Batalla.


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Sakura se percata de esto, y esquiva los primeros dos proyectiles sin problemas. Dado que tiene su inventario a mano, puede cubrirse del tercero con su mochila.

Reconoce de inmediato la posibilidad de que estas agujas estén envenenadas. Aún así, está contenta de haber encontrado a quien busca.

—Ya sabes que estoy aquí. No tiene sentido ser cautelosa.

A su vez, el marionetista reconoce que perdió el factor sorpresa, y se deja ver sin más.

—En efecto, la cautela ya no tiene sentido—se pronuncia Sasori asomándose entre los helechos—. Eran solo paralizantes, nada grave. Debes entender que no sé si vienes con buenas intenciones, y tenerte quieta es la mejor forma de averiguarlo. Lo que nos lleva a mi principal duda ¿Debería haber usado otro tipo de veneno?

—Esta vez no voy a dejar que te vuelvas a escapar ¡Voy a matarte! —exclama la kunoichi, reafirmando su convicción al ignorar por completo las palabras de su adversario.

Sin embargo, para frustración de ella, el criminal sonríe, mostrándose divertido ante el cambio de opinión.

— ¿Ya no puedes cubrir tu traición? No recuerdo haber entrado a Konoha, ni dejarme ver ¿Tu cómplice te delató para salvarse? ¿Alguien decidió pagar por mí?

— ¡Sólo vine a terminar lo que empecé! —chilla antes de comenzar a correr en dirección al marionetista con un porte hostil.

Una vez que lo tiene a pocos pasos de distancia, Sakura lanza un devastador golpe de su puño apuntando hacia el mecánico torso.

Pero el pelirrojo reacciona rápido, y salta unos metros hacia arriba. A continuación, ella salta tras él.

Más temprano que tarde, la prisa de Sakura comienza a cobrarle. Sasori tomó previamente la precaución de atarse al suelo entre los arbustos con hilos, que desde el principio mantuvo invisibles a los ojos de su agresiva contrincante. Con sólo tirar de ellos, regresa al suelo antes que su oponente.

Sakura, carente de maniobrabilidad en el aire, crea una brecha en su defensa de modo involuntario, brecha que el marionetista aprovecha para contraatacar.

De este modo, la muchacha termina recibiendo dos agujas en el muslo.

Sasori nota que ella no parece la misma con la que peleó hace tiempo. Parece fuera de disciplina. Sigue siendo peligrosa, sin lugar a dudas, pero sin foco.

Sin Chiyo para ayudarla a esquivar proyectiles, y peleando en sus términos, Sasori se siente confiado del resultado de este enfrentamiento. Y, como parte de su estrategia de combate, usa esta confianza para desmoralizarla a base de mordaces palabras:

—Conste que no soy yo el que tiene intenciones asesinas en esta ocasión ¿Qué pasó? ¿Te convertiste en un monstruo como yo tan rápido? Creo que siempre lo fuiste.

Sakura hace oídos sordos a la provocación, dando una voltereta aérea para aterrizar a salvo, y a una distancia prudente de su contrincante. Sin perder un segundo más, saca un par de jeringas de su porta shuriken y se las inyecta en el muslo. Sin importar las características del veneno que tenga ahora invadiendo su sangre, alguno de los antídotos le comprará tiempo… Y todos los antídotos equivocados le jugarán en contra dentro de no mucho tiempo.

Consumida por la idea de matar al marionetista, ella no planea permitir que esta pelea dure demasiado.

— ¡No soy un monstruo! Yo jamás levantaría una mano contra un familiar. ¡Así que cállate, fenómeno!

Ella le arroja una serie de kunais, pero Sasori los esquiva con elegancia antes de responderle:

—Traicionaste a tu aldea. Levantaste tu mano contra más que tu familia.

— ¡¿Y tú qué sabes de familias o aldeas?!

La ninja de Konoha arroja una bomba de humo, que interrumpe la visión de ambos. Luego, calla con la intención de emboscarlo por sorpresa.

—Tu aldea incluye a tu familia, así que se supone que es más importante—rebate el pelirrojo, sin inmutarse demasiado.

