Búsqueda y espera.


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Este parece ser el momento. Las circunstancias se alinean por completo.

Kakashi-sensei sigue en el hospital, aunque ni bien le den el alta estará bastante ocupado, ya que debe entrenar a Naruto. Esa actividad los mantendrá entretenidos a ambos, y fuera de los asuntos de Sakura.

Desde que se supo que Akatsuki está tras la bestia de las nueve colas, se prohibió a Naruto salir de la aldea sin custodia. Eso calma por ahora los nervios de Haruno, al menos en lo que al tema respecta.

La situación está tensa, pero aún no llega a explotar. Por esto, acaba considerando que éste momento es la oportunidad adecuada para atender el asunto del marionetista, ya que, para cuando otros conflictos iniciasen, ya no tendría tiempo… Sasori se volvería un problema mayor. Además, cualquier dato acerca de Akatsuki que ella fuese capaz de obtener de él merecen la pena el esfuerzo. Sin duda serán de mucha utilidad para más adelante.

"¿Y si todavía sigue en el País del Fuego, como hace unos días atrás? Si dejo pasar más tiempo, quizá pierda para siempre la oportunidad..."

Una misión menor. Esa es toda la excusa que necesita para alejarse de su aldea por un par de días. Y no tarda en encontrarla.

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— ¿Estás segura, Sakura? —pregunta una extrañada Tsunade ante las palabras de su alumna—, ¿Segura que no quieres que envíe compañía contigo para esta misión?

—Estoy segura, maestra—asiente la muchacha con seriedad—. Es sólo la confección de antídotos para la Arena. Estoy segura de que puedo encargarme de ello. Además, ya me conozco el camino. En estos momentos, creo que sería mejor que la aldea reserve sus fuerzas para proteger a Naruto de Akatsuki, en caso de que vengan a atacarnos.

La mujer asiente ante el razonamiento de su aprendiz. Haruno juega bien con la situación de su país para poder conseguir su favor.

— ¿Estarás bien?

—Claro, maestra. Fue usted quien me entrenó para esto—se adjudica con una sonrisa en su faz, a lo que la Hokage también esboza una media sonrisa de complacencia.

—Entonces, te lo encargo. Ve y haz que me sienta orgullosa.

—Con su permiso—se despide con una reverencia en señal de respeto.

Mientras Sakura cruza el umbral de la oficina de Tsunade y sale al pasillo, no puede evitar que su reciente mentira comience a sentirse como un peso más sobre su espalda.

"Orgullo…" Piensa sin saber si reír o llorar. Parece que el universo disfruta de jugarle ironías en contra. Empero, si logra lo que en realidad busca en esta misión, quizá pueda recuperar algo de dicho orgullo.

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"Esto terminará esta vez…" Se asevera a sí misma con la determinación que la caracteriza, mientras ajusta uno de sus guantes y toma su mochila para finalmente cruzar las enormes puertas de madera y dar comienzo a su búsqueda por los alrededores de la aldea.

Si bien el viaje a Suna tardaría normalmente unos tres o cuatro días, ella la pensó al respecto: no mandó ninguna carta a la Arena, ni les informó de su partida. De este modo, podría llegar días más tarde sin levantar sospechas de ninguno de los altos cargos. Además, modificó el papeleo en Konoha, para que el tiempo invertido en la búsqueda de Sasori se pierda entre la burocracia de las oficinas de la torre Hokage. Así, con una coartada más o menos asegurada, la kunoichi podrá dedicar tiempo a sus objetivos.

Pasada parte de la tarde, ya ha trascurrido una distancia considerable desde su punto de partida. Mientras tanto, la kunoichi continúa desplazándose con destreza y agilidad por el bosque. Con ayuda de un salto veloz, se posa sobre el árbol más alto que encuentra en su camino. Aprovechando la iluminación natural que el soleado día le proporciona, observa en todas las posibles direcciones de su más que vasto alrededor.

Por un instante, se siente intimidada al ver el enorme territorio silvestre en el que puede esconderse su perseguido.

"Si aún sigue por los alrededores, dentro de las fronteras de éste país... No debe de estar muy lejos." Piensa la aprendiza de la Hokage para no desmoralizarse tan rápido, mientras medita sobre la situación sin perder la calma.

Primero lo primero: necesita un rastro qué seguir. Ya que no es posible encontrar a un hombre sin un sitio por dónde empezar a rastrearlo, mucho menos si se trata de un shinobi; menos aún a alguien con tanta práctica en evadir la captura; y menos todavía dentro de un territorio tan vasto y extenso como lo es el sitio en el que se encuentra ella ahora mismo.

