Sonríe
Katsuki todos los días veía a su jefe, el cual le sonreía a todo el mundo, siempre llegaba mostrando sus relucientes dientes de conejo, pero en cuanto lo veía a él se sonrojaba y lo saludaba para luego irse a su oficina.
—Señor Midoriya, le traigo estos informes para que los revise. — el peli verde estiró la mano para tomar los folder, pero al sentir el roce de sus dedos alejo la mano dejando que todas las hojas se cayeran y regaran en el suelo.
—Lo siento yo no... — al intentar levantase de su asistencia una de sus agujetas estaba desatada, la cual piso con su otro zapato provocando qué perdiera el equilibrio y se cayera.
—¿Señor Midoriya está bien? — pregunto el cenizo al ver a su jefe tirado en el suelo.
—Sí — dijo en un quejido.
Katsuki se acercó hasta él para intentar ayudarlo, sujeto su brazo, notando lo delgado qué era.
Al quedar ambos de pie, Izuku por primera vez pudo ver lo alto que era el cenizo y lo rojo que eran sus ojos.
—Señor Izuku — lo llamo al ver que este no decía nada.
Un fuerte sonrojo se fue acumulando en sus mejillas resaltando sus pecas.
—Señor Izuku.
—Qué lindos ojos tienes. —habló sin pensar.
—¿Disculpé? —preguntó arqueando una de sus cejas.
—Yo... Si estoy, estoy bien. —habló rápido alejándose del cenizo.
—Está bien — dijo, empezó a levantar todas las hojas para dejarlas en el escritorio de su jefe e irse.
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—¿No piensas irte ya? — preguntó uno de sus compañeros.
—Solo terminaré esto y luego me iré.
Al terminar su informe se levantó de su asiento, al pasar por la oficina de su jefe observó aún las luces estaban prendidas.
Toco la puerta llamando a su jefe, pero este no respondió.
Abrió la puerta solo para ver a su jefe recostado en su mesa.
—Señor Midoriya. — movió un poco su hombro para despertarlo.
Izuku abrió sus ojos para ver al cenizo —Kacchan — llamo un poco adormilado y con una sonrisa que se le hizo muy tierna al cenizo.
—Seño Midoriya ya todos se fueron a sus casas.
El pecoso se quedó observando un poco a Katsuki sopesando lo que le había dicho hasta caer en cuenta de que aún estaba en su oficina.
Abrió sus ojos como platos, su boca parecía la de un pez fuera del agua, la cual se abría y cerraba sin salir una palabra.
Oculto su rostro con sus manos pidiendo que la tierra se lo tragara en ese momento hasta que escucho una suave risita, al levantar su mirada pudo ver por primera vez a Katsuki sonreír honesto, sin forzar su sonrisa.
Katsuki al darse cuenta de ello cambio su semblante a la típica sería que utilizaba con los demás.
—Deberías de sonreír más a menudo.
Ambos se quedaron observando sin decir nada hasta que Katsuki coloco su mano en la mejilla del pecoso para luego acercar su rostro, observó los ojos del peliverde o algún rastro de negativo para parar, pero solo veía como Izuku se acercaba más a él.
Beso, sus labios lentamente, eran suaves y dulces, ni siquiera se había dado cuenta de que había cerrado sus ojos.
Al separarse bajo su rostro hasta el cuello del pecoso desabotonando su camisa.
Sus labios y su lengua bajaban tomando toda aquella piel expuesta hasta ver esos pequeños y rosados botones.
Al aprobarlos el pecoso gimió y lo sujeto de su cabello como si quisiera retenerlo ahí y que siguiera con su trabajo.
—Kacchan ah no pares. — Gemía mientras sujetaba con más fuerza los cabellos cenizos.
—¿Quieres ir a mi casa?
Izuku lo observó un momento para luego agitar su cabeza con entusiasmo, a lo que Katsuki volvió a sonreír para luego besar sus labios.
Mommy
Diferencia de edad/ AU sin quirk
#bakudeku #omegaverse
Izuku era un adolescente, un omega perdido que fue separado de su madre a temprana edad. La guerra explotaba de forma desmesurada y arrasaba con poblados enteros. No estaba seguro ni de como sobrevivió.
