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ºNunca te enamores de esas hermanasº


7º: Fiesta


Voy a avanzar para enamorarte, aunque ni siquiera yo sé que quiero hacerlo, porque al corazón no se le compra con deseos.


Era un silencio extraño. Nuevo especialmente. Recorría la mansión Hatake desde arriba hasta abajo. Sólo las cucharillas contra la taza, el sorber y la cafetera en la hornilla era el ruido mayor. Ninguna de ellas abría la boca pero todas se miraban en busca de respuestas.

Temari sostenía su taza de café entre las manos mientras elaboraba una larga lista de la compra. Sakura, morruda, estaba inclinada sobre su móvil tecleando sin parar. Ino recogía algunas semillas de un tarro que Temari le preparó mientras mordisqueaba un trozo de tostada. Matsuri parecía estar completamente en babia, como si estuviera imaginando algún tipo de historia romántica en su cabeza. Y Hinata estaba cabizbaja, jugando con su comida.

Podía entender que cada una había tenido problemas esos días, que las cosas estaban cambiando desde que llegaran a ese nuevo hogar. Cada una estaba tan inmersa en su mundo de problemas que no parecían darse cuenta de algo.

Bueno, ella sí y Kakashi también, que ya le había echado diez cucharadas de azúcar al café, leía el periódico al revés y lanzaba miradas hacia la puerta, nervioso.

No pudo evitar sonreír con ternura ante ese gesto. Sí, un padre siempre sería un padre. Hasta cuando la mayor de tus hijas cuya edad ya superaba la mayoría de edad de sobras, no aparecía a dormir. Él, que siempre había suspirado esperando que Izumi decidiera hacer algo más que ejercer un papel de madre que no debía, estaba nervioso.

Rin lo conocía lo suficiente como para saber que aquello que había esperado siempre también le daba pavor.

Probablemente, por con quien había terminado pasando la noche. Kakashi estaba adoptando muy buena opinión de los chicos tras las veces que habían salvado a sus hijas. Pero, ¿qué padre podía entregar a sus hijas con tanta facilidad?

—Sé que Izumi merece ser feliz. Ha estado cubriéndome las espaldas demasiado tiempo y no ha conocido el cariño ni la guía de una verdadera madre por mi culpa. Estoy feliz, pero sigue siendo mi niña —le había confesado esa noche.

Que ellos no se hubieran marchado de Luna de miel ya era a causa de ellas, de los problemas que estaban teniendo esos días. Especialmente Hinata, quien tenía en vilo a su padre con su prometido.

A Rin no le importaba aplazarlo el tiempo que hiciera falta. Es más, ella misma se había negado a tener la luna de miel mientras se mudaban. Pero Kakashi se había dejado convencer por sus niñas y ambos esperaban el momento. Rin se había negado a irse desde que Hinata fuera ingresada. Sabía que Kakashi no iba a estar concentrado en otra cosa y que la distancia iba a terminar estresándolo de más.

Miró el reloj. Iban a dar las ocho. Era raro que Izumi no estuviera ya entrando por la puerta y echando alguna excusa.

—¿Dónde está Izumi?

Fue la vocecilla de Hinata la que delató lo que era importante. Las demás chicas levantaron la cabeza casi a la par, clavando sus ojos en la puerta. Kakashi dio un respingo y no fue el único en la mesa. Matsuri casi se atragantó con el chocolate que estaba tomando. Se puso en pie como un resorte.

—¡Me voy a clases que llegaré tarde! —anunció.

—Espera. ¿No quieres que te lleve? —intervino Sakura. Matsuri lo descartó dándole un beso de chocolate en la mejilla y echando a correr.

Si Rin no estuviera segura del todo, pensaría que sabía más de lo que quería mostrar. Parecía una fugitiva.

—¿Y bien? —recordó Temari—. Que no se haya levantado todavía puede ser que se le hayan pegado las sábanas. ¿Bebería algo anoche?

La segunda hermana se puso en pie dispuesta a ir al dormitorio. Kakashi la sostuvo del brazo y carraspeó.

—Izumi no regresó anoche a casa —confesó finalmente—. Démosle un poco de libertad. Se la merece.

Rin sólo parpadeó una vez para que el caos estallara. Hermanas mayores preocupándose por la mayor de todas. Las más jóvenes haciendo preguntas a diestro y siniestro, sacando conclusiones.

Kakashi la miró en busca de ayuda. Ella sólo le sonrió.

¡Ánimo, cariño!


Izumi se dio un manotazo mientras dormía que terminó por espabilarse lo suficiente como para descubrir que tenía un buen dolor de cabeza anunciándose. Se frotó las sienes con ambas manos y notó que las mangas resbalaban por sus brazos, negras. Ella nunca dormía con camisetas. Sus pijamas siempre habían consistido en kimonos cómodos de noche. Perfectos para su comodidad, así que no tardó en preguntarse por qué estaba esa cosa en su cuerpo.

Se palpó hasta el pecho, notando que al menos su sujetador continuaba ahí bajo la camiseta. Parpadeó e intentó enfocar. No estaba en su dormitorio. Era la habitación de un hombre. Un montón de ropa estaba tirada de cualquier forma sobre un sillón viejo, sobre un mueble descansaban colonias, un cepillo, algo de cuidado para el cabello masculino, desodorante y enseres para afeitarse.

Las paredes necesitaban algún que otro arreglo que la pintura no podía cubrir y los muebles habían conocido mejores tiempos.

Miró a su alrededor una vez más y entonces se percató, dando un brinco.

Él estaba dormido a su lado, boca arriba, con el cabello desperdigado en la almohada. Cubría sus ojos con uno de sus brazos y no llevaba camiseta. No estaba segura debido a que las mantas y sábanas cubrían sus caderas de si estaría más desnudo.

La confusión llegó con un dolor de cabeza.

Claramente llevaba su camiseta y no recordaba nada en claro. Lo último que tenía en mente era haber estado tan enfadada que terminó bebiendo de más cuando no estaba acostumbrada. Y no tenía ninguna experiencia en qué pasaba cuando se emborrachaba y estaba cerca de un hombre.

Un hombre que claramente era capaz de sacar de ella cosas que hacía mucho tiempo que había extinguido.

Y encima no recordaba nada de nada. Si pudiera sentirse peor, seguro que lo haría.

No podía haberse acostado con Itachi Uchiha borracha. ¡Por todo lo rezable que no!

—Ruidosa.

Dio un respingo para volverse hacia él. Itachi había apartado su brazo y la miraba con los ojos entrecerrados. Quizás había estado demasiado ensimismada en sus pensamientos como para darse cuenta de que le había despertado.

Él se incorporó, sentándose.

Se fijó en su espalda, los músculos tensándose y ninguna marca delatora. ¿Quizás no era de las mujeres que arañaban espaldas? Se ruborizó de sólo pensarlo.

Oh, por favor, baja a la tierra, Izumi. No puedes haberte acostado con éste hombre. No.

—¿Has dormido bien? —cuestionó Itachi mirándola por encima del hombro.

¿Cómo diablos podía ser un hombre tan sexy recién levantado? Se llevó las manos hasta su cabello. Seguramente lo tendría enredado y con la almohada marcada y él parecía recién salido de una revista de modelos.

—¿Qué ocurrió anoche? —espetó buscando con la mirada un reloj—. ¿Qué hago en tu casa? Oh, Dios, las chicas…

Se frotó el ceño ante un ramalazo de dolor de cabeza. Él chasqueó la lengua.

—Vas a necesitar una ducha antes de dejar que te vean. Aunque nosotros sólo tenemos agua fría a estas horas.

Izumi dio un respingo.

—¿Qué hora es? —masculló.

—Las ocho y cuarto. Teniendo en cuenta que Sasuke y Naruto han de ir a la universidad, seguramente se habrán duchado, Sai también. Sí, debe de quedar poca agua.

—¡Al cuerno el agua! —exclamó saltando de la cama. Al instante estuvo a punto de caerse hacia delante.

Itachi fue rápido de reflejos, asiéndola del estómago y de su espalda antes de que diera de bruces contra el colchón.

—Ey, cuidado.

Por un instante se quedó sin aire, volviendo la cara para encararlo, pero al hacerlo, sus rostros volvieron a quedar en una posición extraña, incómoda y a la vez, atrayente. Itachi parpadeó, como si claramente no fuera su intención y le sorprendiera del mismo modo que a ella.

Sin esperarlo, la soltó y dio de bruces contra el colchón. Itachi abandonó la cama, rascándose la nuca y bostezando.

Izumi se frotó la nariz y le observó de reojo. Llevaba puestos unos pantalones de chándal. Pero era ridículo estar aliviada por ello, al fin y al cabo, mucha gente solía vestirse después del sexo. Se sentó sobre sus piernas para mirarle mientras rebuscaba en un armario al que le faltaba una puerta.

—Oye… —farfulló—. Nosotros no hemos…

—No tengo por costumbre acostarme con una mujer que está dormida —respondió—. O borracha. Además, nunca haría nada sin seguridad y no tengo.

Lo decía en serio por el tono de su voz. Cuando se volvió llevaba algo de ropa doblada que le extendió.

—Dúchate. El baño está limpio ya que tenemos una maruja que limpia hasta las motitas —bromeó.

Izumi infló los mofletes con enfado pero tomó la ropa.

—¿Me cambiaste tú de ropa? —cuestionó al ver que faltaba la suya.

—Eso lo mantendré en secreto —gruñó poniéndose una sudadera—. ¿Café o té? Tu hermana trajo de ambas cosas.

