ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 8: Altibajos:

L sintió algo de hambre y miró hacia el lado. Un tenedor sucio y un plato con algunos restos de nata y miguitas de bizcocho parecían estarse burlando de él.

-Voy a por algo de comer – resolvió el moreno entonces, mientras se levantaba de su silla y se ponía sus zapatos – Te quedas al cargo, Near – le indicó al otro detective, el cual estaba construyendo un castillo de naipes en el suelo.

-De acuerdo – asintió el de pelo blanco bastante concentrado en tratar de equilibrar las cartas para que la construcción no se derrumbara.

L abandonó la sala de control y fue hasta la cocina. Aún era bastante temprano, pero el dulce aroma de un bizcocho recién hecho ya inundaba toda la estancia.

-Buenos días – saludó Yuko al chico al verlo pasar.

-Buenos días – contestó él, para después dejar el plato sucio y el tenedor en el fregadero.

-Oye, friégalos tú, que para eso tienes manos – dijo la chica entonces mirándolo mal, mientras le apuntaba con una espátula algo manchada de chocolate que estaba utilizando para decorar el bizcocho recién hecho.

El detective rodó los ojos, pero obedeció. No podía quejarse demasiado, tenía que reconocer que Yuko y, en su momento, Watari siempre se habían esforzado bastante por él. Devolver una pequeña acción, aunque fuera de vez en cuando, tampoco era tan malo…

Tras colocar el plato y el tenedor ya limpios en su sitio, L observó mejor lo que estaba preparando su hermana. Se trataba de un bizcocho redondo recubierto de chocolate, aunque aún no parecía terminado, ya que la chica en ese momento estaba batiendo nata.

El estómago del chico rugió justo en ese instante, lo cual hizo que él se sintiera un poco avergonzado y que la chica se riera un poco.

-¡Vaya, gracias! – exclamó la morena con diversión – Me alegro de que te guste cómo está quedando el pastel, pero deberás aguantar un par de minutos más hasta que termine de decorarlo.

-Voy a tratar de matar el gusanillo mientras.

-Más que un gusanillo, eso parecía un león – apuntó la chica riéndose todavía un poco.

-Ya, ya… – contestó L aún avergonzado.

El detective entonces se asomó a la despensa.

-¡Vaya, vaya! Así que estos son los famosos chocolates de San Valentín, ¿eh? – comentó L señalando los moldes que las chicas habían dejado en la despensa la noche anterior – Lo único interesante que tiene este día.

-¿Lo único interesante? – repitió Yuko rodando los ojos, aunque no le sorprendió demasiado la actitud de su hermano.

-Sabes que es un día comercial, ¿verdad? – preguntó él con tranquilidad mientras abría un tarro de galletas para sacar unas cuantas de su interior.

-¿Y qué celebración no lo es? – contraatacó.

-Buena observación – respondió L mientras salía de la despensa echándose una de las galletas a la boca.

-Ya sé. Dibujaré un corazón de nata en el pastel para conmemorar este día – dijo Yuko burlona y él resopló.

-Haz lo que quieras – murmuró el chico visiblemente molesto.

La chica lo miró con curiosidad. Normalmente él tendía a ignorar todo lo relacionado con el amor, pero le dio la sensación de que esa vez estaba algo enfadado.

-¿Qué te pasa? – preguntó ella arqueando una ceja.

-¿A mí? Nada – contestó simplemente.

-Te noto… molesto – comentó la chica.

-Tal vez sea porque este estúpido día de San Valentín parece sacar las fantasías de todos solamente para traerme problemas a mí – respondió L rodando los ojos – Pero aparte de eso todo está bien.

-¿Seguro…? – preguntó Yuko algo dudosa y él asintió – ¿Acaso…? ¿No será que te gusta alguien, hermano? – decidió atacarle.

-¡¿Qué?! – se sorprendió – ¿Se puede saber de dónde te sacas esa conclusión? – agregó enfadándose aún más.

-Ya te he dicho que te noto un poco extraño – contestó ella.

-¡Por supuesto que no me gusta nadie! – exclamó el chico – Sabes de sobra que no tengo tiempo para esas tonterías.

-¡Esto no tiene nada que ver con tener tiempo o no! – respondió la morena empezando a perder la calma también.

