ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 9: La decisión de Matsuda:

L se dio la vuelta, permitiendo que fuera Matsuda el que tranquilizara a Misa tras haberse roto su preciado chocolate por amor. Después de todo, el detective sabía de sobra que no pintaba absolutamente nada en aquella escena…

El chico regresó caminando por el mismo pasillo que había venido y en ese momento se dio cuenta de que Yuko lo observaba detrás de una columna.

-¿Qué haces ahí? – preguntó enfadado.

-Te he seguido – respondió ella saliendo de su escondite – Se suponía que ibas a hablar con Amane, ¿por qué te das la vuelta?

-Porque ya se va a encargar de eso Matsuda, aunque no sea precisamente la persona más fiable del mundo – contestó L de mala gana y después echó a andar de nuevo – Paso de esto. Me voy al hospital a ver a los chicos.

-Lindner ya se ha marchado – le informó.

-No importa. En ese caso me iré en mi coche – resolvió él.

El detective continuó caminando en dirección al parking subterráneo y Yuko lo siguió en silencio. Al llegar allí, L se subió a su coche y la chica se montó también en el asiento del copiloto.

-¿Qué haces? – le preguntó él mirándola molesto.

-Voy también a ver a Mello y a Matt, ¿no es obvio? – replicó Yuko cruzándose de brazos.

-Está bien…

L arrancó el coche y salieron del edificio para empezar a circular por las concurridas calles de Tokio. Sin embargo, ninguno de los dos parecía tener ganas de hablar demasiado, por lo que se ambos se quedaron en silencio sin ni siquiera mirarse.

A pesar de que ya estaba anocheciendo, aún se veían largas filas de gente esperando para comprar chocolate en algunas pastelerías. El moreno tuvo la sensación de que aquel día todo el mundo estaba aliado en su contra…

-Vaya estupidez de fiesta – murmuró molesto en una de las ocasiones.

-¿Estupidez? Tú y yo estamos aquí porque mamá y papá se enamoraron – le recordó Yuko, y su hermano sintió un golpe bajo. Efectivamente, al chico le gustaba recordarlos como una pareja feliz.

-¿Por qué tienes que hablar de ellos ahora? – preguntó L aún más enfadado.

-Casi nunca podemos hablar de ellos, así que no te quejes tanto – respondió ella.

-Esto no va a ningún lado… – murmuró el chico negando con la cabeza.

-¿Sabes qué? En eso tienes razón – contestó Yuko también algo cansada de discutir – ¿Por qué no nos quitamos las máscaras de L y su ayudante por un ratito y conversamos un poco como los hermanos Lawliet? – pidió.

El detective estaba tan poco acostumbrado a oír una mención a su apellido real que estuvo a punto de darle un giro brusco al volante sin querer, aunque logró controlarse y el coche apenas hizo un vaivén.

-Lo sabía, te he sorprendido – rio entonces un poco la chica y él la miró molesto.

"Pase lo que pase, prométeme que no olvidarás quién eres" las palabras de Watari resonaron en la cabeza de L en ese instante. "Si en algún momento no sabes qué hacer, seguro que te viene bien recordar estas palabras".

El chico no veía mucha diferencia entre actuar como L o como el mayor de los Lawliet, pero lo cierto era que no quería seguir peleado por una tontería…

-De acuerdo, hablaremos – accedió L finalmente.

El detective hizo a un lado el coche y lo aparcó en un hueco que vio libre.

-Bien. Aquí deberíamos estar tranquilos – dijo él mientras retiraba la llave del lado del volante tras apagar el motor.

-¿Se puede saber por qué te molesta tanto el día de San Valentín? – preguntó directamente entonces Yuko cruzándose de brazos.

-Porque todo el mundo está insoportable, ¿no te lo he dicho ya? – respondió L de mal humor.

-La gente simplemente está celebrando el amor – contestó ella con seriedad – Y deberías intentar entenderlo, es un sentimiento que todos podemos tener. Hasta tú.

-Me pides que entienda ese punto de vista, pero yo quiero que también entiendas tú el mío – respondió él – No te lo niego, seguramente haya por ahí gente que ha encontrado el amor. Pero eso no es para mí.

-¿Sabes? Yo antes pensaba igual que tú – admitió Yuko – Solía creer que el amor simplemente era algo bonito que solo sucedía en libros y películas. Pero… me equivoqué. Near se portó tan bien conmigo… – dijo en apenas un susurro, pero L lo escuchó perfectamente.

