Amistades.
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Ya sintiéndose más tranquila y dentro de su propia aldea, Sakura seca algunas gotas de sudor de su frente.
Está agotada, tanto mental como físicamente. Sólo quiere entregar aquellas plantas y hierbas que fue a buscar hace unas horas atrás, y desaparecer por un rato de la vista de todos. De ser posible, también le gustaría darse un buen baño de agua tibia para sentirse limpia de nuevo.
Duda poder conciliar el sueño esta noche con todo lo que ha ocurrido el día de hoy, pero se siente tan extenuada que, a fin de cuentas, no hace más que apartar dicho pensamiento de su mente por lo que resta de la tarde.
Decidida a terminar su tarea, la kunoichi se desliza a través de unas calles que ya comienzan a deshabitarse conforme la jornada va llegando a su fin.
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—Así que ya terminaste con el encargo. Buen trabajo, Sakura —dice la mujer rubia de edad avanzada, pero de aspecto juvenil, desde la cómoda silla de su oficina.
—Gracias, maestra —a pesar de no estar de ánimo, la susodicha se fuerza a sonreír.
Aunque la atención de la Princesa de las Babosas lleva largo rato centrada en otros muchos otros asuntos de mayor relevancia, nota que su alumna se tardó un poco en responder.
—Con esto, el cuerpo médico no necesitará más recados por un tiempo—prosigue Tsunade, firmando varios papeles correspondientes al control de calidad de los productos recién adquiridos, y que irán a parar a los laboratorios que abastecen de químicos al hospital.
—Con su permiso, Tsunade-sama.
Sakura se inclina en señal de respeto hacia su mentora, disponiéndose a salir por el umbral de la habitación. Aunque usualmente ella se habría quedado más tiempo para platicar animadamente sobre el reconocimiento de las hierbas y sobre su desempeño en ninjutsu médico, no está en sus mejores días. Además, aún tiene fresco y presente el hecho de que otra vez dejó escapar a Sasori... con vida.
Con lo pésima que es mintiendo, no se hubiese arriesgado a mirar mucho tiempo a los ojos a su maestra. Aquello se sentiría como confesar silenciosamente su más patético y lamentable error.
Tsunade, por su parte, simplemente retorna a su trabajo. Es una mujer muy ocupada por ostentar el puesto de Hokage, pero también muy suspicaz; y puede notar el cansancio o desgana en su alumna, mas no menciona nada al respecto. Supone en primer medida que esto se debe a lo ocurrido en la última misión de búsqueda de Sasuke. Además, desde que se sabe que Akatsuki está tras los jinchuurikis, la aldea no se siente tan segura como antes.
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El sol comienza a asomarse nuevamente por el horizonte, y Sakura se revuelve cada tanto en su cama, inquieta, tratando de conciliar el sueño sin éxito alguno.
Otra noche en vela más... con esta ya son tres de mal sueño para ella. Ciertamente, el asunto de hace unos días no la dejó pegar el ojo por tiempos prolongados.
Aún se siente terrible consigo misma. Aquel sujeto es un monstruo ¿Por qué lo dejó escapar una segunda vez?
No comprende los motivos. Está confundida, e intenta convencerse a sí misma que lo hizo por la anciana Chiyo, mas cada vez que su mente vuelve a rememorar los sucesos, esta aseveración se torna más y más absurda y sin sentido.
De todos modos, a estas alturas dan igual los motivos, tiene que hacer algo. Hace dos días ni siquiera había podido mirar a los ojos a su maestra. No quería admitirlo, pero ese sujeto tiene razón: ¿Cuánto tiempo más podría ocultar su mentira?
Tampoco podría confesarlo así como así. Es que ¿Cómo explicar semejante acto irracional? ¿Debería decir que compadeció de un asesino en masa, que quería morir? ¿Que se compadeció de su abuela, que lo quiso matar? ¿Que se estaba compadeciendo de sí misma, al concederle una segunda oportunidad al que pudo matar a su mejor amigo?
Ella no es una traidora. Ella simplemente no pudo ser una asesina a sangre fría, como al parecer lo son los engendros del demonio que conforman la misteriosa organización criminal. Eso es lo que actualmente se dice a sí misma, intentando buscarle una explicación sólida sus acciones.
"¿Y si me mintió y sigue en Akatsuki?"
No puede simplemente pegar el ojo ante la idea de que, mientras ella está durmiendo, alguno de esos sujetos viniese a atacar a Naruto. A lo último, es claro que los sucesos de este mes le dan rienda suelta a su imaginación para divagar en miles de preocupaciones. Preocupaciones infundadas que, para variar, están envenenando su descanso y volviéndolo cada vez más escaso.
Finalmente, Haruno se levanta de la cama, resignada al hecho de que, si no había dormido en el transcurso de la noche, menos lo haría ahora.
