3º: Noche turbulenta
Todo pasa por algo, en algún momento lo entenderás.
Hinata sonrió al verle cruzar el umbral. Extendió las manos para que él se las apretara suavemente y le diera un casto beso en cada una. No podía negar que sentirse como una princesa a veces ayudaba muchísimo.
—Gracias por venir.
—No podía no hacerlo tras tu mensaje. Que me pidieras quedar para cenar es algo interesante. Más hoy. ¿No dijiste que tu padre había vuelto de viaje?
Hinata asintió, cohibida. Él le ofreció el brazo para adentrarse en el salón del restaurante. El camarero les indicó su mesa con un gesto educado de la mano y él apartó la silla para ella. Cuando se hubo sentado, se entretuvo en colocarse la servilleta sobre la pierna y la cartera a un lado.
—Precisamente por eso quería hablar contigo —explicó mientras él ocupaba una silla frente a ella.
—¿Sobre el regreso de tu padre? —cuestionó.
Ella asintió lentamente y pidió algo de vino para beber. Mientras el camarero terminaba de rellenar ambas copas y apuntar su pedido, solo intercambiaron miradas y sonrisas cómplices, las suficientes como para ser un acto de educación hacia el camarero. Cuando este se marchó, él se echó hacia delante.
—Creí que estaría de luna de miel. Cuando me lo dijiste, realmente me preocupé.
—Lo sé —reconoció ella buscando su mano por encima del mantel para darle un suave apretón—. A todos nos ha sorprendido, pero ha ocurrido algo, nada preocupante, que le hizo regresar.
Él frunció el ceño, preocupado. Hinata se odió por tener que mentirle.
—¿Tiene que ver con su fotografía que sale en el periódico?
—Eso creemos. Atacaron a Izumi durante la noche. Mi padre regresó para asegurarse de que estaba bien antes de continuar su viaje.
El hombre se removió sobre la silla.
—¿Está todo bien?
—Sí. Solo fue un susto —aseguró—. De todas maneras, mañana nos colocarán alarmas y demás cosas, así que estaremos más seguras. No te preocupes.
—Si ocurre cualquier cosa, Hinata —recordó él apretándole la mano con suavidad—. Sabes que me tienes a un toque de teléfono.
Ella enrojeció al escucharle. Agradecía sus palabras como nunca.
—Lo sé. Y te lo agradezco. Pero no es por eso por lo que quería hablar contigo.
—¿Qué es? —inquirió él retrocediendo para permitir que le pusieran el plato enfrente. Hinata hizo el mismo gesto—. ¿Necesitas ayuda con algo del trabajo?
—No —negó y buscó el tenedor correspondiente—. Más bien, me gustaría que finalmente conocieras a mi padre. Él se muere de ganas por verte oficialmente. Sabe que estamos prometidos y después de aquel día, pues quiere hablar contigo más.
El hombre hizo una mueca estudiada, una seriedad estudiada. Todo en él era ensayado. Como si necesitara la perfección para sentirse feliz. Pinchó la carne con cuidado para cortarla de un tajo perfecto.
—¿Sabes qué? Creo que es cierto. Tendría que tener una charla con él. Al fin y al cabo, es mi suegro. Tendré que verle tarde o temprano antes del día de la boda.
Hinata asintió esperanzada.
—Estoy segura de que mañana…
—No —interrumpió él llevándose un trozo de carne a la boca. Hinata esperó a que tragara—. Mañana tengo que irme de viaje por asuntos del trabajo, así que será imposible. ¿Tu padre volverá a viajar?
Hinata suspiró descorazonada.
—Sí. Por eso decía mañana. Pero veo que ambos sois hombres demasiado ocupados.
—Bueno, tu padre lo hace por luna de miel, no por trabajo —recordó él—. Igual hasta regresa con la sorpresa de que su nueva mujer está embarazada. Por un lado, es bueno, así otra puede ocupar tu lugar.
Hinata sintió la tensión acumularse en su espalda. Dejó el tenedor cuidadosamente sobre el plato y clavó los ojos en él, con el ceño fruncido. Él se detuvo y bebió lentamente del vino, chasqueando la lengua.
—Ya hemos hablado de eso —protestó—. No puedo dejar a mis hermanas así como así.
—No las dejas así como así. Te casas, que no es lo mismo. Tienen que dar por hecho que harás tu vida. Conmigo.
Hinata suspiró, cansada.
—Saben que tengo que hacer una vida contigo. Lo que no van a comprender es que tenga que hacerlo tan lejos.
—¿Lejos? Solo vamos a mudarnos a una ciudad que se puede llegar fácilmente en cinco días de coche y una hora de vuelo, por dios.
—Sería la primera vez que nos separamos —presionó temblando como un flan—. No quiero separarme de ellas.
—Entonces, no quieres hacer una vida conmigo libre y sin tener que estar cuidando de ellas —reflexionó él dejando la servilleta a un lado y levantándose—. Creo que podemos dar por zanjada esta reunión porque esta noche va a terminar en un caos de discusión y no tengo ganas de tener un viaje complicado por no poder concentrarme. Discúlpame, Hinata.
Hinata se quedó con la boca abierta, literalmente. No podía creerse que acabara de recibir tal desplante. ¿De qué forma podía hacerle entender que sus hermanas eran importantes para ella? Las quería en su vida, no lejos. No quería depender siempre del teléfono y estar en vilo cada noche que pudiera pasar algo. Ino, Sakura y Matsuri todavía eran unas crías. Dudaba que Izumi pudiera continuar más años así y Temari siempre parecía una bomba de explosión.
Intentó evitar que el llanto la venciera. No era el momento adecuado y tampoco quería dar más pena de la que ya daba al resto de personas a su alrededor.
Se puso en pie y tras pagar la cena, se marchó, con el rostro colorado y el frescor de la noche golpeándole las mejillas.
—Estás loca.
