Una chance más.
.
.
.
El tiempo es borroso, confuso. Sólo recuerda fragmentos de la batalla.
Siente dolores en sus extremidades, además de punzadas agudas de impactos de senbons. Todo a su alrededor es negro. Mientras tanto, su sentido del oído recién se está despertando. Por un momento, creyó haber perdido la vista, pero un cambio en la luz le hace notar que su temporal ceguera se debe a que no tiene la fuerza para abrir sus párpados.
Ahora, sólo permanece quieta y adolorida, mientras su cuerpo de a poco recupera algo de motricidad. A continuación, hace un esfuerzo por recordar qué era lo que le había pasado para terminar así…
Sasori. La batalla con él. Ella había perdido... Pero está viva, o al menos eso cree.
Intenta abrir los ojos, pero siente que sus párpados pesan toneladas.
Fue rescatada, ¿Por quién? ¿Qué ocurrió con Sasori? ¿Huyó?
Había fracasado de nuevo. Al abrir sus ojos, tendrá que enfrentar sus verdades con su aldea. No bien se recupere de esto, temerá la realidad a la que regresará. De seguro, verá las paredes del hospital de la Hoja, la desaprobación de su maestra... Y eso no es nada comparado con lo que le espera cuando sepan la verdad.
Con un esfuerzo sobrehumano, abre finalmente los ojos. Pero nota que no se encuentra en una camilla, y que tampoco es su gente quien la está observando.
Su visión es borrosa, muy borrosa. Apenas logra visualizar una sola figura negra a su lado observándola, en medio de la oscuridad de la noche. Parpadea un par de veces, intentando reconocer el sitio en el cual se encuentra.
Definitivamente, este sitio no es un hospital.
El olor característico del bosque entra por sus fosas nasales a cada inhalación. Concluye que no se ha movido mucho del sitio en el cual había perdido la conciencia, hace quién sabe cuánto tiempo.
Sin embargo, parece estar recostada sobre otra cosa más suave que el césped silvestre o la tierra…
Debe espabilarse cuanto antes, debe revisar ella misma el estado de sus heridas.
Incorporándose lentamente, aún acostumbrándose a la ausencia de luz, palpa su brazo, y luego las heridas en sus pantorrillas y muslos, aquellas que causaron su desmayo.
Está vendada, y, al parecer, la hemorragia se había detenido hace algo de tiempo. No caben dudas de que la han atendido...
Pero, ¿Quién?
La figura que vio al abrir sus ojos, la que creyó al principio que era una simple alucinación, sigue observándola sin decir palabra, mientras aguarda a que sus sentidos vuelvan en sí mismos. Esta anteriormente borrosa masa comienza poco a poco a tomar una forma desagradablemente conocida. Es… él.
Es Sasori.
El ex-Akatsuki se encuentra allí, sentado al lado de la mochila de la joven. Sin expresión en el rostro, y con los parpados entrecerrados, los ojos ámbares de la marioneta la escudriñan impasibles y taciturnos.
—Sí, vives. Si, fui yo el que te atendió—responde a una pregunta que la rosada no llega a formular nunca, casi como si leyese su mente con su penetrante mirada ámbar—. Ahora que sigues viva, y que probablemente aún intentes matarme, será mejor que me retire. Te aconsejaría que no intentes nada estúpido ahora y que no vuelvas a perseguirme, pero creo que sería inútil pedírtelo.
— ¿Por qué...? ¿Por qué me ayudaste? —es lo único que atina a preguntar la chica, aún demasiado aturdida y desconcertada por todo lo que está aconteciendo.
—Vales más viva que muerta.
—¿Eh? —cuestiona ella nuevamente, frunciendo un poco el ceño, mientras trata de rememorar un poco más los acontecimientos previos a su inconsciencia.
—No podría llamarme a mí mismo artista, si privo al mundo de la belleza.
La mueca de la kunoichi se tuerce, expresando desconcierto ante la inesperada respuesta.
—Me tomas el pelo ¿A qué te estás refiriendo exactamente? —replica con escaso aliento, y forzando cada palabra a salir de su agotado cuerpo.
El pelirrojo se pone de pie sin emitir sonido alguno, manteniéndose inmutable, o eso le parece a la kunoichi, ya que en la penumbra de la noche no puede vislumbrar muy bien sus rasgos.
—No espero que comprendas conceptos como la belleza o el arte. Si no puedes comprenderlo, nadie puede explicártelo—sentencia con voz seca y sin emoción alguna en ella.
Sakura bufa con fastidio, desconforme con aquella 'respuesta'.
—Estoy confundida…
El Akasuna no emite ninguna respuesta, ya que esa frase no la requiere. Además, aún no procesa las implicancias de aquello que encontró en la muchacha. Sólo se limita a observarla, mientras la agotada ninja lo escudriña con recelo, intentando sacarle alguna respuesta sólo con sus ojos.