-Ah, sí. Algo de eso me comentaste hace un tiempo, ¿es que aún te gusta Near? – le preguntó a volumen normal y ella se puso completamente roja.

-¡No lo digas tan fuerte! – chilló avergonzada.

-Pero si aquí no puede oírnos… – contestó el chico sin comprender demasiado la reacción.

-¡Jo, no entiendes nada! – se quejó ella y después dejó salir un suspiro – Es que… soy incapaz de decírselo y me siento estúpida por ello. Pero, aunque te suene extraño, todo esto también puede hacerme sentir muy feliz – le explicó – Podría pasarte a ti también, por eso no quiero que tengas la mente tan cerrada.

Ambos se quedaron en silencio mientras pasaba un tren a toda velocidad por un puente cercano que cruzaba por encima de la carretera, produciendo un gran ruido a su paso.

-He visto muchas cosas con mis propios ojos. Cosas… que muy pocos creerían ciertas – habló L entonces con la vista puesta en el puente – Por eso no me considero precisamente una persona con la mente cerrada. Pero… nunca se me ha dado bien la gente. Y eso lo sabes de sobra. La situación que planteas implicaría encontrar a alguien que me acepte y en quien a la vez yo pueda confiar. Y las probabilidades de que eso ocurra… serían prácticamente las de un milagro.

Yuko sintió un nudo en la garganta al escuchar aquello. Podía hacerse una idea de cómo se sentía su hermano, pero oírlo de sus propios labios fue demoledor.

La chica puso una mano sobre la de él y después entrelazó sus dedos con los de L en señal de apoyo.

-Seguro que alguien así existe – trató ella de animarlo – Además, creo que has progresado muchísimo en estos últimos años. Antes ni se te hubiera ocurrido mostrarte en público.

-Solo lo hice porque era necesario para avanzar con el caso…

-Aun así, estoy muy orgullosa de ti. Y estoy segura de que ellos también – respondió Yuko dirigiendo un momento su mirada hacia arriba – No lo olvides.

La chica entonces rebuscó en la bolsa.

-Toma. Esto es para ti – dijo ella tendiéndole un paquete lleno de bombones.

-Gracias – contestó L y Yuko lo besó en la mejilla.

-No te preocupes. Pase lo que pase, encuentres a esa persona o no, yo siempre estaré a tu lado para apoyarte – le prometió la chica.

-Bueno, si ese momento existe, aún está en el futuro – resolvió él – Ya me has echado la bronca un rato. ¿Seguimos? – propuso al ver que ambos estaban mucho más calmados que antes.

-Vale – asintió Yuko conforme.

OoOoO

-¡Buaaa! ¿Y mi mamá? – preguntó aquel niño por enésima vez en lo que iba de tarde – ¿Y mi papá? ¡Buaaa!

Desde la noche anterior, Mello tenía a ese niño de primaria como compañero de habitación. Por lo visto, la criatura se había roto la pierna jugando a algún deporte y tendría que estar varios días en reposo allí en el hospital. Los padres habían salido a algún sitio, así que seguramente el rubio tendría que "disfrutar" al niño en solitario durante un buen rato más.

-¡Ya te he dicho que no tengo ni puta idea de dónde están tus padres! – protestó Mello bastante harto de oírlo.

-¡Si sigues diciendo palabrotas se lo diré a Kira para que te castigue! – se quejó la criatura entonces.

-Lo que me faltaba… – murmuró el rubio rodando los ojos – ¿Sabes tú acaso el significado de lo que acabas de decir, mocoso?

-Kira es alguien que castiga a los malos, ¿no? – contestó pensativo – ¡Y no me llames mocoso! – añadió enfadado.

-No, Kira es un malo que se disfraza de bueno, pero que en realidad es aún más malo que todos los malos juntos, ¿sabes?

-¿En serio? – preguntó el niño sorprendido – Entonces debe de ser alguien que da mucho miedo.

-Sí – asintió el rubio – Lo da.

"O más bien lo daba, por suerte" pensó Mello con cierto alivio.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación.

-Mira, ya están aquí… – empezó a decir el rubio, pero al girarse vio que no se trataba de los padres del muchacho – Ah, no. Eres tú, Halle – se corrigió al ver a la agente Lindner.

-Pareces decepcionado – comentó ella negando con la cabeza.

