Un nuevo episodio, que busca ser un hito en la continuidad de mis historias, ya que hoy más que nunca deseo avanzar en todas ellas. Aparte de todo lo que he escrito hasta la fecha, estoy escribiendo una historia de terror y vampiros de Mortal Kombat, con gore, horror, discordia y mucho más, la cual está titulada "Blood Moon", inspirada en la season 2 del modo Invasiones de Mortal Kombat 1, juego sublimemente hermoso a nivel gráfico y argumental, para mi gusto. No sé si esa historia la voy a publicar aquí, ya que de momento solo la he publicado en Wattpad y me gustaría tener historias exclusivas allá. Aún debo pensarlo. Lo que sí tengo claro es que las historias que tengo publicadas aquí en Fanfiction seguirán siendo actualizadas cuando las actualice primero allá. Quisiera aclarar que los capítulos de esta y otras historias tienen muchos cabos sueltos, que se van aclarando conforme va avanzando la trama. :)


CAPÍTULO II: Los Secretos de la Selva Sagrada.


Kung Lao miró a Liu Kang con sorpresa, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—¿Qué quieres decir con que tal vez no regresemos a casa?

Liu Kang se recostó contra una de las columnas del coliseo y suspiró profundamente antes de responder.

—Kitana me ha hecho una invitación... Me ha pedido que me quede en el Outworld y gobierne junto a ella como su compañero.

Kung Lao se quedó en silencio por un momento, procesando la información. Sabía que Liu Kang y Kitana habían desarrollado una fuerte conexión durante su lucha contra Kronika y Shao Kahn, pero la idea de que Liu Kang abandonara su hogar en la Tierra para quedarse en el Outworld lo tomó por sorpresa.

—Eso es... inesperado —dijo Kung Lao finalmente, buscando las palabras adecuadas—. ¿Qué piensas hacer?

Liu Kang se pasó una mano por el rostro, mostrando signos de conflicto interno.

—No lo sé. Por un lado, siento un fuerte vínculo con Kitana y una profunda conexión con el Outworld. Pero también venero la Tierra y el Templo Shaolin. Es una decisión muy difícil.

Kung Lao asintió comprensivamente, sintiendo la carga de la decisión que su amigo tenía que tomar.

—Entiendo que sea complicado. Tu deber como Campeón del Earthrealm es proteger tu hogar, pero también tienes una oportunidad única aquí en el Outworld para ayudar a construir un futuro mejor junto a Kitana.

Liu Kang lo miró con gratitud por su comprensión.

—Gracias. Tengo mucho en qué pensar antes de tomar una decisión. Y también me preocupa cómo afectaría nuestra relación como amigos si elijo quedarme.

—Estás en una encrucijada difícil. Sea cual sea tu decisión, debes hacerlo con el corazón en paz. Pero recuerda que no estás solo en esto. Contarás con el apoyo de todos nosotros, sin importar lo que elijas.

Liu Kang sonrió, sintiendo el calor de la amistad de Kung Lao.

—Eres un verdadero amigo. Tomaré un tiempo para meditar sobre esto y hablaré con Kitana. Sea lo que sea que decida, espero que sea lo mejor para todos.

Ambos guerreros se quedaron en el coliseo, perdidos en sus pensamientos, mientras el destino del Earthrealm y el Outworld pendía en un delicado equilibrio.

Al abandonar el palacio aledaño al coliseo, Kotal dio inicio a una búsqueda personal que lo llevaría a explorar los rincones más remotos del reino. A pesar de su firme determinación, no podía evitar sentir la falta de Jade en su vida. La separación había dejado un vacío en su ser que no podía llenar con nada más. Lo que más lastimó sus sentimientos, quizá fue la fácil aceptación de Jade a su anuncio, lejos de mostrarse sorprendida.

