Akane miró su reloj. Aquella noche estaba visiblemente nerviosa.
Había salido los 5 minutos acordados durante las últimas 5 o 6 horas, y estaba parada a un lado de la puerta, con las manos en los bolsillos de la bata y su pie repiqueteando en el suelo.
No veía nada. No había rastro de los hermanos y eso disparó su ansiedad.
"¿Y si les pasó algo? ¿Que tal si eran muchos más de los que pensamos? Sé que no son niños indefensos pero…¿y si algo salió terriblemente mal? No puedo abandonar mí puesto, ni tengo forma de saber nada hasta que no lleguen. Necesito que esta noche termine…creo que estoy teniendo una migraña nuevamente. Oh, necesito vacaciones."
Entonces de la sombra surgieron las figuras familiares, una de ellas cargando algo que parecía un muñeco de trapo. Miró a ambos lados rápidamente para cerciorarse de que no había miradas curiosas ni otra compañía y corrió a su encuentro.
Genya depositó suavemente a la chica en el suelo, Akane se arrodilló y le tomó el pulso. Levantó el kimono con el que Genya la había cubierto y miró el cuerpo desnudo, el abdomen redondo desprotegido, se veía frágil y pequeña. Estaba manchada de sangre, y respiraba dificultosamente.
-Está hecho.- le dijo entonces Sanemi, mientras miraba a su alrededor también.- Está será la última víctima que atenderás.-
Akane sintió que se le formaba un nudo en la garganta y miró desde el suelo a los dos hermanos de pie frente a ella.
Ninguno dijo nada, sólo hubo miradas. Y una sonrisa de satisfacción en sus rostros.
Pero ahora, el tiempo apremiaba a Akane, tenía que atender a esta mujer y su pequeño. Si moría alguno de los dos, la misión habría fracasado.
-Váyanse.-Dijo ella finalmente, y se quitó la bata.
-¿Como vas a entrarla?- preguntó Genya.
La mujer tosió y manchó la ropa de Akane con pequeñas gotas de sangre.
-Yo puedo con esto, váyanse antes que alguien los vea, largo.- La voz de Akane sonó severa y decidida, y les hizo un ademán con la mano para que se alejen.
Ellos obedecieron y desaparecieron así como llegaron. Akane cubrió el cuerpo de la chica con el kimono y la bata y corrió dentro del hospital, gritando por ayuda.
Lo último que vieron Genya y Sanemi desde las sombras fue a Akane salir nuevamente acompañada de 3 personas más llevando una camilla.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Genya dijo.
- Pensé que ibas a matarlo.-
- Supongo que me pareció mejor darle un buen escarmiento. No era ni la mitad de peligroso que pensé que era. No era malvado, sólo estúpido e ignorante.-
- Yo no hubiera podido matarlo...-Dijo, Genya, casi avergonzado.
- Lo entiendo...-
- ¿En serio? Pensé me dirías que tenía que ser hombre y hacer lo que debía.-
Sanemi se detuvo se dio media vuelta y miró a su hermano.
- Matar a una persona no te hace más valiente ni más hombre.- Le dijo. Y señaló al cielo.- Nuestros compañeros jamás mataron a un hombre inocente, y ninguno de ellos merece ser considerado menos héroe por no hacerlo. Que no se te olvide.-
Sanemi se dio media vuelta y siguió adelante. Genya sonrió, caminando lentamente detrás. Su hermano era un hombre sabio y amable detrás de su máscara ruda.
-¡APURATE QUE TENGO HAMBRE, VAMOS A COMER!- Le gritó Sanemi, ya unos pasos más adelante y Genya trotó para alcanzarlo.
Se sentaron en un pequeño local de comida. Ocultaron sus armas lo mejor que pudieron, actuaron con normalidad y pidieron dos platos de Udon, sake y tempura.
Algo que a Sanemi le agradó de la ciudad era que todos los negocios abrían a todas horas. A diferencia de la tranquilidad del pueblo donde vivían ellos, en Tokio la vida era ruidosa, luminosa todo el tiempo. Y para alguien con un apetito importante como él, encontrarse con esa oferta gastronómica fue muy agradable.
Fuera de eso, no era un hombre de ciudad. Él prefería la tranquilidad de su lugar, el olor al bosque, la naturaleza rodeándolo todo.
- Fue la misión más corta que tuve en mi vida.- Dijo Genya, cuando se sentaron.
- Si. Decepcionante ¿no?- contestó Sanemi.
- No lo sé. Por un lado es bueno saber que no pasó a mayores. Aunque... también quería algo de acción.- reflexionó Genya.
- Pero si tú tuviste acción, deja de quejarte.- Sonrió su hermano, con los ojos fijos en él.
Genya automáticamente se puso rojo y se tensó, como si un cable hubiera tirado de él. Sanemi golpeó la mesa y echó a reír. Tuvo que beber sake para no atragantarse. Y continuó riendo.
- ¿Puedes dejar eso ya? - le pidió el más joven, cerrando los ojos.
- ¡No! Es sumamente entretenido.- contestó el otro riendo aún.
- Bah ni que fuera la primera vez.- se quejó Genya cruzando los brazos.-
- ¿No lo fue?- dijo Sanemi con fingida sorpresa.