El último lugar donde estuvo era una aldea ganadera en que cuando el lugar fue atacado, él se encerró en una bodega de alimento, usó costales de arroz para cubrirse y comió unas hierbas que un amigo le enseño que ayudaban a no generar aroma. Esperó, durante casi tres días lo hizo y cuando estuvo seguro de que el ejército se había marchado: salió de su escondite.
El lugar estaba lleno de cadáveres, debía juntar lo que pudiera para emprender un viaje y comenzar de nuevo, estaba harto de andar así.
Fue entonces que mientras reunía provisiones, escuchó el llanto de un niño pequeño. El pecoso mordió su labio inferior en un gesto de angustia, él ya se consideraba una carga para sí mismo, no estaba en condiciones de llevar a alguien a cuestas… pero su dulce corazón no podía callarse lo suficiente como para ignorar ese llanto.
—Ho-la —dijo en voz baja mientras entraba a la casa, pudo ver a una pareja muerta y el niño estaba en la orilla de una puerta que tenía un tapete mal colocado, seguro era un refugio donde sólo pudieron ocultarlo a él.
El niño de ojos rojos miró con sumo dolor a ese omega, sus lágrimas corrían intensamente y tenía los párpados hinchados de tanto llorar —están muertos, todos aquí están muertos, mamá y papá no van a despertar nunca.
Hablaba tan claro para su pequeño tamaño que al peliverde se le erizaba la piel con ello —dime, ¿cómo te llamas?
—Katsuki Bakugou —contestó, sorbiendo su nariz y secando sus lágrimas.
—Yo soy Izuku Midoriya, ¿te gustaría viajar conmigo? Quedarse aquí no es seguro.
El de cabello cenizo asintió en silencio, tomaron algunas maletas, el pueblo estaba devastado pero había muchos víveres que aprovechar y así que fue como emprendieron su camino juntos.
(...)
Izuku descubrió que Katsuki tenía cuatro años, al principio le daba miedo hablarle demasiado, no quería encariñarse mucho porque esperaba dejarlo en el primer poblado que encontrase; pero con el paso de los días ellos se volvieron inseparables.
Ambos fueron acogidos como refugiados, la gente pensaba que era un omega con su cachorro, así que era muy cariñosos con ellos, al cabo de seis meses, el pecoso tenía una pequeña vivienda a las afueras de una ciudad principal, trabajaba haciendo limpieza en el castillo, la gente era amable con él porque al no verle marca alguna pensaban que era uno de tantos omegas abusados por soldados a causa de las invasiones, después de todo, era sumamente joven y hermoso, lo veían casi con lástima, pues ningún alfa de buena postura tomaría a un chico mancillado, sin importar que apenas tuviera catorce años.
—¡Mami! —Katsuki corría a recibirlo, sentía su aroma a la distancia y cuando consideraba que faltaba poco para su llegada, salía a toda velocidad para interceptar a Izuku.
—¡Kacchan! —lo recibía en brazos con gran emoción, para alguien que había estado solo desde pequeño, tener al rubio esperándolo le llenaba el alma de gozo—, traigo mucha comida, hoy hubo un banquete en el castillo y la reina nos dio bastante alimento, vamos a calentar las cosas.
A Izuku, que se asumía en soledad para el resto de su vida, le era sumamente tierno que Bakugou le llamara "mami", lo habló con él la primera vez que lo hizo y Katsuki le dijo que era porque lo cuidaba como su mamá, que él lo quería mucho. A Izuku no le pareció mal así que lo permitió.
(...)
Los años pasaron demasiado rápido. La casa de los chicos era muy pequeña, una cama donde dormían juntos, un espacio para cocinar, una mesa con dos cojines y afuera una letrina junto a una cabina donde se bañaban con agua acarreada el río. Y pese a poco que tenían, estaban felices de estar en uno junto al otro. El reino en que habían terminado estaba en una zona protegida por un acuerdo de paz, los recuerdos de guerra se habían alejado y ahora dormían tranquilos cada noche.
Antes Midoriya descansaba acunando a Katsuki con su cuerpo, pero ahora, a los 12 años del infante, este último era unos diez centímetros más alto, por lo que ahora el omega dormía recargado en su pecho.
Los rayos del sol entraban por la ventana, Izuku se removió en un quejido al no querer despertar.
—Ya amaneció Deku —el rubio jugaba un poco con sus despeinados rizos.
—Sí, lo sé, pero Kacchan es muy cómodo —reía bajito, él parecía el niño ahora.