—Café, por favor —respondió levantándose dispuesta a salir. No le hacía mucha gracia el tema de llevar sólo la camiseta de Itachi y las piernas al aire. —Itachi.

Este había caminado hasta la ventana para abrir las persianas, deteniéndose a mirarla.

—Eres un buen hombre —felicitó.

Itachi apenas estiró las comisuras.

—O quizás es que la mujer se hace la difícil.

Izumi iba a protestar cuando se escuchó griterío fuera. Itachi la hizo a un lado para abrir la puerta y asomarse. Sasuke y Naruto bajaban las escaleras a base de gritos y una pelea que podría terminar con una pierna rota si daban un mal paso.

—Te he pedido que me la cambies. La querías antes. ¿No? Quédatela.

Sasuke tenía cogido del cuello a Naruto, quien cruzaba los brazos sobre su pecho.

—¡No quiero! Estoy bien como estoy y he escogido por mí mismo continuar con ella. Ahora no quiero cambiar de chi…

—¡Naruto, Sasuke!

La voz de Itachi interrumpió su conversación. Ambos le miraron por un instante y luego volvieron a centrarse en su disputa, hasta que, al volver a mirar, la vieron a ella. Izumi dio un respingo ante su escrutinio, que claramente terminó con un rubio con la boca muy abierta y un moreno frunciendo los párpados, como si acusara a su hermano de haber hecho algo terrible. Itachi subió los escalones que les separaban y susurró algo que ella no captó.

Se volvió al percatarse de que continuaba ahí.

—Izumi. La ducha.

Como si fuera una niña regañada dio un saltito y bajó las escaleras a toda prisa para ir al baño. Shikamaru salía justo de él, bostezando. Al verla, parpadeó para aclarar que no fuera un sueño y Izumi empezaba a maldecir. ¿Faltaba algún hermano por verla?

—Caray.

No. Cuando se volvió hacia la voz, se percató de que Sai salía de la cocina, bandeja en mano y Gaara tras él. Ambos clavaron la vista en ella y luego en Shikamaru, que se encogió de hombros.

Izumi quería morirse de vergüenza. Pasó junto a Shikamaru tras disculparse y se coló en el cuarto de baño para encerrarse.

Se llevó una mano al pecho y casi se santiguó.

Era fantástico. Ahora seguramente todos sus hermanos pensaban que habían pasado la noche juntos.

Se miró al espejo.

Sí, tenía el cabello revuelto como todas las mañanas. Lo primero que solía hacer era justamente peinarse por ese mismo detalle. La camiseta de Itachi le caía por un hombro y era demasiado grande para sus formas. Y corta. Apenas cubría la forma de su ropa interior. Sus mejillas estaban igual que las de Hinata cuando veía alguna comedia romántica o a alguna pareja tomada de las manos.

¡Y quería morirse ahí mismo de la vergüenza!

Había ido de carabina para cuidar a Ino y Sakura y al final resultó ser ella la que necesitara una niñera. Porque eso de terminar durmiendo en la cama de un hombre con el que ni siquiera salía, no era de ella para nada.

—Izumi.

La voz de Itachi resaltó por encima de la puerta.

—¿Qué? —exclamó con la voz más chirriante de lo que esperaba.

—Tu móvil no cesa de vibrar.

Abrió levemente la puerta y fue un panorama. Itachi estaba extendiéndole el móvil con total tranquilidad y, a su espalda, todos los chicos les espiaban, cotilleando con todo descaro. Pudo notar que la vena en la frente de Itachi se hinchaba y cuando ella cerró, le escuchó gritar amenazas que los castraba a más de uno.

Abrió su móvil preguntándose si habría más noticias acerca de Hinata y se percató de que tenía más llamadas que nunca y mensajes. Casi soltó una carcajada.

—Así que es de este modo cómo se siente —murmuró abriendo los mensajes uno por uno.

Los de Ino la animaban a no volver a casa hasta que estuviera completamente satisfecha, cosa que le sonrojó. Los de Sakura eran recomendaciones de salud sexual. Los de Temari duda y preocupación. Hinata la animaba a ser feliz. Matsuri no escribió ninguno. Y los de su padre… le partieron el corazón.

Dejó el móvil a un lado y se quitó la camiseta. No podía demorar más tiempo las cosas. Primero, porque tenía que aclarar el mal entendido y segundo, porque no quería que los rumores crecieran a más.

Todavía le quedaba mucho más por limpiar en la casa y, acababa de enterarse de que Sakura planeaba una fiesta en la piscina por uno de los mensajes de Temari, que le preguntaba qué sería bueno comprar y qué no. Pese a que Temari era muy buena cocinera, siempre pedía consejos en esos casos. Al fin y al cabo, la nutrición de las chicas era cosa de ellas dos desde niñas.

Imaginaba que su padre querría tener una charla con ella, así que eso era para lo que también debía de prepararse mentalmente. No las había tenido acerca de ese tipo desde… sí, desde aquella vez. Su padre había sido tan serio que le había dado miedo y luego, cuando lloró en sus brazos, estaba segura de que tomó la decisión de no volver a dejar que la hirieran jamás y, sin embargo, siempre la alentaba a buscar el amor.

La pregunta era: ¿qué cara pondría de saber que había dormido junto a Itachi Uchiha?

No estaba segura del todo, pero su padre aseguraba deberles mucho y que eran unos chicos mejores de los que parecían a simple vista. Quizás era algo que sólo los hombres veían y por eso ella no del todo.

Porque no los comprendía al cien por cien.

Cuando salió del baño, Itachi estaba sujetando una taza de café para ella y mordisqueaba un bollo. Los demás parecían haberse ido —o los había echado al final—, a sus respectivas tareas.

—Gracias —murmuró tras dar un sorbo al café—. Por esto y por todo lo demás. Pareciera que desde que hemos llegado no cesamos de inmiscuiros en nuestras vidas.

Itachi se encogió de hombros para restarle importancia.

—Hasta ahora no había nadie que nos diera problemas o que quisiera limpiarnos la casa o llenarnos la alacena. —Levantó el bollo como señal—. Gracias por esto. Gaara ahora podrá alimentarse bien y no ir comiendo como un ratón lo que tengamos. Al menos, por un mes.

Izumi miró fijamente el bollo.

—Eso no es nada comparado a lo agradecidas que estamos porque tu hermano salvase a Hinata. Además, según me ha contado Temari por teléfono, al parecer volvieron a estar inmiscuidos en ello. Incluso tu hermano… ¿Cómo se llama? —Hizo un gesto para indicar la cola hacia arriba—. ¿Shika…?

—Shikamaru —respondió Itachi.

Ella le sonrió.

—Lo siento, sois tantos que no puedo evitar hacerme un lío con ellos —se disculpó.

—Me pasaba lo mismo al principio —reconoció Itachi. Cuando ella se rio frunció el ceño—. En serio. Tomé la decisión de llamarlos por el orden de llegada. Mi padre no les puso nombre cuando me los dejaba. Sólo era algo como: "cuida de tu hermano" y se marchaba para volver con otro al cabo del tiempo.

Izumi desconocía del todo la historia, así que escuchar a Itachi hablar de ello la enterneció de alguna manera y a la vez, se le hizo familiar.

—En mi caso sí tuve a mi padre siempre conmigo y algún tiempo a alguna que otra madrastra, pero tomé el rol de madre ante la falta. Papá sí puso nombre a las chicas y somos tan variopintas que no dudan en tachar a mi padre de ligón, desconociendo realmente la situación.

—Las personas pueden criticar a sus anchas cuando no comprenden a alguien.

Izumi se mordió el labio culpablemente. Ella misma los había juzgado, desconociendo la realidad tras esas puertas. Sólo se había preocupado por sus hermanas y no mirado realmente lo que ocurría. Si lo pensaba, tras limpiar sólo una parte de la casa ya comprendía un poco más el duro trabajo que debía de haber sido para Itachi criar a esos niños solo. Completamente solo.

—Voy a volver a casa y después regresaré para limpiar desde arriba abajo. ¿Vale?

Itachi asintió pero la detuvo del codo antes de marcharse.

—¿Debería de hablar con tu padre? —cuestionó.

Izumi sintió que el corazón le daba un brinco.

—¿Por qué? No ha pasado nada que lo amerite.

—Oh. Pensé que sería como esa clase de cosas anticuadas en que por dormir con alguien ya pensarías en matrimonio.

Notó la broma implícita en su voz pero a Izumi no llegó. Se soltó algo más brusca de lo que esperaba y sin añadir más, se marchó.

Tal y como Itachi había dicho, las personas tendían a criticar las cosas que desconocían como si estuvieran en su saber.

Itachi no conocía su historia, ni el daño que eso había dejado en su corazón.

—¡Izumi!

Sakura había detenido el coche al otro lado de la carretera. Ino se bajó las gafas, sentada a su lado. Al parecer, ese día sí tenía clases.

Se llevó la mano al rostro. Lo peor que podía pasarle es que justo esas dos la vieran salir de esa casa.

—Iros a clase —ordenó dándoles la espalda.

A paso rápido caminó hasta su casa, lo más altiva que pudo hasta que escuchó unas risitas y el coche arrancar. Su padre estaba en la escalera que llevaba al interior de la casa hablando con uno de los trabajadores de la valla. Al parecer, necesitando permisos para arreglar el lado que daba a la valla de los chicos.

Cuando la vio, su padre enarcó una ceja. Probablemente por la ropa que llevaba y después la bajó para sonreírle paternalmente.

