedor; dos dormitorios, cada uno con una cama; y lo que parecía ser un cuarto de baño. Sin duda no la habían diseñado para estar en su interior más tiempo del necesario. No viendo nada de interés fue hasta la cabina, donde se sentó en uno de los dos asientos laterales que había. Solo había un piloto, la nave no necesitaba más. Contempló cómo el suelo iba desapareciendo, primero lentamente, pero en poco tiempo la nave alcanzó una gran velocidad, abandonando aquel espacio aéreo, atravesando la atmósfera y llegando al inmenso vacío oscuro del espacio. Issei tuvo que admitir que la sensación era muy diferente a ir dentro de la armadura, sobre todo por dos obviedades: mayor espacio y menos agotador. Rápidamente la dueña de la nave fue hasta el Punto de Salto más cercano. Aquellos agujeros de gusano, por llamarlos de alguna manera, resultaban ser de lo más prácticos y útiles.

—¿A dónde tenemos que ir?

—Vamos a hacer un par de paradas primero. Tengo que terminar de prepararme para enfrentar este desafío.

—Ya, pero, ¿a dónde vamos?

—Si te refieres a las paradas, te esperas a que lleguemos, en cambio, si te refieres a nuestro destino, también te toca esperar.

—¿No puedo saberlo, ver el mapa o lo que sea que tengas para ir?

—No pienso dejarte mirar o tener el mapa, obviamente. Eres demasiado ruidoso —gruñó la alienígena con molestia—. Te aconsejo hablar menos. No me interesa ser tu amiga, no me interesa hablar contigo más de lo necesario. Para lo único que te necesito es para llegar a la Semilla. Si no puedes hacer eso, entonces vamos a tener problemas, y no creo que ninguno de los dos queramos, ¿verdad?

Issei puso los ojos en blanco y se sentó, alternando su mirada entre las distintas vistas de los lugares por los que pasaba la nave y el interior de la misma.

—[Esto se pone interesante]

¿Eso te parece?

—[Es posible que encontremos una verdadera cura para tu problema. Creo que deberías alegrarte un poco]

No quiero hacerme falsas esperanzas, Ddraig. Además, ¿encontrar una cura al poco tiempo de haberme marchado de la Tierra? Sería demasiado raro, como si alguien estuviera detrás, como un titiritero.

—[Créeme cuando te digo que al universo le importas una mierda. En verdad a las Entidades Cósmicas no les importa nadie. Su concepto es demasiado abstracto]

¿Más que el de los dragones?

—[Mucho más. Debes entender que son representaciones de la existencia. Lo abarcan todo en este mundo. La vida de un pequeño humano, por muy portador mío que sea, no les importa lo más mínimo. Eres solo una diminuta mota de polvo en la inmensidad del universo, así que olvida todo lo que tenga que ver con ellos]

A veces me cuesta recordar que hay seres más poderosos que tú.

—[Pocos, pero los hay]

¿Y nunca te preocuparon?

—[Ni siquiera yo les interesaba, así que no me sentía amenazado]

A excepción de seres como los Celestiales.

—[Básicamente]

¿Y eso no dañaba tu orgullo?

—[Solo un imbécil se atrevería a enfrentarse a seres como ellos]

Tenía entendido que algunos de los tuyos, como el dragón demoníaco ese… ¿Cómo se llamaba?

—[¿Te refieres a Tannin?]

¡Ese! ¿No retaron a seres absurdamente más poderosos?

—[Como decía, imbéciles. En su juventud Tannin retó numerosas veces al Gran Rojo, pero obviamente este le ignoraba. ¿Para qué prestarle atención siendo el Gran Rojo alguien tan absurdamente superior a un Rey Dragón?]

Tú no lo hiciste.

—[Obviamente lo hice]

¿Entonces?

—[La idiotez de la juventud. De eso no se escapa ningún ser vivo]

Ciertamente. Entonces ¿qué opinas?

—[Que no te fíes, pero tampoco seas tan obvio al desconfiar. Si en verdad puedes curarte, mejor, pero debes andar con pies de plomo]

A veces me sorprende tu preocupación por mí.

