ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 14: El sol se pone de nuevo:

-¡Misa-Misa! – gritó Mogi corriendo desesperado tras ella – ¿Qué te pasa?

Pero, a pesar de la llamada, la chica no se detuvo. En ese momento se sentía tan ingenua y estúpida que solo quería huir, daba igual dónde.

"¿Por qué, Kira? ¿Por qué has tenido que llevarte también a Light? Yo… yo te apreciaba de verdad" pensó la rubia queriendo llorar.

Nada tenía sentido. Kira había acabado con el ladrón que mató a sus padres… Él era el único que la había entendido en aquellos tiempos tan difíciles, ¿por qué se había vuelto contra ella ahora? Lo admiraba tanto que durante el mes y medio que había transcurrido desde que murió Light ni siquiera se había pasado por su cabeza que Kira le había traicionado…

Entonces en su alocada carrera Misa encontró un ascensor abierto, así que se metió dentro y pulsó el botón más alto para alejarse lo más posible de sus perseguidores.

-¡No! ¡Espera! – pidió Mogi, pero la puerta se cerró antes de que él llegara.

Cuando el ascensor llegó a su destino, la rubia observó que se encontraba en un pasillo del cual partía hacia arriba un pequeño tramo de escaleras que desembocaba en una puerta metálica.

Misa no se lo pensó dos veces y subió para abrirla, para encontrarse con que se trataba de un acceso hacia la azotea. Fuera el aire del atardecer soplaba despeinándole el cabello y, aunque aún no era noche cerrada, debía de hacer rato que el sol se había ocultado tras los altos edificios de Tokio, los cuales empezaban a tener ventanas iluminadas.

"Espera… ¿otra vez estoy cerca de un precipicio?" se preguntó al recordar aquella situación tan parecida que había vivido a finales de enero.

Se acercó al borde de la terraza. Una valla metálica muy alta rodeaba todos los lados de la azotea, impidiendo que pudiera llevar a cabo esa idea. Era como si L lo hubiera previsto y se hubiese adelantado…

La chica apoyó la frente sobre la valla y suspiró, ¿por qué era todo tan difícil? Ya ni siquiera sabía si podía confiar en alguien realmente…

"Da igual lo que haga y cuánto me esfuerce. Al final siempre estoy sola…" pensó Misa con tristeza.

-Hasta aquí llega tu huida – escuchó la voz de L por detrás, haciendo que ella diera un respingo.

-¡Ryuzaki! – gritó girándose.

-Es curioso cómo la historia tiende siempre a repetirse, ¿eh? – comentó él mientras ponía un brazo a cada lado de la chica para que no pudiera escapar.

Misa se fijó mejor en el detective. Respiraba de forma agitada, lo que indicaba que seguramente había ido corriendo hasta ahí.

"De nuevo… me da la sensación de que está preocupado" pensó la chica. "¿Por qué te preocupas por alguien como yo?" añadió sintiéndose algo avergonzada y, tal vez, pero solo tal vez, un poquito feliz en el fondo.

-Si las observaciones de Yuko son ciertas, parece que acabas de darte cuenta de que Kira no era tan estupendo como pensabas – dijo L y ella agachó la cabeza.

-Kira me traicionó y yo no me di ni cuenta… – murmuró Misa – Adelante, dime que soy una idiota y que no valgo absolutamente para nada. Tal vez así mi alma se quede tranquila de una vez… – añadió sonriendo amargamente.

El chico se quedó callado por un momento pensando bien qué responderle.

-No, esta vez no voy a darte un sermón, como tú sueles decirme – contestó él finalmente – Aunque, si me lo permites… espero que no se te haya olvidado que le prometiste a Light que tratarías de salir adelante.

-¿Qué importa eso ya…? Seguro que me odia – respondió – Apoyé a Kira, y Kira… lo mató.

-Pero Light sabía de sobra a quién apoyabas. Lo dijiste muchas veces, ¿no es así?

-¿Es que no lo entiendes? Yo lo admiraba de verdad. Confiaba plenamente en él – dijo Misa alzando la cabeza para mirarlo con ojos llorosos – La verdad, no sé de dónde sacaste la idea de que yo era el segundo Kira, pero si hubiera tenido la oportunidad, estoy segura de que habría colaborado con él sin dudarlo – añadió con voz quebrada – Y entonces… habría intentado matarte, L – agregó apuntando y presionando ligeramente con el dedo índice sobre el corazón de él – ¿Lo entiendes?