-Ah, no es eso – respondió Mello – Es que pensé que por fin dejaría de oír a este mocoso quejándose…

-¡Que no soy un mocoso! – volvió a protestar el niño.

-¡Vaya! Tienes un compañero de habitación – comentó la chica mirando a la criatura – ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Kento y tengo siete años – explicó él mostrándole una mano entera y dos dedos de la otra.

-Encantada, Kento. Por ser tú, puedes llamarme Halle – se presentó ella.

-Hola, Halle. Eres mucho más simpática que él – respondió el pequeño entonces y ella se rio un poco.

-Mello tiene muy mal genio, ¿verdad? – contestó la chica.

-¡Eh! ¡No habléis de mí como si no estuviera! – protestó el rubio entonces.

-Perdona – se disculpó divertida, volviéndose a girar para mirarlo a él – ¿Cómo estás?

-Ya ves que no me aburro… – respondió Mello rodando los ojos – Pero al menos mis heridas se van curando poco a poco.

-Ya veo. Pues entonces aquí tienes un premio – contestó la agente mientras se sacaba del bolso un paquete.

-¡Hala! ¡Chocolate! – se sorprendió Kento poniendo cara de querer probarlo – ¡Es verdad! ¡Hoy es San Valentín! – recordó de pronto – Entonces, ¿es chocolate por amor? – preguntó inocentemente y los otros dos se pusieron rojos.

-No, ¡qué va! – exclamó Lindner inmediatamente, restándole importancia – Solo es chocolate por agradecimiento… Ni siquiera lo he hecho yo a mano. No tengo tiempo para esas cosas, así que simplemente lo he comprado en una pastelería… – añadió mientras le entregaba el paquete a Mello.

-Bueno, nunca entenderé esta celebración, pero jamás le diré que no a un buen chocolate – dijo él entonces abriendo la cajita para echarse un dulce a la boca.

-¿Puedo probarlo yo también? – preguntó Kento con evidente envidia.

-¡Ni hablar! – exclamó el rubio casi gruñéndole como un perro.

-No seas malo y comparte con el niño algún bombón, anda – le pidió Lindner.

-¡Está bien! – accedió de mala gana – Lo hago para que te calles, ¿eh? – añadió mirando al niño mientras que con el brazo que los médicos ya le permitían mover un poco lanzaba uno de los chocolates a la cama del pequeño.

-Muchas gracias – contestó Kento – ¡Oye, oye! Entonces si la señorita Halle no es tu novia, ¿a ti cuáles te gustan más? – preguntó entonces inocentemente – ¿Las rubias o las morenas?

-¿Eh? – preguntó Mello sorprendido.

Sin querer, el chico se detuvo un momento a meditarlo y la única morena que vino a su mente fue Yuko.

"¿Por qué diantres estoy pensando en ella?" pensó el rubio mirando para otro sitio enfadado. "¡Bah! ¡Solo es una pregunta sin sentido del mocoso!"

-¿Es que no te gusta ninguna? – preguntó entonces el niño al ver que el otro no contestaba – ¡La que a mí me gusta es morena!

-¿Eh? Sí, supongo que las morenas son guapas… – estuvo de acuerdo Mello y en ese momento se fijó en que Lindner lo estaba mirando – No te ofendas, Halle. El crío me ha liado.

-No importa… – le restó importancia ella.

"¿Y por qué ahora he dicho esa estupidez de las morenas?" se regañó el rubio mentalmente. "Bueno, ¿qué más da? Yuko no va a enterarse" le restó importancia.

Sin embargo, justo en ese momento se abrió la puerta y, como si la hubiera invocado, entró la morena acompañada por L.

-Buenas tardes – saludaron los dos hermanos a la vez.

-¡Eh! – chilló Kento – ¡Entonces esta chica sí es tu novia! ¡Es de pelo moreno!

-¿Qué? – se sorprendió Yuko ruborizándose – ¡Entre tú y yo no hay absolutamente nada! ¿Se puede saber qué vas contando por ahí? – añadió mirando a Mello enfadada.

-¿Yo? ¡Nada! – le aseguró el rubio – ¡Es este mocoso el que lo está malinterpretando todo!

-¿Le echas la culpa a un niño? No me lo puedo creer… – respondió la morena rodando los ojos.

-¡Mello es muy malo! – exclamó Kento haciendo un puchero – No hace más que gritar, decir palabrotas y estar de mal humor.

