Autor original: "D.D. Howard"

Traducción al español por: "El Orgullo del Operador".

Créditos y agradecimientos especiales a mi mentor "Insanity-G" por permitirme usar a sus OC's para la clase de Asriel.

Undertale.

Littletale AU.

One-Shot.

"El Eco que alguna vez fue"

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-[Preludio: ¿El... qué?]-

Asriel dejó escapar un suspiro de su cansado hocico a la vez que se sentaba en su pupitre luego de haber entrado al aula de su universidad. Como era de esperarse de uno de los últimos días de clases antes de las vacaciones de las felices fiestas, casi ninguno había venido. Ya fuesen humanos o monstruos, de los sesenta estudiantes a los que estaba acostumbrado...

Habían menos de treinta.

No podía culparlos, no había casi nada que hacer y la mayoría quería dar por terminado el semestre. La mayoría probablemente estaba atados a la asistencia obligatoria por alguna beca, o simple aprecio.

Él era otra cosa.

El hijo de Asgore y Toriel dejó salir una risilla al ver entrar por la puerta a un pavo real, cuyas plumas estaban ya bastante desteñidas producto de la edad. El Doctor Murush era uno de sus maestros favoritos, precisamente porque a alguien como Asriel, le apasionaba muchísimo el aprender. Una hora y quince minutos más de sus enseñanzas eran como un tónico para su cerebro siempre hambriento de conocimiento.

Los cansados ojos del monstruo fueron de izquierda a derecha, contando rápidamente a sus alumnos. Veinticinco, quince monstruos y diez humanos. Usualmente se quejaría, o les llamaría ingratos, no era el tipo de persona que disfrutara el ser el hazmerreír de sus estudiantes, pero el día de hoy...

Hoy era diferente.

Evidenciado porque casi de inmediato levantó su cola, desplegando ligeramente algunas de sus plumas, que conservaban unos cuantos colores.

"De acuerdo... para aquellos lo bastante considerados como para venir a mi última clase, les tengo un regalo. Les enseñaré algo que probablemente jamás olvidarán."

Sus palabras fueron como miel, provocando que más de uno levantara la ceja por curiosidad. Sus ojos se iluminaron con pasión, sintiendo la atención de sus muchachos. No pudo evitar dejar salir una pequeña risa, a la vez en que se apoyaba contra su bastón.

"O quizás simplemente lo descarten en seguida, no lo sé... pero si les intriga tanto como a mi, estoy seguro de que se alegrarán de haber venido. Ejem... ¿alguien sería tan amable de decirme cuando murió Nerum Mashi?"

Más de alguno se miró con una confusión visible, el príncipe de los monstruos cerró los ojos, recordando su clase de historia. Nerum Mashi, uno de los políticos más importantes en la historia de la "Neo-Alianza Humanos/Monstruos", uno de los precursores a favor de abrir la barrera incluso mucho antes de que él naciera.

Después de todo, solo tenía veinte años.

No fue lo suficientemente rápido, pues una voz femenina le hizo mirar a su izquierda.

"Murió hace unos años, ¿en el 2012, no?"

La cabeza de Murush asintió lentamente, más no continuó. Su mirada fue de izquierda a derecha, fijamente observando las caras de los muchachos, hasta que un humano de cabello negro con una mueca de confusión le hizo sonreír, casi de oreja a oreja.

"¿Qué sucede joven Drake? ¿por qué tan confundido?~"

Cuestionó con un tono juguetón, lo que provocó que el susodicho se rascara la nuca, una clara señal de vergüenza al haber sido él, elegido para hablar en voz alta... bueno, al menos no habían tantos presentes el día de hoy.

"Bueno, yo... pensé que había muerto hace mucho tiempo, en los noventas o algo así... en prisión por sus ideales."

El profesor sonrió tanto como pico se lo permitió, aplaudiendo a la vez que se concentraba ahora en todos sus alumnos. Esto era justo, justo, JUSTO lo que estaba buscando.

"Muy bien clase... ¿quién tiene razón? ¿Drake o Pirita?"

Incluso si no podía verlos, pues él mismo estaba concentrado en hallar la respuesta, era obvio que todos estaban confundidos. La gran mayoría alzó la mano izquierda como forma de apoyar al moreno, mientras que solamente un oso alzó la derecha en señal de apoyo hacia la humana. Asriel, por su parte, se mantuvo neutral.

El pavo simplemente agarró su bastón una vez más, apuntándolo en dirección a la muchachita.

"Pirita... eres la más cercana a lo correcto. Murió de una infección del tracto respiratorio el 5 de Diciembre del 2013... pero, ¿por qué algunos de ustedes pensaron que murió en prisión en los noventas?... ¿ehh?~ varios lo creyeron... Chester, ¿cómo llegaste a esa conclusión?"

El chico en cuestión, un usuario de perseverancia, se ajustó los lentes a la vez que dejaba de escribir en su libreta. Tenía un pequeño rubor en las mejillas, precisamente por la vergüenza de haberse equivocado... era obvio, los de alma morada eran dotados de inteligencia por naturaleza, esto era una pequeña mancha en su historial de aciertos.

"Juraría que nos enseñaron eso en el séptimo grado, en mi clase de historia del mundo. Era tema de conversación cada año durante la semana de aniversario de la alianza."

Una pequeña monstruo-perro asintió efusivamente, mientras movía la cola con evidente ilusión, ganándose la atención del resto de sus compañeros.

"¡A mi también-woof! igualmente fue en el aniversario, cuando era niña. ¿Su esposa no había intentado demandar a alguna compañía?"

El rostro de complacencia que tenía el profesor Murush era una auténtica rareza. Nunca había visto a ese pobre anciano tan cautivado en los dos años que llevaba estudiando bajo su tutela, Dreemurr no podía mentir, ahora si que estaba auténticamente interesado en el tema, prácticamente la emoción le escapaba por los poros.

"Qué peculiar... todos recuerdan que se les dijo esto, excepto que... extrañamente, no es verdad. Nada de eso ocurrió, búsquenlo hijitos. "La muerte de Nerum Mashi" en google, no encontrarán nada sobre una prisión en los noventa, no verán ningún artículo o documental sobre su funeral que fue transmitido globalmente. No encontrarán nada sobre la causa de muerte, ni las supuestas marchas en contra de la barrera hecha por estudiantes de la época... porque nada de eso pasó."

Una gota de sudor escapó por la nuca del ojiverde, la cual se perdió rápidamente entre su blanco pelaje. El silencio era casi total, para ninguno de ellos tenía sentido lo que estaba diciendo aquel hombre respetable. No era para menos, básicamente les estaba diciendo que sus enseñanzas, que sus recuerdos, que todo era falso.

Como si lo supiera, no... porque ya lo sabía, se aclaró la garganta, con la misma sonrisa que le había acompañado toda la clase.

Ahora tenía sentido el por qué estaba de tan buen humor hoy.

"Esto es un fenómeno conocido como... "El efecto Mashi", un completo misterio. Una enigmática anomalía en la tierra sin explicación científica..."

El resto de la hora, aquel día, se le pasó volando al universitario. Para él fue como si tan solo pasaran cinco minutos, pero no pudo estar más equivocado. Para cuando terminó, su cabeza había explotado metafóricamente hablando.

Personalmente, él no recordaba en absoluto su fallecimiento en la década pasada, pero otros de sus compañeros si tenían memorias vagas sobre los reportajes o los periódicos, o el conmovedor discurso de su viuda en el siglo anterior. Y sin embargo, todo desapareció cuando aquel evento desapareció de la historia.

Todo lo que quedaba era una memoria colectiva.

Recordar lo mismo... ¿y estar errado... ? era simplemente una locura.

Una muy, muy interesante.

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-[Fragmento 1: ¿Recuerdos o locura?]-

Varios días más tarde, tanto Asriel como uno de sus mejores amigos, o más bien, su hermana, caminaba al lado de este. El par de niños Dreemurr tenía las manos en los bolsillos, aunque la cabra movía de manera insistente su hombro, intentando volver a acomodarse la mochila sobre este. La castaña por su lado, dejó salir un suspiro, a la vez que se llevaba una de sus manos a su estómago, dándole unas suaves palmaditas.

Hacía rato que se le acabó el chocolate.

"Me estoy muriendo..."

Exageró, ganándose una risilla por parte del monstruo, quien le dio un ligero y dulce apretón al hombro de la fémina de orbes rojizos en señal de apoyo, empujando ligeramente la entrada de la cafetería. El delicioso olor a pan caliente en los primeros días de invierno no hizo más que enfurecer aún más al estómago de la chica.

Era sábado por la mañana, última semana del semestre... y los cerebros de ambos estaban fritos luego de haber estudiado hasta altas horas de la noche.

Los dos optaron por sentarse en la mesa de siempre, en una esquina. Chara se acomodó un poco el pin en forma de flor que tenía a un lado del cabello, quitándose los mechones de la frente, a la vez que tomaba su carta. Nunca había sido buena para el estudio, pero con él a su lado, no tenía nada que temer.

Para ambos, el desayuno era sagrado. Una zona libre del estrés característico de la escuela. Cualquier mención de clases o exámenes era tabú, venían aquí a reír. La última vez que estuvieron ahí, determinación casi quiso apuñalarse las orejas con el cuchillo real de su padre, únicamente para callarle la boca sobre el estúpido efecto Mashi.

Determinación tenía muchas virtudes... pero Paciencia no era una de ellas.

"Lo juro por dios... cuando esto termine, quiero dormir hasta el día del juicio final."

Murmuró por lo bajo, dándole un sorbo a su café para forzar a su cerebro a mantenerse despierto. Tenía unas pequeñas ojeras en sus ojos, pero daba igual a estas alturas. Asriel le pegó un pequeño mordisco a su sándwich, a la vez que el tenedor de su hermana arrancaba un pedazo de su panqueque de chocolate para metérselo en la boca.

"Dormiré tanto que, para cuando despierte no sabré qué año es. Al diablo con la fiesta, yo no voy a ir. Ni intentes convencerme, Azzy."

Dijo en tono amenazante, provocando que le escapara una pequeña sonrisa de los labios, asintiendo. Los años pasaban, y ella siempre sería igual, pero era una de las razones por las que la quería tanto. He allí que más que hermanos o mejores amigos, se consideraban como gemelos.

Esto, para él, era la mejor época de su vida sin duda alguna.

"Oye... ¿a veces no te gustaría estar de vuelta en la academia? no me refiero a casa... sino, las clases. Pensábamos que eran tan difíciles en aquel entonces... éramos tan tontos..."

Los ojos de la fémina se movieron de izquierda a derecha en una mueca de fastidio. Bueno, hablar del pasado no estaba enteramente prohibido, a ella también le daba nostalgia... no en balde, haber sido parte de los primeros años de la convivencia entre humanos y monstruos tras la ruptura de la barrera fue divertido, tenía que admitirlo.

Parte de su infancia era el motivo por el cual restauró su fe en la humanidad.

"Ni que lo digas, era un universo totalmente distinto comparado a esto... y eso que solo éramos catorce... bueno, quince si cuentas a la maestra Dorothy... el sistema educacional, vaya estupidez."