—Si pudiera me quedaría así, abrazando a mi mami para siempre, pero hoy es mi primer día como aprendiz de caballero —dijo emocionado.
—A veces dices cosas muy raras Kacchan —Izuku desvió la mirada, pues se había sonrojado con ese comentario.
Sabía que Katsuki era un alfa, había muchísimas señales, su gran tamaño para su temprana edad, la sensibilidad que desde pequeño tenía para los aromas y esos afilados colmillos, aquellos que los alfas usan para marcar a la pareja elegida.
El rubio a veces acompañaba a Midoriya en su trabajo y le ayudaba, la reina se sintió conmovida por ese par que luchaba por salir adelante, así que tomando en cuenta el físico del de ojos rojos, le concedió convertirse en aprendiz de caballero, pensando que con ello pudieran tener una mejor vida más adelante.
Desde que Katsuki llegó al castillo llamó la atención, entró con otros cinco aprendices de la misma edad, pero él era el más alto, su talento fue obvio desde el primer instante, más de un caballero se sintió atraído por su destreza.
Izuku se apuró mucho con sus deberes, fue a mirar de lejos el entrenamiento, Kacchan lucía maravilloso en los ejercicios, mientras los otros aprendices estaban exhaustos él seguía esforzándose. De pronto el peliverde se sintió un poco mareado, ver las gotas de sudor escurrir por esa piel le había hipnotizado, sus ojos no se despegaban y un terrible calor le estaba inundando.
—¡Mi celo! Pero aún no es tiempo —el pecoso estaba afligido, su pecho ardía, comenzó a moverse en dirección al médico del castillo pero a medio camino fue interceptado por Aizawa, uno de los caballeros de élite, un alfa de imponente presencia.
—¿Qué tenemos aquí? Pareces un lindo bocadillo listo para devorarse —tomó al más bajo de la muñeca y le aventó a una habitación—, hace años que no tengo un omega —aspiró su aroma, casi con desesperación.
—¡No! ¡De-déjeme ir! ¡No quiero esto!
El pecoso lloraba y pataleaba, pero era inútil, el alfa estaba embriagado por las feromonas que se liberaba en respuesta a su celo.
—Te haré sentir muy bien, te prometo que calmaré tu calor —le arrancó el pantalón y lo puso con la cara contra la cama mientras se restregaba contra su trasero—, ni siquiera estás marcado —babeaba como un perro famélico—, yo puedo encargarme de ti muy bien.
—¡No! ¡Suéltame! ¡No quiero! ¡No quiero! —Izuku estaba llorando desesperado.
Aizawa reía, fascinado por lo reacio que era, sólo lo hacía más divertido para él, se abrió el pantalón y sacó su miembro erecto, mantenía la cabeza del pecoso fuertemente apretada contra la cama.
—Tu cuello me pide a gritos que lo haga mío, igual que tú agujero que está derramando líquido, no importa cuando finjas, estás deseando una buena polla que le llene.
—¡No es cierto! ¡No quiero! ¡Suélteme!
—¡Deja a mi mamá, imbécil de mierda!
La rasposa voz de Bakugou se hizo presente, aventó fuertemente al caballero mientras jalaba a Izuku para abrazarlo e impregnarlo con su aroma.
—¿Tu mamá? ¿Esa perra que anda en celo provocando a los alfas con su aroma? Él me tentó, yo no tengo la culpa de ser un alfa con fuertes instintos, además sí no quisiera que pasara algo se hubiera quedado en casa tomando hiervas para bajar el calor, no habría venido al castillo que sabe que está lleno de alfas.
La sangre de Katsuki hervía con esas palabras —esto no es normal —su mirada se afiló y comenzó a mostrar los colmillos en forma de amenaza mientras abrazaba más fuerte al peliverde—, su celo es dentro de un mes, siempre es preciso, algo debió alterarlo y por eso entró en calor, no lo está haciendo a propósito y usted es una maldita basura por querer aprovecharse de eso.
De inmediato llegó Yagi, el líder de los caballeros, con quién Bakugou había estado entrenando.
—A mí tampoco me parece una buena justificación Aizawa, somos caballeros, este no es un comportamiento admisible —el alto alfa se estaba encajando las propias uñas en la palma para usar el dolor como un atenuante del aroma que el omega en celo expedía. Miró al aprendiz rubio y le ordenó levantarse— lleva a tu madre con el médico del castillo, yo los escoltaré.
