¡Hola! Como más de uno habrá observado, la página de Fanfiction ha estado dando muchos problemas en el último mes... Por eso decidí posponer la publicación del siguiente capítulo hasta que la cosa estuviera algo mejor. Me parece que aún hay algunos problemas, pero al menos no me están apareciendo esas páginas completamente en blanco.

Como sea, hoy voy a publicar dos capítulos para compensar la tardanza, así que aquí va el primero. Ah, y muchas gracias por los reviews, likes y demás, me animan a continuar escribiendo :)


ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 15: Recordando un viejo pasado:

L entró a una sala repleta de muebles archivadores, donde se había ido clasificando por temas información relevante para el caso Kira. Se acercó directamente a uno de aquellos muebles y tiró de uno de sus múltiples cajones.

-Amane, Amane… – murmuró mientras pasaba los dedos rápidamente por las etiquetas – Ah, aquí está.

Extrajo una carpeta bastante voluminosa y con ella se dirigió a la sala de su ayudante para poder leer con la máxima tranquilidad posible. Una vez allí, se sentó a su manera en una silla giratoria y empezó a leer las actas de los juicios.

-Ese día estaba muy nerviosa – escuchó la voz de Misa a través de las cámaras de vigilancia – Aquella iba a ser mi oportunidad de hacer justicia de una vez por todas.

OoOoO

Misa caminó por los pasillos del juzgado. Un hombre de mediana edad con una carpeta en la mano la estaba esperando justo en la entrada de la sala donde había sido citada.

-Buenos días, señorita Amane – le saludó haciendo una reverencia.

-Buenos días, señor Kobayashi – contestó ella de igual manera – Esta será mi primera vez en un juicio. Espero que me guíe.

-Haré todo lo que esté en mi mano para que nuestra acusación salga adelante – le prometió él – Muy bien, ya es casi la hora. Será mejor que entremos.

Ambos pasaron a la sala. Delante del todo y aunque estaba de espaldas, Misa pudo reconocer al acusado. La chica apretó los dientes con rabia, solo quería que ese tipo se pudriera en la cárcel y así pagara por sus crímenes.

"Haré justicia y al menos mis padres podrán descansar en paz" se prometió a sí misma mientras ella y su abogado ocupaban el puesto que se les había asignado.

-Oh, no… – murmuró el señor Kobayashi con visible preocupación.

-¿Qué pasa? ¿Algo va mal? – le preguntó Misa algo inquieta.

-Es Rika Yamamoto – susurró él.

-¿Quién? – preguntó en el mismo tono, pero al girar la cabeza supo que debía de referirse a esa mujer tan estirada que acababa de entrar a la sala – ¿Qué pasa con ella?

-Es una de las mejores abogadas del país – explicó – Tiene fama de no haber perdido un juicio nunca.

-¿Qué? – se alarmó la chica.

Rika Yamamoto siguió avanzando por la sala hasta pasar por su lado.

-Buenos días – saludó la mujer.

-Buenos días – contestaron Misa y su abogado.

Yamamoto entonces se sentó en el otro banco, justo al lado del acusado.

-¿Cómo es capaz de defender a alguien que claramente es culpable? ¿Es que no tiene escrúpulos? – preguntó Misa con rabia en voz baja.

Sin embargo, la mujer pareció escucharla porque se giró levemente y sonrió mientras se ajustaba las gafas sobre la nariz.

-¿Y qué hay con esa superioridad? Será… – murmuró la rubia entre dientes.

-Tranquila, será mejor no iniciar hostilidades con Yamamoto – le recomendó su abogado – O al menos no antes de tiempo.

-No pienso perder ante esa abogada – declaró Misa cruzándose de brazos.

-Veo que ambas partes ya están preparadas – habló en ese momento el juez, ocupando una gran silla al frente de toda la sala – ¡Se inicia la sesión!

Tras varias formalidades, Misa fue llamada a declarar, así que salió al frente.

-Usted es la hija de las dos víctimas – dijo el juez – Según sus propias declaraciones, al llegar a casa fue testigo presencial de cómo el señor Maeda asestó varias puñaladas a su padre, para después huir con algunas joyas y dinero.

-Sí, eso fue lo que vi – confirmó la rubia – Era él, no tengo ninguna duda.

-Aclaremos varios puntos – intervino la abogada Yamamoto poniéndose en pie – Al parecer, usted no estaba en casa en el momento en el que el asesino entró a robar, ¿es correcto?

-Sí, a esa hora volvía a mi casa después del trabajo – explicó ella – Había estado todo el día en una sesión fotográfica.

