Mi muñeca me habló

("Mi muñeca me habló

me dijo cosas

que no puedo repetir

porque me habla solo a mi

me dijo cosas tan secretas

que tú no puedes oír

me confesó algunos pecados

que prefiero no decir

me dijo algunas cosas locas

que no te voy a contar

porque me habla solo a mi…"

31 minutos, Mi muñeca me habló.)

(*)

Harry intentó sonreír cuando vio a los Dursley esperándolo para regresar a Privet Drive después de otro año en ogwarts, pero el intento resultó solo en una extraña mueca de sufrimiento que el tío Vernon respondió con un mal intento de sonrisa,Dudley con una mueca de terror, y la tía Petunia… con una de nerviosismo… esa última era nueva, no era por la gente a su alrededor… ¿acaso algo habría pasado en la casa?…

¿sería a caso este el año en que algo saliera bien con los Dursley?

"¡Chico! Sube rápido al auto, nos vamos de este circo." Gruñó el tío Vernon.

O quizá sería un verano como cualquier otro.

Los días siguiente la tía Petunia seguía extraña, mientras que el tío Vernon y Dudley seguían igual.

Tuvo que pasar toda una semana de miradas sospechosas, asustadas e indecisión para que finalmente la tía Petunia lo hiciera.

Harry estaba lavando los trastes, cuando ella llegó a dejar mas trastes sucios y finalmente lo dijo.

"Marge vino de visita hace unos meses…"

Harry frunció el ceño. No sabía que la tía Marge había ido de visita, pero eso no era lo raro, lo extraño era que la tía Petunia le estuviese contando aquello.

"Fue a pasear a Irlanda y nos trajo algunos recuerdos."

Continuó ella, mientras Harry seguía lavando los trastes.

"Me trajo una muñeca de porcelana." Hizo una larga pausa en la que Harry creyó que finalmente la tía Petunia había fastidiado a todas sus amigas y no tenía a nadie más con quien hablar y su necesidad de criticar la había obligado a hablar con su detestable sobrino. Pero ella continuó. "Es… realmente bonita… en un inicio la puse sobre la chimenea, pero…" Otra larga pausa. "¿Puedes saber si algo está poseído o maldito o algo así?" soltó ella de pronto mientras Harry soltaba el plato y se quebraba en varios pedazos.

(***)

Muchos minutos, muchos 'chico tonto', mas trastes y una curita después, Harry estaba frente a la dichosa muñeca.

Realmente era bonita. Rostro, torso, piernas y brazos de porcelana unidos con tela para darle movilidad; la muñeca tenía unos bonitos ojos azules enmarcados por un abundante pelo negro agarrado en trenzas con flores, la sonrisa más dulce que jamás había visto en un muñeco, y un fino vestido azul con un delantal blanco con encajes y finalizaba todo con unos lindos zapatitos negros y delicados.

De no saber lo mucho que la tía Petunia detestaba la magia, habría supuesto que se estaba volviendo loca; la muñeca era simplemente adorable.

"y… ¿por qué crees que tiene algo malo?" preguntó Harry mientras su tía sacaba a la muñeca de la caja y la ponía en su mesita de té.

"Se ha movido…" Petúnia tragó en seco. "Te dije que la había puesto sobre la chimenea… pero luego apareció en el sillón… Pensé que simplemente yo la había movido, ya que ni Vernon ni mi Dudley habían vuelto a casa, pero unos días después, pasó lo mismo. Habría comprendido si solo hubiera aparecido en el suelo, pero estaba ahí, bien acomodada." Petúnia tomó aire y continuó. "Entonces la metí ahí." Dijo señalando el antiguo cuarto de Harry, la alacena debajo de las escaleras.

Harry no pudo evitar rodar los ojos. Claro, si algo no te gusta, ponlo debajo de las escaleras, eso lo soluciona siempre, ¿no?

"Pero unas noches después, escuché ruidos… luego como si subieran las escaleras, escalón por escalón, un sonido seco a cada uno… lento pero constante." Petunia tomó un trago de su ya frío té, que por cierto no se dignó a servirle un poco a Harry.

"Luego la muñeca estaba en el escalón más alto…" Petunia suspiró. "Han pasado más cosas por el estilo."

Harry no podía hacer magia con la varita fuera de la escuela, por lo que haberle pedido permiso a su tía de sacarla del baúl, era más para beneficio propio que para el de su tía. De todas formas había una cosa que podía hacer, simplemente pasar la varita por el artefacto o cosa que pudiese estar encantada, maldita o simplemente con algo de magia.