A continuación, Sasori remueve uno de sus brazos y lo arroja en un borde de la nube de humo. Acto seguido, salta hacia el borde opuesto. La ninja debería adivinar, en base al sonido, a cuál de los dos bordes dirigirse.

Ella acierta en su elección y la marioneta escapa, a duras penas, de un golpe que acaba agrietando el suelo bajo sus pies. Sale del alcance del humo, atrayéndose a sí mismo a los arbustos lindantes, con los hilos que en ellos había dejado.

—Seguiremos así hasta que uno de los dos cometa un error ¿No? —comenta Sakura, concentrándose en seguir ganando terreno con sus movimientos ofensivos—, ¡Te atreves a hablar de familia! ¡De aldeas!

— ¿Qué te hizo cambiar de opinión? Era bastante más útil para los dos el no enfrentarnos—replica sin dejarse intimidar, y sin dejar de esquivar y tomar distancia segura de la, cada vez más avasallante kunoichi.

Sakura lanza aún más proyectiles antes de lanzarse a sí misma, nuevamente sin lograr impactar a su oponente.

—Tuviste dos oportunidades fáciles de matarme. Me subestimas si crees que tendrás una tercera. De nuevo, ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

El marionetista vuelve a elevarse mientras sigue hablando con su adversaria, tanto para afectar su moral, como para saciar su propia curiosidad. La chiquilla salta tras él, pero Sasori vuelve a abusar de su maniobrabilidad aérea para descender y arrojar más senbons hacia ella.

Sakura no comete el mismo error una segunda vez. Su cuerpo evita el impacto con una técnica de reemplazo, y termina arremetiendo otra vez sobre su enemigo desde otro punto del aire.

—Tus estúpidas agujas no sirven contra mí.

Pero él está un paso adelante.

—Difiero—sentencia sin perturbar su apático porte.

De la nube de humo que aún se alza en el campo de batalla, y más precisamente del brazo cercenado que dentro de la misma permanece, brota una aguja que consigue clavarse hombro de la kunoichi, frustrando y deteniendo de nuevo su avance.

—Las siguientes tendrán venenos letales. Así que se terminaron los jueguitos… y aún no me respondes. ¿Por qué? —repite observando, desde una posición aventajada, a su agresora postrada en el suelo, que está perdiendo el control sobre su compostura.

Sakura se clava otra jeringa. La mezcla química de antídotos y otros fármacos, diseñados para mejorar el desempeño de su cuerpo, fluye por su sangre alargando la pelea, pero arriesgando su vida. De a poco, comienza a contemplar la idea que si el marionetista no la mata, estos químicos lo harían.

La joven guerrera avanza a gran velocidad y con férrea determinación, pero a media acción siente a sus sentidos fallar por un instante.

Este momento fugaz es el que el criminal usa para extraer la aguja en su hombro, mediante la utilización de sus hilos de chakra, para luego volver a clavarla del extremo opuesto en el muslo de la ninja.

—Tus antídotos no regenerarán músculos. Responde.

La afectada desvía su camino, tomando un par de saltos de distancia.

— ¿Qué importa? Es estúpido—evade ella, mientras dirige su palma embebida en chakra sanador, de característico tono verdoso, hacia su muslo para sanar la afección.

Mientras los potentes efectos del antídoto estuvieran actuando sobre su cuerpo, no tendrá que preocuparse por el veneno que su oponente introdujera dentro de ella. Sin embargo, no puede seguir dándole el lujo de permitirle burlar sus defensas de esta manera tan ridícula…

—Comprender el motivo, por el que ahora me quieres vivo, no es una estupidez. Estupidez es tu cambio de opinión. Mira como terminas—se burla de nuevo con una mueca sarcástica en su expresión.

—Porque eres un puto error. Para el mundo, para la abuela Chiyo, para Akatsuki y lo eres para mí. Voy a corregir ese error—suelta con ponzoña en sus palabras, recuperando la compostura y el aliento perdidos hace unos instantes.

—Entonces, la estupidez fue dejarme vivo… Excepto que, a pesar de error, no soy un peligro para ti. Supongamos que te creo que nadie te envía. Entonces, es más útil mantenerme vivo. Mi único motivo para matarte es que eres una amenaza. Eso, y que serías una hermosa marioneta... Pero no tengo el equipo para... procesarte—el hombre esboza una sutil sonrisa, que a la kunoichi le retuerce las entrañas al presenciarla—. En serio, no me des motivos para matarte. Tú tampoco tienes suficientes para insistir en esto.