-Vamos, Yuko, tú eres una persona racional. No empieces también con paranoias de este tipo, por favor – le pidió.

-¿Paranoias? En serio, sabes cómo ofender a la gente refiriéndote al amor como si se tratase de una enfermedad – protestó Yuko poniendo los brazos en jarra.

-El amor es una reacción química que se pasa con el tiempo – razonó L – Así que sí, podría decirse que es una especie de alteración del estado mental.

-¡Eso suena muy feo! – se quejó ella.

-No te enfades conmigo – contestó mirándola seriamente – Es un hecho científico y lo sabes.

Yuko infló los mofletes con rabia. Al contrario que L, ella creía en el amor y estaba segura de que algún día podría vivir una historia preciosa junto a su media naranja. Y le daba igual la opinión de unos científicos chiflados.

Y, por supuesto, el estúpido de su hermano también se daría cuenta algún día de que estaba equivocado.

-Mira, mejor vamos a cambiar de tema y… – empezó a decir L cuando Yuko levantó el plato del pastel a medio decorar – ¿Qué haces?

-¡Ahora te vas a quedar sin tarta por tonto! – chilló Yuko infantilmente y a continuación se acercó el plato a la boca y le dio un gran bocado al pastel, pringándose parte de la cara con chocolate y nata en el proceso.

"De verdad que a veces no la entiendo…" pensó el chico con cansancio, pero desde luego no se iba a dejar ganar por ella.

-¿Ah, sí? – respondió L en tono retador – Eso será si puedes escapar de mí.

-¡No me atraparás! – exclamó Yuko empezando a correr con el plato aún entre sus brazos.

Entonces el chico la persiguió y los dos estuvieron correteando por la cocina de un lado a otro, dando vueltas alrededor de la mesa, e incluso tirando alguna silla al suelo. Finalmente, L fue capaz de arrinconar a la chica contra una esquina de la habitación.

-No tienes escapatoria – dijo él apoyando una mano en la pared con fuerza – Entrega la tarta.

-Ni hablar. Me la comeré entera antes de que puedas quitármela – amenazó Yuko y entonces se dio la vuelta para proteger el dulce y arrancó con la mano un trozo de pastel para echárselo a la boca.

El chico optó por hacerle cosquillas a su hermana en la zona de los riñones para desconcentrarle.

-Pa… ¡para! – exclamó ella entre risas y L aprovechó el momento de despiste para girarla hacia él y agarrar el plato también.

Los dos se miraron de forma desafiante mientras sujetaban el pastel con fuerza, dispuestos a no ceder ni un milímetro. Sin duda, el final de una batalla épica estaba a punto de llegar…

La puerta de la cocina se abrió en ese mismo momento, sorprendiendo a ambos hermanos.

-¡Hola! – saludó Misa con energía – Perdón por venir un rato antes de lo previsto, pero es que ya no podía dormir y… ¿Eh? ¿Os estáis peleando? ¡Eso no está bien! – exclamó yendo deprisa al lado de donde estaban ellos.

L aprovechó la confusión para tirar del plato y llevárselo con él.

-¡Eh! – protestó Yuko.

-Te has despistado. Y quien se despista, pierde – dijo él burlón dándole a su hermana un toque en la nariz con un dedo y ella lo miró enfadada.

-Serás… – murmuró la morena.

-¡A ver, a ver, hermanitos! – intervino Misa tratando de poner orden – ¿Se puede saber qué os pasa?

-Este opina que el amor es una estupidez – le explicó Yuko señalando a su hermano y la rubia se quedó con la boca abierta.

-Lo siento, Ryuzaki. No necesito oír más. Yo también estoy en tu contra – contestó la artista inmediatamente, poniéndose al lado de la otra chica.

-¿Por qué ninguna de las dos queréis entender que hay gente a la que nos da igual el amor? – preguntó él con cierto cansancio.

-¿Te da igual? – repitió Misa incrédula – ¿En serio?

-Sí – asintió el detective.

-¿Cómo puedes decir eso? ¡El amor es maravilloso! – exclamó la rubia mirándolo como si él estuviera loco y el chico rodó los ojos.

-¿Sabéis qué? Mejor me voy, seguir discutiendo sobre esto es absurdo – contestó harto dándose la vuelta – Por cierto, hermanita. Tienes la cara manchada – se burló antes de salir.