Sakura miró hacia ella. Ino estaba encaramada en la ventana, con los pies sobre la vieja escalera y una sonrisa triunfal en su rostro. Con una coleta en lo alto de su cabeza, tacones, falda y un top que se ajustaba perfectamente a sus enormes senos. Sakura no podía creerse que estuviera siguiéndole el juego.
—Nos vamos a matar. ¿Sabes? Encima, papá está en casa y ya sabes que tiene el oído muy fino. Si se entera que nos estamos escapando, nos caerá una buena.
Ino hizo un mohín de protesta.
—Tranquila. Ya he visto dónde está cada uno. Temari está acostada leyendo alguna de esas novelas baratas y románticas cargadas del sexo que prefiere leer y no probar. Izumi está frita en su cama. Papá está ocupándose de su esposa, ya sabes qué quiero decir. —Hizo un gesto con las cejas pícaro que Sakura prefirió ignorar—. Matsuri está haciendo un trabajo en la biblioteca y Hinata está fuera con su misterioso novio. Tenemos vía libre.
Sakura la siguió al darse por vencida. Saltar la ventana y encajar el tacón en la escalera no era tan fácil como Ino hacia ver. Al llegar al suelo, miró hacia su alrededor, dudosa.
—¿Por dónde ahora?
—Por valla vieja.
Sakura parpadeó sorprendida.
—¿Estás de broma? Esa valla da a la casa de los vecinos. Eso sería considerado allanamiento de morada.
Ino se encogió de hombros y empezó a caminar hacia allí.
—Ojos que no ven, corazón que no siente.
Sakura la siguió, pisando donde ella lo hacía hasta llegar a la valla. Ágilmente y gracias a su juventud, saltar no fue difícil. Lo difícil fue evitar que crujiera bajo su peso o que el polvo del óxido no se pegara a sus pantalones blancos. Ambas se ocultaron en las sombras, esperando por cualquier posibilidad de que su padre las hubiera escuchado y las regañara o que los chicos de la casa notaran algo extraño. Si por un casual alguno le daba por asomarse a la ventana y verlas, eran capaces de pensar a saber qué. Aunque a ella no le importara comerse a alguno de ellos, no era plan de entrar por la puerta de las ladronas.
Pero nadie se movió. Ninguna ventana se abrió para dejar ver una cabeza. Es más, las luces de la casa estaban todas apagadas y ni siquiera la moto que antes había aparcada frente al porche estaba. Era como si no hubiera ni un alma.
Sin darle demasiada importancia, Ino y ella avanzaron por el lado derecho del hogar de los hombres hasta salir la calle. Se agarraron del brazo y como dos tontas, se rieron tan fuerte que luego tuvieron que echar a correr en la dirección adecuada.
—¿Sabes que realmente podríamos haber salido si se lo hubiéramos dicho a papá? —dijo dando un tirón de Ino para que no se chocara contra una farola mientras reía como tonta.
—Lo sé. Pero… ¿Qué me dices de lo emocionante que es esto?
Sakura no pudo evitar reírse. Aunque generalmente podría tirarse de los pelos con Ino, eran estos momentos los que más las unían.
Caminaron por la silenciosa calle hasta llegar a la parada del autobús. Otro hombre esperaba, sentado y acurrucado en su chaqueta grisácea. Sakura lo miró un instante antes de quedarse de pie junto a Ino, que sí podía permitirse el sentarse sin mancharse la ropa. ¿Quién le mandaría ponerse unos pantalones blancos?
Lo importante era lo que iban a disfrutar en la discoteca esa noche.
Cuando el sonido de un motor llegó desde el otro lado de la calle, ambas levantaron la cara. Reconocieron al hombre moreno de la casa vecina, quien se detuvo al verlas. Se quitó el casco y sacudió la cabeza, con la coleta golpeándole los hombros. Su ceño estaba fruncido y parecía agotado.
—¿Sois las chicas de al lado? —cuestionó y miró de reojo al hombre que ni se había inmutado.
—Sí —respondió Ino poniéndose en pie—. Eres el hijo mayor. ¿Verdad?
Sakura percibió una mueca extraña en su rostro cuando asintió. Sus ojos oscuros las recorrieron con una mirada curiosa.
—¿Vais a algún sitio?
—A la discoteca. Nos han dicho que suele estar bastante llena —reveló esta vez ella.
Itachi Uchiha sacudió de nuevo la cabeza.
—Hoy está cerrada. Solo abren los viernes y sábados. Nunca entre semana. Esto no es como la ciudad (1) en la que vivíais antes —explicó—. La mayoría de jóvenes van a la ciudad vecina para divertirse. Pero este autobús no os llevará.
Ino maldijo entre dientes, ahuecándose el cabello.
—Genial. Nos hemos fugado para nada.
Itachi enarcó una ceja con curiosidad.
—¿Os habéis fugado?
—Mi hermana es algo exagerada —intervino Sakura frotándose los brazos—. Nuestro padre lo sabe, pero Izumi… es mejor que no.
Itachi se rascó la barbilla y miró a su alrededor.
—Bueno, no es una discoteca, pero puedo llevaros a una cafetería que conozco para que al menos entréis en calor —ofreció.
Ambas se miraron y llegaron al mismo tipo de ecuación: al menos disfrutarían de algo esa noche. Aunque no fuera de menear su cuerpo en una pista de baile, la compañía no era para nada mala.
Si lo miraban bien, ese hombre para estar en la quincena de su hermana, era un buen partido.
—Vale —aceptaron a la par.
Itachi asintió.
—Dejad que deje la moto, enseguida vuelvo.
Ambas asintieron y lo vieron alejarse por la carretera. Ino volvió a sentarse y miró divertida en la dirección mientras ambas esperaban a que regresara. El autobús llegó antes y el hombre junto a ellas se marchó en él.
—¿Qué te parece? —cuestionó Ino meneando las cejas sugestiva—. Es un guaperas.
—No te lo niego —reconoció mordiéndose el labio inferior. Sintió el carmín llenarle la lengua de un sabor terrestre—. Pero es demasiado mayor para mí gusto.