Ella lo mira con asco y repulsión, mientras el cóctel químico en su sangre nubla poco a poco su vista, y atrofia ligeramente algunos músculos pequeños.

—Si quieres serme útil, quítate la vida—insiste entre desafiante e indignada—. ¿Realmente te piensas que haría todo este viaje de búsqueda, sólo para socializar amistosamente contigo? ¿Qué confiaría en un criminal como tú? ¿Que esperaría algo de ti?

—Puedes esperar que haga lo que es conveniente para mí mismo. Tenerte de aliada es conveniente. Si pretendes mi muerte, será conveniente matarte. Vuelvo a repetirte: tener un enemigo cuando puedes tener un aliado es estúpido. Sólo mato a quien está mejor muerto que vivo. Si te quisiera matar, ya lo habría hecho. Te dejé ir.

— ¡Ya cierra la boca! —lo calla entre aturdida y harta de tan inútil y obtusa conversación.

Acto seguido, la muchacha arroja otro golpe, pero su cuerpo ya no está en su mejor estado. Está perdiendo por simple desgaste. El monstruo frente a ella ni siquiera tiene músculos que puedan cansarse.

La marioneta humana vuelve a evitarla. No hay modo que él pierda una batalla de desgaste, así que no hay razón para no confiarse en este segundo combate. El brazo suelto vuela hacia la joven, y una navaja en él le genera un corte, no muy profundo, en la pantorrilla.

De allí en adelante, la escena apenas puede llamarse batalla. La ninja insiste en atacar, fracasando en cada movimiento, y recibiendo más heridas pequeñas y estratégicas en respuesta.

Sasori, por otro lado, ya no se enfoca tanto en la batalla como en la situación.

—No quieres morir. Tu vida vale más que tu moral. Lo sabes.

—Te equivocas. Antes que vivir como una coraza patética y vacía sin escrúpulos, prefiero morir con el honor que aún me quede y que se espera de mí…—exclama nuevamente con la mirada encendida, mientras intenta asestar su mejor golpe.

Sasori se deja impactar en el hombro, haciendo que su brazo se disloque de su posición y clavase una aguja en el tórax de su oponente. Mientras tanto, el resto de su cuerpo se desliza hacia un lado.

"Esta chiquilla aún insiste. Su estupidez es... Admirable... Ese es el término."

—Una oportunidad más: usa tu cerebro o no tendrás otra chance de usarlo. Mi paciencia tiene límites.

La insistencia y estupidez de Sakura son formidables a los ojos del pelirrojo, que ya ha hecho su misión personal el ver morir ese ímpetu en la kunoichi.

Empero, ella sólo trata de seguir sus movimientos, sin desistir en su meta de buscar un hueco en su defensa para alcanzarlo con otro golpe. Sin embargo, sus movimientos se tornan torpes y confusos con el correr del tiempo.

—Vete al demonio—es lo único que recibe de la mujer, con escaso aliento.

Sasori siempre realiza sólo cortes superficiales. No quiere sólo matarla, quiere ver en sus ojos esa mirada que dice 'debí aceptar su oferta'.

Toda voluntad se quiebra, toda intención es temporal. Sólo lo eterno le importa, ¿Qué vale la vida de un ser humano, cuyos más fuertes valores duran tanto como lo que tardan en llegar a la agonía?

Eso le permite matar. De allí nace quizá esa falta de respeto o empatía que le tiene a la vida en sí. Además de tener una existencia finita en el mundo, todos renuncian a sus valores cuando se enfrentan a la muerte. Cuando la llama de la vida se apaga, los grandes ideales se apagan con ella, provocando que la existencia de un individuo, al final del trayecto, valga nada.

No existen excepciones. Incluso él mismo está incluido en esta lista metafórica, y eso mismo le pesa. Cuando la agonía tocó su puerta, cuando la muerte vino a buscarlo, él, el que decía darle valor a lo eterno, el que buscaba la inmortalidad, aceptó el final cuando lo vio de cerca.

