NOTA: Originalmente he descubierto que Gaara y Temari no tienen la misma sangre, pero acá en el fic sí porque lo descubrí tarde pero igual me hacía falta para la trama.
NOTA 2: El capítulo transcurre en la noche del accidente. (A veces me pregunto si no los estaré enamorando demasiado rápido…).
8: Noche de chismes y más.
Las noches más locas son las que no puedo evitar chocar contra tu boca, escuchar tu risa o simplemente convertirme en un niño entre tus brazos.
Gaara se dejó caer sobre la silla más cansado que nunca. Tenía ambos brazos con las mangas levantadas y en ambos fosos del codo gasas cubiertas por esparadrapo. Justo cuando apoyaba la cabeza contra la pared, los demás llegaban. Al menos, algunos.
Izumi y Itachi llegaron a la par. Itachi sujetaba dos cascos en una mano. Después, unos minutos más tarde, Hinata, Matsuri y la mujer de Hatake a quien no conocía.
—¿Y mi padre? —cuestionó Izumi mirando ansiosa a los lados.
—Está dentro —explicó—. Con un tipo que es médico y conoce.
—Neji —explicó Hinata—. Tiene que ser él.
Gaara se encogió de hombros hasta que se dio cuenta que Matsuri se había detenido a sus pies. El llanto caía por sus ojos y tenía las manos empuñadas.
—¿Por qué? —cuestionó.
—Matsuri —nombró Hinata sorprendida.
—¿Por qué no… yo?
Gaara cerró los ojos. Comprendía ese sentimiento.
—No me hubiera dado tiempo a llegar —aseguró—. Y ella no habría querido que la salvara a costa de tu vida.
Matsuri lo comprendía, podía sentirlo, pero no perdonarse. Ninguno de ellos habría sido capaz de hacerlo de estar otro hermano en el quirófano.
Itachi posó una mano sobre su hombro y él le miró.
—¿Estás bien?
—Sí. Sólo cansado. Has venido rápido.
—Las motos callejean mejor que los coches —respondió Itachi encogiéndose de hombros—. Y cuando llevas a una loca tirándote de la coleta para que aceleres, más.
Izumi le dio un codazo como represalia antes de avanzar hacia las puertas para ver si podía sacar algo de información. Itachi se frotó el lugar y se alejó con ella. Matsuri se sentó a su lado y miró hacia sus brazos.
—¿Han sacado mucho?
—Lo suficiente —respondió encogiéndose de hombros—. Si hace falta más…
—Temari siempre fue complicada en este asunto —explicó Hinata acercándose más a ellos—. Cuando era pequeña la tuvieron que operar también y por poco muere. Desde entonces vamos con mucho cuidado con eso. Pero que estuvieras hoy ha sido una suerte.
—Parece que los favores aumentan.
—Rin —nombró Hinata hacia la mujer, asintiendo a su comentario—. Sí. Vamos a estar en deuda de por vida.
—No —negó él algo molesto—. No es necesario. Solo es sangre.
—Para ti solo es sangre —corrigió Matsuri tomándole de la mano—. Para nosotras es la vida de nuestra hermana.
Se encogió de hombros, demasiado cansado como para batallar con tres mujeres. Volvió a cerrar los ojos y suspiró.
Entonces, recordó algo.
Volvió a mirarlas.
—Hatake ha dicho que Temari comparte el mismo grupo sanguíneo que su madre —dijo. Hinata asintió—. ¿Está viva?
—Sí —confirmó Rin—. Lo está.
Asintió y miró hacia las puertas.
—Sería demasiada casualidad —musitó más para sí mismo.
—Karura.
Gaara desvió la mirada hacia la esposa de Hatake. Rin le miraba fijamente.
—La madre de Temari, se llama Karura. Lo último que sabemos de ella es que vivía con su hermano en una ciudad cercana al desierto.
Tragó, nervioso. Miró de reojo hacia Itachi, quien parecía estar calmando a Izumi. Hinata se había unido a ellos y Matsuri, intrigada, la siguió. La mujer, sin embargo, se había quedado con él.
—Estaba embarazada cuando Kakashi y ella se separaron. Y no de él.
Se miró las manos, temblorosas. No podía existir dos personas iguales. Con el mismo pasado. Con las mismas fechas.
—¿Por qué te interesa? —cuestionó Rin.
Él la miró receloso.
—Ah, perdón. Soy periodista así que puedo decir que es cosa de profesión hacer las preguntas más inapropiadas.
Gaara negó.
—Es el mismo nombre de mi madre.
Rin se sentó a su lado, tensa.
—¿Crees que pudierais estar relacionados?
No lo sabía. Su padre nunca le había dado explicaciones a Itachi y todo cuanto él sabía fue a escondidas de su hermano mayor. La única vez que había ido a preguntar con la excusa de un trabajo de ciencias le permitieron echar un pequeño vistazo y después, fue indagando por él mismo, colándose en los centros para buscar más información.
Descubrió su parentesco con Karura. Se obsesionó por un tiempo en buscar respuestas acerca de por qué su madre le dejó tirado o por qué permitió que su padre lo abandonara como otro más y provocara que su hermano mayor tuviera que cargar con todo el peso.
Claro que nunca había hecho nada para acercarse a ella. Primero que nada, no tenía los medios y segundo, no sabría qué hacer. ¿Qué podría decirle? ¿Echarle en cara el qué? No sabía ni por dónde empezar.
—Sé que hay otra persona —dijo al fin—. Un hermano o hermana por su parte. Mayor. Poco más.
Rin tomó aire y apretó los labios. Enderezó la espalda.
—Podría ayudarte —propuso—. Pero necesito saber qué pasaría de saber que compartes sangre con Temari, por ejemplo.
Él la estudió durante un momento.
—Nada —negó—. No pasaría nada. Nada cambiaría.
—No se lo dirías a los demás —dedujo.
Él desvió la mirada.
—Probablemente no.
—Bien. Hagamos una cosa —dijo—. Te ayudaré a buscar si es tu madre verdadera, la misma que la de Temari. Pero has de prometerme que cuando llegue el momento, se lo contarás a todos. Y a Temari especialmente.
—Ella no necesita más hermanos —protestó—. De serlo. Y menos uno como yo.
—Eso no puedes responderlo tú porque no eres Temari —aseveró con amabilidad.
Gaara no esperaba esa respuesta. Más bien, ni siquiera había esperado esa ayuda. Se preguntó si estaba haciendo bien en confiar en ella y si eso no crearía más problemas. Quizás, si realmente Temari fuera su hermana, cosa que sería cojonudamente una patada en los huevos por parte del destino, podría causar problemas en el plan.
—Ninguno de ustedes conocen a sus madres, por lo que parece.
Negó.
—Lo mío fue casualidad.
Ni siquiera Sasuke, con lo delicado que era con el tema de los padres, parecía haber buscado más información. O quizás es que él no lo sabía. Al fin y al cabo, todos estaban creando sus propios secretos.
Miró hacia Itachi, quien había rodeado con su brazo a Izumi. Se desvió hacia la pequeña de los Hatake y descubrió que ella estaba mirando. Sonrió con tristeza y él no supo si sentirse bien o mal.
Pero sí se sentía como un niño que va a ser regañado por hacer una trastada.
Realmente no estaba enfadada con él pero no podía borrar esa pregunta de su mente. ¿Por qué Temari y no ella? A primera entrada el coche iba hacia ella y Gaara había logrado salvarla antes de ser atropellada. Temari estaba ahí, en medio y luego voló por los aires hasta caer al suelo.
Recordaba haber gritado y que cuando la ambulancia se la llevaba, Hinata echara a correr para ir a por su propio coche. Izumi y Itachi habían desaparecido y Sakura y Ino se miraban sin saber qué hacer. Al final, Rin las mandó a todas a casa. Matsuri se había colado en el coche y no se dejó ver hasta estar cerca del hospital, donde ya Hinata y Rin no podían devolverla a casa.
Cuando estuvo delante de Gaara no pudo evitar hacerle esa pregunta sin pensarlo.
Algo injusto, pues se le veía cansado.
Cuando Rin se acercó a ellos para preguntar qué sabían, Matsuri abandonó la puerta para ir hacia él. Se sentó a su lado una vez más. Gaara sólo la miró una vez antes de cerrar los ojos.
—Lo siento —se disculpó—. No quería hacer esa pregunta. No es como que piense que tienes la culpa ni que prefirieras salvar a una u otra.
—Sólo alcancé a quien tenía más a mi mano —recordó él.
—Lo sé… soy consciente de que Temari estaba más lejos. Ni tú ni yo podríamos haber llegado.
Guardó silencio y se miró las manos, pequeñas y de uñas mordidas.
Sintió algo pesado en su hombro en un instante. Intentó mirar, pero su mejilla rozó contra algo más duro y a sus ojos llegó la visión de algunos mechones pelirrojos.
—Te has…
Aguantó una risita y se acomodó mejor para él.
Servir de cojín sería lo menos que pudiera hacer por él.
Neji le acompañó hasta la salida cuando una enfermera blasfemó por la cantidad de gente y pesadez a cuenta de los familiares de la mujer en quirófano. Ya que no podían hacer más que esperar, sugirió a Hatake unirse a sus hijas. Éste aceptó el ofrecimiento y nada más salir, se vio cobijado por preguntas, abrazos y ansiedad.