Harry lo hizo, parecía como si pasase un detector de metales por la muñeca.

_Mierda._ pensó Harry cuando la varita reaccionó.

¿Por qué nunca tuvo un buen profesor de defensa?

La varita había reaccionado con un leve movimiento, como si hubiese pasado por un imán.

Harry se puso la mano en la barbilla, fingiendo estar tranquilo y solo sopesando la situación, mientras pensaba frenéticamente que hacer.

-Tienes que parecer profesional, finge que tienes idea de lo que sucede.- le dijo la voz que generalmente lo salvaba de situaciones incómodas.

"¿De qué parte exactamente te lo trajo la tía Marge?"

Petunia arrugó la frente. "Una tienda de antigüedades en Irlanda, fue a un tour de viejos castillos." La tía petunia hizo una mueca de desagrado. "Podría haberme traído algo mejor, algo de esos castillos…"

Harry asintió lentamente. "Tengo que investigar un poco." Lo que en realidad tenía que hacer era llamar a Hermione; hasta que recordó que ella ya habría salido de vacaciones a Francia…

Lo que ella haría entonces… los libros de Defensa.

"Pero ¿qué es? ¿qué vas a hacer?" demandó la tía Petunia.

Tenía que parecer que hacía algo para contener la muñeca.

"Me la llevaré a mi cuarto y la estudiaré.

Petunia no se tragó eso tan fácil. Entrecerró los ojos, y después de un rato, simplemente lo dejó ir a su cuarto con la muñeca y su baúl.

"Más vale que lo resuelvas; Marge enloquecerá si no ve la muñeca la siguiente vez que venga de visita."

Si, tía Petunia."

Típico, se preocupaba más por lo que pensarían de ella que por que la muñeca fuera un peligro real.

Harry estudió la muñeca.

Si por estudiarla se entendiese picotearla con la varita y preguntarle si estaba viva…

Harry tomó sus libros, comenzó por el último hasta que llegó al de su primer año, donde finalmente encontró algo posiblemente ´útil.

Había hecho ya la primera confirmación, pasar la varita, la segunda era ver cómo reaccionaba a algunos otros objetos mágicos, así se sabría su naturaleza, algo sobre magia simpa tética.

Harry se rascó la cicatriz, no porque le doliese, sino como un signo de no saber qué hacer.

Finalmente le vino a la mente el Monstruoso libro de los monstros, lo sacó y colocó a un lado de la muñeca. Nada reaccionó diferente; el libro aún quería liberarse de sus ataduras y la muñeca tan linda como la vio por primera vez. No era un monstro entonces.

Sacó un pedazo del espejo de Sirius. Este cambió la imagen de la descolorida pared por un instante a una profunda neblina. Quería comunicarse pues.

Harry se volvió a rascar. ¿su caldero?

En el libro solo decía que el objeto reaccionaría en coherencia a otro objeto de su misma naturaleza o propósito.

Harry no estaba seguro de que meter a la muñeca a un caldero fuera la solución, quizá dejarle caer algún tipo de poción, pero a falta de…

Harry colocó su pesado caldero en la mesa que se quejó ante el peso. Justo cuando estaba por meter la muñeca Dudley abrió la endeble puerta.

"¡Mamá dice que…" cualquier cosa que Dudley fuese a decir, fue interrumpida por la brujil escena.

Harry, con varios libros abiertos sobre su cama, el caldero en el escritorio y la muñeca a medio cuerpo dentro de este. Lo único que faltaba era el fuego y una maléfica risa.

"¡Mamá! ¡mamá! Gritó Dudley casi exaltado, ya fuese por lo que Harry estuviese haciendo o por las consecuencias que esto le traería. "¡Mamá, Harry está jugando con una muñeca!"

Harry aún en la extraña posición, alzó las cejas. ¿era en eso en lo que Dudley se fijaba?

"¡Tiene sus cosas afuera!"

Harry alzó las cejas.

"Sus cosas… mag-"

…"

Harry sacó lentamente la muñeca del caldero, interesado en lo que Dudley pudiese decir, más por una morbosa curiosidad, que por otra razón… ¿Cómo iba a describir su primo lo que estaba haciendo Harry, sin usar las palabras prohibidas?

"… sus cosas de la escuela y las está usando."

Rápidos pasos se escucharon por la escalera, y pronto la tía Petunia se asomó por la puerta. Frunció ella labios y le dijo a Dudley que se retirara.

Petunia movía los labios de un lado a otro, como si las palabras se le revelaran a salir.