—¿Estás bien? —preguntó.

Conocía la seriedad en su voz y la mirada severa de no necesitar una mentira a cuenta de su integridad. Estaba segura de que si mintiera y le dijese que Itachi Uchiha se había sobrepasado con ella sin permiso nada le impediría ir a matarlo.

Pero mentir no estaba dentro de sus cualidades.

—Perfectamente.

—Me alegro —aseguró su padre más calmado. Se volvió hacia el hombre para hacerle una señal de que le siguiera y Izumi los vio caminar hasta la casa contigua. Estaba a punto de retenerle cuando alguien puso una mano sobre su hombro.

—Suéltalo.

Temari. Justo la hermana que no era de irse con una sola frase.

Tras ella estaba Hinata, quien la saludó tímidamente e hizo un invite para que entrasen. Temari básicamente la arrastró escalera arriba en busca de todo tipo de detalles.

Izumi sólo pudo contar los que sabía o recordaba, mientras las otras dos se reían de su infantilidad, las dejó para ir a su dormitorio a cambiarse de ropa. Se percató de que la ropa que llevaba esa noche estaba sobre su cama.

Alguien sabía toda la verdad.


Sakura aparcó justo cuando el altavoz resonaba por encima de sus cabezas. Ambas intercambiaron una mirada interrogativa y acto seguido intentaron abrirse paso a través de la gente para verlos entrar con caras confusas en la sección de profesores en dirección del despacho del director.

—¿Crees que haya pasado algo? —cuestionó Ino intrigada.

—No lo sé —reconoció Sakura.

Continuaba algo mohína desde que se despertaron pero al menos su humor había mejorado lo suficiente con la idea de celebrar la primera fiesta en la piscina. Ambas le habían pedido a Temari hacer la compra y enviaron por redes sociales invitaciones a todo aquel que conocieran. Quizás por la verbena no consiguieran mucha atención, pero esperaba que de verdad acudiesen los suficientes como para tener a Sakura ocupada.

—Espero que no haya sido por eso… —murmuró Sakura pero no lo suficiente bajo como para que ella no lo captase.

—¿De qué hablas?

Sakura chasqueó la lengua y la tomó de la mano para buscar un lugar más apartado. Le explicó entre dientes que Sasuke tenía un trabajo en una cafetería cerca del supermercado grande y que se escondía de ello, ya que los becados no podían permitirse trabajar y bajar nota. Se preguntó si también sería por eso. Pero no entendía por qué habían llamado entonces a Naruto también.

—Quizás sospechan que Naruto también pueda estar trabajando —sopesó Sakura ante su incógnita—. Pero no es así.

Ino asintió y se frotó los brazos al notar algo helado. Al volverse, descubrió a Sai en medio de la entrada, mirando hacia el aula en que los chicos debían de encontrarse con el cejo fruncido. Ino se acercó a él con curiosidad.

Todavía no podía perdonarle del todo lo que ocurrió ayer, pero tampoco era tan desastroso como lo que hiciera Sasuke dejando tirada a Sakura por unas malas palabras equivocadas.

—¿Sabes qué ocurre?

Sai la miró como si acabara de notar su presencia. Parpadeó.

—Ah, belleza —saludó. Ino sintió que sus mejillas enrojecen repentinamente—. No. Sólo escuché que los llamaban y me acerqué a ver.

—Ya veo… ¿suelen llamarles mucho?

Sai dudó.

—Ahora no.

Ino esperaba algo más explicativo.

—¿A qué te refieres?

—Antes siempre peleaban. Con muchas personas y entre ellos. Era natural ser advertidos. Desde que se convirtieron en becados dejaron de hacerlo por su bien. Y porque Itachi les dio un buen consejo.

—A ver si adivino: un tirón de orejas —habló Sakura acercándose a ellos.

Sai sonrió como respuesta.

Estaba por preguntar por más cuando aparecieron ambos chicos. Sasuke arrastraba a Naruto del cuello de la camiseta, quien parecía completamente furioso y dispuesto a golpear al director. Por la palidez incrementada de Sasuke y el brillo de sus ojos dedujo que la cosa no había ido bien para ellos.

—¿Qué ha ocurrido? —cuestionó Sai.

Ambos hermanos le miraron. El rubio gruñendo mientras se acomodaba la camiseta y el moreno desviando la mirada.

—Nos han expulsado.

—¿Por qué? —se interesó Sai cruzando los brazos.

Fue Naruto quien contestó esa vez.

—Han cancelado las ayudas a los becarios. Lo raro es que sólo nosotros hemos sido expulsados —expresó gesticulando las manos frenéticamente—. Apesta.

—Tienes toda la razón —asintió Sai llevándose una mano al mentón—. Por ahora no podemos hacer mucho. Regresad a casa, intentaré averiguar lo que pueda.

Sasuke y Naruto asintieron y mientras que Sai se despedía entrando en el edificio, ellos se percataron de que estaban ahí. Naruto enseguida sonrió hacia Sakura y ella, pero Sasuke comenzó a caminar, desinteresado.

—¡Sakura! ¿Es cierto que harás una fiesta en tu casa esta tarde?

—Sí —confirmó esta.

Ino se percató de que Sasuke se había detenido, chasqueando la lengua y avanzado.

—Eso me recuerda que tu padre nos invitó a cenar también —recordó Naruto.

—¿Qué? —masculló Sakura—. No nos ha dicho nada.

Ino le dio un codazo cómplice.

—Quizás porque estaba demasiado preocupado por ya sabes qué.

Naruto las miró alternadamente mientras intercambiaban una sonrisa.

—¿Habláis de vuestra hermana mayor? —cuestionó tan pancho—. Ha pasado la noche con Itachi, sí.

Ambas se volvieron hacia él a la par. Naruto retrocedió levantando las manos y rindiéndose.

—Cuéntanoslo todo, Naruto —invitó Sakura.

Sin embargo, Naruto no tenía mucho que contar. Sólo sabía que Izumi había aparecido en la habitación de Itachi esa mañana, con la camiseta del mayor y luego se duchó en su casa antes de que ellas la vieran salir.

—Parece que a alguien le fue bien la verbena —bromeó Ino. Sakura frunció el ceño y se tapó la boca culpable—. Lo siento, Sakura.

—No importa —negó esta—. ¿Sabéis qué? Tengo una fiesta que preparar y clases que tomar. Nos vemos luego. Naruto, te espero en la fiesta.

Sakura avanzó y Naruto estaba por seguirla. Ino lo atrapó del brazo y pegó sus senos contra él, deteniéndolo. Cuando Naruto descendió la mirada hacia ella, le sonrió.

—Espera un momento —rogó parpadeando—. ¿Qué tal si hablamos un poco?

—¿Hablar? ¿De qué? —cuestionó con gesto despistado. Casi parecía estar escondiendo un gran secreto.

—¿Qué tal del idiota de tu hermano?

Naruto guiñó los ojos, rascándose la mejilla.

—¿Sai?

—No —negó—. Él todavía es un angelito al lado del otro "Sa".

—Ah, Sasuke —captó—. ¿Qué ha hecho ahora?

Su gesto parecía haber cambiado a uno más serio, incluso maduro.

—Ayer dejó tirada a Sakura en plena verbena y unos tipos la atacaron. Tuvo que regresar sola a casa y estuvo llorando y comiendo palomitas de chocolate hasta hartarse. Y todo porque mal entendió a Sakura.

Le había explicado los motivos durante esa noche. Podía comprender el enfado de Sasuke perfectamente, pero también debería de entenderla a ella y su ilógica comprensión de lo que era tener ambos padres.

O el sueño romántico de muchos adolescentes de creer erróneamente que estarían mejor sin la supervisión de un progenitor.

—Sakura es torpe para relacionarse y más con una persona que no saca mucha conversación o es más seca que un palo viejo.

Naruto se rascó la nuca y chasqueó la lengua.

—Lo sé, el teme es difícil de comprender muchas veces, pero es buen tio, en serio. Lo que pasa es que las chicas se le dan fatal.

—¿Con esa cara? —cuestionó—. ¿Ese cuerpo?

Naruto se encogió de hombros.

—No todo es cuerpo o cara —aseveró—. Y no todos los tíos con un buen cuerpo quieren estar comiéndose a muchas mujeres, ttebayo. Sasuke solo es incomprendido y no se le da bien usar la lengua para expresarse. Hablaré con él.

Ino dio por conseguido al menos un avance. Esperaba que aquello levantara un poco el ánimo de Sakura. Si ella quería de verdad celebrar una fiesta, una que había planeado desde que era una adolescente, no podía recibir a la gente con una mirada agria en la cara.

—Muchas gracias, Naruto. Ah, diablos. Te dejo que yo también tengo clases.

Echó a correr tras despedirse con la mano, deteniéndose para mirar hacia el edificio. Sai continuaba dentro y esperaba que no fuera expulsado también.


Sai no comprendía del todo por qué, pero le había molestado ese gesto. Los había visto desde la ventana en la parte superior a la que había subido para indagar lo de la extraña expulsión. Había comprendido las palabras de Sasuke y Naruto y, desde luego, había gato encerrado. El tema era descubrir qué.

Reparó en ellos justo cuando Sakura se marchaba. Ino aprovechaba el momento para atrapar el brazo de su hermano y estaba seguro de que expuso otra parte de su cuerpo con tal de encandilar y buscar lo que quisiera. No podía saberlo porque ambos estaban de espaldas a él, pero al parecer llevó a una charla bastante contundente hasta que ella se marchó. Por un instante pareció detenerse a ver si él continuaba por ahí y casi dio un brinco como si le hubieran detectado.

