Este fic lo empecé a publicar en otro lado y lo quise publicar aquí también. Tal vez la introducción se vea un tanto enredada, pero con el paso de los capítulos (espero) se entenderá mejor la situación planteada. Es un fic con romance moderado entre Jade y Kung Lao, ya que no me gusta escribir cosas melosas; pero sí deseaba hacer un fic de estos dos luchadores. Puede que el asunto de los sucesos post MK11 sean un tema algo trillado, pero este fic no empleará mucho ese tema. Va por otro camino, en realidad. De hecho, es sólo el punto de partida para dar inicio a la historia y el final.

Voy a poner el resumen completo, porque por el límite de caracteres lo tuve que cortar:

"Tras la decisión de Liu Kang de hacer un reinicio de la historia y fusionarla con una misteriosa línea temporal vacía, todo parece estar en calma. Sin embargo, la aparición de Mileena para reclamar el trono del Outworld provocará agitación. Las cosas se complicarán cuando Mileena desarrolle una obsesión romántica con Kung Lao que la llevará a una incansable persecución que pondrá en peligro a la misma Tierra. Jade y Kung Lao se enamorarán el uno del otro y enfrentarán a Mileena, acompañados por una dulce tarkatana de buen corazón, que se siente atraída por Kung Lao. Los kombatientes no imaginarán que ella será crucial en su camino a la derrota de Mileena."

La siguiente es una breve introducción obligatoria para dar paso a los acontecimientos centrales de mi historia, así que gran cosa no se va a ver.


INTRO.

Con la aparición de Kronika, los reinos descubrieron que existe algo más poderoso que el arma más letal jamás conocida: el tiempo.

Al haber quedado con la responsabilidad de manipular el tiempo en beneficio del destino de todo y de todos, Liu Kang, el nuevo dios del trueno y el fuego, debía elegir sabiamente la forma en la que esculpiría las arenas del tiempo.

Descubrir cómo combinar el pasado y el presente para que el futuro sea próspero no era sencillo. El mínimo cambio que Liu Kang hiciera podría alterar los acontecimientos para bien o desembocar en un futuro catastrófico.

Con su poder divino, pudo ver a través de las arenas del tiempo muchos destinos posibles que ocurrirían según las decisiones que tomara.

Al intentar forjar distintas historias, halló algo aterrador: en varios futuros pudo ver que si se quedaba como el dios del fuego y el trueno, en un futuro lejano él y su amada Kitana irremediablemente terminarían como emperadores del Netherrealm. Él odiaba ese destino, que ya había atestiguado mediante el encuentro con su retornado. Se negaba a aceptar que el futuro escrito para él era ser emperador del Netherrealm y, sobre todo, que los reinos estaban destinados a sufrir. No había forma de manipular el tiempo para que sea de otro modo, sin causar afectaciones.

Después de varias búsquedas, visualizó un futuro borroso, no había nada claro..., nada definido. Era como si hiciera falta algo que le permitiera ver ese destino. La visión del futuro de esa línea temporal no estaba al alcance ni del mismo dios del trueno y el fuego; quizá ni de los mismos Elder Gods. Era como si fuera una hoja en blanco, sin ninguna historia qué modificar.

—Liu Kang, creo que hace falta un elemento que te permita moldear el tiempo a tu completa conveniencia; de lo contrario, te pasará lo que le pasó a Kronika. Pese a todos sus esfuerzos por forjar la historia a su conveniencia, no pudo lograrlo. ¿Te das cuenta que entonces no tenía el control absoluto del tiempo? —Kitana tuvo un presentimiento que de inmediato le comunicó.

Liu Kang analizó por un rato lo mencionado por ella. Existía algún elemento que permitía modificar el destino de forma definitiva, sin necesidad de manipular la historia para cambiar las cosas, lo cual, en determinado caso, podría ser inútil si se persigue un fin, como ocurrió con Kronika. Quien tuviera ese elemento podría adquirir un poder inimaginable para hacer que los acontecimientos sucedan a su absoluta voluntad.

¿Cuál era ese elemento? La pregunta estaba en el aire.

Concluyó que lo mejor que podía hacer por los reinos y por él mismo, era elegir esa línea temporal, por la única razón de que el futuro ahí era incierto; mientras que en las otras líneas temporales, invariablemente, todo terminaba bajo su malvado dominio. Aunque el futuro en esa línea temporal era imposible de ver, pues al parecer estaba totalmente vacía y por lo tanto no podría reconstruirse ni moldear nada- decidió tomar el riesgo.

Por alguna razón pensó que quizá en esa línea temporal había ocurrido algo importante y que por eso no había nada en ella y, por lo tanto, era imposible ver su destino.

—¿Liu Kang? —preguntó Raiden, presintiendo que había tomado una decisión.

—Tengo que intentarlo —dijo sin estar convencido del todo—. No puedo hacer nada para modificar los acontecimientos futuros para esta línea temporal, pero sí puedo combinarla con lo que ya ha pasado en esta. Eliminaré todo lo que ha pasado en los últimos 25 años; pero Kitana seguirá siendo Kahn del Outworld, tú seguirás siendo dios del trueno y yo... seguiré siendo un simple monje shaolin.

Raiden y Kitana estuvieron de acuerdo con su voluntad, pues, como ser supremo, era su deber elegir lo que creía más conveniente para todos. El antiguo dios del trueno se mostró agradecido por su honorabilidad, al haber renunciado a su poder divino recién obtenido con tal de encontrar la paz de los reinos.

Entonces procedió. Mezcló la historia previa a 25 años con la línea temporal vacía. Los relojes se detuvieron, las banderas que ondeaban al compás del viento se paralizaron. Las risas de los reinos dejaron de sonar. Las gotas de lluvia se detuvieron antes de tocar el suelo. El flujo del agua de los ríos se detuvo.

Todo lo que estaba y todo lo que había ocurrido se transformó en arena, la cual se desvaneció como si una oleada de viento hubiera soplado con fuerza. Raiden y Kitana observaron a Liu Kang manipular las arenas, entrecerrando los ojos y con sus ropas agitándose violentamente, pues parecía que estaban ante una tormenta de arena.

Súbitamente la arena desapareció. Todo era calma y silencio absoluto. Liu Kang estaba quieto. Miró las palmas de sus manos, tratando de identificar algún cambio en su persona. Miró a sus acompañantes, y se dio cuenta de que los ojos de Raiden volvían a emitir su brillante resplandor, lo que indicaba que era dios el trueno de nuevo. Liu Kang volvió a ser el joven monje shaolin de antaño, disipando para siempre a su retornado y a los de sus aliados.

—Está hecho —una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

Kitana lo abrazó, como una muestra de que estaba dispuesta a enfrentar con él el destino que les deparaba.

¿Qué tan bueno o malo el destino será? Sólo el tiempo lo dirá...