"¿Tienes que hacer eso ahora?" preguntó ella.

Indignado Harry contestó. "Creí que querías que terminara pronto.

"Al menos cierra la puerta, mi Dudley no debe ver estas horribles cosas."

Harry se medio mordió la lengua para no contestarle que la puerta había estado cerrada y que había sido Dudley quien sin entender de propiedad o importarle, había abierto la puerta.

"¿qué querías decirme? Dudley iba a decirme algo que le habías dicho tú."

Petúnia alzó la cabeza, como indignada. "Nada, ya terminaré yo sola la comida."

Harry esperó a que su tía cerrara la puerta para seguir,

"No es como si yo quisiera estar aquí." Dijo él con la muñeca en las manos y pudo sentir como ésta pareció removerse un poco.

Harry se asustó y la dejó caer al calero, pero esta no reaccionó.

Harry quiso suponer que lo había imaginado, pero con la magia no se podía saber.

Harry se pasó las manos por el rostro, para tratar de despejarse.

Miró con ojo crítico sus pertenencias.

La escoba, eso también era algo con bastante magia, aunque no sabía que le podría decir si la muñeca reaccionaba a ella.

Para su sorpresa, reaccionó. Era como un breve jalón.

Harry no entendía. Decidió hacer lo que Hermione … lo segundo que ella haría, tomar notas.

1.-Hasta ahora, la muñeca había reaccionado a su varita; e estaba relacionada con la magia .

2.- reaccionó con el espejo; quería comunicarse.

3.- reaccionó a la escoba; ¿quería volar?

4.- reaccionó por alguna razón, cuando la tenía en sus manos… pero no lo había hecho antes...

Para ser alguien que era mago y asistía a una escuela de magia, tenía pocas cosas mágicas.

No reaccionó ante la capa de invisibilidad.

Lo último que tenía era el candado de su baúl; por lo que sin esperar nada, lo colocó sobre ella.

El candado se abrió y cerró varias veces.

No tenía idea de lo que ello significaba.

¿guardaba algo? ¿necesitaba una llave? ¿quería guardar algo bajo llave?

Decidió dejar todo para después y ahora solo bajar a ayudar a la cena, bien sabía que si no lo hacía, aunque la tía Petunia no lo pidiese, habría consecuencias.

Tía Petunia atendió el teléfono interrumpiendo la cena, aunque ni tío vernon ni Dudley realmente interrumpieron la comida.

"Era Marge." dijo la tía Petunia cuando regresó a la mesa. Le dio una rápida mirada a Harry, antes de seguir hablando con el tío. "Dice que va a venir la próxima semana ."

Aunque la tía petunia trataba de esconderlo, la tensa sonrisa delataba que la idea no le parecía del todo.

"¿Otra vez?" preguntó el tío Vernon.

"Algo sobre una exposición canina." respondió la tía Petunia volviendo a sus alimentos, no sin antes darle una mirada amenazadora a su sobrino.

La luz que entraba de la calle era muy poca como para poder ver a la muñeca sentada sobre la mesa de su escritorio, pero Harry creía poder vislumbrarla.

En un par de días vendría la tía Marge… tenía que resolver el misterioso caso de la muñeca de la tía Petunia en ese tiempo. Harry resopló divertido. Estaba cansado y no tenía ni idea de lo que tenía que hacer, se quedó dormido solo pensando en ello.

Harry estaba sentado en uno de los sillones de la sala. Veía la calle desde su lugar, quería salir, la necesidad de salir de ahí era demasiada, pero sus extremidades le pesaban demasiado. Miró a su cuerpo para ver lo que le sucedía y en lugar de este, el cuerpo de un candado estaba ahí, en su pecho… era casi un candado con cabeza…

Harry no entendía lo que pasaba.

¿Necesitaba salir, necesitaba el aire, el sol, la libertad.

Logró ver a la ventana… ¡era tan grande! La puerta… ¡era gigantesca! Jamás podría salir de la casa… jamás podría ser libre... jamás podría salir de ahí, de ese cuerpo…

Harry estaba confundido… de alguna manera sabía que era un sueño, pero no se sentía como los sueños usuales, tampoco como las visiones de Voldemort...

La desesperación hizo que se llevara las manos a la cabeza… pero no eran sus manos… eran manos pequeñas, de trapo… eran sus manos, pero se sentían secas, sin fuerza… eran manos de muñeco.

Lo entendió.

Harry despertó a las seis y treinta de la mañana. La hora usual para comenzar el desayuno.

Ahora sabía que era lo que quería la muñeca, quería ser libre…

pero ¿cómo lograrlo?