Kotal omitió revelarle a Jade la verdadera razón de su alejamiento, por temor a que ello, de algún modo, repercutiera en su cumplimiento. Desde hacía varios días atrás Kotal había estado teniendo algo más de lo que parecían ser simples sueños. En esos sueños, se encontraba en una selva densa y exuberante, rodeado de antiguos templos y ruinas cubiertas de vegetación. Una voz misteriosa y resonante lo llamaba desde lo más profundo de la selva, susurrando su nombre y hablándole en un idioma ancestral que apenas podía comprender.

Noche tras noche, los sueños se volvían más intensos y persistentes. Kotal comenzó a perder el sueño, obsesionado por la sensación de que estos sueños tenían un objetivo importante. A pesar de su resistencia inicial, la voz en sus sueños lo guiaba cada vez más hacia la selva sagrada del Outworld, un lugar peligroso y lleno de misterios.

Lo que Kotal ignoraba era que Jade tenía conocimiento de ello. Una noche, mientras dormía, Jade vio a Kotal en sus sueños, caminando solo por la selva, siguiendo la llamada de una voz desconocida. La visión era tan vívida que sintió una profunda preocupación por su amado. No por miedo a que algo le ocurriese, sino porque presintió que dicha visión también era percibida por él, y por lo tanto él estaría dispuesto a descifrar ese misterio, lo que significaba que abandonaría el palacio, a cualquier costo.

Mientras tanto, Kotal Kahn continuaba su marcha hacia la selva, sin saber que cada paso lo acercaba más a un destino que cambiaría el curso de su vida. Los sueños lo atormentaban, pero también lo impulsaban, alimentando su convicción de que algo importante lo esperaba en lo más profundo de la selva. A pesar de la oposición inicial de sus hombres ante tal sugerencia, Kotal les pidió que siguieran su camino aparte. Estaba seguro de que esa búsqueda era un asunto que solo le atañía a él.

Los peligros y los enigmas se volvían más intensos. Se detuvo viendo de arriba abajo un antiguo templo cubierto de enredaderas. Sintió una energía extraña en ese lugar, de modo que pensó que tal vez tenía alguna relación con sus sueños.

—Este sitio... parece haber estado abandonado desde tiempos incontables—. Notó unos extraños grabados cubiertos por las enredaderas y otros tipos de vegetación que invadían la estructura.

Cuando iba a remover las plantas para examinar los grabados, fue emboscado por una manada de tarkatanos. Kotal se desconcertó al verlos, ya que sus ojos emitían un extraño resplandor verde, que no tenía razón de ser en un tarkatano. Las feroces bestias salieron de la maleza, sus dientes afilados y sus rugidos llenaron el aire. Kotal se puso en posición de kombate, listo para enfrentar la amenaza.

Los tarkatanos se abalanzaron sobre él con furia, pero demostró su destreza en la batalla. No hablaban, solo rugían y atacaban; parecían estar poseídos. Kotal luchó con su macahuitl, blandiendo el arma con precisión mortal. La gran energía del sol del Outworld que se vertía sobre la selva oculta lo llenaba del poder que necesitaba para vencer a sus enemigos con golpes certeros. A pesar de la ferocidad de las bestias, logró repelerlas, pero no sin sufrir heridas en el proceso.

Creyó que el peligro había quedado atrás, pero a sus espaldas percibió unas gigantes plantas carnívoras que se alzaron amenazadoramente, con sus fauces afiladas dispuestas a cerrarse en cualquier instante. Kotal, empapado por la luz verde que filtraba la densa vegetación, enfrentó la amenaza con serenidad. Sus ojos destellaban con determinación mientras se preparaba para el inminente asalto.

Con un movimiento rápido, las plantas se cerraron como mandíbulas gigantes, intentando aprisionar a Kotal. Él se deslizó ágilmente entre las hojas, esquivando los afilados bordes. La selva parecía cobrar vida a su alrededor, con plantas que se retorcían y extendían sus raíces en un intento de inmovilizarlo.