-Deberías tratar de comportarte un poco en público – regañó también L al rubio.

-Eh… Sí, señor – contestó Mello obedientemente.

Lindner disimuló una risita. El rubio parecía volverse algo más manso ante el detective.

-Bueno, Mello. Debo irme ya – anunció la agente mirándose el reloj de pulsera – Ha sido un placer verte.

-Vuelve cuando quieras, Halle – contestó el rubio – Cuando hablo contigo al menos puedo olvidarme un poco de que tengo la mitad de los huesos rotos.

"Pero no me des esperanzas, tonto" pensó la rubia sintiéndose un poco feliz.

-Volveré pronto – le prometió Lindner con una sonrisa mientras abría la puerta para irse – Adiós al resto. También a ti, Kento.

-Adiós, señorita Halle – se despidió el niño.

La puerta se cerró.

-Por cierto, feliz San Valentín – dijo Yuko sacando una bolsita con chocolates y entregándosela a Mello – Por supuesto, son por agradecimiento – remarcó.

-¿Los has hecho tú a mano? – adivinó él.

-Sí – asintió la chica.

-Bueno, si están rancios los tiraré directamente a la basura – bromeó el rubio.

-He probado yo misma algunos antes de venir y están perfectos – contraatacó la chica mirándolo mal.

-Estamos en un hospital. Si ambos nos desmayamos nos atenderán rápidamente – siguió diciendo Mello mientras desenvolvía uno de los dulces y se lo echaba a la boca – Está pasable.

-¿Cómo? ¿Encima que me esfuerzo? – preguntó ofendida – Pues si no te gustan me los llevo de vuelta – amenazó.

-¡Eh! ¡No! – protestó él protegiendo los dulces entre sus manos.

L observó la escena. Sabía que las chicas habían trabajado duro para preparar ese chocolate y, por supuesto, podía entender lo mal que sentaba que otros echaran por tierra algo a lo que había dedicado un gran esfuerzo, pero Misa era una exagerada. Además, si tanto le importaba aquel bombón no debería haberlo puesto al alcance de su pie…

Y sin embargo… aún se sentía algo culpable por haberle hecho llorar…

"¡Rayos!" maldijo L interiormente por no entenderse a sí mismo algunas veces.

OoOoO

Mientras tanto, en el cuartel de investigaciones Misa y Matsuda llevaban un buen rato observando los trozos del corazón de chocolate, los cuales habían esparcido sobre una mesa de la sala de control.

-¿Estás seguro de que esto tiene arreglo? – preguntó la chica no convencida del todo.

-Ya verás cómo sí – respondió Matsuda – Este trozo va aquí y parece que este otro aquí y… – agregó mientras trataba de reconstruir el bombón como si se tratara de un rompecabezas – Oh, no… – murmuró al observar que no conseguía darle la forma de un corazón.

-Está bastante dañado… – se lamentó Misa.

-¿Me permitís probar? – preguntó Near por detrás de ellos en ese momento – Me encantan los puzles.

-Está bien – accedió la rubia.

El detective observó las piezas y después fue encajándolas hasta devolverle fácilmente al bombón su forma original.

-Hecho – dijo el de pelo blanco triunfalmente.

-Muchas gracias, Near – le contestó Misa – Ahora sí está como estaba. Pero me temo que los trozos no van a sujetarse…

-Podríamos echarle pegamento – sugirió Matsuda.

-¿Eres tonto? – le regañó la chica mirándolo mal – ¿Cómo va a comerse entonces?

-Era broma, por supuesto – se corrigió el chico rápidamente al darse cuenta de la estupidez que acababa de decir.

-No entiendo de cocina, lo siento – se disculpó Near y acto seguido se dio la vuelta dispuesto a seguir con su espectacular castillo de naipes.

Misa miró a su alrededor buscando ayuda, pero ni el comandante Lester ni Aizawa le parecieron apropiados para la tarea.

-¿Dónde están Yuko o Mochi? – preguntó la chica – Ellos sí saben cocinar bien.

-Yuko se ha ido con Ryuzaki a algún sitio – explicó Near mientras subía unas escalerillas para alcanzar a lo más alto del castillo de cartas – Y Mogi tenía cosas que hacer fuera, pero debería venir enseguida.

-En ese caso, lo esperaré – resolvió ella sentándose en un sillón.

Matsuda se sentó a su lado.

-¿Estás más calmada, Misa-Misa? – le preguntó él con preocupación.

