Sobre el arte.
.
.
.
La misión ha salido bien, considerando todas las complicaciones que hubieron durante el camino. Ahora, Sakura dispone de unos días de paz para aclarar sus pensamientos, y para intentar descansar de la confusión.
Ella sigue viva, pero el Akatsuki también. No la ha matado, la ha salvado. Las cosas, dentro de todo, no van tan mal ¿Verdad?
Maldición, ahí está pensando en el tema otra vez.
Ya van dos días desde que regresó a la aldea. Dos días en los que intentó encontrar algo de descanso y tranquilidad. Bueno, cuando la jornada de hoy llegase a su fin, ya se completarían sus tres días de franco.
Buscando un sitio calmo y poco transitado para descansar su mente, se termina hallando a sí misma en la biblioteca. No obstante, no por esto consigue soledad.
—Buenos días, Sakura—saluda un pálido muchacho de pelo negro, al divisar a la joven sentada en una mesa un poco apartada del resto.
—Oh, Sai. Buenos días…—saluda distraídamente la aludida, mientras retorna su mirada al libro que estuvo leyendo hasta hace unos milisegundos atrás.
Es común ver a la rosada en la biblioteca. Por esto mismo, Sai no nota nada extraño en la situación. Luego, el pálido toma una silla del extremo contrario de la mesa y le hace un gesto a su compañera, pidiéndole para sentarse en su cercanía.
— ¿Puedo...? —pregunta con el tono de voz un poco más bajo, por respeto a las otras personas que se hallan en el sitio.
Sin embargo, la chica no parece haberlo escuchado.
— ¿Sakura...? —insiste de nuevo, pero aun así no recibe respuesta. Extraño.
—Sakura—repite el joven, esta vez con tono de voz normal.
Ahora sí logra llamar la atención de la kunoichi, quien despega la vista del libro para mirarlo algo sorprendida.
— ¿Eh? ¡Ah! Claro, claro. Siéntate, Sai—responde con rapidez, sonriendo un poco apenada por su pequeño despiste.
El chico toma asiento frente a ella, abriendo el libro de comportamientos sociales que usualmente acostumbra leer en sus ratos libres.
No es noticia que Sai posee ciertas complicaciones para socializar. Él mismo las acepta, e intenta aprender a llevarse con la gente por medio de la lectura. Aún así, para su pena, siempre encuentra que la gente es consistentemente más complicada que los libros.
Ambos se quedan leyendo en silencio.
De vez en cuando, el moreno levanta su mirada para observar a su compañera de equipo. No puede pasar desapercibido ante sus ojos el detalle de que Sakura no ha cambiado la página desde que él llegó.
Debe de estar preocupada por algo. Quizá debería de preguntarle al respecto.
¿Cómo acercarse a la gente de forma amistosa? Su libro favorito dice que sentarse junto a la persona es una forma frecuente y efectiva de generar conversaciones espontáneas, y de esa forma conseguir que las relaciones y vínculos se volviesen más estrechos.
Sin embargo, ¿Cómo hacer que surjan dichas conversaciones? A veces pueden surgir de la nada. Pero en casos como esos, al parecer, se requiere de otro esfuerzo más elaborado para conseguirlo.
Como sea, Sai decide tomar la iniciativa, ya que varias veces vio a Naruto y a otras personas del mismo círculo social hacerlo. Sin embargo, las mujeres en general, y especialmente Sakura, poseen un carácter algo voluble para el gusto del artista.
Sí, voluble es la palabra que por ahora más se adecúa.
Debe de ser sutil.
— ¿Qué estás leyendo? —rompe el silencio con suavidad, interesado en entablar una conversación.
—Nada tan interesante como lo que lees tú...—la joven suspira con aburrimiento.
Eso es… ¿Una respuesta negativa? ¿O, quizá una respuesta positiva? En el libro pone que cuando consigues una respuesta negativa, es mejor dejar de insistir. Sin embargo, la intención de dicha respuesta se le antoja algo confusa. Podría ser cualquiera de las dos.
— ¿Eso crees? —pregunta de nuevo, expectante a la reacción de la rosada.
—Olvídalo.