Izuku ardía demasiado, jamás su celo había sido muy fuerte, Katsuki estaba mareado por el aroma, pero como él aún no había presentado ciclos de calor, su percepción de las feromonas omega era mucho menor por lo que pudo llevarlo hasta el lugar indicado.
El médico le hizo beber un brebaje que calmó su estado de golpe, le hizo un preparado especial de hierbas y dio las instrucciones a Katsuki de cómo cuidarlo, pues pasaría algunos días en casa.
Estaban solos, el chico se sentía muy afligido, jamás había visto esa cara de desesperación en Midoriya ni sentido tanto odio hacia una persona en su vida, pues realmente quería arrancarle la piel a Aizawa que se atrevió a tocar a su madre de esa forma.
Izuku estaba cohibido, el doctor le brindó ropa, ya que la suya había sido desgarrada por el alfa que le atacó, estaba frustrado, él era sumamente preciso con sus ciclos, cada tres meses, en el octavo día del mes iniciaba su calor, no entendía para nada esta anomalía, odiaba causar problemas.
—Hola Izuku-chan —el pecoso y el rubio de tensaron ante el saludo, el mayor salió de la camilla para hincarse en el suelo—, basta por favor no hagas eso, estoy muy apenada por lo que Shōta intentó hacerte.
La reina Yaoyorozu se caracterizaba por una magnífica fuerza y un corazón gentil, era una alfa de fina estirpe que dirigía el reino con sabiduría y gracia.
Habló con ellos, alabó el talento de Katsuki pues había visto los entrenamientos y notado como el chico destacaba entre todos los nuevos aprendices. Aizawa también acudió a pedir disculpas, él no solía afectarse de esa forma por las feromonas pero al parecer, las de Izuku eran en exceso atrayentes.
—Quiero darte esto —la reina se acercó y puso en el cuello de Izuku un collar de cuero, increíblemente grueso—, no es una solución, puede romperse, pero ayudará y te dará tiempo de gritar por ayuda si algún otro alfa quiere atacarte y marcarte, el cuello de un omega es su posesión más preciada.
Era cierto, quizá por la sentencia que él mismo se impuso de quedarse solo, Izuku jamás pensó en proteger su cuello, se asumía como feo y no pensaba que algún alfa quisiera ponerle los colmillos encima.
(...)
Siete años más tarde.
Su casa ya era un poco más amplia, habían trabajado duro para construirla juntos. Katsuki era un caballero de la corte y aunque Izuku seguía trabajando en el castillo, ahora era ayudante del médico, había aprendido mucho sobre hierbas y tratamientos. Su vida era pacífica y feliz.
Tenían dos habitaciones, fue lo primero que construyeron, pues a Midoriya le afligía dormir en brazos del maravilloso alfa en que se había convertido su hijo postizo, el rubio era asediado por omegas, betas y algunos alfas también, era de gran corpulencia, músculos perfectos, voz que calaba los huesos y un rostro esculpido por los dioses. Era todo lo que un omega desearía y él debía darse cachetadas mentales cada día, pues en ocasiones le veía como a un hombre y no como al hijo que crío.
—Izuku, ¿puedo hablar un momento contigo? —Aizawa había ido al consultorio médico.
—¿Se siente mal, caballero?
—Algo así… aunque no es físico, más bien, sería del corazón.
El pecoso era un poco torpe con esas cosas por lo que no entendió realmente, pero el caballero tenía un firme propósito y no pensaba irse de ahí hasta conseguirlo.
—¿Recuerdas cuando perdí el control por tus feromonas? —el omega asintió en silencio e instintivamente dio un paso hacia atrás—, jamás he sentido un aroma tan maravilloso como ese, tampoco jamás he visto un omega tan hermoso como tú —se acercó y le acarició la mejilla suavemente.
—Aizawa-san, n-no es correcto, un caballero como usted debería buscar a un omega de buena familia, no soy un candidato aceptable.
—No me importa la sangre ni la buena familia, me he enamorado de ti hace mucho —tomó su rostro con ambas manos y lo besó.
