ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO
Capítulo 13: Nubes de tormenta:
L abrió despacio la puerta de aquella librería y observó el interior. Dentro había gente, pero no demasiada. La cantidad perfecta, los tenderos no estarían excesivamente pendientes de él, y tampoco habría agobios por los pasillos ni tendría que pasar demasiado tiempo esperando en la fila para pagar.
El detective entró en el local y fue echando un vistazo por las múltiples estanterías, prestando especial atención en la sección de novelas.
"Bien, este libro debería gustarle a Yuko" pensó mientras sacaba una de aquellas novelas.
Se dio la vuelta y se dirigió hacia la caja para pagar, pero en mitad del camino vio algo que le hizo detenerse.
"Cien figuras de origami paso a paso" leyó mentalmente.
Miró hacia los lados como si estuviera a punto de cometer un delito y no quisiera que nadie lo pillase, y después deslizó la mano y sacó el libro para hojearlo un poco.
"No. No estás pensándolo en serio" se regañó el chico mentalmente. "Ni se te ocurra llevártelo".
Devolvió el libro a su sitio y siguió caminando, pero al momento se detuvo de nuevo y miró hacia atrás otra vez, soltando un suspiro.
Al final se dirigió a la fila para pagar con dos libros en la mano…
-¡Siguiente! – llamó la cajera y L avanzó hasta el mostrador.
-¿Podría envolverlos para regalo? – pidió él procurando no hacer contacto visual con aquella mujer – Cada uno por separado.
-Oh, ya entiendo. Son para el Día Blanco, ¿verdad? – adivinó ella y L maldijo interiormente – ¿Quiere que le ponga una pegatina especial a alguno de ellos?
-No es necesario – contestó rápidamente.
-¿Está seguro? – insistió la cajera – Tengo aquí unas pegatinas muy monas con mensajitos que podrían sorprender a la persona que le guste.
"¡¿Cómo?!" pensó L indignado, mirando a la mujer con bastante intensidad. Tanta que ella tuvo la sensación de que seguramente estaba hablando con un yakuza o algún otro tipo de delincuente peligroso…
-De acuerdo, de acuerdo. Olvide lo que he dicho – dijo ella levantando las manos en son de paz.
L rodó los ojos. Ya sabía que no se le daba demasiado bien la gente, y por eso procuraba interactuar con extraños lo menos posible.
La cajera terminó de envolver los regalos y entonces el chico pagó.
-Que… que tenga suerte – le deseó la mujer aún con algo de miedo.
El detective se dio la vuelta sin responder y salió de la librería.
"¿Cómo ha podido pensar esa mujer que estaba comprando un libro para alguien que me gusta?" se preguntó molesto. "Para empezar, ¡a mí no me gusta nadie! Y para continuar, que me lleve el libro no significa que vaya a dárselo a Misa. Eso es, solo se lo entregaré si en algún momento es necesario".
Entonces L observó la bolsa desde todos los ángulos y verificó que, al ser opaca, desde el exterior no se veía que llevaba regalos dentro. Así nadie más podría llegar a conclusiones equivocadas…
Al alzar la vista se dio cuenta de que por la acera una chica venía hacia él caminando despistada.
-¡Cuidado! – le advirtió el moreno, pero ya era demasiado tarde porque ella chocó contra él y sus gafas rodaron por el suelo.
-Oh, lo siento – se disculpó la chica inmediatamente – ¡Oh, no! Mis gafas – añadió agachándose para tratar de buscarlas – ¿Dónde están…?
-Aquí tienes – dijo él tendiéndoselas de vuelta.
Ella se puso de nuevo sus gafas y por fin pudo ver con nitidez a aquel chico. Pelo negro muy revuelto, piel muy blanca, ojeras bajo los ojos… Parecía un poco raro, pero también pensó que tenía su puntito atractivo.
-Mu… ¡muchas gracias! – exclamó ella sintiendo algo de vergüenza.
-No hay de qué – le restó importancia.
L entonces siguió caminando y ella se quedó mirándolo.
-¡Sakura! – la chica escuchó que alguien le llamaba.
Se dio la vuelta y vio que su amiga venía corriendo en su dirección.
-Buenas tardes, Erika – saludó Sakura en cuanto la otra llegó a su altura – ¡Vaya! Por fin te encuentro.
-Tal vez me habrías visto antes si no te hubieras quedado mirando embobada a ese chico – comentó Erika divertida.