Solo un hombre permanecía apartado, de pie, con dos cascos aferrados en una mano que inclinó levemente la cabeza al verle.
—¿Se sabe algo? —cuestionó Hinata—. ¿Está bien?
—Están operándola, pero no hay riesgo. Si la ambulancia hubiera tardado más se habría desangrado, pero logramos llegar a tiempo y la sangre que Gaara ha donado ha ayudado mucho —explicó Hatake mirándole.
Neji asintió.
—Sobrevivirá.
Las chicas suspiraron aliviadas, al menos, al saber que no corría peligro. Neji había visto a lo largo de su vida como médico muchas situaciones parecidas y sabía perfectamente que no se calmarían del todo por mucho tiempo.
—Volveré dentro —anunció—. Os estaré informando de cualquier cosa.
—Por favor —suplicó Hinata.
Neji asintió antes de marcharse. Ahora, ya era cosa de Hatake calmarlas.
Itachi se quedó a un lado mientras Hatake y el médico hablaban con ellas. No era parte de la familia como para estar ahí. Miró a su hermano de reojo. Gaara estaba recostado el sillón con los ojos cerrados. Desde luego, ese mocoso era capaz de tener sus momentos de héroe.
—Me quedo.
La voz de Izumi le hizo volver a prestar atención a las hermanas y su padre. Éste había levantado una mano, firme, mientras miraba a Izumi con seriedad.
—No —negó Hatake—. Todas volveréis a casa. No quiero a ninguna aquí hasta nueva orden.
—¡Papá…! —protestó la pequeña—. ¡No puedes…!
—Sí, puedo —aseveró—. Os vais a casa. Me quedaré yo.
Le buscó con la mirada y Itachi enarcó una ceja.
—Itachi, sé que no estoy en derecho de pedir nada. Pero… ¿podrías cuidar de ellas? —cuestionó acercándose hasta su altura—. Creo que esto no ha sido un accidente. Me sentiría más tranquilo si alguno de vosotros estuviera por ahí.
Itachi asintió.
—Sin problemas —aceptó.
—Papá, podemos…
—Izumi —interrumpió Hatake volviéndose hacia ella. Le acarició el mentón levemente—. Vuelve a casa. Las chicas te necesitarán. Itachi os hará compañía o uno de sus hermanos. No salgáis hasta que os diga.
—¡No puedes encerrarnos en casa! —protestó Matsuri—. ¡Y no me quiero ir!
—¡Matsuri! —exclamó Hinata aferrándola de los hombros—. Por favor, sé buena. Ahora mismo tenemos que hacer lo que papá dice.
La chica parecía estar a punto de protestar otra vez.
—Matsuri —nombró. Ella le miró al instante—. ¿Qué te parece si vamos en contra de tu hermana Izumi y te llevo en moto a casa? Así serás la primera en contarle a las demás cómo está todo.
Eso pareció gustarle y cuando buscó la mirada de consentimiento de Hatake, le entregó el casco. Se quitó su chaqueta y se la dio.
Caminaron en silencio hacia la salida tras despedirse de Gaara y advertirle de que enviaría a uno de ellos con él. Probablemente, Shikamaru.
Se subió a la moto y esperó a que ella hiciera lo mismo. Izumi se acercó a ellos.
—Por favor, ten cuidado con Matsuri —suplicó—. No quiero que…
—Estaré bien —cortó Matsuri aferrándose a su cintura y sacándole la lengua a Izumi—. Cuidaré bien de tu novio.
Izumi enrojeció de tal forma que por un instante pareció que su cabello se levantara.
—¡No es mi novio! —espetó dándoles la espalda—. ¡Nos vemos en casa!
Itachi miró su espalda y luego a Matsuri. La niña se encogió de hombros.
—Se hace la dura —aseguró—. O supongo que después de la última vez no quiere admitir que pueda gustarle alguien.
—¿Tu hermana salió con alguien antes? —cuestionó.
Matsuri asintió.
—Sí, aunque nosotras nunca le conocimos. Lloró mucho. Y desde entonces, no ha vuelto a hablar de ello.
—Comprendo.
Le dio unas palmadas en las manos.
—Agárrate fuerte. ¿Vale?
—¡Si!
Ahora comprendía más cosas de Izumi a cuenta de su comportamiento. Otras continuaban siendo un misterio. Había dado por hecho que era una solterona sin remedio, una virginal mujer que desconocía de las muchas cosas que podría sentir su cuerpo.
El misterio quizás fuera más grande.
Llegaron antes que ella y Ino y Sakura las esperaban en las escaleras de la mansión. Naruto estaba con ellas.
—¿¡Cómo está!? —exclamaron a la vez.
Para su sorpresa, Matsuri explicó de una forma muy madura la situación y los tres adolescentes la escucharon con atención. Sakura estrechó a la más pequeña entre sus brazos, besándole la frente.
—Está bien, Matsuri —dijo—. Está bien.
—¿Gaara? —cuestionó Naruto acercándose a él.
—Se ha quedado por si acaso. Aunque no sé qué más le van a sacar. Enviaré a Shikamaru con él. ¿Y Sasuke?
—En la casa con Sai y Shikamaru —respondió Naruto señalando con el pulgar—. Me quedé con ellas por si acaso.
—Sí —asintió—. Uno de nosotros se quedará. Hatake lo ha pedido —explicó.
Se frotó la cabeza, cansado.
—Iré a hablar con Shikamaru. Quédate mientras. Ahora vendrán las otras hermanas. Volveré después.
Naruto asintió y regresó con las chicas. Itachi entró en su casa justo cuando el coche de Hinata entraba en la calle. Las saludó con la mano y cerró. Shikamaru y Sai se asomaron desde la cocina.
—Shikamaru —nombró—. ¿Puedes ir al hospital con Gaara? Se quedará por si es necesario.
—Claro —aceptó este. No hubo ningún tipo de queja ni chasqueó perezoso, para su sorpresa.
—¿Y los demás? —se interesó Sai.
—Hatake me pidió que cuidásemos de ellas. Al menos, que uno de nosotros estuviera siempre rondando por ahí.
Sai se lamió los labios antes de hablar.
—Eso nos ayudaría a buscar el momento oportuno para ver si hallamos algo —sopesó—. ¿O también vamos a perder esta oportunidad, Itachi?
Shikamaru frotó los cabellos de Sai.
—Ponte un poco en su lugar, Sai. Acaban de atropellar a su hermana.
Sai le palmeó la mano para evitar que siguiera tocándole.
—Y nosotros hemos estado a punto de morir de hambre muchas veces. Nos hemos arriesgado para poder sobrevivir robando. Gaara ha estado a punto de morir porque no tenemos dinero. ¿Hemos de obviar todas esas cosas por una de ellas?
Itachi le miró perplejo.
—Sai, si estuvieras en su lugar…
—No lo estoy y precisamente porque no quiero estarlo es por lo que creo que es un buen momento.
—Olvídalo, Sai, no le harás ceder. Está demasiado enchochado (1).
Sai y él se volvieron hacia las escaleras. Sasuke se apoyaba contra la barandilla mirándolos fijamente. Itachi suspiró.
—¿Cómo no ibas a ser tú quien fomentase esto, Sasuke?
—No se trata de fomentar nada, Itachi —gruñó—. Es que estás olvidándote de tu familia por esas chicas. ¿Acaso no fuiste tú quien añadió la nueva norma?
—Se llama empatía Sasuke —aseveró—. Deja de guiarte sólo por tu odio. La prisa no es buena compañera.
—No, pero la paciencia por poca mata a nuestro hermano —recordó Sai.
Itachi los estudió a ambos.
—Chicos —interrumpió Shikamaru—. Pensad un poco las cosas. Gaara sobrevivió y encima, tiene el tratamiento pagado casi para toda su vida.
—Y él ha entregado su sangre a cambio —gruñó Sasuke.
—Nadie le puso un cuchillo para hacerlo. Fue por su propio pie —puntualizó Shikamaru.
Y era cierto. Hasta él mismo se sorprendió cuando se ofreció a ello.
—Eso no quita que ahora haya una oportunidad de oro. Los dos os estáis dejando influenciar por dos mujeres. Os pueden más las bragas que el hecho de que necesitamos esa condenada llave —espetó Sasuke fríamente—. Haced lo que os dé la gana. Esta noche entraré yo. Si después queréis seguir adelante con el plan, bien. Si no, lo haré solo.
—Sasuke —nombró Shikamaru para detenerlo pero fue ignorado.
Itachi le puso una mano en el hombro y negó.
—Déjale. Por ahora ves al hospital por Gaara.
Shikamaru asintió y se marchó un momento después. Sai continuaba a su lado.
—Itachi. Sasuke tiene razón —le dijo—. Tenemos la oportunidad.
—Y la impaciencia —recalcó—. Si fuera el momento ya os lo habría dicho.
Sai le asió del hombro.
—Itachi. ¿Sientes algo por Izumi? —cuestionó—. No podemos asegurar que no nos estemos jugando más de lo que parece. Quizás el corazón…
—Continúa con tus frases sarcásticas, Sai. Se te dan mejor que el corazón de las personas —indicó soltándose.
Sai retrocedió y sonrió. Levantó ambas manos, rindiéndose.
—Haz lo que quieras.
Itachi se frotó el mentón con cansancio. No podía lidiar con todo a la vez.