-¿Puede alguien corroborar esa información? – preguntó la mujer.

-Por supuesto. ¿Acaso cree que estoy mintiendo? – preguntó Misa molesta – Mis compañeros de trabajo y los fotógrafos pueden confirmar que estuve allí todo el día. Hablen con ellos si no me creen.

-Cálmese, estas preguntas son simplemente una formalidad. A todo el mundo se le hacen – intervino el juez – Bien, continúen, por favor.

-De acuerdo – asintió la abogada – Bien, ya hemos establecido que a esa hora regresaba a casa, ¿iba usted sola?

-No, una compañera y yo tomamos el mismo tren y bajamos en la misma estación – explicó – Después, caminamos juntas un par de calles, nos despedimos en una esquina y entonces sí que continué sola hasta mi casa.

-Entonces no había nadie más con usted cuando entró a su hogar.

-Exacto.

-Y ahora llegamos a un punto ciertamente interesante – comentó Yamamoto y Misa se preparó para lo que podía venir – Según su acusación, al pasar observó un ambiente extraño. ¿Puede describírnoslo?

"¿Es… una trampa?" pensó la rubia inquieta. "No pasa nada. Si digo la verdad todo estará bien" se dijo tratando de reunir confianza.

-Al abrir la puerta me extrañó ver las luces apagadas – explicó la chica – Y… también estaba ese olor… repugnante. No sé si era el olor a sangre, pero me revolvió un poco el estómago.

-Y entonces llegó al salón y vio la escena, ¿me equivoco? – siguió inquiriendo la mujer.

-No, no se equivoca. Vi claramente a este hombre clavándole un cuchillo a mi padre – respondió señalando al acusado.

Yamamoto sonrió con satisfacción.

-Señorita Amane, acaba de decirnos que las luces estaban apagadas. ¿Cómo es posible que viera claramente el rostro de mi cliente en esas condiciones?

-¿Eh? – se sorprendió ella.

"¡Realmente era una trampa!" pensó la rubia con rabia.

-Pero… pero… ¡yo vi su rostro! – insistió Misa.

-¿Cómo? ¿Encendió alguna luz? – quiso saber Yamamoto.

-Eh… no… Yo estaba… paralizada por el miedo – contestó poniéndose nerviosa – No pude hacer nada.

-¿Entonces…? – insistió la mujer.

Misa trató de hacer memoria, pero su mente se nubló.

-No… No puedo… – murmuró tapándose la cara – No me acuerdo bien.

-Si me permiten una sugerencia, tal vez mi clienta sí que pudo ver el rostro del asesino – intervino el abogado de Misa – La habitación del crimen tiene una ventana que da a la calle. Por la hora que era, estoy seguro de que las farolas estaban encendidas.

-¡Eso es! ¡Era la luz de la calle! – exclamó la chica mirando agradecida a su abogado.

-Llegados a este punto todo son conjeturas, así que me gustaría solicitar un informe técnico – habló Yamamoto – Quiero un estudio sobre la ubicación de las farolas y el ángulo con el que entra la luz en la habitación donde sucedió el crimen.

-Está bien. Se admite la petición – aceptó el juez – Quiero que para el próximo día alguien tenga preparado dicho estudio – pidió mirando a un policía, el cual asintió – Bien, continuemos con los testimonios.

OoOoO

Al quedar cabos sueltos, varias semanas más tarde tuvo que celebrarse una nueva sesión del juicio para tratar de seguir aclarando los detalles del crimen.

-En la sesión anterior, la señora Yamamoto pidió un informe técnico sobre la luz de las farolas – explicó un policía poniendo una imagen en un proyector – Este es un plano de la escena del crimen, en el que se ha destacado de un color más claro la zona que estaba iluminada por la luz de la calle.

El hombre sacó un láser rojo y señaló sobre la proyección.

-Como pueden observar, en la pared oeste se encuentra la ventana por la que entra la luz de la calle, haciendo llegar la franja iluminada aproximadamente hasta la mitad de la habitación, dejando en penumbra todo lo demás, incluyendo la zona donde se encontraban los cuerpos.

Se produjo un tiempo de silencio mientras todos en la sala observaban la imagen.

-Ya veo – habló la señora Yamamoto finalmente – Si la testigo entró por la puerta sur, podemos suponer que el asesino debía encontrarse justo enfrente de ella y detrás de los cuerpos, y eso lo situaría dentro de la zona oscura. Además, sabemos que huyó por la puerta norte, y todo el recorrido hasta allí también estaba en penumbra. Por tanto, podemos concluir que la testigo en ningún momento pudo ver rostro del culpable con claridad – declaró con satisfacción.