El moreno cerró los ojos un momento y sintió que esa "confesión" era real. Sin duda, estaba ante el segundo Kira…

-Lo entiendo perfectamente – contestó él entonces abriendo los ojos de nuevo.

La observó en silencio. A pesar de todo lo que había pasado, algo le decía que esa chica estaba lista para seguir un camino distinto a partir de ese momento.

En ese instante, se escuchó alboroto al otro lado de la azotea y pronto se vieron acompañados por Mogi y Yuko.

-Bien hecho, Ryuzaki. Has conseguido acorralar a Misa-Misa – dijo el policía aliviado y entonces miró a la rubia – Me he asustado cuando has salido corriendo sin dar explicaciones. No me había dado cuenta de que el comentario de Sayu te había afectado tanto. Perdóname.

-No es tu culpa, Mochi – respondió ella – Aquí la única tonta soy yo…

-Ya veo que es cierto que tienes una crisis – escuchó la voz de su psicólogo – Bueno, más que verlo más bien lo oigo – añadió en broma y entonces Misa se dio cuenta de que Yuko llevaba un ordenador entre las manos.

-Disculpe, doctor Smith – dijo la morena dándole la vuelta al aparato – Aquí la tiene.

En la pantalla podía verse la cara del hombre, que reflejaba preocupación.

-Ya me han explicado un poco por encima lo ocurrido – le contó el psicólogo – ¿Cómo te sientes, Amane?

-Estoy cansada… – admitió ella mirando hacia el suelo – ¿Para qué seguir luchando? Todo me sale siempre mal…

-Eso no es así – negó el doctor Smith con tranquilidad – ¿Acaso no me dijiste que te sentías bien al escuchar tu canción favorita? O al comer algo rico. O cuando realizas actividades con tus amigos. Son los pequeños momentos los que más importan al final.

-Tal vez… – murmuró Misa – Pero, aun así, a veces no sé muy bien qué debo hacer… – añadió mientras se dejaba caer para sentarse en el suelo, haciéndose después un ovillo, abrazándose las piernas y escondiendo la cara.

-Para empezar, ¿qué tal si pasamos dentro? – propuso L tendiéndole la mano – Creo que todos estaremos más cómodos.

La rubia levantó la cara muy despacio y miró la mano de él sin saber muy bien qué hacer.

-Está bien – aceptó Misa finalmente y después le tendió la suya.

"¡Qué mano tan cálida!" se sorprendió la chica ante el contacto.

-Arriba – dijo el moreno tirando suavemente de ella y entonces ambos se quedaron mirándose a los ojos.

"Son los pequeños momentos los que más importan al final" recordó Misa las recientes palabras del psicólogo.

-Gracias – susurró la rubia desviando la mirada.

-De nada – contestó él apartando la vista también.

OoOoO

-Tu infusión – dijo Yuko mientras le servía una taza a Misa.

-Gracias – respondió ella antes de echar un trago muy despacio.

-Y ahora un café para el señor Mogi y otro para mi hermano – continuó diciendo la morena sirviendo las bebidas.

-Gracias – contestaron ambos.

-Vaya, ¿no hay nada para mí? – bromeó el doctor Smith desde el otro lado de la pantalla – Me siento excluido… – añadió poniendo una falsa mueca de tristeza.

-Si quiere dejo otra taza de café al lado del ordenador, pero me temo que para cuando usted llegue hasta aquí ya se habrá enfriado – respondió Yuko con tranquilidad y él rio divertido.

-Tienes razón. Sería un desperdicio – contestó el hombre.

Yuko también se sirvió a sí misma un chocolate caliente y después se sentó al lado de L. Tras lo ocurrido en la azotea, el grupo entero se había trasladado a la habitación de Misa, donde la rubia con algo más de tranquilidad estaba contándole al doctor Smith lo que había pasado esa misma tarde.

-En fin, volvamos al tema que nos ocupa – habló de nuevo el psicólogo – Amane, debes saber que en esta vida está permitido equivocarse. Además, si de veras crees que has cometido un error, eso significa que ya estás en el camino correcto para resolver ese problema.