Midoriya sintió asco y repudio por el contacto —¡No, por favor no! N-no quiero, lo siento —salió corriendo, con los ojos llenos de lágrimas, tanto, que apenas podía visualizar por dónde pasaba. Se limpiaba la boca con desesperación mientras corría, Aizawa era increíble, aunque fuera mucho mayor que él, era guapísimo y muy fuerte, pero el corazón le Izuku decía que no podía ser él, jamás sería él.
En cuanto entró a la casa sintió algo extraño, las feromonas de Katsuki estaban fuera de control, lo peor, provenían de la habitación del omega. Sabía lo que eso significaba, su rubio estaba en celo, pero escuchar sus gritos le hizo correr a la habitación.
—¡Mami! ¡Mi mami! ¡Te necesito, mami!
La escena llenó de vergüenza a Midoriya cuando entró corriendo a la habitación, Bakugou estaba es su cama, tenía la cara clavada en su almohada y usaba algunas de sus prendas sucias para acariciar su falo mientras se restregaba desesperadamente.
Katsuki volteó a verlo, sus ojos ardían en deseo, estaba consumido por su celo. El mayor dio un paso atrás y luego salió corriendo de la casa.
No regresó en tres días.
"No se metan con mi alfa"
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Semana de lo opuesto
Katsudeku
Omegaverse
AU medieval
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— Te lo estoy pidiendo como un favor Izuku.
— ¡No, Mitsuki Sama!, usted no me lo está pidiendo como un favor, usted me lo está imponiendo.
La alfa quiso negar en ese momento pero se contuvo, su rostro mostró una mueca de tristeza y culpa por la objecion del Omega frente a ella, tenía toda la razón.
— Estas en lo cierto.— Izuku se crispó ante ello.
— ¿Por qué?
La Alfa le miró con sorpresa, "¿en serio debía explicarse?".
Tal vez si, pues la mirada llena de duda de Izuku se lo dijo.
— Necesito que tome el liderato de la tribu, sólo comprometido lo podrá hacer.
— ¡¿Por qué yo?! — Izuku volvió a preguntar, alzando un poco la voz, cosa rara en él.
Se sentía iracundo, entristecido, la rabia picaba en sus manos tanto que tuvo que apretarlas en puños para amortiguar la sensación. Creía que esta situación era sumamente injusta. — Creí que usted y mi madre eran amigas.
La alfa abrió los ojos a más no poder ante esa idea. — ¡Lo es, Inko es mi preciada amiga!— exclamó al instante tratando de justificarse, Izuku la miró con odio.
— pero... Katsuki es mi hijo Izuku, no me puedes culpar.— suspiró con cansancio, el cargo de consciencia era bastante poderoso.
Izuku no quitaba su cara de resentimiento para con la mujer pero podía notar en su aroma, como es que ésta estaba completamente avergonzada por lo que le estaba "pidiendo".
— Le vuelvo a preguntar Mitsuki Sama...—con mirada afilada. — ¿Por qué yo?
La Alfa analizó la pregunta, la respuesta era bastante sencilla en realidad.
— Estamos hablando de Katsuki, Izuku. Necesito un Omega con carácter para que se case con él, no cualquiera podría aguantar...
— ... ¿su horrible forma de ser? — interrumpió Izuku con desdén.
Mitsuki cerró boca al instante y asintió.
Ese era el gran dilema.
La alfa sabía que parte de lo que Katsuki era, había sido su responsabilidad.
Crió a su hijo de muy mala forma, pues éste era altanero, sadico, malhablado, irascible. Creía que todo lo importante en la vida era el poder y jamás había salido de ese principio, llegándolo a transformar en una persona sin ninguna pizca de sentimientos positivos en su corazón, siendo el resultado de lo que ella misma había sembrado y ahora se arrepentía, pues condenó a su hijo a un futuro lleno de soledad.
El consuelo de hacerlo líder de la tribu, era porque estaba segura que haría un buen trabajo, pues afortunadamente la única persona a la que Katsuki respetaba aparte de Masaru, era Toshinori, su mentor. Éste le enseñó muy bien su labor.
Lamentablemente como persona, como alfa... Katsuki era un horrible prospecto, nadie quería tener nada que ver con él.
Toda la tribu lo respetaba o temía como futuro líder (no era claro) pero no existía Omega alguno que lo viera con ojos de ilusión... si no, todo lo contrario.
Izuku se sumergió en sus pensamientos sobre la justificación de su elección y sus interiores se removieron en acuerdo con la mujer.