Conforme continuaba hablando las cejas del chico cabra se alzaron en intriga. Especialmente cuando mencionó el número de estudiantes del salón, como si algo dentro de su cabeza hiciera "click", Asriel terminó de masticar su comida, dándole un rápido sorbo a su té de manzanilla, para luego mirar a su hermanita.

"¿Catorce? no, éramos quince."

Protestó el chico, provocando que Determinación alzara uno de sus dedos, moviéndolo de izquierda a derecha en negación.

"No hermanito, éramos catorce. Tú, yo, Brandon Ebersol, Alphys, Undyne, esa loca de los pasteles; Muffet, Lily Attwood, Napstablook... y ya sabes, ese tonto pedazo de chatarra parlanchín que tenía como primo, Mettaton."

¿Cómo olvidarlo? uno de los primeros experimentos de Alphys en su infancia, su orgullo, así como el motivo por el cual recibió una Beca, fue darle por primera vez un cuerpo robótico a un fantasma. Al primo de Napstablook, ni más ni menos. Asriel rio a la vez que recordaba a sus amigos de la infancia, contento.

Chara obviamente decidió continuar.

"Estaba Grey Edevane, Susan, los hermanos esqueleto; Sans y Papyrus... y ese idiota de Lincoln Earl. Y luego, estaba la maestra Dorothy, los quince incluyéndola."

"Falta Frisk"

Replicó el príncipe de los monstruos, ante aquel nombre, su hermana entrecerró los ojos.

"¿Quién?"

Dreemurr dio otro mordisco a su delicioso pan, alzando la mano en busca de unos momentos para comer en paz, habiéndose saciado las tripas por el momento, finalmente decidió continuar, alegre e ignorante.

"Frisk, la niña tímida. ¿Recuerdas? pequeña, castaña como tú, ojos dorados. No hablaba con nadie."

Ella, por supuesto, se llevó las manos al mentón de manera pensativa, a la vez en que él continuaba su pequeña merienda. Asriel observó expectante el rostro de su hermana cambiar entre uno de curiosidad, y luego uno que parecía reflejar algo de gracia, como si estuviese recuperando su sonrisa de antaño.

Lo que hacía cuando creía que le jugaban una travesura.

"No Azzy, solo éramos catorce."

Insistió, pero la cabra fue la que negó en esta ocasión, ahora ligeramente frustrado ante la negativa de su hermana.

"¿No?... También estaba Frisk. He estado esperando todo este tiempo para que la menciones hermanita."

La chica con alma roja volvió a concentrarse en su postre, cargando al mismo tiempo su cabeza contra el puño cerrado de su otra mano, claras señas de que no le estaba tomando en serio, pese a que si le estaba escuchando, le miraba como si intentase convencerla de que le agregara sal a su café o algo así.

Como si estuviera loco.

"Chara... ¿me estás jugando una broma? si es así, ya basta. No es gracioso, hablo en serio."

El brillo carmesí en los ojos de la muchacha se atenuó por uno más brillante en respuesta, como si estuviese tomando una actitud hostil. Clara señal de que ambos estaban al borde de la discusión, como toda pareja de hermanos, siempre había cosas en las que chocaban, esta parecía ser una de aquellas.

"Por supuesto que no tonto. Es solo que no había ninguna "Frisk", recuerdo perfectamente que éramos catorce, ¿recuerdas? Ocho monstruos y Seis humanos."

Negó con la cabeza, meditabundo a la vez que depositaba su hocico sobre sus manos ahora juntas, casi en una competencia de miradas con la hija adoptiva de sus padres.

"Ocho monstruos y siete humanos. Su nombre era Frisk, no le hablaba a nadie y nunca le dijimos nada. Estás intentando jugarme una broma; no es gracioso."

Espetó, con una brusquedad visible. Internamente sin embargo, estaba del todo menos seguro, un miedo creciente estaba acumulándose en su estómago en compañía de un pánico que iba en aumento poco a poco.

"He estado leyendo toda esta tontería del efecto Mashi, y ahora estás intentando jugarme una broma como cuando éramos niños. Es suficiente Chara, no es gracioso."

WHAM

Un pequeño manotazo en la mesa fue lo que recibió como respuesta. La fémina dejó salir un largo y áspero suspiro cargado de molestia, pronto, una de sus manos fue a parar a su rostro, sujetándose el puente de la nariz para intentar calmar la ira que estaba surgiendo en lo más profundo de su ser.

Odiaba, con todas sus fuerzas, que le recordaran su pasado como bromista.

Amaba mucho a su hermano, pero de verdad estaba empezando a tentar su suerte. Si fuese otra persona, ella ya le habría mandado al diablo, no lo había hecho precisamente porque era su mejor amigo, su "gemelo", la persona en la que más confiaba. Determinación arrastró su mano por su rostro, jalándose ligeramente la piel, como si intentara quitarse su frustración del rostro.

Funcionó... hasta cierto punto.

"Ya deja de hablar de esa Porquería del efecto Mashi o lo que sea, me tienes harta. No hay ninguna Frisk, te falta dormir."

"¡¿Qué?!"

Él también estaba empezando a enojarse, pero no a un nivel tan peligroso como el de su hermana. Asriel llevó una de sus manos a su pecho, visiblemente ofendido y hastiado. Chara, sin decir una palabra, le observó atentamente, su mirada le analizó con toda la intensidad que pudo, cada detalle de sus facciones... sus cejas, su rostro...

Ella era una experta en encontrar mentirosos, siempre había sido demasiado astuta para su edad, incluso ahora.

Es por eso que ver la autenticidad en el rostro del príncipe la empezaba a poner nerviosa. Asriel, ahora si, estaba empezando a asustarse. En lo más profundo de su cabeza, la idea de que quizás... aquella teoría ridícula pudiera ser real le hizo sentir como si estuviera loco, estaba a punto de pelearse con su hermana.

Pero... estaba seguro.

"Tiene que ser una broma... Chara, ella fue a la academia con nosotros..."

Dijo, llevándose una de sus manos a su frente para retirar unas cuantas gotas de sudor nervioso. Recrear aquel rostro tímido era tan fácil para su cabeza, como si estuviese viéndola una vez más.

"Asriel. ¿Me estás tomando el pelo?"

Negó con la cabeza fuertemente, casi de manera frenética.

"No..."

Intentó, muy pobremente, ocultar el claro pánico en su voz. Chara lo notó de inmediato, y tanto el tono de voz como las expresions de esta cambiaron al enterarse de que, efectivamente, Asriel no le estaba jugando ninguna broma. Él no era un bromista como ella o el saco de huesos amante del ketchup.

Estaba siendo sincero, y eso... la aterrorizaba.

En cuanto a él, trató de racionalizar la situación lo mejor que pudo. ¿Tal vez simplemente la olvidó? fue hace más de una década, quince años para ser precisos. Frisk no era una estudiante memorable, y por lo que recordaba, se sentaba hasta atrás del salón sin decir ni una palabra como si fuese una estatua, casi siempre con los ojos cerrados para no causar problemas.

Únicamente hablaba cuando su profesora la forzaba... casi nadie de ellos, nunca, intentó hablarle personalmente para no herirla.

"Hermana, solo no te acuerdas. Era muy callada, me refiero a extremadamente callada... no te culpo, es decir... el primer grado fue hace tanto tiempo."

Insistió, para aquel punto ya ambos habían terminado sus comidas. Chara soltó un "tal vez" al mismo tiempo que uno de sus brazos viajaba hasta su café, buscando terminárselo antes de que se enfriara. El tema hubiese quedado hasta ahí, pero ahora ella también estaba intranquila. La insistencia de Asriel, había encendido en ella dos llamas diferentes. La de su obstinación y preocupación fraternal, cambió de parecer casi al instante.

"No, no puede ser. Simplemente no puede ser; Asriel, acabo de mencionártelos a todos, los recuerdo sin problemas. Éramos catorce, estoy segura que estás confundiéndote con alguien más."

Eso, finalmente lo hizo explotar.

"¡NO ME DIGAS QUE LA ESTOY CONFUNDIENDO!"

WHAM

Gritó a todo pulmón, a la vez en que estrellaba sus dos puños contra la mesa. Aquello tomó a Chara por sorpresa tan repentinamente que retrocedió en su asiento. Asriel, cuyas escleróticas se ennegrecieron ligeramente producto de la poca magia que liberó, se calmó al ver no solo el rostro de ligero temor en su hermana, sino también que ahora todos le miraban.

Tanto los humanos como monstruos que comían alrededor empezaron a murmurar, la multitud fue suficiente para aplacar por completo su espíritu, provocando que su cuerpo se tirase sobre la silla que ocupaba. La determinada, cuya ira despareció por en su totalidad, ahora si estaba preocupada por el estado mental y emocional de su hermano.

Esto no era normal.

"¿Qué diablos te pasa?"

Se le quedó viendo. Asriel dejó salir un largo y exhausto suspiro a la vez en que tiraba su cabeza contra sus manos, negando para sus adentros a la vez que sus dedos masajeaban sus sienes, intentando calmarse a si mismo, un esfuerzo totalmente inútil.

"No es gracioso Chara... ya sabes que esa cosa Mashi me ha inquietado mucho últimamente. Solo... detente... por favor."

Rogó, en un tono con tanta tristeza y dolor que le envió escalofríos. Ver el rostro horrorizado de ella hizo que su alma dentro de su pecho se removiese como si fuera víctima de un escalofrío.

Lo sintió en cada fibra de su ser.

"Asriel... te lo juro, por dios. ¿Por qué te preocupas tanto?... solo... relájate maldita sea... ¿estás bien?"

Cuestionó, moviéndose para sentarse a su lado. El brazo izquierdo de esta rodeó los hombros de él, empezando a darle unas cuantas palmadas para reconfortarle. Aquello pareció tranquilizarlo lo suficiente, o eso indicaban sus ojos, que habían vuelto completamente a la normalidad. Pero el efecto era casi mínimo.

Él, verdaderamente, estaba atemorizado hasta lo más profundo de su ser.

"Ella estaba ahí con nosotros... Chara, ¿olvidaste nuestro grupo de lectura? Había quince de nosotros e hicimos grupos de cinco. Frisk estaba conmigo y contigo. Todo el mundo siempre bromeaba con que ustedes eran gemelas, ¡tenían el mismo maldito peinado!"

Continuó, y ella ya no encontró la fuerza dentro de si para enojarse más. La princesa negó con la cabeza a la vez en que miraba atentamente el rostro lleno de pavor, estaba empezando a lastimarla seriamente. Odiaba ver a Asriel en un estado tan vulnerable, porque se suponía que él fuera el más fuerte de los dos.

"No, Azzy. Recuerdo los grupos de lectura, si... pero la señora Dorothy estaba en uno de ellos, ¿no recuerdas?"

Este negó con la cabeza.

"Ella... caminaba por el salón, supervisándonos. Chara... Frisk estaba con nosotros, sé que es así porque cada vez que tenía que leer, se ahogaba con sus palabras y no podía decir nada. Las pocas veces que sí leyó algo, me quedaba asombrado de escuchar su voz porque casi nunca, nunca lo hacía... ninguno de nosotros..."