—Sakura y sus problemas de edad. Si sigues así, cada bombón que veas tendrá que ir con el carnet por delante. No vas a ser joven para siempre y dicen que los mejores tarros a veces son los más antiguos.
Sakura la estudió con el ceño fruncido.
—¿De verdad te acostarías con un viejo?
—¿Por qué no? —cuestionó Ino—. Si me gusta, no le veo problema. ¿Acaso piensas que papá no es atractivo, por ejemplo? Sé que no es un ideal como hombre dado que es nuestro padre y eso sería… puaj. Pero los de su edad no están nada mal si se cuidan. Y ese morenazo menos.
Ino señaló hacia atrás con la barbilla. Sakura se volvió para descubrir a Itachi regresar con dos prendas en un brazo que tendió hacia ellas. Una oscura y otra naranja chillón.
—Son de mis hermanos, pero seguro que es mejor que ir sin nada cuando refresca.
Ambas las cogieron cohibidas. Sakura aferró la oscura entre sus manos antes de colocársela sobre los hombros. Ino hizo lo mismo con la naranja y tras cerrársela y subirse la capucha, Itachi las guio por las calles hasta una cafetería.
Era una de esas llamativas que esperas ver llena de gente y sin embargo, exceptuando cuatro mesas al principio, el resto estaba vacío. Un joven hombre atendía la barra y en ese momento, tan solo se encargaba de sacar brillo a los vasos. Al verlos, levantó una ceja, dejó el trapo y el vaso y se acercó con el ceño fruncido.
Sakura creyó que esa mirada severa sobre Itachi no era nada bueno, pero cuando estallaron las manos en palmadas que se desviaron hasta sus espaldas, miró a Ino con la pregunta en los ojos. Ino solo sonrió y se encogió de hombros.
—Maldito lobo, Itachi. Nunca estás cuando creo que vas a estar y apareces cuando creo que no lo harás. Si no fuera porque sé que es imposible, diría que has usado artes oculares conmigo o algo.
Itachi sacudió la cabeza.
—Deberías de dejar de leer tantos mangas, Shisui.
El chico se rascó la nuca ligeramente avergonzado. Entonces, pareció percatarse de las chicas. Ambas hermanas le sonrieron con educación.
—Vaya. Hoy vienes bien cargado. Y no es por hombres.
Itachi se volvió para dejarles espacio.
—Son mis nuevas vecinas —presentó.
—Ino y Sakura Hatake —se presentó estrechando la mano que le ofrecían.
Ino no tardó en sacar a relucir su interés en él.
—Shisui, soy un primo lejano de Itachi. Y también trabajo en esta cafetería. La paga no es buena, las propinas menos, pero tengo derecho a leer todo el manga que me guste.
Ino chasqueó la lengua. Sakura le dio un codazo.
—Eso es fantástico. ¿Podríamos sentarnos?
—Ah, claro —invitó—. Pedid lo que queráis.
—¿No vas a traer una libreta? —cuestionó Ino mirándola con atención.
Él le dedicó una socarrona sonrisa.
—No. Los Uchiha siempre tenemos buena memoria. Nos viene de casta.
Itachi rodó los ojos y se agenció una mesa algo apartada de la puerta y de la barra. Shisui tomó nota de sus pedidos y se marchó canturreando algo. Sakura carraspeó cuando vio a Ino concentrada en sus andares.
La rubia le hizo un gesto de pregunta escandaloso y suspiró para picar unos panchitos que había sobre la mesa.
—Así que… ¿Ha escondidas de vuestra hermana? —cuestionó Itachi mirándolas fijamente.
—Sí —respondió Ino sin dejar de mirar a su alrededor—. Si ella supiera que estamos aquí ahora mismo, seguro que vendría a buscarnos para arrastrarnos de la oreja. Creo en serio que necesita un novio.
Itachi enarcó una ceja con curiosidad.
—Pensé que tenía. Hasta que estaba casada.
Sakura negó esa vez.
—Tuvo una pareja hace tiempo, pero por el desafortunado destino, no fueron.
—¿Ella lo dejó? —se interesó.
—No. Es algo delicado —expresó Ino—. Procuramos no hablar demasiado del tema, pero no creemos que con lo que sucedió nuestra hermana tenga que haberse convertido en nuestra madre y no vivir la vida. Seguro que ya debería de estar casada al menos. Ni siquiera continuó su carrera.
—La terminó realmente, pero no la ejerce —aclaró Sakura antes de que hubiera malos entendidos. Ino bufó.
—Es como si no hubiera hecho nada. La otra noche, por cierto, la atacaron en casa. Algún pervertido o ladrón que entrara.
Itachi las miró con curiosidad, más si cabía.
—¿Qué ocurrió? —inquirió.
—No lo sabemos. Ella es del tipo que se guarda las cosas para sí misma. Dijo que iba a colocar la alarma, arreglar la valla y listo. Si hubiéramos sido una de nosotras…
—Menudo escándalo habría armado —terminó por Ino.
Itachi se echó hacia atrás cuando Shisui llegó con las bebidas. Las dejó sobre la mesa una a una y antes de alejarse, le guiñó un ojo a Ino, que le devolvió el gesto sacándole la lengua.
—Es natural que los hermanos mayores nos preocupemos por los menores —les explicó pausadamente—. Si algo le sucediera a uno de mis hermanos, yo también entraría en pánico, seguramente. Y los míos son terribles. Si estuvieran haciendo ahora mismo lo que vosotras, les cogería de la oreja y los llevaría a casa sin dudarlo.
Ambas tragaron, mirándose a una y otra. ¿Sería prudente decirle que no había nadie en su casa cuando ellas salieron? Pero Itachi había ido a su casa y les había traído ambas chaquetas para las dos. Debería de haber visto su casa en silencio y sin luces.
Por otra parte, tampoco querían ser unas chivatas.