Pero Sakura, por su parte, sólo insiste sin reparar en nada más. Sus movimientos entorpecidos le dificultan la esquiva, pero por cada corte que recibe, se acerca más al marionetista, paso a paso, salto a salto. Su cuerpo ya no responde a motricidad fina. Por más que quisiese, sería imposible para ella siquiera sujetar una jeringa de antídoto. Lo único que la mantiene de pie es la adrenalina, y la determinación que se exhibe a través de su mirada verdosa.

La kunoichi se ve deplorable, con incontables pequeños cortes y rasguños que se exhiben en su ropa y extremidades, y, a pesar de eso, sigue avanzando con decisión firme e inquebrantable en su espíritu.

"Él es un monstruo, un asesino, un traidor, un enfermo, mi responsabilidad... Lo dejé vivir dos veces, arriesgué todo por un error... Si muero aquí, él vendrá conmigo…"

La terquedad y tenacidad de esa chica, ya son demasiado irritantes de presenciar para el marionetista.

"Ya fueron suficientes juegos. Es hora de mostrarle cuán poco valen sus valores." Sentencia para sus adentros, harto ya de la situación.

Un movimiento más de sus hilos, en el momento preciso, es todo lo que el hombre necesita para hacerla caer.

En su desgaste físico, Sakura casi logra esquivar un pequeño, pero crucial, corte que logra derribarla.

Sasori rápidamente vuelve a ensamblar sus brazos, y, mientras inmoviliza los de la aturdida y sobre intoxicada rosada, manteniéndola aprisionada contra el tronco del nogal más cercano, la observa con frialdad a los ojos.

—Ahora lo entiendes ¿No? Era mejor tenerme de aliado…Ya te arrepientes ¿Verdad? Así como te arrepientes de haberme dejado vivir, ahora te arrepientes de enfrentarte a mí.

—Que… te… pudras…—es lo único que recibe por respuesta.

"Esta mocosa aún insiste... ¿Acaso no nota que su derrota es inminente? ¿Acaso no nota que sólo respira porque yo se lo permito?"

En un movimiento que toma por sorpresa al renegado, Sakura libera sus brazos, a base de pura fuerza de voluntad, e intenta un último golpe. Pero éste apenas roza la mejilla del marionetista.

Sasori, en medio de un trance, la ve desplomarse en el suelo a sus pies casi en cámara lenta, mientras los ojos verdes se van cerrando y apagando poco a poco.

Él salió ganando por rebote ésta vez. Ahora está libre de deudas, y solo debe preocuparse por Akatsuki. Sin embargo, su mente no repara mucho en este detalle, ya que hay otro asunto que se lleva su total atención…

Observa, estático e intrigado, la escena frente a sus ojos, una escena, en la que de repente se siente a sí mismo lejano y ausente.

"Su mirada no cambió. Sus intenciones... no se desvanecieron. Sus valores... no cedieron ante la agonía... Su voluntad, de no ser por el resultado de la batalla... Esa voluntad podría ser... permanente... eterna...

Ella poseía habilidades impresionantes. Ella consiguió derrotarme una vez, y, de no ser por la falta de preparación, la historia probablemente se hubiese repetido.

Esa voluntad, tal como cualquier marioneta, no garantiza la victoria. Como cualquier herramienta, el mal uso de ella puede conducir al desastre… y por usarla mal... esa voluntad está a punto de morir con su portadora... Eso sería… no... Eso es una lástima."

Su cuerpo va a morir antes que su voluntad…

Ella no ha cedido. Ella acaba de convertirse en la excepción a la regla. Algo que, hasta hoy, él creía imposible.

Valores que no son efímeros... Una voluntad eterna... Una tenacidad que él es capaz de admirar…

De repente, y sin previo aviso, un aspecto de la eternidad que él no comprende se presenta frente a sus ojos. Más precisamente, está a punto de morir frente a sus ojos.

No comprende el por qué, pero eso le molesta. Y aún más le molesta que esta mujer haya logrado algo que él no pudo: no temblar ante la muerte.

Envidia eso. Quiere comprenderlo.

No puede respetarse a sí mismo como artista si deja a esta voluntad desaparecer...

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