Y este es el segundo capítulo de hoy :)


ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 16: Puntos de inflexión:

-¡Vamos, vamos, vamos! – apremió Mello – ¡Eres muy lenta!

Yuko frenó de golpe la silla de ruedas en la que iba sentado el rubio.

-Tienes otra opción, que es ir andando – respondió ella de mala gana.

-Oblígame a levantarme – refunfuñó el rubio cruzándose de brazos.

-¿Eso quieres? – preguntó poniéndose frente a él – Tengo más fuerza de la que piensas – añadió haciéndose sonar los nudillos.

-¿Vas a tirar de mí? – preguntó el chico rodando los ojos – No vas a atreverte.

-Ahora verás – dijo Yuko amenazante agarrando a Mello de los brazos.

Los dos protagonizaron entonces un tira y afloja, llamando la atención de toda la gente que pasaba por aquel pasillo del hospital.

-¡Eh, vosotros dos! – les llamó L – ¿Qué hacéis? No tenemos todo el día.

-Vaya, ahora que te estaba empezando a sacar ventaja – murmuró Yuko – Considérate con suerte.

-Sigue soñando, jamás me hubieses vencido – contraatacó Mello.

-Eso no te lo crees ni tú – contestó la chica volviendo a empujar la silla de ruedas.

Se reunieron de nuevo con L y con Near y siguieron avanzando por los pasillos de aquel hospital.

-Aquí es – anunció el moreno deteniéndose frente a una puerta.

Mello sintió algo de pánico. Quería ver a Matt, pero… ¿en qué estado se lo encontraría? Por lo que le habían dicho, su mejor amigo llevaba sin despertar desde hacía más de dos meses…

El rubio observó cómo L giraba el manillar de la puerta y después dirigió rápidamente su vista al suelo mientras todos entraban a la habitación.

-Aquí estamos de nuevo, Matt – habló Yuko.

Mello reunió valor y miró al frente. El pelirrojo estaba tumbado sobre una cama, conectado a varias máquinas y con un aspecto bastante desmejorado. Definitivamente no era algo agradable de ver…

-Es… mi culpa – murmuró el rubio hundido – Debí haber estado más atento aquel día. Perdóname, Matt.

-No sirve de nada echarse la culpa – intervino L – Sabes de sobra que si hubiera dependido enteramente de ti, nada de esto habría sucedido.

-Tienes razón… – respondió Mello un poco más tranquilo – ¿Creéis que… despertará algún día?

-Por supuesto – trató de animarlo Yuko – Simplemente no puedo imaginármelo así para siempre…

-Los médicos dicen que se le están curando las heridas – contestó L – Además, también me han comentado que a veces al hablarle obtienen reacciones. Eso es buena señal.

-Dicen que mientras hay vida, hay esperanza – habló también Near.

Tras esa conversación, hubo varios minutos de silencio en el que todos, pero especialmente el rubio, recordaron momentos más alegres vividos con Matt.

-¿Os importa… que intente hablar con él? – pidió Mello entonces en apenas un susurro.

-Para nada – respondió el moreno.

El rubio tomó aire.

-Oye, Matt. Soy Mello, si me oyes hazme una señal – le llamó, pero el pelirrojo ni se inmutó – Venga, tienes que despertarte, idiota – insistió sintiendo un nudo en la garganta – Vamos a llegar tarde a clase… y el profesor nos va a echar la bronca de nuevo…

Después, siguió contándole anécdotas de la época en la que ellos dos fueron compañeros de habitación en la Wammy's House. Tenía la esperanza de que quizás recordándole alguna escena familiar reaccionase. Pero no, Matt seguía con los ojos cerrados.

-¿Es que… ya no te acuerdas? – insistió Mello empezando a desesperarse.

-Es inútil. Vámonos – dijo Near dándose la vuelta.

-¡No es inútil! – gritó el rubio dolido – Tú no tienes amigos, no sabes cómo se siente ver a uno en este estado.