Su compañera de equipo está resultando ser demasiado ambigua. ¿Qué significan aquellas respuestas?
Le molesta un poco no comprender en demasía las conversaciones. Pero, a su vez, las respuestas cripticas lo intrigan. No obstante, se decanta por prevenir y dejar la conversación por ahora.
—Bueno—finaliza con voz algo alegre, mientras vuelve su vista a su propia lectura.
A continuación, Sakura apoya su codo sobre la mesa frente a ella, recargando su mejilla sobre la palma de su mano, mientras observa al sonriente shinobi leer.
—Oye, Sai—lo llama en un susurro, y con disimulada curiosidad.
— ¿Sí? —atiende el otro con un tono similar, volviendo a levantar su mirada hacia ella.
— ¿Piensas en algo cuando haces tus dibujos? —pregunta arqueando una ceja sutilmente.
—En lo que quiero dibujar—responde el artista, como si la respuesta fuese obvia.
La kunoichi lo mira un poco confundida, pero mantiene el interés en la pseudo-conversación.
— ¿Y en qué sueles pensar? ¿Cosas? ¿Personas? ¿Paisajes? ¿Sentimientos...?
—Preguntas algo que ya he respondido. Es confuso ¿Por qué te interesa? ¿Te agrada el dibujo? —infiere, haciendo gala de su innata ineptitud al sobrellevar pláticas.
—Me da curiosidad el arte…—aclara ella, tratando de disipar las dudas de su compañero de conversación—. Y tú eres un artista, ¿Verdad?
—Puede decirse que lo soy. El arte es un concepto muy amplio ¿Hay algo particular acerca de lo que quieras mi opinión?
Sobre el arte, él sí que entiende. De eso sí puede hablar. Escasas son las ocasiones en las que una conversación toca un tópico en el que el pálido se sienta a gusto.
—El arte como concepto amplio tomaría más tiempo del que tenemos—prosigue con una naturalidad atípica en él.
Sai está alegre por mantener una conversación dentro de sus términos. Por fin algo que él puede entender.
—Me interesa el tema. El arte. Quiero aprender sobre él—expresa Sakura con un brillo particular de intriga en sus ojos— ¿Podrías enseñarme?
—El arte es muy amplio, como decía... Todo puede ser considerado arte. Depende de dónde encuentra belleza el artista. Yo la encuentro en el movimiento, y del movimiento la llevo a los dibujos. Otros encuentran belleza en la juventud. Creo que es el caso de Guy, que lo plasma en su taijutsu. Al menos, creo que es la única forma de explicar su obsesión. Como sea—el ANBU sonríe con cordialidad—. Es la búsqueda de la belleza, y la expresión, lo que diferencia el arte de las demás cosas. Una técnica marcial usada como herramienta sólo es eso: buscar belleza, expresarla. Por eso, se lo puede considerar arte. Como decía, es amplio. No podría explicarlo en general. ¿Algo en particular, acerca del arte, que quisieras saber?
Sakura se sorprende de recibir una respuesta tan elocuente de parte de Sai. Él no suele hablar de ese modo, pero parece que llevó sus dudas al sujeto correcto.
Jamás hubiera pensado en esa frase refiriéndose a Sai.
— ¿Las personas pueden ser arte? —la pregunta refleja su brutal y honesta ignorancia respecto al tema.
Sai, por su parte, no parece sorprenderse mucho por el planteamiento.
—He tenido a personas, o aspectos de ellas, como inspiración. Pero no contemplo a las personas como arte—el dibujante se desenvuelve con total naturalidad en el tema—. He leído acerca de algo llamado 'el arte de vivir': gente que persigue la belleza en su modo de vida. Creo que es algo que, de una u otra forma, todo artista hace. No sé si alguien pudiese llamar a otros 'arte'. Pero sí se puede encontrar en otros la belleza que uno busca para su arte. Buscar inspiración fuera de uno mismo es algo muy común en artistas.
"Encontrar en otros la belleza que uno busca para su arte". Esa frase hace eco en la mente de la muchacha.
—Ya veo... —responde pensativa, pero atenta a las palabras del chico—. Entonces, si un artista persigue, o encuentra esa "inspiración" en una persona ¿Eso qué significa?