-Estaría mejor si ese idiota de Ryuzaki no hubiera destrozado mi obra. Pero mejor hablamos de otra cosa, ¿vale? – le pidió mirándolo con seriedad.

-Vale – asintió Matsuda.

El joven policía quería confesarle sus sentimientos a Misa, pero ese no parecía un buen momento para hablarle de ello, así que simplemente conversaron un rato sobre otras cosas menos importantes.

-Mira, parece que Mogi ya ha llegado – comentó Matsuda entonces, al verlo a través de las pantallas.

La chica se levantó del sillón y fue hasta la puerta de la sala para esperarlo, donde el hombre no tardó en hacer su aparición.

-Buenas tardes, chicos – saludó Mogi.

-¡Ven! – exclamó Misa tirando de su brazo.

-¿Eh? – se sorprendió – ¿Ocurre algo, Misa-Misa?

-¡Ryuzaki ha roto mi chocolate súper-especial! – chilló ella aún dolida – Y necesito que me ayudes a repararlo – añadió mientras llegaban a la mesa donde estaban los trozos unidos por Near.

-Veré qué se puede hacer – le prometió Mogi mientras dejaba un paquete en el otro lado de la mesa.

-Por cierto, ¿qué has traído? – preguntó la chica con curiosidad.

-Estaba en tu casa, Misa-Misa – le explicó él – Parece que es un paquete de parte de tu tía.

Mogi entonces observó el bombón roto con cara pensativa.

-¿Se te ocurre algo? – preguntó Misa con algo de esperanza y el hombre se sacó un mechero del bolsillo.

-Si calentamos un poco los bordes de las piezas, el chocolate se fundirá y hará el mismo efecto que podría hacer un pegamento – sugirió el hombre.

-¿Lo ves? ¿Lo ves? – intervino Matsuda – Al final hasta tenía algo de razón – agregó entre risas y la chica rodó los ojos.

-Es mucho mejor idea la de Mochi – respondió ella – Él quería echarle pegamento de verdad – le aclaró a Mogi.

-Pero entonces ya no podría comerse – contestó el hombre.

-Eso mismo le he dicho yo – respondió Misa – ¿Ves cómo era una estupidez, Matsu?

-Jo… – murmuró el aludido algo hundido.

Mogi procedió a calentar los bordes de las piezas y a encajarlos con cuidado hasta formar de nuevo el corazón.

-Sí, ¿ves qué bonito es? – comentó la rubia contenta.

-Ahora solo tienes que dejarlo reposar un rato para que se endurezca de nuevo – indicó el hombre.

-Vale. Muchísimas gracias, Mochi – respondió ella.

"Ayer Ryuzaki hizo entrar en razón a Misa-Misa y ahora Near y Mogi solucionan esto tan fácilmente" se dio cuenta Matsuda. "Yo no molo tanto como ellos…" pensó tristemente.

El joven sintió que siempre iba detrás del resto, que lo único que se le daba bien era causarles problemas a todos…

-Matsu – escuchó que Misa le llamaba en ese momento.

-¿Eh? – preguntó despistado, alzando la cabeza.

-Para ti – respondió la rubia tendiéndole un paquete – Gracias por estar ahí siempre. Feliz San Valentín.

La chica entonces se dio la vuelta y también repartió chocolate entre el resto de personas que estaban allí.

Matsuda miró el paquete, aquel pequeño gesto le había animado un poco. Además, Misa parecía algo más contenta, quizás era el momento de decirle eso tan importante.

-¡Ven! – exclamó Matsuda de repente agarrando a la rubia del brazo y tirando de ella hacia afuera.

-¿Qué? – preguntó Misa sorprendida.

-Tengo que hablar contigo un momento – respondió él con seriedad – Si no te importa, claro.

-Eh… vale. Está bien – accedió la chica.

Ambos salieron al pasillo y él la soltó. A Misa le pareció que el policía estaba mucho más serio que de costumbre.

-¿Qué pasa, Matsu? – preguntó extrañada.

-Misa-Misa, ¿recuerdas… aquella Navidad? – preguntó él.

-¿Aquella… Navidad? – repitió algo confusa.

-Sí, cuando apareciste en tu casa con el pájaro – le recordó.

-Ah, sí… – asintió Misa – ¿Por qué te acuerdas ahora de eso?

-Me dijiste que Light tal vez no te quería, lo recuerdo perfectamente – contestó el chico y ella sintió un golpe bajo al acordarse de aquello.