"Sería el equivalente a intentar hallar la aguja dentro del pajar."

Sin demasiadas opciones más en su baraja, la joven opta por guiar su camino hacia el último lugar donde lo vio, aquel del árbol con el tronco magullado. Después de todo, si existe un lugar en donde es probable ver señales de él, es allí.

Cambiando de estrategia para cuando finalmente se halla en el perímetro, Sakura avanza por tierra para así reconocer más fácilmente el arbol que ella misma había dañado con su fuerza. Una vez que consigue dar con su blanco, trepa por el dichoso árbol para volver a poner su situación en perspectiva con el resto del bosque.

Sus ojos no tardan en posarse en un muy particular detalle del paisaje, que contrasta bastante con el resto del tupido paisaje de los alrededores: un forzado claro estancado entre las copas de los árboles.

De inmediato, Sakura duda de su visión y de sus otros sentidos. Decide movilizar su chakra, bajo la idea de que esté bajo el efecto de un genjutsu u otra técnica ilusoria. Después de todo, es sabido que Sasori tiene alguna que otra técnica de ese estilo. Sin moverse de su posición sobre la copa del nogal, hace los sellos correspondientes que sirven para contrarrestar dicho estilo de técnicas, y…

Nada. La irregularidad en el panorama resulta ser real.

Saltando de rama en rama, y de árbol en árbol, la kunoichi se acerca cautelosamente al área en cuestión.

Tras posar las suelas de sus botas sobre el inmenso espacio de tierra y restos de árboles quemados, confirma la naturaleza de los destrozos.

"Esto no es una formación natural, y tampoco fue obra de un rayo. Más bien, la zona parece haber sido afectada por un tipo de combustión o explosión."

Se sobresalta ante tal conclusión, y no tarda en adoptar una posición de combate. Mira hacia todos los lados, en busca del posible responsable. Por supuesto, esto es innecesario. Ya que el autor ya debe de estar, por lo menos, unos diez kilómetros lejos de allí, y no tarda en razonarlo.

Por otro lado, está comenzando a oscurecer, y, junto con el cambio de iluminación en el ambiente, ella comienza a debatirse entre si debería acampar allí o no.

Su consciencia le grita que no hay tiempo para descansos, que cada segundo implica distancia que el marionetista gana, más tiempo para esconderse o para matar inocentes. Aun así, su razón tiene que ceder ante el hecho de que seguir con la cacería durante la noche sería casi imposible. Además, el encontrarlo, y no ser capaz de enfrentarlo por la ausencia de luz, sería tan inútil como peligroso.

Así que la rosada acaba por sentar campamento en los alrededores del artificial claro, con la meta de descansar las horas que hiciesen falta hasta que la oscuridad del mundo a su alrededor se disipase.

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Tras haber pasado la noche entre guardias y sueños ligeros, Sakura no pierde el tiempo y se levanta más bien temprano. Desayuna un poco de pan y queso, más una porción del arroz con champiñones en mantequilla que se trajo en el equipaje, y levanta su improvisado campamento para continuar con su rastreo. Esta vez, opta por utilizar este claro como centro de referencia para explorar toda la zona alrededor de la explosión. Si hay alguna anomalía, es probable que se encontrase no muy lejos de allí.

De esta forma, siguiendo procedimientos estándares, la ninja traza en su mente un radio de dos kilómetros alrededor de este claro, y comienza a examinar minuciosamente el terreno, marcando en un mapa cada punto por el que se va desplazando dentro del perímetro.

Girando alrededor de la zona, y alejándose poco a poco del centro, la aprendiza de la Hokage pasa una buena cantidad de horas de la nueva jornada.

Horas en las que comienza a ser afectada por el tedio, la frustración y la impaciencia que la demandante tarea le está generando. Luego de pasarse medio día buscando alguna señal sin éxito alguno, se halla insultándose a sí misma por el error que dio origen a todos estos eventos, cuando, de repente, algo por fin llama su atención.

Por poco, hubiese deseado que ese algo fuera Sasori.

Definitivamente, no es el marionetista, pero es algo que ella reconoce como una pista significativa para su misión:

En medio de su rutinario patrullaje por las ramas de los árboles, Sakura se topa con unos colores demasiado llamativos para este escenario tan opaco y homogéneo, y demasiado radiantes para ser parte de la flora local. Aquellos pigmentos corresponden nada más ni nada menos que de una serpiente venenosa, que yace escondida entre el follaje del bosque.

Es sabido que el veneno de esta especie es potencialmente letal en las dosis adecuadas. Ella carga con varios antídotos en su mochila, pero la idea no es gastarlos en animales, sino en el ex Akatsuki.