-Está bueno – respondió encogiéndose de hombros.
-¿En serio? A mí me parece un poco… peculiar – opinó observándolo caminar – En fin, me apetece un cóctel, ¿vamos al bar ese tan moderno que abrió hace poco?
-No es mala idea – aceptó Sakura.
Las dos se dirigieron entonces hasta el bar de copas que habían mencionado y una vez allí se sentaron en un rincón.
-Un San Francisco y un mojito – les dijo un camarero depositando dos copas con bebidas – Que los disfruten.
-Gracias – contestaron las dos chicas a la vez.
Ambas observaron en silencio cómo el camarero se alejaba y entonces Erika metió la mano en su bolso para extraer algo.
-Aquí tienes. La información que me pediste – susurró tendiéndole a Sakura un pendrive con disimulo – La contraseña para acceder es la de siempre.
-Excelente. Tal y como esperaba de mi informática favorita – respondió con una sonrisa.
-Sin embargo… – murmuró no del todo segura.
-¿Sí?
-Creo… que esto empieza a parecerme siniestro – admitió Erika – ¿Has leído lo que escribe ahí la gente últimamente? Algunas personas afirman que están dispuestas a pasar a la acción si Kira no regresa…
-Precisamente este es el momento de que algunos usuarios de esa página web se quiten la careta y muestren su verdadero ser – contestó Sakura.
-¿Sabes? Al principio me parecía emocionante e incluso divertido jugar a los espías tratando de hackear la web para obtener información – explicó – Pero… creo que nos estamos metiendo de lleno en la boca del lobo. Esa gente es peligrosa y podría pasar cualquier cosa a partir de ahora – añadió con preocupación.
-Erika, si quieres dejarlo aquí eres libre de hacerlo – respondió la otra – Lo entiendo perfectamente.
-Pero…
-Está bien, podré continuar yo sola – le aseguró Sakura – Solo te pido que no intentes detenerme, porque sabes que no puedo dejar pasar esta oportunidad.
-¿Estás segura de que quieres seguir…? Ya te han dado una plaza en la comisaría de Tokio gracias a la carta de recomendación de tu profesor – respondió Erika – ¿No estarás arriesgándote demasiado? ¿Qué pasará si algo sale mal?
-Tengo que hacer esto, Erika – contestó Sakura – Siento que cada vez estoy más cerca de mi objetivo.
-¿Pero eres consciente de todo lo que podría pasarte si te sigues implicando? – insistió la otra chica – Es muy posible que la página ya esté siendo registrada. Es más, al tratarse de algo relacionado con Kira, lo más probable es que el mismísimo L ya esté tras la pista – añadió en voz muy baja.
-¿Te imaginas? El gran L y yo trabajando en lo mismo – bromeó y la otra rodó los ojos.
-No te estás tomando en serio mis advertencias…
-Sí me las estoy tomando en serio, pero… esta es la única pista que tengo para llegar a la verdad – contestó Sakura, pero al recordar sus motivos notó cómo se formaba un nudo en su garganta – Necesito averiguar lo que pasó realmente… – añadió soltando un par de lágrimas.
-Oh, Sakura – respondió Erika apiadada, levantándose un momento de su silla para abrazar a su amiga – Lamento no ser tan valiente como tú y dejarte sola con todo esto, pero sé que de todas formas conseguirás llegar hasta el final.
-Gracias…
Tras calmarse Sakura, las dos chicas se acabaron sus bebidas y salieron del bar. Al llegar a un cruce separaron sus caminos.
-¡Erika! – le llamó Sakura mientras la otra todavía cruzaba la calle.
-¿Eh? – preguntó su amiga girando la cabeza.
-¡Eres la mejor informática de Tokio! ¡Muchas gracias por tu ayuda! – exclamó Sakura mientras agitaba el brazo para despedirse.
-¡De nada! ¡Ha sido un placer! – le respondió la otra.
Erika terminó de cruzar la calle y miró de nuevo hacia atrás.
-Ojalá encuentres a alguien que de verdad pueda ayudarte – le deseó Erika mientras observaba a su amiga alejarse.
OoOoO
Un par de días más tarde, Sayu leía las noticias en la pantalla de su teléfono mientras viajaba en tren.