-Mello, ¡te has pasado! – le regañó Yuko.

-No pienso disculparme – contraatacó – Es él el que no entiende que solo intento ayudar a Matt a volver aquí.

-Estás perdiendo el tiempo – le respondió el del pelo blanco sin perder la calma – Sé más racional, despertará sin ayuda cuando se mejore. Solo ten algo de paciencia.

-¡Cállate! – gritó el rubio – Estoy harto de ti, ¡siempre crees que lo sabes todo cuando en realidad no tienes ni idea de nada!

La puerta de la habitación se abrió y una enfermera se asomó.

-Si no dejan de causar escándalo inmediatamente, tendré que pedirles que se marchen – dijo la mujer con severidad.

-Por tu culpa… – masculló Mello entre dientes, pero entonces fijó su vista en Matt – Está… está moviendo la mano – añadió asombrado.

-¿Qué? ¿Otra vez? – preguntó la enfermera sorprendida, acercándose a la cama corriendo.

Todos observaron cómo el pelirrojo alzó un poco la mano como si estuviera intentando alcanzar algo.

-¡Estamos aquí, Matt! – lo animó el rubio.

-Tranquilidad – pidió la enfermera – No hay que agobiarle.

-Vale.

Siguieron observando atentamente sus gestos, aunque Matt pronto pareció perder fuerzas y su mano volvió a la cama.

-No… no te rindas – le pidió Mello con un nudo en la garganta.

-Ya volveremos otro día… – susurró Yuko poniéndole la mano en el hombro al rubio.

-¡No te rindas, idiota! – gritó el rubio con todas sus fuerzas.

Matt se agitó un poco y abrió los ojos despacio ante el asombro del resto.

-¿Mmm? – murmuró completamente desubicado.

-¿Cómo? ¿Realmente se ha despertado? – preguntó la enfermera atónita.

-¡Matt! – exclamó Mello emocionado.

-¿Mello…? ¿Eres tú? – preguntó el pelirrojo girando la cabeza despacio – Estáis todos… ¿Qué… ha pasado?

-Al parecer, se vio envuelto en un atraco – respondió la enfermera con la historia falsa que le habían contado.

-¿Un… atraco? – repitió Matt confuso.

-Eso ahora no importa – contestó L rápidamente – ¿Cómo estás?

-Bueno… Noto el cuerpo bastante entumecido y me cuesta pensar con claridad. Si te soy sincero no sé si sigo soñando o si ya estoy despierto…

-No se preocupe. Pronto estará mejor – le aseguró la enfermera – Y ahora, si me disculpan, iré a avisar al médico para comunicarle que ha despertado – añadió mientras salía corriendo.

-Oye, ¿y tú por qué estás en una silla de ruedas? – preguntó Matt fijándose mejor en Mello.

-Tuve un accidente. Es… una larga historia – respondió el rubio.

-Entiendo… Pero, ¿podrás volver a andar? – preguntó el pelirrojo con preocupación.

-Por supuesto. Un poco de fisioterapia será suficiente – le aseguró su amigo – De hecho, acaban de darme el alta y ya puedo volver a casa. Eso es buena señal, ¿no?

-Me alegro por ti. Supongo que a mí aún me queda bastante para poder salir de aquí… – contestó Matt – Por cierto, ¿cuánto tiempo ha pasado? No parecéis mucho más viejos de lo que os recordaba…

-Algo más de dos meses. Estamos en abril – explicó L.

-Si pudieras mirar por la ventana, podrías ver todos esos cerezos en flor que hay fuera – dijo Yuko.

OoOoO

-¡Qué estampa tan preciosa! – exclamó Misa mirando hacia todas partes – Por muchas veces que venga, nunca deja de sorprenderme la belleza de los cerezos en flor.

-¿Verdad que sí? – la apoyó Sayu siguiéndola.