Al descender a una rama más cercana al suelo y al escudriñar al animal desde otro ángulo más nítido, Sakura nota la presencia de sangre en el cuerpo del animal.

"Está muerta, muerta y… entera... Lo que la mató, no la devoró..."

Sumamente intrigada por su descubrimiento, la chica baja al suelo y se acerca al espécimen hasta quedar frente a él. Luego, se inclina en cuchillas para poder contemplarlo con el adecuado detenimiento.

Ahora, sus principales sospechas se confirman: al ejemplar le faltan sus glándulas de veneno.

"Fue un trabajo muy limpio..." Razona Sakura al notar como la muerte de este reptil destila manipulación humana por cada una de sus escamas.

Esta pista es más que todo lo que posee hasta ahora. Así que alcanza para levantarle un poco el ánimo, convirtiéndose en una pequeña luz de esperanza para su ambiciosa búsqueda. Además, siendo éste el único indicio a su disposición, seguirlo es la única opción que actualmente tiene.

Esto no puede ser obra de otro más que de él, ya que los cazadores de serpientes prefieren capturar vivos a sus ejemplares y luego venderlos, para cosechar así el veneno de forma controlada y constante.

Deteniendo sus cavilaciones por un momento, la kunoichi mira al cielo para ver su posición actual respecto al sol.

Todavía está a tiempo de hacer un último recorrido antes de que anochezca. Así que, decidida a aprovechar las últimas horas que quedan antes del crepúsculo, procede a revisar el territorio circundante a la serpiente muerta con más detalle.

En el camino, la joven ninja consigue encontrar gotas de sangre en el césped y tierra silvestres. Estas son claras indicaciones de que la serpiente allí tirada fue transportada desde el sur.

"El autor de esto se dirigió al norte."Concluye con una mirada cargada de determinación.

Según el conocimiento que Sakura tiene del terreno, más aquella que consulta en sus mapas, en la dirección notre y noroeste se encuentra un bosque de helechos. Un ecosistema lo suficientemente espeso como para servir de refugio a alguien que no desea ser encontrado.

Animada por esta última conjetura, acelera su paso hacia su nuevo destino.

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Deidara se había despedido hace días, y en ese tiempo las reservas de veneno del pelirrojo han crecido un poco.

Pasó unos días elaborando más veneno para sus armas, a partir de las glándulas de las serpientes autóctonas. También había elaborado un, no muy sofisticado, pero efectivo, método de detección de intrusos. Al menos, hasta que las condiciones propicias para abandonar su escondite actual se le presentasen.

El titiritero ha optado por apostarse en un área del bosque en la que los arboles añejos escasean. Se trata de una zona poblada de helechos frondosos y enmarañados, con algunos árboles jóvenes y escuálidos que no podrían soportar peso sobre ellos. No obstante, el follaje aún supera la alturay la anchura del humano promedio.

Siendo más específico en su deseo de esconderse, él se ha asentado en un claro dentro del mar de helechos, y desde él extendió múltiples y extensos hilos de chakra. Uno por cada dedo. Estos fueron conectados a los arbustos y helechos que rodean el territorio aledaño.

Tal como una araña en el centro de su red, su tacto desarrollado a través del chakra de sus hilos le permite sentir el movimiento que se da en sus alrededores. Además de esto, le permite detectar su posición por medio de cada uno de los hilos. Cerrando los ojos, y enfocándose solamente en el fluir del chakra en la punta de sus dedos, es capaz de alcanzar una percepción única.

Ahora, percibe algo moviéndose en el sur. Está caminando. La intensidad es baja. Debe estar a unos cincuenta metros... Pero sigue camino hacia el noreste a paso lento. Probablemente, sea un venado u otra fauna local.

Luego, percibe un movimiento en el este... que vuelve por donde vino. Intentar averiguar qué es lo que ronda la zona, sin ser capaz de verlo, lo mantiene ocupado por ahora, aliviando la molesta tortura de la espera.

Otros dos cuerpos se mueven en el este, y parecen fusionarse en una sola maza de movimiento, pero se detienen luego de un instante. Acto seguido, el movimiento de algo más grande y lento toma su lugar... Una escena de caza. Los dos cuerpos colisionan, y lo que queda es el depredador arrastrando su cena a un lugar seguro. Lástima por la presa.

Pasan un par de horas de relativa calma para la marioneta humana, hasta que un movimiento lo suficientemente llamativo alcanza sus dedos.

Ágil y rápida, la presencia se acerca desde el sur. Por la cantidad de follaje que mueve a su paso, no es más grande que mucha de la fauna local, pero es demasiado rápido para ser identificado como un animal.