La de mejillas rosadas estaba quieta y en silencio. Cada uno de ellos sabía qué recuerdos tenía, pero la pregunta que tanto pavor le daba responder era... ¿quién de ellos estaba equivocado?

Sentir como le agarró fuertemente de su chaqueta verde para que lo mirase directo a los ojos la hizo estremecer, las lágrimas ya amenazaban con escapársele por los ojos.

"Chara yo-... ¡su auto! ¿al menos recuerdas eso? su madre tenía una ropa hermosa, siempre usaba vestido. Recogía a Frisk en un auto rojo y lujoso, nunca me importaron los autos, ni siquiera ahora. Jamás podría decirte la diferencia entre un Porsche o un Honda, pero recuerdo su carro porque era hermoso para un niño como yo. ¿Tal vez era un Cadillac... ? ¡Vamos, Chara, por favor!"

Insistió, rogándole, suplicándole con todo lo que tenía que le dijera que no estaba loco. La mujer se sintió mareada en ese preciso momento, decidiendo por usar parte de su rasgo para intentar mantener su cabeza fría y su estado físico en óptimas condiciones. El silencio fue la carta que él aprovechó para continuar charlando.

Aún había cosas que contar.

"Siempre creíamos que se veía genial cuando pasaba frente a la escuela, su madre era la primera en llegar todos los días, y Frisk se levantaba rápido de su esquina en la banca e iba tímida hasta el auto. Su madre era hermosa, siempre salía a abrazarla incluso si estaba nevando. Todos los días, sin falta... Frisk siempre olía bien, porque su madre la abrazaba en las mañanas y se le pegaba el perfume."

Ambos, con cada ejemplo que le daba, estaban terminando aún peor que antes.

Sacudió lentamente la cabeza, como si fuera un gesto mecánico.

"Asriel... no la recuerdo en absoluto. Pensé que quizás estarías pensando en alguien de otra escuela pero mamá y papá nos han mandado a la misma escuela desde siempre. ¿No estás seguro que no lo soñaste? ¿quizás fue una película?"

Volvió a negar, acariciándose los párpados.

"No, no, Chara, los dos hablábamos de ella. Estaba en mi círculo de lectura en la clase de la señora Dorothy..."

A la vez que él continuaba, apenas conteniendo los sollozos, ella, determinada, continuó con sus caricias. Siempre había tenido una actitud más maternal y comprensiva luego de madurar, gracias a su cercanía y constante admiración hacia su amada madre. Asriel se supone, debía ser el más fuerte... pero podía intentar, al menos esta vez, sanar su psique torturada.

"¿Y qué pasó después? solo hablas de primer grado..."

"No sé que pasó después, debió mudarse... pero estaba en primer grado, lo juro por dios. ¿Tal vez por eso la olvidaste? se mudó y solo recuerdas a los que nos graduamos en quinto."

Dreemur cerró los ojos, ya no intentando cuestionar a su hermano, sino ayudarlo. Pero era inútil, si había algo que recordaba claramente de todos sus años de infancia, eran las clases y el año con la profesora Dorothy, después de todo, había sido una de las primeras humanas que la trató con afecto y cariño genuinos.

Estaba a mediados de sus treintas en aquel entonces, siempre les consideró sus hijos.

"Lo dudo Azzy, también recuerdo el primer grado y ella no estaba ahí. La señora Dorothy era mi maestra favorita, como una segunda madre para nosotros, recuerdo ese año fácilmente. Y no había ninguna niña llamada Frisk."

Y sin saber por qué... finalmente, en silencio, él se puso a llorar. La presa se rompió, ella le conocía lo suficiente como para rodearlo con sus brazos. Era como si estuviese viendo una película de muertos vivientes, o de demonios.

Como si hubiera una escena donde el personaje principal fuese descuartizado y succionado vivo dentro de un espejo, pensar en esa escena y el típico "solo es ficción", hasta ver las malditas palabras "Basado en una historia real."

Y entonces, como si el maldito destino quisiera escupirte en la cara, tu reflejo dejase de moverse, mirándote fijamente.

Esa era la sensación que Asriel Dreemurr experimentaba ahora mismo, mientras lloraba en silencio con sus manos tapándole la cara, y los brazos de su hermana alrededor suyo. Era justo como la gente que juraba que la estatua del mago Acacius tenía la boca abierta en lugar de tenerla cerrada o la supuesta muerte de Nerom Mashi en los noventas.

En lo único que podía pensar...

Era en Frisk.

Su recuerdo no encajaba en su vida de preescolar. No encajaba en su vecindario al crecer, ni en ningún otro sitio que no fuese la clase de su antigua maestra.

¿Qué demonios... qué demonios está pasando... ?

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-[Fragmento 2: Como un fantasma]-

Las cosas se habían calmado un poco aquella noche, pero sería una mentira si dijera que estaba tranquilo. Asriel, ahora mismo, se hallaba acostado sobre su cama luego de haberse dado una muy, muy necesaria ducha con agua helada, vistiendo un pijama de color verde con rayas doradas, similar a su característico suéter.

Su mirada estaba completamente fija en el techo de su cuarto universitario, Chara ofreció quedarse a dormir con él aquel día, pero se negó rotundamente ante la idea de que durmiera en el suelo. Era normal, ninguno de los dos permitiría que el otro ocupase el sofá o el maldito piso, así que sería una pelea constante para ver quién dormía en la cama.

Terminó convenciéndola de que todo estaría bien, y solo luego de prometérselo, logró mandarla a su lado del campus.

Aún no estaba del todo convencido, sobre todo ahora tras calmarse, que esto pudiese ser precisamente de lo que su maestro le habló varios días atrás. Parte de si, aún pensaba que quizás Chara había olvidado a una chica tan dulce como aquella, y ya tenía una buena idea de como confirmar sus sospechas.

"Que me parta un rayo... no estoy loco... sé que no..."

Pese a haberle dicho a su madre que no estaría mucho en contacto producto de los exámenes finales, ella siempre tendría tiempo para sus hijos. Es por eso que agarró su celular casi de inmediato, metiéndose a sus contactos para rápidamente buscar y encontrar el número de la reina de los monstruos.

Contestó casi al instante, con un visible tono emocionado.

"¡Mi niño, que agradable sorpresa! ¿qué tal estás?"

Cuestionó, a lo que el de ojos verdes no pudo evitar dejar salir una risilla alegre y contenta, asintiendo a nadie en particular.

"Hola madre, estoy bien. Llamé para preguntarte algo, ¿recuerdas a una niña llamada "Frisk" en la clase de la señorita Dorothy? una niña pequeña, castaña y de ojos dorados."

Dijo él por su parte. Desde el otro lado de la línea, la cabra de orbes carmesíes dejó salir un pequeño "hmmm" pensativa, deteniendo sus propios exámenes. Si bien estaba ocupada con sus deberes académicos como maestra de preescolar, no le molestaba en absoluto detener su trabajo para charlar con sus bebés.

"Que pregunta tan curiosa... no, no me suena. En tu séptimo cumpleaños invitaste a todos los niños, pero no recuerdo a ninguna Frisk"

Escucharla mencionar su cumpleaños hizo que otra vez un "click" ocurriera en su cabeza. Los párpados del chico se abrieron ligeramente a la vez que sonreía.

Claro... su cumpleaños...

"Si, la invité pero no fue. Era muy tímida, ¿tal vez por eso la olvidaste?"

Toriel se reclinó contra la silla de su pequeño estudio, acariciándose el mentón ligeramente mientras cerraba los ojos, sumiéndose en lo más profundo de sus pensamientos, tal cual hiciera su hijo biológico varias horas atrás cuando desayunaba con su hermana. Al final, optó por encogerse de hombros.

"Bueno, tengo algunas fotos de primer grado, ¿podría enviártelas y así me las señalas si es que la reconoces?... pero a todo esto, ¿a qué viene la pregunta?"

Nunca había sido bueno mintiendo. Optó por dejar salir una risa nerviosa y algo bochornosa, a la vez que un tono carmín se extendía por sus peludas mejillas, prefería decirle la verdad y quedar en ridículo a mentirle para calmar sus malditos temores después de todo.

"Bueno, Chara tampoco la recuerda y se me hacía un poco raro. Y sería genial si pudieras mandarme esas fotos, ¿tienes esa donde sale toda la clase?"

Para la esposa de Asgore, incluso si él no la veía, fue como si un camión de nostalgia la golpease, a la vez que sus labios se curvaban en una linda sonrisa.

"¿Esa donde están los catorce niños?"

Esas palabras llenaron de inquietud a su hijo, quien para este punto, ya se había sentado en el borde de la cama. Asriel sintió como su pijama empezaba a pegársele al cuerpo, precisamente, producto del maldito sudor que volvía a escurrírsele por el cuerpo.

"Em... ¿n-no? había quince. Quince de nosotros mamá."

Lo siguiente que escucharía casi haría que sintiera ganas de vaciar todo el contenido de su estómago.

"Que extraño... juraría que eran catorce"

Escuchar aquel maldito número salir de la boca de su madre con tanta seguridad provocó que su mano libre apretara fuertemente el colchón de la cama, con tanta fuerza que sus uñas perforaron frazadas y sábanas, llegando hasta topar el colchón, todo sin que el mismo culpable se diese cuenta de sus acciones.

"¿Qué carajos... ?"

Susurró, poniéndose de pie rápidamente para ir a la cocina a por un vaso de agua y calmar sus nervios otra vez. Nunca, jamás había sido víctima de una situación emocional como aquella, no podían culparle por la creciente ansiedad y toda la avalancha de carga emocional que le estaba cayendo encima el día de hoy.

"Mamá-... si, solo manda las fotos si puedes."

Contestó por fin, por un segundo trató y pensó en si decirle o no la verdad de sus temores. Pero se detuvo a si mismo, Toriel era una mujer racional, amaba a sus hijos por sobre todas las cosas, pero era una mujer racional. Muchísimo más que su propia hermana, he allí que no pudiese preguntar nada.

Los instintos maternales de la reina, desgraciadamente, ya se habían activado.

"Ok... ¿todo está bien mi niño?"

El "no" que quiso salir de su boca fue apenas contenido por otro vaso con agua. Asriel apoyó su mano contra la mesa de la cocina, a la vez que observaba fijamente la luna llena por la ventana de la misma. Recuerdos de Ebott city, sus recuerdos de la vida que todos compartieron con Frisk, no se despegaban de su mente.

Las cosas habían tomado un giro aterrador... para peor.

"Si, solo me parece extraño que nadie la recuerde."

A la vez en que él pasaba en toda su infancia, su madre escudriñaba entre las páginas de uno de los tantos álbumes de fotos que guardaba. Su ceño se frunció al observar el enorme cuadro vacío en el cual, ella recordaba, debía estar la fotografía de uno de los primeros cursos de sus hijos. Fotos de Chara y Asriel haciendo manualidades, jugando...

Pero no estaba su curso.

"Acabo de revisar tu álbum, no tengo la foto grupal, ¿pero quizás la madre de Muffet la tenga... ? veré si puedo conseguirla, de todos modos te mandaré las que tengo por ahora."