"La gente se pregunta por qué han cesado los asesinatos de Kira" pensó la chica. "Según lo que nos contaron Aizawa y los otros, lograron atraparlo. Aunque esa información aún no ha salido al público" apuntó mentalmente. "Sin embargo, los seguidores de Kira parecen estarse alterando. Espero que no haya problemas".
Cuando llegó a su destino, Sayu se bajó del tren y salió de la estación. De repente, escuchó a dos hombres discutiendo a pleno pulmón allí en la calle mientras un corrillo de gente los observaba con curiosidad.
-¡Los malhechores como tú sois los únicos que os alegráis de que Kira últimamente no haga su trabajo! – gritaba uno de los hombres, dando el espectáculo.
-¿Estás loco? – le contestó el otro hombre – Yo no puedo vivir tranquilo pensando que un chalado está haciendo justicia por su cuenta. ¡Ojalá sean ciertos los rumores de que lo han atrapado y por fin le den su merecido!
-¡Claro! Para que los criminales puedan hacer lo que quieran otra vez sin que nadie los castigue – se quejó el primero de nuevo – Kira era la solución a todos nuestros problemas. Sin él reinará de nuevo el caos.
Sayu se sintió muy ofendida al escuchar aquellos comentarios. Su padre y su hermano, a los que tanto ella quería, habían dado su vida por atrapar a Kira…
-¡Tú no sabes nada! – gritó la chica de repente fuera de sí – ¡Kira es un demonio que solo entiende de matar!
Todos los que había por los alrededores, incluidos los dos que discutían, se quedaron mirándola impresionados por lo fuerte que habló.
-Matar es la mejor solución para quitar de en medio a toda esa gentuza que sobraba en nuestra sociedad – opinó entonces el hombre que defendía a Kira.
-Mi padre y mi hermano… ¡no eran gentuza! – exclamó Sayu dolida.
-A ver, guapa. Si Kira los ha matado es porque no eran trigo limpio, ¿lo entiendes? – le preguntó aquel hombre acercándose amenazadoramente a la chica.
-¡No! ¡Ellos eran policías! – los defendió intentando ser valiente y no retroceder.
-Serían corruptos, vete a saber – se rio el hombre.
-¡Por supuesto que no lo eran! ¡Y no sé por qué algunos admiráis tanto a Kira! – siguió chillando Sayu – ¡Ha debido de destrozar muchísimas familias y de dividir a muchos amigos! ¿Es que no veis eso?
-¿Cómo te atreves a hablar así de Kira? – preguntó él muy enfadado – Espera, acabas de darme una idea. Te haré una foto, la subiré a una de esas páginas de culto y le pediré que te elimine por difamación.
-¿Qué? – preguntó la chica sintiendo cómo se le helaba la sangre.
El hombre se sacó el teléfono del bolsillo, pero justo en ese momento alguien más llegó y se lo arrebató.
-¿Qué está pasando aquí? – preguntó Matsuda con seriedad – ¿Acaso estás amenazando a esta chica?
-¿Quién eres tú? ¡Devuélveme mi teléfono inmediatamente! – le exigió el hombre.
-Pues resulta que soy policía, ¿tienes algún problema con ello? – preguntó el joven mirando mal al otro.
Aquel hombre observó que el chico llevaba un arma enfundada en el cinturón, y se dio cuenta de que la cosa iba en serio.
-No, en realidad solo pasaba por aquí… – respondió el hombre con algo de miedo.
-Lárgate antes de que decida abrirte un expediente – contestó el policía amenazadoramente mientras le tendía de vuelta el móvil – Y ustedes también. No se les ha perdido nada por aquí, ¿verdad? – añadió mirando a los cotillas con seriedad.
-No, no – negaron empezando a dispersarse.
-Fiu, suerte que pasaba por aquí – comentó Matsuda y entonces notó cómo Sayu se le agarraba temblorosa a un brazo – Oye, ¿estás bien, Sayu? – le preguntó preocupado.
-Ese hombre… quería que Kira me matara por hablar mal de él – contestó la chica aterrorizada – No me dejes sola, tengo mucho miedo.
-Está bien. Te llevaré a un lugar seguro – accedió él.
OoOoO
-¡Idiota! ¿Cómo se te ha ocurrido traer a Sayu hasta el lugar donde trabaja L? – regañó Aizawa a Matsuda.
A través de las cámaras los hombres veían cómo la chica en ese momento estaba observando con curiosidad el detector de metales y las otras medidas de seguridad de la entrada.