—Eso sí que es ser un hermano protector. Creí que con los chicos se hacía la vista aparte.
Itachi detuvo la Coca-Cola que se llevaba a los labios.
—¿Por qué? —cuestionó clavando los ojos en Ino, quien se encogió de hombros antes de responder.
—Porque ellos no corren el riesgo de volver embarazados —explicó.
Itachi bufó y dio un trago finalmente a su bebida.
—Eso es una tontería —puntualizó—. Una mujer no solo se queda embarazada por salir de fiesta unas horas. Y creo que eso lo sabéis bien. Hasta en un colegio puede pasar. O una tarde en que están en el parque comiendo pipas en un banco y se van a la parte trasera para un rapidito. Y en ese rapidito, hay un chiquillo en camino.
Shisui rompió en carcajadas al otro lado de la barra, fingiendo que eran estertores de tos. Itachi lo fulminó con la mirada.
—En eso tienes razón. Pero, algunos padres idolatran a sus hijas o creen a fe ciegas que ellas no irán a hacerlo en el baño del instituto o universidad porque, obviamente, están los profesores para protegerlas —dijo Sakura jugando con las etiquetas de su bebida.
—Con los varones es lo mismo, chicas. No os dejéis engañar. La hija trae el paquete. El chico es responsable de ello. Un hombre que no se hace responsable de sus acciones, no es un hombre.
—Por eso nunca veréis minis Itachis rondando por ahí —puntualizó Shisui mordisqueando una pajita.
Ino rodó los ojos.
—Tienes pinta de ser insufrible.
—No creas, no a todo el mundo puedo serle indiferente.
Ino se envaró.
—No he dicho eso.
Shisui se volvió para regresar a la barra e Ino lo siguió echando pestes. Sakura se cubrió el rostro desconcertada.
—Lo siento. Que se comporte así con tu primo.
Itachi se encogió de hombros.
—No importa. Shisui también se lo busca él solito.
Sakura asintió y miró hacia el exterior. No pasaba ningún coche a esas horas y el cristal reflejaba el interior del café. Podía ver a Ino recostada contra la barra y hablar en voz baja con el camarero. Parecía que su enfado había terminado y una sonrisita empezaba a dibujarse en su rostro.
—Se me hace muy curioso que decidieran mudarse a este lugar. ¿No sería mejor una casa grande en la ciudad central?
Sakura desvió la mirada del reflejo de Ino para clavarla en él. Sus ojos tenían la misma oscuridad que había visto en Sasuke y sus cabellos tenían hasta el mismo toque oscuro.
—Mi padre y mi madrastra, su nueva esposa, crecieron aquí. Mi padre quería traernos a sus raíces y también, un lugar cerca del trabajo de Hinata. Como no queda lejos de la universidad, no podemos quejarnos. En sí, la única que trabaja es Hinata y no se hubiera quejado ni aunque le molestara.
—Creo haber visto a Hinata —sopesó. Sakura sonrió para sus adentros.
—Bueno, es la única que tiene el cabello largo y oscuro. ¡Oh! Y heredó los extraños ojos de su madre. Pero, lo siento, ya está pillada. Al parecer tiene un prometido en alguna parte.
Itachi se echó hacia delante totalmente serio.
—Tranquila, de interesarme una de vosotras, seguramente sería la mayor —dejó caer—. Gracias a mis hermanos las mujeres no me atraen más jóvenes que yo.
Sakura sintió que las mejillas le ardían y no tenía idea de por qué. Itachi la miraba fijamente, con seriedad. Y a la vez que había dejado caer una bomba frente a ella, creaba una barrera que le protegiera de posibles ideas de enamoramiento hacia su persona.
Sakura suspiró aliviada. Ella no tenía interés en hombres de la misma edad que su hermana. Quizás fuera demasiado selectiva como solía decir Ino.
De todas maneras, tenía un dato muy importante que no podía desvelar a su hermana mayor a menos que se delatara. Quizás Itachi, como hermano mayor podría comprender mejor a Izumi y por ello la hacía participe de tal notición.
Por suerte, Ino no estaba ahí para delatarla.
Como tampoco estaba en la barra donde la había visto por última vez y… tampoco el camarero.
Se puso en pie para mirar mejor. Itachi siguió su mirada y maldijo entre dientes, levantándose a la par.
—¿Cabe la posibilidad de que esté en el baño? —cuestionó.
—No —negó totalmente segura—. Está con él.
Apretó los puños dispuesta a encarar a Ino y su idiotez. ¿Por qué demonios tenía que hacerle esas cosas?
Itachi la retuvo del brazo, enarcando una ceja.
—¿No sería mejor esperar?
Sakura se zafó con algo de brusquedad.
—Ni de coña. Tú lo has dicho antes. La gran mayoría de embarazos pueden ocurrir hasta en un baño.
Y se volvió dispuesta a sacar a su hermana del atolladero en el que estuviera metida de los pelos de ser necesario.
No era la mejor noche de su vida, pero estaba completamente mejorando.
Cuando habían ideado salir para ir a la discoteca jamás pensó que se arruinaría el plan. Y aunque Itachi podía ser un bombón, que estuviera tan interesado en su hermana mayor no le daba muchas ganas de intentarlo si quiera. Cuando un hombre ponía sus ojos en otra mujer, especialmente en una de sus hermanas, esperaba que fuera para siempre.
Había creado la típica técnica de tirar del sedal sin que Sakura y Itachi se percataran. Cuando se dio cuenta, se había alejado con Shisui hacia la parte trasera del bar y ahora mismo, sentía millones de cosas placenteras con la promesa de más. En lugar de usar su boca para burlarse de ella, estaba más ocupada en otros temas y, sinceramente, muy interesantes.
No es que fuera el lugar más cómodo para tener un momento intimo en la parte trasera de un bar, donde olía a licor, plástico y otras sustancias que no tenía ganas de averiguar, pero las cosas habían sido peores anteriormente.
Cuando sintió un pellizco en el pezón, volvió en sí, parpadeando.