"Entendido, gracias mamá."

Una sonrisa cansada y evidentemente falsa se posó en su rostro. La conversación siguió por un par de minutos antes de que tuviese que colgar, pero no la escuchó en absoluto. Su mente ya había sido lanzada en modo "extremo", trabajando a todo dar buscando darle sentido a los recientes acontecimientos.

La cabra suspiró una vez más a la vez que apagaba la luz en su mesita de noche, lanzándose dentro de su cama para intentar dormir, pero no podía. En medio de la oscuridad, con los ojos cerrados, lo único que veía era a Frisk.

Su pequeña figura, esa postura recta e impecable que la caracterizaba, junto a aquel rostro característico que ponía cada vez que cerraba los ojos, buscando perderse entre la multitud por la vergüenza, o ese tonto suéter azul de rayas rosas que tanto adoraba vestir.

Incluso el perfume que su madre le impregnaba con sus abrazos, con tanta claridad que luego de olerla en algunos supermercados o librerías en momentos al azar, enviaba su mente al primer grado, a aquellas épocas.

Asriel apretó las cobijas que le cubrían hasta el rostro, cerrando los párpados con mayor fuerza.

Su mente recordaba aquel tono de voz temeroso perfectamente, la vez que por fin reunió el coraje para leer en su grupo de lectura...

Todo, lo recordaba por completo... podría identificarla si la veía en las fotografías.

Lo que más le inquietaba era lo "astuto" que era aquel fenómeno. ¿El propio universo le jugaba una mala pasada a él y a tantos otros, por decirlo de alguna manera?, es decir... La estatua del mago Acacius, cientos de personas a lo largo de toda la historia se habían sacado fotografías en frente de ella incluso antes de la ruptura de la barrera.

Cientos afirmaban que tenía la boca abierta, dando un grito de guerra con espada al cielo, ir a un álbum de fotografías antiguo buscando pruebas de que no estaban locos, solo para fijarse que efectivamente, siempre tuvo la boca cerrada.

Las fotos virales de la internet, de gente estúpida haciendo aquel tonto gesto en un burdo intento por imitar su grito de batalla eran más extrañas todavía... ¿quizás en algún punto del tiempo, el efecto Mashi realmente había atacado para cambiar todo lo relacionado con la estatua, pero no las personas.

¿Estoy volviéndome loco... ?

Quizás esto era lo que la gente sentía en esas ocasiones, pero no podía evitarlo. ¿Cómo podía ser él, el único que recordara a una persona con tanta claridad? si esto realmente era culpa del Efecto Mashi, sería inútil recibir las fotografías de su madre ya fuera si Frisk estuviese en aquellas fotografías hacía 13 años o no.

No estaría en ellas.

Porque no era relativo, no era un "rastro" lo suficientemente sutil para escapar de la cruel garra del universo que la arrancó de la existencia.

El príncipe negó con la cabeza, finalmente sintiendo todo el abrumador peso del cansancio tomar control de su cerebro. Necesitaba dormir, desesperadamente... tal vez, mañana podría encontrar respuestas si no es que el maldito universo terminaba arrancándola de sus recuerdos mientras dormía.

.


.

CRUNCH~

Dándole un mordiscón a su pan tostado la mañana siguiente, el príncipe contemplo el pequeño paquetito de cartón que le había entregado el cartero hacía unos diez minutos. Mentiría si dijera que la ansiedad no le estaba matando, pero si no era una cosa, sería el hambre la que lo hiciera. Sentándose en la pequeña mesa que conformaba su comedor, clavó las tijeras cortando el adhesivo para abrir la tapa.

Cuatro fotos, todas cubiertas por un pequeño elástico, plastificadas hacía años para protegerlas del degradado del tiempo.

La primera, aunque le hizo reír, era completamente inútil. Embarrados en el lodo una tarde tras las clases, él, Chara, Grey Edevane y el pequeño Mettaton, con una cara que mezclaba disgusto... limpiar aquel montón de circuitos sería un verdadero problema en cada momento que se divertían, ni que hablar de los días de lluvia o la temporada de invierno.

La segunda tampoco era muy útil, más que nada era una foto familiar; Chara y él en plena noche, sentados en una mesa para picnic viendo las estrellas.

"¿Hmmm?"

Fue la tercera la que le hizo alzar la ceja producto del interés, ambientada en navidad durante un pequeño concierto navideño, les habían enseñado tres coros en la capilla para cantar como acto de apertura de una obra municipal. Fue humillante para todos, eso lo recordaba bien... salvo para Mettaton.

Hizo gala de su ego y sus habilidades actorales a tal punto que todavía podía escuchar su risa dentro de su cabeza. Ese era uno de los principales motivos por los que jamás fué a ver sus obras de teatro al crecer, ahora tampoco.

Quien peor lo pasó, fue la propia Frisk. El motivo por el cual su ceja se alzó, era la posición de los humanos. Había una pequeña banca sobre la que se pararon con tal de ganar altura, y que se vieran sus rostros en la foto. El resto estaba frente al escenario; en la izquierda estaban los monstruos; cuatro al frente, y cuatro atrás en la banca.

Mientras que a la derecha estaban los humanos... cinco al frente, y tres atrás, con un espacio bastante considerable entre dos humanos y su tercer compañero.

Daba la ilusión de que algo faltara.

Sans y Papyrus estaban cerrando el quinteto de monstruos en la parte de atrás. Luego los humanos empezaban con Grey Edevane, Susan Ward, el gran espacio que separaba a esta de Lincoln, y por último Lily Attwood. Frisk encajaría sin problemas en el espacio que había entre Susan y Lincoln, cuyos brazos estaban bajados en lugar de conectarse en un abrazo grupal.

Perfectamente.

¿Por qué demonios tienen ellos los brazos abajo en lugar de estar tomados de la mano?

Tampoco tenía ningún maldito sentido que hubiese un espacio tan grande separándolos. Asriel dejó caer la fotografía sobre la mesita a la vez que le daba otro sorbo a su té caliente, calmando sus nervios antes de que surgieran para hacerle sentir temor nuevamente. Dreemurr recordó perfectamente el rostro de Frisk, lleno de lágrimas por el miedo que sentía esa noche.

El vestido azul que traía, y que por primera vez todos estaban vestidos con sus mismos colores.

Había estallado en llanto antes de salir al escenario, absolutamente aterrorizada...

Y no cantó durante todo el concierto, haciendo un esfuerzo monumental por aguantarse las lágrimas otra vez. El vago recuerdo de ver a su madre intentando calmarla desde los asientos con gestos y tirándole besos también se le hizo presente, por alguna razón, él también sintió lástima por ella en ese preciso momento.

Estaba tan claro... que incluso apostaría su alma a que sucedió.

Dejando salir un largo y tendido suspiro tras ver la última fotografía, la descartó casi de inmediato, devolviéndola al paquete junto a las tres primeras. Solo era una foto de él, Chara y Undyne jugando fútbol el último día de la escuela. Sacando su teléfono, sacó una rápida fotografía de la foto del concierto, a sabiendas que esta era justo la prueba que necesitaba.

Ahora solo tenía que esperar a la hora del almuerzo para reunirse con la humana de alma roja. La ansiedad lo estaría matando todo el día, pero las buenas cosas venían a los que esperaban, o eso creían los usuarios de Paciencia.

.


.

Horas más tarde, en la misma cafetería luego de que empezara la hora del almuerzo, el par de hermanos una vez más se había vuelto a reunir en la mesa que, para este punto, era patrimonio nacional de la familia real. Para Chara, era más que obvio el aura de ilusión y alegría que rodeaba al chico cabra, no le daba una buena espina.

No en el mal sentido, sino porque, muy dentro de ella, sabía que tema sacaría aquel día.

"Quiero un pastel de chocolate, sin vainilla."

Pidió determinación, casi de inmediato le entregaron una pequeña tartita pre-hecha de entre tantas otras. Su hermano por otro lado pidió un pie de limón y algo de agua. Frente a frente una vez más, los hijos del matrimonio real se encararon, a la vez que el antiguo habitante del subsuelo sacaba su teléfono.

"No vas a creer lo que me ha mandado mamá el día de hoy, mira esto."

Y toda su determinación se derrumbó en ese momento, cuando sus ojos se posaron sobre la captura en cuestión. Una gota de sudor descendió por la nuca de Chara Dreemurr, su memoria hizo un "click" de igual manera, regresándola a otro de sus tantos recuerdos vergonzosos de la infancia. Por mucho que quisiera negarlo, Asriel tenía razón.

Todos estaban tomándose de la mano abajo y arriba...

¿Qué demonios motivaba a Susan y Lincoln a romper la cadena? e incluso si estuviesen tomados de la mano como todos los demás, ¿por qué había un espacio lo suficientemente grande como para que entre ellos, estuviese una persona? aquellas preguntas le causaban escalofríos, no eran algo sobre lo que a ella le gustase meditar.

Con un ligero movimiento de sus dedos, devolvió el teléfono al príncipe cabra, a la vez que le daba un mordiscón a su pastel.

El rostro de ligera molestia que traía hizo que él sonriera complacido. Porque sabía, ahora sabía... que todo también le resultaba extraño como a él.

"Quita esa sonrisa de tu cara, Asriel... lo admito, si hubieras mencionado a esa niña luego de ver esto, juraría que me estás tomando el pelo pero... esto es..."

"Extraño, ¿no es así?"

Completó él por ella, ganándose un asentimiento que le dio la razón. Cada uno se sumió en sus propios pensamientos, ella no estaba lista para creer en aquel estúpido fenómeno universal que había capturado por completo el alma de su hermano, por todos los cielos, ¿como podría? la sola idea de que el universo tenía de vez en cuando ganas de... alterarse a si mismo, era ridícula.

El espacio y la realidad no estaban vivos, solo existían y ya.

E incluso si lo estuvieran... ¿qué ganarían borrando personas, cambiando eventos, monumentos y recuerdos?

DING~

El pitido proveniente del celular de Asriel los sacó a ambos de sus pensamientos. Rápidamente llevó la mano a la mesa, agarrándolo y desbloqueándolo solo para percatarse de que era un mensaje de texto no de la facultad ni de algún grupo de clase, sino de su propia madre. Ver las letras en la notificación le hizo sentir un escalofrío.

[Tu padre encontró la foto, estaba en una de los cajones en la floristería.]

Descargó el archivo justo frente a la ojirroja, y cuando los ojos de ambos se posaron sobre esta, Asriel suspiró, abriendo los ojos a la vez que golpeaba la mesa.

"¡Pero claro! ¡La picadura de abeja!"

Exclamó, apuntándole con el dedo de forma acusatoria. Chara se encogió, ligeramente asustada por lo repentino de su reacción, retrocediendo contra la silla. Obviamente no tenía idea de que estaba hablando, pero las manos de la cabra posándose sobre sus hombros para que lo viera fijamente, la hizo darse cuenta del rostro exaltado que tenía.

"Chara, ¿no entiendes? ¡estamos formados así por culpa de Frisk!"