Un montón de murmullos de sorpresa e inquietud llenaron la sala.

-¡Orden, orden! – pidió el juez dando un mazazo.

-Un momento – intervino Misa poniéndose en pie – Mis padres no estaban en esa posición cuando yo llegué. Avisé a los vecinos para que me ayudaran a salvarlos y ellos los movieron.

-¿Es eso cierto? ¿Me está usted diciendo que los cuerpos fueron manipulados? – preguntó Yamamoto con seriedad.

-¿Manipulados? – repitió la rubia incrédula.

-Eso he dicho. Va contra la ley cambiar cosas de sitio en una escena del crimen.

-¡Los vecinos solo intentaban ayudar! ¡Querían salvarles la vida a mis padres! – exclamó desesperada.

-No pondré una denuncia, pero sí que destacaré que la escena del crimen está manipulada y solicitaré que no pueda utilizarse como prueba válida en el juicio – respondió la abogada.

-Viendo que los datos proporcionados no son correctos, se admite la petición – contestó el juez.

-Señorita Amane, ¿puede decirnos cómo estaban colocados los cuerpos cuando usted llegó? – intervino su abogado.

-Pues… todo pasó muy deprisa y no recuerdo bien todos los detalles – respondió Misa intentando hacer memoria – No… no lo recuerdo bien.

-Haga un esfuerzo – le exigió Yamamoto.

-So… solo recuerdo al tipo este dando cuchilladas… – contestó señalando al acusado.

La chica notó que su mente se negaba en rotundo. Era una escena demasiado dura…

-De acuerdo, no importa. Haremos esto de otra manera – habló el abogado Kobayashi – La acusación llama a declarar al señor Suzuki, vecino de las víctimas.

Un hombre de mediana edad se levantó de su sitio entre el público para salir al frente y, tras las formalidades de costumbre, empezó a explicar qué había pasado la noche del crimen.

-Sí, yo acudí a ayudar junto con un par de vecinos más – afirmó el señor Suzuki – Y sí, movimos un poco los cuerpos al intentar reanimarlos, aunque… pronto nos dimos cuenta de que no se podía hacer nada…

-¿Vieron a alguien sospechoso por los alrededores? – preguntó el señor Kobayashi.

-No, señor – negó – Fuimos con precaución por si teníamos que enfrentarnos a él, pero no vimos a nadie extraño por la zona.

-¿Cómo estaban las luces de la casa cuando ustedes llegaron? – intervino la abogada Yamamoto.

-Aquella noche fue bastante caótica, pero recuerdo que lo primero que hicimos fue encender las luces – rememoró el vecino – No sé muy bien hasta dónde iluminaba la farola antes de eso.

-¿Y dónde estaban originalmente situados los cuerpos? – inquirió la abogada.

-Recuerdo que cuando llegamos la mujer estaba apoyada en la pared del fondo. Aquí más o menos – indicó señalando sobre la proyección – El hombre, sin embargo, estaba por aquí – explicó indicándolo también.

-Sin embargo, desde ese nuevo punto sigue sin poder verse claramente el rostro del asesino – determinó Yamamoto con satisfacción – Así que voy a tener que pedirle a la señorita Amane que deje de afirmar que vio a mi cliente en su casa aquella noche – añadió mirando a la chica de una forma un tanto burlona.

Misa apretó los puños con rabia.

"¡Esa abogada se está saliendo con la suya!" se dijo frustrada.

OoOoO

Tras aplazar de nuevo el juicio, Misa y su abogado salieron de la sala.

-Estás pálida, ¿te encuentras bien? – le preguntó el señor Kobayashi con preocupación.

-Creo que no… – admitió ella.

-Toma – le dijo él mientras le tendía una botella de agua.

-Gracias – respondió la chica y después echó un largo trago para refrescarse. Realmente lo necesitaba.

-No voy a negártelo. Esto cada vez pinta peor para nosotros… – reconoció el abogado – Esa Rika Yamamoto nos está arrinconando.

-Esto no puede estar pasando… – comentó Misa echándose las manos a la cabeza.

Ella estaba segura de que ese tipo era el culpable. Lo había visto claramente, ¿por qué nadie quería escucharla? ¿Por qué la justicia le daba la espalda? ¿No se suponía que eran los "buenos" de la película?

-Como no ocurra un milagro pronto, lo soltarán – dijo Kobayashi.

-¿Hay algo que podamos hacer? ¡Tiene que haber alguien que pueda demostrar que ese tipo es culpable! – exclamó Misa tratando de no perder la esperanza.