-¿Qué quiere decir, doctor? – preguntó Misa algo confusa.

-Verás. Lo primero que hay que hacer para mejorar es reconocer que te has equivocado – explicó él – Si algo no se ve como un error, no hay voluntad de cambiarlo, ¿no crees?

-¡Vaya! Eso es bastante profundo – reconoció la rubia.

-Así que deja de preocuparte, ¡en realidad estás progresando mucho! – exclamó el hombre – Seguro que tu novio se siente orgulloso de ti esté donde esté.

-Pero… yo creía realmente en Kira – dijo Misa bajando la mirada – Pensaba que cuidaba de mí desde algún sitio, que estaba pendiente de que yo fuera feliz… ¿Cómo pude ser tan estúpida? – se regañó a sí misma.

-No te culpes tanto. En realidad, es un mecanismo de defensa de la mente – explicó el doctor y ella lo miró confusa – Al faltarte tus padres, viste a Kira como aquella figura que podía protegerte de todo mal. De esa manera, en tu mente no estabas sola y podías seguir siendo feliz – explicó y la chica lo miró impresionada.

-Sí… Creo que así es exactamente como lo veía… – admitió la rubia.

-Disculpe – intervino Mogi levantando una mano – Si mal no he entendido, ¿eso quiere decir que su mente trata de inventarse una especie de fantasía para ser feliz?

-Más o menos – asintió el doctor Smith – Con ese pensamiento, se llena el vacío que dejó la marcha de sus padres y así Amane no se ha sentido tan sola en todo este tiempo.

"También se incluye aquí el novio, pero eso mejor lo dejamos para otro día" pensó el psicólogo.

-Es… complejo – comentó Mogi tratando de entenderlo – ¿Y hay alguna manera de… bueno, superar eso y enfrentarse a la realidad?

-Por supuesto, pero antes de llegar a ese punto me gustaría preguntar si alguno de vosotros se sabe las fases del duelo – dijo el doctor y entonces L y Yuko levantaron la mano – Dos de cuatro, no está mal. ¿Alguno de vosotros dos puede explicárselo a los otros, por fa? – les pidió de forma algo infantil – Que no sea yo siempre el que habla.

-Hace tiempo que lo leí, pero creo recordar que el duelo tiene cinco fases – contestó la morena – Negación, ira, negociación, depresión y aceptación, ¿verdad?

-¡Exacto! – exclamó el psicólogo – Y Amane se encuentra en la fase de negociación. Como antes hemos dicho, negocia consigo misma para convencerse de que es feliz.

-Todo eso está muy bien, pero… ¿por qué no puedo salir de esa fase? – preguntó Misa – Ya ha pasado mucho tiempo desde aquello…

-Bueno… Tú y yo llevamos hablando un tiempo y creo que ya puedo decirte con bastante seguridad que te arrepientes de algo.

-¿Me arrepiento de algo? – repitió la rubia confusa – ¿De qué?

-Aún no lo sé con exactitud, pero estoy seguro de que algo ocurrió durante aquella época en la que perdiste a tus padres y ese algo aún te sigue afectando – le explicó el hombre – ¿Sabes? Los arrepentimientos suelen venir tanto de cosas que uno ha hecho como de algo que se quería hacer, pero que no se pudo llevar a cabo.

-Ya… veo – murmuró Misa pensativa.

"Por supuesto que me quedaron miles y miles de cosas que hacer con mis padres. No hace falta ser un genio para darse cuenta de eso" pensó ella. "Aunque… también está lo de arrepentirse de algo que sí hice…" añadió sintiendo algo de miedo. "¿Qué… qué es esto…?".

-A partir de ahora debemos centrarnos en tratar de encontrar el punto exacto en el que se originó tu trauma. Sé que no te gusta recordar esa época, pero tendrás que hacer memoria minuciosamente – continuó diciendo el psicólogo – Supongo que por hoy estás cansada. Cuando estés lista, ahondaremos en el tema.

En ese momento, Misa echó un rápido vistazo a su alrededor, tratando de analizar las miradas que le dirigía el resto.