-Piérdete – contestó Yuko rodando los ojos.

L abandonó la cocina llevándose su tarta medio mordisqueada, y Yuko entonces abrió el grifo del fregadero para echarse agua en la cara para limpiarse.

-Este chico es todo un personaje – comentó Misa – Ayer por la tarde discutimos e incluso nos lanzamos almohadas, y ahora reñimos una vez más.

"Se está llevando una mala impresión de él" pensó Yuko mientras se secaba la cara con una toalla. Estaba enfadada con L, pero esa era su oportunidad de "vendérselo" a la rubia.

-¿Eh? No creas que mi hermano es así de borde siempre – le restó importancia la morena – Aunque no lo parezca, a veces también tiene sus momentos amables.

-Puede que tengas razón… – murmuró la otra recordando cómo salvó a su mascota de darse contra el suelo – Bueno, ¿cómo están los bombones?

-Han reposado durante toda la noche, pero podemos dejarlos un rato más mientras nos encargamos de hacer el relleno – respondió Yuko y entonces sus ojos dieron con el desastre de cocina que había quedado tras la pelea con su hermano – Dame un momento para poner todo en orden y sacar los ingredientes.

-Te ayudaré – contestó Misa con decisión.

-Como quieras – se encogió de hombros la morena.

Yuko miró de reojo a la artista mientras esta última colocaba bien una silla que estaba tirada en el suelo. La rubia a veces parecía bastante alocada, pero no era mala persona. Tal vez solo había tenido la mala suerte de que sus influencias no hubieran sido demasiado buenas…

OoOoO

L volvió a la sala de control con su pastel medio mordisqueado. Allí vio que Matsuda había llegado al trabajo durante su ausencia y estaba sentado en una de las sillas giratorias.

-Ah, buenos días – le saludó el joven policía cuando el detective ocupó su puesto.

-Sí, buenos días – contestó él sin mirarlo.

Ambos sintieron que el ambiente estaba muy, muy denso…

-Esa tarta es… peculiar – opinó Matsuda entonces por romper el hielo.

-Yuko y sus ideas – respondió L simplemente, aunque el otro no entendió que se refería a la pelea, ya que esa escena no había salido por las pantallas de vigilancia.

-Ya veo.

El detective se centró en escribir en su ordenador y Matsuda se echó para atrás en su asiento, recostando su espalda en él. Desde ahí veía cómodamente los monitores, en concreto el que vigilaba a Misa, que ahora sí que enfocaba la cocina en la que las chicas hacían bombones.

"En cuanto vea una buena ocasión, me declararé a Misa-Misa" se prometió a sí mismo.

L lo miró de reojo y, por la expresión que tenía, supo exactamente lo que el policía estaba pensando. Ese chico siempre era como un libro abierto…

OoOoO

-Y… ¡por fin llegó el momento! – exclamó Misa contenta.

Ya había pasado la hora de comer y en ese momento los bombones llevaban un buen rato reposando, después de que por la mañana las chicas hubieran terminado el relleno y la cubierta de abajo.

-¿Preparada? – preguntó Yuko sosteniendo en alto uno de los moldes con el chocolate ya endurecido.

-Preparada, pero ten cuidado – le pidió Misa con nerviosismo.

La morena dio un golpe seco al molde y los bombones se desprendieron con bastante facilidad.

-A ver, a ver… – murmuró la rubia inspeccionando uno de los dulces – ¡Vaya! Parece que no se han roto y además han quedado muy bien.

Yuko continuó sacando el resto de chocolates de sus respectivos moldes.

-Hay muchísimos bombones – comentó Misa admirada – No creo que podamos entregarlos todos…

-No importa si sobran, ya nos los iremos comiendo – le restó importancia – Simplemente selecciona los que más te gusten para entregarlos y deja ahí el resto.

-Bien pensado – contestó la rubia y entonces empezó a apartar los dulces que más le fueron gustando – ¡Este será mi chocolate por amor! – exclamó señalando un bombón bastante grande con forma de corazón.

-Vale. Si quieres puedes dibujarle algo con el chocolate blanco que nos ha sobrado del relleno – le sugirió Yuko.

-Buena idea – asintió Misa conforme – En ese caso, escribiré "amor" con letras grandes sobre este bonito corazón de chocolate.