—Aún quedan antídotos, si es que los venenos todavía afectan tu juicio. Mi conocimiento médico no es el mejor, pero pude estabilizarte. Dejaré tus cosas en este arbusto. Me tomé la libertad de tomar las sobras de tu arsenal ofensivo. Creo que es un precio justo por tu vida. Si difieres, de todas formas no tienes opción.
— ¿Supongo que con esto estamos a mano? —pregunta Sakura con visceral sarcasmo.
Ella no le pidió que le brindara asistencia, pero, a fin de cuentas, no puede ser tan desagradecida, incluso si la 'ayuda' proviene de un ser como ése.
—Supongo... —musita Sasori, tan inmutable e indiferente como siempre.
—Para ser un criminal, eres un estúpido... Podrías haberme matado. Deberías haberme matado—repone con amargura, desviando su mirada al suelo.
Ahora, ella está prácticamente suplicando la muerte a un criminal, al que ella había salvado de morir en primer lugar. La joven no puede pensar un escenario en el que pueda verse más patética.
— ¿Tú hablas de estupidez? Dado tu historial, quizá seas una autoridad en el tema…—se burla sutilmente de ella—. Y respecto a lo de criminal: criminal es aquel que rompe la ley. Las leyes cambian; son efímeras, irrelevantes. Persigo cosas más importantes, más duraderas. Definirme como criminal es circunstancial, sin valor alguno.
—No importa que uses la ley para justificarte, eres repugnante. Dime a cuántos has matado sin motivo…—vuelve a objetar, sintiéndose arder internamente.
No puede perdonarse el seguir viva por culpa de él, ni puede entenderlo.
—Murieron por la misma razón que tú sigues con vida. Por belleza, por arte. Si sus muertes son algo reprobable, entonces, tu vida también lo es.
Sakura aprieta los dientes con furia y enfado por lo que considera como una descarada provocación. Quiere golpearlo, golpearlo una, y otra, y otra y otra vez, sin importarle que sus nudillos se rompan en el proceso o que el pelirrojo no pudiera sentirlos. Pero no tiene fuerza para eso. Ya le cuesta el sólo mantenerse sentada con la espalda erguida.
—Cuanta impotencia que me das—ríe entre dientes, de forma irónica, pero con infinita rabia—. No te das una idea de cómo quiero golpearte.
—No te aconsejo gastar fuerza intentándolo. No voy a ayudarte a volver a Konoha, así que tendrás que caminar hasta allí—Sasori ignora de manera descarada la intención asesina, no tan implícita, de la fémina para con él—. De por cierto, no pienso dejar que nadie sepa de tu traición. No habría gracia en salvarte la vida, si luego tus compatriotas tuviesen que quitártela.
"¿Por qué hace esto? ¿Por qué me ayuda?"
Sakura entierra su rostro en el hueco que forman sus rodillas, flexionadas sobre sí misma, y las abraza con los puños cerrados.
—No quiero que me ayudes. No quiero que me salves, ni que me ayudes a esconder que existes. Si tengo que pagar por mi error, ¡Prefiero que así sea! …Desaparece ¡Desaparece de una vez y muérete! —grita su impotencia, tan alto y tan fuerte como su mermado cuerpo se lo permite.
Él, por su parte, permanece indiferente al estado emocional de la kunoichi.
—Yo no colaboraré en tu destrucción, va en contra de lo que creo correcto. Si lo que quieres hacer es desaparecer tu traición, eso ya no tiene que ver conmigo.
— ¡No los traicioné! ¡No soy ninguna traidora! Una cosa sin idea de nada como tú no puede entenderlo…—espeta, desesperada y colérica ante la, cada vez más frecuente, acusación contra ella, mientras cubre su rostro en un simple intento de reprimir su inestabilidad emocional.
— ¿Si no traicionaste a tu aldea, entonces cuál es el error?
— ¡Tú eres el error!
— ¿Error el dejarme vivo? ¿Eso no es traición?
— ¡Ya cállate! No quiero seguir perdiendo el tiempo contigo, fenómeno del diablo—exclama, furiosa y amenazante.
Esta vez, Sakura levanta su faz de su propio regazo para dirigirle una mirada hostil.
Sasori, lejos de intimidarse ante la imagen, sonríe al ver ese ánimo en la joven.
— ¡Bien! ¡Eso sigue existiendo! Hice bien... —expresa animado, agradado por la vista.
Aquello es algo que a la kunoichi le repugna desde el fondo de su ser.
—Eres un…
—Un artista.
Eso acaba con su paciencia. La muchacha se arriesga y hace un segundo esfuerzo sobrehumano. Trata de ponerse de pie como puede, mientras que Sasori no se mueve de su sitio en ningún momento. Flaquea y se cae un par de veces, pero, una vez que consigue mantener el equilibrio sobre sus dos piernas, intenta golpearlo con la escasa fuerza que le queda.