Comprendía la ansiedad de Sasuke, sus pautas a seguir y remarcar las cosas que les hicieron daño de niños. Pero olvidaba otras partes de la vida. Y aunque no le gustase, estaban comenzando a deberle mucho más que sangre a Hatake y sus hijas.
Cuando empezó todo no se imaginó que llegaría hasta ese punto.
Regresó a la mansión.
Izumi, su hermana y la esposa de Hatake habían regresado también. La mayor se había marchado para recoger algo de ropa para su esposo y no tardaría en marcharse, según le explicó Naruto cuando llegó a su altura.
—Y también he recibido un mensaje de la universidad. Vuelvo a estar dentro del sistema de becas. Puedo seguir estudiando.
Itachi no pudo evitar alegrarse por ello, aunque comprendía de dónde venía esa oportunidad. Miró hacia su destartalada casa. Si Naruto lo había recibido, Sasuke también. Muchas cosas debían de estar pasando por su mente.
—Gracias.
Izumi lo sacó de sus pensamientos cuando se acercó a ellos. Naruto les sonrió y regresó con Sakura e Ino.
—Por traer a salvo a Matsuri y por llevarme antes.
Se encogió de hombros restándole importancia.
—Habrías hecho lo mismo de estar en tu situación.
—Cierto —confirmó ella—. Escucha, sobre lo que mi padre ha dicho que os quedéis… no nos importa, pero no creo que sea necesario.
—Tu padre sí —recalcó—. Y lo haré.
Izumi guardó silencio y miró hacia sus hermanas. Itachi posó una mano sobre su cabeza, inclinándose.
—No voy a comérmelas ni nada por el estilo —aseguró—. Además, de querer comerme a una, ya sabes quién es.
Ella levantó la cabeza hacia él con la boca abierta.
Itachi estuvo muy tentado, demasiado, a aprovechar la situación. Pero se retiró cuando sintió el móvil vibrar en su pantalón. Si Izumi dijo algo o no, no le prestó más atención.
—Kisame —nombró al descolgar.
Se alejó de Izumi para poder escuchar al hombre.
—Menudo pieza me has mandado a buscar. Pensé que usarías el favor para buscar a tu padre y no a un niño rico.
Sí, esa había sido su idea principal. Pero los favores no se ganaban fácilmente y los atesoraba demasiado.
—¿Qué tienes?
—Una mierda. Es un niño rico de cuna barata. Su clan está bajo el mandato de otra rama familiar más fuerte, los Hyûga. Quiere apoderarse de todo eso desde hace tiempo. Mi informador me cuenta que intentó casarse anteriormente con una heredera (2) pero esta se casó con otro tipo de más categoría hijo de un político importante, así que se frustró. La chica de la que me hablaste, Hinata, pertenece a esa rama, pero es un cacao, porque la madre se lio con un tipo que ni linaje tenía.
Hatake Kakashi. Seguro que ahora estarían riéndose con su fortuna heredada.
—Imagino que querrá usarla para continuar con su deseo de poder. Y, además, tienen chanchullos (3) bastante cercanos al vuestro: quiere la llave de Hatake que andas buscando. Con eso, conseguiría todo el poder que necesita para construir su metrópolis privada. Porque es lo que quiere el señor.
—¿Es una broma? —cuestionó incrédulo.
—No. Me he metido en su disco duro secreto y quiere construir su propio mundo. Una ciudad para sí mismo y, de poder, tiene planes para colonizar la luna y todo. Un visionario.
Itachi se aseguró de que Izumi estuviera lejos, con los otros, antes de hablar.
—Su poder monetario, junto el poder monetario de los Hyûga al casarse con una heredera y el poder de la llave.
—Exacto —confirmó Kisame. Casi podía imaginar su sonrisa—. Oh y como sospechabas, está detrás de la expulsión de tus hermanos, aunque veo aquí que han vuelto a ser admitidos.
—No se te escapa una.
—Vivo de la información, Itachi, que no se te olvide.
—Jamás —aseguró—. Oye, Kisame. Hay algo que me gustaría que investigaras. Esta noche han intentado atropellar a la menor de los Hatake, pero ha terminado recibiendo el golpe la mayor. ¿Ha sido cosa suya?
—No lo descartaría. Volveré a llamarte.
Le colgó sin despedirse y Itachi miró el teléfono durante un rato. Al levantar la vista, vio la sombra saltar la valla trasera. Suspiró y se guardó el móvil para reunirse con los otros.
—¿Todo bien? —cuestionó Izumi.
—Sí —respondió—. ¿Por qué estamos en la entrada de la casa?
—Antes porque os estábamos esperando —respondió Ino confusa—. Y ahora, porque no sabemos qué hacer.
—Esperar —dijo—. Vuestro padre os llamará cuando termine y se sepa que está bien.
Sakura suspiró. Su suspiro se convirtió en bostezo y se lo contagió a Ino. Hinata aparecía en ese momento.
—Creo que no sólo Matsuri debía de irse a dormir. Vosotras dos también —propuso.
Las dos más jóvenes asintieron poniéndose en pie. Itachi miró de reojo hacia Izumi, quien se mordisqueaba la uña del pulgar.
—¿Qué hay de ti? —cuestionó.
Ella levantó los ojos hacia él.
—No dormiré. Me será imposible.
—Si es por nosotros… —comenzó.
Izumi negó con la cabeza.
—Es por Temari. Sé que papá se encargará de todo pero no puedo evitar… ser yo.
Lo comprendió. Mejor que nadie incluso. Puede que la situación fuera muy distinta, pero que Sasuke estuviera colándose en la casa en esos momentos no ayudaba a su tranquilidad. Izumi estaba acostumbrada a gobernar ese barco llamado familia. Siempre había sido ella la que se había tragado lágrimas, heridas y probablemente enfermedades, así que ahora debía de estar histérica sin poder sentirse de ayuda.
—Aquí te necesitan también —le dijo.
Ella le miró dudosa.
—Parece que no, pero lo necesitan. No las conozco bien pero puedo notar que te respetan lo suficiente como para volver la cabeza hacia ti de ser necesario. Creo que los hermanos mayores tenemos esa cualidad por nacer antes.
—Supongo que sí —musitó ella sin poder ocultar una trémula sonrisa que se borró cuando levantó el mentón, más segura—. Sí, es así —se corrigió a sí misma—. Lo haré.
Se remangó dispuesta a entrar, pero Itachi la asió del codo.
—Izumi —nombró—. Hay algo que has de saber.
—¿Qué? —cuestionó dudosa, luego cambió a una mueca de advertencia—. Si vuelves a decir algo tan mal interpretable como lo de antes te…
—No —cortó—. Sólo es una suposición por ahora, pero creo que ese coche iba a por tus hermanas de verdad. La primera falló por mi hermano, la segunda… no.
Izumi frunció el ceño, más interesada.
—Lo pensé —reconoció—. Lo pensé y… que me perdonen, pero hasta llegué a pensar que fuera cosa del prometido de Hinata. Una locura.
Que no estaba tan lejos de su propia suposición.
—La policía lo averiguará —sopesó Izumi —. ¿Verdad?
Lo dudaba. Las personas con mucho dinero solían guardarse bien la espalda. Seguramente el coche sería destruido, las huellas borradas y de no ser así, otro cargaría con la culpa. Así solía suceder siempre.
—Ni siquiera tú puedes afirmarlo…
—No puedo afirmar algo que no sé —concedió—. Pero lo sabremos.
No podía decirle cómo y tampoco serviría ante un juzgado.
—Dudo que tu padre se quede de brazos cruzados. Es más, cuando me pidió que os cuidara puedo decir que presentí que sabía algo. O sospechaba.
—¿De verdad? —indagó ella esperanzada.
Itachi asintió y metió las manos en los bolsillos.
—Creo que subestimas a tu padre, Izumi. Ese hombre es más inteligente de lo que parece y por su familia parece ser capaz de matar. Nosotros no… —negó con la cabeza—. No importa.
Izumi lo asió del brazo.
—No digas que no importa —le regañó—. Siempre haces lo mismo, Itachi. Das un poco de ti y te apartas antes de que conozca más.
La estudió con la mirada. Mantenía la cabeza hacia atrás para mirarle, los ojos muy abiertos y brillantes y la boca tensa. Su mano le aferraba el brazo con cuidado, como si tuviera miedo que se alejase de ella repentinamente.
—Podría decir lo mismo de ti —habló—. Tú también tienes cosas que no deseas que otras personas conozcan.
Su gesto se tensó, retrocediendo.
—Matsuri te ha dicho algo. ¿Verdad?
—No —negó—. Lo intuí. Porque me niego a pensar que una mujer como tú no haya estado nunca con un hombre. Izumi, te lo dije, no te ves como los demás te ven. O como yo te veo.
Sus mejillas se sonrojaron, pero sus ojos continuaron bajos. Suspiró, golpeándose el rostro con ambas manos y le miró de nuevo, sonriendo.
—Me lo he ganado por preguntar cosas que no me incumben.
Le dio la espalda y subió los peldaños.
—Itachi —dijo antes de que él la siguiera. Se detuvo en el primer peldaño, mirando su espalda—. Sí, hubo uno. Me rompió el corazón. De tal forma que por más que digas, que hagas, probablemente tendré miedo siempre. Algún día te lo contaré. Hoy no. No puedo.
Itachi entrecerró los ojos, alargó su mano hasta tocar sus cabellos.
