ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 11: Cumpleaños:

Después de las clases, Yuko se paseaba con aburrimiento por los pasillos del orfanato buscando algo entretenido que hacer. Su hermano estaba de viaje por su trabajo, y ella no había socializado prácticamente con nadie más. La mayoría de los niños de aquel lugar eran muy cerrados y desconfiados, muchas veces debido a sus pasados trágicos.

Sin embargo, justo en ese momento vio a Near y fue corriendo hasta él.

-¡Hola! – le saludó la chica con entusiasmo.

-Hola – contestó él – ¿Qué tal estás, Yuko?

-Bien, ¿estás ocupado, Near? – le preguntó y el niño negó – Entonces vayamos a jugar fuera – añadió tirando de su brazo y el niño la siguió sin rechistar.

Near era una de las pocas personas en las que Yuko podía confiar. Su hermano le había presentado a ese chiquillo un tiempo atrás, y le había dicho que fuera buena con él y que le echase una mano siempre que le hiciera falta.

Los dos salieron al patio y se dirigieron hacia la zona de juegos, y una vez allí se pusieron a construir un castillo de arena en un rincón que estaba libre en el arenero.

-Las almenas de la torre te están quedando muy bien – opinó Yuko – A ver… ¿qué más podría hacer yo? ¡Ya sé! Estas piedrecitas serán las ventanas de los aposentos de la princesa – añadió poniéndolas en la parte más alta de la torre – Aún no sabe si será el príncipe el que venga a por ella, o si será ella la que tenga que embarcarse en una misión para rescatarlo a él – comentó con voz soñadora.

-Ha quedado bastante bien – dijo Near mirando la obra de arriba abajo – ¿Qué te parece si ahora rodeamos la torre con una muralla?

-¡Estupendo! – exclamó ella contenta.

Ambos entonces se pusieron a rodear aquella torre con una muralla redonda a su alrededor.

-Oye, ¿crees que habrá un castillo igual en alguna parte del mundo? – preguntó Yuko.

-Seguro – asintió el del pelo blanco – El mundo es muy grande.

-Pues yo quiero verlo – respondió la chica y entonces ambos rieron un poco.

-Si existe, iremos a verlo juntos – propuso.

-Vale – asintió Yuko y entonces se quedó mirándolo con una sonrisa – ¿Sabes, Near? Eres mi primer amigo – le dijo – Hasta ahora solo había jugado con mi hermano. Y él, bueno, ya sabes, casi siempre está ocupado…

-Tú también eres mi primera amiga – contestó él.

-¿En serio? ¡Pues entonces tenemos que llevarnos muy bien siempre! – exclamó feliz.

-Claro – asintió Near con una sonrisa – Por cierto, se está poniendo muy oscuro – añadió mirando hacia arriba – ¿Crees que va a llover?

-¡Uy! Pues acaba de caerme una gota en la mano – respondió ella poniéndose en pie – Me lo estaba pasando muy bien, pero será mejor que nos vayamos.

Ambos se pusieron en marcha, pero se puso a llover a cántaros antes de que pudieran llegar al interior del edificio.

-¿Por qué no nos refugiamos ahí? – propuso Near señalando el hueco de una escalera de emergencia y ella lo siguió.

Los dos corrieron hasta allí. Pero ya había alguien más escondido en aquel hueco…

-Este es mi lugar secreto. ¡Largaos, me gusta estar solo! – exclamó Mello al verlos entrar.

-No nos das miedo – contestó Yuko – Además, está lloviendo a mares.

-¿Y a mí qué? – refunfuñó el rubio cruzándose de brazos.

-¿Crees que esta es forma de hablarle a una señorita? – le preguntó ella poniendo los brazos en jarra.

-Te crees una princesa, ¿eh? – le respondió Mello de mala gana.

-¿Y tú qué te crees? ¿El rey del mundo? – le preguntó Yuko en el mismo tono que él.

-¡Pues a lo mejor lo soy! – exclamó el rubio.

-Sí, ya. Cuando las ranas críen pelo – contestó ella rodando los ojos.

-¿Sabéis que dicen por ahí que los que se pelean se desean? – preguntó entonces Near con absoluta tranquilidad, mientras se retorcía un mechón de pelo.

-¿Qué? ¡Ni en broma! – exclamaron los otros dos a la vez enfadados.