—Nada en particular, sólo ayuda al artista a crear. Una fuente de inspiración es algo que un artista aprecia, pero no tiene por qué tener un mayor significado. Por darte una comparación, es similar a la admiración entre discípulo y maestro. Sólo que se ve de una manera distinta... Enfocada en la belleza.
—Entiendo… —su mirada verde desciende un segundo hasta la mesa—. Entonces, si esa fuente de inspiración desaparece, el artista buscaría otra similar en otro sitio ¿Verdad?
—No es tan simple. Las fuentes de inspiración no son algo común. Un artista busca crear belleza, pero encontrarla no es común. Uno no la busca, uno la encuentra. Que una fuente de inspiración desaparezca no es bueno.
—Como en una relación de maestro y discípulo: el maestro protege a su aprendiz; el artista intenta preservar la belleza ¿No? —razona ante las palabras de Sai.
—No. El artista aprende de su fuente de inspiración, no al revés. El artista sería el aprendiz. Pero sí, intentaría preservar su fuente de inspiración. Al menos, eso imagino.
— ¿Y si ésta huye de él? ¿El artista la perseguiría?
Sai queda en silencio por un momento, parpadeando confundido por la pregunta.
—Preguntas cosas raras. Yo no debo perseguir un paisaje, o un animal, sólo porque me inspire. Su existencia en sí misma me inspira. No entiendo a qué te refieres.
Sakura lo mira con la ceja ligeramente arqueada, percatándose al instante de que está entrando en territorio pantanoso... Debe tener más cuidado de no ser tan directa. Se reprende mentalmente al respecto. Niega con la cabeza.
—Me refiero a si necesitas estar en constante contacto con la fuente, o, aunque no la veas ni estés cerca, aún así puede serte provechosa.
—Lo segundo. No necesito estar cerca de un ave para que me inspire. Aunque, sería una lástima que todas las aves desaparecieran. Si ese fuese un riesgo, creo que las defendería. Espero el ejemplo te sirva con tu duda acerca de la protección. De todas formas, creo que siempre habrá aves.
—Eh... sí, claro. Me ayuda…—responde sin comprender la analogía.
Ahora, el moreno vuelve a sonar tan incompetente en el aspecto social como siempre lo fue.
—Me alegra—acota el ninja de Raíz con una sonrisa.
—Lo tendré presente—ríe sutilmente la joven—. Deberíamos hacer esto más a menudo, es entretenido.
La kunoichi, ahora de mejor humor, se estira cómodamente sobre la silla.
— ¿Por qué las dudas? ¿Deseas desarrollar un tipo de arte?
Sakura lo mira con una curiosidad que se permite demostrar.
— ¿Hmm? No, simplemente sentía curiosidad. No eres el primer artista que conozco, pero sí el primero con el que converso de arte.
—Creo que es la primera vez que hablo del arte. Me sorprende que te interese el tema. Los ninjas médicos suelen enfocarse más en temas prácticos.
—Sí, supongo que es así... Pero no sabía que el arte fuera algo más... ¿Cómo decirlo? Interesante de lo que me parecía a simple vista.
—Me resulta interesante, pero entiendo que en este mundo no muchos decidan invertir su tiempo en pensar en asuntos como la belleza. Gastar ese tiempo entrenando, suele ser más útil. Quizá, por ese motivo uso mi arte en mis técnicas.
"No eres el único, créeme" Piensa la muchacha con ironía.
—Sí, creo que tiene sentido—contesta aún pensativa, pero no duda en seguir vociferando sus dudas al dibujante.
No sabría explicar por qué, pero ahora se siente más confiada.
—Si alguien te dijera que eres su fuente de inspiración ¿Lo considerarías como algo benigno, sin importar de quién provenga?
—Depende de su definición de belleza. De cuán buen artista sea quien me lo diga. No es algo bueno o malo de por sí—Sai responde a la nueva pregunta, sin notar nada raro en ella.
—Supongo que era algo obvio—dice más para sí misma que para el joven.