"Este será mi homenaje para ti, Light" pensó la rubia contenta.

Con mucho cuidado y tratando de hacer la mejor caligrafía posible, la artista fue trazando las letras de la palabra "amor" con chocolate blanco.

-Oye, Yuko – la llamó entonces.

-Dime – respondió la aludida.

-¿De veras que no hay nadie que te guste? – preguntó Misa y la otra se estremeció un poco.

-Ya te dije ayer que no – contestó la morena tratando de sonar calmada – Eso no ha cambiado de un día para otro.

-¿Nadie, nadie, nadie? – insistió la rubia y la otra negó con la cabeza – Vamos, no seas así de aburrida, a mí puedes contármelo. ¿A quién puedo decírselo de todas formas? ¿A tu hermano? ¿A Matsu? ¿A Near? – mencionó y Yuko sudó frío.

-No hay nadie tan especial para mí en este momento. ¿Por qué insistes?

-Es por tener una conversación femenina, tonta – respondió Misa – Aparte de mí, eres la única chica que hay aquí.

-Eso no es verdad – negó la morena – También está la agente Halle Lindner.

-¿Quién? – preguntó confusa.

-Bueno, supongo que no has coincidido con ella aún… – respondió Yuko haciendo memoria.

-No, la verdad es que no sé quién es.

"Es famosa y siempre parece estar rodeada de gente, pero… puede que se sienta sola" se dio cuenta la morena.

Misa continuó decorando su chocolate por amor, poniéndole incluso un borde exterior de caramelo.

-Ya está – dijo la rubia triunfalmente mientras admiraba su obra.

La artista observó que los dedos se le habían quedado bastante pegajosos por el chocolate y el caramelo.

-Voy a ir al baño y así aprovecho para lavarme las manos – anunció Misa – Enseguida vuelvo.

-Vale.

Misa abrió la puerta de la cocina con el codo y salió de allí. No muy lejos, en ese mismo pasillo encontró un baño. Mientras se estaba secando las manos escuchó el sonido de unos tacones.

"¡Qué extraño! Estoy segura de que Yuko lleva zapatillas deportivas, ¿hay otra mujer en el cuartel?" se preguntó.

-Eso es. Una caja con el mejor surtido de bombones que tengan en la tienda – escuchó que decía una voz femenina.

Misa se asomó fuera del baño con disimulo, pero no vio a nadie. Siguió avanzando por el pasillo hasta llegar a la altura de unas escaleras. Bajó varios escalones hasta encontrar uno con buenas vistas y, tras agacharse, se asomó despacio a través de los barrotes. En el piso inferior vio a una mujer rubia andando de un lado a otro con un móvil en la oreja. Parecía algo nerviosa.

"¿Quién será?" se preguntó la artista.

-Estupendo – contestó la extraña a alguien a través del teléfono y después se miró el reloj – En una hora más o menos pasaré a recoger el pedido.

"¿Eh? ¿Nos hemos visto antes?" dudó Misa al fijarse mejor en la cara de la otra.

-¿Una dedicatoria? Déjeme pensarlo un momento – pidió la desconocida a su interlocutor y después dio otro par de vueltas más mientras se pasaba una y otra vez su pelo por detrás de la oreja con la mano que tenía libre – Ya sé, escriba lo siguiente. "Para una persona que ama con locura el chocolate" – dijo finalmente.

-Ya estoy aquí – anunció la voz de L, aunque Misa no podía verlo desde donde estaba.

-Oh, Ryuzaki – contestó la extraña pareciendo avergonzada de que la hubieran pillado en mitad de aquella conversación – Quedamos en eso. De acuerdo, muchas gracias. Adiós – se despidió de su interlocutor y colgó rápidamente.

Misa bajó con disimulo un par de escalones más para ver mejor y observó que L le abría una puerta a aquella mujer.

-Las damas primero – mencionó él cortésmente.

-Muchas gracias – respondió la chica y ambos desaparecieron tras la puerta.

Misa parpadeó perpleja tras la escena.

"Una persona que ama con locura el chocolate…" se repitió la rubia mientras procesaba la información. "¡No puede ser!".

La artista subió corriendo las escaleras para volver cuanto antes a la cocina.

-¡Yuko, Yuko, Yuko! – la llamó mientras la zarandeaba de un brazo.