—Esperaré.
Sólo esperaba no ser él quien volviera a romperle el corazón.
Sasuke pisó con cuidado el suelo del despacho. Colarse había sido más sencillo de lo que esperaba, especialmente con las mujeres y sus hermanos en la entrada. Conocía los planos de la mansión perfectamente después de que Itachi se los hiciera memorizar a todos en espera de lograr una oportunidad.
Una oportunidad que ahora estaba en sus manos.
Itachi se había dejado vencer por el calor de una mujer. Podría decir que no, que no era el momento, que le faltaba empatía y agradecimiento, pero la verdad era esa: Itachi estaba incumpliendo la norma. Y no se daba cuenta.
Escuchó pasos provenir del pasillo. Se escondió contra la pared y aprovechó las sombras para visualizar el exterior. Ino y Sakura se habían detenido frente a la puerta. Intercambiaron algún tipo de información y Ino avanzó. Sakura se quedó, abrazándose a sí misma y cerrando los ojos. Cuando los abrió de nuevo, brillaban por las lágrimas.
Más pasos se escucharon. Ella miró hacia atrás y después, hacia la puerta. Sasuke no tuvo tiempo de esconderse cuando ella entró a oscuras. Escuchó la voz de Izumi y reconoció el tono de voz de su hermano.
Sakura estaba cerca de él, en la oscuridad, apoyando la cabeza contra la puerta. Sorbió. Al parecer no había podido controlar más el llanto.
—Una fiesta… una puta fiesta. ¿Quién me manda a mí organizar una fiesta? ¡Ojalá nunca lo hubiera hecho! Temari no…
Se cubrió la boca con la palma mientras no podía controlar el llanto. Sasuke apoyó la cabeza contra la pared. Por supuesto, ella iba a echarse la culpa. Del accidente a causa de haber realizado su fiesta soñada en la piscina.
Se quedó mirándola en la oscuridad mientras se desahogaba.
Quizás Itachi tuviera razón: no era el momento.
Estaba tan cerca y sin embargo, esos llantos estaban deteniéndolo.
No quería. No quería, de verdad. Pero algo dentro de él le obligaba a sentir empatía con ella, a desear estrecharla entre sus brazos y jurarle que todo iba a ir bien.
Y antes de que se diera cuenta, sus manos estaban traicionándole.
—Sakura.
Ella dio un respingo, parpadeando y mirando hacia dónde venía su voz.
—¿Sasuke? —exclamó tanteando la pared. Él la detuvo.
—Sí —confirmó—. Pensaba que aquí estaban los dormitorios —mintió.
Ella dudó.
—¿Ibas a colarte en el dormitorio de una de nosotras? —cuestionó—. Tu hermano y Naruto están aquí.
—Por eso mismo —gruñó.
Esperaba que Sakura se lo tomara como algún tipo de acto adolescente y no indagase más. Para su suerte, fue así.
—¿A quién ibas a ver? ¿Ino?
—No —negó apretando más su mano.
Ella guardó silencio.
—A ti —recalcó por si no era obvio.
Sakura asintió pero hipó una vez más.
—Sasuke… ¿Puedo abrazarte? Necesito un abrazo y…
Él lo hizo por ella. Tiró de su mano con algo de brusquedad y con el otro brazo, le rodeó los hombros, pegándola contra sí. Sakura era más pequeña de lo que sopesaba y olía a fresas. No era algo especial que remarcar pero su cerebro lo absorbió como si fuera necesario.
Lloró contra su hombro, empapándole la camiseta y hipando en su oído. Le rodeó la cintura con sus manos, aferrándole de la ropa.
Era un necio al completo a la hora de consolar y menos mujeres. Sus hermanos generalmente se encerraban un rato a solas, se iban a correr o tomar algo o se metían en alguna pelea de barrio. Dependiendo. Sai una vez se cargó uno de sus pinceles favoritos. Itachi era de coger la moto y largarse. Shikamaru se iba a mirar nubes y fumar. Gaara buscaba la playa y Naruto peleas.
Poco a poco ella fue sintiéndose mejor y cuando se apartó, limpiándose la cara con las manos y mangas, le sonrió.
—Perdona, te he empapado.
—No importa —negó—. ¿Mejor al menos?
—Sí —aseguró ella—. Aunque no ceso de pensar que hubiera sido mejor no celebrar la fiesta.
—¿Acaso sabías que iba a suceder?
Ella le miró perpleja.
—No, claro que no. De saberlo nunca la habría hecho.
—Entonces, no sirve de nada considerar esa molestia.
—¿Molestia? —exclamó sorprendida—. ¡Mi hermana ha sido atropellada!
Sasuke movió la cabeza en asentimiento.
—Eso es en lo que has de esforzarte. En ella. El pasado no se puede arreglar.
Lo sabía bien. Por más que él continara aferrándose ante la idea de descubrir por qué sus madres nunca les buscaron no cambiaba el hecho de que su padre los abandonó a la suerte. Aferrarse a personas inexistentes durante su vida no servía de nada. Justamente porque quería a las personas con las que sí había crecido es que deseaba robar esa llave.
Huir. Alejarse de ellas antes de que fuera demasiado tarde para su hermano, por ejemplo. Antes de deberle tantos favores a Hatake. Porque sí, su móvil tenía el mensaje que le invitaba a regresar a la universidad también.
Y antes también de que ese olor a fresas se le metiera en el cuerpo.
Sakura estaba confundida y dolida. No con Sasuke, sino con ella misma e igualmente, no podía evitar pensar que él no estaba expresándose correctamente.
—Te refieres a que… me preocupe por qué pasará… ¿Que no asuma la culpa? —cuestionó.
Él asintió y pese a la oscuridad pudo verle mover la cabeza.
—No es… mi culpa —repitió.
—No lo es.
Podía sonar realmente tonto pero necesitaba esas palabras. Sí, Ino le había gritado ya varias veces a cuenta de ello, pero su hermana estaba tan asustada como ella misma y no parecía coordinar bien.
—Alguien echó alcohol en las bebidas —sopesó—. Igual el tipo estaba borracho y…
Se frotó el ceño.
—Tenía que haber estado más atenta a eso.
—Sakura.
Sasuke aferró su mano para impedir que se hiciera más daño. Lo buscó en medio de la oscuridad, parpadeó, intentando ver algo más claro y cuando lo hizo, fue cuando él estaba encima de ella, con sus rostros muy cerca.
Tragó, nerviosa. Pese a la situación en la que se encontraba no podía evitar pensar que estaría bien algo más de cercanía. No es que repentinamente se estuviera convirtiendo en Ino ni que menospreciase la situación en la que Temari se encontraba, es que ese hombre era capaz de llenar por completo su atención.
Y aunque no habían comenzado con muy buen pie habían logrado quedar como amigos. Que ella quisiera probar un bocado más no debía de ser un pecado.
Por eso fue ella la que terminó de romper las distancias y fue él quien suspiró sorprendido. Se separó en cuestión de segundos.
—Lo siento, Sasuke, yo… —balbuceó tocándose los labios.
Él la asió de la mano que había llevado a sus labios, apartándoselos. Volvió a inclinarse y esa vez, él robó sus labios. Sakura sintió la puerta contra su espalda, el pomo clavarse contra su cintura y, aún así, se inclinó más contra él, ofreciéndose.
—¿Hay alguien en el despacho? Me ha parecido escuchar la puerta.
La voz de Izumi les hizo separarse. Ambos se miraron en la oscuridad. Sasuke, jadeando, se separó de ella y tan pronto como lo hizo le perdió de vista. Cuando Izumi abrió la puerta, Sakura se hizo a un lado y parpadeó cuando encendió las luces.
—¿Sakura? —cuestionó sorprendida. Itachi estaba detrás de ella, con los ojos entrecerrados—. ¿Qué haces a oscuras?
Trató de recomponerse, tirándose de la ropa.
—Yo… necesitaba estar un poco a solas y pensé que sería un buen lugar —se excusó.
Izumi suspiró y la abrazó maternalmente.
—No lo hagas. Sabes que a papá no le gusta que toquemos sus cosas. Vamos, a la cama.
Sakura asintió y miró hacia el resto de la habitación. No había ni rastro de Sasuke.
—¿Buscas algo? —cuestionó Itachi.
—No —negó rápidamente—. Nada.
Él no volvió a preguntar y Izumi no pareció estar interesada. Pero ella estaba segura de que no iba a olvidar eso en mucho tiempo.
Sai le vio entrar casi a hurtadillas. Y eso era raro en él. Sasuke apenas le miró antes de subir las escaleras.
—¿Lo has conseguido?
Aunque lo dudaba. Si hubiera robado la llave no estaría tan enfrascado en sí mismo. Aunque Sasuke generalmente era así parecía haber algo más.
—No —negó—. Hay una doble cerradura y contraseña. Necesitamos eso. O uno de los aparatos descifradores de abajo.
—Me hubieras enviado un mensaje y te lo habría llevado —sopesó.
Sasuke chasqueó la lengua.
—Olvídalo. No es el momento.
Sai se mostró muy interesado. Demasiado.
—¿Has cambiado de parecer? Pareces Itachi.
Sasuke acarició el pasamanos distraídamente.
—Sai.
—¿Hm?
—Al lado de la chimenea hay una vieja escalera. Ino está llorando.