Dorothy, su antigua maestra, estaba en medio. Seis humanos por un lado, y los ocho monstruos del otro. Aquellos de la izquierda, se giraban un poco mostrando la mejilla izquierda hacia la cámara, provocando que la derecha estuviese oculta. El grupo al lado contrario, imitaban el gesto casi a la perfección, solo que ellos mostraban el lado derecho de su rostro ocultando la mejilla izquierda.

Lo que no tenía sentido era la enorme cantidad de espacio vacío. Ese tipo de poses, se utilizaban para encoger el tamaño del grupo durante una fotografía cuando no había suficiente espacio, pero que aún se viese natural.

Sin embargo, había más que suficiente para que todos pudiesen posar mirando al frente como era lo usual.

Esa no era la razón por la que estaban así, y Asriel sentía que había encontrado oro. Una sonrisa se apareció en su rostro, a la vez que sus dedos apretaron ligeramente más fuerte a la universitaria.

"Chara, ¡todos posamos así porque a Frisk la picó una abeja! ¿no lo recuerdas?; íbamos a tomar la foto cuando a Frisk la picó una abeja justo debajo del ojo derecho, se le hinchó la cara y estaba llorando porque no quería salir así en la foto. ¡El fotógrafo nos acomodó de esta forma, para que pudiera ocultar el lado de su cara a la cámara!"

La lógica, que siempre había sido su aliada, estaba siendo usada en su contra con una fuerza tal, que estaba catatónica.

"N-no... solo... solo nos formamos así para ahorrar espacio, nada más."

Insistió, a la vez que él la soltaba para dejarla ir, negando con la cabeza una vez más. Asriel agrandó aún más la captura, señalando la enorme cantidad de espacio vacío que había alrededor de todos ellos, más que suficiente. Su teoría no tenía ni pies ni cabeza.

"Claro que no, mira todo este espacio, a ambos lados, tanto que es anti-natural que hayamos posado de esta forma, ¿no lo ves?"

Negó con la cabeza, acostando su frente contra las palmas. Le dio un ángulo perfecto para concentrar su mirada en aquella deliciosa tarta de chocolate que tanto adoraba. Ya fuese la abrumadora cantidad de evidencia que Asriel estaba encontrando, las cosas que parecían no encajar en detalles tan mínimos...

O que algo dentro de ella surgía como un fuego forestal...

Había perdido el apetito.

"No recuerdo que haya pasado ninguna de esas cosas, Azzy... si te soy sincera, estás empezando a asustarme. Tenemos que olvidarlo."

Casi parecía una exigencia por parte suya. Cortó la conversación en ese momento, y el hombre cabra de orbes esmeralda arqueó las cejas silenciosamente, no queriendo arruinar más aquel momento tan preciado para ambos. A la vez en que su hermana intentaba recuperar el apetito, él se quedó absorto en su pie, casi sin tocar salvo por un pequeño pedazo comido anteriormente.

¿Olvidarlo... ?

"Yo... yo no puedo olvidarlo, Chara... ella existía. No puedo creer que la hayan olvidado..."

Susurró, pero usó el volumen suficiente para que esta pudiese escucharle.

.


.

Esa noche, una vez más, en la soledad de su cuarto, Asriel se dio a si mismo el tiempo de pensar y reflexionar en paz, esta vez, frente a su laptop. Cruzado de brazos, con la cabeza apoyada en sus manos, Dreemurr frunció el ceño, su hermana si bien no se enojó por él, si que se había mostrado hostil ante el creciente sentimiento de inquietud que había plantado en ella.

Para este punto, él ya sabía que este temor le perseguiría hasta el fin de sus días si no hacía algo. Tal vez no fuese un usuario de determinación como su Chara, pero ahora mismo, estaba más determinado que nunca.

Debía reunirlos a todos. Si alguien más recordaba a Frisk aparte de él, entonces sabría que no estaba loco, pese a que la gran mayoría no habían hablado en años, pero Brandon todavía estaba en su lista de contactos en la Undernet, hablaban de vez en cuando y en cada ocasión, mencionaba que le gustaría reunirse.

Todos ellos.

"Mejor tarde que nunca..."

Dijo para si, bajando el cursor hasta abrir el chat de texto del muchacho valentía, enviándole un rápido "¿podemos hablar?" junto a su número. No pasaron ni dos segundos para que sintiera su teléfono vibrar, lo que le hizo sonreír triunfante. Cada vez estaba más cerca de la meta, podía sentirlo.

"¡Hey, Brandon! ¿qué tal estás?"

Saludó en un principio, con un tono animado buscando sonar lo más natural posible. Desde el otro lado de la línea, una risa amigable escapó de la boca del humano de alma anaranjada a la vez que decía su nombre. Por mucho que quisiera preguntar sobre Frisk, honestamente también se sentía alegre de volver a hablar con un viejo conocido.

"¡He-he-he-hey Asriel! ¿qué onda viejo? han pasado años desde la última vez que hablamos"

La malicia que sintió casi le hizo parecer como si fuese una araña que había capturado a una mosca.

"He estado bien, gracias... llamé para hacerte una pregunta. Ya que se acercan las vacaciones de invierno por las fiestas navideñas, ¿qué tal si nos juntamos en Ebott? Mi madre dijo que estaría encantada de ser la anfitriona y atendernos."

Por los sonidos que oía al otro lado de la línea, casi pareció que o se puso a bailar o festejar ligeramente como el maniático hiperactivo que era. La alegría se le contagió por unos momentos al chico cabra, sacando aquella astilla que no le dejaba vivir en paz desde hacía varios días, solo por un instante.

"¡Brillante!, si, si por supuesto. Contactaré a los quince de nosotros, con mucho gusto."

Su calma no duró mucho. La adrenalina le corrió por las venas, acelerándole el corazón en ese mismo instante.

"¿Los quince?"

Casi se atragantó con sus palabras, ante los nervios. Brandon no se percató, pero asintió eufórico.

"¡Si! nosotros y la señorita Dorothy"

...

En ese mismo momento, fue como si un escalofrío le recorriese la columna. Una sensación de terror indescriptible se acumuló en la parte trasera de su nuca, mientras que la frase ahora escuchada, resonaba en su cabeza como si fuese un eco. Brandon siempre intentó mantenerlos a todos juntos... y si él olvidó a Frisk...

Significaba que algo andaba realmente mal.

.


.

-[Fragmento 3: En aquel entonces...]-

Varios días mas tarde, un dieciocho de diciembre, decir que se sorprendió de volver a habitar su vieja casa sería decir poco. Ni él ni su hermana habían vuelto en años, pues generalmente durante las fiestas, sus padres preferían visitarlos a ambos en lugar de acogerles, no precisamente porque alguno de ellos tuviese problemas ni nada por el estilo.

Eran una alegre familia de cuatro, sin complicaciones.

La verdad es que... Asriel despreciaba Ebott City, porque representaba a partes iguales tanto la opresión como la liberación de su gente. Estuvieron encerrados bajo esa maldita montaña por casi mil años, después de todo, ¿como no sentir odio hacia aquel lugar? además del frío abrumador que venía con estas fechas, algo que ni siquiera su pelaje podía combatir.

Por eso la mayoría de los residentes abandonaban el sitio hasta que terminase el invierno si es que podían pagarlo... Ebott se transformaba en una ciudad fantasma, muy fría y aterradora, cubierta de nieve. Con todos estos factores en cuenta, no era novedad que despreciara aquel lugar.

Pese a que Asgore y Toriel los recogieron a ambos en el aeropuerto con una sonrisa en el rostro, y que la humana de mejillas rosas estuviese charlando con ambos durante todo el trayecto, él casi ni les prestó atención pues estuvo completamente perdido en sus propios recuerdos junto a la maldita nostalgia que tanto le agobiaba.

Volver a ver los bosques completamente nevados junto a aquella enorme montaña asomándose sobre todos ellos como un eterno monumento a su antigua prisión... era como si nunca se hubiera ido.

Nada había cambiado.

"¿Estás bien, hijo mío?"

Preguntó el antiguo monarca a su vástago, habiéndose detenido de hornear unas cuantas galletas para revisar el estado del ojiverde. El príncipe salió de su evidente estupor, asintiendo con la cabeza mientras se rascaba la nuca en un gesto avergonzado. No había charlado casi nada desde que puso un pie en aquel sitio, sus padres obviamente ya estaban preocupados.

Y Chara sabía lo que le pasaba, no era estúpida.

"Si, solo... espero que vengan todos, ya sabes..."

Respondió, intentando evadir la mirada acusatoria de la joven determinación. En lo único en lo que podía pensar a cada momento era en Frisk. En pleno invierno, con la nieve cayendo y devorándolo todo con su cruel manto blanco, se sentía más cerca a ella que nunca antes. Cuando estaba cubierto de nieve, sentado esperando el auto de sus padres luego de bajar del avión...

Era como si pudiese alcanzarla con los brazos.

Este era su momento. Si en algún momento podía darle un cierre a toda esta catástrofe, tenía que ser aquí, el día de hoy. Solo necesitaba que una persona, UNA aparte de él, la recordara para poder morir en paz. Significaría que no estaba loco... y que, para su gran horror, la gente tenía razón.

Que el universo estaba vivo, que "el efecto Mashi" era real, y que Frisk también lo era.

A las cuatro de la tarde fue cuando la reunión tuvo lugar. Muy para el pesar de casi todos ellos, la maestra Dorothy no llegó pues su padre no tenía mucho tiempo de vida, por lo que prefirió estar con su madre y él una última navidad, algo comprensible. Lincoln por otro lado, fue imposible de localizar.

El último de ellos que alguna vez supo de él fue Susan Ward; aparentemente se había metido en un embrollo en octavo grado, y fue enviado a una correccional juvenil. Luego de ello, desapareció del mapa.

Pero no del mismo modo que Frisk; él seguía en las fotos, todo el mundo recordaba su nombre. No se había vuelto un fantasma como hiciera la castaña de vestimentas azules.

Ver a los otros doce le hizo olvidar a la susodicha por un instante. Muffet seguía siendo tan coqueta y linda como siempre, ahora habiéndose convertido en una grandiosa pastelera en la ciudad costera.

Alphys seguía siendo igual de tímida, pero se había convertido en una científica brillante bajo la tutela del antiguo científico real, Wing Dings Gaster, aparte de haberse casado con Undyne. La mujer pez, por el contrario, había preferido una carrera como oficial de policía, el parche y la ceguera en uno de sus ojos era algo nuevo, pero Asriel no se atrevió a preguntar.

A Grey por el otro lado, no le favoreció el tiempo. Ya fuese por el rasgo Neutral o por el estrés, aquel cabello blanco le daba un aspecto mucho más viejo de lo que realmente era, junto al hecho de que su estatura no aumentó demasiado, pero era muchísimo más calmado y amable de lo que recordaban la mayoría, probablemente por haber dominado su alma con el paso de los años.

Mettaton se veía exactamente igual como lo recordaba, salvo que ahora habitaba un cuerpo muchísimo más alto, si bien Asriel sabía que daba obras de teatro, si que no tenía ni idea de que logró cumplir su sueño de fundar su propio teatro y tener su propio equipo. Todo exclusivamente para él, pagado con su propia fortuna.