Las dos chicas avanzaron por aquel florido parque de Tokio seguidas por Matsuda y Mogi. La primavera ya había llegado y con ella una de las estampas más típicas de Japón. El color rosa cubría toda la zona del parque y bajo los árboles de cerezo había muchos grupos de gente reunida, la mayoría con comida y bebida para pasar allí el día.

-Se te ve animada, Misa-Misa – opinó Matsuda.

-Creo que me está viniendo muy bien dar este paseo – estuvo ella de acuerdo – Muchas gracias por acompañarme, chicos.

-No hay de qué – contestó Mogi con una sonrisa – Creo que a todos nos está viniendo bien cambiar de aires y despejarnos.

La artista sacó entonces un espejillo de su bolso y se observó. Llevaba una peluca castaña oscura y unas gafas de sol, aparte de un atuendo muy diferente al que solía lucir. Para sus fans sería bastante difícil reconocerla.

Guardó de nuevo el espejo y miró hacia atrás de reojo. Sabía que estaban siendo seguidos de incógnito por el comandante Lester y los agentes Gevanni y Lindner.

"Ese Ryuzaki y su seguridad extrema" pensó la rubia con aburrimiento. Ese detective jamás dejaría nada al azar.

-Vaya, por aquí está todo lleno de gente – observó Matsuda – No hay ningún sitio vacío en el que podamos instalarnos…

-Vamos a mirar un poco más delante – propuso Mogi.

El grupo continuó caminando por un sendero empedrado que transcurría justo al lado de un pequeño río.

-Por cierto, es una lástima que no haya venido esa chica… ¿Yuko se llamaba? – preguntó Sayu y Misa asintió – Encima que había preparado un montón de cosas para competir contra ella…

-¿Competir? – repitió la rubia confusa – Oh, es verdad. El otro día parecíais discutir por algo las dos.

-Me dijo que su hermano era un genio y yo tengo que demostrarle que el mío no era menos – contestó con orgullo.

-Bueno, su hermano es una especie de cerebrito – asintió la artista – Aunque en lugar de ser normal como Light, es seguramente el bicho más raro que habita en este planeta.

-¿Acaso lo conoces? – preguntó Sayu sorprendida.

-Sí, por desgracia, supongo – contestó Misa con poca ilusión.

-¿Por qué dices eso? – se extrañó la otra.

-Porque ese chico a veces es tan borde… y tan insoportable – trató de explicarse la rubia – Sin embargo, otras veces me ayuda, ¿a que no hay quien lo entienda?

"Eso suena a que a él le gusta ella" puntualizó Sayu mentalmente.

-Creo que ese muchacho me vuelve loca… – siguió diciendo Misa y la otra la miró con curiosidad – ¡No en el sentido amoroso! – aclaró.

-¿Estás segura? – preguntó la castaña divertida.

-¡Por supuesto! Te acabo de decir que es un bicho raro.

-Eso no importa para el amor – respondió Sayu y la rubia la miró mal – Como sea, la vida sigue, Misa. Si en algún momento decides rehacer tu vida, no seré yo quien te lo reproche. A mi madre tampoco le molestará.

-¿Qué? No voy a rehacer mi vida sentimental – aseguró la artista.

-La vida es impredecible, nunca digas nunca – contestó la castaña.

-Tú acabas de decirlo dos veces – respondió la otra rodando los ojos.

-Uno anula al otro – contraatacó Sayu sacando la lengua – Mira, eso – añadió señalando hacia el riachuelo – Hasta hace un momento ese pétalo no sabía que iba a ser arrastrado por el agua. Y ahora se ha embarcado en un viaje hacia lo desconocido. Así es la vida.

-Hoy te veo muy poética – comentó Misa arqueando una ceja.

-Debe de ser la primavera – contestó la castaña.

-Si tú lo dices… – respondió la otra encogiéndose de hombros.

Sayu miró de reojo hacia atrás. Mientras ambas hablaban, Matsuda y Mogi se habían quedado un poco más atrás.