-Matsu, no sé a dónde quieres llegar con todo esto, pero aquel día estaba un poco molesta con él – le explicó la chica – Solo… fue eso – añadió mirando para otro sitio.

-Pues yo creo firmemente que Light nunca te quiso – dijo el chico con toda la seriedad del mundo y ella abrió los ojos de par en par.

-¿Qué? ¿Cómo… cómo puedes decir eso? – preguntó Misa visiblemente enfadada – ¡No te metas en mis asuntos! – exclamó infantilmente cruzándose de brazos.

-¡¿Cómo no voy a meterme?! – gritó entonces Matsuda – ¡Aquel día te mentí! ¡Yo nunca jamás escuché a Light decir que te quería! ¿Lo entiendes…? – agregó y antes de que se diera cuenta, él estaba soltando un par de lágrimas.

-Ya lo sé… – murmuró ella bajando la vista al suelo – Él no era de los que solían decir ese tipo de cosas… Y precisamente por eso me ponía muy contenta cuando las decía. Después de todo, era mi príncipe azul y siempre lo será.

Matsuda se secó las lágrimas. Había sido capaz de decir aquello y ya no notaba aquella presión en el pecho.

Se dio cuenta de que ellos dos estaban demasiado lejos el uno del otro. Siguiendo con las comparaciones de los cuentos, él no podía llegar hasta el castillo de Misa y rescatarla o, más bien, no quería llegar hasta allí. Aunque se esforzase, si no la quería de verdad al final la misma historia se repetiría una vez más, y ninguno de ellos terminaría siendo feliz.

-Pero, ¿sabes? Si salieras conmigo yo estaría mucho más pendiente de ti que Light – le dijo el chico sacando la lengua.

-Matsu… ¿tú… me estás pidiendo salir? – preguntó sorprendida – Nosotros somos amigos y…

-Ya lo sé, tonta – la cortó con una sonrisa – No creo que hiciéramos buena pareja.

Matsuda sintió que se había quitado un gran peso de encima y, aunque no había logrado borrar la obsesión de Misa por Light, de alguna manera estaba algo contento. Sabía que ella algún día volvería a aceptar de nuevo que no era feliz, igual que ocurrió aquel día de Navidad. Así que cuando la chica estuviera dispuesta a admitirlo, él estaría ahí para apoyarla.

-Por cierto, ¿para quién es ese chocolate que te falta por dar? – cambió de tema Matsuda.

-Ah… era para Ryuzaki – respondió Misa.

-¿Era? – remarcó el chico – ¿Aún sigues enfadada con él? – añadió y la rubia asintió.

-No se merece el chocolate. Es un rudo y un borde – se quejó ella.

-Sí, eso es verdad. A veces no sé cómo lo aguanto – estuvo de acuerdo – Pero fue él quien te animó a celebrar San Valentín, ¿no es así?

-Eso es verdad – asintió la rubia.

-¿Sabes? Si algo he aprendido últimamente es que las cosas a veces no son lo que parecen – dijo Matsuda con Light en mente – Puede que L parezca rudo y borde, pero no creo que sea una mala persona. Quizás solo sea un poco tímido.

-¿Tú crees?

-Dale ese chocolate, Misa-Misa – le recomendó él – Si se lo has preparado es porque seguramente ese chico te agrada un poco – agregó y la chica se sorprendió.

-¡¿Acaso crees que me gusta?! – chilló ella.

-No he dicho eso… Solo me refería a que me parece que te cae bien – aclaró el policía – Así que creo que es una tontería que sigas enfadada con él.

-No sé… Lo meditaré.

OoOoO

Tras charlar un rato con Mello, L y Yuko habían ido a visitar a Matt, el cual aún seguía luchando por su vida dentro de aquella sala de cuidados intensivos.

-Puedes dejar el chocolate en la repisa – indicó una enfermera a la morena.

-Gracias – contestó ella.

-No te preocupes, ni siquiera lo tocaré. A mí no me gustan demasiado los dulces – comentó la mujer y ambos hermanos la miraron como si estuviera algo loca.

Yuko dejó los dulces donde le habían indicado.

-Oye, Matt… – murmuró la morena entonces mirando al pelirrojo allí postrado – Mello me ha pedido que te diga que todos estamos esperando tu regreso. Y está en lo cierto, estamos deseando que vuelvas.