— ¡Eres un bastardo!
Como era de esperarse en su condición, los músculos le fallan y cae sobre la marioneta/marionetista, manteniéndose de pie únicamente apoyada sobre su pecho. La situación le da asco. Le hace hervir la sangre. Apoyada sobre el hombro del sujeto que más odia... Se niega a torcer su cuello para verle la cara.
Sasori mantiene un rostro impasible, mientras por dentro siente a su musa dándole la aprobación por sus actos.
—Y por esto te dejo vivir—murmura en el oído de Sakura, antes de apartarse y dejarla caer de rodillas en el suelo—. No te aconsejo volver a buscarme, pero espero que desobedezcas.
La chica, cabizbaja y con la mirada clavada en el suelo, deja que un par de lágrimas de impotencia caigan de sus ojos y rueden por sus mejillas, hasta finalmente morir en la tierra debajo de ella.
— ¿Por qué? ¿Por qué haces esto? ¿Por qué?—trata de contener, en vano, los sollozos—, ¿Qué es lo que quieres de mí?
El hombre ríe entre dientes, como si la respuesta a todas aquellas súplicas e interrogantes fuese lo más obvio del mundo.
— ¿Qué quiero? Que vivas, que insistas, que mantengas viva la belleza que portas—responde extrañamente fascinado, cosa que repugna aún más a la joven frente a él— ¿Por qué? Ya lo dije. No privaré al mundo de ella. Volverás a intentar matarme, y volveré a impedirlo. No quiero matarte, pero tampoco planeo morir.
—Además de ser algo repugnante... También eres un morboso y un perverso...—Espeta con el poco orgullo que aún le queda, pero sin atreverse a despegar la mirada del suelo.
—Yo hablo sólo de belleza, mientras que tú hablas de morbo, perversión y repugnancia…—la corrige con sutil aire de arrogancia.
—Eres un enfermo—vuelve a insultarlo Sakura.
—Un artista—la corrige de nuevo.
La chica sólo atina a seguir llorando ante la impotencia de no poder, tan siquiera, ponerse de pie sin esfuerzo.
—Te odio…
No hay respuesta del marionetista esta vez. Él sólo se aleja de la kunoichi.
Él ya ha cumplido con su deber como artista: permitió a la belleza existir. Ahora, tiene mucho en que pensar. Acaba de presenciar una nueva forma de belleza, ahora su perspectiva artística está evolucionando.
Y todo gracias a esta joven que le da caza.
—No te vas a escapar—Con terquedad, ella intenta agarrarle la ropa para evitar que su objetivo huyera de nuevo.
Lamentablemente, esto queda sólo en el intento.
—Ya no te diré que no me persigas, solo te diré que guardes tu fuerza y vuelvas a hacerlo cuando alguien pueda creer esas palabras—aconseja una última vez el renegado antes de marcharse de la escena.
Luego, ella queda sola. Por un momento, mientras su cuerpo recupera sus fuerzas, se permite simplemente volcar todas sus frustraciones en lágrimas.
Ya no le importa.
"Y ahora ¿Qué?"
La pregunta resona por cada recoveco de su cabeza sin su permiso, presentándose casi como un monumento a su fracaso definitivo.
Inspira hondo para tranquilizarse, o al menos controlarse por fuera. Vivir en estas condiciones, deber su vida a esa cosa… a esa persona, es un motivo para despreciarse, para detestar el hecho de seguir respirando.
Piensa en Naruto, en Sasuke… Pero más que nada en el primero. Entre tanto ambiente depresivo y sin esperanza, ella lo recuerda: él pasó de ser un niño molesto a alguien que camina por delante de ella. Desde la partida de Sasuke, el rubio decidió con cargar con una promesa de vida como otro problema más en su lista… Como si el peso de la bestia de nueve colas hubiese convertido cada carga adicional en una nimiedad.
Pero Sakura sabe que este no es el caso. Naruto carga con cada promesa, y con cada misión personal, forzándose a seguir sonriendo día a día.
Luego, compara a su rubio amigo consigo misma.
¿Y ella qué hace de grandioso en comparación con él?
"Llorar y revolcarme en el suelo de un modo penoso y patético..."
¿Es esa la impresión que siempre quiso dar?
"No... Nunca..."
Aprieta la tierra dentro de su puño tembloroso con impotencia, mientras sus cavilaciones la hacen vagar aún más entre sus recuerdos y motivaciones.
Ella también había hecho una promesa. No puede simplemente derrumbarse como si nada. Ella se había prometido a sí misma que sería de ayuda, que ya no sería una carga para sus pares, ni para su aldea... Y, si hay algo que ella nunca se permitiría a sí misma, es renunciar a sus propias convicciones.