—Oye, no los muerdas así —regañó—. No me gusta y duelen.
Él levantó la mirada con curiosidad.
—¿Qué dices? Estoy seguro de que os encanta y solo os hacéis las duras.
Ino gruñó deteniéndolo por los hombros.
—Pues a mí no me gusta. Es más, acabas de córtame la libido al completo.
El chico enarcó una ceja, echándose hacia atrás y mirándola desde su altura.
—¿Estás deteniéndome?
Ino fue a cabecear con seguridad. Hasta que una voz la interrumpió.
—Si no lo hace ella, te juro que lo haré yo.
Ambos se volvieron hacia la puerta. Sakura estaba en el pasillo, crujiéndose los nudillos y mirando severamente hacia ellos. Itachi asomó la cabeza con curiosidad.
—Vaya, realmente están jugando a cosas de mayores y desatendiendo la barra. No es por asustarte, Shisui, pero hay un tipo enorme jugando con tu caja registradora.
—No me jodas, Itachi —reprendió el chico y abandonó el lugar para dirigirse a la parte delantera.
Sakura se volvió hacia el mayor de los Uchiha.
—Gracias.
—Ni me las des —dijo dándole una palmadita en el hombro—. Os esperaré fuera. Creo que será mejor volver a casa.
Sakura asintió con la cabeza y al menos tuvo la decencia de esperar que Itachi se alejara lo suficiente como para mirarla en espera. Ino se cerró la ropa, suspirando.
—No todos los panaderos saben amasar bien el pan.
—¿Eso es lo único que vas a decir? —cuestionó Sakura cruzándose de brazos.
—¿Qué quieres que te diga? He salido a disfrutarlo, no a sentarme como una vieja en una mesa o como una niña a esperar la hora de irnos a casa. Por dios, para eso le hubiera pedido a Izumi que saliera con nosotras en vez de escaparme por una ventana a riesgo de romperme la crisma con la escalera y los tacones.
—Comprendo que necesitaras divertirte, pero la próxima vez tendrás que informarte mejor de la discoteca. Bastante amable ha sido Itachi en cuidarnos para que no nos pase nada.
—¿Qué? —masculló sin comprender.
—Antes de entrar se ofreció a hacerlo él pero lo descartó para asegurarse de que estuvieras vestida y no en pelota picada. Y bien podría haberse ido a casa, dejándonos a la suerte. Sin embargo, se ha quedado con nosotras para distraernos.
Ino entrecerró los ojos. No sabía bien si disculparse o no. Esa noche había actuado como una cría, de eso estaba segura. La misma insatisfacción la aturdía lo suficiente como para obrar mal.
—Vale. Le daré las gracias.
—Haz solo eso, por favor —gruñó Sakura siguiéndola cuando avanzó hacia la salida.
—¿Qué quieres decir? —inquirió.
—Pues que por una vez le des las gracias a un chico sin tener que bajarle la bragueta.
Ino se detuvo al instante. Sakura se llevó las manos a la boca sorprendida hasta consigo misma. Cuando sus ojos se encontraron supo que le había dolido hasta a ella misma esas palabras. Aún así, el enfado provocó que soltara un taco de sobremanera y sin esperar a nadie, echara a andar.
Sakura salió para perseguirla y un instante después, Itachi las alcanzó. Ino caminaba a grandes pasos frente a ellos y Sakura guardaba una distancia prudencial, cosa que agradecía. No quería tener que ver su cara más de lo necesario.
Los escuchó hablar a su espalda y eso la irritó todavía más. Casi sintió ganas de volverse y gritarle que quizás ella era la que quisiera meterse en la bragueta de otra persona. Por más que Sakura continuara afirmando cabezonamente que nunca estaría con un hombre mayor que ella, a saber si era capaz de luchar con los encantos de Itachi Uchiha.
Cuando llegaron a la casa, una de las luces de la casa del hombre estaba encendida. Le hizo un gesto para indicarle que iba a entrar y se aventuró por el lado de la verja y saltó, sin esperar un asentimiento o una negación. Tampoco esperó a Sakura.
Media hora después, cuando ella entraba al baño, desnuda, la vio salir por la puerta de su cuarto de puntillas. Ino maldijo entre dientes.
No quería que siguieran señalándola con el dedo por algo que ella no había cometido. Por eso adoraba las plantas. Era el tipo de ser que agradecían tus cuidados y eran delicadas. Suaves. Jamás te herían o traicionaban.
La luz del pasillo se encendió justo cuando batallaba con sus pantalones de pijama. La primera idea de que hubieran pillado a Sakura la asustó. Pero cuando escuchó la voz de Izumi en un susurro y la de su padre seguirle, comprendió que no era así.
Se vistió rápidamente y corrió de puntillas a deshacer la cama, haciéndose una trenza de cualquier forma, salió tallándose un ojo.
—¿Qué ocurre a estas horas? —cuestionó.
Izumi clavó la mirada en ella. No había ni rastro de que dudara de que hubiera estado durmiendo en la cama en vez de acabar de llegar de la calle.
—Es Hinata.
—¿Hinata? —cuestionó ya sin deseos de cubrir su escapada —. ¿Qué le ocurre?
Sakura se asomó al escuchar su voz. Llevaba puesto el pijama y se había alborotado el cabello lo suficiente para que pareciera recién levantada.
—¿Ha pasado algo? —dijo acercándose a ellos.
—Hinata llega tarde —explicó Izumi —. Me dijo que iba a salir pero que volvería antes de las dos. Son las tres. Y sabéis que ella nunca se retrasa. Me levanté para ir a tomar un poco de agua y su cama sigue hecha. Tampoco tengo un mensaje que avise de que no fuera a venir. Y siempre, siempre, siempre, lo envía.
Sakura enarcó una ceja.
—¿Has pensado que quizás haya querido adelantar la luna de miel?