-Solo le he dicho que aquí es donde estoy trabajando actualmente. No he mencionado a L en ningún momento – se defendió el joven – Además, ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Dejarla ahí en la calle temblando de miedo? – contraatacó con seriedad.
-Calma – intervino L – Teniendo en cuenta que tanto su padre como su hermano han estado metidos en este tipo de asuntos, no creo que ella se vaya a ir demasiado de la lengua.
-¿Ve, jefe? ¡Hasta Ryuzaki está siendo más considerado que usted! – exclamó Matsuda.
-Oye, que tengáis ese concepto de mí en el fondo me ofende – comentó el detective rodando los ojos – En fin, llévala hasta alguna sala de reuniones que esté vacía – le pidió a Matsuda.
-Vale, muchas gracias por entenderlo – contestó él dándose la vuelta para salir de la sala de control.
-Yuko, nos estás oyendo, ¿verdad? – se dirigió L a su pantalla – Por favor, ofrécele algo de comer y de beber a Sayu Yagami.
-De acuerdo – respondió la voz de la morena.
Desde las cámaras los agentes observaron cómo Matsuda se reunía de nuevo con Sayu, y después la guiaba hasta una sala de reuniones.
-Pobrecilla, se le ve realmente afectada – comentó Mogi entonces – Oye, ¿qué tal si avisamos a Misa-Misa para que baje a verla? Son muy amigas, tal vez la anime.
-De acuerdo, no parece mala idea – accedió L – Pero tal vez a Sayu le resulte extraño ver a Misa en el cuartel, así que si surge la pregunta ella está aquí por cuestiones de trabajo contigo.
-Entendido – asintió el hombre obedientemente.
OoOoO
-Siéntate donde quieras – ofreció Matsuda a Sayu.
La chica observó que en aquella sala de reuniones había una larguísima mesa ovalada rodeada por un montón de sillones que parecían realmente cómodos. Y la pared del fondo estaba ocupada en gran parte por una enorme pantalla, apagada en esos momentos.
-Vaya, da la sensación de que pronto va a empezar aquí una reunión súper-secreta o algo así – comentó Sayu mientras se sentaba al azar en uno de aquellos sillones y continuaba observando los rincones de la sala con mucha curiosidad.
-Pues aquí es donde estoy trabajando ahora – presumió Matsuda.
-Ya veo. Supongo que tu vida es muy diferente a la mía – contestó ella – Eres muy valiente al poder plantarles cara a esos chalados sin echarte atrás. Pero… espero que no te estés poniendo en peligro. Ya he perdido a mucha gente… – añadió bajando la vista al suelo.
-¿Sabes? Lo bueno que tiene ser el idiota del grupo es que creo que soy al que menos atención prestan los criminales. Y cuando menos se lo esperan… ¡ataco! – exclamó imitando una pistola con su dedo índice.
-Eso no te lo crees ni tú – respondió Sayu dándole un golpecito en el brazo.
-Bueno… – contestó riendo nerviosamente.
En ese momento, Yuko entró en la sala con su carrito lleno de cosas.
-¿Es que en este sitio también traen comida como en los hoteles? – preguntó Sayu sorprendida.
-Los agentes se pasan muchas horas investigando sin parar, así que entre mis funciones está el tener siempre listos algo de comida y de bebida – explicó la morena – Adelante, puedes tomar lo que quieras.
-Pues muchas gracias. La verdad es que necesito un vaso de agua – admitió la castaña.
-Dame un momento – pidió Yuko mientras llenaba un vaso de cristal – Aquí tienes – añadió ofreciéndoselo.
Sayu echó un largo trago.
-Qué fresquita. Me ha sentado muy bien, gracias – dijo ella devolviendo el vaso.
-Oh, acabo de darme cuenta de una cosa que tenéis ambas en común – intervino Matsuda – Vuestros hermanos fueron juntos a la universidad, ¿lo sabíais?
-¿Sí? ¿En serio? – se sorprendió Sayu mirando a la otra chica.
-Ah, claro. Antes me han comentado que eres la hermana de Light Yagami, ¿verdad? – preguntó Yuko como si realmente no lo supiera.
-Sí – asintió la castaña.
-En ese caso, Matsuda está en lo cierto. Mi hermano fue con el tuyo a clase en la universidad – afirmó la otra – Además, por lo que tengo entendido, ambos dieron el discurso de bienvenida el primer día.