-He oído hablar de un detective infalible, un tal L – contestó el hombre pensativo.

-¿L? ¿Quién es ese?

-Nadie lo sabe realmente, pero se dice es capaz de resolver cualquier misterio – le explicó – Aunque no te hagas ilusiones, en el mundillo se comenta que solo elige los casos que le parecen entretenidos.

-Pues qué mal. Seguro que es un niñato – respondió la chica frustrada, cruzándose de brazos – Como sea, estoy cansada. Quiero irme a casa – añadió avanzando hacia la puerta del juzgado.

OoOoO

L observó la foto de la escena del crimen, sujetándola en alto con los dedos a modo de pinza.

"Así es cómo se encontró los cuerpos la policía, aunque es cierto que los vecinos los movieron para intentar ayudarles…" pensó. "Fue declarada prueba no válida, pero aun así estoy seguro de que todavía se puede extraer información muy valiosa".

Observó con detenimiento los cuerpos heridos, prestando atención a cualquier detalle que le parecía interesante. A mucha gente le resultaría repugnante, pero él estaba tan acostumbrado a ver ese tipo de imágenes que no le afectaba.

"Según la declaración del vecino, en realidad los encontraron más o menos en este otro rincón" pensó analizando el lugar. "Sin embargo, hay algo que no encaja…" añadió buscando más pistas en la foto. "¡Ajá! ¡Lo sabía!".

El detective cerró los ojos e intentó visualizar la escena del crimen.

"Misa en la puerta del salón, paralizada por el miedo. El ladrón, cuchillo en mano. Y mientras…" imaginó llevándose un dedo a los labios. "¡Claro! Tiene sentido. Además, eso explicaría el misterio de la luz de la farola".

-Además, según el doctor Smith, Misa se arrepiente de algo – murmuró pensativo – ¿Será esta la pieza que falta? Tiene que serlo.

Dirigió su mirada hacia la pantalla, donde la rubia seguía hablando.

-El juicio parecía perdido – contaba la chica – Y entonces…

OoOoO

-Eso es – dijo una maquilladora mientras terminaba de retocar a Misa para una sesión de fotos – Estás perfecta, cariño.

-Gracias – contestó la rubia levantándose de la silla.

La chica fue entonces a la parte de atrás, donde otras compañeras estaban reunidas conversando.

-Yo sigo sin creérmelo – decía una de ellas – Fijo que es trola.

-¡Te repito que es cierto! – le aseguró otra.

-¿Qué pasa? Parecéis animadas – comentó Misa al llegar al lado del grupo.

-¡Pues claro! Estamos hablando sobre Kira – le contestó una de las chicas.

-¿Quién es esa? ¿Alguna nueva artista? – preguntó la rubia confusa.

-No, no es un nombre de chica. Mira – respondió otra y después le enseñó un artículo en el móvil.

Misa leyó con interés la noticia.

-¿Qué? ¿Están muriendo asesinos y otros delincuentes y nunca hay nadie en la escena del crimen? ¿Cómo es posible? – se sorprendió la rubia.

-Nadie lo sabe aún, la gente empieza a creer que es una especie de dios que juzga a las personas de mala conducta.

-Vaya… – comentó Misa fascinada.

Quizás era ese el milagro que había estado esperando…

OoOoO

Ese mismo día al volver a casa, Misa encendió la tele. Un titular muy llamativo ocupaba gran parte de la pantalla y en él podía leerse "Kira es real".

-Es increíble… – comentó el presentador en ese momento – Podemos ver las imágenes todas las veces que queramos. Nadie le ataca, al menos aparentemente.

La imagen cambió y apareció el vídeo de un hombre hablando, aunque al momento cayó fulminado.

-Kira ha matado a alguien en directo… – murmuró Misa con los ojos muy abiertos.

-¡No hay ningún truco, señores! – aseguró el presentador – Kira existe de verdad.

-Guau… Por fin existe alguien que está haciendo justicia – comentó la rubia sin dejar de mirar la pantalla.

-Y ahora, ¿qué opinan ustedes del tal L? – preguntó el presentador a sus colaboradores.

-No sé, la trampa que le ha tendido a Kira ha sido bastante ingeniosa, pero atrapar a alguien que no necesita siquiera estar en el lugar de los hechos no será tarea fácil – le contestó un hombre gordo.

"¿L? Espera, ¿no es el detective que mencionó el señor Kobayashi?" se dio cuenta Misa. "Sí, creo que es ese que jamás me ayudaría porque mi caso le parecería poca cosa".