—De todas formas, que alguien encuentre belleza en uno, suele ser interpretado como algo bueno. Si un artista encuentra su inspiración en alguien, hay que considerar que los artistas suelen tomar más en serio el significado de la palabra belleza que el común de la gente. Por eso la importancia de la definición.
Aunque hace unos instantes parecía comprenderlo todo, ahora, Sakura vuelve a sentirse tan o quizás aún más confundida que en un principio. Cosa que sus facciones reflejan.
— ¿Ocurre algo? —pregunta Sai, ignorante ante la situación interna de la joven.
— Con que la definición ¿Eh? ¿Y cuál es tu definición de belleza? Si eres un artista, debes tener una—cuestiona con nueva confusión en sus ideas.
—No es algo muy claro. Encuentro belleza en la imagen y el movimiento. Una figura puede ser bella al dar la sensación de movimiento, y yo busco darle ese movimiento.
"Supongo que en eso ya no me puedes ayudar" Piensa un poco decepcionada.
Efectivamente, ya no puede cuestionar sobre formas de arte más 'prohibidas' o 'ilegales' sin sonar totalmente excéntrica, ni llamar incluso la atención de Sai. Además, siente que de esa forma se delatará a sí misma. Quizá, ya no hay forma de averiguar aquello sin ser directa. Tampoco cree conocer a alguien lo suficientemente retorcido como para darle respuestas que a ella pudiesen servirle.
—Claro que cada artista entiende la belleza de modo único—prosigue el pálido, como si nada—. Por ejemplo, este criminal que cometió suicidio durante el secuestro del kazekage… El Akatsuki con quien se enfrentó Naruto. Él se llamaba a si mismo artista, buscando la belleza en la explosión de sus creaciones... Dicen que la agilidad en el movimiento de sus esculturas era formidable. Me hubiese gustado verlas.
La rosada se sorprende internamente por el ejemplo de Sai. No se esperaba que él pudiera llegar a apreciar ese tipo de arte, o reconocer como artistas a sujetos como esos. Ahora, ya no se siente tan excéntrica…
—No sabía que pudieses llegar a sentir respeto por esa clase de...arte, Sai—comenta la kunoichi, sonriendo de medio lado—. Estoy sorprendida.
—Estoy interesado en los movimientos de la naturaleza por lo general, pero que un humano cree algo móvil, ajeno a lo natural, me resulta interesante.
—Lo acepto, pero me cuesta comprenderlo… Retomando el ejemplo del Akatsuki que se suicidó, me cuesta hallar belleza en las acciones de un criminal. Creo que no logro ver lo que tú ves porque no soy una artista—repone entre confundida y desesperanzada, ante conceptos que ahora cree más allá de su comprensión.
—No es el crimen lo que me llama la atención, son sus creaciones—procede a explicar el dibujante sin inmutar la calma en sus facciones—. Crimen es romper una regla, pero las reglas cambian y a veces es necesario romperlas. El padre de Kakashi sabe de eso, tu sensei también. El arte y la belleza son conceptos que trascienden las reglas y las naciones.
La frase comienza a sonarle demasiado conocida a Sakura. Esto en cierta forma la anima a seguir intentando comprender.
—Entonces, ese criminal 'artista' ¿No necesariamente sería considerado una mala persona o un peligro para el mundo? No suena muy lógico... —razona en voz alta nuevamente. Para ella sigue sin tener sentido, ni cohesión, una cosa con la otra, ni logra separar la una de la otra.
—Cuando dos naciones están en guerra, ambas ven a la enemiga como 'mala', así que el concepto de maldad es confuso. Desde nuestro punto de vista, era una amenaza sin dudas. Nuevamente, el colmillo blanco de Konoha puede ser considerado malo por no entregar todo por su misión. De todas formas, el arte trasciende el bien y el mal. Uno puede crear belleza, más allá de cuán bueno o malo sea percibido por otros. Son campos sin conexión.
¿Por qué no tendría que haber conexión? Ella sigue sin entenderlo.
—Entonces, si ese Akatsuki te dijera que tú eres su… fuente de inspiración ¿Allí sí habría una conexión entre ambos campos?