-¡Vaya! Eso está reservado para el estudiante que más nota sacó en el examen de admisión – contestó Sayu impresionada – Pero… pero… eso significa que ambos empataron con la mejor puntuación, ¿no?
-Exacto.
-¿En serio? Mi hermano siempre, siempre, siempre era el que más nota sacaba en todo – insistió la castaña – ¡No puedo creer que haya por ahí alguien tan listo como él!
-Pues parece que lo hay – presumió la morena – El mío también obtenía siempre la puntuación más alta en absolutamente todo lo que hacía en clase. Y algunas veces creo que ni siquiera estudiaba…
-¿Cómo? – preguntó Sayu asombrada – Un momento… ¡Vamos a compararlos! – exclamó de forma competitiva.
-¿Eso quieres? Por mí estupendo – aceptó Yuko con decisión. Definitivamente, se avecinaba tormenta…
-A ver, por ejemplo… ¿tu hermano es capaz de resolver cualquier operación matemática sin usar calculadora? – preguntó la castaña.
-¡Pues claro que sí! Es más rápido preguntarle a él que teclear en la calculadora – contestó la otra – Mi turno. ¿Llegó el tuyo a hablar más de diez idiomas distintos?
-No sé cuántos hablaba, pero si tenía que aprender uno nuevo, en tan solo una semana ya era un experto – respondió Sayu – A ver, a ver… ¿tu hermano se sabe de memoria la tabla periódica por orden de los elementos?
-Por favor, eso es de principiantes – se burló Yuko – No como obtener permiso para pilotar helicópteros.
Entonces, ambas siguieron presumiendo de los logros de sus hermanos, intentando demostrar cada una que el suyo era el mejor, mientras que Matsuda solo podía mirar de un lado a otro como si se tratara de un partido de tenis.
"Ay, Dios, ¿qué he hecho?" se preguntó el chico. "Bueno, al menos parecen animadas…".
OoOoO
Mientras tanto, Misa estaba en su habitación leyendo una revista de moda. En ese momento escuchó la puerta abriéndose y se giró para ver entrar a Mogi.
-Buenas tardes – saludó el hombre.
-Hola, Mochi – contestó ella – ¿Qué te trae por aquí?
-Verás, Matsuda acaba de traer a Sayu al cuartel. Al parecer le estaban acosando en la calle – le explicó.
-¿Qué? – preguntó horrorizada poniéndose en pie de golpe.
-Aún está bastante asustada, así que creo que tal vez tú podrías animarla.
-Por supuesto. Llévame a donde esté – le pidió Misa mientras soltaba la revista.
-Sígueme.
Ambos se dirigieron deprisa a la sala de reuniones donde estaba Sayu. Al aproximarse, se dieron cuenta de que la puerta estaba abierta y se oían voces provenientes del interior.
Misa se asomó con curiosidad y vio a Sayu y a Yuko discutiendo sobre algo, y a Matsuda simplemente mirando sin poder intervenir.
-Pues Light era capaz de memorizar un libro gordo enterito con solo leerlo una vez – presumió la castaña entonces, dando un golpe con la mano encima de la mesa.
-¿Sí? Pues mi hermano es capaz de resolver un cubo de Rubik en menos de diez segundos – respondió la morena dando otro golpe.
-El mío jugaba muy bien al béisbol, al tenis, al baloncesto y al fútbol.
-Y el mío toca estupendamente el piano, la guitarra y el violín.
-¿Qué está pasando aquí? – susurró Misa mirando de la una a la otra, como si fuera un partido de tenis.
-Ni idea… – contestó Mogi.
En ese momento, la rubia decidió intervenir, así que entró en la sala.
-¡Sayu! – exclamó yendo hacia ella para abrazarla.
-Misa, ¿qué haces aquí en este sitio? – se sorprendió la castaña.
-Oh, es que estábamos hablando sobre sus futuros proyectos artísticos – se adelantó Mogi, entrando también a la habitación – Ya sabes, aparte de ser policía, también soy su manager.
-Sayu, me han dicho que te estaban acosando, ¿te han hecho daño? – preguntó Misa con preocupación.