-Se palpa la tensión en el ambiente – comentó el más joven en apenas un susurro.

-Sí, si prestas atención a las conversaciones de los corrillos de gente no tardas nada en escuchar el nombre de Kira o el de L… – respondió Mogi en el mismo tono.

-Exacto. Es… como si aún no hubiera acabado todo – opinó Matsuda.

-Ya no está Kira, tampoco la libreta, pero… los humanos somos impredecibles.

-Sí…

-¡Chicos! ¡Os quedáis atrás! – les llamaron Misa y Sayu en ese momento.

-Ya vamos – contestó Matsuda y ambos hombres aceleraron el ritmo hasta alcanzarlas.

El grupo continuó caminando un poco más.

-Ahí parece que hay hueco – indicó Mogi – ¿Os parece este un buen sitio para instalarnos?

-Sí – asintieron los demás.

Se dirigieron al lugar que habían visto y allí extendieron un mantel en el suelo, y después dejaron los objetos que llevaban.

-Aún quedaban más cosas en el coche – dijo Mogi – ¿Quién viene conmigo a por ellas?

-¡Yo me apunto! – exclamó Misa levantando una mano.

-Yo también – respondió Matsuda.

-Yo me quedaré aquí vigilando las cosas – contestó Sayu poniendo una sonrisa en su cara.

-Bueno, con que uno solo me acompañe será suficiente – dijo Mogi – Seguidme. Vamos a sortearlo a piedra, papel o tijeras – añadió alejándose un poco.

Matsuda y Misa lo siguieron.

-No lo entiendo, ¿por qué no podemos hacer el sorteo ahí…? – preguntó el joven y el otro hombre hizo un gesto de silencio con el dedo.

-Sayu aún parece un poco asustada por lo del chalado del otro día – susurró Mogi – Matsuda, quédate tú con ella para que se sienta más segura. No te ofendas, Misa – añadió mirándola con cara de disculpas.

-No me ofendo. Yo no sabría defenderla si aparece un chalado – admitió ella.

-Está bien, vamos a fingir el sorteo. Sacaré tijeras – susurró Matsuda – ¡Piedra, papel, tijeras! – añadió subiendo bastante la voz – ¡Vaya, perdí! Me toca quedarme.

-Mala suerte – canturreó Misa – Vamos, Mochi.

-Volveremos enseguida – contestó él y ambos se pusieron en marcha.

Matsuda regresó junto con Sayu, la cual se había sentado sobre el mantel y estaba entretenida sacando cosas de las bolsas.

-Tienes pétalos en la cabeza – comentó él divertido.

-¿En serio? – preguntó la chica sacudiéndose un poco el pelo.

-Te ha quedado uno – respondió el policía mientras se agachaba para quitárselo – Ya está.

-Oh… Ah… Gracias – contestó ella girándose rápidamente para seguir sacando cosas.

-¿Te ayudo? – se ofreció.

-Como quieras.

Sayu miró de reojo a Matsuda. La chica llevaba pensando seriamente en él desde el día que la había salvado de aquel chalado, aunque la verdad era que desde siempre le había agradado ese chico, ya que era muy amable y simpático con ella, y también era muy divertido y le hacía reír con sus payasadas.

No obstante, la castaña sabía que, aunque obtuviera un sí, su madre no aprobaría la relación tan fácilmente. Siempre le había dicho que la cosa con los policías no solía terminar bien, incluso antes de que le pasara algo a su padre. Y a su padre, por supuesto, tampoco le haría ninguna gracia…

"Estoy hecha un lío…" pensó Sayu dejando escapar un suspiro.

-¿Te pasa algo? – adivinó él – De repente, te veo muy seria.

La chica miró nerviosa hacia los lados. Aún no había ni rastro de Misa ni de Mogi, y al resto de gente que había por la zona no parecía importarle en absoluto su conversación con el policía.