Se recordó a sí mismo donde se encontraba y que la única preocupación que debía de tener hacia esa mujer era la de terminar poseyendo una libertad monetaria importante. Sí, una vez tuviera dinero la cosa cambiaría. Pero como no era algo que pudieran asegurarse, necesitaba entender por qué sus hermanos perdían la oportunidad de seguir con sus carreras.

Generalmente, los estudios se los tomaban muy en serio y dudaba que, de haber hecho algo, lo ocultaran. Más, porque sabían que después sería peor.

La puerta del despacho del director se abrió y él se refugió más en las sombras. El hombre se tiró de los pantalones, gruñendo y después se colocó el peluquín mientras bajaba las escaleras maldiciendo. Sai aprovechó la ocasión para colarse dentro del despacho.

Descubrió porqué el hombre bajaba las escaleras en vez de llamar a su secretaria. Seguramente y estaba por apostar, Naruto se había cargado el teléfono al golpear la mesa en busca de respuestas. Sasuke había tenido que sacarlo a rastras, así que no le extrañaba.

Se giró para ver el ordenador. Estaban abiertas las fichas de sus hermanos. Como suponía, el hombre había estado añadiendo cosas.

La nota pequeña no dejaba a dudas. Apretó el puño y estuvo muy tentado de romper él otra cosa.


Itachi había abierto la puerta preguntándose qué debía de esperar al ver a Hatake delante de él, sin embargo, el hombre no venía solo y mucho menos a hablar de los temas de su hija mayor frente a un desconocido. Lo único que quería era permiso para arreglar ese lado de la valla, cosa que no tenía ningún problema en permitirle.

Aunque se habría negado que continuaran arreglando hasta la parte frontal de la casa si no hubiera visto aparecer a Sasuke con el rostro tenso y dando un portazo que casi arrancó las bisagras. Izumi, que estaba ya dentro limpiando, dio un grito por el susto y se asomó por la ventana en busca de explicaciones.

Itachi levantó una mano para demandar que no se metiera.

—Discúlpenme —pidió. Hatake asintió y levantó la vista hacia su hija, que le sonrió y movió la mano antes de meterse dentro.

Itachi siguió a Sasuke dentro de la casa.

—Sasuke —detuvo. El chico bufó y enarcó una ceja esperando—. ¿Qué ocurre?

Sasuke bajó las escaleras para acercarse hasta la puerta con él. Su voz era más gutural.

—Nos han expulsado de la universidad. Hemos perdido la beca.

—¿Qué? —Fue Izumi la que exclamó desde la escalera. Por supuesto no había podido estar sin meter la oreja—. ¿Os han expulsado y quitado la beca?

Sasuke gruñó como respuesta. Itachi estaba a punto de recomendarle meterse en sus asuntos cuando su móvil sonó. Era Sai.

—¿Están Naruto y Sasuke contigo? —cuestionó.

—Sasuke y… Naruto acaba de entrar.

El chico les miró interrogativamente mientras dejaba la maleta de cualquier forma en la entrada, lo que sacó un gesto de Izumi que le obligó a colocarla bien.

—Bien. He investigado qué ocurre cuando me he enterado —explicó Sai—. No los han expulsado por un error suyo.

—Sé más conciso —demandó. Los demás también estaban con la oreja puesta.

—Les han obligado a expulsarlos. La persona que entrega donativos a la universidad les chantajeó con cortar las becas. Para mantenerlas exigió que Naruto y Sasuke Uchiha fueran expulsados.

Itachi maldijo entre dientes.

—¿Tienes idea de quién es?

Sai guardó silencio un momento.

—No viene el nombre. Dicen que proviene de un director de banco. Poco más. Pero creo que puedes hacerte una idea.

Antes de que Sai dijese algo más comprometido en cuanto a su tarea original, le detuvo. No quería que Izumi se enterase de ello y estaba demasiado concentrada en escuchar lo que ocurría.

—Comprendo. Termina tus clases si quieres. Veremos qué podemos hacer.

Colgó tras que Sai asintiera y miró a los demás. Naruto ya parecía comprender lo que ocurría y Sasuke estaba buscando las respuestas, hasta que captó la referencia. Izumi, sin embargo, mantenía las manos en la cintura y ladeaba la cabeza de una forma demasiado graciosa mientras pensaba.

—¿Ha dicho un director de banco? —cuestionó.

—Sí —confirmó. Estaba por ordenarles algo a los chicos, cuando le interrumpió.

—Podría ser el prometido de mi hermana. Hinata.

Los tres la miraron afirmativamente. Naruto gruñó y dio un puñetazo sobre su palma.

—¿De qué va esto? —cuestionó perdida—. ¿Podéis contarme?

Naruto fue quien habló.

—El otro día vino a recoger a Hinata y querer llevársela por la fuerza —explicó—. Shikamaru y yo intervenimos, pero el tipo se pensó que soy su amante, ttebayo.

—Y ha tomado represalias —puntuó Sasuke apretando los puños—. Mira que se te advirtió, Dobe.

Itachi lo acalló con la mirada antes de que siguiera hablando de más. No estaban a solas precisamente y no tenía ganas de que todo el plan se fuera al traste.

—¿Qué ocurre?

Hatake se asomó al ver a Izumi, sujetándola del codo. Su mirada pasó por encima de todos ellos inquisitivamente, con la sensación que debía de dar un padre. Itachi desconocía si siempre era así. Ninguno habló pero Izumi sí.

Hatake la escuchó y a medida que iba llegando al punto importante, su ceño se fruncía. Finalmente, terminó con una sonrisa.

—Bien, si se trata de eso, os apuesto a que mañana podéis regresar a clases.

Itachi alargó una mano para detenerlo.

—Señor Hatake. ¿A qué se refiere? Estos chicos ya han dado todo lo que han podido.

—No es cierto —negó él—. Estoy seguro de que dejar sus carreras, por mucho que fuera una beca, les está pateando el trasero como nunca. Les debo mucho, chicos, así que déjenme ayudarles. Creo que todos tenemos un enemigo en común.

—¡Papá! —exclamó Izumi—. Sigue siendo el prometido de Hinata.

Kakashi Hatake les dio la espalda pero todos lograron escuchar sus palabras.

—Por encima de mi cadáver.

Itachi estaba bloqueado. Dejar que Hatake les volviera a ayudar le hacía sentirse como un completo perdedor. Empezó a comprender lo que le había ocurrido a Shikamaru. Y después de todo, ese hombre lo estaba haciendo también por su hija y él…

Se fijó en Izumi, que tenía el ceño fruncido y estaba cruzada de brazos. Se había recogido el cabello en un moño alto que dejaba al descubierto su cuello. Tenía un condenado lunar ahí. Demasiado sexy.

Se había pasado la noche pensando en muchas formas de picarla, sacarle los colores incluso y cuando se dio cuenta, terminó quedándose dormido a su lado. Verla con su camiseta había creado un deseo en él extraño.

Se pasó una mano por el rostro para aclararse las ideas, suspiró.

—No te preocupes, mi padre lo arreglará —aseguró ella sonriendo. Le acarició la mejilla y subió escaleras arriba para continuar limpiando.

Itachi siguió su camino hasta que Sasuke se interpuso en su mirada, con un mohín algo infantil en su rostro.

—¿De qué va esto? —cuestionó—. Dijiste que nada de enamorarnos de ellas.

—¿Acaso lo he incumplido? —cuestionó cruzándose de brazos—. Cada uno hemos de usar nuestros propios trucos para conseguir lo que queremos, Sasuke. No eres quién para darme consejos cuando dejaste tirada a su hermana. ¿Sabes que la atacaron después de que la dejaras? Podrían haberla violado o algo.

Sasuke claramente no lo sabía. Su rostro marcó la sorpresa pese a que se esforzó en no hacerlo.

—Ino me ha contado eso, sí —corroboró Naruto acercándose para no subir la voz. No podían estar seguros de que Izumi no continuara interesada en su conversación—. Me ha preguntado de qué ibas y que es cierto que Sakura usó unas palabras inadecuadas.

No pudo más que imaginar cuales eran. Sasuke era muy sensible a todo aquello que tuviera un sentido familiar y de progenitores.

—Por eso te dije que me cambiaras la ficha —espetó Sasuke—. Y ahora te niegas.

—¿De qué va esto? —cuestionó mirándolos a ambos, severo—. Hablad.

—Sasuke no cesa de querer pasarme a Sakura ahora que no puede hacerse con ella. Cuando se la pedí se negó y yo ahora quiero seguir con Hinata.

Itachi se frotó el ceño. Aquello estaba siendo más difícil de lo que hubiera esperado nunca.

—Sasuke, vas a seguir con Sakura —ordenó—. Ella te tocó. Has metido la pata, arréglalo. Y Naruto, conmigo. Al desván. Ya.

Ambos caminaron en silencio hasta la habitación. Bajaron los tres escalones y cerraron tras ellos con seguridad. Sólo sus hermanos podrían entrar. Esperaba que Izumi no decidiera que también tenía que limpiar eso. El desván contenía muchos recuerdos de sus trabajos, fichas e historias que todavía no habían quemado. Además, era su punto de reunión.

Naruto se apoyó contra la mesa central, donde los planos de la mansión permanecían abiertos de la última reunión. Itachi los miró sin verlos siquiera.