—[Eres el segundo humano que sale de ese diminuto planetita. Obviamente quiero que esto dure más que el anterior]

¿El que murió a manos de ese tal Thanos?

—[El mismo. Así que haz el favor de sobrevivir más tiempo. No sé cuándo se volvería a dar un caso como este… si es que se vuelve a dar]

Asintiendo levemente Issei volvió su vista primero a la alienígena y luego a la ventana. Debido a su conversación con Ddraig, Issei no se percató de que la alienígena le había observado disimuladamente. Issei no iba a ser el único de aquella nave que iba a ir con pies de plomo.

XXXXX

Mientras tanto, el tiempo en la Tierra no se había detenido por la marcha de Issei Hyoudou, alias el Dragón Rojo, sino que había avanzado sin tomar demasiado en cuenta su marcha. Si bien los Vengadores seguían siendo los mayores héroes del planeta, cada uno había continuado con su vida y sus labores una vez finalizado el juicio. Tony, por ejemplo, se había enfrentado al Mandarín y había extraído de su cuerpo la metralla de Afganistán, aunque sin dejar de lado su trabajo como Iron Man. Pepper, que había sido infectada con un peligroso virus llamado Extremis había sido curada, aunque puso a Industrias Stark a estudiar para posibles aplicaciones para el bien. Matthew Ellis había sido reelegido presidente de los Estados Unidos y pareció tomar ciertas medidas de urgencia para con el país, algunas involucrando a S.H.I.E.L.D. Por supuesto no había que olvidar a los dos mejores amigos de Issei, aunque ya no le recordasen. Marilyn había sido reclutada por el antiguamente fallecido Phil Coulson, el cual no sabían cómo exactamente, pero se encontraba vivito y coleando, Obviamente aquello resultó ser un súper secreto del cual ni los Vengadores tenían constancia. En cuanto a Tom, el artista había abandonado Japón al poco tiempo del hechizo, volviendo a vivir en los Estados Unidos de manera permanente, pero sin abandonar su espíritu libre y aventurero.

Por último, uno no se podía olvidar del proyecto que Issei inició con los jóvenes héroes sobrenaturales de Nueva York y el profesor Xavier. Aquel hombre había sabido llevar a la perfección el acuerdo alcanzado con los jóvenes sobrenaturales y era el que principalmente dirigía todo el cotarro. Aquello ayudó un poco a mejorar la imagen del mundo sobrenatural con respecto a la imagen que muchos otros habían vendido, aunque eso no evitaba que los sobrenaturales no terminasen de mostrarse públicamente por miedo, como era de esperar, sobre todo cuando ciertos grupos no ayudaban a la convivencia.

Fuera de ello, y en ámbito más general en el tercer planeta del Sistema Solar, la situación parecía haberse calmado un poco. Nueva York seguía siendo un auténtico desastre a pesar de los meses que habían pasado. Después de todo, varios rascacielos habían sido derribados durante la batalla y miles de edificios habían sido dañados severamente. También había que tratar el resto de destrozos, pero estaba claro que la ciudad volvería a gozar de su antigua gloria. Fuera de la ciudad, el resto del mundo aún se recuperaba de la Gran Revelación: la economía se estaba recuperando lentamente, pero lo hacía; la religión había caído en picado, aunque aún había muchos files que se negaban a renunciar a su fe, y desgraciadamente algunos extremistas habían declarado la guerra contra lo sobrenatural y cualquier otro que cuestionase o negase su fe; la sociedad seguía bastante polarizada, pero poco a poco la balanza se inclinaba hacia la convivencia y la paz con lo sobrenatural y los alienígenas. Ahí la empresa de Xavier, Rias, Kunou y compañía resultaba de muchísima utilidad.