"Me parece que todos me tienen lástima… o creen que soy idiota por no hacerles caso con lo de Kira…" pensó la rubia. "Como sea, no creo que a mis padres les gustase ver a dónde he llegado por mi propia estupidez…" añadió con tristeza, pero entonces se levantó del sofá con decisión, apretando los puños.

-¿Sabe qué? Estoy lista, doctor – le aseguró ante la sorpresa de los demás – Si es posible me gustaría enfrentarme a lo que me atormenta aquí y ahora.

El doctor Smith se miró el reloj un momento.

-De acuerdo. No tengo ningún problema – accedió el hombre – En ese caso, vamos a hablar detenidamente de lo que pasó aquellos días.

-Sí – asintió Misa – Voy a empezar.

OoOoO

El ir y venir de multitud de gente indicaba que esa no era una noche normal en la casa de los Amane. Misa se negaba a pasar de nuevo al salón, así que daba vueltas por el pasillo nerviosamente mientras esperaba noticias.

En ese momento, vio a un hombre con bata blanca salir del salón y ella se le acercó inmediatamente.

-Doctor, ¿han podido hacer algo? – preguntó Misa angustiada.

El médico desvió la mirada un momento mientras tomaba algo de aire.

-Lo siento mucho, señorita… – dijo él finalmente con pesar.

Misa agarró al hombre por la bata desesperadamente.

-¡No! ¡Sálvenlos! – le suplicó – ¡Ustedes pueden, ¿no es así?!

Una vecina tiró de ella para separarla del médico y después la abrazó.

-Lo siento, cariño… – murmuró la mujer llorando.

No, no podía ser. Aquello no podía estar pasando… Tenía que tratarse de una pesadilla.

Varios minutos después, por el rabillo del ojo la rubia vio que sacaban del salón dos camillas tapadas por sábanas.

-¿Adónde se los llevan? – demandó saber Misa y entonces se le acercó un policía haciéndose el chulito con sus gafas de sol puestas a pesar de que era de noche.

-El forense tiene que hacerles la autopsia – explicó él – Ya sabe, para encontrar posibles pistas.

-Está… está bien… – balbuceó la chica.

-Sé que es un momento muy difícil para usted, pero tendrá que responder a varias preguntas sobre lo que ha ocurrido esta noche – continuó diciendo el policía.

-¿Puedo sentarme al menos? – pidió Misa sintiendo que le temblaban las piernas y que no aguantaría mucho más tiempo de pie.

-Claro que sí – intervino la vecina – Vamos a sentarnos, cariño – añadió empujándola suavemente hasta la cocina, donde todos tomaron asiento.

El hombre se sacó una libreta y un boli de un bolsillo.

-Bien, ¿podemos empezar? – preguntó el policía y la chica asintió – En primer lugar, usted no estaba en casa cuando entró el asesino, ¿verdad?

-Así es. Volvía a casa después de trabajar cuando encontré… esto – explicó la rubia con pesar.

-¿Notó algo inusual cuando usted abrió la puerta?

-Pues… sí. Nada más abrir la puerta de la entrada supe que algo iba mal – respondió Misa – Quizás se me hizo raro ver las luces apagadas. Y además estaba ese olor… supongo que de la sangre – terminó en un susurro.

-¿Hizo algún ruido al pasar? – quiso saber él y la chica lo pensó un momento.

-Sí, dije que ya estaba en casa, como siempre… Y supongo que la puerta hizo ruido al cerrarse…

-Entiendo – murmuró el hombre mientras anotaba algo en su libreta – Continúe contando lo que pasó, por favor.

-Vale. Después de eso seguí avanzando por el pasillo y entonces… empecé a escuchar murmullos extraños. Y ahí… fue cuando me asusté de verdad – relató Misa echándose a temblar.

-Tranquila – intervino la vecina acariciándole un poco el pelo a la chica.

-Cuando llegué a la puerta del salón… cuando llegué ahí… lo… lo vi todo – contó la rubia con la mirada perdida – Ese tipo… estaba… clavándole el cuchillo a mi padre. Una… y otra vez… – balbuceó con terror – Yo… no pude hacer nada… – murmuró tapándose la cara con ambas manos.

La mujer le dio un pañuelo a Misa y hubo una pausa mientras el policía terminaba de apuntar algo.

