ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO
Capítulo 12: Desacuerdo:
Varios días después del cumpleaños de Light, Misa se encontraba en plena reunión por videollamada con el psicólogo. Aquella tarde el hombre había querido comentar las cosas buenas que le habían pasado en los últimos días.
-Y entonces Ryuzaki me explicó de nuevo los pasos de la grulla de origami – contaba la rubia mientras doblaba un papel repetidas veces – ¡Mire! ¡Mire! – exclamó orgullosa mientras mostraba su obra de arte ya terminada.
-¡Es estupendo! Te ha quedado muy bien – opinó el doctor Smith.
La chica colocó la grulla de papel sobre la mesa en la posición en la que, según ella, mejor se lucía.
-Entonces, me decías que tu padre te enseñó origami cuando eras pequeña, ¿verdad? – inquirió el hombre.
-Sí. Todavía recuerdo cómo nos entreteníamos los dos en esas largas tardes de verano en las que él no trabajaba ni yo tenía cole – rememoró Misa con cariño – Siempre dejábamos un montón de papeles esparcidos por la mesa del salón y entonces mi madre siempre aparecía un poco enfadada, diciéndonos que dónde pensábamos poner todo eso. Aquellos sí que eran buenos tiempos… – añadió desviando la mirada hacia la ventana.
-Ya veo – murmuró el doctor Smith mientras anotaba algo en una hoja – ¿Y cómo te sientes al recordar de nuevo todo aquello? – preguntó y ella se estremeció un poco.
-¡Bien! – exclamó con fuerza, tratando de disimular.
-¿Bien? – insistió él, sabiendo de sobra que intentaba engañarle.
-Bueno… la verdad es que cuando empecé a doblar aquella servilleta me di cuenta de que había pasado tanto tiempo desde la última vez que ya se me había olvidado… Y entonces temí… estar alejándome de ellos – explicó Misa, diciendo lo último en apenas un susurro – ¿Por qué? – agregó tapándose la cara con las manos.
-Amane, te aseguro que nunca olvidarás a tus padres, pero… es inevitable ir aceptando su ausencia con el tiempo – respondió el doctor Smith.
-¡No! ¡No quiero alejarme de ellos! ¡Y tampoco de Light! – exclamó la rubia levantándose de golpe del sofá.
-Calma… No es alejarse, sino acostumbrarse – matizó intentando tranquilizarla – En eso consiste salir adelante, en poder tener presentes sin que nos duela a aquellos que ya no están.
-Aun así… – murmuró ella no del todo convencida.
-Amane, ¿crees… que les debes algo a tus padres? – preguntó entonces con precaución.
-Les debo muchas cosas, por supuesto – contestó la chica – Ya lo hemos hablado, ellos siempre me apoyaron en todo, especialmente en mi carrera como artista.
-Me refiero a que si cuando se fueron quedó algo pendiente entre vosotros – aclaró el psicólogo.
-Todo – respondió inmediatamente – Podríamos haber hecho juntos tantas cosas más…
El hombre frunció el ceño al ver que la conversación no terminaba de ir en la dirección que él quería.
-¿Algo en concreto? – insistió el doctor y Misa guardó silencio durante unos segundos, pensativa.
-No lo sé… – contestó finalmente encogiéndose de hombros.
-Bueno, llevamos ya un buen rato charlando y me parece que ambos empezamos a estar cansados, ¿qué tal si lo dejamos ya por hoy? – propuso el psicólogo entonces.
-Estupendo – asintió la rubia conforme.
Ambos se despidieron y la conexión terminó.
-Lo sabía. Ella se arrepiente de algo – murmuró el doctor Smith añadiendo cosas a su informe.
OoOoO
Un par de horas más tarde, la puerta de la habitación de Misa se abrió y la rubia vio que se trataba de Yuko, que le llevaba la cena.
-Buenas noches – saludó la morena.
-¡Hola! ¡Qué bien que hayas traído la cena! Ya empezaba a tener hambre – comentó Misa soltando la revista de moda que estaba leyendo.
La artista observó cómo Yuko empujaba el carrito de comida hasta llegar al lado de la mesa.