Todos se callaron para mirar a Sakura. Ino apenas podía creerse lo que había insinuado. Estaban hablando de Hinata. Esa mujer que llevaría puesto un cinturón de castidad hasta el día de su boda. Diablos, si con solo ver un beso en la televisión apartaba la vista azorada.
—¿Estás de broma, frentona?
Sakura la ignoró.
—En serio, es mayorcita. Dejad de preocuparos tanto por ella.
Se dio la vuelta para volver a su habitación. Cerró casi de un portazo.
Izumi estaba por ir hacia ella cuando su padre la retuvo.
—Está bien, Izumi. Sakura siempre ha tenido malos despertares. Tiene razón, Hinata ya es mayorcita. Seguro que llamará más tarde.
—¿Y si no lo hace? —presionó la mayor mirando hacia ella en busca de apoyo—. ¿Y si resulta que no está con su novio y le ha pasado algo?
Ino sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Izumi siempre había sido exagerada a la hora de preocuparse por ellas y Hinata muy puntual. Si algo había pasado la primera no se lo perdonaría jamás.
—Solo ten un poco de paciencia.
Y esperó no equivocarse.
Su padre la siguió tras enviar a Izumi a la cama y que no despertara a nadie más. Su rostro era sonriente, pero había algo en él que delataba que sabía más de lo que decía. Cuando se metió en la cama y él se sentó a los pies, dándole un toque suave en la rodilla como gesto cariñoso, Ino se sintió horrible por mentirle.
—Habéis salido.
Ino asintió y suspiró abrazándose las piernas. No era una postura cómoda teniendo en cuenta su problema con ambos senos.
—No es que quisiéramos ocultártelo a ti. Pero ya ves cómo es Izumi con nosotras. Seguro que Hinata solo está tomando algo de más con su novio, luego cogerá un taxi y mañana se disculpará por olvidarse de enviarle un mensaje a su hermana controladora por divertirse con su pareja.
Kakashi Hatake asintió lentamente.
—Lo sé. Hice mal en dejaros siempre a cargo de Izumi. Como veía que yo no terminaba de tener una relación duradera se echó la carga sobre sus hombros y desde entonces, creo que no ha sido nada feliz.
Ino estudio su rostro lleno de pesadumbre.
—¿Qué podríamos hacer?
—No lo sé. He discutido muchas veces con ella para que salga, que se distraiga. Que encuentre un hombre y sea feliz. Que se case y me dé nietos si quiere. Antes le preocupaba que yo estuviera solo, pero ahora tengo a Rin. Soy feliz. Pero me falta la felicidad de mis hijas para culminarlo. Y la felicidad de todas, Ino.
La miró con una de esas sonrisas afables suyas que a veces querían decir tantas cosas a la vez que eran incomprensibles. Pero estaban cargadas de amor.
Ino se movió y como si de una niña pequeña se tratara se acurrucó contra él.
—Sería más feliz si a partir de ahora salieras por la puerta principal. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
Naruto tenía un cabreo del copón. De esos que necesitabas mandar todo a la mierda y que ni siquiera podría calmar durmiendo. Mucho menos follando con cualquiera. Aunque en esto último era lo que menos podía pensar en esos momentos.
El ataque de Gaara los tenía a todos con los nervios de punta. Lo más irritante de todo es que él había sido consciente de que algo estaba por ocurrir y por hacerle caso, no avisó hasta que se hizo evidente.
Taichi se había enfadado con él como nunca y lo había enviado a caminar para tranquilizarse. Llevaba horas en ello y solo conseguía enfadarse cada vez más. Lo peor es que empezaba a hacer frio y quería volver a casa. Aunque encerrarse entre paredes no parecía una buena opción en esos momentos.
… yuda…
Se detuvo al instante.
Siempre había tenido bueno oído. Y le había servido de mucho a la hora de sus tantos trapicheos necesarios para pagarse la comida a él y sus hermanos. Así que quizás fuera algo que llevara el viento, porque era raro que a esas horas y por esa zona, no se levantara cierta corriente peligrosa. Miró a su alrededor.
El puente estaba vacío al completo. Ni siquiera un trasnochador caminaba distraído de la hora o cubierto de la sombra del insomnio. ¿De dónde entonces provenía ese susurro?
Por… vor…
Giró sobre sus pasos hacia el lado derecho del puente. El mar estaba cubierto en olas oscuras gracias a las luces que las lámparas de la noche dejaban caer sobre él. Se acercó un poco más cuando la escuchó nuevamente. Se inclinó todavía más y entonces, la vio.
Estaba acurrucada sobre un risco sobresaliente del puente de piedra, aferrada a la barandilla. Su bolso colgaba del saliente y su falda parecía estar rasgada, dejando una pierna al aire. Tiritaba y movía su boca sin que apenas saliera su voz.
Por la forma en que el pelo se le pegaba a la piel parecía llevar horas ahí.
—¡Espera! —gritó.
Ella le miró con los ojos abiertos de par en par en súplica. Naruto corrió hasta su altura y saltó hasta quedar aferrado a la barandilla y, a su vez, poder sostenerla.
—No mires abajo —ordenó—. Menudo día para decidir asomarse a mirar los peces. ¿Verdad? —bromeó.
La mujer tartamudeó una respuesta que no alcanzó a escuchar. Al parecer, no tenía apenas voz. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí aferrada?
—Vale. Voy a pasar mi mano por debajo de tus hombros y levantarte. No te sueltes de las barras, pero tampoco forcejees con mi tirón. ¿De acuerdo?
Ella cabeceó y él actuó.
Fue entonces, al estar más cerca, que la reconoció. Se maldijo entre dientes y tiró de su cuerpo, saltando por la valla y cayendo de espaldas con ella sobre él.
—Buff. Vale. A salvo.
La mujer estaba sentada sobre sus caderas, jadeante, con el cuerpo tembloroso y los ojos cerrados. Naruto se apoyó con las manos sobre el cemento de la acera y la estudió. Sí. Era ella.
—Oye. ¿Querías suicidarte? —cuestionó.