Mello y Yuko se dieron la espalda, aunque el rubio se giró un breve momento para mirarla de reojo. Parecía que realmente no le daba miedo a la muchacha. Le recordó un poco a aquel chico pelirrojo que siempre lo perseguía y que, por algún motivo, quería ser su amigo.

-Parece que incluso ahora llueve más… – comentó Near entonces. Aquello parecía que iba a ser bastante largo e incómodo para los tres…

Sin embargo, en ese momento, un rayo cruzó el cielo y al instante sonó un gran estruendo por todo el lugar.

-¿E… eso ha sido un trueno? – preguntó Yuko asustada.

-Sí, ¿es que te dan miedo? – se burló el rubio al ver la cara que había puesto la otra.

-¡Cállate! ¡Por supuesto que no! – mintió ella.

-Si estás temblando… – continuó el chico con su burla.

-Oye, Mello. No compliques más las cosas – regañó Near al otro sin perder la calma – No pasa nada, ¿vale, Yuko? Aquí no nos alcanzarán los rayos.

A pesar de los ánimos, la chica no podía parar de temblar. Normalmente su hermano la tranquilizaba en esas situaciones, pero desde el extranjero poco podía hacer por ella en aquel instante…

"¡Vamos! No puedes depender siempre de él" se intentó animar mentalmente Yuko.

Sin embargo, justo en ese momento hubo otro trueno aún más cerca y la morena se abrazó asustada a Mello por puro reflejo.

-¡¿Qué… qué narices haces?! – exclamó el rubio alterado.

Nadie, absolutamente nadie, tenía permiso para acercársele tanto y menos aún abrazarlo.

-¡Me dan miedo los truenos, ¿qué pasa?! – admitió la chica.

-Idiota… – murmuró Mello rodando los ojos – ¡Tú, enano! A ti no te dan miedo, ¿verdad?

-No – negó Near con tranquilidad.

-Pues vamos a llevar adentro a la gallinita.

OoOoO

Mientras esperaban al resto de invitados, L miró a su alrededor para observar la decoración que Misa había colocado para celebrar el cumpleaños de Light, compuesta principalmente por globos de colores y cintas de papel.

El detective se sentía algo fuera de su hábitat natural, ¿a cuántas fiestas le habían invitado en su vida? Quitando las pequeñas celebraciones familiares, probablemente a ninguna. Sin embargo, el chico había accedido a pasar por ahí un rato porque sabía que podría comer tarta y otros dulces, y además conocía perfectamente al resto de invitados. Al menos, sería algo tolerable para él.

-¿Qué te parece la decoración, Ryuzaki? – le preguntó Misa al notar la mirada inquieta del chico.

-La de las paredes probablemente un tanto infantil – contestó L con tranquilidad.

-¿Qué? – preguntó algo indignada.

-Pero el resto me parece elegante – opinó él fijándose en la mesa con un mantel impoluto y sin arrugas, y también en los vasos y platos perfectamente colocados.

-Oh, muchas gracias – respondió la rubia.

En ese momento se abrió la puerta y todos se giraron para ver entrar a Matsuda y a Mogi.

-¡Buenas tardes! – saludó el policía más joven con su entusiasmo habitual.

-Buenas tardes – saludó también el otro agente – Misa-Misa, disculpa a Ide y a Aizawa. No han podido venir porque tenían algo de prisa por volver a sus casas – les excusó.

-Oh, bueno. No pasa nada, supongo – le restó importancia la rubia.

Matsuda miró de reojo la foto de Light que había colocada sobre una mesa. El policía sabía de sobra que la excusa de sus compañeros era mentira.

"Después de cómo nos engañó, yo tampoco tengo muchas ganas de celebrar su cumpleaños…" pensó el chico. "Si estoy aquí es por Misa-Misa, no por él" matizó y entonces sus ojos dieron con la tarta con forma de castillo.

-¡Vaya! ¡Qué bonita! – comentó Matsuda sorprendido – Va a dar pena comérsela…

-¿Verdad? Es el encargo especial que le hice a Yuko – explicó la rubia – Para el cumple de mi Light solo quiero lo mejor de lo mejor. De esta manera, sé que esté donde esté, mi amor le alcanzará.

-Supongo… – murmuró el chico.

"Aún no se da cuenta de que él no la quería…" pensó Matsuda con tristeza.

-¡Pío! – chilló el pájaro en ese momento.