-¿Y esto…? Oh, es la tarea que te mandó el psicólogo, ¿verdad? – preguntó la morena tomando una libreta que había allí y que le estorbaba para poner los platos – "Me probé una camiseta que me compré el año pasado y me sigue quedando divina" – leyó la última frase.
-¡Oye! – se quejó Misa – Eso es privado.
-No si lo dejas abierto en cualquier sitio – contraatacó con tranquilidad y entonces otra de las frases le llamó la atención – ¿Te divertiste haciendo chocolate para San Valentín conmigo?
-Sabes que sí. ¡Pero deja de ser tan cotilla! – protestó la rubia mientras se levantaba de un salto para quitarle la libreta.
-Bueno, bueno – contestó Yuko alzando las manos en son de paz antes de ponerse a colocar platos llenos de comida sobre la mesa – Ya está todo. Puedes empezar cuando quieras – indicó al terminar.
-Gracias. Oye, tengo una idea. ¿Por qué no te quedas un rato, Yuko? – le ofreció Misa señalando el sofá que tenía enfrente – Podríamos tener una charla de chicas, ¿no te parece? – añadió guiñándole un ojo.
La morena la miró no del todo convencida.
-Venga, será divertido – insistió la artista – Además, si te quedas te dejo que te comas la mitad del postre, ¿sí?
Yuko se dio cuenta de que quizás podría sacar alguna información interesante para ayudar a su hermano…
-Bueno, está bien. Me quedaré un poco – aceptó la morena.
-¡Genial! – exclamó Misa aplaudiendo.
-Aunque… tal vez deba recordarte que nos están oyendo – comentó Yuko en un tono aparentemente casual, señalando de un cabeceo una cámara de seguridad que había en el techo – Así que ten mucho cuidado si hay algo que quieras que siga siendo secreto – agregó dirigiéndole una mirada muy seria.
-Cla… claro – respondió bastante intimidada.
"Creo que me está advirtiendo que me hará la vida imposible como me vaya de la lengua…" se dio cuenta Misa. "¿Por qué a veces son tan paranoicos estos chicos?" pensó rodando los ojos.
-Bueno, entonces… ¿qué tal el día? – preguntó la rubia – ¿Has avanzado algo con… tu proyecto?
-No – contestó simplemente.
-Pues vaya… ¿es que no piensas hacer nada? – cuestionó con aburrimiento.
-Me gusta esperar al momento adecuado – respondió Yuko encogiéndose de hombros.
Misa se llevó algo a la boca mientras pensaba qué contestar.
-Pues… yo creo que el momento adecuado puede ser cualquiera – habló la rubia finalmente – Por ejemplo, cuando me confesé a Light me presenté en su casa sin más y eso que él no me conocía de nada – relató con tranquilidad.
-¿Qué? – Yuko se hizo la sorprendida, ya que en realidad había oído aquella historia.
-Obviamente él se sorprendió mucho, pero me prometió que haría un esfuerzo por estar conmigo – siguió contando Misa.
-Eso fue bastante temerario por tu parte – opinó la morena justo antes de llevarse una cuchara llena de flan a la boca.
-Piensa lo que quieras, pero si no se lo hubiera dicho, Light jamás lo habría sabido – respondió la artista – Así lo pensé entonces y no me arrepiento de haberlo hecho.
-Ya veo.
-Pero… es que no puedes hacerte una idea de cómo me sentí la primera vez que lo vi. Fue como si un príncipe de cuento se apareciera ante mí de repente – rememoró la rubia – Fue… mágico.
Misa entonces continuó hablando de Light sin parar mientras cenaban.
-Y su pelo era tan suave y bonito… Cuando le daba el sol parecía que le brillaba, ¿sabes? – siguió diciendo la artista.
-Ajá… – contestó Yuko sin dejar de mirar el movimiento del pedazo de flan que llevaba en su cuchara, lo cual le parecía más interesante que la conversación.
La morena también solía pensar cosas positivas sobre Near, pero le pareció que Misa exageraba demasiado sobre Light… Todas las personas tenían defectos y el castaño no podía ser una excepción.