No. Ella jamás se permitirá renunciar a ellas.
Luego de un rato, que en su mente sólo han parecido unos pocos instantes, logra ponerse de pie con determinación. Ella no quiere ser así. Hace mucho ya que había renunciado a compadecerse de sí misma por ser débil.
Ese Akatsuki no volverá a jugar con ella de esa forma…
Se apresura a comprobar lo que queda de su armamento. No le queda casi ningún arma, pero sí suficiente medicina y comida para atenderse a sí misma, y llegar en buen estado a la Arena.
Antes de abandonar finalmente la zona, se ocupa de revisar el exacto sitio en el que despertó de su coma. Su memoria táctil no estuvo equivocada, ya que allí encuentra una negra y suave gabardina algo desteñida, sobre la que, evidentemente, ella reposó mientras se hallaba inconsciente.
Sin duda, esto le pertenece al marionetista. Ahora, no todo parece estar perdido.
Quizá, un rastreo podría ser millones de veces más rápido y efectivo para volver a localizar al fugitivo...
"Pero él es demasiado inteligente para olvidar esto aquí." Razona con los ojos entrecerrados, alzando la prenda frente a sus ojos para así poder escudriñarla en mayor detalle.
Él la estaría esperando. Así que tendría una chance más de redimirse.
Sin perder tiempo, guarda la prenda en su mochila, y emprende camino hacia la aldea de la Arena.
Sasori no saldrá del país del Fuego, eso puede asegurarlo. La seguridad en la Arena aún es demasiado activa, y Akatsuki tiene demasiada presencia en sitios aledaños.
"Lo encontraré otra vez… y tendré una chance más de enmendarme."
.
.
Los días siguen pasando, y el pequeño encargo es exitosamente completado, pese a pequeños inconvenientes, que por suerte jamás saldrían a la luz. Afortunadamente para Sakura, el encontronazo que ocurrió durante su viaje de ida, ha quedado sepultado para siempre, tanto para las aldeas, como para su propia mente.
Y luego de cumplida la tarea asignada, el retorno a casa no se hace esperar tampoco. Gracias a su talento en el ninjutsu médico, la ninja puede presumir de cierta ventaja al borrar casi perfectamente los rastros de la batalla acontecida.
La situación es miel sobre hojuelas, salvo que él sigue vivo… En el sentido de que nadie pareció notar nada extraño sobre los acontecimientos que ocurrieron, y menos aún sobre aquellos que en verdad habían ocurrido.
¿La suerte está a su favor?
En este momento, no está muy claro. Porque no puede sentirse ni completamente aliviada por la conveniencia de la situación en sí, ni como una completa fracasada por haber fallado de nuevo en deshacerse de ese Akatsuki y redimirse frente a su aldea.
—Bueno, me siento más que satisfecha con lo que me has demostrado hoy. Ya has hecho mucho, Sakura—sonríe la voluptuosa mujer mayor, mentora de la joven kunoichi—. Ahora, puedes tomarte el viernes, sábado y domingo para descansar.
Al menos, su esfuerzo sirvió para que la Hokage no notase las consecuencias de una batalla de tal calibre en su cuerpo.
—Con su permiso, maestra—se inclina respetuosamente, para luego abandonar el sitio por la única puerta que posee la habitación.
.
.
Por otra parte, Sasori vuelve a esconderse, pero ahora tiene estos nuevos sucesos en su mente. Esa joven le mostró algo...
No está acostumbrado a encontrar belleza. Una cosa es crearla, inmortalizar un momento, un estado. Eso sí lo conoce. Más que conocerlo, es algo que ya ha perfeccionado. Tanto adora darle eternidad a lo efímero, que lo practicó en su propio cuerpo.
Pero otra muy distinta es esto... El encontrarse con algo duradero que ya existe... Algo bello, que es así sin necesidad de que un artista intervenga.
Esa terquedad…
Eso es capaz de sobrevivir a la agonía, a ese instante en donde toda voluntad se quiebra, pero no a la muerte... ya que, así como cuando la belleza duradera en una de sus creaciones, ésta muere al ser destruida la marioneta.
El artista ha encontrado algo que no debe morir...
Deidara hubiese dicho que es algo efímero... Pero no es tan sencillo. En este mundo no existe nada incondicionalmente eterno. El marionetista lo sabe, y es por eso que dedicó su vida a encontrar y crear belleza.
Incluso la marioneta más bella pierde sus cualidades al ser destruida. Por eso, debe cuidarse él mismo también.
Sin embargo, si en algo confía, si algo reverencia, si algo en este mundo le es de verdadera importancia, eso es su musa. Y esta le dijo en su día que a Sakura aún no le había llegado la hora.
Ella vendrá a buscarlo una vez más, y él sabe que tendrá una chance más de comprender esa atípica voluntad.
.
.
.