-Por supuesto, para el otro Ryuzaki también hay comida en esta fiesta tan especial – anunció Misa sacando una bolsita de pienso de un cajón, para a continuación rellenarle el depósito a la jaula.

Matsuda se dio cuenta de que el detective no pareció ni inmutarse ante lo que acababa de decir la artista, así que fue hacia donde estaba ella.

-¿Es que L sabe el nombre del pájaro? – susurró el policía señalando al detective de un cabeceo.

-Lo siento… Se me fue – admitió Misa sacando la lengua un poco.

-Jo, teníamos una promesa tú y yo… – respondió haciéndose el enfadado – Bueno, en realidad me alegro de que se lo hayas dicho. Creo que está bien que él lo sepa – añadió con una sonrisa.

-Tienes razón. Además, no pareció enfadarse cuando se enteró.

"Puede que realmente solo sea un poco tímido" pensó la chica mirando a L de reojo.

En ese momento, la puerta volvió a abrirse y Near y sus ayudantes hicieron su aparición.

-Me parece que ya no falta por venir nadie más. ¿Ahora sí me da permiso para cortar la tarta, majestad? – preguntó L acercándose a Misa, y la chica rodó los ojos ante la evidente burla.

-Está bien. Qué impaciente eres… – se quejó ella.

-Tengo hambre – contestó el chico encogiéndose de hombros.

-¡Pero si siempre estás comiendo! – exclamó la rubia mirándolo molesta.

A L poco le importaron las críticas, ya que se dirigió directamente a donde estaba la tarta con forma de castillo y cortó un trozo bastante grandote de la muralla externa, para después echarlo en uno de los platos.

-¡Oye, oye! Ese trozo tuyo es demasiado grande – protestó Yuko en broma.

-Pero si lo estaba partiendo para ti – contraatacó su hermano con tranquilidad – ¿Me estás diciendo que no lo quieres? Pues me lo llevo yo.

-¡No, espera! – le pidió la morena – ¡Lo quiero, lo quiero!

-¿Estás segura? – siguió L con su broma y ella asintió exageradamente – Está bien – añadió entregándole el plato.

-Gracias, querido hermanito – contestó la chica.

-Así que ahora me quieres, ¿eh? – preguntó el moreno haciéndose el enfadado.

-Tal vez – se burló Yuko sacándole la lengua.

L negó con la cabeza y a continuación se partió otra porción de tarta de un tamaño similar a la anterior, y se fue a sentarse a su manera a uno de los sofás para comérsela con tranquilidad.

-¿Qué es esto? – preguntó el detective, alzando una servilleta doblada de forma extraña que había encontrado allí tirada en el sofá – ¿Alguien intentaba hacer origami?

Misa se dio cuenta y sintió un vuelco en el corazón, especialmente al ver al chico deshaciendo aquella figura a medio terminar.

-¡No, no, no! – le pidió la rubia sujetándolo del brazo y él la miró sorprendido por su reacción.

"¿Qué estoy haciendo?" se preguntó la chica soltándolo de nuevo.

-Perdón… – murmuró Misa mirando para otro sitio.

-No importa… Supongo que eso significa que esto es tuyo – contestó L tendiéndole la servilleta de vuelta.

-Sí… – admitió ella aceptándola – Es que… antes intenté hacer una grulla de papel. Pero… no me salió – añadió en apenas un susurro.

-Así que una grulla, ¿eh? – repitió el detective – Si quieres… puedo recordarte los pasos – agregó bajando la mirada.

-¿Sabes? – preguntó sorprendida y él asintió – En ese caso y si no es mucha molestia, acepto – añadió mientras se sentaba a su lado.

-De acuerdo – respondió L y después tomó para él una servilleta del montón que había sobre la mesa – Lo primero hay que asegurarse de que, en este caso la servilleta, sea un cuadrado perfecto.

-Sí, eso lo recuerdo. En realidad, cuando era pequeña mi padre me enseñó a doblar algunas figuras de origami, pero con el tiempo parece que se me han olvidado algunos pasos… – le contó la rubia.

L vio un destello de tristeza en los ojos de ella, por lo que dedujo que la chica estaba siendo bastante sincera.

"Según los análisis del psicólogo, Misa aún no ha superado la pérdida de sus padres" se recordó el moreno. "Seguramente esto sea muy importante para ella".