Napstablook continuaba siendo tímido y callado, apegado más que nada al robot de cabello negro como siempre. Había perseguido un trabajo como músico, varias de sus piezas musicales eran empleadas por su familiar como ambientación para sus obras.

Tal y como mostraban las fotografías en la Undernet, Brandon no había cambiado en absoluto, simplemente se dejó crecer un poco el cabello. Exudaba alegría y entusiasmo hasta por los ojos, era como un cachorrito con mucha energía, pero ahora sabía controlarse más que en las épocas pasadas.

Papyrus seguía siendo tan extrovertido como siempre, pero la ingenuidad que tenía de niño para este punto ya había desaparecido por completo. Lo que más le sorprendió, fue escuchar que trabajaba como Chef en un restaurante, tomó trabajo, pero finalmente aprendió a cocinar sin utilizar magia ni huesos, mientras que su hermano mayor seguía siendo tan despreocupado como siempre, trabajando en Grillby's para la vergüenza de su padre.

Lily había crecido para convertirse en una mujer extremadamente bella, que trabajaba a medio tiempo para pagar su licenciatura al no haber sido capaz de ganar una beca, pero por como iban las cosas, la usuaria de Amabilidad iba a convertirse en una enfermera increíble, sería capaz de ayudar a los enfermos como tanto quería.

Y Susan seguía siendo una completa erudita, sumiendo su tiempo en los libros y la propia escritura, optó por perseguir una carrera simple como bibliotecaria, a la vez que de noche, tomaba el manto de novelista.

Según sus compañeros, tanto él como su hermana casi no habían cambiado en absoluto, salvo que él ahora tenía cuernos. Chara seguía siendo castaña, pese a haber dejado sus bromas atrás, Sans casi la hizo estrangularlo cuando se sentó sobre un cojín sonoro que puso discretamente en su asiento.

Que Muffet le dijera que se veía apuesto provocó que los colores se le subieran al rostro, tiñendo su pelaje de un ligero tono rosa.

Pero la enorme dicha de volver a ver a sus amigos solo lo distrajo por un momento... no paso mucho tiempo para que, entre risa, risa, anécdota y broma, sus pensamientos divagaran de vuelta a Frisk. Durante casi la mayor parte de la reunión, Asriel estuvo expectante a que sonara el timbre de su casa...

Incluso si sabía que nunca sucedería.

Esperó a que alguien la mencionaba mientras cada uno contaba su propio set de historias al crecer, pero jamás pasó... sin contar al bastardo de Lincoln y a la señorita Dorothy, todos estaban ahí.

Y eso fue lo que estremeció su corazón.

"¿Asriel?, ¿Estás bien querido?"

Cuestionó Mettaton, provocando que las miradas de todos se posaran sobre el chico cabra, el aura que le rodeaba era una bastante densa y deprimente, era obvio que tarde o temprano alguien se percataría de su pésimo estado emocional. Alzando la mirada de sus manos para encarar las expresiones de curiosidad y preocupación de sus amigos, tuvo que esforzarse para contener sus lágrimas.

Quizás estaba loco, tal vez la picadura de la abeja había sido auto-sugestión y aquella foto grupal simplemente era rara. ¿Podría Frisk haber sido un sueño suyo alguna vez? ¿habría estado en su clase de preescolar y los recuerdos se entremezclaron en su cabeza conforme fue creciendo? parecía, más que nada, que intentaba convencerse a si mismo con cada pregunta que se hacía.

No podía disfrutar esto, simplemente no podía comer en paz, no podía reír ni gozar con los demás... porque no estaba bien, Frisk debía y tenía que estar ahí, con ellos. El que nadie la mencionara y que todos actuasen como que las cosas estaban bien, le entristecía a tal grado que su empatía ahora le hería.

"Y-yo... amigos, yo..."

Tartamudeó, ahogándose a si mismo con sus palabras. Chara entrecerró los párpados, negando con la cabeza tan sutilmente como pudiera para pedirle que se quedara callado. No quería parecer un loco, antes de que llegaran, ella le había pedido explícitamente que cerrase el pico respecto al tema. E incluso si le decían que la recordaban, ¿entonces qué? claro, no estaría loco... ¿pero entonces?

¿Cómo podía explicarse todo lo demás? ¿las fotos? ¿el que no estuviera más en ninguna parte? el horror de intentar aceptar que había desaparecido sería insoportable, como si quisiera que los demás cargasen con su tortura.

Deseaba tanto escuchar de la boca de alguien más que ella era real... pero... ¿cómo podría olvidarla si realmente el universo se la tragó? arrancada de la fría y nevada Ebott City, hacia otro lugar a miles de años luz, idéntico con pero a la vez totalmente diferente de manera inexplicable.

Quería quedarse callado... olvidarla... pero...

No puedo...

Ya no podía soportarlo.

"Amigos, quiero hacerles una pregunta."

Dijo, perdiendo por completo toda su tristeza y tomando una página del libro de Brandon, metafóricamente, pues se llenó de valentía. Su actitud cambió al instante por una más decisiva y confiada, lo que por consiguiente, contagió a todos los demás. Chara, desde su asiento, apretó el puente de su nariz, decepcionada.

"¿Qué pasa cabrito?"

Preguntó Sans, a lo que un suspiro escapó por los labios del muchacho en un vano intento por calmarse, pues el constante "tic tac" del reloj cucú en la sala de sus padres solo lo puso más nervioso todavía.

"Esto puede sonar... raro pero... ¿dónde... dónde está Frisk?"

Dijo, preparándose para lo peor. Lo que no se esperó, fue la fuerte voz de Undyne, saliéndole desde lo más profundo de su garganta.

"¡HEY! ¡Yo he estado pensando en lo mismo todo este tiempo!"

Gritó la oficial de policía a todo pulmón, transformándose en el centro de la conversación. Pero para Asriel, fue como si su corazón se detuviera en ese mismo momento a la vez que sentía un escalofrío. Sus ojos se cruzaron con la chica de tez azul, mirando fijamente aquel ojo amarillo de pupila negra.

En el confuso silencio que gobernó la habitación, por fin se dignó a sonreír a la vez que un sentimiento de paz surgía dentro de si. Uno, que no había sentido desde hacía días cuando aquel nombre escapó de su boca aquella mañana cuando Chara y él fueron a desayunar.

No estoy loco... No estoy loco... ¡ALGUIEN MÁS LA RECUERDA!

Pero solo ella. Chara, quien de por si era pálida, tenía un rostro tan cargado de temor que parecía haber visto un demonio saliendo de las paredes. E incluso eso no la habría aterrorizado tanto como las palabras de la pelirroja, pues su hermano estaba de igual manera, lleno de terror pero al mismo tiempo, aliviado.

"¿Frisk? ¿quién es Frisk?"

Preguntó Grey, ladeando su cabeza hacia la derecha ligeramente. Undyne se llevó una mano al mentón, ignorante del rostro suplicante que Chara tenía en estos momentos. No quería escucharlo, no quería, no quería. Por todos los cielos, ¿qué clase de enfermiza broma era esta? pero era imposible, Asriel no había hablado con Undyne en años, y ni siquiera vivían en el maldito pueblo.

Nada tenía sentido.

"No recuerdo su apellido... castaña, ojos dorados, pequeña y siempre usaba azul. Tenía un suéter con rayas rosas, y un pelo casi igual al de tu hermana."

Contestó, alzando el dedo de manera acusatoria en dirección a la hija adoptiva del matrimonio Dreemurr. Una muy pesada carga de saliva descendió por su garganta, a la vez en que las ganas de vomitar producto del pavor se apoderaban de su entero ser.

"Mierda..."

Susurró por lo bajo, encajaba perfectamente con todo lo que Asriel había descrito días atrás cuando casi tuvo su ataque de pánico. ¿Cómo demonios... podía ser tan precisa?

"¿Qué carajos... qué carajos... ?"

Volvió a decir, esta vez un poco más alto mientras se recargaba contra sus brazos, absorta en sus pensamientos. Esto extrañó en demasía a Papyrus, quien volteó a ver al príncipe y luego a la esposa de Alphys, el ambiente se había tornado muy extraño, y el bicho de la curiosidad ya empezaba a picarle.

"¿Nyeh? ¿Acaso nos perdimos de algo?"

Ante su pregunta, el chico cabra finalmente se dignó a cruzarse de brazos, asintiendo. Eso le ganó las miradas de todo el grupo, incluso de su hermana, claro, aún apoyada sobre sus manos en su pequeña crisis existencial.

"Había una humana llamada Frisk en nuestra clase de primer grado, pero nadie la recuerda... o al menos... eso pensaba."

Rio nerviosamente, llevando una de sus manos a su rostro para retirarse una pequeña lágrima del ojo izquierdo. Los ojos verdes del príncipe de los monstruos se posaron fijamente en el rostro de Undyne, sonriéndole con una sonrisa tan brillante que parecía un sol.

"Pero tú si, Undyne... por dios, creía que estaba perdiendo mi maldita cabeza; no está en ninguna de mis fotos. Ninguna. No hay prueba alguna de que haya existido excepto por mis memorias, juro por dios que todos estos días creía que me había vuelto loco pero... Undyne, tu también la recuerdas... eso me da mucha paz... muchísima..."

El tono de voz que usaba estaba quebrado, como si hubiese sido víctima de un llanto, pese a que no era así. Por el otro lado, Susan cerró los ojos en una mueca pensativa. Hasta que negó con la cabeza, mirando al muchacho.

"No, no había ninguna Frisk. No recuerdo a nadie así; a ustedes si, tan claros como el día... pero no puedo imaginar... ¿cómo podría olvidar a uno de ustedes por completo y recordar al resto sin problemas? no tiene sentido"

Sans, por supuesto, asintió ante las palabras de la joven.

"Estoy de acuerdo, había seis humanos, no más."

Dijo el esqueleto más pequeño, pero la mirada algo molesta que le dio la pelirroja le trajo un sentimiento de calma abrumador a la torturada mente de Asriel Dreemurr.

"¡Claro que si, montón de huesos! Era el crush de Asriel, ¿no lo recuerdan? no quiero sonar como una imbécil pero estabas patas arriba por esa niñita, de hecho, una vez-"

"¡MI NOTA!"

La seguridad y euforia con la que la dijo los tomaron por sorpresa. Otro "click" como los múltiples que había tenido en los días recientes se hizo presente en su cabeza. Por supuesto... lo había olvidado. En aquel entonces, él estaba perdidamente enamorado de Frisk, principalmente porque le parecía tierna.

Y Undyne siempre lo molestaba por ello... de hecho, ahora que recordaba, una de las bravuconas de segundo grado, Elizabeth Lightvale, era la causante principal de que Frisk fuese tan llorona.

El silencio que estaba en el cuarto fue sepulcral, incluso cuando el pequeño "Fuhuhu~" que dejó salir Undyne ante los recuerdos resonó, el resto estaba en una situación algo incómoda. En su mayoría, pues algunos otros pocos, intentaban recordar o hacer sentido de lo que decían.