-Estoy segura de que algún día tú también encontrarás a tu príncipe azul – dijo entonces la rubia – ¿Sabes? Se me está ocurriendo una idea muy divertida que tal vez podría ayudarte cuando llegue ese momento.
-¿Qué idea? – preguntó la otra sin fiarse demasiado.
-¿Por qué no me dejas que te pinte las uñas? – propuso – Por lo que he observado nunca te las pintas.
-¿Y en qué podría ayudarme eso? – preguntó Yuko algo confusa.
-Aunque no lo creas, los hombres suelen fijarse en estos pequeños cambios – le explicó Misa – Es un pequeño truco para llamar su atención.
-Oh, ya veo. Entonces, ¿esto te funcionaba con tu novio? – preguntó la morena y la otra sintió un golpe bajo.
-Emm… La verdad es que este truco me funcionaba algo mejor con los novios que tuve en el instituto… – murmuró mirando para otro sitio – No todos los chicos se expresan igual, supongo.
Misa se levantó del sofá y sacó de un cajón un estuche lleno de esmaltes de todos los colores y también algunos utensilios para pintar las uñas, y después fue a sentarse al lado de Yuko.
-Creo que se me está ocurriendo un diseño que te va a encantar – dijo la rubia emocionada – Bueno, lo primero es ver en qué estado tienes las uñas.
-Están bien – respondió la otra simplemente.
-¿En serio? A ver, muéstramelas – contestó sin fiarse demasiado de ella y la morena se las tendió para que pudiera inspeccionárselas.
Al igual que pasaba con su hermano, raro era el momento en el que la chica no tenía ningún dedo metido en la boca. Parecía que tan solo se los chupaban, pero ¿no se morderían las uñas de vez en cuando también?
-¡Vaya! Las tienes bien recortaditas y limadas – reconoció la rubia tras observarlas detenidamente – Y además sin cutículas. Eso nos ahorrará bastante tiempo.
Misa se puso manos a la obra entonces. Lo primero de todo fue empezar a darle una capa roja de esmalte en cada una de las uñas.
-¿Alguna vez te has pintado las uñas? – le preguntó Misa en ese momento.
-Claro – contestó Yuko – Bueno, más bien me las pintaban muy de vez en cuando – matizó.
-¿Tu madre? – siguió preguntando la rubia y la otra sintió una gran punzada en el corazón.
-Eh… no – murmuró mirando un momento hacia otro lado – Un par de profesoras de donde yo estudiaba. Verás, se les daba muy bien, sabían hacer dibujos muy chulos, así que de vez en cuando se llevaban los esmaltes a clase y nos pintaban las uñas a las chicas – contó intentando evadir el tema de su madre.
-¡Vaya! Suena divertido – contestó la artista con algo de envidia – Ojalá hubiera tenido profesoras así.
-¿Tus profesores eran aburridos? – preguntó Yuko para alejarse aún más del tema.
-¡Y tanto! – exclamó rodando los ojos – Recuerdo a un profesor que no nos dejaba prácticamente ni abrir la boca…
Misa le contó alguna anécdota de su época estudiantil de sus aburridos y estrictos profesores mientras terminaba de pintar con el esmalte rojo. Después, con un pequeño punzón especial de punta redondeada le dibujó encima de la capa roja unos puntos blancos y, posteriormente, unas hojitas verdes en la parte superior de las uñas.
-Así es. ¡Me regañó por estornudar simplemente! – se quejó la rubia al terminar de contar una de sus anécdotas – Bueno, tus uñas ya están listas.
-¡Vaya! Son como fresas – comentó Yuko visiblemente ilusionada, sin dejar de admirarlas – ¡Dan ganas de comérselas!
-¡No, ni hablar! ¡No vayas a comerte las uñas ahora! – le advirtió Misa – Si lo haces, no volveré a pintártelas nunca más.
-Tranquila, el olor a esmalte no las hace apetecibles – respondió la morena mientras las olía, poniendo cara de disgusto ante aquel olor artificial que desprendían, tan distinto al de las fresas de verdad.