-No creo que tu padre se sienta decepcionado por algo así – comentó el detective.

-¿Eh? – se sorprendió la rubia notando su pulso acelerado. Ese chico había conseguido ver a través de ella y había acertado de lleno cómo se sentía…

-Además, la grulla requiere muchos pliegues y puede resultar confuso recordarlos todos correctamente – siguió opinando él.

-Supongo…

-Aunque por lo que he visto, al menos pareces recordar el principio – trató de animarla.

-Bueno, sé que empieza así y después así – contestó Misa repitiendo desde el principio los pasos que conocía – ¿Y ahora? Aquí es donde más me lío.

-No, tienes que doblar hacia el otro lado – indicó el detective mientras mostraba la manera correcta con su propia servilleta.

-¿Así? – preguntó la rubia aproximándose un poco más al chico para ver mejor.

-Sí, perfecto. Y luego sigues de esta manera – explicó L.

Misa prestó mucha atención y fue imitando todos y cada uno de los pasos.

-Y, finalmente, si doblas hacia abajo uno de los dos extremos obtendrás el pico – terminó el chico con su explicación.

-Vale – asintió ella imitándolo – Oh, ¡qué bonita ha quedado! Muchas gracias, Ryuzaki.

"¡Mira, papá! Conseguí terminar la grulla" pensó la rubia contenta.

-Oye, ¿qué hacéis los dos tan pegaditos? – les preguntó Matsuda por la espalda con curiosidad en ese momento.

-¿Pegaditos? – repitieron ambos girándose a la vez para mirar mal al policía, aunque al momento fueron conscientes de que sí que estaban bastante juntos, por lo que los dos se separaron un poco inmediatamente.

-Pero, ¿qué he dicho? – preguntó él algo intimidado por las miradas que le habían lanzado – ¡Oh, espera! ¿Eso es una grulla de origami? – preguntó impresionado quitándosela a Misa.

-¡Matsu! – le regañó molesta.

-¡Eh! ¡Mirad todos! – exclamó el policía mostrando la grulla al resto de invitados.

-¡Hala! ¡Qué maravilla! – opinó Mogi acercándose para ver mejor.

Cuando L y Misa quisieron darse cuenta, prácticamente todos los presentes en la fiesta los habían rodeado y los estaban mirando con atención.

-¡Vaya! ¿Estás haciendo una grulla de origami, Ryuzaki? – preguntó la agente Lindner.

-Yo también quiero aprender, ¿puedes empezar otra vez? – pidió Matsuda.

L dudó un momento. No estaba demasiado acostumbrado a ser el centro de atención y a tener clavados los ojos de todos, especialmente para algo que poco tenía que ver con su trabajo, así que sintió bastante vergüenza.

"Oh, cielos. Es verdad que es tímido" pensó Misa fijándose en la expresión algo retraída del detective.

-¡Vaya, Ryuzaki! Parece que te han salido nuevos alumnos – habló la artista – Tendrás que esforzarte mucho y enseñarles bien, ¿no? – añadió poniéndole una mano en el hombro para apoyarlo.

L la miró con curiosidad. Era una sensación extraña, fuera de su ambiente a él no solía apoyarlo nadie…

-Venga, Ryuzaki. ¡Por fa! – intervino también Matsuda.

El detective notó que todos lo estaban mirando con expectación e incluso algo de ilusión.

-Es… está bien – murmuró L vencido.

-¡Estupendo! – exclamó Matsuda.

-Ya verás lo contentos que se pondrán mis niños cuando les lleve una grulla de papel – comentó Mogi con una sonrisa.

-Bueno, pues para empezar cada uno debería tener un trozo de papel, o de servilleta, completamente cuadrado – explicó L con bastante timidez, tratando de no hacer contacto visual con nadie – El material da igual. Lo importante es que sea cuadrado.

-De acuerdo – contestaron los demás obedientemente, mientras se hacían con servilletas.

Misa en ese momento se levantó del sofá para no robarle a L su ratito de popularidad. La rubia decidió sentarse en otro sofá distinto, justo al lado de Yuko, la cual parecía estar observando a Near.

"Voy a seguir con mi investigación" pensó la artista con diversión.

-¿Te gusta? – preguntó Misa en voz baja con curiosidad.

-¿Eh? ¿La fiesta? Claro, lo estoy pasando bien – contestó Yuko.