"Te gustaba Frisk, Asriel. Nadie tenía ni idea de por que, pero estabas loquito. Entonces le escribiste una confesión súper cursi y estúpida, e intentaste colarla dentro de su lonchera durante la clase-"

"Y me atraparon."

Completó él, negando con la cabeza mientras una sonrisa bochornosa aparecía, junto a una risilla. Dios... había olvidado todo esto, ni siquiera Chara supo hasta ese momento que él estaba enamorado de ella, pero cuando lo hizo, se burló de él por meses. La sensación de que jamás podría superar aquello todavía estaba dentro de su memoria, cual eco.

Aún había más.

"La señora Dorothy te la confiscó, ¡y todos queríamos saber qué escribiste porque cuando la leyó empezó a carcajearse!"

La pelirroja no pudo evitar reírse más fuerte, sobre todo porque el color carmesí brillante que se extendía por las mejillas blancas del hermano de Chara le parecía en extremo hilarante. Ese había sido el día más vergonzoso de toda su vida, de eso no había duda alguna. ¿Como pudo olvidarlo... ?

No, ¿cómo pudieron olvidarlo todos los demás? eso lo convirtió en el hazmerreír de la clase.

La mayoría se veían incómodos.

"Lo siento... yo... jamás había escuchado ese nombre... no recuerdo a ninguna Frisk... ni el día del que hablan... "

Habló Napstablook, con certeza en su clásico tono triste, teniendo ahora motivos de sobra para estar desanimado, pues se sentía culpable. Mettaton le dio unas ligeras palmadas a su primo, en un intento de poder consolarlo. Chara, quien estaba algo más calmada, seguía perturbada... ¿su hermano había estado enamorado alguna vez... y ella lo había olvidado?

Imposible, jamás. La niña que alguna vez fue, nunca le habría dejado de molestar por ello.

"Bueno, créanlo o no, si pasó. Sino, ¿cómo es que ambos recordamos EXACTAMENTE lo mismo? ¿eh?"

La viva representación del llamado Efecto Mashi. Pasaba con la boca en la estatua de Acacius, con los reportajes del propio Nerum así como su fecha de fallecimiento, los disturbios, las marchas, el supuesto metraje de su esposa destrozada por la pérdida. ¿Cómo es que todo el mundo recordaba aquello cuando ni siquiera pasó?

Para este punto, él ya sabía la respuesta.

Porque algo perturbador e inconcebible sucedió, que nada de ellos podría explicar jamás. Algo que hizo que el grito de guerra de Acacius se transformara en una pose solemne y triunfante. Algo que convirtió a Nerum Mashi en un fantasma, hasta que volvió a morir otra vez en 2013, dejando a todos los que lo recordaran diferente como un grupo de energúmenos.

"Bueno... ¿tal vez solo es raro?"

Dijo Alphys, mirando a su amada esposa con evidente curiosidad, pero no le estaba dando la importancia suficiente al peso de sus palabras. Creía que le estaban jugando una broma, pero cayó en cuenta que Undyne no era alguien que disfrutara de hacer travesuras, y Asriel tampoco. Fue como una catarsis, porque no importaba lo que significaba la existencia de Frisk, o la carencia de esta...

Nadie podía negar que era en efecto... muy raro.

El tiempo pasó aquella noche, y el tema cambió con tanta facilidad como con la que casi todos lo dejaron pasar. Todos, salvo Asriel, cuyos ojos no se apartaron de Undyne en ningún momento. Deseaba, con todas sus fuerzas, ponerse de pie, quitársela a Alphys y sentarse a hablar con ella sobre Frisk toda la maldita noche.

Escuchar todas las historias que recordara de ella, quizás podría mediante sus palabras, él mismo recordar otras cosas. Haber olvidado a quien probablemente fue su primer amor le hizo sentirse aún peor, ¿quizás recordaría la historia de la abeja en la foto grupal? tristemente, nunca surgió la oportunidad.

No podía sacar el tema otra vez, pero ahora era por un motivo más escabroso y perturbador.

Le trajo una sensación indescriptible; imaginar a aquella pobre y dulce niña siendo picada debajo del ojo, llorando antes de tomarse una foto en aquella ciudad nevada y vacía... solamente esa memoria, era la que estaba enviando su alma a un lugar oscuro. Pese a hacer su mejor impresión de un rostro alegre y contento, por dentro...

Estaba temblando.

Imaginar a esa pobre niña mostrando el lado izquierdo de su rostro a la cámara, haciendo su mejor esfuerzo por calmarse luego de que la profesora le secara las lágrimas con un pañuelo...

¿Dónde está... ? ¿por qué nadie la recordaba... ?

Pese a que intentó olvidarla lo mejor que pudo conforme pasaban las horas, fue incapaz. Ese rostro se quedó atascado en su cabeza, jamás podría hacerlo. "El efecto Mashi" era real, porque alguna vez existió una niña castaña de ojos dorados, llamada Frisk... y ahora ya no. ¿Qué diablos pasó entonces?

Esas tres preguntas eran lo que más le atemorizaba, por eso no podía olvidarlo pese a lo desesperado que estaba por hacerlo.

Y ahora... Chara estaba igual.

.


.

-[Fragmento 4: Revelaciones enterradas]-

A la mañana siguiente, para las dos de la tarde, Asriel ya estaba completamente solo, su cabeza recostada contra el cristal de la ventana en su cuarto. Sus compañeros se fueron a primera hora de la mañana, regresando al "mundo de los vivos" por decirlo de algún modo, pues todos se quedaron a dormir en el hogar Dreemurr.

La mayoría de sus familias se habían mudado, por eso partieron tan temprano como les fue posible, no sin antes, haber creado un grupo en Undernet, e intercambiar números telefónicos.

En cuanto a sus padres y su hermana, habían optado por salir a hacer las compras navideñas, habían prometido que se quedarían con ellos hasta que tuviesen que regresar, lo cual ocurriría a finales de Enero.

Ahora mismo, con su mirada fija en las nevadas calles de su ciudad natal, observando la temible e inconfundible figura del Monte Ebott a lo lejos en el horizonte, no pudo evitar fruncir el ceño. No recibió el cierre que tanto estaba buscando, todo lo contrario. Ahora estaba pensando en Frisk más que nunca, como si pudiese ver su silueta entre la ventisca.

"Nada tiene sentido... nada... "

Negó para si, otro largo suspiro escapó, empañando con el vapor de su boca el helado y frío cristal. Más por jugar que otra cosa, escribió el nombre de la niña en este, con el dedo índice... solo para que, como cualquier figura hecha con ese método, desapareciera a los pocos segundos... una bonita metáfora para su situación actual.

Podía recordar su voz dulce y temerosa como la miel leyéndoles un libro, o lo aterrorizada que se ponía con cualquier evento social, paranoica de que Elizabeth Lightvale y la estúpida perra de su hermana Agate viniesen a tirarle nieve sin que se diera cuenta.

O el como avanzaba por la nieve, siempre vistiendo aquel suéter azulado sobre su hermoso vestido hacia su amorosa madre, que la estrujaba con todas sus fuerzas luego de salir de aquel carro.

Recordaba su llanto tras la picadura, tan sincero, profundo, no exagerado como el de los niños de su edad... sino uno que parecía provenir desde lo más profundo de su pequeña alma.

Esa era la memoria que más lo atormentaba, más que cualquier otra.

"Gkh..."

Era casi como si pudiera escucharlo todavía. Sus párpados se cerraron a la vez que su mano subía hasta el pequeño nombre casi desvanecido en la ventana, protegiéndolo y acunándolo como si aquello pudiese traerla de regreso. Era una niña tan inocente, y sin embargo ahora no solo era la víctima de una picadura...

Sino de un horrible evento cósmico que la borró de la existencia.

Pese a que había prometido quedarse por casi un mes completo en compañía de sus amorosos padres, ahora que tenía tiempo para reflexionar, la idea le generaba un asco y repelús tan primigenios que le hacían sentirse como un animal amenazado. ¿Acaso podría pasarle lo mismo a él también? ¿ser borrado de su realidad?

Ya pasó una vez...

Toda Ebott City había sido manchada por aquel fenómeno inexplicable, y todo le recordaba constantemente a Frisk.

La chica que dejó de existir.

Arrastró sus pies de manera pesada y cansada en dirección al sofá, lanzándose sobre este. Su cuerpo cayó pesadamente como si de un tronco se tratara. Su mano fue a parar a su celular, donde aún descansaba la captura de la fotografía del festival de navidad, aquella donde Frisk debería de estar, tomando las manos tanto de Susan como de Lincoln.

La idea de meterse a su antiguo closet en busca de reliquias del primer grado le parecía tentadora, pero sabía que sería inútil. En silencio, con el característico ruido del viento nevado golpeando el techo, maldijo al universo y todo lo que le rodeaba. Tan omnipotente y arrogante... que se permitía dejar pistas tan claras como esta.

E incluso, con todo a su favor... no había forma alguna de probar que eso fue real.

DING~

"¿Pero qué-?"

El característico pitido de la alerta de mensaje le interrumpió. Undyne le había mandado un mensaje, y dándole una mirada rápida, capturó su atención de inmediato cuando leyó el nombre de Nerum.

[Asriel. Leí sobre el "Efecto Mashi" hace un par de horas antes de subir al avión esta mañana. No he podido dormir en todo el vuelo, y estuve al borde de un ataque de pánico. Creo que eso fue lo que pasó, pero recordé algo, y puede que esto pruebe que definitivamente Frisk existió. Tu confesión, yo se la robé a la señorita Dorothy, y te la devolví. ¿Dónde está? si aún la tienes, será prueba suficiente.]

Casi sufrió un infarto en ese mismo momento.

"¡Carajo!"

Exclamó, poniéndose de pie con tanta fuerza que los resortes en los cojines parecieron rechinar. Sus dedos le temblaron sobre el pánel tactil del teléfono, a la vez que le contestaba, su mente ya estaba maquinando qué debía de hacer, primero tendría que llamar a sus padres, en aquel entonces, su madre era la encargada de limpiar la casa.

Ella sabría donde estaban sus pertenencias de esa época.

[¡Demonios, tienes razón Undyne! ¡juro por dios que encontraré esa nota, y cuando lo haga te mandaré fotos! entonces podremos probar que fue real]

Lo primero que hizo, fue encontrar el contacto de su madre, marcándole. Toriel atendió casi al instante, con un tono jovial y alegre como era lo usual.

"¡Mi niño!, ¿todo bien en la casa? la nieve está muy fuerte acá, tu padre, tu hermana y yo estaremos un par de horas aquí, ¿no te molesta quedarte-"

A sabiendas de que le regañarían más tarde, optó por primera vez, comportarse de manera grosera ante la mujer que lo trajo al mundo.

"¡No hay tiempo para eso mamá! dime, ¿dónde guardan tu y papá las porquerías? cosas viejas, ropa- semillas, tierra, mis viejos juguetes o los dibujos de Chara."

Pese a no darse cuenta de ello, estaba hablando de manera frenética y acelerada. Algo que Toriel notó, pero el tono suplicante que estaba utilizando le hizo saber de inmediato que necesitaba, más que consuelo, una respuesta. La esposa del rey cruzó miradas con su marido por unos momentos, pensativa.