Vestida con un camisón negro de seda con tirantes, se dirige hacia el austero baño que se encuentra en frente de su cuarto, a través de un delgado pasillo. Tras enjuagarse la cara con el chorro frío del fregadero, se vislumbra en el espejo frente al lavabo de porcelana blanca.
Nota que manifiesta unas pequeñas ojeras por el insomnio. Chasquea la lengua con molestia evidente.
"¿Por qué todos los pesares y los males de este mundo me pasan a mí?"
Suspira. Por su propia culpa, está claro.
"Ese es el problema. Yo. Yo y mi estupidez."
Al pasar por el pequeño living de la estancia, ya luciendo un aspecto un poco más arreglado consistente en una falda negra y una sencilla blusa roja, sus ojos verdes se posan sobre el reloj que cuelga en la pared…
"Las doce del mediodía..."
—Demonios... —maldice entre dientes, pasando una mano por sus cabellos rosados y revolviéndolos un poco.
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—Buen provecho... —expresa Sakura en voz más baja de la que hubiera querido, mientras toma un par de palillos entre sus manos y los despega de un simple tirón.
Naruto Uzumaki, por otro lado, mantiene una mirada de intriga sobre su compañera de equipo y amiga. Sólo la ve tener la vista puesta en su plato, jugueteando de a ratos con el fideo caliente.
Pese a que tiene un nudo en el estómago que se está encargando de suprimir todo apetito alguno, Sakura recuerda que no se encuentra sola, sintiéndose descortés con su amigo y co-comensal, aquel que la había invitado a almorzar con él. Con él y con Sai en realidad, pero el moreno aún no hace aparición por el Ichiraku.
La muchacha dirige una mirada desconcertada hacia Naruto, provocando que los ojos azules se tornen serios y vuelvan su atención a la mesa frente a sus narices.
— ¿T-todo bien? —pregunta luego de unos segundos de palpable silencio entre ambos—. Oye, Kakashi-sensei se repondrá pronto, ya lo verás.
Sakura dota su tono de un aire juguetón, como cuando eran más niños, para tratar de alegrar un poco la situación.
—Lo sé... —responde Naruto con el ceño fruncido, ocasionando que su compañera se sintiera entre incómoda y preocupada.
Finalmente, Uzumaki deja escapar una sonrisa amarga, que de inmediato se ve reflejada sobre la sopa de soya del ramen.
—Ese Sasuke... —musita más para sí mismo que para ella.
—Naruto... sobre eso... —se entristece también la kunoichi—. Lo siento, de verdad. Al final no pude…
—No—la detiene en seco, tratando quizá aligerar el ambiente al sonar como un niño tonto de doce años en su reflexión—. Yo lo siento. Yo dejé que se me escapara... Es irónico, pero, aunque me haya esforzado por entrenar estos años, aún no estoy a su nivel.
Sakura emite un suspiro de frustración en respuesta. Estaba tan preocupada por su error, que casi no tuvo tiempo para tener un duelo real por la experiencia ocurrida en la guarida de la Serpiente Blanca…
—No te preocupes… Yo sé que te harás más fuerte, para que Sasuke-kun pueda…—intenta darle ánimos a su amigo, pero éste parece seguir enfrascado en los recuerdos dolorosos.
—No lo sé... —musita en voz baja, de nuevo más para sí mismo que para Sakura.
Ella siente el peso de la melancolía embargándola al igual que él, tras haberse dejado invadir otra vez por las memorias de los cuatro como el viejo, y ahora tan distante equipo siete.
—Juntos… juntos podremos—hace un esfuerzo por sonreír de forma amena, posando su mano de forma comprensiva sobre la espalda del muchacho rubio.
Naruto simplemente le devuelve la mueca de forma algo desanimada.
—Sí, claro—se rasca la nariz, para luego esbozar otra sonrisa, similar a la que solía hacer de niño: cerrando sus ojos y frunciendo el ceño alegremente.
Detrás de ellos, Sai ingresa al sitio dirigiéndose a ellos con su característico tono formal:
—Buenos días, Naruto, Sakura. Veo que comenzaron sin mí.
Luego de saludarse, Naruto y Sai entablan una plática, y la rosada puede notar a su amigo más aliviado, quizá por guardar las apariencias ante el ANBU, o quizá por las palabras de consuelo que ella le había profesado.
En este momento, se siente abatida. Definitivamente, no hay manera de que pueda compartir 'aquello' con su amigo rubio. Si bien en primera, primerísima instancia llegó a sopesar la idea de contarle a Naruto lo que hizo, ya que, después de todo, él siempre estuvo para ayudarla... luego de verlo así hoy…
"No." Sentencia para sus adentros. No puede ponerle sobre los hombros una carga más que tuviese que soportar por ambos. Él ya tiene suficiente con el tema de Sasuke y con la bestia de chakra sellada en su interior.