Pero claro, todo aquello era desconocido para Issei. Fury no se había contactado con él en todo ese tiempo, ni siquiera un «hola». El Director de S.H.I.E.L.D. se había tomado muy en serio eso de comunicarse con él solamente para emergencias, y si bien una parte de él se alegraba de que no hubiera ninguna amenaza lo suficientemente poderosa y peligrosa como para reclamarle, la otra parte se entristecía, pues aquello era una excusa para volver a la Tierra, lo cual al mismo tiempo resultaba contradictorio dado que ahora nadie recordaba a Issei Hyoudou.

Issei no lo sabía, pero pasaría un tiempo más antes de que tuviera que volver a la Tierra por urgencia. Mientras tanto, largo trecho le quedaba por la inmensidad del universo.

XXXXX

La orioniense aterrizó en lo que parecía ser una estación espacial de grandes dimensiones. Atracaron en un hangar inmenso, el cual estaba a rebosar de naves espaciales de todo tipo. Aquello resultaba en verdad impactante. Era como ver un portaaviones, pero de dimensiones colosales.

—Ven, será mejor que no te separes o te perderás, y es bastante probable que tu vida peligre más de lo que ya lo hace —dijo la alien mientras caminaba por un largo corredor.

Dicho corredor dio paso a un recibidor considerablemente más modesto. El humano observó que ese lugar funcionaba como una oficina de terminal de aeropuerto, con gente, en este caso alienígenas, comprando sus pasajes para alguna nave. La «compañera» de Issei intercambió palabras con un trabajador, pagó por el alquiler de la plaza que ocupaba su nave, y caminó para abandonar la sala, siendo seguida por Issei. Afuera se encontró con que en verdad se parecía a una terminal. Había sitios para comer, hacer las necesidades más básicas, e incluso para comprar recuerdos, o algo semejante a tiendas de recuerdos.

—¿A dónde se supone que estamos yendo? —cuestionó el portador de Ddraig.

—Vamos a mi «guarida» —recalcó con los dedos—. Allí está todo lo que necesito.

—No parece que hayas sido muy previsora.

—Tampoco esperaba encontrar a alguien que pudiera ser mi escudo para esta misión.

Issei hizo una mueca al ser llamado escudo. Mientras caminaba junto a la orioniense, Issei observó atentamente a su alrededor. En verdad jamás había visto tanta variedad de extraterrestres juntos. Había tanta variedad que resultaba bastante lioso. Había una teoría que afirmaba que el número de especies en todo el universo era mucho más elevado del que alguien esperaría, y allí, frente a sus ojos, estaba la prueba palpable.

—Toma referencia —murmuró al ver a una humanoide bastante humana con un tercer pecho.

Atravesaron la terminal hasta una zona un tanto apartada, una que parecía ser una zona de oficinas. Subieron escaleras, atravesaron pasillos y corredores, hasta llegar a una puerta. La alien colocó su mano en un panel y la puerta se abrió, revelando el interior: una única sala con un amplio escritorio desgastado, un pequeño cuarto de baño y algunas sillas. Ah, y todo el lugar era un desastre, con hojas desparramadas y botellas de licores por todas partes, así como vasos y huellas de líquido derramado y no limpiado.

—Maldito guarro de mierda —gruñó la alien mientras ingresaba en el interior, soltando pestes de quien parecía utilizar también ese cuarto—. Espera aquí.

Y sin esperar respuesta cerró la puerta en las narices del humano, el cual bufó con fastidio, apoyándose en la pared junto a la puerta. A sus oídos llegaron sonidos variados, desde lo que parecía ser gritos e insultos por parte de su actual «compañera» hasta de otros sitios del pasillo. Incluso mientras esperaba, de una de las puertas apareció un ser gigante que fácilmente podía equipararse con Hulk en cuanto a tamaño y cara de furia, que pasó a su lado sin siquiera mirarle. Curiosamente poco después apareció otro alienígena que parecía disculparse y jurar que no volvería a introducirle un tentáculo en nosequé zona sin avisar.

—No me jodas —murmuró con cierto asombro.

—[A ti desde luego no es a quien ha jodido]

—Sorprende, lo admito.

—[¿El qué? ¿Que se parezcan a vosotros?]

—Un poco.