-Escucha, Matsu. Hay… algo que quiero consultarte – murmuró ella – Pero… pero… no se lo digas a nadie, por favor – le pidió juntando las manos.

-Claro, ¿de qué se trata?

-Mis padres no querían que tuviera un novio policía. Pero… confieso que me gusta uno – reveló Sayu terminando en apenas un susurro.

-¿Qué? ¿Quién es? ¿Lo conozco? – preguntó interesado.

-¡Aquí no! ¡Luego te lo digo! – exclamó avergonzada haciendo un gesto de silencio.

-Vale, vale – respondió Matsuda levantando las manos en son de paz.

-No sé qué hacer… – siguió diciendo la chica – ¿Cuál es tu opinión como policía? ¿Debería olvidarlo o debería desobedecer a mis padres?

-Uff, esta pregunta es difícil… – contestó él pensativo – Ya sabes que he visto morir a compañeros… así que entiendo perfectamente por qué tus padres te dijeron eso. Querían evitarte ese sufrimiento…

-O sea… crees que es mejor que me olvide de él… – murmuró Sayu bajando la mirada al suelo.

-Espera, no he dicho eso – rectificó al verla triste – Nuestra profesión es peligrosa, pero no tiene por qué pasarle algo malo a ese chico. Venimos de una mala racha, pero estoy seguro de que todo mejorará a partir de ahora – añadió con una sonrisa tratando de alegrarla.

-¿Entonces…? – preguntó sintiéndose confusa.

-No lo sé, Sayu. Yo respetaba a tu padre. Muchísimo – respondió mirando hacia el cielo – Sé que él te amaba y quería lo mejor para ti, pero también tienes que recordar que es tu vida y que al final tendrás que decidir tú qué es lo que más quieres – agregó devolviéndole la mirada a ella – Puede que si te equivocas ahora, lo lamentes el resto de tu vida.

-Creo que sigo hecha un lío, pero gracias – contestó con una sonrisa.

-No hay de qué – le restó él importancia – Bueno, ¿y no vas a decirme quién es?

-A… ¡ahora no, bobo! Aquí hay muchísima gente – respondió Sayu avergonzada – Lo sabrás… cuando llegue el momento – añadió misteriosamente.

-Jo, yo quería saberlo ya… – se quejó Matsuda infantilmente.

OoOoO

-Vaya, ¿y ahora dónde había aparcado yo el coche? – se preguntó Mogi rascándose la frente.

En aquel parking había demasiados vehículos como para localizar fácilmente el que estaban buscando…

-Quizás aparcamos en el otro sector… – opinó Misa no del todo segura.

-Espera un momento. Voy a dar una vuelta rápida por el aparcamiento y enseguida te digo si está aquí o no – respondió el hombre empezando a caminar.

-Vale.

La rubia entonces se cruzó de brazos con aburrimiento.

-Te quiero – escuchó que decía alguien no muy lejos de allí.

-Y yo a ti – le contestó otra voz.

Misa se giró y vio que dos adolescentes estaban besuqueándose apoyados en el tronco de un cerezo. La rubia se dio la vuelta frustrada y caminó para alejarse de ahí un poco. A Light siempre le había gustado mantener una imagen en público y nunca se había dejado llevar por un arrebato de pasión así frente a otros. Siempre que ella lo había intentado, él la había frenado con palabras amables.

"Me habría gustado que de vez en cuando no hubiera sido tan estricto…" pensó Misa.

En ese momento, se fijó en un chico que había sentado en un banco del paseo. Al lado tenía una guitarra eléctrica de color blanco, pero no estaba tocándola. Más bien miraba a la nada pensativo.

-¡Menuda guitarra! – se sorprendió Misa.

-¿Oh? ¿Te gusta? – preguntó él saliendo de su ensimismamiento.

-Sí, es preciosa. Y parece de muy buena calidad – observó ella.

-Gracias. Me costó elegirla, quería que mi primera guitarra fuera perfecta para mí – explicó el chico – Si quieres puedo interpretar algo para que la oigas.