-Aunque quizás deberías andarte con ojo con tu hermano, por si se le ocurre morderte y arrancarte algún dedo – bromeó la rubia entonces.
-¡Pues es verdad! – exclamó Yuko divertida – Pero entonces no podría volver a prepararle esos dulces que tanto le gustan, así que no creo que le compense.
-¡Cierto! Esa será tu salvación – contestó Misa y ambas rieron un poco.
"¡Vaya! Por fin parece que nos entendemos un poco" se dio cuenta la rubia.
-Y ahora es mi turno – dijo la artista – ¿Qué color te gusta más para mis uñas? – agregó mostrándole a Yuko dos pintauñas rojos.
-Son iguales… – murmuró confusa.
-¡Qué dices! Uno es algo más rosado que el otro, fíjate bien.
-Ah, sí… Ya lo veo – mintió la morena – Pues… este me parece que te va bien – añadió señalando uno al azar.
-Así que el rojo intenso – respondió Misa – Vale, a mí también me convence.
La rubia destapó el botecillo y empezó a pintarse con cuidado sus propias uñas.
-Por cierto, todos vosotros lleváis ya un tiempo en Tokio. ¿No echáis de menos vuestro hogar? – preguntó entonces la artista con curiosidad.
-Somos ciudadanos del mundo. Allá donde haya trabajo, ahí estará nuestro hogar – contestó Yuko.
-Esa frase te la tenías preparada – la acusó.
-Puede ser.
-Venga, ya en serio. ¿No os gustaría regresar a casa de vez en cuando? – insistió Misa – Estoy segura de que a vuestros familiares les gustaría veros.
-Sabes que no respondemos preguntas personales, ¿verdad? – se defendió la morena mirando a la otra con seriedad.
-¡Jo, qué herméticos! – se quejó – Pues a mí no me da miedo decir que yo sí que echo de menos mi hogar. Aunque… supongo que ya nada será igual que antes – admitió desviando un momento la mirada.
-Siempre puedes construir un hogar nuevo – respondió Yuko.
-No voy a enamorarme otra vez – contestó la rubia rápidamente – Mi corazón siempre será de Light.
-Bueno, no quería decir eso exactamente. Me refería a que tal vez en algún momento encuentres un nuevo lugar en el que estar a gusto. No tiene por qué ser con una nueva pareja.
-Bueno… eso tal vez podría ser – respondió Misa pensativa – Después de todo, tras lo de mis padres ya tuve que rehacer mi vida una vez. Decidí venir hasta Tokio por alejarme un poco de lo que había ocurrido, por progresar en mi carrera y, sobretodo, para estar más cerca de Kira – añadió diciendo lo último con tal pasión que a la otra chica hasta le dio algo de miedo.
"No hay que olvidar que es la principal sospechosa de ser el segundo Kira" se recordó Yuko.
-Kira, ¿eh? – repitió la morena con frialdad.
-Por supuesto, él me protegió – contestó la rubia con convicción mientras soltaba el pintauñas rojo sobre la mesa – Quería conocerlo y darle las gracias, aunque nunca lo encontré.
"Al renunciar al cuaderno podría haberlo olvidado todo" recordó Yuko lo que había dicho su hermano.
-Entonces… ¿querías darle las gracias… a un asesino? – preguntó incrédula.
-¡Me ayudó! ¡Se deshizo de la escoria que mató a mis padres! – gritó poniéndose en pie, apretando los puños.
-No, Misa – negó la morena tratando de mantener la calma – Ese tipo no te estaba ayudando. Solo hacía las cosas en su propio beneficio.
-¿Qué sabrás tú? ¿Qué sabréis… todos? – preguntó la rubia enfadada, girando la cara – Siempre, siempre igual. Nadie me entiende.
Yuko suspiró y después se levantó del sofá para poner los platos de la cena en el carrito de nuevo.
-Supongo que cada cual tiene su punto de vista. Lo que para mí es blanco, para ti es negro – opinó la morena – En fin, será mejor que vuelva a mi trabajo. Buenas noches.
-Hasta mañana – murmuró Misa aún enfurruñada.