-No, no me refiero a eso – negó la rubia con bastante diversión – Creo que estás mirando fijamente algo que te parece… interesante – le susurró al oído y la otra se tensó.

-¿Qué quieres decir? – preguntó con precaución.

-Oh, vamos, no me lo niegues. Hay alguien que te gusta y está en esta fiesta, ¿a que sí? – insistió Misa mirándola con cierto brillo de emoción en los ojos.

La morena dirigió un rápido vistazo a su alrededor, en ese momento casi todos parecían estarle prestando atención a su hermano, excepto Near, que estaba entretenido jugando con un par de muñecos en el suelo a cierta distancia. Por suerte, ninguno de ellos debería estar escuchando esa conversación.

-Eso que dices es imposible. A mí no me gusta nadie – contestó Yuko lo más tranquila que pudo.

-¡Vamos! No seas tan seria – le pidió Misa dándole un par de codazos amistosos – A mí puedes contármelo.

-No hay nada que contar – insistió la morena – Esa es una acusación sin fundamento. Es como si yo ahora te digo que a ti te gusta mi hermano – añadió con cierta malicia.

-¿Có… cómo? – preguntó la artista alucinada, mirando al aludido de reojo – ¿De dónde sacas eso?

-Dicen que los que se pelean, se desean – respondió Yuko encogiéndose de hombros.

-Que conste que discuto a menudo con él porque es un idiota – aclaró la rubia y la otra la miró mal.

-Estás hablando de mi hermano – le recordó con seriedad.

-Bueno, bueno, perdona si te he ofendido – se disculpó levantando las manos en son de paz – Pero volviendo a lo tuyo, me he dado cuenta de que no paras de mirar a Near y además te pone nerviosa, por eso vertiste ayer la pintura. Y para demostrar que no me equivoco, voy a hablar ahora mismo con él.

Ante la cara de estupefacción de Yuko, Misa se levantó del sofá y se dirigió a donde estaba el chico jugando, para decirle algo al oído. La morena se dio cuenta de que ambos la miraron tras cuchichear un poco, aunque él con bastante más disimulo que la rubia.

"¡No puede ser!" pensó Yuko deseando ser tragada por la tierra.

En ese momento, Near se levantó de donde estaba jugando y se acercó a la morena, aunque por su expresión no parecía demasiado alterado, ni emocionado, ni… nada, aunque a ella sí que se le aceleró el pulso.

-Amane me lo ha contado – dijo él con tranquilidad, enrollándose un mechón de pelo en un dedo.

-¿Y… y… qué te parece? – murmuró nerviosa.

-Muy interesante – respondió Near simplemente.

-¿Interesante? – repitió Yuko roja como un tomate.

-Claro. A ver quién encuentra el premio – contestó el de pelo blanco.

"Un momento… ¿a ver quién encuentra el… premio?" analizó Yuko mentalmente. "¡Ah! ¡Amane solo le ha hablado sobre la sorpresa de la tarta!" se dio cuenta.

-Comandante Lester, ayúdeme a cortar un trozo de tarta, por favor – pidió Near al hombre, que estaba prestando atención a la lección de la grulla de origami.

-Sí, sí, ahora mismo – respondió él siguiendo al chico, aunque continuó echando varios vistazos hacia atrás para tratar de no perderse los pasos.

Los dos hombres se dirigieron hacia la tarta y entonces Yuko miró de reojo a Misa, dándose cuenta de que parecía estarse riendo.

"¡Yo la mato! Delante del abecedario completo de detectives si hace falta" pensó la morena apretando los puños, mientras caminaba hacia la otra, mirándola con evidente furia.

No le hacía ninguna gracia que los demás averiguaran lo que sentía, le hacía sentirse insegura y vulnerable. Quizás Misa podía utilizar esa información en su contra…

-¿Ves cómo tenía razón? – preguntó la rubia – Te gusta Near – susurró triunfalmente.

-¿A qué estás jugando, Amane? – preguntó Yuko con fastidio.

-Vamos, deja de ser tan desconfiada. No le he dicho nada sobre ese asunto, ni se lo voy a decir – aseguró Misa, levantando las manos en son de paz – Estas cosas solo tienen valor si las dice la persona que las siente.

La morena la miró con seriedad, no sabiendo si fiarse o no de sus palabras.

-¡Aquí está! – escucharon exclamar a Near justo en ese momento.