Pasó todo el desayuno preguntándoselo.

"Mañana por la tarde llega tu tía Marge, ¿lo recuerdas, verdad?" le recordó la tía Petunia.

Harry suspiró cansado, sabía a lo que se refería, más le valía arreglar este asunto pronto.

Harry terminó de secar y guardar los trastes con una única idea en la mente; uno de los primeros y más sencillos hechizos que conocía; uno que además, no estaba sancionado por el ministerio si se practicaba en casa.

Vernon, Dudley y Petunia se habían ido hacía poco.

Era el momento.

La tía petunia no tardaría en regresar y si algo catastrófico sucedía, prefería que sucediera sin que estuviese ella presente.

"¡Finite incantatem!" dijo Harry con el movimiento de la varita hacia arriba. Era un encantamiento sencillo, pero la falta de reacción de la muñeca le hizo sospechar que no sería tan fácil. De todas formas, lo intentó una vez más. "¡Finite incantatem ¡"

Nada

Harry bajó la varita y se rascó la cabeza. ¿qué más podía hacer?

Se sentó en la cama y volvió a tomar sus libros.

Unos minutos después, lo notó. La muñeca ya estaba saliendo de su cuarto.

Harry no reaccionó como un héroe lo haría.

Primero dejó su libro a un lado. Luego posó la mirada a el escritorio, donde se suponía había dejado la muñeca. No estaba ahí. Luego la mirada a la esquina de su puerta donde había visto claramente la mitad de la muñeca irse. Mesa, puerta, mesa, puerta, Harry revisó debajo de su cama. No, tampoco había muñeca ahí.

Harry se levantó despacio, apoyándose en la cama… aterrado. ¡Si la muñeca se iba, su tía lo mataría!

Para cuando Harry salía de su cuarto, los pequeños brincos de la muñeca, bajando la escalera, estaban por llegar hasta abajo.

Harry bajó las escaleras de dos en dos. La muñeca saltaba con mucha ventaja. La muñeca había saltado y estaba tomada del pomo de la puerta. Harry saltó para detenerla. Harry se golpeó con la puerta ya abierta.

Algo aturdido por el golpe y por lo que sucedía, Harry se levantó y salió de la casa.

La muñeca no estaba por ningún lado. Harry buscó entre los arbustos. Detrás de la casa, debajo del auto.

La muñeca no estaba.

Harry temblaba de miedo.

La adorable muñeca no estaba.

Temía por lo que fuese que había desatado en el mundo, pero con más inmediatez, le temía a su tía y por la tía Marge.

La extraña muñequita no estaba por ningún lado.

(;)

Harry no tenía idea que fuese tan bueno para mentir; eso, o la tía Petunia decidió seguirle la corriente.

"Yo no pienso llevarte a ese… lugar. Tendrás que arreglártelas solas, además tendrá que salir de tu bolsillo lo que necesites allá, te daré para el pasaje."

Harry suspiró aliviado. "No necesito dinero, solo que me dejaras ir al callejón diagon."

Petunia frunció el ceño, miró a su sobrino. "¿tardarás mucho?"

"No, quizá solo una media hora." Harry exhaló cansado. Seguramente la tía le haría pagar por el tiempo que no estuviese en la casa, pero ahí era el único lugar en el que podía hacer magia sin que el ministerio lo rastreara.

"Yo te llevaré." Y antes de que Harry pudiese decir algo más, ella continuó. "Te esperaré afuera."

Harry, sorprendido y sin palabras, solo asintió.

Le tomó más tiempo del que pensó. Al parecer transfigurar una playera en la muñeca no era tan sencillo como supuso.

La muñeca había desaparecido. Pero él seguía siendo un mago, por lo que con la imagen de la muñeca en la mente, hizo un trabajo excepcional y transfiguró con fineza una vieja playera en la encantadora muñeca que recordaba. Quizá hasta más linda de lo que era la anterior.

Había planeado si le daba tiempo, ir a buscar algo de información, en la librería, pero era realmente difícil transfigurar una pequeña figura tan detallada. Al final, tuvo que quitarse calcetines para terminar los detalles del vestido de la muñeca.

Harry salió triunfal con la bella muñeca.

La tía petunia le puso mala cara a ambos.

"¿está listo?"

Si, tía Petunia, esta muñeca no se moverá, lo aseguro."

Así fue, ESA muñeca no se movió.

Un par de años después, cuando Harry supiese sobre los horrocruxes de Voldemort, entendería lo que había soltado al mundo.

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