No añadió nada más. Sólo subió escaleras arriba en silencio para encerrarse en su dormitorio. Sin Itachi por la casa alguna que otra regla como la necesitada intimidad podía incumplirse por un rato.
A Sai le hubiera gustado seguirle, picarlo un poco más y descubrir algo que le hubiera hecho regresar con las manos vacías. Pero sus palabras eran un claro mensaje a una invitación.
Miró hacia la puerta, preguntándose si realmente debía de hacerlo. Si Itachi le descubría iba a ser algo, a riesgo de imitar a su hermano mayor, problemático.
Aún así, se vio cogiendo las llaves y saliendo de la casa. Saltando la valla y caminando hasta la pared indicada. Pisó el primer peldaño y supo que no había vuelta atrás.
Ino se bajaba la camiseta del pijama cuando el golpe resonó contra el cristal. Miró con curiosidad. Una sombra la saludaba desde el otro lado y en una postura nada cómoda.
—¿Sai?
Abrió la ventana intrigada y el chico le sonrió.
—Hola, Belleza —saludó.
—¿Qué diablos? ¿Cómo que belleza? Estás encaramado en la ventana de mi cuarto como si esto fuera una barata comedia adolescente —gruñó ayudándole a entrar—. ¿Eres consciente de que hay una puerta? Podrías, no sé, usar el timbre.
Él se estabilizó dentro y la miró. Su sonrisa enigmática apareció.
—No podía entrar por la puerta. Itachi dijo que él se encargaría sólo de cuidaros. Shikamaru ha ido al hospital, así que los demás estamos en casa.
—Pues Naruto está abajo también —sopesó—. No tiene pinta de querer marcharse.
—Me imagino que no —dijo mirando a su alrededor. Ino se soltó el cabello para trenzarlo y se sentó en la cama, él la siguió con la mirada—. ¿Cómo te encuentras?
Ella tomó aire antes de responder.
—Asustada, preocupada. Como todas. Esperamos que mi padre llame para decirnos algo. Creo que Rin ya se ha marchado al hospital con él. Pero no podemos hacer más que esperar.
Sai asintió y se sentó a los pies. La observó en silencio mientras terminaba de trenzarse el largo cabello, siguiendo sus dedos que lo hacían con facilidad.
—Pensé que estarías llorando.
—Lo he hecho —confesó—. Pero con eso no conseguiré nada. No es que sea fuerte, es que… me he prometido a mi misma llorar de felicidad cuando sepa que está bien. Creo que eso alegraría más a Temari que el llorar por ella por miedo y tristeza. Aunque eso no significa que no estemos preocupados.
—Entiendo —dijo él. Alargó una mano hasta ella, apartándole el flequillo de la cara—. Pero si necesitas un hombro yo…
Unos golpes interrumpieron sus palabras. Ambos se miraron alerta.
—Ino. ¿Estás despierta? Tengo algo que contarte. Abre.
Ino saltó de la cama y empezó a empujarlo.
—Corre, escóndete —susurró mirando a su alrededor—. Bajo la cama.
Sai obedeció perplejo. Cuando no había nada de su cuerpo que delatara su presencia, abrió.
Sakura la miró frunciendo el ceño.
—¿Qué? Estaba recostada ya.
—¿Con la cama cerrada? —cuestionó aguda como siempre—. Da igual. Cierra —pidió sentándose en la cama.
Ino obedeció curiosa.
—¿Qué ocurre? —preguntó sentándose también tras cerrar la puerta—. ¿No puedes dormir por lo de Temari?
—No, bueno, eso sí, pero es porque ha pasado otra cosa —explicó Sakura—. Antes, cuando nos hemos separado en las escaleras no he podido más y me eché a llorar. Escuché pasos y he entrado en el despacho de papá para llorar a solas.
—Mira que eres tonta a veces, frentona —regañó acariciándole los cabellos—. ¿Eso es lo que te atormenta?
—No, eso no —gruñó Sakura soltándose—. Sasuke estaba allí.
—¿Sasuke? —cuestionó intrigada—. ¿El vecino?
Sakura asintió mientras ella miraba hacia la cama, preguntándose hasta qué punto Sai podía escuchar esa conversación. No quería delatarle pero tampoco quería exponer a su hermana. Sin embargo, antes de que tuviera tiempo de hacer una cosa u otra, Sakura continuó.
—Dijo que equivocó las habitaciones con el despacho y entró. El caso es que terminé llorando en sus brazos y bueno, una cosa llevó a otra y… —Sakura se sonrojó adorablemente. Ino tuvo que morderse los labios para no gritar—. Nos… besamos.
—¿Qué has hecho qué? —exclamó a la par que algo golpeaba la cama. Sakura frunció el ceño y ella fingió haberse golpeado el tobillo de la emoción—. Tsk, qué dolor. Oye… ¿Os habéis enrollado ahí, sin más?
Sakura asintió tocándose los labios.
—Hasta que Izumi nos ha interrumpido al abrir la puerta.
—¿Os ha pillado? —exclamó demasiado emocionada como para recordar que Sai estaba a sus pies.
—No exactamente —musitó Sakura—. Se ha evaporado por completo.
—¿Quién?
—Sasuke. Como si fuera un fantasma. De estar besándome pasó a no estar en la habitación. Casi empiezo a pensar que haya sido un sueño del momento. Un fantasma o algo…
Ino lo sopesó. Recordó a Sai y sonrió.
—Creo que es verídico. ¿No te ha ayudado a calmarte?
Sakura se frotó las manos.
—La verdad es que sí —confesó.
—Entonces, aprovecha para dormir. Y si no, abraza la almohada y ponte a gritar en modo fangirl loca. Estoy segura de que muchas chicas se morirían por un beso suyo. Yo no, eh —advirtió—. El tiempo en que compartimos los mismos gustos se acabó.
Sakura entrecerró los ojos.
—¿Qué te pasa? —cuestionó—. Desde hace rato actúas rara. ¿Estás ocultando algo, Ino?
Ella sonrió y sacudió una mano como respuesta.
—¡Pues claro que no!
Sakura la miró dubitativa.
—Sólo estoy nerviosa por lo de Temari, Sakura —reconoció. No era mentira—. Papá todavía no ha llamado y puede que no lo haga hasta mañana. Pero…
—Lo comprendo —interrumpió Sakura dándole una palmada suave en las manos—. ¿Quieres que me quede a dormir contigo?
—No, tranquila. Estoy segura de que esta noche voy a ser una terrible compañera de cama —aseguró.
Sakura entonces se levantó y caminó hacia la puerta. Abrió el pestillo y se despidió saludando con la mano. Ino esperó un poco para levantarse y cerrar, arrodillándose para ver a Sai frotándose la frente donde se dio el golpe.
—Era tu hermano. ¿Verdad?
Él la miró con un ojo guiñado.
—Me temo que sí —reconoció antes de salir de debajo de la cama—. No pensé que sería capaz de hacer algo así. Parece que las cosas van bien entre ellos.
Ino entrecerró los ojos.
—Vale. Él me dijo dónde estaba tu escalera —confesó—. ¿Satisfecha?
Alargó la mano para tocarle la frente.
—Menos mal que he podido fingir. Aunque… pensé que Sakura había dicho que Sasuke se equivocó de habitación —recordó.
Sai se lamió los labios, tenso.
—Precisamente por equivocarse me recalcó que las habitaciones estaban arriba y no abajo. Al volver a casa creo que vio la escalera.
Asintió, desinteresada.
—Bueno, creo que va siendo hora de que tú también te vayas.
Se puso las manos en las caderas y lo alentó con un gesto de la cabeza. Él la estudió, se acercó y en un rápido movimiento le quitó el coletero que aferraba la trenza. Luego salió corriendo, bajando la escalera con una soltura que no esperaba y echó a correr.
Ino lo maldijo antes de echarse a reír.
Desde luego, esos chicos eran únicos.
Traviesos, pero únicos.
Shikamaru observó a su hermano dormir en el sillón para acompañantes, cubierto por una manta y una almohada contra la pared. Parecía ir recuperando sus fuerzas y había caído dormido de cansancio. Dejó una bolsa de deporte a su lado, con ropa y sus medicinas y volvió a salir de la habitación. La cama todavía estaba vacía.
Hatake y su esposa, Rin, estaban fuera, esperando. Les habían indicado que la operación había finalizado y que debían de esperar en planta. Shikamaru se había unido a ellos con la excusa de Gaara, pero también estaba preocupado.
—Mi hermano se encargará de vigilar a las chicas esta noche —le aseguró a Hatake—. Él y Naruto están en su casa.
Kakashi asintió y se pasó una mano por los blancos cabellos.
—Gracias. De verdad, gracias.
—Somos nosotros quienes debemos de dárselas —rectificó—. Mis hermanos han sido admitidos una vez más en la universidad con una nueva beca. Pueden seguir estudiando. Nos llenó el refrigerador y ha permitido que una de sus hijas nos limpie la casa y, muy a mi vergüenza, diré que hacía falta. Y además…
Miró hacia su hermano en la silla.
—Le ha salvado la vida a mi hermano.
—Si nos ponemos a comparar agradecimientos nunca terminaremos —interrumpió Rin antes de que Kakashi hablase—. Lo importante es que están vivos. Ambos.
—Sí —accedieron ambos hombres.
Ella les sonrió justo cuando su móvil sonó. Se disculpó y se alejó, dejándolos a solas. Kakashi observó a su mujer mientras hablaba con quien fuera y aunque por un instante pareció un hombre celoso, se volvió hacia él.