Era verdad, Izuku no podía imaginarse a ninguno de los otros omegas de la tribu al lado de ese alfa.
Cómo su querida amiga Ochako por ejemplo, tan bondadosa, tan servicial, seguro moriría de depresión a la primera semana de convivencia con el alfa, o Denki, tan bromista y alegre...
El Omega apretó los labios con frustración.
Por supuesto que no quería que la sonrisa de nadie se apagará por algo así...
... teniéndolo a él como opción.
El sentido del deber y la naturaleza altruista de Izuku, no le permitía negarse ante este nuevo requerimiento, además del reciente ultimátum que le había dado la líder de su tribu ante la negación.
"¡Si no aceptas comprometerte con Katsuki, deberás marcharte de la tribu junto a tu madre!".
Entonces... ¿qué opción tenía?
Inko se moriría de la tristeza si se viera forzada a dejar sus tierras.
¿Toda una vida dedicada a la tribu y a su próspera granja, siendo despojada por su negación?
No podía ser tan egoísta.
Y aunque sabía que todo era una trampa, una vil, injusta y maldita trampa. No podía negarse.
— Estoy segura que eventualmente, puede surgir algo entre ustedes dos... yo,
Izuku gruñó ante ese pensamiento tan falto de sentido común y más viniendo de la líder del clan...
Que vergüenza, que decepción.
— No se confunda Mitsuki Sama... — escupió con hostilidad.— Aceptaré esta imposición, sólo por el bienestar de mi madre, pero ni por un momento crea que su hijo y yo tendremos una relación.— terminó de decir y salió de la cabaña de la alfa dejando su estela llena de rencor tras él.
Una vez fuera, corrió.
Forzó a sus piernas a avanzar cuán lejos pudieran de ese horrendo lugar.
¿Qué se supone que iba a pasar con su vida ahora?
¿Que iba a pasar con Kirishima?
Izuku ni siquiera había alcanzado a amarlo y ya se lo estaban arrebatando.
Quería morir, realmente quería hacerlo.
Se detuvo al borde del riachuelo que surcaba el bosque... estaba cansado.
Calmó su respiración y rió para si mismo, pero era una risa amarga, llena de tristeza, llena de dolor.
Queria morir, sí, y tal vez no estaba tan lejos de eso, pues al estar condenado a una vida junto a Katsuki Bakugou, su muerte estaba segura.
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Los rumores corrieron rápidamente por la tribu.
De como un Omega mártir, había aceptado la solicitud de cortejo del próximo alfa líder.
— ¡Midoriya fue el elegido por el demonio! — exclamó una Omega.
— ¡y él lo aceptó! — murmuraron otras dos, llenas de escándalo.
Un alfa pelirrojo que pasaba por ahí, escuchó la reciente noticia y se obligó a detener su paso para procesarlo, pronto se vio limpiando discretamente la comisura de sus ojos, donde las lágrimas se acumularon al saberse desplazado por su Omega escogido.
Él se había enamorado, tanto, tanto.
No entendía bien, qué había hecho de malo.
(…)
— ¿En qué mierda estaba pensando esa anciana al comprometerme contigo?
Izuku rodó los ojos, sentía que la cabeza le explotaría de escuchar tanta queja.
Ambos estaban sentados en la cabaña
de los líderes Bakugou, internalizando su reciente compromiso, o por lo menos el alfa, puesto que el Omega ya estaba más que enterado de su destino.
Masaru los acompañaba.
Katsuki miró a Izuku de pies a cabeza.
El Omega vestía un bonito top suelto que mostraba su vientre plano y ombligo, una falda larga con cadenas y el cinto en las caderas, donde enfundaba sus armas de caza, esta además tenía aberturas
en los muslos, los cuales lucían suaves y llamativos, sobre todo porque estaban adornados con una liga en los patrones de la tribu, sus sandalias se apreciaban cómodas en esos bonitos y pequeños pies de omega.
Era sin dudas un Omega hermoso, demasiado para ese alfa inepto.
— Eres escuálido.— comentó Katsuki — que mierda de Omega.
— ¡Katsuki!— reprendió el Omega mayor. — ¡Ten más respeto por tu futuro esposo!
— No se preocupe Masaru sama.— Izuku interrumpió.— es bien conocida la boca soez que posee su primogénito.