La joven abrió los ojos con sorpresa y negó. Con la voz tomada por los gritos y la afonía, intentó explicárselo. Por lo que pudo entender, había estado sentada en la barandilla, sumida en sus pensamientos, cuando el viento cambio repentinamente y una ráfaga la hizo caer. Tuvo suerte de quedarse sujeta al risco, pero nadie hizo caso de sus gritos hasta que él apareció.
Alargó una mano para posarla sobre su mejilla, inconsciente, amable.
—Está bien. Yo te escuché.
Le sonrió abiertamente y tras darle unas palmaditas en el hombro, intentó ponerse en pie. Ambos fueron conscientes de la postura en la que se encontraban y de un brinco, ella se apartó.
—Lo siento*…
—Nah, no te disculpes. Caímos así. ¿Qué tal si volvemos a casa?
—Sí.
Naruto se puso en pie y caminó a su lado en dirección a su hogar. La chica temblaba a su lado y parecía que las piernas no fueran a sostenerla. Suspirando, se arrodilló a su lado.
—Sube —demandó.
—¿Qué?
—No puedes caminar bien, así que te llevaré a mi espalda.
—Podemos... tomar un…
—Los taxis no pasan a estar ahora, así que solo estoy yo.
La mujer pareció dudar el tiempo suficiente como para pensar que se había echado atrás. Pero cuando sintió sus brazos rodearle el cuello, Naruto se tensó y se preparó para el resto de su peso. Olía a sal y tierra.
La cargó durante todo el camino, sintiéndola temblar a su espalda.
—Un error así lo tiene cualquier, ttebayo —explicó—. Mi hermano Gaara casi me tira por un acantilado una vez, así que sé que se siente estar al filo de la muerte.
No iba a contarle que era un experto saltando ventanas. O que era capaz de andar por encima de un cable sin caerse y regresar con el objeto que hubiera robado. Existían cosas que era mejor no contarle. Al menos, no todavía.
Una vez poseyeran lo necesario, ellas no se darían cuenta de que las habían usado si quiera.
Pero tampoco podía dejarla morir de esa forma horrible. ¿Cuántas horas llevaría soportando el miedo y aferrada al puente con todas sus ganas?
La respiración de la mujer se hizo extraña en su oído. Temiendo que estuviera cerca de la fiebre, se detuvo. Para su sorpresa, se había quedado dormida. Suspiró aliviado y continuó su camino. El cabreo se le había pasado lo suficiente y ahora, sintiendo el calor tras su espalda, no pudo evitar pensar que hacer cosas buenas también se sentían completamente reconfortantes.
Cuando llegaron a su calle se preguntó qué demonios debía de hacer. ¿Dejarla en su casa? ¿Debería de llamar a la puerta de la enorme mansión para que vieran que había pasado con su hermana?
Al no saber qué hacer, se quedó como un pasmarote delante de la puerta, hasta que sintió una mano sobre su hombro.
—¿Qué ha ocurrido?
—Itachi —nombró sorprendido.
—La encontré en el puente a punto de morir —explicó. Sabía que en esos casos a Itachi era contarle la verdad—. Conseguí rescatarla, pero se ha quedado dormida durante el trascurso. Casi se mata, ttebayo.
Itachi buscó en su mirada antes de asentir. Todavía tenía el ceño fruncido tras la discusión del hospital, pero le creía.
—Mejor llamaremos a la puerta.
—Pero es tarde y…
—Naruto. Si uno de vosotros hubiera estado a punto de morir, te aseguro que querría saberlo antes de que me mintieran sin importar la hora que es. Creo que te lo he dicho antes. ¿Verdad?
Naruto apretó los dientes y agachó la cabeza.
—Sí.
Naruto sacudió la cabeza para deshacerse del recuerdo y miró hacia la verja mientras que Itachi presionaba el viejo porterillo. Dudaba que funcionara con el mal aspecto que tenía, pero cuando el sonido estridente de una campana resonó por toda la casa, se sorprendió.
Unos minutos después aparecieron varias figuras por la puerta.
Reconoció a la mayor de ellas correr hacia ellos seguida de un hombre de cabellos grises, seguramente, su padre. Detrás de este iba a una mujer de cabellos castaños y la tercera hermana, rubia y con el ceño fruncido.
Tras abrir la puerta, la mayor jadeó.
Naruto se agachó para entregársela al padre y rápidamente, lo hicieron a un lado.
Fue la mujer rubia la que se volvió hacia él tirando de su camiseta.
—¿Qué le has hecho? —gruñó—. ¿Qué le has hecho a mi hermana?
—Nada, ttebayo —aseguró levantando las manos en rendición—. La encontré en…
—¡No mientas! —gruñó sacudiéndolo.
Itachi intervino antes de que la cosa empeorara. Sujetó la mano de la mujer con cuidado.
—Mi hermano está diciendo la verdad, le crea o no. Su hermana se había caído con el viento a un lado del puente y estaba en peligro. Nadie la vio hasta que él lo hizo. Puede no creerlo y esperar a que su hermana despierte para corroborarlo si gusta. Pero no le permitiré que dañe a mi hermano en medio de su histerismo.
La mujer abrió la boca para protestar.
—Temari —interrumpió el hombre—. Entra dentro y llama una ambulancia. La prioridad es llevar a Hinata a un hospital.
Soltando una palabrota, obedeció. Naruto miró a Itachi inquisitivamente.
—Nos retiraremos —ordenó.
Él obedeció con una inclinación de cabeza hacia los demás. El hombre sostenía a Hinata en brazos. Kakashi Hatake. Aquel al que tenía que robar algo que lo expondría rápidamente al ridículo. A él y sus hijas.
Shikamaru bostezó por cuarta vez e intentó enfocar la vista en el móvil. Itachi le había enviado un mensaje contándole lo que al parecer parecía sacado de una telenovela romántica. Naruto había salvado a una de las hermanas de morir e iban hacia el mismo hospital donde estaban ellos. En realidad, solo Gaara y él. Sai se había marchado hacia una hora cuando terminó su turno de vigilar al pelirrojo y lo dejó como perro de guardia.