Ambas se giraron y vieron que el chico tenía un muñequito en la mano.

-¡Enhorabuena, Near! – exclamó Misa aplaudiendo – Has encontrado la sorpresa que había oculta en la tarta.

-Al ver que tenía forma de castillo, inmediatamente imaginé que Yuko lo habría puesto en lo más alto de la más alta torre, como en los cuentos que a ella tanto le gusta leer – razonó él – Al fin y al cabo, la tarta tiene la misma forma que aquel castillo de aquella vez, ¿verdad? – se dirigió a la morena.

-Sí… – admitió avergonzada.

"¡Aún recuerda aquel castillo de arena que construimos de pequeños!" pensó ella sintiendo el corazón acelerado.

-¡Vaya! Qué bien os conocéis – dijo Misa de manera algo exagerada y Yuko rodó los ojos.

-Enhorabuena por encontrar el premio oculto de la tarta, Near – le felicitó la morena.

-Gracias – contestó él.

-Bueno, os dejo hablando – intervino Misa empujando levemente a Yuko hacia el chico – Tengo que ir a ver cómo está el resto.

La artista se dio un paseo por la habitación. Rellenó un par de platos, cuyos aperitivos empezaban a escasear, y también charló un poco con el resto de invitados.

-Misa-Misa, me voy ya – le comunicó Matsuda entonces.

-¿Qué? ¿Tan pronto? – se quejó ella.

-Sí, bueno, tengo cosas que hacer en casa… – se excusó, rascándose un poco la nuca – Pero que conste que he pasado un rato agradable. Ah, y la tarta estaba muy rica.

-Ya le paso yo el recado a Yuko – contestó Misa observando que la otra aún charlaba con Near – Por cierto, ya que eres el primero en marcharse, ¿al menos podrías hacerme un favor?

-Claro, ¿de qué se trata?

-¿Te importaría llevarle un trozo de tarta a Sayu? – le pidió – ¡Se lo he prometido! Su casa te pilla de paso, ¿no es así?

-Está bien, no me importa – accedió Matsuda.

El policía se marchó entonces con un trozo de tarta dentro de una pequeña cajita, mientras Near y Yuko lo veían desde el rincón donde todavía conversaban.

-Yo también me iré pronto – comentó el de pelo blanco – No deja de resultarme irónico que nosotros estemos celebrando el cumpleaños de Kira. Aunque si estoy aquí es porque a mí personalmente me da igual cenar en una habitación o en otra.

-Sí, tienes razón – respondió Yuko – Yo iba a haber preparado una tarta de todas formas.

-En tu caso, creo que te has esforzado bastante – opinó él – Me alegro de ver que poco a poco te llevas bien con más gente.

-¿Eh? ¿Tú crees que me llevo bien con Amane…? – preguntó sorprendida.

-Al menos lo parece – contestó Near dándose la vuelta para dirigirse hacia la salida y marcharse.

La morena miró a Misa, y la otra le sonrió mientras se le acercaba.

"Esta chica es rarita" pensó Yuko entonces. "Como… nosotros, supongo".

-Oye, oye, ¿se lo has dicho? – le preguntó Misa con curiosidad.

-Claro que no – negó inmediatamente.

-¡Encima que te doy una oportunidad perfecta! – se quejó la rubia – Aburrida – la acusó.

-¿Aburrida? – repitió la morena apretando los puños – Es obvio que va a decirme que no.

-Eso no lo sabrás hasta que no pruebes – contestó guiñándole un ojo – Tienes mi apoyo. Díselo cuando estés lista, ¿vale? – agregó poniéndole una mano en el hombro.

-Por cierto… Muchas gracias por no decirle nada, Amane – murmuró Yuko.

-De nada, ¿acaso crees que no sé cómo te sientes? – preguntó haciéndose la ofendida – Y otra cosita, ¿cuándo vas a dejar de llamarme "Amane"? – agregó imitándola un poco – Soy Misa, ¿sí?

-¿Está bien eso? – dudó.

-Pues claro, somos amigas – le contestó la rubia con una sonrisa.

-¿Amigas? – repitió sorprendida.

"Llevarme bien, tal vez. Pero, ¿eso de amigas no es ya pasarse un poco?" pensó Yuko.

A ella le costaba muchísimo relacionarse con gente nueva, pero Misa parecía confiar enseguida en la gente.