—Shikamaru. ¿Verdad?
—Sí —confirmó.
—¿Eres el segundo hermano? —Shikamaru asintió y Kakashi continuó—. Supongo que si te lo cuento a ti también llegará a tu hermano. Me habría gustado advertirle a él pero con las chicas en medio no me atrevía. Especialmente con Hinata.
Shikamaru le escuchó con atención. Empezaba a comprender por dónde iban los tiros.
—Tengo la sospecha de que esto no ha sido sin querer. Por la forma en que Matsuri y Gaara han hablado, creo que intentó primero ir a por ella. Como falló, continuó a por la siguiente que era mi Temari.
—Cree que el que está detrás es Toneri —puntuó. Kakashi asintió.
—Me temo que sí. Hinata por fin está comprendiendo que no es la persona correcta para ella y estoy convencido de que decidirá alejarse de él. Creo que ha usado esta maniobra para poder acercarse más a ella.
Shikamaru lo dudó. Más que Hinata a Toneri le interesaba otra cosa. Lo mismo que a ellos. Probablemente esperaba que la casa quedara vacía porque todas las hermanas fueran al hospital. Pero Ino y Sakura se quedaron y Naruto estaba con ellas. Que regresaran a pasar la noche frustraría sus planes y estaba seguro de que Itachi estaría ojo avizor a todo. Y más, teniendo en cuenta que ese tesoro también lo ansiaban ellos.
Se preguntó si Sasuke habría tenido oportunidad de encontrarla si quiera y conseguirla. Cosa que dudaba, porque el teléfono de Hatake habría resonado unas cuantas veces ya.
—Lo que siento es que nuestros problemas os han atrapado —continuó Hatake alejándolo de sus pensamientos—. Y creo que mis chicas confían en vosotros.
—Algo —reconoció.
Aunque el motivo era porque ellos querían meterse a fondo para encontrar lo que buscaban y largarse. O esa era la idea.
Quizás Sasuke tuviera razón en sus palabras. Quizás eran ellos los que estaban cayendo.
Dos enfermeras aparecieron por el otro lado del pasillo, corriendo hacia ellos. Ambos se hicieron a un lado y Rin, tras colgar, se unió a ellos. Las puertas del ascensor se abrieron y una camilla empezó a salir. Un celador hablaba con la enferma, que apenas lograba esbozar monosílabos.
Los tres se mostraron interesados y a medida que se acercaban a ellos, la curiosidad y ansiedad les podía más.
Finalmente, Temari entró en su campo de visión. La mujer estaba pálida, recostada y apenas pudo levantar la mano para sostener la de su padre, quien se inclinó para besarle la frente.
—Lo siento… —se disculpó.
—No tienes que disculparte, Temari —Negó Hatake—. No fue tu culpa.
Ella sonrió, con esa mueca suya que parecía ser la marca de la casa. Cuando le vio, parpadeó con sorpresa.
—¿Por qué…?
—Su hermano Gaara fue el que te donó la sangre que ahora mismo llevas dentro de ti —explicó Rin.
Temari le miró con cansancio pero agradecimiento.
Las enfermeras finalmente les hicieron a un lado y la metieron dentro de la habitación. Gaara estaba tan dormido que ni se enteró cuando la cambiaron de cama y prepararon todo para la noche.
—Hatake.
Los tres se volvieron hacia el médico que caminaba hacia ellos.
—Neji —saludó el nombrado—. ¿Cómo está?
—Bien. El despertar ha sido largo pero está estable. Necesitó algo de oxígeno durante un rato, por suerte no será para siempre. Ahora necesitará descansar. La herida está bien cerrada y tendrá que hacer un poco de reposo. Pero si todo va bien, en una semana estará fuera. Dentro de lo que cabe, ha tenido suerte.
—¿La cabeza y demás? —cuestionó Rin.
—Le han hecho un tac y está bien. No hay pérdidas ni nada grave, pero el dolor no se lo quitará nadie. Si hubiera algún tipo de síntoma extraño, debéis de avisarlo enseguida. La muñeca sanará y su pie derecho también. No están fracturados. Pero la costilla le llevará lo suyo.
—Entiendo. Gracias, Neji —agradeció Hatake estrechándole la mano—. No sé cómo pagártelo.
—No necesitas hacerlo. A esto me dedico. Pero si hay algo que quieras hacer: protege a Hinata.
Kakashi asintió y el médico se alejó tras firmar algunos papeles y avisar a las enfermeras de que era una familiar, cosa que provocó que los cuidados fueran más amables y que ofrecieran todo tipo de cosas. Ese comportamiento hipócrita ya lo había visto antes con Gaara.
—Sólo uno puede quedarse —advirtió la enfermera.
—No puedo irme hasta que mi hermano despierte —aseveró.
La mujer miró hacia Gaara y comprendió.
—Está bien.
—Yo me quedaré —informó Hatake—. Rin. ¿Podrás regresar a casa?
—No, me quedaré hasta que ellos puedan marcharse y los llevaré —indicó.
La enfermera hizo oídos sordos y se marchó. Regresó después con tres sillas para ellos y cerró la puerta para darles intimidad.
Temari estaba mirando a Gaara dormir, parpadeando y como si fuera un bostezo, se le contagió. Cerró los ojos y no hubo más.
—Le mandaré un mensaje a Itachi para que se lo diga a las chicas —dijo. Hatake asintió.
Estaba sentado junto a la cama y no soltaba la mano de Temari. Rin, al otro lado, sonreía. Él sacó el móvil y tecleó. No sólo le advirtió de que hubiera salido bien, sino de la información que había conseguido.
Itachi, como siempre, le respondió con seco ok.
Izumi encajó la puerta mientras suspiraba. Estaba nerviosa y no podía evitarlo. La preocupación la carcomía, las preguntas y las dudas. Pareciera que desde que se mudaran las cosas no estaban resultando para bien. Y encima, estaban atrapando a los vecinos más todavía.
Por un lado no podía negar que se sentía más cómoda con ellos ahí pero también le preocupaba porque esa, era otra de las partes que no podían dejarla tranquila. Itachi Uchiha para ser más exactos. Naruto parecía estar encantado de estar un rato con Hinata y su hermana no parecía incómoda con él, así que su presencia no era tan significativa.
Itachi, sin embargo, no se había separado de ella más que para atender una llamada telefónica. Al final, tras preguntarle dónde dormiría, Itachi señaló el sofá de la sala de té. Izumi se había ofrecido a hacerle una cama con ello, pero él se negó.
—Cuanto menos cómodo esté, más despierto estaré por si pasa algo.
—Me asustas con esas cosas —confesó—. Casi parece que estás insinuando que no ha sido un accidente lo que ha ocurrido.
—Estoy de acuerdo con la suposición de tu padre —contestó él encogiéndose de hombros—. Primero fueron a por tu hermana pequeña y al final, a la que estaba más a tiro.
Izumi tuvo que morderse los labios para no gritar. No por él sino de frustración. Itachi le pasó una mano por los hombros y le acarició la nuca con los dedos. Izumi parpadeó, sorprendida por el gesto, porque supiera que necesitaba algo así y se estremeció.
El contacto no duró demasiado ya que su móvil lo sacó de nuevo de su cercanía.
—Es Shikamaru —indicó. Ella se acercó, curiosa.
—¿Qué dice? ¿Algo de mi hermana?
Él asintió.
—Todo ha ido bien en la operación y está en planta.
Izumi soltó el aire que había retenido y las piernas le fallaron. Itachi la asió de los codos justo a tiempo, sorprendido.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo que… me alivié demasiado y ahora no puedo sostenerme…
Itachi frunció el ceño. La soltó de una mano para guardar el móvil y después, como si de una princesa o una novia en su noche de bodas, la cargó. Izumi se aferró a sus hombros, sorprendida.
—¿Qué…?
—Te dejaré en el sofá—indicó él—. Si estás tan floja no podrás caminar ni hacía ahí.
—Gracias —musitó. Pero él no se movió—. El sofá —le recordó.
Asintió lentamente y caminó. La depositó con cuidado, quedando de rodillas a su lado. Cuando le soltó, aferró sus brazos hasta descender a sus manos. Ella siguió su gesto con la mirada y luego, subió hasta su rostro, perdiéndose en esos ojos negros que eran capaces de ver hasta su alma.
No pudo evitar sonrojarse. Cosa que era increíble. Tenía casi treinta años y se sonrojaba como una dichosa escolar con él.
Cuando se inclinó sobre ella, con un brazo apoyado en el respaldo del sofá y la otra, asiéndole todavía una mano, Izumi se descubrió tirando de su cuello con la mano libre y ofreciéndose. Sus bocas se unieron en perfecta sintonía.
Su mano le soltó del cuello de la camiseta para resbalar por su piel hasta su nuca, acariciándole los cabellos largos y su propio anhelo la falló, cuando aquel quejido extraño escapó de su boca.
Itachi retrocedió entonces y la miró fijamente. Izumi parpadeó, sorprendida, con la respiración tan agitada como la suya.
—No voy a darte más Izumi —le dijo—. No sin protección.
Izumi enrojeció, ofendida. ¿Acaso estaba suponiendo que ella había querido sacar algo más que un simple beso? Y no era la primera vez que se lo dejaba en claro. ¿No era él quien siempre aprovechaba para robarle besos y sonrojos?