-¿Qué, qué, qué? – contestó la aludida mirándola un poco mal.

-¡No me habías dicho que tu hermano tenía novia! – chilló Misa – ¡Y encima tiene buen gusto!

-Amane, cálmate. ¿De qué estás hablando? – preguntó Yuko confusa.

-Ahora mismo lo he visto con una chica rubia monísima y muy estilosa – contestó la artista señalando hacia afuera.

-Oh, ya lo entiendo. Esa es la agente Lindner.

-Ah, ¿es la chica que antes mencionaste? – preguntó Misa – Bueno, el caso es que él la estaba esperando y se han pasado juntos a una sala.

-¿Y por eso ya tienen que ser pareja? – preguntó la morena escéptica – Seguramente le traiga un informe a mi hermano.

-Pero… pero… ella estaba llamando a una pastelería para reservar chocolate de San Valentín – intentó explicarse – Y… parecía muy nerviosa.

-Amane, no sé qué has presenciado exactamente, pero creo que te equivocas – contestó Yuko – Los he visto interactuar en otras ocasiones y dudo mucho que haya algo entre esos dos.

-¿Estás segura?

-Segurísima – asintió la morena – Mira, aquí tengo diferentes envoltorios para los bombones – indicó señalándoselos – Elige los que más te gusten.

-De acuerdo – respondió la rubia yendo a mirarlos.

Sin embargo, Misa aún siguió dándole vueltas a lo que acababa de ver.

"¿De qué conozco a esa mujer de antes?" pensó la artista mientras envolvía los bombones. "Nunca la había visto por aquí, pero su cara me suena un montón…".

OoOoO

L sujetó a modo de pinza una foto incluida dentro del informe que la agente Lindner le había llevado. En ella podía verse un papel en el que había escrita una lista con virtudes y defectos de varias personas.

-Muy interesante – comentó el detective.

-El señor Mikami estaba decidiendo quién podría ser el próximo portavoz de Kira tras la muerte de la señorita Takada – explicó la agente – Tenía varios candidatos, pero parece que aún no se había decantado por ninguno.

-¿Qué hay de su correo? – inquirió él.

-Hemos interceptado toda su correspondencia del mes de enero, incluyendo correo electrónico, y tampoco hemos encontrado nada relevante – le contó la chica – De todas formas, en el informe encontrarás más detalles.

-Ya veo. Muchas gracias.

-¿Alguna orden más, Ryuzaki? – le preguntó Lindner.

-No es una orden en sí, pero sí que me gustaría saber qué se comenta por ahí – respondió el detective.

-Al haberse detenido las muertes de criminales, la gente comienza a sospechar que algo le ha ocurrido a Kira – comentó ella – Empiezan a circular toda clase de rumores, algunos acertados y otros no tanto.

-Entiendo – murmuró L pensativo – ¿Crees que podría haber alguna reacción violenta?

-No lo descartaría – respondió la agente con seriedad.

-Habrá que estar atentos – contestó él.

-Exacto.

OoOoO

Misa observó con orgullo su chocolate más especial, con la palabra "amor" escrita encima, y después lo envolvió con mucho cuidado con un papel de color rojo, el color del amor.

-Perfecto – comentó la rubia con satisfacción – Y con esto terminé.

Después metió todos los paquetes que había preparado en una bolsita, excepto uno de color verde.

-Gracias, Yuko – se dirigió a la chica mientras le tendía el paquete – Sin ti no habría podido hacer los bombones.

-¿Qué? ¿Para mí? – preguntó sorprendida.

-Pues claro. ¿Hay alguien más que se haga llamar Yuko por aquí? – cuestionó Misa divertida – En serio, es para ti. Lo he pasado muy bien. Venga, acéptalo – insistió.

-Emm, sí, sí – asintió la morena y la otra sonrió mirándola con expectación.

"¡Está esperando que ahora yo le dé algo!" se dio cuenta Yuko sudando frío. "Para ella no había preparado nada…" pensó sintiéndose mal por ello.

La morena echó un vistazo muy rápido a lo que había preparado. Excepto el paquete para Near por ser su persona especial, el de Mello por ser un amante del chocolate y el de su hermano por ser su inseparable compañero, el resto eran más simples e iguales en contenido, así que tomó uno de estos últimos.