"Tu padre empezó a rentar una unidad de almacenamiento en el lado norte del pueblo, ya sabes como se pone cuando hablamos del pasado. Hay un montón de cosas viejas ahí, creo que la llave está en mi estudio, ¿está todo bien hijo? si quieres podemos acompañarte cuando-"

"¡Gracias! disculpa, tengo que hacer esto solo"

Colgó de inmediato. El muchacho cabra corrió a todo lo que daban sus piernas hacia su habitación, donde descansaba su maleta. Entre tanta ropa, encontró una bufanda, un sombrero y una chaqueta extra con la que mantenerse lo suficientemente caliente entre tanto frío. Meterse al estudio de su madre y ver una llave algo vieja hizo que su corazón se acelerase tanto como el de un conejo.

El tiempo corría.

Aún si hubiese querido esperar a sus padres y a Chara para ir a ver con ellos, algo dentro de si le decía que no debía. Con ellos allí, esa confesión probablemente desaparecería.

Era hora de salir afuera.

En alguna parte de aquél maldito cementerio blanco al que todos ellos llamaban "hogar" estaba el último vestigio de una niña olvidada por dios a la que solía amar.

Y la iba a encontrar.

.


.

"Huff... huff..."

Su cuerpo sudaba a mares. Aún con toda la protección extra y las capas de ropa que se puso para poder volar tranquilo usando su magia, el viento fue cruel e implacable con él durante todo el maldito camino, como si la misma tierra estuviese impidiéndole el paso. Asriel Dreemurr llevó su mano izquierda hasta la parte derecha de su rostro, buscando proteger su vista de los copos de nieve, el hielo y el frío.

Había llegado.

Justo frente a sus ojos, la puerta hacia el pasillo que daba a los garajes, al menos desde dentro. Usando un poco de la magia de fuego característica de su linaje, derritió lo poco y nada que había congelado por completo la manilla, metiendo la llave dentro de la cerradura y girándola.

Si se hubiera roto, habría destrozado la maldita puerta con una de sus estrellas de ser necesario, gracias a dios no llegó a tal extremo. Costó trabajo, pero pudo entrar.

Clack~

Todo estaba tan terriblemente silencioso luego de cerrarla tras de si, peroapenas y era capaz de escuchar las ventiscas de afuera. Asriel observó el número de la segunda llave que traía, el 104. Era momento de buscar la puerta que daría al garaje que rentaba su padre, con nada más que sus pasos y su sombra acompañándole.

Chasqueando los dedos para volver a manifestar algo de fuego que le sirviese como linterna, comenzó a caminar con una mirada afilada. Era una escena aterradora incluso para un adulto como él; de niño, siempre había odiado y temido aquel lugar, precisamente porque jamás había visto a otra alma que no fuese su padre, en su clásica camioneta azul, viniendo a dejar porquerías y baratijas.

Pero aquí estaba él, caminando el oscuro pasillo rodeado de puertas numeradas, cuyas paredes le protegían de una tormenta de nieve tan fuerte que la misma madre tierra parecía rogarle que se detuviera. Tenía el potencial mágico para destruir una ciudad si así lo quisiera... pero sin Asgore a su lado, ahogado en ese mar de oscuridad, mientras buscaba una carta dedicada a un fantasma...

Estaba mortificado.

Eventualmente, llegó a su unidad. Tratando saliva, incrustó la segunda llave dentro del candado, girándola lentamente como una madre, temerosa de que se rompiese. Escuchar otro "clack" y verlo desbloquearse fue como consumir un estimulante. Lentamente levantó la puerta, tomando nota del escalofriante chirrido que provocaba el metal.

Era tétrico, aún sabiendo que nada en la oscuridad saltaría para cazarle.

"Aquí vamos..."

Susurró tras presionar el interruptor para encender la luz, observando la enorme cantidad de cajas frente a si, empezando a flotar. Pilas y pilas de cajas polvorientas, no importaba cuanto tuviese que buscar, ya había llegado demasiado lejos como para rendirse casi al final de la meta. Ya fuese el mundo jugándole una mala pasada, luego de un par de horas, encontró los libros de la secundaria de su hermana, junto a ropa que Asgore se rehusaba a regalar.

Muchos sacos y cajas cargadas hasta el tope con herramientas de jardinería.

Hasta que por fin hubo algo de progreso; separando las tapas de otra, se percató de su contenido. Eran los libros para colorear de primer grado. Su intuición, su entero ser, sintió cosquilleos al observar que probablemente, había llegado a la "zona" donde estaban las cosas de su tierna infancia.

Ahora solo necesitaba un poco de suerte... o perseverancia.

Y entonces lo vio.

Una pequeña cara dibujada, roída por el tiempo en una tarjeta sin plastificar, sosteniendo un bate de béisbol. Sus tarjetas de deportes que solía coleccionar en primer grado. El chico cabra voló hasta llegar a la pila, tomando con sumo cuidado pero evidente desesperación el pequeño contenedor.

Sus brazos se pusieron a temblar cuando aterrizó, para poder sostenerla como si fuese su propio hijo.

Efectivamente, estaba lleno de tarjetas de béisbol de distintos jugadores famosos en su niñez, unos cuantos dibujos hechos por él, pues tenían sus iniciales y no las de su hermana, e incluso un par de libretas de comunicaciones usadas para reflejar su comportamiento o desempeño escolar.

Ver, al fondo de todo, un papel doblado, hizo que sintiera un escalofrío.

En aquel solitario, frío, silencioso y escalofriante almacén, sus temblorosas manos sujetaron la única pieza de evidencia que el universo olvidó. Una gota de sudor descendió por el puente de su nariz, a la vez que su respiración se aceleraba, desdoblando el viejo papel mientras buscaba su nombre.

"Querida... Frisk... "

Susurró, leyendo aquellas dos palabras que hacía casi quince años utilizó como apertura, escritas con su puño y letra. Todo lo que necesitaba leer para estar en paz.

¡Querida Frisk... querida Frisk... querida Frisk... !

Snif... snif...

A la vez que su cabeza repetía las dos palabras como un mantra, las lágrimas que había contenido por tanto tiempo finalmente comenzaron a caer. Asriel dejó caer su cuerpo contra la montaña de cajas que aún quedaba tras de si. Lentamente, las gotas saladas descendieron por su pelaje, no siendo detenidas por este.

Era real.

Frisk era real. Fue real alguna vez, en ese cementerio que se hacía pasar por ciudad, y no estaba loco. De alguna manera, dos mundos colisionaron, y los plateados dedos del universo se la llevaron sin dejar rastro alguno más que sus recuerdos, los de Undyne...

Y esa confesión en sus manos.

"Frisk..."

Murmuró hacia nadie en particular, a la vez que miraba hacia el techo de la unidad de almacenamiento de su padre, perdiéndose en el resplandor del foco de luz.

¿Qué le había pasado?

¿Dónde estaba?

¿Siquiera vivía?

El preguntarse donde estaba esa dulce y callada niña hacía que sintiera escalofríos. Jamás tendría respuestas a sus preguntas, porque era obvio. Frisk estaba en un lugar donde los niños aprendieron que el político Nerum Mashi murió en una prisión, causando una revolución estudiantil humanitaria en contra de la barrera. Un lugar donde todos aquellos que imitaban al mago Acacius, lo hacían correctamente.

O eso esperaba.

Porque tal vez... quizás no fuera nada. El universo cometió un error trágico, y aquella dulce niñita jamás volvió a abrazar a su madre otra vez, pasó la eternidad asustada y atrapada en un torbellino de nieve gris.

No lo sabía... pero estar ahí, sentado... con los ojos cerrados, mientras las lágrimas descendían libremente por su rostro... casi parecía sentir que su fantasma estaba sentada al lado suyo.

"Frisk... yo... lo siento tanto..."

Murmuró a la nada, pues eso es lo que era. Nada. Pero de alguna manera, quiso creer que lo escuchaba. Jamás se había sentido tan cercano pero lejos de alguien a la vez, como en aquel momento.

Ahí, en ese lugar olvidado por el tiempo, esa cámara de metal insignificante, atrapada en una ciudad en la que el universo se equivocó... Asriel lloró a la vez que sostenía el papel contra su pecho, como si estuviese de luto.

.


.

-[Epílogo: El eco que alguna vez fue]-

Varias semanas más tarde, cuando el semestre escolar volvió a empezar, a la vez que caminaba por los pasillos de su universidad tras haber regresado a su actual hogar, Asriel no pudo evitar recordar los acontecimientos recientes tras aquella dolorosa y agonizante epifanía. Luego de haber ordenado todo y regresado a su casa, para mostrarle la carta a Chara y sus padres, casi los mató.

Ninguno de ellos la recordaba, como era de esperarse.

El día de navidad, mientras intentaba olvidar y seguir adelante, discretamente se hizo una promesa mientras se preparaba para la fotografía familiar de aquel año. Jamás volvería a Ebott City luego de irse, bajo ningún motivo. Por lo que a él le concernía, era mejor olvidarse de aquel infierno en la tierra...

Y de Frisk.

Pero por mucho que quisiera, no podía escapar de ella.

Todas las noches luego de irse a dormir, como si la vida misma estuviese castigándole, lo único que veía era a aquella pobre niña atrapada eternamente en un torbellino nevado, mientras lloraba gritando por ayuda, por los brazos de su madre.

Les mandó fotos de la carta a todos sus ex-compañeros, simplemente para probarles que no estaba loco. Todos los que visitaron su casa aquél dieciocho de diciembre terminaron en un estado igual de arruinado que el suyo propio, el mismo en el que ahora estaban sumidos sus padres, que seguían intentando recordar, sin éxito, que Asriel se haya enamorado de una humana alguna vez.

Todos intentaron dejar el asunto atrás, seguir adelante... Hasta que una alerta de la profesora Dorothy en su grupo en la Undernet se hizo presente luego de año nuevo.

[Lamento no haber llegado a la reunión, pero solo quiero darles las gracias por incluirme, y que me aseguraré de asistir a la próxima. Mi clase favorita de todas.]

En aquella publicación, venía incluida una fotografía.

Un dibujo hecho por la pequeña Lily, de toda la clase. Obviamente hecho por un niño, pues era simple y rudimentario.

Pero por más simple que fuera, no tenía nada de normal.

Era un dibujo de ocho monstruos...

Y siete humanos.

Un dibujo de una pequeña niña castaña de ojos amarillos, que usaba un suéter azul, dos franjas rosadas sobre un vestido que le llegaba hasta las rodillas.

No quería saber como reaccionaron los demás a aquella foto... pero desde que la vio, sus pesadillas empeoraron hasta tal punto que no había vuelto a dormir bien. Asriel era una persona inteligente, e incluso él entendía, mientras se dirigía al aula para su siguiente clase, que ningún psiquiatra en este mundo podría volver a sanar su psique destrozada.

Pues estando solo en ese pasillo, comprendió ese llanto, esa voz y ese rostro... serían un eco que lo atormentaría para siempre.

El eco de una niña que alguna vez fue.

Fin.