Además, hay un matiz extra en este contexto que la echa para atrás. Se trata de las circunstancias particulares en las que la situación se está dando: el sujeto que ella salvó formó parte de Akatsuki, y mató a Gaara...
No, definitivamente no quiere obligar al Uzumaki a pasar por más dolor del que ya soporta.
"Esta es mi responsabilidad, y deberé encargarme de arreglar mis problemas por mis propios medios."
Según Sakura tiene entendido, Naruto entrenará con Kakashi cuando éste recibiese el alta del hospital. Por lo que si ella llega a involucrarse en una misión en solitario para encontrar y matar a ese Akatsuki, él probablemente no tenga manera alguna de ir con ella ni seguirla. Así que, de ese modo, se aseguraría de que su amigo estuviese a salvo del peligro.
Totalmente convencida por esta alternativa, cree que lo más conveniente es esperar, esperar a que la oportunidad se le presentase, y, finalmente, terminar el trabajo que la abuela Chiyo había comenzado…
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Tres días pasan desde la última vez que Sasori de la Arena Roja vio humano alguno. Sus reservas de toxinas ya están re abastecidas: paralizantes, debilitantes, venenos letales...
La defensa personal ya no será un problema para él, incluso contra grupos pequeños. Ahora, eso trae un inconveniente menor, pero muy, muy molesto... Aún no es tiempo de ingresar en la Arena. No es seguro todavía. Así que, por ahora, sólo le resta esperar a que las aguas se calmen...
"Odio esperar..." Piensa con una irritación casi palpable.
Para ser un ninja que anhela la eternidad, no es uno al que la idea del tiempo le sea tan relevante como sí lo es el concepto de la inmortalidad.
Normalmente, solía ocupar el tiempo libre en perfeccionar su arte, creando marionetas tan bellas en aspecto, diseño y utilidad, que ellas mismas le agradecerían por su belleza si pudiesen conservar el don del habla, pero ahora está obligado a esperar, a pasar el tiempo sin hacer nada... Odia eso, pero no tiene otra opción. De momento, sólo se moverá por el bosque sin ningún rumbo esclarecido.
El bosque... Encuentra belleza en esta entidad: eterna, perenne, cambiando de forma y de función con las estaciones. Así como una marioneta cambia según el ritmo de un combate.
Sasori recuerda las discusiones que solía tener con su ex-compañero Deidara... Él tiene una manera muy distinta de definir el arte. Es diferente, incomprensible para él. Jamás comprendió la fascinación que Deidara tiene con esas cosas que sólo duran instantes ¿Cuál es la gracia de la belleza, si no puede ser admirada por siempre?
Incluso la manera en la que mira al bosque es distinta. Su compañero observa al bosque como una serie constante de explosiones, como miles de bellezas y pequeñas obras de arte, como el cambio constante... Intentar comprender la visión artística de su ex-compañero siempre le pareció algo imposible.
A pesar de ello, llega a respetar al chiquillo en cierta forma. No por su percepción del arte, sino por su devoción a ella. Muchos shinobis, dentro y fuera de Akatsuki, persiguen fines vagos y sin valor: dinero, diversión, poder... ¿De qué vale todo eso en un mundo sin belleza?
Por eso, Deidara fue el único de todos sus compañeros de trabajo al que llegó a tolerar. Hasta pensó en volverlo una marioneta, pero sería una lástima para el mundo el perder a uno de los pocos shinobis que aprecia la belleza, más allá de que no comparta su definición... De todos modos, habría sido una marioneta bastante útil.
De repente, una gran sombra se proyecta desde el cielo por sobre la cabeza de Sasori. Éste se detiene al instante y observa hacia arriba. Conoce esas formas. No es que las haya visto antes, porque nunca son iguales entre sí, pero las curvas grotescamente moldeadas en esa figura son una firma muy clara de a qué shinobi se enfrenta...
Con un sonido leve, la figura desaparece en una nube de humo, y es entonces cuando ve descender del aire al mismísimo Deidara, que cae de pie directamente en frente de su campo de visión.
Su ex compañero no lo ataca de antemano, y el marionetista devuelve la cortesía. Piensa que Akatsuki por fin descubrió que él sigue con vida, y que por eso enviaron a Deidara a terminar lo que la mocosa dejó a medias, pero él no es de esos que simplemente se van sin combatir.
"Será una batalla de artistas." Maquina para sus adentros con cierto entusiasmo egocéntrico ante la idea. Si es necesario, le dará a su ex-compañero la muerte que se merece.
A continuación, la marioneta se posiciona para combatir.