-Vamos a escuchar otra vez el mensaje de L – anunció el presentador.

Entonces una voz modificada por la tecnología explicó que todo aquello formaba parte de un engaño y aseguraba que terminaría atrapando a Kira.

-¡No, estúpido detective! ¡Kira es el único que puede ayudarme en este momento! – le gritó Misa a la tele – Porque tú no vas a venir a ayudarme, ¿verdad? Ni tú ni nadie de la justicia, en realidad…

Necesitaba un milagro y esa especie de dios que castigaba a los malhechores era lo más parecido que podía concedérselo.

OoOoO

El tiempo siguió pasando sin demasiadas novedades. Una mañana sonó el teléfono de Misa, y ella vio en la pantalla que se trataba de su abogado, así que pensó que quizás ya había nueva fecha para el juicio.

-¿Sí? – dijo ella al descolgar.

-Señorita Amane, ha ocurrido algo – contestó el señor Kobayashi con la voz bastante agitada.

-¿El qué?

-El acusado… ha aparecido muerto en su celda esta mañana – le informó el hombre.

-¿Qué? ¿Ha sido Kira? – preguntó con interés.

-La policía cree que sí. Al menos coincide con su método.

-Entonces… ¿ahora qué pasará?

-Obviamente el juicio queda anulado puesto que ya no tiene sentido seguir con la acusación – explicó él – Supongo que al final se ha hecho justicia, ¿no crees?

-Sí, eso creo – contestó Misa sintiéndose aliviada – Gracias por decírmelo. Luego continuamos hablando. Estoy a punto de entrar al trabajo.

-De acuerdo. Hasta pronto – se despidió el señor Kobayashi.

-Sí, hasta pronto.

Misa dio un salto de alegría. Ya no tendría que preocuparse más por ese tipo.

"Oh, Kira. Sabía que podía confiar en ti" pensó agradecida.

OoOoO

-Y así es cómo acabé admirando a Kira. Aunque… al final no ha resultado ser tan maravilloso como pensaba… – continuó Misa su relato – En fin, como L había situado públicamente a Kira en Tokio decidí que era hora de iniciar una nueva vida, y así es cómo vine a esta ciudad y conocí a Light.

La chica entonces suspiró.

-Ese es el resumen de mi época más oscura, aunque… no sé si ha servido de algo volver a contarlo. No me parece que me sienta mejor… – añadió cruzándose de brazos.

-Mmm, supongo que no hemos dado con el trauma – contestó el doctor pensativo – Pero estoy convencido de que en esa historia hay algún detalle que se nos escapa.

En ese momento, se escuchó el ruido de la puerta abriéndose.

-Perdón por la espera – dijo L entrando a la habitación.

-¿Has encontrado algo? – le preguntó Yuko con curiosidad.

-Me parece que tengo cosas bastante interesantes – respondió el moreno.

-¿De qué habláis? ¿Qué estabas buscando? – les preguntó Misa sin entender.

-Sospechaba que habría lagunas en tu historia, así que me he tomado la libertad de revisar de nuevo tu caso – explicó el detective – No te preocupes, también he continuado escuchándote a través de las cámaras, así que puedo asegurarte que hay varios detalles que jamás has mencionado. Detalles seguramente bastante importantes, que podrían arrojar algo de luz a todo este asunto.

La rubia sintió algo de pánico de repente.

-¿Qué… qué sabrás tú? – preguntó Misa apretando los puños – Acabo de repasar esa historia de arriba abajo y ya no me apetece hablar más del tema. No sirve para nada – añadió levantándose del sofá, dispuesta a irse si hacía falta.

-Misa, me prometiste que te curarías y te tomé la palabra – le contestó L con seriedad – No me decepciones ahora.

-Venga – le pidió Mogi sujetándola de un brazo y obligándola a sentarse de nuevo – Es por tu bien.

-Amane, vamos a escucharlo – propuso el doctor – Antes parecías muy determinada a encontrar el origen de tu trauma, ¿no es así?

La rubia miró hacia todas partes con rapidez y supo que no tenía escapatoria. Las miradas de todos dejaban claro que no permitirían que se marchara sin hablar del tema.

-Está… está bien – accedió Misa vencida.

En ese momento, L dio varios pasos para colocarse frente al resto.

-Dime una cosa, Misa – habló el detective – Aquella noche cuando entraste al salón, tu padre aún estaba vivo, ¿verdad? – afirmó mirándola con intensidad.