Le dio un empujón, frustrada.
—¿Por qué siempre tienes que pensar que quiero acostarme contigo? —acusó—. ¡Ni loca!
Se levantó con torpeza, agradeciendo tener sus piernas más firmes. El la miraba impertérrito, como si la acusara de jugar con él y luego soltarle. Y lo más frustrante es que en parte tenía razón. Sentía unas ganas locas de aferrarlo de la camiseta y volver a besarlo. A la vez, tenía miedo y quería apartarlo.
Era un caos completo que ni ella misma se entendía.
Los recuerdos del pasado intercedían en ello. Le había prometido contárselo pero todavía no estaba preparada para ello.
—Izumi —dijo él—. Deja de ir contra tu propio corazón. Es más fuerte de lo que crees y puede romperse una y mil veces más. Alguien lo sanará al final.
Entrecerró los ojos, mirándole.
—Eso significa que vas a romperme el corazón. ¿Es eso?
Itachi negó con la cabeza. Tenía la coleta mal hecha gracias a que sus dedos antes estaban ahí.
—Ojalá que no —susurró pero fue lo suficientemente alto para que ella lo escuchase.
Izumi no supo qué hacer ni qué decir. La melancolía que vio en él le hacía preguntarse muchas cosas, respuestas que seguramente él no estaba dispuesto a darle. Por un momento sintió una ternura tan grande que estuvo tentada a abrazarle, como si de un niño pequeño se tratara.
Hasta tal punto, que se descubrió haciéndolo. Itachi estaba perplejo entre sus brazos, con su cara pegada a su estómago en el abrazo.
—¿Qué haces? —cuestionó irónico.
—Pensé que necesitabas un abrazo. Te veías tan… triste y solitario que pensé que lo necesitabas.
Él no dijo nada. Levantó sus brazos hasta rodearle la cintura y se quedó ahí, como un niño pequeño necesitado.
Naruto observó su espalda mientras servía el té en dos tazas. Se había recogido el cabello en una coleta alta para ello y dejaba ver parte de su cuello y unos cuantos pelillos pequeños que se habían soltado. No estaba seguro de por qué, pero le gustaba.
Cuando ella se volvió para entregarle su taza, le sonrió. Se sentó a su lado en la mesa de la cocina, grande y muy vacía.
—Gracias por quedarte con nosotras —le dijo antes de soplar su taza—. Si no hubieras estado con Ino y Sakura, seguramente se habrían puesto histéricas.
Se guardó para sí mismo que sí habían entrado en pánico y que había tenido mucho miedo en detenerlas porque estaba seguro de que iba a recibir una paliza de hacerlo. Algunas mujeres daban miedo. Por suerte, al final se sentaron agotadas y no hicieron ninguna locura.
—No hice gran cosa —reconoció—. Y tampoco es que pudiéramos hacer mucho más que esperar.
—Igual que ahora —afirmó ella—. Ni Izumi ni yo podemos hacer nada… Por suerte, Neji está con mi padre.
—¿Neji?
—Mi primo. Fue expulsado de la familia por querer ser doctor. Está casado y todo.
Hinata dio un sorbo a su té antes de continuar.
—Mi familia… es demasiado complicada. Mi padre no habla mucho del tema, pero sufrió mucho por enamorarse de mi madre. Ella se quitó la vida. ¿Sabes? Y ahora parece que soy una heredera de algún tipo. Curiosamente, Toneri también forma parte de la familia y no me di mucha cuenta hasta que mi padre y él se encontraron.
—¿Eso lo convierte en tu familiar? —cuestionó.
—No. No realmente —negó ella encogiéndose de hombros—. Pero no es algo que me importe demasiado. Quiero decir, mi familia son mis hermanas y mi padre. Rin también, claro. Pero aprendimos a no encariñarnos con nuestras madrastras.
Naruto desvió la mirada.
—Suena complicado. Demasiado complicado —añadió—. Nosotros somos solo… nosotros. No hay más.
—¿Nunca has querido conocer a tu madre? —indagó ella dulcemente.
Naruto la observó un instante. Alguna que otra vez le habían hecho esa pregunta, generalmente, para burlarse del hecho de no tener padres. Los niños podrían ser algo crueles.
—Solamente cuando tenía fiebre —reconoció finalmente—. Itachi hizo todo cuanto pudo por nosotros. Nuestro padre nunca dio la cara. Creo que Sasuke es el que quizás haga por buscarle cuando pueda. Me imagino que, de no morir al tenerme, no le he hecho falta.
—No digas eso —suplicó ella triste. Alargó una mano y le acarició la mejilla de forma maternal—. Naruto, tú eres una persona preciosa y muy valiente. Quiero creer que fueron por otras causas.
—No me importan. Ya no —reconoció. Llevó su mano hasta la de ella, abarcando su mano al completo con la suya—. Más bien, me preocupa otras cosas, como, por ejemplo, que no seas capaz de verme como un hombre.
Hinata enrojeció, sorprendida. Intentó soltarse.
—Naruto… ya hemos hablado de esto —balbuceó tímida—. No estoy preparada para… estas cosas.
—Sé que ahora no —concedió entrecerrando los ojos. No le permitió retirar la mano, tomándola para besarle la palma—, pero en un futuro, sí. No todos somos como Toneri, Hinata.
—Eres un… —tartamudeó.
Él la miró fijamente y ella no pudo terminar la frase. Sí, sabía hacia dónde iba a esa frase. Y no quería quedar anclado en esa parte. Ya tuvo suficiente antes cuando básicamente lo excluyó con tanta facilidad.
Iba a demostrarle que no era tan sencillo. Que era un hombre capaz. En realidad, no se llevaban tantos años de diferencia como para considerarlo un mocoso y la edad no importaba. Al menos para él hacia ella.
—No me descartes tan pronto.
Hinata asintió un poco después, mirando su mano.
—¿Me la devuelves?
Él lo hizo a regañadientes.
—Como sea, no quiero hablar de eso más, Naruto —le regañó—. Esta noche no estoy de humor para esas bromas. Hay un lugar y un momento para cada cosa. Además, yo sigo estando prometida.
Se levantó tomando su taza de té. Naruto se quedó con la boca abierta, siguiéndola con la mirada.
—Por favor, no te comportes como un niño si no quieres que te trate como uno.
—Es… ¡Espera! —exclamó poniéndose en pie—. ¿Acaso crees que estoy jugando? ¡Lo estoy diciendo en serio!
Hinata frunció el ceño.
—Esas cosas debes de decírselas a Sakura o Ino —espetó acercándose a la puerta—. No a mí.
Antes de que pudiera añadir algo más salió, cerrando la puerta y dejándolo a solas. Naruto golpeó la mesa, maldiciendo todo.
Era la segunda vez que lo rechazaban.
No dejaría que hubiera una tercera.
Hinata cerró la puerta de su dormitorio y dejó el té sobre la mesilla y, finalmente, se permitió abanicarse el rostro y abrir la boca en un grito mudo. ¡Tenía el corazón a punto de salirle del pecho!
Era la segunda vez. ¡La segunda! Ese muchacho había vuelto a tirarle los tejos con todo el descaro y desparpajo del mundo. La primera vez había pensado que era cosa de ella al mal interpretarlo, pero esa vez no. Y lo peor de todo es que esa mirada parecía capaz de estremecerla como nunca. Diablos, ni Toneri había conseguido algo así.
—Vale, no. Has de sacarte esto de la cabeza —se dijo a sí misma—. Primero arregla lo de Toneri una vez que Temari esté sana y salva. Y después… después…
¿Después qué?
Tendría que cambiar muchas cosas. Pasaría de ser la prometida de un director de banco a ser nuevamente la asistenta social de una empresa sin importancia. Pasaría de nuevo a ser una solterona aburrida que esperaba encontrar el hombre capaz de soportar su egoísta forma de ver su futura vida.
Y por encima de todo, no podía enamorarse de un estudiante de universidad que tenía la misma edad que sus hermanas menores. Ella misma lo había defendido alguna que otra vez alegando que era más adulto de lo que parecía, sí, lo reconocía. Pero había conocido muchas situaciones de mujeres mayores saliendo con chicos más jóvenes y todas terminaron del mismo modo. Eran pocas las que consolidaban.
¡Diablos, ni siquiera debía de pensarlo como un pretendiente!
Se miró la mano por un instante. La suya había sido tragada por la de él, más morena, más marcada. Caliente.
Naruto iba a ser un hombre grande.
Puede que más que Toneri. Y estaba por apostar que incluso mucho mejor hombre que este mismo.
Se preguntó cómo llevaría a cabo todo. Temari había prometido acompañarla para ello, pero ahora no podía y tampoco quería exponer a ninguna de sus hermanas a más peligros. Pero su padre no le permitiría salir. No, al menos, sola.
Su móvil tembló en la mesita de noche. Lo desbloqueó para ver el número. Tomó aire antes de responder.
—Toneri —saludó—. Es tarde.
—Lo sé, pero he recibido noticias y me preocupé. ¿Estás bien?
Hinata frunció el ceño, sentándose a los pies de la cama.
—¿Cómo te has enterado? —cuestionó.
—Hinata —suspiró él—. Sigues siendo mi prometida. Lo mismo que me avisaron cuando tuviste el accidente del puente, sé este. Es natural que me preocupe por ti. Sé que las cosas no están bien entre nosotros ahora mismo, puedo entenderlo, pero eso no quita que no sienta nada por ti.