—Te mandaron a buscarme ¿No? ... Diría que es una lástima, pero ya me estaba aburriendo sin nada que hacer—comienza Sasori con una familiaridad que contrasta con la amenaza que rezuma su porte.
El todavía miembro de Akatsuki sonríe al ver a su ex-superior. Sabe que su arsenal sufrió demasiadas bajas, así que se muestra confiado al responder:
—Siempre igual... Los momentos no duran tanto como para que debas preocuparte por cuántos pierdas. Intenta disfrutar de verlos desaparecer, como el humo de una explosión.
Sasori bufa en respuesta.
—No es mi estilo, y no creas que seré una presa sencilla—advierte cambiando su tono de voz hacia aquel que solía utilizar en sus disputas artísticas de antaño—. Esta será la última discusión artística, y pretendo ganarla.
Con un gesto exagerado, el excéntrico mocoso apoya su peso contra el tronco de un árbol.
—Aprecio la destrucción, pero me gusta más crearla que vivirla. No estoy tan loco como para enfrentarme a ti. Además, me caes bien. Mi nuevo compañero es un imbécil.
—Si no vienes a matarme ¿Para qué estás aquí?—pregunta Sasori con una ceja alzada en contrariedad.
—Porque no quiero que mueras. No hasta que pueda enseñarte la belleza de lo efímero.
—Pasará demasiado tiempo antes de que siquiera considere tu punto de vista—repone sintiéndose incrédulo ante lo que oye.
—Por eso te quiero vivo. Escucha: nadie en Akatsuki sabe que sigues vivo, por ahora. No sé cuántos sepan. La ausencia de tu núcleo implica que vives, pero antes de sospechar eso, pensarán que el núcleo está en el poder de alguna de las aldeas. Tarde o temprano lo notarán, y vas a tener que huir. Tienes que ser más discreto.
Sasori se relaja. Su ex-compañero no vino a enfrentarlo. Recibir una buena noticia de vez en cuando le agrada. Sin embargo, responde a Deidara como siempre lo hizo: criticándolo.
— ¿Discreción? Habla el que se mueve en un pájaro gigante de arcilla.
—Como sea, eso no viene al caso. Puedo distraerlos un poco, y cuando me encarguen buscarte podré retrasar un poco mi investigación, pero tarde o temprano tendré que inventar una buena excusa para que no sea mi pellejo el que corra peligro… Eso si no te encuentra otro. Puedo darte unos meses, pero deberías bajar la guardia.
— ¿Te molestaste en encontrarme sólo para decirme que me cuide?... Cosa que ya debía hacer sin que me digas, no suena muy coherente.
—Vine a decirte que te daré ventaja para que uses mejor el tiempo. Agradecer es algo que podrías hacer ¿No?
—Pues, gracias—responde el renegado de la Arena de manera sarcástica.
—Además, no hay forma de que encuentre alguien a quien sea divertido mostrar mis creaciones. Ese Tobi es un total pelmazo—de la nada, Deidara cambia su tono a uno alegre y enérgico— ¡Y no es sólo eso! ¡Mira lo que hice!
El artista de lo efímero saca unas figuras de sus bolsillos. Éstas crecen y comienzan a volar en sincronía; pareciesen un híbrido entre pájaros e insectos: curvas estilizadas, suaves, apéndices largos y finos. No parecen muy aerodinámicas, pero aún así alzan vuelo.
Se mueven por separado, y luego, en grupo, haciendo gala de la imaginación del Akatsuki que les dio creación.
Luego de una danza de espirales alrededor de los árboles, las figuras se posan en el tronco de un árbol añejo y explotan volviéndolo añicos, y también a un área considerable a su alrededor.
Sasori se cubre de los escombros, sobresaltado por la potencia de la, a estas alturas, predecible explosión.
— ¡Hey, estúpido! ¡¿Primero me dices que mantenga el perfil bajo, y luego creas un claro en el bosque a base de explosivos?! —replica con un mal humor que no puede evitar dejar en evidencia.
—Pero se vio precioso, ¿No? —repone Deidara con la emoción y la sonrisa de un niño.
A pesar de todo, es entretenido tenerlo cerca. Aunque sea para menospreciar su insípida visión del arte.
—Todavía no entiendo qué le ves, y, más importante aún: ahora tengo que alejarme de esta zona porque es demasiado llamativa. Tenemos que movernos.
—Tengo una creación para eso—se adelanta, intentando sacar otro poco de arcilla de sus bolsillos.
—Movernos sin llamar la atención—lo regaña con un aura mucho más cortante que antes.
Los dos ninjas se alejan del área con pasos veloces. Sasori decide disfrutar de su excéntrica compañía mientras lo tenga cerca. Deidara pronto tendría que volver con Akatsuki, y él tendría que esperar otra vez.
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