Yuko se marchó de la habitación llevándose el carrito de la cena y entonces la otra se cruzó de brazos. Kira era quien la protegía. Una presencia misteriosa que cuidaba de ella. Siempre había sido así desde que sus padres le faltaban…
"Ese sistema de justicia que L y los otros defienden está podrido" pensó Misa frustrada.
Le dio un puñetazo con rabia a una almohada. Incluso Light le había dicho que quería atrapar a Kira… Realmente a veces sentía que nadie la entendía.
Entonces la rubia se dio cuenta de que había dejado manchas rojas de esmalte sobre la almohada que acababa de golpear.
-Ugh… – murmuró mirándose la mano con algo de asco.
Parecía que el pintauñas aún no se había secado del todo…
OoOoO
Apenas unos minutos después, Yuko apareció en la sala de control y se dejó caer en una de las sillas giratorias.
-He escuchado vuestra pelea – comentó L entonces.
-Ya lo suponía – murmuró Yuko – Oye… – agregó mirando para otro sitio.
-Dime.
-¿De veras crees… que ella fue cómplice? – preguntó terminando en un susurro.
A la morena le resultaba increíble pensar que una chica aparentemente tan alegre y querida por todos hubiera podido matar a tanta gente.
-Sabes que es la única manera de que encajen todas las piezas a la perfección en esta historia – respondió L.
-Supongo…
"Estupendo, la primera persona que trata de ser mi amiga fuera del orfanato tiene un noventa y nueve coma nueve por ciento de probabilidades de ser una asesina en serie" pensó Yuko con sarcasmo.
-¿Sabes? Creo que la vida de Misa habría sido mucho mejor si no se hubiera visto envuelta en todo este asunto – opinó la morena entonces.
-Eso es cierto. Es innegable que a todos nos habría ido mucho mejor si esa libreta nunca hubiese aparecido.
-Desde luego – asintió completamente de acuerdo.
-Aunque, ¿sabes? Es verdad que el pasado no puede cambiarse, pero espero al menos que la terapia le ayude a tener otro tipo de futuro – contestó L.
-Eso es sabio – reconoció la chica – Gracias, hermano.
-De nada – respondió el detective – Por cierto, ¿te has pintado las uñas? – preguntó tomando la mano de ella para verlas mejor.
-Oh, sí – asintió Yuko – ¿Es que no nos has visto antes? – añadió señalando la pantalla de un cabeceo.
-Lo siento, he empezado a prestar atención cuando os habéis peleado – explicó él.
-Entonces… ¡eso significa que mis uñas han conseguido llamar tu atención! – exclamó contenta.
-Destacan bastante – asintió el chico y a ella le dio la risa – ¿De qué te ríes?
-De nada – contestó haciéndose la inocente.
-Mentirosa… – la acusó.
La teoría de Misa sobre que los hombres se fijaban en los pequeños cambios parecía tener algo de cierto al menos.
-Son cosas de chicas, no te interesan – respondió Yuko haciéndose la misteriosa y entonces se levantó de su silla – Nos vemos luego, hermano – se despidió dándole un beso en la mejilla.
-Venga, vale. Hasta luego.
OoOoO
A la mañana siguiente, Matsuda estaba algo aburrido tras llevar un rato leyendo informes, así que se recostó hacia atrás en su silla giratoria.
-Oye, Ryuzaki – lo llamó el joven policía.
-¿Qué pasa?
-¿Qué harás para el Día Blanco? – preguntó Matsuda con curiosidad.
-¿Día Blanco? – repitió L pensativo – Oh, es cierto. Hay una tradición de devolver el favor recibido en San Valentín entregando a cambio un regalo a quien te dio chocolate.
-Eso es – asintió – Tú también recibiste chocolate, así que, ¿qué harás?
-No había pensado regalar nada a cambio – respondió tajante el detective.
-¿Qué? ¡Pero eso es ser desagradecido! – exclamó el policía prácticamente regañándole.
-Si tú quieres dar algo, adelante. Pero no me arrastres en tus ideas – contestó L con seriedad.
-Pues claro que voy a devolver el favor. Y tú deberías pensártelo mejor.