—No hay conexión, la belleza y las reglas no tienen puntos en común. Y como mencioné antes, no sé qué pensar si no conozco la definición de belleza del artista en cuestión. Separar al artista del criminal es el punto—el aire educativo de la conversación cambia un poco, reflejando cierta perplejidad en el dibujante—. Y, de por cierto, eres muy imaginativa en tus preguntas. Son inusuales.
—Pues tu visión artística también es inusual para mí—replica notando lo que ocurre, e intentando distraer al moreno—. Bueno, yo no podría separar ambos campos.
—Soy artista porque busco la belleza en las imágenes y los movimientos, pero sería criminal si traicionase a mi aldea. Aún si eso pasara, seguiría siendo artista. No hay conexión.
—Sí… creo que lo seguirías siendo—acata algo extrañada por el ejemplo. Pero, gracias a él, quizá ahora una nueva perspectiva del asunto se esté a abriendo ante ella. Quizá pueda comprender mejor ahora.
— ¿Y si el arte implicara, o se inclinara, por actos ilícitos o poco éticos? ¿Seguiría sin haber conexión?
—Las leyes cambian, la belleza no. Como sea, jamás traicionaría a mi aldea. El bienestar de Konoha está por sobre todo. De todas formas, a veces las leyes son un obstáculo para la aldea... Pero eso no viene al caso ahora—explica refiriéndose a la Raíz y al grupo alterno ANBU con el que es familiar—. Mi arte sirve a la aldea, y Konoha me importa más que mi arte. Supongo que puede existir gente que le dé más importancia al arte que a sus aldeas o países, siendo que la ley puede cambiar pero la belleza no, la conexión es una casualidad y puede cambiar... Supongo que es una especie de conexión, de todas formas.
Aquella respuesta la deja pensando. Si hay alguien que encaje con la situación que acaba de mencionar Sai, ya sabe quién es.
De repente, la joven comienza a creer que tiene que encontrar al culpable de sus pesares, y sacarle respuestas.
— ¿Te refieres a matar? ¿A ese arte? —Sai pregunta eso aparentemente de la nada, sacándola de inmediato de sus propias cavilaciones.
En respuesta, la mirada de Sakura se torna algo más seria ante el cuestionamiento.
Sin embargo, el otro luce inmutable, como si fuera lo más normal del mundo.
—Nunca pensé que estuvieses interesada en ese arte... Tu sabes, siendo un médico pensé que estarías demasiado interesada en salvar vidas, como para apreciar el quitarlas de modo artístico. No le contaré a nadie—asegura con una de sus típicas sonrisas de etiqueta—. No es nada de lo que avergonzarse. Aldeas enteras se fundan en el concepto de que quitar una vida es arte. Todo el mundo dirá que matar está mal, pero si matas por defender la aldea está bien... Es ambiguo, nadie puede asegurar que eso está mal. Es más, si dejas vivir a un enemigo de tu aldea no eres un asesino, pero eres un traidor.
La muchacha pone los ojos en blanco frente a tan obtusa conclusión del ninja. Para empezar, intenta comprender cómo fue que llegó a ella.
—Eh...Sai, no estamos hablando de asesinar a nadie ¿Sabes? —musita Sakura, con una falsa sonrisita de oreja a oreja y una, aún más, falsa vocecita adorable y tierna, mientras una vena de fastidio comienza a hincharse sobre su frente.
Genial. Ahora Sai cree que ella es una de esos monstruos.
—Eso decía, jamás oí nada—responde el dibujante en tono cómplice.
— ¡Que no soy ninguna asesina, maldito imbécil! —exclama con los dientes apretados y casi sin poder mantener el tono bajo de su voz.
A continuación, lo golpea en la cabeza con la mano que antes apoyaba sobre la mesa.
— ¡Lo que mataré serán tus malditas aves como vuelvas a llamarme así!
El artista se incorpora con una mueca de dolor.
—Está bien, ya te dije que es así. Baja la voz, llamarás la atención.
La joven lo mira con cara de pocos amigos, mientras la vena de su frente se hace más y más grande.
Él la observa con la misma mirada de siempre, aún convencido de que la joven tiene una definición "alternativa" del arte.
—Deja de mirarme así—lo regaña con los dientes apretados, y frunciendo aún más el ceño.