"No importa, haré otro paquete más en cuanto ella se vaya. Total, han sobrado muchos bombones" le restó importancia Yuko.

-Toma, Amane, este es para ti – le dijo mientras le daba un paquete recubierto de papel amarillo – Gracias por ayudarme con el chocolate. También lo he pasado bien.

-De nada. Ha sido un placer – le restó importancia Misa – ¿Vienes conmigo a entregar los bombones?

-No – negó la morena inmediatamente y la otra la miró algo confusa – Es que voy a… descansar un poco.

-Vale, nos vemos.

-Sí, hasta luego – se despidió también Yuko esperando a que la otra saliera para preparar el paquete de bombones que ahora le faltaba.

Misa salió de la cocina y comenzó a avanzar por el pasillo.

"Bien, ¿por dónde debería empezar a repartir?" se preguntó. "Light es el más especial, por tanto, debería ser el último".

En ese momento escuchó voces conocidas y de nuevo corrió hacia las escaleras para poder observar.

-Entonces, ¿te apetece venir conmigo, Ryuzaki? – escuchó a Lindner en ese momento.

-Sí – asintió el chico – Si no es una molestia, claro.

-¡Por supuesto que no lo es! Dame un par de minutos – pidió la agente.

-Sin problema – respondió L, y el chico volvió a entrar a la sala.

La agente Lindner caminó por el pasillo de abajo, así que Misa descendió las escaleras y la siguió con disimulo.

"Venga, sé que la conozco de algo… ¿He trabajado con ella?" se concentró la artista. "No, no creo que sea famosa… Un momento… ¡Es esa guardaespaldas!" se dio cuenta. "¿Qué hace aquí?".

Observó que la agente entró a un baño dejando la puerta abierta y, al asomarse Misa con discreción, la vio sacando un estuche del bolso para empezar a retocarse el maquillaje frente al espejo.

-No hay necesidad de esconderse – comentó Halle Lindner con total tranquilidad en ese momento – Sé que me estabas siguiendo.

Misa supo que se avecinaba tormenta, así que dejó en el suelo apoyada contra la pared la bolsa con los chocolates, aunque la chica no se dio cuenta de que se terminó desequilibrando y acabaron vertiéndose algunos paquetes.

-Buenas tardes – saludó la artista con seriedad, apoyándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

-Te llamabas Amane, ¿verdad? – preguntó la agente mirándola a través del espejo.

-Veo que te acuerdas de mí – asintió – Pero yo también te recuerdo – agregó dando un par de pasos hacia ella.

-Sí, estuvimos juntas en la cena de Navidad del año pasado.

-¿O sea, que no tienes ningún problema en admitirlo? – cuestionó Misa incrédula.

-¿Por qué iba a tenerlo? – respondió Lindner con tranquilidad mientras guardaba el maquillaje de nuevo en su bolso.

-No sé… tal vez porque eras la guardaespaldas de esa zorra de Takada – contestó mirándola desafiante – Se tiene bien merecido lo que le pasó – agregó con desdén.

-No está nada bien burlarse de las desgracias ajenas, ¿sabes? – le reprendió la agente con seriedad.

-No quiero que alguien que juega a dos bandos me dé lecciones.

-Tengo algo de prisa, Amane – respondió con tranquilidad – No quiero perder el tiempo discutiendo contigo.

-Ni hablar, no irás a ninguna parte – contestó Misa poniéndose en medio de la puerta, bloqueándola con los brazos abiertos.

Lindner suspiró por la actitud tan infantil de la otra.

-Si no te retiras voluntariamente, tendré que usar la fuerza – le advirtió la agente.

-Pues úsala – la retó.

-En ese caso, con permiso – contestó Lindner mientras sujetaba a la artista firmemente por sus brazos, para después empezar a empujarla hacia afuera.

Misa trató de resistir, pero no tardó en notar cómo sus dedos cedían.

-¡Le contaré todo a Ryuzaki! – amenazó la artista entonces.

-¿Qué es lo que me tienes que contar? – escuchó la voz de L detrás de ella.

-¡Oh! – se sorprendió dándose la vuelta, y Lindner también dejó de empujar.

-Misa, tus gritos resuenan por todo el edificio – se quejó el chico mirándola con molestia.