-¿Qué? – preguntó ella palideciendo – No… no puedo recordarlo con claridad, pero s… sí, el asesino lo estaba a… acuchillando, así que es probable que estuviera vivo aún…

-¿Probable? No, Misa. Sabes perfectamente este dato – aseguró L – De hecho, él te estaba mirando.

-¿Có… cómo? – se sorprendió.

-Tengo pruebas materiales que apoyan mi afirmación – aseguró el detective – Observando muy detenidamente las fotos de la escena del crimen he encontrado huellas dactilares en el suelo hechas con sangre, apuntando en dirección a la puerta del pasillo. Esto me indica que estaba vivo aún – explicó – Puedo imaginarme que te escuchó entrar a la casa y trató de avisarte para que no te toparas con el ladrón. Pero entonces este último se dio cuenta y remató a tu padre… delante de ti.

OoOoO

A Misa le pareció escuchar murmullos extraños, así que avanzó con cautela hasta la puerta del salón de su casa. Sentía algo de inquietud, y… al girar la cabeza descubrió una escena que bien podría pertenecer a una película de terror. Una silueta extraña parecía estar revolviendo el contenido de un cajón, mientras su padre, cubierto de sangre, trataba de arrastrarse por el suelo en la dirección por la que ella acababa de aparecer.

-Hu… huye – balbuceó el hombre como pudo, tendiendo una mano hacia Misa con las pocas fuerzas que debían quedarle.

En ese momento la silueta misteriosa se acercó a su padre revelando una sonrisa diabólica y entonces empezó a acuchillarlo por la espalda sin piedad…

OoOoO

-¡Aaahhh! Ba… ¡basta! ¡Basta! – exclamó Misa tapándose los oídos – No… no quiero recordarlo.

-Me parece que acabas de dar con algo interesante, Ryuzaki – opinó el psicólogo – Esto debe ser lo que estábamos buscando, ¿qué tal si hablamos más de ello, Amane?

-¡No! ¡Ya he tenido suficiente por hoy! – chilló temblorosa.

-Por favor, tienes que intentarlo – le pidió Mogi sujetándola por los hombros – Lo has estado haciendo muy bien hasta ahora. ¡No te rindas!

-No, no – insistió ella negando con la cabeza – Esto es… muy difícil para mí.

-Es difícil porque te arrepientes de haber llegado a casa justo en ese momento, ¿verdad? – adivinó el doctor Smith y entonces se produjo un silencio incómodo.

Misa sintió como si le hubieran acertado con un dardo justo en el centro de la diana de su corazón, lo cual hizo que se le formara un nudo en la garganta.

-Es verdad… fue mi culpa. ¡Lo remataron por mi maldita culpa! – estalló la rubia agitando los brazos – ¡Deberías detenerme inmediatamente y entregarme por mi crimen! – se dirigió a L.

-¿De qué serviría? Este caso ya está archivado – contestó él con tranquilidad, rascándose el pelo.

-¡Que me detengas! – chilló tendiéndole los brazos.

-Ryuzaki tiene razón, no podemos hacer eso – intervino Mogi – Además, nadie te juzgaría por algo así. Tú no podías saber lo que estaba ocurriendo dentro de tu casa.

-Pero… si yo no hubiera llegado en aquel momento… el ladrón no habría rematado a mi padre. Y tal vez él ahora seguiría aquí… – respondió Misa tratando de luchar contra sus ganas de llorar.

-Tal vez. Tú lo has dicho – remarcó L – Percibiste olor a sangre al entrar, lo que indica que en ese momento tus padres ya habían sido atacados. Nadie puede saber qué habría pasado realmente si hubiera variado algo aquel día.

La rubia se tapó la cara con ambas manos y ahora sí que no pudo evitar empezar a llorar.

-Hay otra cosa que debes saber – dijo L.

-¿El… qué? – preguntó Misa con los ojos llenos de lágrimas.

-Esas huellas dactilares que antes he mencionado cuentan aún más cosas. Cuando llegaste al salón, tu padre estaba dentro de la zona iluminada por la farola de la calle.

-¡¿Qué?! – se sorprendió ella – Y… y… ¿por qué mintió el vecino?

-No mintió. También hay huellas de sangre en la zona que indicó – explicó el detective.

-¿Entonces…? – preguntó Misa sin entender.

-Teniendo en cuenta las circunstancias, solo hay una persona que pudo mover el cuerpo fuera de la zona iluminada – razonó L llevándose un dedo a los labios.

-¿Quién? – preguntó la rubia y él la señaló – ¿Yo…? ¿Pa… para qué iba a hacer yo eso?

-Muy fácil. Seguramente presa de la desesperación del momento trataste de que tu padre te respondiera y lo moviste de sitio – explicó él.