—[Por favor. ¿Cuántas veces hemos hablado de esto? No os creáis especiales, no lo sois. Todas las especies inteligentes se parecen quieran o no. Y más aún si hablamos de las masas de individuos]

—Puede ser.

—[Puede no, es. Los que vosotros llamáis extraterrestres también hacen genocidios, matan a los suyos, destruyen sus mundos, roban, engañan, y también tienen seres que son justo lo contrario. Te aconsejo estar mucho más atento de ahora en adelante]

—Sí, lo haré.

La puerta a su lado se abrió e Issei pudo observar a la orioniense con una ceja alzada. Parecía haberse cambiado de ropas, en su cinturón colgaban tres objetos cilíndricos, otro que le recordaba a una navaja suiza y otros pequeños trastos. También llevaba un par de chapas a la altura de las clavículas.

—¿Qué son?

—Ya lo verás, si desgraciadamente llega el momento —respondió mientras estiraba un poco los brazos—. Bueno, ya estoy. Venga, nos toca ir de aventura —indicó animada mientras retomaba el camino a la nave.

Durante la vuelta la orioniense no dijo ni una palabra, pero se la notaba de buen humor. Issei se preguntó si acaso lo que había hecho realmente solo era armarse hasta los dientes o si había algo más, pero estaba claro que ella no revelaría nada, a menos que no tuviera otra opción. Ya en la nave, la piloto salió del hangar y puso la nave en su nuevo rumbo.


Bueno, pues aquí la continuación, la Fase 2. Me hubiera gustado llegar a las 10000 palabras, que siempre ha sido por donde he rondado, pero ha dado para lo que ha dado. Ha pasado mucho tiempo, pero entre que la inspiración me abandonó y situaciones de mi vida privada, pues hasta ahora no he vuelto a publicar esta historia. Me pregunto si alguien aún la lee. Y voy a ser sincero, admito que me he planteado dejar la historia en su fase uno, pausarla, y no sé, quizás hacer la de Issei siendo reclutado por SHIELD, un one-shot del What If? que hice hace tiempo. Pero bueno, a ver qué pasa. Quizás siga con este, quizás cambie al otro o puede que me dé por los dos o por ninguna, a saber, ja, ja, ja.

Antes de nada, quiero aclarar que la armadura volvió a su estado original. Primero perdió toda la tecnología Stark por el hechizo y el tiempo en el espacio Issei la remodeló para que volviera a su aspecto original (excepto que no tiene las alas). Después de todo, si quería aprender sobre los dragones y su SG, conservar su forma original le pareció algo lógico.

Ahora, sin más preámbulos, los comentarios:

Tenzalucard123

¿Encerrado toda tu vida sin apenas tener contacto con el exterior, saliendo solo una hora al día a un diminuto patio? Muchos estarían a favor de cortar lazos que perder su libertad de esa manera.

Keo namikaze

Bueno, no descarto que al menos colaboren. Ahora mismo quiero explorar otras cosas antes de llegar a los eventos de ambas pelis.

AxStyles

Respeto tu opinión y pensar, no te preocupes. También me ha pasado lo mismo con historias que al principio me encantaban, pero conforme avanzaban perdí el interés.

Lo de Vali… en verdad me apetecía matar a alguien y para él no tenía muchos planes, así que fuera ja, ja, ja. Y como se ha podido ver, no ha sido ni será el único importante de DxD en morir. Quedan muchos.

Lo de todos nerfeados… bueno, en las pelis no tienen las mismas capacidades que en los cómics, y eso en verdad lo medio agradecí ya que, si tuvieran los mismos poderes, como que hubiera sido excesivo a mi parecer, así que hice lo mismo con DxD.

Por este Issei nadie siente empatía, es lo normal. Decir que es un imbécil prepotente es quedarse corto. ¿Cuántos personajes eran así en sus comienzos? Pero al final, poco a poco, iban yendo hacia el camino correcto.

Para ese Issei tengo el What If? siendo agente de SHIELD. Como he indicado arriba, quizás me dé por desarrollar esa idea, no sé.

Igualmente.

Y sin más que decir, me despido.

¡Nos leemos!