Sasuke se había marchado horas antes y probablemente había estado durmiendo calentito en su cama. Cómo lo envidiaba.
Gaara se removió en la cama en medio de su sueño. Le habían puesto calmantes y tenía un tuvo intravenoso en el brazo. Su rostro estaba más pálido y su cuerpo más delgado. Ninguno se había dado cuenta de ello. Y Gaara tampoco era de los que decía nada. Podía estar muriéndose en un rincón de la habitación que se mantendría en silencio, acurrucado, agarrándose la cabeza y con los ojos cerrados.
Su alimentación no era la correcta. No tenían dinero para poder mantenerlo adecuadamente. Necesitaba nutrientes que eran demasiado caros para su bolsillo. Los ataques persistían cada vez más y la medicación había meses que no podían permitírsela. Shikamaru era el que se encargaba de comprarla debido a que Gaara, dispuesto a hacer un sacrificio por ellos, dejó de tomarla durante un tiempo, llegando a mentirles.
Itachi, en lugar de enfadarse con Gaara decidió optar por el lado rápido y atestarle a él el trabajo de tener que comprarlas. Ese mes había sido uno de los que no podían permitírselo. Según Naruto, había tenido un ataque del que nadie se enteró. Gaara lo había dejado caer como si nada y aunque siempre tenían un ojo sobre su hermano desde pequeño, con la llegada de las mujeres y el nuevo trabajo, no había tenido tiempo de prestarle más atención.
Era una herencia fantástica la que había dejado su padre. Los médicos aseguraban que tendría cura, pero era con un gen especial sacado de la médula materna. Por supuesto, ellos no podían conseguir traer a la madre de Gaara para hacer una operación tan delicada. No era una causa de muerte a corto plazo, pero hacerlo le ayudaría a poder llevar una vida normal sin necesidad de tener que estar sufriendo como si su cerebro se quemara por dentro o se retorciera dentro de una batidora.
Al menos, eso es lo que siempre explicaba. Pero con Gaara no podías saberlo a ciencia cierta. A veces exageraba un poco las cosas o se las callaba, que no era lo mismo. Eso lo irritaba de cierta manera. Pero Shikamaru quería a su hermano del mismo modo que a todos los demás. Lo único que le cabreaba era tener que quedarse en vela a su lado en el hospital con lo cómoda que era su cama.
Y ser pobre.
Si pudiera despilfarrar el dinero como muchas otras personas, pagaría médicos mejores para su hermano. Le compraría mil botes de medicina de ser necesario y lo nutriría con la mejor de las comidas.
A Naruto y Sasuke les compraría una moto para cada uno y les pagaría los cursos para que no tuvieran que ser becados. Sai podría permitirse tener un estudio de pintura para él y no dormir encima de lienzos o robar pintura de las obras. Itachi podría arreglar su moto y montar un garaje como siempre quiso hacer.
Y él podría estar a la bartola todo el tiempo que quisiera, sin preocuparse.
Todos podrían irse a vivir a una casa nueva, sin tener que arreglar nada en la que vivían. Incluso si compraba el terreno podría edificar unos pisos para que cada uno tuviera el suyo y dejaran de molestarse tanto.
Itachi podría dejar de ser su padre y ser su hermano.
Pero para tener todo eso necesitaban robar lo que tenían justo al lado de su casa. O al menos, entrar por la puerta grande. Pero si lo hicieran, tendrían que marcharse de ese lugar. Tampoco es que fuera a echarlo de menos. Podrían largarse a otro país libremente.
Ya no necesitaría ser más un carterista.
Un carterista al que una niña le quitó su carterita.
De solo recordarlo le fastidiaba.
Que ingresaran a Hinata quizás fuera una buena excusa para pasarse por el lado de los ricos. Quizás así consiguiera llevarse algo. Pero necesitaba que alguien lo suplantara con Gaara. Así que tendría que esperar a que fuera de día y Sasuke o alguno de ellos decidiera quedarse.
Se acurrucó en la silla lo mejor que pudo y levantó los pies para apoyarlos al borde de la cama de Gaara.
Bostezó. Iba a ser una larga noche.
—¿Ocurre algo?
El doctor clavó la mirada sobre los papeles que acababan de pasarle. Estaba de guardia y era una noche agitada tras que un accidente en el pueblo vecino le hiciera trabajar de más. Pero las vidas humanas no eran algo que tomarse a la ligera. Mas jamás pensó que encontraría algo como lo que tenía justo delante de sus narices.
Su enfermera se inclinó interrogativa sobre el escritorio mientras él se guardaba el bolígrafo en el bolsillo y se ponía en pie.
—Solo que he encontrado a alguien. Alguien que no esperaba encontrar en este hospital.
Le extendió el papel que ella tomó con cuidado. No pudo evitar percatarse de su anillo de bodas brillar en su anular. Podría haber sonreído para sus adentros y sentirse orgulloso como siempre. Y, sin embargo, en ese momento se sentía confuso y más cabreado que otra cosa.
—Señor, su urgencia está aquí.
—Voy.
Su enfermera le sonrió en ánimo y él avanzó para recibir a la mujer que venía escoltada por un hombre y una joven rubia. El hombre agrando los ojos al verle y, quizás, reconocerle. Pero se hizo a un lado cuando se inclinó para tratar a la joven en la camilla.
Qué casualidades de la vida. Qué irónica era.
Continuará...
Notas de autora: Este capi ha salido un poco más corto que el otro. Pero he tenido que cambiar algunas cosas y al final se ha quedado así.
Sé que siguen con la duda de quién es el prometido de Hinata, pero más adelante saldrá a la luz. No se preocupen =).
*: La voz de Hinata está herida, así que por eso va en cursiva.
(1): Itachi no sabe de dónde proceden ellas del todo.