L y ella observaron al pelirrojo en silencio durante unos minutos más.

-La próxima vez estará despierto – dijo el moreno dándose la vuelta para salir de ahí.

-Mi hermano tiene razón, seguro que podemos vernos muy pronto – opinó Yuko mirando una última vez a Matt antes de abandonar la habitación.

La enfermera salió también tras ellos cerrando la puerta tras de sí, y ninguno vio que el pelirrojo movió ligeramente el dedo índice de una mano…

OoOoO

-¡Aquí tienes, Light! – exclamó Misa dejando el chocolate por amor frente a la foto de su novio – Lo he hecho con todo el cariño del mundo. E… es cierto que se rompió, ¡pero no se nota nada! Así que espero que te guste.

La chica entonces tomó entre sus manos la misma caja que Mogi le había llevado al cuartel esa tarde.

-Veamos qué me envía la tía Natsu – comentó Misa tras comprobar el remite.

Al abrir aquel paquete, la rubia encontró una bolsa llena de galletas hechas a mano y una postal. La mujer quería ayudar a su sobrina, aunque fuera desde la distancia.

Misa sacó la postal y empezó a leerla. Su tía le hablaba de cómo les estaba yendo el negocio ese mes y del festival de la nieve de Sapporo, entre otras cosas.

-"Te quiere mucho, tu tía" – terminó de leer la parte principal – "Postdata, espero que no les estés dando muchos problemas a tus amigos. Recuerda que están haciendo todo lo posible para animarte." ¿Tú también con eso?

Miró el último chocolate que le quedaba por entregar, ese que supuestamente había hecho para L. El detective era una persona complicada. A veces le ayudaba, pero a veces también se metía con ella y era molesto. Y en otras ocasiones también podía ser bastante indiferente…

-Es tan difícil saber qué piensa ese chico… – murmuró – ¿Tú qué crees, Light? – preguntó mirando la foto, indecisa.

L había pisado su chocolate por amor, pero… no había sido su culpa, al menos no del todo. Quizás ella había montado un drama demasiado grande por algo que en realidad tenía fácil solución…

Cuanto más lo pensaba, más culpable se sentía.

-Ahg, está bien. Matsu, tía, os habéis salido con la vuestra – dijo Misa dejando salir un suspiro y después se levantó y se llevó consigo el paquete de bombones de L.

La chica salió de su habitación y bajó a la sala de control.

-¿Aún no ha vuelto Ryuzaki? – preguntó Misa al no verlo por allí.

-No – negó Near, el cual parecía haberse aburrido de su castillo de naipes, ya que en esa ocasión estaba jugando con unos muñecos – No sé cuánto vaya a tardar en regresar.

-No importa. Lo esperaré – respondió ella mientras se sentaba en la silla que solía ocupar L.

-Como quieras – contestó el de pelo blanco.

Misa estuvo entreteniéndose un rato con su teléfono, y cuando se aburrió apoyó su cabeza sobre la mesa para descansar un poco. Sin embargo, al rato de aquello notó que una mano la movía suavemente del hombro y ella se levantó sobresaltada.

-¡Ah! – gritó la rubia dando un respingo – Vaya… si solo eres tú, Ryuzaki.

-¿Qué haces durmiendo aquí? ¿Cómo es que no estás en tu habitación? – quiso saber L.

-¿Me he dormido? – preguntó confusa restregándose los ojos – Bueno, qué más da. Quería esperarte.

-¿A mí? – se sorprendió él.

-Sí – afirmó la chica – Eres el único que me falta por darle su chocolate.

-Oh, sí. Hablando de eso, quería… pedirte perdón – dijo él desviando un poco la mirada, y haciendo también un esfuerzo por apartar su orgullo – Puede que no entienda mucho de San Valentín, pero sí sé que te he fastidiado algo en lo que has estado trabajando un montón.

-Ah, bueno… Creo que yo también me pasé un poco echándote a ti toda la culpa. La verdad es que dejé los bombones donde no debía… – admitió Misa – Pero gracias a Mochi y Near conseguí arreglar el chocolate, así que al final todo salió bien. Además, mi tía me ha mandado una carta y también he estado hablando con Matsu.

-¿Sí? – preguntó L arqueando una ceja ante esa última información.

-Sí, y ambos coinciden en que debo ser agradecida – explicó ella.