OoOoO

-¡No me dejes! ¡No me dejes! – chillaba Misa desesperada mientras agitaba a su padre y lo movía de sitio.

OoOoO

-No… ¡no! – exclamó Misa llevándose las manos a la cabeza – Es verdad… Le di la vuelta tratando de reanimarlo… Pero… dejó de moverse… ¡dejó de moverse! – chilló alterada.

-Calma – trató de tranquilizarla Mogi – Ya pasó todo, ¿vale?

-¿Quieres un vaso de agua? – le ofreció Yuko.

-Gra… gracias – respondió la rubia aceptándolo y dando un sorbo.

-Misa, me parece que aún no has entendido que lo interesante de la posición inicial es que explica que cuando llegaste al salón pudieras ver el rostro del asesino – dijo L.

-¿Qué? Afirmas que… ¿vi el rostro? – preguntó ella mirándolo sorprendida.

-Sí.

-Pero… pero… nadie me creyó nunca en aquellos juicios… – murmuró Misa en shock – ¡¿Por qué no viniste tú a ayudarme en aquel entonces?! – exclamó levantándose y poniéndose frente a L – ¡Te odio! Tú podrías haber conseguido que juzgaran a ese tipo y le dieran su merecido, ¿no es así?

-La gente dice por ahí que L solo investiga los casos que le parecen interesantes – contestó el moreno con tranquilidad – Y tienen razón.

-¿Qué? ¿Por qué eres así? – le regañó la rubia empezando a darle golpecitos en la barriga un montón de veces seguidas, aunque apenas le hizo daño al chico – ¡Malo, y más que malo!

-Aunque me lo propusiera, no podría resolver todos los casos que hay abiertos en el mundo – respondió el detective sin perder la calma, mientras la sujetaba por los hombros para mantenerla algo alejada y que dejara de pegarle – Tienes que entender eso.

La chica se dio cuenta de que él tenía razón, así que bajó los brazos y se dio la vuelta deprimida.

-Entonces, ¿por qué…? ¿Por qué tuvo que pasarles eso a mis padres? – murmuró cabizbaja – No lo entiendo… Ellos… eran muy buenos… ¡No es justo que les ocurriese algo así! – chilló empezando a llorar de nuevo.

-Escucha, a veces a las personas buenas les ocurren cosas malas. Me temo que eso es algo que ni tú ni yo podemos evitar – le contestó el doctor Smith.

-Pe… pero… ¡yo quería estar más tiempo con ellos! – insistió Misa – ¿Por qué tuvieron que irse tan pronto?

-Amane, entiendo tus sentimientos, pero también tienes que valorar el hecho de que has podido compartir una parte de tu vida con tus padres – continuó diciendo el doctor – Tenemos que asumir que el tiempo que tenemos aquí en esta vida es limitado, así que lo importante es disfrutarlo y atesorar los momentos que hemos pasado con quienes más nos importan, hayan sido cortos o largos. Si valoras eso, verás que ha merecido la pena el tiempo que compartisteis.

-Eso es muy profundo – admitió la rubia – Pero… seguro que me odian por no haber hecho nada por ellos…

-Escúchame bien – habló L – Aquel día tu padre trató de protegerte con sus últimas fuerzas, ¿no es así? ¿Qué puedes deducir de su comportamiento?

-¿Deducir…? – repitió Misa pensativa – ¡Ah! Trató de protegerme porque… yo le importaba… – se dio cuenta y entonces más lágrimas se acumularon bajo sus ojos.

La rubia entonces se dejó caer de nuevo en el sofá y se agarró a una almohada llorando como hacía mucho tiempo que no lloraba.

"Mamá, papá… Gracias… por todo" pensó Misa. "Por favor, no me olvidéis. Yo… nunca os olvidaré" les prometió sin poder dejar de soltar lágrimas.

OoOoO

Al día siguiente por la mañana, Misa estaba tumbada en uno de los sofás de su habitación sin muchas ganas de hacer nada. No recordaba haber llorado tanto en su vida como la noche anterior, aunque ahora solo parecía quedarle tristeza…

En ese momento escuchó la puerta abriéndose, así que levantó un poco la cara.

-Ah… Eres tú, Ryuzaki – comentó sin apenas energía.

-¿Cómo sigues? – le preguntó él avanzando hasta situarse cerca.

-Bueno… El doctor Smith dijo que ahora experimentaría la fase de depresión… Y creo que tiene razón.

-Ya veo – asintió el moreno – Emm… toma. Esto es por el Día Blanco – añadió dejando un paquete de regalo en la mesa que había frente a ella.