-¡Por supuesto! Últimamente me has ayudado un montón, especialmente con los dulces, ¿cómo no te voy a considerar una buena amiga? – respondió la rubia tomando a la otra de las manos – ¿Qué mote cariñoso podría ponerte para celebrarlo…? – añadió pensativa.

-Yuko está bien – respondió la morena rápidamente – Aunque a ella no le gustaba su nombre… – murmuró mirando para otro sitio.

-¿Eh? – preguntó la otra confusa.

-No importa – contestó – ¿Nos vamos ya, hermano? – se dirigió al chico, el cual se levantó del sofá en el que estaba sentado.

-Sí, ya es hora de seguir con el trabajo – asintió L – Nos vemos, Misa.

-Hasta mañana, Ama… esto, Misa – se corrigió Yuko.

-Hasta mañana, chicos – se despidió la rubia también.

"Qué par tan misterioso…" pensó la artista viéndolos marcharse.

OoOoO

-¡Vaya! Esta canción me gusta – opinó Matsuda mientras iba escuchando la radio en el coche.

Al mismo tiempo que conducía, el chico fue canturreando las estrofas que se sabía.

-Y de esta manera hemos cerrado nuestro bloque musical con una canción de Ichiro Ichiban – dijo el comentarista de la radio – Ahora les dejamos con las noticias de la noche.

En ese momento sonó una musiquita bastante pegadiza y un nuevo locutor empezó a narrar las noticias destacadas que habían ocurrido ese día.

-En otro orden de cosas, llevamos un mes sin actividad de Kira – continuó diciendo la voz del locutor y Matsuda le dio algo de volumen para enterarse mejor – La gente comienza a preguntarse si algo ha ocurrido. ¿Ha sido detenido? ¿Simplemente se está tomando un descanso? La poca transparencia por parte de las autoridades parece molestar a los ciudadanos.

-La gente no es estúpida, eso está claro – opinó el policía con preocupación.

Tras conducir un poco más, Matsuda aparcó el coche y bajó, para después llamar a la puerta de la casa de los Yagami. Sayu no tardó en abrir.

-Buenas noches, Matsuda. ¿Qué haces aquí? – preguntó un poco sorprendida.

-Buenas noches – saludó también el policía – Siento venir un poco tarde, pero Misa-Misa ha insistido en que te trajera esto – añadió entregándole una cajita.

-Oh, es cierto. Mencionó por teléfono que me mandaría un trozo de tarta – contestó la chica aceptando el paquete, el cual abrió – ¿Qué tipo de tarta es esta? – preguntó confusa.

-Al parecer Misa-Misa ha encargado un diseño especial para la ocasión – explicó – Tiene una forma un poco extravagante, pero te aseguro que el sabor te va a gustar.

-Estupendo… – murmuró ella sin demasiada ilusión, cosa que notó Matsuda.

-¿Algún problema, Sayu?

La chica se sorprendió de que el otro se hubiera dado cuenta de su reacción y se mordió los labios dudando.

-¿Puedo… confesarte algo? – habló Sayu al fin.

-Claro – asintió Matsuda – Sea lo que sea, de aquí no saldrá – le aseguró y después hizo un gesto de cremallera sobre sus labios.

-Si te soy sincera… me ofendí un poco cuando Misa me dijo que iba a celebrar el cumpleaños de mi hermano – le confesó.

-¿Por qué? – preguntó él sin entender.

-¿No te parece un poco… frívolo? – preguntó Sayu – Celebrar una fiesta como si nada hubiera ocurrido. Como si Light todavía estuviera aquí – añadió con un nudo en la garganta.

-Entiendo tu malestar, pero creo sinceramente que Misa-Misa es quien peor lo está pasando de todos nosotros – contestó Matsuda – Esta celebración es… su manera de sobrellevarlo.

-¿Tú crees…? – preguntó secándose una lágrima solitaria que rodaba por su mejilla.

-Ya sabes lo extravagante que es a veces… – respondió el policía – Pero si de algo estoy seguro, es de que no lo ha hecho para burlarse ni para ofender a nadie. Lo ha hecho simplemente por Light.

-Supongo que tienes razón – contestó ella algo más tranquila – Dale las gracias a Misa por el trozo de tarta cuando la veas.

-Lo haré – le prometió – Hasta otra, Sayu. Y anímate, ¿vale?

-Gracias, Matsuda. Hasta otro día – se despidió también.