— ¿Así cómo? —pregunta con inocencia, sin entender a qué se refiere su compañera.
— ¡Agh! ¡Olvídalo! —exclama nuevamente la rosada, llevándose la mano a la cabeza. Sin duda, la ineptitud social de Sai puede llegar a ser muy irritante.
Una vez que consigue calmarse, tras un momento de mutuo silencio, intenta reanudar la conversación, la cual ya había virado hacia un punto bastante… Crucial, por decirlo de alguna manera.
—Me rehúso a llamar artista a un asesino…—expele en voz baja, y un tono sumamente cortante.
—Muchos piensan igual... Sólo lo entendemos al perseguir la belleza—susurra Sai haciendo énfasis en el plural.
—Nunca voy a entenderlo—sentencia ella negando con la cabeza.
—Eso—asiente el ANBU, aún siguiendo el juego de ocultar.
Sakura siente regresar su mal humor. Intenta contar para contenerlo, pero las ganas de sacárselo de adentro son más prominentes.
— ¡Ahh! ¡¿Sigues pensando en lo mismo?! ¡¿Por quién me tratas?! —exclama furiosa, levantándose abruptamente desde donde se halla sentada.
—No sé a qué 'eso' te refieres. Recuerda que no sé nada de nada—musita Sai con una sonrisa.
— ¡Que no soy ninguna asesina, idiota! —grita olvidándose por un momento de dónde se encuentra ahora mismo.
Como era de esperarse, su arrebato emocional no tarda en captar la atención de todo el resto de las silenciosas presencias que se hallan en la biblioteca. De repente, se ve colmada de miradas de desaprobación.
La vergüenza se apodera de ella inmediatamente al notar tantos ojos escudriñándola en silencioso regaño, ocasionando que un sonrojo se agolpase violentamente bajo sus mejillas.
De un momento para el otro, el ANBU de la raíz queda solo en la mesa, parpadeando incrédulo ante la velocidad casi inhumana con la que su compañera había huido de la escena.
Se pregunta cómo es que logra esconder sus gustos artísticos siendo tan ruidosa. En retrospectiva, quizá ser tan ridícula ayude a que nadie la tome en serio.
.
.
El ruido bochornoso que reinó a lo largo del día, ahora se ve eclipsado por el silencio de la noche. La jornada ha llegado a su fin, y ya todos en la aldea descansan guarecidos en sus respectivas moradas.
Sin embargo, la tranquila noche será solamente otra más de insomnio para Sakura, quien, aburrida de dar vueltas en su propia cama, decide abandonar el lecho y subir a recostarse sobre el tejado de su hogar. Aquella es una vieja costumbre que tenía de pequeña, aunque bastante abandonada en la actualidad, para amortiguar la ausencia de sueño con la simple belleza del cielo nocturno.
El silencio y la tranquilidad presentes, solamente interrumpidos por el cantar de los grillos, más las estrellas centelleantes en el firmamento, la Luna iluminando tenuemente su rostro y la cálida brisa nocturna, no son más que acompañantes en la velada que la ayudan a sumergirse en sus pensamientos.
Mientras se relaja en su cómoda nueva posición, no puede dejar de pensar en todos los acontecimientos que la habían marcado, de cierta forma, los últimos meses.
Todo había pasado tan rápido… El reencuentro con Naruto, el secuestro de Gaara, su batalla con Sasori, la muerte de Chiyo, la incorporación de Sai y el capitán Yamato en el equipo, la guarida de Orochimaru, el reencuentro con Sasuke, la nueva fuga de éste…
Todo en tan poco tiempo, y todo aquello dejando algún tipo de marca emocional en ella.
Todo cambia de sentido y dirección tan pronto, de manera tan inesperada…
Aún la golpea el hecho de haberle salvado la vida a él. Con la tranquilidad de la noche y la mente un poco más en frío, vagos recuerdos de la escena llegan a su mente una vez más.