-No quiero ser una molestia – respondió la chica poniendo las manos en alto.

-Oh, no lo eres – le aseguró él – Escucha.

El chico tomó la guitarra entre sus manos y empezó a tocar una dulce melodía. Misa cerró los ojos para disfrutar aún más la música.

-Vaya, se te da bastante bien – opinó sorprendida cuando él terminó.

-Gracias, aunque…

-¿Aunque? – repitió ella interrogante.

-Nah, olvídalo – negó el chico – No quiero aburrirte con mis problemas.

-No pasa nada. Decir tus problemas en voz alta puede ser sanador – contestó Misa – Te lo digo por experiencia – agregó y él la miró con curiosidad.

-Está bien – accedió – La verdad es que estoy en un momento de indecisión. No sé si debería seguir con la música o si debería cambiar mi camino.

-¿Por qué? ¿Qué te ha ocurrido?

-Últimamente creo que la inspiración me ha abandonado. Hace tiempo que no consigo escribir una letra que me llene – explicó él – Empiezo a pensar que estoy perdiendo el tiempo… Quizás debería hacerles caso a mis padres y entrar a la empresa familiar de una vez.

-¿Y qué es lo que quieres tú? – preguntó la chica con curiosidad.

-¿Lo que quiero yo? – repitió sorprendido – Bueno, a mí me encantaría seguir en la música, desde luego. Además, mis dos hermanos pueden llevar la empresa perfectamente sin mí, así que no se quedaría abandonada tampoco…

-Pues tú acabas de responderte – contestó Misa – A mí me pasó igual, quería ser artista, pero casi nadie creía en mí. Aunque en mi caso, fueron mis padres los que me pidieron que no me rindiera y que siguiera adelante con lo que a mí me hiciera feliz.

-Qué padres tan molones… – respondió él con evidente envidia.

-Gracias, supongo… A lo que iba es que creo que ahora me arrepentiría si me hubiera dedicado a otra cosa, como me decía la mayoría – explicó ella – Escucha, todos tenemos épocas malas, pero si la música te gusta de verdad estoy segura de que si sigues intentándolo pronto encontrarás el camino de vuelta a la inspiración.

-¿Tú crees?

-¡Pues claro! – lo animó.

-¡Misa! ¿Dónde te habías metido? – le preguntó Mogi por detrás en ese momento – ¡Ya he encontrado el coche!

-Oh, perdona. Estaba escuchando a un músico callejero – contestó ella – En fin, buena suerte – agregó dirigiéndose al chico.

-Gracias – respondió él.

El músico se quedó mirándola alejarse.

-¿Misa? Y es artista, dice… ¿Será ella? – se preguntó en voz alta – Sí, creo que ese es su manager – añadió fijándose mejor en su acompañante – Así que Misa-Misa piensa que debería seguir intentándolo en la música…

En ese momento recordó cómo cuando iba al instituto se buscó un trabajo para poder comprarse su primera guitarra, y la satisfacción que sintió cuando lo logró.

-Espera… Esto puede estar bien – murmuró él sacando de su mochila unos papeles.

"No pierdas de vista tu pasado para poder escribir tu nuevo futuro" pensó mientras lo anotaba a toda velocidad.

-Gracias, Misa-Misa – comentó mirando con una sonrisa hacia donde se había ido, aunque ella ya no estaba.

OoOoO

Ya era la hora del anochecer. Hacía rato que L y su grupo habían regresado del hospital, y ahora el moreno y Yuko estaban mostrándole a Mello el cuartel de investigaciones.

-Entonces… ¿no tendré que salir siquiera de aquí para poder ir a rehabilitación? – quiso asegurarse el rubio.

-Eso es. La agente Lindner tiene conocimientos de fisioterapia, así que será quien te asista – explicó L – Me ha pedido que te diga que podéis empezar con las sesiones a partir de mañana si quieres.