—El tema con la hermana mayor, Hinata, está muy difícil, Naruto —comenzó pasándose una mano por los cabellos—. Esto que ha ocurrido con vuestra beca claramente ha sido cosa de él. Una advertencia para que te alejes de ella. ¿Quizás debiéramos de hacerlo? Retirarse antes de que sea más tarde.

Naruto enseguida se puso en modo alarma.

—¡Ni hablar! Ahora no.

Itachi entrecerró los ojos. Generalmente obedecían, aunque reconocía que Naruto y Sasuke estaban siendo más rebeldes que los otros.

—¿Por qué? ¿Has incumplido la regla? —cuestionó.

Naruto negó cruzándose de brazos.

—No es por la regla y sinceramente, tampoco por lo que tenemos que hacer. Es que no puedo simplemente dejar que esa chica vaya con ese tipo de nuevo y también, mi orgullo no me deja concederle irse de rositas por habernos expulsado tan cobardemente en vez de luchar cara a cara.

Lo comprendía. Por un lado se sentía orgulloso de que tuvieran esos principios y los felicitaba por ello, pero no podían dejarse llevar por los impulsos de ese modo o terminarían cayendo en un lugar al que ninguno de ellos debía de ir.

—Shikamaru estuvo de acuerdo conmigo cuando quisimos saber si la había pegado —recordó Naruto—. A él tampoco le gustan estas cosas.

A ninguno realmente. Tampoco le hacía demasiada gracia saber que la golpeara o que estuviera presionando para casarse con ella.

Repentinamente, una idea cruzó su mente.

—¿Y si no se trata sólo de ti? —inquirió.

Naruto enarcó una de sus rubias cejas.

—¿A qué te refieres?

Itachi sacudió una mano.

—Creo que ese tipo tiene el mismo destino que nosotros.

Naruto tensó la mandíbula al comprender.

—¿Por qué? ¿Acaso no tiene suficiente dinero? ¿Es que quiere que le salgan de las orejas como una máquina expendedora?

—Los ricos a veces no tienen suficiente con lo que ya poseen y quieren abarcar más. Vale. Cambio de planes —gruñó—. Sigue con Hinata. Yo indagaré a ver qué consigo sacar.

Naruto asintió y subió las escaleras para salir. Itachi se llevó la mano al bolsillo y sacó el móvil. Odiaba tener que reclamar favores antes de tiempo. De eso había consistido muchas de sus ganancias y eran muy escasos y preciados como para malgastarlos, pero este valdría la pena.

—Kisame —dijo tras que descolgasen—. Necesito que investigues a alguien.


Shikamaru enarcó una ceja mientras la veía batallar con el carro de la compra, intentando empujarlo con más esfuerzo que solución. Lo había cargado hasta los topes e iba a necesitar otro cuanto antes si seguía metiendo cosas en él.

Se había dedicado a observarla en la distancia, fingiendo estar interesado en el producto que había delante de él y no fue hasta que vio a otro tipo centrar su atención en ella que no decidió moverse.

—¿Te echo una mano?

Ella bufó sin mirarle.

—Conozco mejores citas para ligar. Búscate a otra.

Apenas pudo contener una risita al escucharla. Ella se volvió, ofendida, hasta que se percató que era él.

—Ay, Dios, perdona. Pensé que era algún… idiota.

Se encogió de hombros.

—No usaría esa frase para ligar en mi vida.

Aunque estaba intentándolo por ciertas causas en esos momentos. Que ella no lo notara era simplemente un pequeño juego en el camino.

—Sería demasiado patético —bromeó ella.

Shikamaru le dio la razón. Era patético y existían mejores frases.

—Imagino que al ser tantos tienes que comprar un montón, pero vas a necesitar otro carro en nada —indicó señalando el suyo propio—. Te lo cedo. No había el líquido que tu hermana me ha enviado a comprar.

Eso no era mentira. Cuando Izumi le vio que iba a salir a una de sus rondas acostumbradas le había gritado desde lo alto de la escalera que le trajera un detergente especial que, por casualidad del destino, no quedaba. Que fuera al mismo lugar que Temari ya no era tanta coincidencia.

—Que va, no es la compra para el mes —descartó aceptando el carro con una inclinación de cabeza—. Es para la fiesta de Sakura de esta tarde noche. Oh, cierto. Mi padre dijo que los había invitado a una cena por ayudar a Hinata, pero seguro que será mejor aplazar a que pase la fiesta. Igualmente, estoy segura de que a Sakura no le importará que vayáis. Especialmente Sasuke y Naruto.

Shikamaru empujó el carro más pesado para seguirla. Había escuchado rumores de eso pero no sabía que era cierto. Quizás deberían de aplazar la investigación con tantos ojos de por medio. Aunque Gaara era bueno escabulléndose, no estaba en sus mejores momentos.

—Se lo diré, aunque seguramente ya les ha avisado —dijo viendo cómo metía una gran cantidad de patatillas en el carro.

Después, se volvió para rebuscar la lista en el bolsillo trasero de sus vaqueros y la extendió, tachando otra cosa más de ella con un bolígrafo que fue a parar a sus labios.

—¿Cómo está tu hermana?

Temari suspiró.

—Idiotizada sería decir poco. Quiero mucho a Hinata, pero ahora mismo hasta ganas de abofetearla me dan. Mi padre le ha prohibido salir de casa hasta que termine el tiempo que le han dado para trabajar, para que asimile mejor las cosas que están pasando y lo que le hizo. Aunque sigue emperrada que fue sin querer.

Shikamaru recordó las palabras de Toneri antes de marcharse. Sí. Aquel golpe fue sin querer. El mental no.

—¿Recuerdas la hipótesis que te conté cuando fuiste a buscar los libros para tu hermano? Ah, gracias.

Shikamaru le tendió las cajas de palomitas a las que no llegaba.

—Sí.

—Bien, pues resulta que Hinata quiere quedarse con nosotras cuando se case. Es muy hogareña y le gusta estar con la familia. Al parecer su prometido, porque sigue siéndolo, le dijo que no. Que quiere irse juntos y alejarla de nosotras. Incluso quiere meter a sus hijos en internados tan pronto como puedan. Acapararla.

Shikamaru podía entender un punto. Vivir rodeado de tantos hermanos menguaba la intimidad. Que Itachi continuara presionando para tener las puertas abiertas no ayudaba. Imaginaba que en una casa repleta de mujeres sería parecido. Pero ese hombre lo que quería claramente era cortar cualquier tipo de lazo de Hinata con las demás. No, con cualquiera. Porque quitarle los hijos a una mujer que claramente sería una madre fantástica era horrible.

—Teorizamos el tema como si nosotros fuéramos a casarnos. ¿Recuerdas?

Sí, demasiado.

—Lo estuve pensando seriamente y de llegar a casarme algún día podría convivir con mis hermanas. Creo que tendríamos la misma intimidad que si nos fuéramos a vivir solos. Es natural buscar nuestro propio lugar, por supuesto, pero no podría dejarlas y de tener un hijo, me gustaría cuidarlo por mi misma y no lejos de mí. Lo que me refiero, es que sería muy solitario repentinamente alejarte de todo ese bullicio tan cálido.

Se fijó en ella mientras hablaba. Cambiando su rostro de seria a avergonzada. De ilusionada a firme.

—Así que comprendo lo que debe de estar pasando Hinata. Las dudas, el miedo y que él no la comprenda o le quiera dar un poco de esperanza de no tener que dejar nada atrás. Yo no creo que pudiera casarme con un hombre así.

Por un instante, se vio pensando sobre sí mismo y alegrándose de no ser así. Luego quiso darse cabezazos por imaginarlo siquiera.

—Pero bueno, eso es algo que nunca pasará —zanjó metiendo una sandía dentro del carro y tachándola de la lista.

Shikamaru enarcó una ceja.

—¿Por qué?

Ella suspiró una vez y se acomodó a su altura tras dejar pasar a una pareja. La miró de soslayo y negó con la cabeza.

—No es algo que busque exactamente. Además, con veintiséis años ya no sirvo para muchos hombres.

Shikamaru gruñó. La asió del hombro y antes siquiera de ser consciente, se inclinó. Temari reaccionó aferrándose de los hombros con las uñas, clavándoselas. Su aliento le acarició la mejilla.

—Puede que no te hayas dado cuenta, pero hace media hora que el tipo de atrás no cesa de mirarte el trasero.

Presionó sus hombros para acercarla más a él.

—El tendero de la carne también te ha coqueteado y el chico al que has preguntado por un tipo de bebida en específico, también. Y yo llevo un buen rato mirándote también y he sido ignorado por igual.

Temari hipó de sorpresa en su oído. Shikamaru se tomó su tiempo en separarse de ella y cuando lo hizo, su rostro era un poema. Sonrojada, con los ojos brillantes y muy abiertos. Su boca temblaba y sus manos continuaban aferrando su ropa.

El chico a sus espaldas, que realmente estaba mirándola, avanzó, carraspeando y chasqueando la lengua.

Temari lo había seguido con la mirada hasta que desapareció.

—Que no te quieras dar cuenta de las cosas es una cosa distinta.

Ella asintió y finalmente, le soltó.

—Disculpa.

Shikamaru le restó importancia. Más tarde, cuando se quitara la ropa, se percataría de que las marcas de pintalabios estaban ahí.

—¿Cómo vas a llevarte todo? —se interesó cuando llevaban un rato en silencio.

Ella se volvió para mirarle con mucha más calma de la que esperaba.

—Hinata me ha dejado su coche. Creo que podré llevarlo todo.