-No, Sanemi. No lo fue. Pero a diferencia de ti, yo no tengo un harén para elegir.- refutó Genya.
Sanemi guardó silencio un momento, sus ojos fijos en el tazón de udon.
-Y... ¿Qué elegirías?-
-¿Perdona?- dijo Genya, ladeando la cabeza.
- Si tuvieras un harén...pero no a ella... ¿Qué elegirías?-
Genya miró hacía afuera.
- Excelente pregunta...-
Sanemi sonrió. Aunque le gustaba molestar a Genya sabía que era un buen hombre. Un caballero y con un gran corazón. Estaba orgulloso de que su hermano pequeño tenga esas cualidades y, en el fondo, le preocupaba que vaya a quedarse sólo el día que él ya no esté. No es que falte poco...pero lo único que tenían era el uno al otro.
- Sabes...-Dijo, y le sirvió Sake a su hermanito.- Yo creo que el amor aparece una sola vez en la vida. Y tienes que saber reconocerlo. Puedes tener un harén. Pero si en ese harén sabes que va a faltarte una caricia en especial y que esa caricia es diferente al resto...pues ahí está.-
Brindaron. Y bebieron el sake de un trago.
Genya recordó a Akane acariciando sus cicatrices. La suavidad de su cuerpo. Lo brillante de sus ojos. Su risa. Sus gestos al hablar.
Guardó silencio un momento, perdido en un mar de recuerdos.
- Ella...hizo algo que nunca habían hecho.- Dijo entonces, en voz baja.
- No quiero saber los detalles.- Anunció Sanemi, alzando las palmas.
-No, no así.- Gruñó Genya y volvió a ruborizarse porque inevitablemente una imagen fugaz pero muy nítida pasó volando por su mente.- Y tampoco te diría nada de eso.-
- Entonces que.-
- Ella acarició mis cicatrices. Las tocó con ternura, con delicadeza. Ninguna mujer había hecho eso. De hecho...- Genya se aclaró la garganta y habló incluso más bajo.- ninguna... ninguna…me había visto…desnudo a plena luz.-
Sanemi sintió tristeza.
¿Cómo podían ser ambos tan distintos? A él le encantaba, le resultaba divertido ver la cara de la gente cuando se acercaba, enseñando sus heridas de guerra, y había aprendido que a muchas mujeres les resultaban sumamente atractivas. Pero Genya se avergonzaba mucho de las marcas en su cuerpo. Y a pesar de los esfuerzos de su hermano por cambiar su autopercepción, no lo había logrado.
-Niño...¿es que no lo ves?¿Eres tonto o que?-
-¿Que cosa?-
-Esa niña siente algo por ti desde entonces.- Sonrió Sanemi. Y bebió más sake.
Genya sintió que el corazón le dio un salto. Eso... tenía sentido. ¿Verdad?
- Nadie cuida a otra persona con tanta dedicación por trabajo. Era una Kakushi, si. Pero lo que hizo por ti no fue por obligación. Yo lo vi. Vi la delicadeza de su toque y el cariño en sus susurros. La vi llorar a tu lado cuando tuvo que irse, y vi como luego de su partida, nadie más te prestaba tanta atención a ti cómo ella.-
Genya se sintió aturdido.
-Ella...-
-Ahora...la pregunta es... ¿y tú? ¿Que sientes?- Quiso saber el hermano mayor, ladeando levemente la cabeza, atento al lenguaje corporal del otro.
"Que voy a volverme loco" pensó Genya "Es demasiada información. Entonces, ¿la sensación que siento cada vez que pienso en ella es…?"
- No lo sé. ¿Cómo podría saberlo? nunca estuve enamorado antes.-
- Es…como si el mundo desapareciera a tu alrededor y todo lo que escuchas es su voz, todo lo que ves son sus ojos, y quieres besarla, tocarla y estar con ella todo el tiempo porque su piel y sus labios son la cosa más deliciosa que probaste en tu vida, y se vuelven jodidamente adictivos. Harías cualquier cosa por verla sonreir.- Dijo Sanemi, mirando a la nada, y con una sonrisa que Genya identificó como nostalgia.- Sientes que el alma se te rompe si la ves llorar…y cuando tienes que alejarte de ella el corazón se hunde en una tristeza profunda.-
Hubo un silencio entre los hermanos y aprovecharon a pedir más comida. Ambos sumidos en sus pensamientos. Pero entonces...
- Si Kanae estuviera viva, ya la habría desposado.- dijo Sanemi, y le sonrió a su hermano.- Ya hubiera tenido hijos. Mi vida sería otra. Pero ella no está, no volverá y yo sé muy bien que no habrá otra Kanae para mí.-
Genya observó a su hermano con atención. Sabía que hablar de esto le era difícil y apreció mucho que lo haga.
Sanemi Shinazugawa, el hombre difícil, el arrogante, el Cazador rudo, el bravo Pilar del Viento, aún mostraba los ojos vidriosos al hablar de Kanae Kocho.
-Tienes tu oportunidad. No la eches a perder. Encontraste tu Kanae, Genya.- dijo Sanemi. Estiró la mano y despeinó a su hermano.