-Oh, de acuerdo – asintió Mello.

-Mira, ahí está la sala de rehabilitación – indicó Yuko señalando la puerta con un dedo.

Al llegar L abrió y Mello pudo observar el interior. No entendía mucho del tema, pero todos aquellos aparatos parecían muy modernos y sofisticados.

-Muchas gracias por las atenciones – dijo el rubio.

-Pues esto no es todo. También tienes una habitación para ti solo – le contó Yuko.

-¿Puedes mostrársela? – le pidió L a la chica, y ella asintió – Estupendo. Estaré en la sala de control si necesitáis algo.

-Vale. Nos vemos – se despidió la morena.

L se marchó y Yuko empujó la silla de ruedas de Mello hasta la puerta de un ascensor, y después pulsó para llamarlo.

-Bueno, ¿qué te parece el cuartel? – preguntó ella con curiosidad mientras esperaban.

-Es un lugar muy completo – admitió él – Justo a la altura de las exigencias de L. Se nota que es él quien está al mando de este sitio.

En ese momento se abrió la puerta del ascensor y ambos entraron.

-¡Esperad! – escucharon una voz por detrás.

Al girarse vieron a Misa dirigirse corriendo hacia allí, así que Yuko bloqueó la puerta con un pie para que aún no se cerrara.

-Gra… gracias por esperarme – dijo la rubia sofocada por la carrera.

-De nada – contestó la otra chica – ¿Qué tal lo habéis pasado en el parque?

-Bastante bien – respondió Misa – Deberías haberte venido. Sayu ha preguntado por ti.

-Lo siento, tenía otras cosas que hacer – se disculpó ella – Por cierto, él es Mello – le presentó al chico – Trabajará aquí a partir de ahora.

-¿Mello? Oh, me parece que alguna vez habéis mencionado ese nombre – comentó la rubia pensativa – Encantada. Soy Misa, espero que nos llevemos bien – añadió y él la miró con seriedad.

-Eso espero – contestó el chico en un tono que más bien parecía un gruñido.

"¡Da miedo!" pensó la artista.

En ese momento, se abrió la puerta del ascensor.

-Vaya, he llegado a mi planta – dijo Misa, sintiendo algo de alivio por poder alejarse de ese extraño muchacho – Hasta luego – añadió saliéndose.

-Hasta luego – se despidió también Yuko.

La puerta se cerró de nuevo y el ascensor continuó su camino hacia arriba.

-Oye, ¿qué le pasa a la artista chillona? – preguntó Mello entonces – Parece más calmada que de costumbre. Yo diría incluso que está algo… apagada. ¿Será porque no tiene a Light a su lado? – añadió con malicia – Eh, ¿lo pillas? Light, luz – explicó empezando a reírse de su propio chiste.

-Lo pillo y no tiene gracia – contestó Yuko rodando los ojos – Misa está esforzándose por superar su trauma. Al parecer ver a su padre morir en directo le produjo un gran shock del que aún se está recuperando.

-Bah, yo he visto cosas mucho peores y no estoy traumado – presumió el rubio.

-¿Qué dices? Si estás como una cabra – se burló ella.

Entonces se produjo un incómodo silencio hasta que el ascensor abrió de nuevo sus puertas.

-Eh… Oye, lo siento si me he pasado – se disculpó Yuko empujando la silla de ruedas hacia afuera.

-No es tu culpa… – murmuró Mello mirando para otro lado.

-¿Se puede saber qué te pasa? Estás empezando a preocuparme.

El chico suspiró.

-¿Puedo… contarte algo? – preguntó él en voz muy baja – Pero que no se te ocurra decírselo a nadie, ¿eh? Ni siquiera a tu hermano.

-Eso dependerá de la gravedad de la situación – contestó la chica con seriedad.

-Vale, entonces no te lo cuento – respondió infantilmente.

-De acuerdo, de acuerdo. A nadie – accedió Yuko – Es una promesa – añadió tendiéndole un dedo meñique.