-Gracias – respondió sorprendida.

Misa estiró la mano para alcanzar el regalo y empezó a desenvolverlo, pero entonces se detuvo.

-Espera… esto es raro viniendo de ti – opinó pensativa – No irás a decirme que te gusto, ¿verdad?

-¿Qué? – se sorprendió el detective – Solo hago esto para que te animes un poco. Sería muy problemático tenerte vagando deprimida por aquí para siempre. Ya deberías saber que yo no tengo ningún interés en cosas como el amor – añadió y ella entonces se sintió un poco molesta.

-Estupendo porque perderías el tiempo, ya que yo no pienso rehacer mi vida sentimental – remarcó mirando para otro lado – Jamás dejaré de amar a Light.

-Bien, pues todos contentos – resolvió L.

-Eso.

-Pues si no necesitas nada más, me voy – dijo él dándose la vuelta, pero entonces notó cómo lo agarraban del brazo, así que se giró de nuevo para ver a Misa sujetándolo.

-Gracias… – murmuró ella.

-No hay de qué…

La chica lo liberó y cuando L se fue de la habitación ella terminó de desenvolver el regalo.

"Un libro de origami, ¿eh?" pensó al verlo. "Qué idiota… Aunque supongo que ya no tengo que temer que vuelvan a olvidárseme los pasos" añadió mientras se le dibujaba una sonrisa. "Tal vez Ryuzaki y yo hasta podríamos llevarnos bien y todo".

OoOoO

Después de visitar a Misa, L fue a la sala donde estaba trabajando Yuko.

-¿Has recopilado esa información que te pedí antes? – preguntó el chico.

-Hace un rato – contestó su hermana tendiéndole un pendrive.

-Perfecto – asintió él aceptándolo y echándoselo al bolsillo – Revisaré el contenido en cuanto pueda – añadió alcanzando una de las galletas que había en un plato que la chica tenía por allí.

-Pero primero toca comer dulces – opinó ella divertida.

-Por supuesto. Si no, mi cerebro no rendirá como es debido – respondió L con la boca llena.

-Por cierto, hay algo que me resulta bastante curioso en todo esto que ha pasado recientemente con Misa – comentó Yuko entonces.

-¿El qué?

-Siempre dices que solo dedicas tu tiempo a los casos que te parecen interesantes, pero no dudaste ni un segundo en revisar lo de ella.

-Forma parte indisoluble del caso Kira – contestó él inmediatamente.

-A mí no me engañas, hermano – respondió Yuko con una sonrisa traviesa – Tengo una teoría, ¿quieres oírla?

-¿Qué teoría? – preguntó el chico con precaución.

-Yo creo… que te gusta Misa – se decidió a decirle sus sospechas y L se puso completamente rojo al oír aquello.

-¿Qué? ¡Ni… ni hablar! ¡De… de ninguna manera! – exclamó él como pudo.

-¡Acabas de darle un regalo! – exclamó emocionada señalando hacia la pantalla – Lo he visto todo.

-Es el Día Blanco, antes te di otro regalo a ti, ¿no es así? – trató de defenderse.

-Oh, vamos. Yo no cuento, me das cosas todos los años por mi cumple y por Navidad. Estás más que acostumbrado – le restó importancia Yuko – Sin embargo, que yo recuerde nunca le habías comprado un regalo a otra chica, así que por tu comportamiento yo diría que tienes un diez por ciento de probabilidades de estar enamorado de Misa – añadió con tranquilidad.

-¿Qué? ¡Un uno como mucho! – exclamó su hermano inmediatamente.

-¡Un ocho! – contraatacó la chica.

-¡Un dos!

-¿Qué tal un cinco? – cedió Yuko.

-No, un… tres – murmuró L – Y no subo más.

-Está bien, un tres – aceptó su hermana.

-Eso es, un tres – repitió él – Aún sigue habiendo un 97 por ciento de probabilidades de que no se trate de una estupidez tan grande como el amor.

-De acuerdo – contestó ella encogiéndose de hombros – De todas formas, yo estaré aquí para apoyarte sea lo que sea, ¿vale?

-Lo que tú digas – murmuró L mirando para otro sitio, aún bastante avergonzado – Y ahora, ¿podemos hablar de otra cosa? – preguntó deseoso por cambiar ya de tema.

-Por supuesto – asintió ella.

Yuko sonrió con satisfacción. Tratándose del cabezota de L, que admitiera que podría estar enamorado, aunque fuera en un pequeñísimo porcentaje, era una gran victoria.