Shikamaru estaba asombrado.

—No sabía que tenías carnet.

—¿Por qué? —cuestionó—. Izumi, Hinata y yo tenemos carnet también, como Sakura. Ino es la única que no le interesa y Matsuri es demasiado joven para ello. ¿Vosotros no?

Shikamaru negó chasqueando la lengua.

—El único que tiene es Itachi y prefiere las motos.

Temari asintió, distraída.

—¿Por qué usáis un chofer entonces? —se interesó.

—Charles era un conocido de mi padre. Trabajaban juntos antes de heredar. Lo echaron y estuvo buscando trabajo. Mi padre le ofreció ser el chofer y aceptó. Como lo conocemos de siempre, es más como alguien de la familia que otra cosa, pero él no olvida que está trabajando.

—Entiendo —confesó—. Creo que su padre es demasiado generoso.

Temari sonrió abiertamente, esa mueca suya que era divertida.

—¿Verdad?

Aunque no quería que fuera un halago, fue bueno que ella se lo tomara así.

—No sé cómo vamos a poder pagarle los gastos médicos de Gaara y las medicinas.

Temari se detuvo frente a una caja y antes de poner la compra, le miró.

—¿Acaso creen que esperamos que lo devuelvan? —exclamó—. Ni hablar. Tu hermano le salvó la vida a mi hermana y ha estado metido en más líos por su causa. Esas cosas no se regresan. Es más —añadió poniendo la compra finalmente—, somos nosotras las que deberíamos de estar agradecidas.

Shikamaru no pudo decir nada. Mientras la ayudaba a cargar la compra sólo podía pensar en que ellos estaban a punto de quitarle esa estabilidad que tenía Kakashi Hatake y que las arrastraría a ellas consigo.

Eran los villanos en esos momentos.

—Y gracias —añadió cuando cerró el capó con la compra que apenas podía quedarse dentro—. Por lo de antes. Realmente no soy consciente a veces de lo que pasa a mi alrededor con los hombres. No suelo prestarles mucha atención.

—Porque ninguno te ha interesado —recalcó.

Ella asintió y dio un toque al coche.

—¿Te llevo?

—No, iré a otro sitio a ver si encuentro lo que me pidió tu hermana.

Temari rio.

—Suerte con eso.

Iba a necesitarla.

—Y deja de mirarme el trasero.

Especialmente con eso.


Hinata ayudó a Temari y Sakura a preparar la comida. El trabajo era lo único que la mantenía distraída para no pensar. Su padre le había quitado el móvil como si de una mocosa se tratara y también le había prohibido salir de casa, al menos, sola.

No podía enfadarse con él porque comprendía que lo hacía por su bien y ella necesitaba tiempo para pensar. Estaba dividida. No podía negarlo. Amaba demasiado a su familia y también seguía sintiendo cosas por Toneri, pero últimamente el miedo aumentaba. No era miedo a ser agredida físicamente, si no al daño mental.

Miedo de cómo era capaz de usar a las personas, herirlas para cumplir sus deseos como había hecho con Neji y Tenten. Y después, el acto con Naruto. Lo había acusado de ser su amante y menospreciado como si fuera una simple basura. Era normal que Naruto estuviera ofendido. Hinata sabía que ese muchacho era mucho más maduro de lo que se esperaba de él, pero que igualmente tenía un pronto juvenil todavía en sus venas.

Se preguntó cómo estaría. Sakura les había contado por encima lo que había ocurrido en la universidad y su padre se había encerrado para hacer unas cuantas llamadas importantes cuando se enteró de lo que sucedió en casa de los chicos.

—Espero que papá logre hacer algo por ellos —rezó Sakura sacando otro plato cargado de patatas mientras ella ordenaba los vasos—. Naruto realmente quiere estudiar.

Hinata se interesó por ello.

—¿Qué quiere hacer?

Sakura sonrió divertida.

—Profesor de niños. ¿Te lo imaginas?

Sí, podía. Es más; le venía que ni pintado con la cantidad de energía que poseía. Lo raro sería no verle hacer una trastada con ellos alguna vez.

No pudo evitar reírse por ello.

Guau —exclamó Sakura—. Hinata. No te había visto reír así desde… Desde hace mucho tiempo. Y que sea por alguien.

—¿Qué? —masculló sorprendida.

Sakura dejó las cosas sobre la mesa para tomarla de la mano.

—Sí. La última vez fue cuando nos dijiste que estabas prometida con él. Después de aquello, la sonrisa fue menguando cada vez más y hoy, después de tanto tiempo la vuelvo a ver. Y es otro chico quien logra sacarla.

Hinata estaba atónita. ¿En serio llevaba tanto tiempo sin reírse de verdad? Se tocó las mejillas dubitativa.

—Chicas, tengo que hablar con vosotras.

Temari interrumpió sus pensamientos. Llevaba algo nerviosa desde que había llegado de la compra y cuando le preguntaban qué había ocurrido saltaba como un gato y escurría el bulto. Así que era irremediable que Sakura y ella no la siguieran con todo el interés del mundo hasta la cocina.

—¿Creen que realmente exista el amor a primera vista?

Hinata y Sakura intercambiaron una mirada de sorpresa.

—¿Por qué preguntas eso? —exclamó Sakura emocionada por el cotilleo—. ¿Lo dices por Izumi?

Temari carraspeó.

—Bueno, lo de ella es algo extraño, pero no me refiero a ella. Veréis…

Les contó su encuentro en el centro comercial con Shikamaru Uchiha. Con las mejillas enrojecidas, los dedos nerviosos y la boca tensa. Hinata nunca había visto a su hermana tan hermosa.

—Hinata —nombró repentinamente—. Tú tienes más experiencia que yo. ¿El corazón te salta en el pecho? ¿Te olvidas de las cosas? ¿No puedes dejar de seguir con la mirada a esa persona? ¿No ansias verla? Esas cosas son las que pasan. ¿No?

—Entre otras —canturreó Sakura ganándose una palmada en el brazo de Temari.

—Sí —musitó—. Son muchos los sentimientos. Pero no sé bien cómo funciona a la hora de un primer amor. No obstante, puede que a él le haya pasado contigo en tu caso. Izumi es que pasa mucho tiempo en casa de los Uchiha, así que el roce puede haber creado algo de sentimiento.

No era una experta. Más bien, esas cosas solían darle una vergüenza extrema y, sin embargo, en ese momento le hacían fruncir el ceño.

¿Quería ver a Toneri? No. ¿Si pensaba en él su corazón saltaba como al principio? No.

Se llevó las manos al rostro y sollozó. Temari y Sakura dejaron sus piques para centrarse en ella, rodeando la mesa para estrecharla entre sus brazos.

—Lo siento, Hinata. No quería causarte ningún problema. No es como que yo esté enamorada de ese cola de piña, tranquila.

Intentó sonreírle sin lograrlo apenas.

—Vale, no es por eso. ¿Qué ocurre? —exigió Temari tomándola del rostro—. ¿Te duele el ojo? Vamos en un momento al hospital si hace falta.

—Si quieres cancelo la fiesta —propuso Sakura.

—No, no —negó—. Sigue con ella, por favor. Llevas mucho tiempo queriendo hacerla y no va a ser por mí que pare.

—Entonces, ¿qué es? —indagó Temari—. ¿Por ese cerdo?

Buscó una silla cercana y asintió.

—Me estoy dando cuenta de muchas cosas. Yo… creo que no le amo lo suficiente. Me he aferrado a él porque pensé que era el único que podía amarme y sin embargo, olvidé algo más importante —explicó pellizcándose las mangas del jersey—. Me he olvidado de quererme a mí misma. Hasta el punto en que dejé de ser consciente de que ya no me emocionaba del mismo modo. Sólo me dejaba arrastrar y cuando me quise dar cuenta, las cosas estaban dándome miedo. ¿Tan malo es que si me caso quiera seguir estando con ustedes? ¿Esa parte mía está tan poco capacitada para ser amada?

—¡Claro que no! —exclamó Temari arrodillándose frente a ella—. Hinata, ese hombre quería hasta quitarte tus hijos y enviarlos a un internado. Quería acapararte de tal modo que da miedo.

—Bueno, según me ha contado Naruto quería dejarle tener un amante —puntualizó Sakura poniendo los ojos en blanco—. ¿Naruto, en serio?

Hinata sonrió y sintió el salado sabor del llanto.

—Naruto es mil veces mejor que Toneri, Sakura —aseguró Temari otorgándole una servilleta para limpiarse—. Cualquiera de esos chicos es mil veces mejor que él.

—No, si lo sé —reaccionó ella llevándose una mano a la frente—. Yo y mi bocaza, por dios.

Hinata se limpió y las miró.

—¿Os habéis fijado que desde que nos mudamos esos chicos parecen formar parte de esta familia? —preguntó—. Quizás era de esperarse que Sakura e Ino se hicieran amigos suyos por las edades de los más jóvenes. Pero…

—¿Izumi durmiendo en su casa de la noche a la mañana? —terminó Temari por ella—. ¡Lo sé! Es una locura totalmente.

—Por no olvidar que tú tienes un pretendiente ahí también —picó Sakura sonriendo ladina.

Temari enrojeció y se puso en pie.

—¿Sabes que tengo poder para cancelarte la fiestecilla?

Sakura dio un respingo y con un exagerado "noooo" salió de la cocina antes de que Temari decidiera cumplir lo que decía. La muchacha la observó con las manos en las caderas y sonrió cuando se marchó.