-¡Esta tipa! – exclamó Misa señalando a la otra furiosamente – Que sepas que trabajó para Kira. Deberías informarte mejor sobre las chicas con quienes tienes citas en San Valentín – presumió.

-¿Cita? – preguntaron los dos aludidos bastante sorprendidos.

-Te escuché haciendo un pedido de bombones para la persona que más ama el chocolate – acusó la artista a Lindner – Que, por cierto, Ryuzaki prefiere las fresas – añadió con cierta diversión – Y ahora pretendes irte con él a no sé dónde el día de San Valentín. ¿No es sospechoso?

-Oh… bueno… – murmuró Halle retorciéndose las manos nerviosamente – Ese chocolate es para Mello…

-Vamos de visita al hospital. No a tener una cita – recalcó L.

-Ah… – respondió Misa – Sí, creo que Yuko ha mencionado antes a ese tal Mello…

-Otra vez actuando sin pensar – le regañó el detective – Sé perfectamente que Lindner trabajó para Takada. Obtenía datos para nosotros – explicó – No deberías ir acusando a la gente sin pruebas.

La artista se sintió molesta e incluso sintió un pequeño nudo en la garganta porque pensaba que no merecía esa regañina.

-Siempre me ha caído mejor Kira que tú – contestó Misa mirándolo con seriedad, hiriendo al chico más de lo que él querría admitir – ¡Para una vez que intento ayudarte deberías al menos estar agradecido!

-¿Agradecido? – repitió él dolido – Está bien. Ya me voy, no te preocupes – añadió dándose la vuelta.

L dio un paso y se escuchó un crujido procedente del suelo. Al levantar el pie descubrió que había pisado una especie de envoltorio sin querer.

-¡No! – gritó Misa desesperada lanzándose al suelo y sacando el bombón con forma de corazón del interior de aquel papel brillante – Está… está… está roto – balbuceó.

-Oh… perdona – se disculpó el detective sintiéndose algo culpable al ver la expresión de la chica – Mira, si quieres me como yo este. No me importa que esté roto.

-¡No puedes! ¡Este es chocolate por amor! – chilló la artista desesperada apartando el bombón de él – ¡Era para Light! ¿No lo entiendes? – preguntó con los ojos llenos de lágrimas – ¡Eres un idiota, Ryuzaki!

Misa salió corriendo de allí entre llantos.

-Creo que esto es lo que se llama karma – comentó Lindner viendo a la otra chica alejarse, pero L no contestó.

OoOoO

En un rincón de la sala de control, Near estaba muy concentrado en construir su castillo de naipes, ya que estaba a punto de batir su propio record de altura. Tenía ya tantos pisos que, para llegar al último, era necesario estar subido sobre una escalerilla bastante alta.

-Comandante Lester, páseme una nueva baraja – pidió el del pelo blanco al hombre, que apenas se separaba de la escalerilla, ya que estaba un poco preocupado por si el chico se caía.

-Aquí tienes – contestó el comandante pasándole más naipes.

-Gracias – respondió y después continuó con su peculiar labor.

En ese momento se abrió la puerta de la sala y entró Yuko.

-¡Hala! – se sorprendió al ver la construcción.

-Hola, Yuko – saludó Near desde lo alto.

-Esto… ¿puedo hablar contigo un momento? – le pidió ella con algo de timidez – Si no es mucha molestia, claro…

-Por supuesto que podéis hablar – intervino el comandante Lester – Te ayudaré a bajar, Near – añadió tendiéndole una mano al chico.

El hombre respiró aliviado al ver de nuevo al detective sobre suelo firme. Cuando le dijeron que trabajaría para un genio, jamás se imaginó que el chico podría llegar a comportarse de esa manera…

-Estoy algo cansado de estar aquí dentro, ¿vamos al pasillo? – propuso Near a la chica.

-Vale – asintió ella.

Yuko lo siguió hasta llegar al lado de una ventana desde la que podía verse la ciudad de Tokio bañada por la luz del sol al atardecer.

-Hoy es San Valentín y en Japón es costumbre regalar chocolate tanto a la persona que te gusta como a aquellos a los que tienes algo que agradecer – explicó Yuko – Así que… aquí tienes, Near – añadió tendiéndole el paquete.

-Gracias – contestó aceptándolo.

-Feliz San Valentín – le deseó ella.