-Ya te he oído la primera vez – respondió el detective con cansancio – Venga, ponte a revisar esa información inmediatamente, ¿quieres?
-Sí, sí… – asintió Matsuda con aburrimiento.
L dio un sorbo a su taza de café mientras pensaba. El día de San Valentín había recibido en total dos chocolates, el de Yuko y el de Misa. Bueno, a su hermana podía aceptar darle un regalo. Pero a Misa… eso sí que no tendría sentido.
Al recordar el chocolate el detective sintió algo de hambre, así que salió de la sala de control y se fue en dirección a la cocina. Sin embargo, antes de llegar decidió desviarse un poco por otro de los pasillos, ya que había visto a través de las cámaras algo que le había parecido extraño. Una vez allí, abrió una de las puertas prácticamente sin hacer ruido para asomarse a un baño.
-¿Qué haces ahí? – preguntó L al encontrarse a Misa con una almohada puesta bajo uno de los grifos.
La artista se sorprendió y cerró el agua para esconder después el cojín detrás de ella.
-¡Nada! – mintió la rubia.
-¿Nada? – cuestionó él sin creérselo.
-Está bien. ¡Esta almohada está manchada y quiero limpiarla, ¿vale?! – gritó enfadada – Y ahora que lo sabes déjame sola, Ryuzaki. No tengo ganas de hablar con nadie – añadió volviendo a abrir el grifo para colocar debajo el cojín de nuevo.
-¿Todavía estás molesta por lo de anoche? – adivinó L.
-De modo que tú también escuchaste la pelea, ¿eh?
-Lo difícil fue no escucharla – respondió el chico.
Misa puso un gesto de fastidio y al momento abrió la boca para decir algo.
-Ya sé lo que opinas, me lo has dicho un montón de veces – se le adelantó L – No pasa nada por tener diferentes puntos de vista, pero… cuando se ponen vidas en juego, al menos hay que pensar en las consecuencias de las acciones que se toman.
-Siempre me das el mismo sermón, Ryuzaki – se quejó ella – Acabo de levantarme, no tengo ganas de que me regañen ya.
-Ya, a mí tampoco me apetece discutir tan temprano.
Daba igual lo que se le dijera, esa chica era tan cabezota que sería prácticamente imposible hacerle cambiar de opinión.
-Bueno, os dejo a ti y a tus uñas nuevas seguir con lo vuestro – dijo L dándose la vuelta.
"Se… se ha dado cuenta de que me las he pintado" pensó Misa notando algo de calor en las mejillas.
-¡Espera! – le pidió la rubia sujetándolo de un brazo.
-¿Qué pasa? – preguntó él girándose de nuevo.
-Tengo un problema. Las manchas de pintauñas no están desapareciendo… Y he probado ya con casi todos los jabones del edificio – le explicó mostrándole la almohada para que viera mejor las manchas.
-Dime una cosa, si el esmalte no se va de tus uñas con el agua ni con el jabón, ¿por qué iba a quitarse así de la almohada? – preguntó L y ella se quedó pensativa.
-Supongo que tiene sentido… – admitió – ¿Debería haber probado a limpiarla con acetona?
-No sé si se dañaría el tejido de esa manera – respondió él – ¿Sabes? Mejor le pregunto a Yuko si tiene algo capaz de disolver este tipo de manchas.
-Vale, gracias… – contestó la chica.
-Por cierto, hablando de Yuko, ella ya conocía tu opinión – dijo el moreno – No creo que siga molesta por la pelea.
"¿Estaba preocupado?" pensó Misa sorprendida.
-¿Tú crees que querrá volver a hablarme? – preguntó la rubia – Le hablé bien del archienemigo de su hermano.
-Le habrá fastidiado, pero podrá con ello – le aseguró él.
-Está bien – respondió la chica sonriendo levemente.
Puede que esos chicos tuvieran ideales completamente diferentes a los suyos, pero… no eran malos.
Espero que os haya gustado el capítulo. Muchas gracias por los comentarios, me hace muy feliz leerlos y me anima a seguir escribiendo :)