Debe ser un humano, un ninja. Sasori se estremece ante la idea de que uno de sus ex-compañeros haya venido por él tan pronto. A continuación, decide prepararse para el combate.

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La ninja de pelo rosa y ojos verde jade se acerca cautelosamente en la misma dirección, abriéndose paso entre la espesa maleza del terreno. Sus ojos viran escudriñando el terreno existente en todas las direcciones posibles, intentando vislumbrar algo de movimiento a su alrededor.

Sabe que éste es el sitio.

"Este debe ser, si es el sitio perfecto para esconderse en solitario..." Piensa sin evitar relamerse los labios al sentirlos secos y partidos ante la tensión que se percibe en el ambiente.

Transcurren los minutos, y aunque externamente mantiene una postura observadora y calculadora, lo cierto es que dentro de sí misma no se da el mismo panorama.

Preocupación, ira, frustración, incertidumbre, temor al fracaso, culpabilidad por sus errores, y confusión por todo lo anterior. Intenta poner algo de orden, imponiendo su deber por sobre todo lo demás. Ya había fallado dos veces en dicho deber. Lo había dejado ir dos veces…

La primera ¿Por qué? Aún se martiriza con ello.

¿Por Chiyo? Eso sigue empeñada en cuestionarse.

Se había encariñado con la anciana. La vio tan opacada e inconforme con su vida, tan incapaz de enmendar todos sus errores del pasado, e incapaz de cumplir su sueño… Sakura está segura de que la anciana se había resignado a tratar a su criminal nieto como más de sus incontables errores, y por eso tuvo que asesinarlo. Aunque por dentro, esto la devastara.

Aún sin conocer a la jounin retirada en su totalidad, ni a ella ni a su historia, le tuvo lástima. Fue doloroso para la kunoichi el verla admitir que jamás cumpliría su sueño, el de hacer feliz a su nieto con aquella técnica prohibida. A diferencia del otro monstruo, para la anciana los lazos de sangre sí eran importantes.

Al parecer, los sentimientos de Chiyo de alguna forma habían llegado hasta ella, y conmovieron su corazón en aquel momento…

Debe ser por eso. Tiene que ser por eso. Es mucho más fácil creer que le perdonó la vida por respeto a la, ya difunta, abuela Chiyo, que indagar aún más en el asunto… No quiere admitir que, en cierta forma, el pelirrojo le recuerda a él.

"No, ese sujeto no es como Sasuke, y la abuela Chiyo no es como yo, ni como Naruto."

Naruto y ella buscan salvar a Sasuke de la oscuridad, y del camino de la venganza. Buscan salvar el vínculo que existía entre ellos.

El otro sujeto es un monstruo. Un asesino incapaz de sentir o razonar. ¿Qué va a saber de la vida? ¿Qué valor podría otorgarle al sacrificio de un familiar, o a los lazos?

Tanto fue así, que Chiyo había decidido asesinarlo, comprendiendo que era una causa que ya estaba perdida. Pero Naruto jamás consideraría, ni concebiría, la opción de matar a Sasuke…

Sakura sacude su cabeza, determinada a dejar de comparar las situaciones. No quiere pensar más. No quiere pensar más en Sasuke, en cuánto cambió, en cuán irreconocible lo encuentra hoy en día.

Sasori en realidad es un monstruo, atacó a su propia familia, traicionó y abandonó a su aldea. Lo que Chiyo tenía por él era algo no correspondido. Alguien así no debe ser capaz de corresponder afecto…

"Claro que Sasuke, en aquella cueva intentó…"

Presiona sus parpados con fuerza, centrándose en su misión, y prepara el armamento con cuidado.

Encontrará al marionetista, y le pondrá fin a todo esto de una vez por todas.

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Sasori reconoce a la kunoichi que entra a su pequeña red, y sonríe ante el curioso descubrimiento.

"Al menos, no es Akatsuki. Pero que haya regresado sólo significa una cosa: ella mintió. Alguien quiere mi cabeza, y ella vino a cazar la recompensa."

Sakura organiza su inventario, preparándose para el combate. Una movida poco inteligente de realizar en frente de él. Por otro lado, eso demuestra que ella está mucho más armada que él.

Equipado con escasos senbons, él es el que claramente se encuentra en desventaja aquí. Así que utilizará la sorpresa, y una buena dosis de paralizantes, para comenzar con el combate.

Como primera jugada, Sasori decide lanzar tres senbons: uno al brazo que ella está utilizando para revisar, y dos en las direcciones más probables de escape.

Ya sea que dé en el blanco o no, lo siguiente será presentarse ante su contrincante.

Después de todo, aún quiere saber por qué lo mantuvo vivo hasta ahora…

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