-Igualmente, Yuko – respondió – Yo también agradezco todo lo que te esfuerzas por nosotros. Sin tu labor no sería lo mismo.

-Esto… – murmuró ella con timidez.

-¿Pasa algo? – preguntó Near.

-¡No! ¡Nada! – se retractó sintiendo una gran vergüenza.

-Te escucho – insistió él.

-Aquel día… ¿lo recuerdas? – preguntó Yuko con cierta tristeza, dirigiendo su mirada a través de la ventana – Estaba realmente hundida y tú me animaste.

-Todos estábamos muy afectados cuando se nos dijo que L había muerto… No hice nada extraordinario – le restó importancia.

-Sentí que al menos no estaba sola – le contó ella – Creo que tu apodo te va estupendamente, siempre estás cerca cuando se te necesita y por eso… – dudó – Por eso…

-¡Eres un idiota, Ryuzaki! – escucharon la voz de Misa al otro lado del pasillo.

-¿Qué pasa ahí? – preguntó Near.

-Hermano, ya la has vuelto a fastidiar, ¿verdad? – murmuró la morena con un suspiro – Será mejor que vaya a echar un vistazo. Nos vemos, Near.

-Hasta ahora – se despidió él también.

La chica echó a correr por el pasillo en dirección a donde se había oído el grito de Misa. Al llegar vio que allí solamente quedaban la agente Lindner y su hermano, y al ver a este Yuko se recordó que todavía estaba enfadada con él desde esa mañana. Y el orgullo le impedía relajar los ánimos.

-¿Qué has hecho ya? – preguntó la morena a L en un tono que más bien parecía un regaño.

-Al parecer ha pisado un chocolate por amor y lo ha roto – explicó Lindner.

-Si ella no los hubiera dejado en el suelo para empezar… – murmuró el chico.

-¿Y no piensas hacer nada al respecto? – le regañó Yuko poniendo los brazos en jarra.

-¿Qué quieres que haga? – preguntó L molesto.

-¡Disculparte! – exclamó su hermana – Se ha pasado muchas horas preparando ese chocolate. Al menos entenderás que esté frustrada.

Ambos se mantuvieron miradas desafiantes durante unos largos segundos. Yuko no estaba dispuesta a ceder. Pero lo hacía por él. Si el chico se disculpaba tendría una buena oportunidad para aproximarse un poco más a Misa…

-No tendrás mi chocolate si no vas ahora mismo tras ella – le amenazó la morena, rompiendo aquel silencio.

L, por su parte, tampoco quería perder. Había sido Misa la que había dejado el chocolate en el suelo y también ella le había dicho algo bastante cruel… Sin embargo, ¿por qué se sentía un poco mal por lo ocurrido?

El detective cerró los ojos y se maldijo interiormente por sentirse de esa manera.

-De acuerdo. Iré a hablar con ella – accedió finalmente el chico de mala gana – Lindner, gracias por tu oferta, pero no sé cuánto voy a tardar con esto. Será mejor que vayas por tu cuenta a ver a Mello.

-De acuerdo – contestó ella.

L se dio la vuelta y se fue en la dirección por la que Misa se había marchado.

"¿Dónde estará?" se preguntó el detective.

-Tranquila – escuchó en ese momento la voz de Matsuda – Es verdad que el bombón se ha roto, pero no es el fin del mundo. Seguro que puede arreglarse.

L se asomó a la escalera y vio a Misa abrazada al joven policía en el escalón grande del medio.

-¿Tú crees? – le preguntó la chica a Matsuda mirándolo con algo de esperanza.

-Pues claro. Y si no, yo mismo te ayudaré a hacer otro – propuso el policía.

Matsuda en ese momento se dio cuenta de la presencia de L y le alzó un pulgar, indicándole que todo iba bien. El detective rodó los ojos y se dio la vuelta entendiendo que sobraba ahí.

-Sabía que yo no pintaba nada en algo tan estúpido como esto… – refunfuñó L de mal humor – A ver si se termina de una vez el día de San Valentín.


¿Qué mejor manera de celebrar el día de San Valentín que con un capítulo de San Valentín? Aunque han volado cuchillos en prácticamente todas las direcciones.

En fin, en la historia el día 14 de febrero aún no termina, ¿qué les deparará la suerte a todos ellos?