Katsuki chistó la lengua, irritado.
— Y si sabes cómo mierda soy, entonces ¿por qué putas aceptaste el compromiso?— gruñó molesto.
El alfa no era ignorante de las habladurías acerca de su carácter y comportamiento en la tribu y le daba igual si se era sincero, pero esa mierda le había traído muchísimos problemas para encontrar a un Omega.
Y no era que le importara tener a una de esas pestes débiles como su pareja, pero si quería asumir con el liderato del clan, requería de uno.
Por él, se hubiese casado con una alfa, una que fuera fuerte, aguerrida, con carácter, no una maldita masita dulce y perfumada.
— Tengo mis razones.— fue lo único que Izuku se dignó a decir.
No podía decir que estaba siendo obligado, Masaru no sabía nada acerca de los planes de su alfa, revelarlo sólo traería problemas.
— Masaru Sama, lo solicita Chiyo Sama.— interrumpió uno de los subordinados.
— Me retiró un momento chicos.— reverenció. — Katsuki... espero y te comportes como corresponde con Izuku.— advirtió a su greñudo hijo antes de retirarse.
Una vez que el Omega mayor dejó la habitacion, Katsuki se permitió escupir su cizaña.
— ¿Qué mierda quieres?— amenazó.— ¿Ascender a líder, tener voz en la tribu?
¡Olvídalo inmundo Omega aprovechado!
Izuku también estalló.
— ¡Cállate pedazo de alfa idiota!— gruñó mostrando sus pequeños colmillos.
La sangre de Katsuki hirvió ante aquello, se puso de pie rápidamente, con la única intención de ir a golpear hasta sangrar a ese estúpido Omega de mierda, pero de un hábil movimiento, Izuku esquivó su ataque, y lo botó al suelo agazapándose sobre él.
Katsuki estaba fúrico, quiso levantarse para acabar con su cometido, pero el filo de una cuchilla aplastando firmemente sobre su cuello, le frenó de hacerlo.
— ¡No te metas conmigo bastardo!— Izuku susurró y se acercó a las clavículas del alfa, donde mordió tan fuerte que desgarró un tanto la piel.
— ¡Suéltame idiota, ¿acaso no sabes con quien te estás metiendo?!— Advirtió.
Izuku le sonrió con sorna, con las comisuras de los labios un poco ensangrentadas. — Con mi futuro marido ¿no?— pronunció en un ronroneo, batiendo sus largas y tupidas pestañas cautivadoramente.
Katsuki frunció el ceño y arrugó la nariz.
"¿Qué se creía este idiota al tratarlo así?
— Tal parece, que en todos estos años, no han sabido educarte bien.— susurró el Omega haciendo un mojin. — Eres un maldito mal criado Katsuki.— bajó su mano desocupada hasta la entrepierna del alfa y la apretó con saña.
Katsuki gruñó de dolor y la ira lo consumió. Con una fuerza aterradora sujetó del brazo que sostenía la cuchilla.
"Le quebraré los putos huesos, él se lo buscó" pensó. Pero Izuku fue más rápido, ya que al sentir el aroma lleno de enfado a su alrededor, le estampó con fuerza su muñeca directo en la nariz, liberando desde la glándula, feromonas calmantes.
Katsuki se sintió lánguido, adormecido, como si le hubiesen inyectado un sedante bastante potente.
Se le hicieron lana las piernas, al punto que no pudo sostenerse por sí mismo. El Omega frente a él, le contuvo fácilmente aún y cuando era más pequeño y menos fuerte.
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— ¿Por qué me miras así Kacchan?— Izuku preguntó sonriendo.
Alfa y omega caminaban por el bosque, aprovechando de cazar.
Izuku era excelente en ello, pues el tiro con arco se le daba muy bien.
Katsuki, en su intento de cortejarlo, le seguía de cerca para conocer su rutina.
Mitsuki le obligó a hacerlo (con la ayuda de Masaru) y dejó de lado sus responsabilidades para pasar tiempo con el Omega.
— ¿Qué demonios me hiciste ese día, desgraciado?
— ¿Desgraciado?... ¿yo?— el Omega
se rió con sarcasmo apuntándose a sí mismo.— Escúchate Kacchan, ¿estás seguro de que tus ojos funcionan bien?— reparó, mirando al alfa con duda.
— ¿Eh?