-Creo que es un buen consejo, así que supongo que eso habrá sido lo más relevante de ambas conversaciones – respondió con tranquilidad, como si no estuviera intentando sacarle información.

-Pues la verdad es que sí – contestó la chica despreocupadamente.

"¡Qué extraño! ¿Es que Matsuda no se le ha confesado al final?" pensó L mientras se sentaba en su silla giratoria.

Misa miró el reloj de su teléfono, el cual marcaba las 23:59. Aún quedaba un minuto para cambiar de día.

-Bueno, voy a trab… – empezó a decir el detective, pero entonces la chica puso su dedo índice sobre los labios de él para interrumpirlo.

-Antes de que sea demasiado tarde, feliz San Valentín – le deseó ella y después le dio un beso en la frente, sobre el pelo – Aunque no creas en el amor, al menos quería darte las gracias – añadió tendiéndole el chocolate.

-Ah… Bien. Vale – contestó L aceptándolo mientras sentía su corazón a mil por hora.

La chica echó un vistazo de nuevo a la hora en su teléfono para justo ver el cambio de día.

"Fiu, entró por los pelos" pensó ella con alivio.

Mientras trataba de calmarse, L desenvolvió uno de los bombones e inmediatamente se lo echó a la boca.

-Está delicioso – comentó el chico – Enhorabuena.

-Gracias…

Misa miró un momento hacia el suelo. Le habría hecho tanta ilusión que Light se hubiera comido inmediatamente sus dulces de San Valentín, en lugar de apartarlos a un lado y decir que ya se los comería cuando le apeteciese…

"Estoy cansada, ¡muy cansada! Por eso pienso cosas sin sentido" se dijo ella inmediatamente, agitando la cabeza, lo cual le hizo sentir un pequeño tirón en el cuello.

-¡Ay, ay! Creo que no ha sido buena idea apoyarme sobre la mesa para descansar… – comentó la chica frotándose el cuello con la mano – Será mejor que vuelva a mi habitación a dormir más cómodamente. Buenas noches, Ryuzaki.

-Buenas noches, Misa – se despidió también.

La chica llegó hasta la salida y entonces se dio la vuelta para mirar atrás. La silueta oscura del detective contrastaba con la luz que emitía la pantalla del ordenador, confiriéndole un aire de misterio aún mayor que el que ya de por sí solía tener…

En ese momento, L también se giró y los ojos de ambos coincidieron por un breve instante.

-Umm, hasta mañana – murmuró Misa dándose la vuelta de nuevo para salir de allí cuanto antes.

-Sí, hasta mañana – contestó él girándose para continuar con su trabajo.

OoOoO

A la mañana siguiente, L estaba tecleando en su ordenador cuando bajó su mirada y sus ojos dieron con el envoltorio de los chocolates que le había entregado Misa. Lo tomó con sus dedos en pinza para observarlo mejor. Era un simple papel brillante de color azul, no tenía absolutamente nada de especial. Y, sin embargo, aún no lo había tirado a la basura.

En ese momento, L escuchó el sonido de la puerta abriéndose y escondió rápidamente el envoltorio echándoselo al bolsillo del pantalón.

-Buenos días, Ryuzaki – saludó Matsuda.

-Buenos días – contestó el detective con tranquilidad.

-¿Sabes? Ayer me confesé a Misa-Misa – le contó el policía mientras ocupaba su silla – Pero ella… no me entendió. Pensó que estaba bromeando simplemente.

-Entonces, ¿qué harás a partir de ahora? – quiso saber L.

-Nada. Me he rendido – contestó tajante.

-¿Eh? ¿Tan pronto? – se sorprendió.

-Sí – asintió Matsuda – Tenías razón, solo estaba enfadado conmigo mismo por aquella mentira que le dije hace un tiempo. Me sentí liberado cuando le hablé del tema. Pero aun así he decidido que seguiré siendo su amigo y estaré a su lado siempre que me necesite – agregó con decisión.

-Bueno, como tú veas – contestó L encogiéndose de hombros.

El detective tomó un sorbo de café sintiéndose mucho más tranquilo. Si Matsuda ya no iba a molestar a Misa, L tenía un problema menos del que preocuparse…


Y hasta aquí el arco de San Valentín. Ha costado ponerlo todo en orden, pero el resultado para mí es satisfactorio :)

Guest: también me gustó mucho escribir el capítulo anterior. Personalmente me encanta cuando hay malentendidos entre los personajes por escuchar/ver fuera de contexto xD