—Enseguida se te suben a la chepa —remugó en broma, luego la miró a ella—. Entonces, me he perdido o acaba de pasar algo en el que has terminado de amar a Toneri y empieza a gustarte el adolescente Naruto Uchiha.

Hinata parpadeó hasta que se percató de por dónde iban las cosas.

Enrojeció sin poderlo evitar.

—¡No, no, no! Yo solo… me he dado cuenta de que no puedo estar más con Toneri. Va todo en contra de lo que siento. Lo de Naruto se lo inventó Toneri al malinterpretar las buenas acciones de Naruto por salvarme y protegerme. Nada más.

Temari se cruzó de brazos, observándola durante un rato, hasta que asintió.

—Bien, esta es la Hinata que conozco y me gusta más, sí.

Repentinamente la abrazó y Hinata sintió que eso era como un pedacito de cielo.

—Ahora, tenemos que dejárselo en claro a ese imbécil. Romper tu compromiso con él y mandarlo a la porra. Volando si hace falta.

Hinata asintió con una sonrisa.

—Sí, tengo que hacerlo. Pero papá tiene que dejarme salir o no conseguiré nada.

—Cierto. Quizás podamos convencerle si le digo que también iré.

—Pero Temari… —dudó.

—No hay problema. Iré. Y como se sobrepase le patearé el trasero que lo mandaré volando a la luna. Y si hace falta, somos seis para patear traseros.

Y estaba segura de que lo harían.


Cuando la música comenzó Naruto la escuchó desde su habitación, ahora más limpia, menos suya, pero más agradable. La de Sasuke había sufrido el mismo ataque de limpieza, aunque al moreno no parecía molestarle de más y simplemente se echó sobre la cama para devorar un pobre tomate.

—Oye, teme. ¿No vas a ir a la fiesta? —cuestionó.

Sasuke levantó la cabeza hacia la ventana. La música también le llegaba. Chasqueó la lengua y le dio la espalda como toda respuesta. Naruto bufó. Sakura y él habían estado intercambiando conversaciones por móvil y la chica parecía sentirse muy culpable por las palabras que le dijera a Sasuke esa noche anterior. Pero claro, su hermano era un borrico que no podía caminar sin una zanahoria. O sin que Itachi le diera un buen tirón de orejas.

Y ya se lo había dado de sobras. El punto es que le costaba arrancar.

—¿Vas a ir? —cuestionó Gaara cuando pasó por su puerta.

Estaba sentado en la cama, con un libro abierto sobre sus piernas al que ya le quedaba poco por terminar.

—Sí, me han invitado y quiero saber cómo va la cosa con Hinata —confirmó bajando la voz. No sabía si Izumi continuaba en la casa.

Gaara asintió y se encogió de hombros.

—Itachi me ha dicho que no haga nada hoy.

—Sí, mejor. Creo que Hatake está metido muy de lleno con ayudarnos y está encerrado en su despacho. Seguramente es ahí donde la guarde.

—Tiene pinta de eso, sí —confirmó.

Naruto iba a marcharse cuando se detuvo.

—¿No quieres venir?

—No, prefiero leer.

—Estará la pequeñaja que te toca —bromeó. Gaara le tiró un cojín como respuesta.

Se marchó en sonoras carcajadas que no despertaron a Shikamaru, completamente frito en el sofá.

—¿También vas a ir?

Se detuvo al ver a Sai recoger sus llaves.

—Sí, iré a la fiesta. ¿Tú?

Asintió pero no se movió. Naruto se acercó para tomar sus propias llaves.

—Naruto.

Levantó la mirada hacia él, interrogante. Sai no era de darle vueltas a las cosas pero en ese momento estaba haciéndolo.

—Ino y tú, antes…

—Ah, eso —recordó—. Estuvo preguntándome cosas acerca de Sasuke y Sakura, por su enfado la noche de la verbena. Nada más.

Sai asintió levemente y si no le hubiera conocido, habría pensando por un instante que estaba… No. No podría ser. Lo sujetó del brazo al ver que se volvía, satisfecho con la investigación.

—Sai. Recuerda que esto es un trabajo.

Sai miró su mano y luego a él, sonriendo de esa forma maquiavélica tan propia.

—Por supuesto.

Naruto lo soltó preguntándose si realmente sería consciente de lo que estaba sucediendo.

No le dio más vueltas y le siguió hasta la mansión. El patio ya estaba lleno de gente y muchos ya disfrutaban de la piscina en bikini, bañadores y trajes muy sugerentes. Naruto se palmeó las calzonas habiéndose prometido darse al menos un chapuzón. Hacía años que le tenía ganas a esa piscina.

Sakura estaba en la puerta recibiendo a unos chicos cuando le vio. Le saludó levantando la mano.

—¡Has venido! —exclamó—. Vas a darte un baño. ¿No?

—¡Claro! —aceptó a ambas cosas—. Y creo que también picaré algo.

—Todo lo que quieras y si hay algo que quieres y no está, en la cocina están Temari y Hinata.

—¡Perfecto! —aceptó. Al notar que miraba por encima de su hombro, suspiró—. Lo siento, Sasuke no ha dicho nada de venir.

—Entiendo.

Sakura parecía abatida.

—¿Quieres que lo traiga de la oreja?

Sakura sonrió pese a que no llegó a sus ojos.

—No, no. No es necesario. Ahora a divertirse mejor.

Se aferró de su brazo y estiró de él hasta la mesa de comidas. Alguien estaba inclinado sobre algunos de los vasos de bebida cargados y listos para tomar con una cantimplora entre las manos. Al verlos, retrocedió y huyó.

Se imaginó qué sería. Dudaba que con sus hermanas ahí le permitieran poner algo de alcohol y algunas personas eran incapaces de divertirse sin ello.

—Creo que Hinata ha madurado más.

Sakura extendió la mano y tomó uno de los vasos, metiendo una pajita.

—¿A qué te refieres? —cuestionó intentando quitárselo.

—Ey, coge el tuyo —recriminó—. Hoy se ha dado cuenta que no siente lo que esperaba por su prometido. O ex prometido. Como sea. Tiene que arreglarlo, así que supongo que le pedirá permiso a mi padre para ir o algo. No me enteré de todo, pero es bueno saber que finalmente está dispuesta a pasar página.

Naruto escuchó atentamente. Le interesaba tanto que obvió que Sakura había bebido ya la mitad de su vaso cuando él se separó de ella para sopesar la información y aprovechar en darse un chapuzón. Cuando llegó a una parte de la piscina, frente a él, había unos pies femeninos y parte de una falda. Al levantar la vista, Hinata le sonreía, mostrándole una toalla de colores.

—¿Está buena el agua?

Se pasó una mano por el rostro para quitarse el agua y después salió, sentándose a su lado y aceptando la toalla.

—Muy buena. Aunque seguro que con menos gente se podría nadar mejor.

—Entonces, ven a probarla cuando no haya nadie. Estoy segura de que a Sakura le encantará la idea.

Su sonrisa fue radiante, más feliz, como si se hubiera quitado algo de peso de encima.

—Pero también has de bañarte —animó—. ¿Hoy no lo harás?

—No puedo con el apósito —explicó y miró a su alrededor, sonrojándose—. Y prefiero más bañarme en familia que con desconocidos.

—Ah, claro. Entonces conmigo ni hablar —descartó rascándose la barbilla.

—Oh, no, no —negó ella extendiendo las manos—. Eres conocido, así que seguramente no tendría problemas. (1)

Naruto no pudo evitar sonreír. Miró a su alrededor hasta dar con su camiseta y se levantó para ponérsela. Hinata le siguió en silencio, esquivando chicos alocados que al parecer ya les estaba subiendo el alcohol demasiado.

—¿Vamos a un lugar con menos ruido? —cuestionó.

Hinata asintió y le señaló uno de los caminos secundarios de la mansión hacia el otro lado. El ruido fue menguando y aunque espantaron a una pareja que parecía demasiado cercana, se alegró de estar algo más a solas y también, ver otro lado de la mansión por la que poder colarse.

Se detuvieron a la sombra y apoyaron sus espaldas contra la pared.

—Sakura me ha contado algo, acerca de que has avanzado en pensamiento con tu prometido, ttebayo.

—¿Eh? Sí —reconoció metiendo un mechón tras su oreja—. Me he dado cuenta que no puedo seguir atrapada por un amor así. Sé que es egoísta de mi parte anteponer mis hermanas a él, pero tampoco podría soportar la soledad que quiere darme. No vamos a llegar nunca a un buen camino y no creo que sea sano. Además, yo…

Naruto esperó a que hablara y al ver que sólo enrojecía y jugaba con uno de sus mechones, levantó una ceja.

—¿Además, tú…?

—No me siento como antes —respondió un poco después—. No siento mariposas en el estómago, que el corazón me lata salvajemente, que me sonroje como al principio o que… —Se miró el anillo que todavía llevaba con cierta tristeza—, espere ese día con la misma ilusión.

Comprendió que sería algo referente a estar enamorado. La forma en que una mujer debía de ver el mundo cuando lo estaba. La observó por un momento, imaginándosela de ese modo y le pareció preciosa.

—Y para remate, te inmiscuye en esto. Lo siento. No tenía motivos para hacerlo —aseguró mirándole—. No puedo creer que se haya sentido inseguro por eso.

Naruto frunció el ceño. Su cuerpo se tensó mientras la escuchaba hablar. Levantó un brazo para apoyarlo contra la pared, inclinándose para poder quedar a su altura.