-¿De veras tengo que hacer algo tan infantil…? – preguntó sintiendo algo de vergüenza.

-Sí – asintió divertida.

-Está bien… – contestó de mala gana entrelazando su meñique con el de la chica, poniéndose algo nervioso por el contacto – ¿Contenta? – agregó retirando su dedo inmediatamente después.

-Me vale – respondió Yuko – Y bien, ¿qué era eso tan misterioso que tenías que contarme?

-El caso es que… no sé si podré volver a caminar – reveló Mello en apenas un susurro.

-¿Eh? Pero si el médico ha dicho que…

-Me da miedo – la cortó sonriendo amargamente.

-¿Por qué? – preguntó ella sin entender.

-Un día, cuando aún estaba en el hospital… quise ponerme en pie – contó el rubio – Me costó un rato, pero lo logré. Aunque… dolía tanto que me desequilibré y me caí. Los enfermeros me encontraron poco después sentado en el suelo.

-Y ahora… ¿temes que esa escena se repita?

-Exacto – asintió él y Yuko pensó un momento su respuesta.

-¿Sabes qué? La artista chillona, como tú dices, se está esforzando mucho para salir adelante – contestó la morena – Tú no vas a ser menos que ella, ¿verdad? – lo retó.

-Tsk. Tendré que hacer un esfuerzo para no quedar atrás – respondió Mello.

-Así me gusta – dijo la chica – En fin, te enseñaré tu habitación – añadió abriendo una puerta.

OoOoO

Mientras tanto en otra parte de la ciudad, Matsuda y Sayu se dirigían en coche hacia la casa de ella.

-Bueno, ya hemos llegado – anunció el chico mientras detenía el coche justo delante de la casa de Sayu – Saluda a tu madre de mi parte, ¿vale?

-Emm… Vale – asintió sin moverse del sitio.

-¿Por qué no te bajas? ¿Pasa algo? – preguntó el policía extrañado.

-Yo… todavía no te he dicho quién me gusta – dijo ella jugando con sus dedos índices con nerviosismo.

-Es verdad, ¿voy a saberlo algún día…? – empezó a preguntar Matsuda cuando de repente fue interrumpido por un beso en la boca.

Fue algo breve, pero lo suficiente como para dejar al chico sin palabras.

-No hace falta que me respondas ahora mismo, ¡tómate tu tiempo para pensarlo, por favor! – chilló Sayu completamente colorada.

-Eh… Vale… – contestó él completamente anonadado aún.

La chica se salió del coche y se apresuró en llegar a su puerta. Después de meter la llave le hizo un gesto de despedida y pasó a su casa.

-E… eso ha sido inesperado… – se dijo Matsuda – Será mejor que lo medite cuidadosamente…

El chico entonces arrancó el coche y se fue en dirección a su casa. En ese momento, Sayu terminó de cerrar la puerta, ya que no la había cerrado del todo al pasar y había estado observando al policía a través del pequeño resquicio que había dejado abierto. Después se apoyó contra la puerta y suspiró. No sabía ni de dónde había sacado el valor, pero ya estaba hecho…

-Sayu, ¿eres tú? – escuchó la voz de su madre entonces, procedente de la cocina.

-Sí, mamá – respondió la chica.

-La cena estará lista muy pronto – anunció la mujer – Ven en cuanto dejes las cosas, ¿vale?

-De acuerdo.

Sayu entonces pasó a una pequeña sala donde habían puesto un pequeño altar con unas fotos de su padre y su hermano.

-Hola a los dos – les saludó – Papá, sé que no te hará ninguna gracia, pero le he declarado mi amor a un policía. Aún no sé qué me contestará, pero sí sé que tanto tú como mamá os enfadaréis y con razón… – admitió – Sin embargo, también sé que al final me entenderéis. Al fin y al cabo, mamá y tú fuisteis muy felices juntos.