Respondió con astucia y fuerza bruta. Con su macahuitl, cortó las hojas en un rápido movimiento, liberándose de las garras vegetales, siendo salpicado con un líquido verdoso y brillante, más parecido a sangre que a savia. Sin embargo, las plantas carnívoras no eran tan fáciles de derrotar. Sus raíces serpentearon desde el suelo, buscando enredarse alrededor de sus piernas para inmovilizarlo.

Con agilidad, Kotal saltó, evitando las raíces que se alzaban amenazadoras. Aterrizó sobre una de las plantas, utilizando su macahuitl para abrir una brecha en su núcleo. Un líquido viscoso se derramó, revelando que estas criaturas no eran solo plantas, sino entidades animadas por una extraña energía.

La selva parecía responder al Kombate. Kotal notó que las plantas retrocedieron. Heridas, pero no derrotadas, aguardaron en silencio, como guardianes de un reino vegetal lleno de misterios y peligros.

Después de la batalla, Kotal Kahn se sentó en el antiguo templo, examinando sus heridas. Sabía que debía descansar y sanar.

—La energía que percibo se ha vuelto más intensa. Siento que estoy cerca de descubrir lo que me llama —murmuró consigo mismo.

Avanzó y empezó a reconocer los símbolos antiguos tallados en las paredes de los templos. Eran inscripciones en un idioma ancestral que él, como líder del Outworld, debería haber conocido, pero que en ese momento le parecían ajenas y enigmáticas.

Finalmente, llegó a un lugar que parecía el corazón de la selva sagrada. Ante él se erguía un antiguo altar de piedra, adornado con extraños grabados y decoraciones. La voz en sus sueños resonaba con intensidad en ese lugar, a pesar de estar despierto en ese momento, como si estuviera a punto de revelar su objetivo.

Kotal se arrodilló ante el altar y cerró los ojos, dejando que la energía del lugar fluyera a su alrededor. Fue entonces cuando, en la penumbra del templo, una figura misteriosa emergió de las sombras.

—Has llegado, Kotal, antiguo Kahn del Outworld —dijo la figura con voz suave pero llena de autoridad.

Kotal se levantó de un salto y se preparó para el kombate, pensando que era un enemigo, pero algo en la presencia de la figura lo detuvo. La figura era alta y llevaba una capa que ocultaba su rostro, pero su aura irradiaba poder y sabiduría.

—¿Quién eres? —preguntó Kotal con cautela.

La figura descendió la capa, revelando un rostro que dejó a Kotal sin aliento. Era un anciano con rasgos sabios y ojos centelleantes de color azul.

—Soy Kalakmul, el Guardián de los Secretos de la Selva Sagrada. Te he estado invocando a través de tus sueños, gracias a los espíritus, quienes son capaces de comunicarse con los vivos a través de los sueños. Son sus voces las que te llamaban, Kotal. Tu destino y el destino del Outworld están entrelazados en un misterio ancestral —dijo Kalakmul solemnemente.

Kotal Kahn escuchaba con atención, ansioso por descubrir la verdad detrás de los sueños y la llamada de la selva.

—Lo sabía, sabía que esas voces que escuchaba en mis sueños me estaban guiando a las profundidades de la selva. ¿Qué es lo que debo hacer? —preguntó Kotal con humildad.

El anciano Guardián de los Secretos sonrió y extendió una mano hacia el altar de piedra.

—Debes enfrentar las pruebas que la selva te presente y aprender los secretos ancestrales que ella guarda. Solo entonces podrás desvelar el misterio que rodea tu destino y el del Outworld. La selva te guiará, Kotal, pero el camino no será fácil.

Kotal asintió con determinación, dispuesto a enfrentar cualquier desafío que la selva sagrada le presentara. La voz en sus sueños había cobrado forma y nombre, y Kalakmul se convertiría en su mentor en esta búsqueda.

Mientras Kotal se reverenciaba ante Kalakmul, este sonrío maliciosamente, mientras un resplandor verde centelleó de forma repentina en sus ojos por un instante.