—¿Te refieres a que no me ves como un hombre?

Hinata parpadeó. Sus mejillas comenzaron a enrojecer y levantó sus manos para agitarlas frente a su rostro.

—¡N-no se trata de eso! Claro que eres un hombre, pero yo ahora mismo no estoy preparada para nada más. Estoy completamente exhausta con esto y sólo te veo como un amigo.

Se quedó a cuadros. ¿Así era como uno terminaba en la conocida zona del amigo? ¿Acaba de ser rechazado por una mujer en toda regla?

Hinata se miraba los pies, frotando un brazo con su otra mano.

—Lo siento, no quiero que me mal entiendas. Yo quiero poner en orden mi vida y no quiero que te atrape. Eres joven y divertido. Oh, dios, si tendrías que estar en la piscina ligando a alguna chica y yo entreteniéndote.

Soltó una risa obligada y le dio una palmada en el hombro.

—Venga, ves a ello y disfruta.

Luego se alejó.

Naruto se quedó mirando el césped sin poder creérselo. Se llevó una mano al rostro, nervioso. ¿Qué diablos debía de hacer ahora? Ella necesitaba verle como hombre. Necesitaba no poder dejar de pensar en él para poder abrir las puertas de su casa.

No era tan sencillo como rendirse.


El móvil sonó dentro de su traje. Tras levantar una mano y disculparse lo tomó. La voz del muchacho llegó bajo un ruido de música estridente, gritos y sonidos de agua.

—Bien, parece que quitarles las becas no ha sido suficiente. Entonces, sigamos con el siguiente plan.

Colgó y miró hacia los demás, sonriendo.

—¿Por dónde íbamos?


La fiesta estaba casi terminando cuando decidió acudir. Había mucha menos gente y algunos ya los conocía. Su hermano Itachi estaba por ahí, pululando con Izumi y Temari. Naruto había retado a unos cuantos a nadar y Sai estaba junto a la piscina con Ino como animadores. Shikamaru había pasado completamente de ir y Gaara continuaba negándose a ello. Incluso había cerrado la ventana para evitar más ruido del necesario.

Casi parecían estar como en su casa, como si se hubieran olvidado por completo de qué tenían que hacer. Podrían haber aprovechado para investigar un poco y sin embargo, estaban ahí haciendo los idiotas.

Como él.

Lo reconocía, a veces sus cabreos eran los peores. Podía comprender a Sakura pero también seguía ahí esa espina suya propia que, desde luego, ella no debía de comprender porque era desconocedora de ello. Así que podía tomarlo como un estar en tablas.

Buscó con la mirada a la mujer en cuestión sin encontrarla. Era extraño que, con lo que había trabajado para preparar la piscina, no estuviera disfrutando de ella. Eso, o había terminado ligando y retirándose a un lugar más privado.

Gruñó al pensar que había hecho el viaje para nada.

Regresó a la entrada para marcharse cuando de reojo percibió el tono rosado de sus cabellos. Estaba sentada en la escalera y sostenía uno de los vasos de plástico entre sus dedos vació.

Caminó hasta su altura y se sentó.

—Si eres otro imbécil que espera que esté lo suficiente borracha para meterme la lengua, ya te puedes largar.

Así que eso había pasado. Podía imaginarlo. Más de un cerdo desesperado. Muchos dispuestos a esperar que porque una mujer estuviera borracha iban a conseguir algo más que un simple gracias.

—¿No me has…?

Levantó la cabeza y al verlo, retrocedió tanto que si no fuera gracias a sus reflejos, se habría golpeado la cabeza. Sasuke sostuvo su nuca, descubriendo la suavidad de su cabello y bajó la mirada hasta su rostro. Estaba sonrojada y los labios hinchados. Sus ojos muy abiertos.

—¿Sasuke?

Asintió lentamente.

—¿Por qué has venido?

—Prometí que vendría a la fiesta a cambio de la cita en la verbena.

Ella arrugó el ceño al recordar esa noche. Él retiró la mano y le dio espacio.

—Lo siento. Quería disculparme por lo que dije, no tuve medida. A veces me pasa eso. Hablo y hablo y tiendo a meter la pata.

Se encogió de hombros.

—Tampoco estuve…

—No, tranquilo, lo entiendo —aseguró sosteniéndolo de la camiseta—. Yo dije cosas crueles. Sólo me centré en mi punto de vista.

Se levantó para colocarse frente a él y extendió su mano izquierda. Sasuke la miró y luego intercambió con su rostro y de nuevo, regresó a ella, sin comprender.

—¿Amigos? —cuestionó.

Aquello fue una sorpresa. Generalmente las mujeres primero querían meterse en su bragueta antes que ser su amigo. La amistad no era algo que se valorase mucho en su casa. Los contactos sí.

Podía tomarlo como eso. Al fin y al cabo, él no quería meterse en sus bragas pero sí en su casa.

Aceptó la mano.

—Amigos.


Le latía mucho el pecho y estaba recargada de energía. Aunque era algo tarde le serviría para recoger la mesa y demás. Habían despedido a los últimos invitados y tan sólo quedaban ellas y los chicos. Sai y Ino se encargaban de recoger la basura que había quedado atorada en las plantas y Izumi dirigía al resto sabiamente. Hasta Temari se encargaba de sacar pesadas bolsas de basura junto a Matsuri. Hinata se había refugiado en la cocina para fregar y nadie se ofreció a ayudarla al entender su mirada de súplica al necesitar un momento para ella.

Era gracioso porque también Sasuke estaba ayudando bajo la vigilancia de Itachi, que lo había interceptado cuando quiso huir de regreso a su casa. Naruto también estaba enfrascado en recoger cosas y por un instante, le pareció divertido el hecho de que ellos estuvieran ahí con ellas.

Habían pasado de ser unos completos desconocidos a estar protegidos por su padre. Su hermana Izumi incluso había pasado una noche en su casa y Temari, aunque no lo aceptaba, parecía tener cierto feeling con Shikamaru.

Por un instante se sintió como si fuera Matsuri imaginándose una larga telenovela en que seis hermanos querían conquistar a las seis hermanas vecinas. No pudo contener una carcajada.

Pero le hacía mucha gracia y también, en cierta manera, latir el corazón.

Sin embargo, todos los momentos de calma que últimamente tenían tendían a desbordarse y crear un caos mayor.

Escuchó el chirrido, pero jamás pensó qué vendría después.


Matsuri estaba molesta mientras corría por la acera por detrás del dichoso vaso de papel que se había escapado de las bolsas de basura. Le habían prohibido participar en la fiesta y aunque al principio pensó que no le importaría y que podría tomarse ese tiempo para escribir o leer, no consiguió conectar con su lado artístico y cuando intentó escaparse para ver a Gaara, Izumi la interceptó y se tiró toda la tarde dándole órdenes con tal de mantenerla lejos de la fiesta.

Estaba tan absorta en su propio enfado que no captó el sonido hasta que lo tuvo encima. Sus ojos quedaron deslumbrados y cuando alguien la aferró para alejarla, fue como un soplo de viento caliente. Al levantar los ojos se encontró con unos aguamarina preciosos pero que no duró demasiado mirándola.

El siguiente ruido jamás lo olvidaría en su vida. Algo hueco y carnoso. No podría describirlo bien pero sabía que se le pegaría para siempre en el alma.


Temari estaba esperando por Matsuri cuando vio el vehículo. Alguien aferró a Matsuri antes de llegar a mayores. Sintió un terrible alivio.

Su hermana estaba bien. Estaba viva.

Luego todo fue oscuridad.


La ambulancia llegó en poco tiempo. Gaara no podía apartar la mirada, las luces lo bloqueaban y por un instante tembló como si fuera a tener uno de sus ataques. Shikamaru puso una mano sobre su hombro y le hizo retroceder para dejar paso a Hatake. Las chicas lo rodeaban, todas gritando y exigiendo.

—Espere —ordenó Hatake levantando una mano—. ¿A qué hospital van a llevarla? —cuestionó.

—¿Por qué? Generalmente los llevamos al principal, pero si tienen uno en concreto, debe de ser cercano o no sobrevivirá.

—No es por eso. Es por su grupo sanguíneo. Nadie en la familia comparte el mismo. Lo heredó de su madre —explicó el hombre impaciente—. La última vez que tuvieron que hacerle una transfusión no tuvieron donantes y por poco muere.

—¿Cuál es?

Su voz se alzó por encima de los demás, que giraron para mirarle. Itachi dio un paso hacia él pero levantó la mano para retenerle.

—RF (2) —respondió Matsuri. Estaba encogida contra Hinata, temblando.

Gaara asintió e intercambió una mirada con Itachi, que asintió.

—Tengo el mismo. Iré con ustedes.

Hatake asintió y se hizo a un lado. Los enfermeros les colocaron los cinturones.

Temari estaba en la camilla y trabajaban en ella para mantenerla con vida. Gaara no estaba seguro de si podría ayudar sólo donando sangre, pero por una vez se alegraba de que esa maldita sangre sirviera para algo.

—Tu enfermedad. ¿Estará bien? —cuestionó Kakashi.

—No es contagiosa —aseguró.

El hombre negó con la cabeza.

—No lo digo por eso, por tu salud más bien. ¿Podrás soportarlo?

Gaara miró hacia la mujer en la camilla.

—Podré.

La prioridad era salvarla.

Continuará…


(1): Ahora mismo no tiene problemas o ella cree no tenerlos porque no siente nada por Naruto.

(2): Me lo he inventado, sí xD