-Entonces, al entrar vio al asesino en el salón – dijo el hombre – Interesante, ¿puede ofrecernos una descripción suya?

-Por supuesto, ¡jamás se me olvidará su rostro! – aseguró Misa con rabia – Veamos, tenía una mirada profunda, nariz puntiaguda, pelo oscuro y algo rizado, y también llevaba barba de varios días.

-Muy bien – contestó el policía mientras anotaba sin parar – ¿Edad aproximada?

-Unos cuarenta.

-¿Complexión?

-Mmm… no era excesivamente alto, pero tampoco bajo – indicó la chica – Y más bien delgado.

-¿Algún detalle más que le llamara la atención? ¿Tatuajes, cicatrices…? – preguntó el policía.

-No, de eso no recuerdo nada – negó la rubia.

-De acuerdo. Después de ver al asesino, ¿por dónde escapó? – quiso saber él.

-Recuerdo que ese tipo recogió un saco que había en el suelo, supongo que con cosas robadas, e inmediatamente después salió por la puerta que comunica con el dormitorio de mis padres – explicó ella.

-Ya veo, esa habitación tenía la ventana de la calle forzada. Supongo que prefirió escapar por la misma vía que había entrado – respondió pensativo – Bien, ¿había algo de valor en la casa?

-No realmente. Algunas joyas y dinero.

-¿Sabe si sus padres tenían algún tipo de deuda pendiente?

-¡Por Dios! ¡No! – exclamó ofendida – No somos ricos, pero nunca hemos pasado apuros económicos. Puedo asegurarle que mis padres no tenían enemigos ni nada de eso.

-Entiendo, pero en esta fase del caso es nuestro deber considerar todas las hipótesis – contestó el hombre mientras escribía y una vez terminó, cerró su pequeña libreta y se la guardó en un bolsillo – Muchas gracias por su colaboración, señorita Amane. Si necesitamos más información volveremos a ponernos en contacto con usted.

El policía se levantó de la silla y caminó hacia la puerta de la cocina.

-¿Encontrarán a ese tipo? – preguntó Misa antes de que el hombre se alejara más.

-Haremos todo lo que podamos – le prometió él mirando un momento hacia atrás antes de abandonar la habitación.

OoOoO

Unos días después de aquello, Misa salía del cementerio junto a sus tíos y algunos familiares y amigos más. La tarde lluviosa parecía acompañar al estado de ánimo de la rubia, la cual se metió rápidamente a los asientos traseros del coche de su tío y se puso los cascos para escuchar música.

Sus tíos también subieron al vehículo e iniciaron la vuelta al ahora extrañamente vacío y silencioso hogar de Misa.

Durante el trayecto, la rubia miraba la lluvia a través de la ventanilla, pero su mente más bien estaba en blanco. Se sentía demasiado agotada tanto física como mentalmente…

"¡Ugh!" pensó cuando de repente en su lista de canciones salió una bastante animada, con lo que la chica la pasó hasta encontrar otra más acorde a su estado de ánimo.

Al azar la vista de nuevo, Misa se dio cuenta de que su tía Natsu le estaba haciendo gestos desde el asiento del copiloto.

-¿Eh? – preguntó la chica quitándose los cascos – ¿Qué pasa?

-Misa, estábamos pensando… ¿por qué no te vienes a Hokkaido con nosotros por una temporada? – le ofreció su tía entonces – Así no estarás sola.

-Eso es imposible – negó ella – Tengo trabajo aquí.

-¿No puedes dejarlo por un tiempo? – intervino su tío y la chica volvió a negar.

-Acabo de conseguir un papel en una serie que se emitirá a nivel nacional – les explicó Misa – Esta es mi oportunidad para triunfar en el mundo del espectáculo. Si lo dejo justo ahora, puede que nunca más me vuelvan a ofrecer algo así.

-Pero, ¿te las apañarás bien tú sola? – preguntó su tía preocupada.

-Por supuesto. Tengo que tratar de seguir adelante, ¿no es así? – contestó la joven poniendo una sonrisa, la cual su tía notó algo falsa.

-Sí, pero no te fuerces, ¿vale, cariño? – le pidió la mujer.