Tragó, nerviosa.
—¿Sigues ahí?
—Sí —tartamudeó—. Es sólo que… no esperaba esas palabras —reconoció.
—¿No esperabas que dijera que te quiero? —cuestionó él—. Sabes que no soy de palabras cursis, pero que lo siento. No te habría propuesto casarnos si no fuera así.
—Yo…
La puerta de su habitación se abrió de golpe. Itachi Uchiha apareció en el umbral, sosteniendo su propio móvil contra la oreja. Hinata abrió los ojos mucho, sorprendida.
—Sí, es correcto, señor Hatake —dijo él—. Deme un momento.
Itachi extendió su mano hacia ella. Izumi estaba a su espalda, tan sorprendida como ella. Hinata dudó pero extendió su móvil. Escuchó a Toneri preguntar de nuevo por ella. Itachi se lo llevó a la oreja.
—Lo siento, no soy ella —dijo—. Soy el perro guardián de esta noche. Si lo prefieres, un cuervo. Las llamadas y las cercanías a Hinata quedan restringidas hasta nuevo aviso.
Al parecer, Toneri contestó, porque el Uchiha frunció el ceño.
—El mismo —dijo—. Gracias por cuidar de mis hermanos.
Y colgó. Hinata se puso en pie, sorprendida. Antes de que le dijera nada, Itachi le extendió su propio móvil y el otro se lo guardó en el bolsillo.
—Es tu padre —indicó Itachi.
Ella se llevó el móvil al oído.
—¿Papá? —cuestionó.
—Sí. Te dije que no quería que tuvieras contacto con él.
—¿Me has pinchado el móvil? —exclamó sorprendida.
—Sí, porque sabía que iba a tratar de ponerse en contacto contigo, aprovechando la situación para hacerte salir —confesó Kakashi—. Por suerte que lo hice.
—¿Qué… intentas decir? —cuestionó.
Buscó con la mirada a Izumi, que se acercó a ella y le aferró la mano.
—Tengo mis sospechas para creer que el accidente de Temari estaba planeado por él. Ya tengo a alguien encargándose de eso. Un viejo contacto que me ayudará. Mientras tanto, no te acerques y no respondas sus llamadas.
Hinata sintió que se mareaba. Izumi la sostuvo pero fue Itachi quien logró aferrarla antes de que diera contra el suelo, sentándola una vez más a los pies de la cama.
—Lo siento, Hinata, cariño. No voy a perderte a ti como perdí a tu madre a causa de esa familia.
—Yo… lo comprendo, papá —aceptó. Le entregó el móvil a Itachi sin despedirse—. Izumi…
Itachi se alejó para hablar algo más con su padre y Izumi asintió.
—Si lo que dice papá es cierto… es mi culpa que Temari… —se llevó una mano a la boca, aterrada. No pudo contener el llanto.
—No, no lo es —aseguró Izumi—. Tú estabas ilusionada con él, esperabas muchas cosas de un amor que debía de ser sincero y puro. Es él quien está mal. Tú no eres la culpable, Hinata.
Pese a que Izumi se lo repitió muchas veces Hinata no podía sentirse mejor. Simplemente le era imposible. Se abrazó a su hermana mayor como si fuera su salvavidas. Entre las lágrimas vio a Naruto en la puerta intercambiar algunas palabras con Itachi. Le vio apretar el puño y mirarla.
No todos somos iguales.
Esperaba, de corazón, que no.
—Sí, por favor.
Rin sujetó el móvil con fuerza contra su oreja mientras escuchaba a su ex compañero teclear. Era el mejor para encontrar respuestas y se las había prometido a ese chico. Gaara continuaba durmiendo y sólo se había despertado una vez para comer algo a fuerza gracias a su hermano mayor.
Puede que fuera la sangre de periodista que corría por sus venas, pero quería respuestas.
—Repíteme su nombre.
—Karura —dictó—. Necesito saber todo cuanto puedas de ella.
—Vale, la tengo. Te enviaré un archivo con su información.
—Perfecto. Gracias, Kabuto —agradeció colgando.
Al volverse, Kakashi estaba apoyado contra la pared, de brazos cruzados y tenía esa mirada que conocía bien.
La había pillado.
Kakashi estaba seguro de que Rin tenía una gran razón para investigar a una de sus ex, porque hasta ahora, nunca había metido sus narices de más en sus asuntos. Puede que él no fuera fácil de tratar porque a veces le era muy difícil hablar de su pasado, pero Rin le conocía lo suficiente como para saber que era un paso pequeño el que necesitaba.
Así que había esperado a que colgase el teléfono y se percatara de su presencia. Como esperaba, la típica cara suya de niña traviesa que ha sido pillada en una fechoría la delató.
—¿Has conseguido avisar a Itachi de lo de la niña? —cuestionó caminando hacia él.
—Sí —respondió enarcando una ceja y esperando.
Ella se detuvo frente a él y le arregló la camisa, distraídamente.
—No vas a dejar pasar esto. ¿Verdad? —cuestionó dándose por vencida.
—No —confesó—. ¿Por qué te interesa Karura? Ya te conté mi historia con ella y no me interesa. ¿Tienes celos?
—No se trata de eso —negó suspirando indignada—. Si me hubieras querido engañar podrías haberlo hecho muchas veces ya.
—¿Entonces? —cuestionó.
Ella se lamió los labios antes de responder.
—El chico que ha donado sangre a Temari —explicó—. Creo que es su hijo. Le he pedido ayuda a Kabuto para que lo confirme.
Kakashi se tensó, incorporándose mejor.
—Espera. ¿Qué?
—Sí —dijo ella—. Antes hemos estado hablando. Él tiene sospechas de que su verdadera madre es ella. Las fechas me cuadran y que ambos tengan el mismo grupo sanguíneo, aunque esto no es realmente una prueba. Me ha dicho que su madre se llama así.
Kakashi tragó.
Recordaba a Karura, su amor ferviente y los resultados. El engaño y… su embarazo.
—De ser cierto… —farfulló—. Ese chico y mi Temari…
—Serían hermanos, sí —terminó Rin por él.
Se llevó las manos al rostro, frotándose los cabellos.
—Ella nunca quiso volver a saber nada de Temari. Le envié fotografías y las devolvió, desinteresada. Quería continuar con su vida y tampoco supe nada de su hijo. En aquel tiempo no tenía el poder que poseo ahora. Aunque le hablé a Temari de ello, me dijo que estaba bien con sus hermanas. Por eso me detuve. ¿Y ahora el destino nos lo pone delante?
—No es cien por cien seguro —puntualizó Rin.
Su móvil sonó cuando le llegó un correo. Se enfocó en abrirlo y le miró.
—Vale, sí, el destino tiene una forma muy retorcida de jugar contigo, cariño.
Le mostró la pantalla del móvil. Las fotografías, los resultados genéticos, todo.
—Es su hermano —confirmó—. Temari y él son hermanos, Kakashi. Kabuto nunca se equivoca en estas cosas. Es el mejor que conozco para esto. Creo que al final, esos chicos van a tener más importancia en nuestras vidas de lo que pensábamos.
Kakashi asintió todavía sin poder asimilarlo. Sí, si lo miraba bien, Gaara podía tener cosas de Karura. La miró.
—¿Pone quién es el padre?
Rin ojeó los datos y finalmente se detuvo en una de las páginas.
—Sí, Fugaku Uchiha. Está muerto.
—¿Pone por qué? —se interesó.
—Resumidamente: la metió donde no debía. Un marido furioso lo asesinó. Según su estudio forense, diez cuchilladas. Fue incinerado y sus restos acabaron en el mar.
Kakashi la miró fijamente mientras leía.
—Ese chico es bueno —felicitó.
—Kabuto es muy bueno —reconoció ella sonriente—. ¿Qué hacemos?
Kakashi se frotó el mentón, pensativo. Tenía el dilema con Hinata y su prometido. Y ahora, otro nuevo. Era como si no fueran a terminarse nunca. Aunque teniendo en cuenta que tenía seis hijas, dudaba que esto no fuera sólo la punta del iceberg.
—Se lo diremos —dijo—. Cuando Temari esté mejor.
Toneri tiró el móvil contra la mesa lleno de frustración. Su plan acababa de irse a la mierda directamente por culpa de Hatake y su sobreprotección y a que ese condenado Uchiha estaba metiendo las narices donde él no las quería. Sabía que quería lo mismo que él pero esa llave sería suya.
Por las buenas o por las malas.
Había fallado en intentar matar una hermana.
Quedaban más.
Continuará…
¡Llegamos!
Espero recordaran los avisos que puse arriba. La cosa se ha liado un poco y desliado a la vez. Algunas verdades han salido a la luz, otras se han liado más. ¡Sai se ha enterado de todo el chisme! Naruto volvió a ser enviado a la friendzone (te aguantas rubiales).
Y sí, Temari y Gaara son hermanos (aunque esto era deducible, lo sé, fingan sorpresa, anda okno).
Aquí os dejo las notas:
(1): Enchochado: Es una forma de decir que las chicas lo vuelven tonto. Como el dicho de que pueden más dos tetas que dos carretas.
(2): Hanabi. Aquí no son hermanas ella y Hinata.
(3): Chanchullos: Líos, generalmente problemáticos.