— Digo, tendrías que estar ciego como para no notar lo agraciado que soy.— presumió con coquetería y caminó delante de él moviendo sus prominentes caderas de un lado a otro.
Katsuki se quedó atrás, mirando casi en cámara lenta su retaguardia. Se relamió los labios.
— ¡Por lo menos tienes un buen culo, me servirás en la cama!— le gritó.
Un conejo muerto casi le vuela la cabeza segundos después.
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El Alfa daba vueltas por todos lados, y tiraba con fuerza de sus cabellos hasta casi arrancárselos. Pensaba que de tener algún súper poder, sería el de explotar personas.
— ¿Qué te ocurre?
— ¡Es ese maldito Omega que escogiste!
— ¿Qué tiene?
— ¡Es la muerte de todas las cosas!
Mitsuki arrugó las cejas, confundida.
— ¿Izuku?, ¿el bello y adorable Izuku?
— ¿Ah?— Katsuki voceó, incrédulo.
— ese idiota Omega no tiene nada de bello y adorable.
Mitsuki elevó un ceja. — Vamos hijo.— rió — puede que no te agrade, pero no puedes negar que es bello y adorable.
Katsuki le miró con una cara que podría describirse como totalmente aterradora.
Si, podía reconocer que el idiota tenía un muy buen culo, pero de adorable no tenía nada.
— Como sea mocoso, debes saber cortejarlo, se amable, él es un diamante en bruto. Debes presumirlo ante la tribu.
— ¡¡¡Maldita sea!!!
— Ve el lado positivo, si eres amable con él, se acabarán las habladurías hacia tu persona.
— Me importa una mierda.
— Pues debería, serás el próximo líder engendro, no puedes gobernar con esa fama.
— ¡Joder, bien!.
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Katsuki e Izuku paseaban del brazo por la aldea.
Hace semanas habían empezado a hacer eso, Mitsuki estaba segura que aquello ayudaría a disminuir la popular fama de demonio que tenía su hijo.
— Cambia la cara, idiota. Nos miran.
— Estoy harto de esta mierda ridícula.— Izuku suspiró, Katsuki no cambiaba.
Los murmullos y comentarios de
terror y condescendencia no pasaron desapercibidos para la pareja.
A Izuku no le extrañaba, después de todo, no eran mentiras.
Katsuki era un maldito demonio.
Se rió de manera interna.
Demonio y todo, últimamente Katsuki le hacía reír muchísimo.
Izuku se dio cuenta, de que el alfa era bastante torpe bajo ese fachada altanera que poseía, muchas veces había caído en sus trampas de juegos de palabras o gestos seductores.
Movió la cabeza rápidamente alejando esos pensamientos, pues divertido o no, no cambiaba el hecho de que era un sádico, malhablado y sin sentimientos.
"Ese alfa es un demonio"
"No sé cómo pueden ser pareja"
"Debe estarlo obligando"
"Que miedo, es aterrador"
"Pobre Omega"
Eran algunos de los murmullos que Izuku lograba percibir y sabía que Katsuki también los oía pues aunque conservaba esa cara estoica que siempre portaba, Izuku logró percibir un pequeño atisbo de decepción pululando en el aire.
Se paró en seco, en medio del camino y agarró con fuerza el brazo de "Kacchan"
— ¡No se los permito!— gritó a lo alto.
Toda la gente que miraba y comentaba acerca de ellos, guardó silencio, sin entender el mensaje del potente alarido.
— No les permito que hablen de mi o de MI ALFA.— gruñó, con su dulce olor colmado de molestia. — Estoy harto de sus malditos murmullos, métanse en su propia vida.— concluyó, para seguir su camino junto a Katsuki del brazo.
El alfa no dijo nada, pero le miró de reojo. Izuku se veía molesto, la arruga fruncida entre medio de sus cejas y el olor amargo debido al enojo, lo denotaba.
Por primera vez en la vida, el alfa sintió la calidez invadir su pecho.
Se sintió apreciado.
El sentimiento que le invadía era extraño, no sabía exactamente lo que era, porque estaba seguro de que jamás antes lo había sentido, pero si sabía una cosa y esa era, que se lo había provocado Izuku.
Miró hacia el frente nuevamente con la pregunta flotando en su cabeza.
¿Acaso... podría surgir algo más, entre ellos dos?
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