-Sí, sí. Todo va a estar bien, ya veréis – les prometió y justo después volvió a colocarse los cascos para sumergirse de nuevo en su propio mundo.

OoOoO

Los tíos de Misa estuvieron acompañándola unos días más, pero pronto tuvieron que volver a Hokkaido para seguir con el trabajo. Separarse fue duro para todos, pero cada uno debía continuar con su vida.

Aquel día, Misa se presentó en la comisaría. Se había sentido algo aliviada al recibir la llamada de la policía diciéndole que habían capturado a un hombre que coincidía con la descripción que ella había proporcionado. Lo único que había mantenido a la chica a flote en aquellos días era la esperanza de atrapar a ese malnacido y hacer que pagara por su crimen, y ahora parecía estar algo más cerca de ese objetivo.

-Muy bien, señorita Amane. En unos instantes vamos a mostrarle cinco hombres – le explicó un policía – Queremos que nos diga si alguno de ellos es el que asaltó su casa.

-Entonces… ¿los sospechosos estarán al otro lado de la ventana? – preguntó preocupada.

-Tranquila, el cristal es especial. Ellos no podrán vernos ni oírnos – le aseguró el hombre.

-De acuerdo.

-Pues si ya está lista, que pasen los sospechosos – pidió el policía diciendo lo último a través de un micrófono.

Una puerta se abrió al otro lado de donde estaban y los cinco hombres fueron pasando uno a uno.

-¡Es ese! ¡El número dos! – gritó Misa inmediatamente señalándolo con el dedo.

No había confusión posible. Recordaba su rostro perfectamente.

-¿Está segura? – le preguntó el policía.

-¡Por supuesto! – exclamó la rubia mientras asentía exageradamente – ¿A qué esperan? ¡Enciérrenlo inmediatamente y hagan que se pudra en la cárcel el resto de su vida! – chilló con impaciencia.

-Señorita Amane, esto no funciona así.

-¿No? ¿Y cómo funciona entonces? – preguntó algo molesta.

-Es cierto que se pondrá a ese hombre en prisión preventiva, pero después tiene que celebrarse un juicio y, si usted lo gana, entonces será cuando se le castigue definitivamente.

-¿Y qué pasará si yo pierdo? – inquirió Misa con preocupación.

-Entonces él será puesto de nuevo en libertad – explicó el policía.

-¡Pero les digo que fue él! ¡Lo vi con mis propios ojos! – insistió.

-Señorita, tiene que comprender que en este momento es su palabra contra la del sospechoso. Necesitamos pruebas y que las analicen expertos.

El hombre siguió explicándole el proceso, pero ella se cruzó de brazos enfadada sin hacerle mucho caso. Estaba al cien por cien segura de que el asesino era ese hombre. En su opinión, no necesitaba juicio alguno.

-Y usted tendrá que acudir como testigo y darnos su versión de los hechos – terminó de explicar el policía.

-Bien. Acudiré y quedará claro que es culpable – dijo Misa desafiante.

OoOoO

-En cuanto vi a ese tipo, supe que era él – contó Misa – Pero al parecer vivimos en una sociedad con normas en la que supuestamente todo el mundo es inocente hasta que se demuestra lo contrario – comentó frustrada – Así que la fecha del primer juicio se fijó para un par de semanas más tarde.

La chica hizo una pausa en su relato para dar un sorbo a su infusión.

"Conozco de sobra lo que se dijo en esos juicios, he revisado el caso de Misa unas cuantas veces" pensó L. "Aunque, tal vez… ¿podría haber alguna pista en los informes que pueda conducirnos hasta el trauma oculto de ella?" se le ocurrió.

-¿Me disculpáis? – habló el detective mientras se levantaba del sofá – Tengo algo que hacer.

-¿Adónde vas? – le preguntó Yuko en voz muy baja.

-Necesito comprobar algo – contestó él en el mismo tono – Volveré más tarde.

-Está bien – respondió la morena mirándolo con curiosidad.


Y hasta aquí por hoy. Quiero dejar claro que no tengo mucha idea de psicología ni de procedimientos judiciales, así que si he metido la pata en algo pido disculpas -_-U.

P.D: muchas gracias por el review SORAni, de verdad me hace ilusión ver que a otros les entretiene lo que escribo :)