-No, por suerte Matsuda llegó justo a tiempo – explicó ella y entonces empezó a temblar de terror al recordar la escena – Sé que he sido una verdadera idiota al entrar en una discusión sobre Kira, pero… pero… es que aún no puedo creer que haya gente defendiéndolo. Con el daño que ha hecho… Con todas las familias que ha destrozado…
Sayu no pudo soportarlo más y empezó a llorar en ese momento.
-Mirad a Misa – dijo entonces, señalándola con el dedo – Ella y mi hermano eran una joven pareja a punto de casarse, de tener hijos y de ser felices. Y ahora ya nada de eso podrá ser por culpa de ese desgraciado.
La rubia sintió un mazazo al oír aquello. En el tiempo que había transcurrido no se había detenido a pensar que Kira le había traicionado al arrebatarle a su novio…
-¿Quieres más agua? – ofreció Yuko a Sayu.
-Gra… gracias – balbuceó la castaña mientras aceptaba el vaso.
Misa clavó la vista en el suelo en silencio mientras el resto seguía hablando, aunque ella ya no escuchaba esa conversación. Era como si estuviera separada de ellos por una pared invisible.
La rubia sentía cómo su mundo se estaba viniendo abajo silenciosamente. Kira, a quien tanto había admirado, le había arrebatado a la persona que más quería, dejándola sola. Al final había resultado ser tan malvado como aquel asesino de sus padres al que tanto odiaba.
Tenía que desengañarse, no había ningún ángel de la guarda cuidándola desde ningún sitio…
La artista levantó la cabeza y todos los demás se giraron para mirarla con rabia en los ojos.
-¿Acaso no te lo dijo mi hermano claramente un montón de veces? – le preguntó Yuko con odio – Kira nunca fue de fiar.
-Por su culpa Light ya no está aquí – le recordó Sayu en el mismo tono.
-Y tampoco el jefe Yagami – añadió Matsuda con voz siniestra.
-Qué necia – opinó Mogi de la misma manera – Si hubieras seguido otro camino, ahora podrías ser una artista feliz.
Los otros cuatro rieron de forma malvada y entonces Misa dio un respingo, ahora sí, alzando la cabeza de verdad.
-Muchas gracias por los ánimos, chicos – decía Sayu en ese momento – Ya me siento algo mejor.
La rubia parpadeó perpleja. Al parecer su mente le había jugado una mala pasada, ya que nadie le había acusado de nada en ningún momento. Solo se los había imaginado…
-Sayu, si ya estás un poco más tranquila, te llevaré a casa – ofreció Matsuda.
-Vale, muchas gracias – aceptó ella.
-Y no te preocupes más por lo ocurrido antes – intervino Mogi – Te prometo que los policías estaremos atentos y trataremos de evitar que haya incidentes.
-Lo sé – contestó Sayu – Por cierto, la próxima vez que te vea continuaremos con nuestra competición – se dirigió a Yuko.
-Por supuesto – asintió la otra chica con decisión.
-Misa – le llamó la castaña mientras la tomaba de las manos.
-¿Eh? – preguntó la rubia despistada, de tal manera que Yuko se dio cuenta y frunció el ceño.
-Me ha alegrado mucho verte – continuó diciendo Sayu – Hasta pronto.
-Claro, hasta pronto – se despidió Misa.
Tras agitar la mano, Matsuda y Sayu abandonaron la sala.
-¿Te encuentras bien? – le preguntó Yuko a Misa entonces – Pareces ausente.
-Estoy perfectamente – contestó ella tratando de sonar firme.
-¿Estás segura? – insistió la morena.
-Sí, no seas pesada – se quejó la rubia – Me vuelvo a mi cuarto.
Sin embargo, al darse la vuelta Misa dio un traspiés y cayó al suelo. La chica entonces notó cómo se formaba un nudo en su garganta.
-¡Misa-Misa! ¿Te has hecho daño? – preguntó Mogi preocupado agachándose a su lado para intentar ayudarle.
-¡No me he hecho daño! ¡Suéltame! – exigió ella dándole un manotazo y el hombre la miró perplejo mientras la chica se ponía en pie y salía corriendo de allí.
-Pero… ¿qué le pasa ahora? – preguntó confuso.
Yuko se sacó el teléfono del bolsillo y marcó un número rápidamente.
-Hermano, creo que tenemos problemas – le avisó.
Por aclamación popular vuelvo a incluir esa pelea entre Sayu y Yuko :P
Y, como siempre, muchas gracias por el apoyo a esta historia :D