La batalla había terminado. Ambas mujeres habían vencido, pero el costo había sido elevado. Recordaba aún latente la escena de la abuela Chiyo a su lado, encogida y mermada por el veneno en su cuerpo, y con una expresión que la rosada no pudo descifrar del todo en el rostro. No parecía del todo impasible, ni del todo devastada por la pérdida que acababa de sufrir…
Ella misma, aún conmocionada, observaba el cuerpo inmóvil del pelirrojo frente a ella, siendo abrazado por las marionetas de sus padres en un irónico acto de redención.
La anciana, quien se había rehusado a volver a su villa para ser tratada a tiempo por el veneno en su cuerpo, había comenzado a abandonar la cueva, que ya no era más que un escenario de sangre y destrucción.
Luego de ese escenario, todo cambió de un momento para el otro… Ella se agachó para remover las espadas del núcleo del marionetista en un capricho de rendirle honores al enemigo que, antes de morir, se había tomado la molestia de recompensarla con información valiosa para su misión. En ese instante, sintió un latido, uno sólo, y muy débil. Comprendió que él aún no había muerto… Y entonces, entonces ocurrió el hecho del cual ahora se arrepiente y le pesa enormemente en la conciencia.
Lo había curado, le había otorgado al marionetista una segunda oportunidad. Para luego abandonarlo, inconsciente y vivo, en esa cueva, rodeado de todas sus creaciones y sus años de trabajo, todos destruidos.
Le había salvado; no porque no se atreviera a matar. Es una ninja, conoce sus deberes, sus riesgos. Siempre tomó seguridad en que todo aquel al que ella debe enfrentarse, merece lo que está por ocurrirle.
Pero cuando vio a este sujeto en su agonía, y luego de oír de segunda mano algo de su historia, y más aún, luego de que colaborara voluntariamente con ella... Por un momento no le pareció tan malo, por un momento su historia le recordó a Sasuke.
Pero luego… luego volvió a ver a Sasuke… Vio lo que es ahora, y vio lo que intentó hacerles. Lo que intento hacerle a Naruto.
Ahí quedaron sus esperanzas. Así como la confianza que le tenía a Sasuke comenzó a fracturarse con pequeñas dudas, la confianza para con el resto del mundo pasó a ser inexistente.
Si Sasuke es así, si alguien que ella conoció de su infancia terminó así… Entonces, Sasori es definitivamente un monstruo…
Uno que le salvó la vida.
Primero ella le salva la vida a un criminal, y luego quiere matarlo.
El criminal primero intenta matarla, y luego la salva.
¿Algo tiene coherencia en el mundo actualmente? ¿Algo?
Nada, nada parece tener coherencia ahora.
La plática que había tenido en el día con Sai, en cierta forma se lo confirma. Bueno… Sai había intentado matar a Sasuke en su momento, y tiene trato con la Raíz. Él no es precisamente normal tampoco.
Antes, no dudaba de su deber en darle caza a ese Akatsuki, bueno, ex-Akatsuki. Pero esa conversación con su nuevo compañero de equipo de hoy… La verdad, la desconcertó.
¿Debería desistir? ¿Dejarlo existir? ¿Perdonarlo?
¿O debería ir por tercera vez a intentar acabar con él?
Ahora lo piensa y ya no le ve ningún sentido. Las acciones del pelirrojo no tienen sentido alguno. La salvó de morir, atendió sus heridas, y luego le dijo que quería que siguiera existiendo
"¿Por qué? ¿Por belleza?"
Se niega a aceptar a ese sujeto como algo más que un asesino.
Es su enemigo. Intentó asesinarla en un primer momento, y dijo que la vida de su propia abuela no le importaba ¿Algo así puede saber lo que es la belleza?
¿Puede importarle realmente? ¿Entonces por qué la salvó? ¿Para poder matarla después?
Ahora se encuentra cuestionándose su propio deber.
"Tengo que encontrarlo, tengo que ir a buscarlo y exigirle respuestas."
Y ni Chiyo, ni Naruto, ni Sai, ni nadie puede ayudarla esta vez, de eso está segura.
Al menos, en el desorden caótico que es su mente ahora, la única cosa de la que está segura en este momento, es que quiere respuestas. Ya luego resolvería si ir tras él para matarlo, o entregarse y sufrir el precio de su traición.
Aquel termina siendo otro giro desagradable más que toman las cosas: primero él quería respuestas de ella, ahora ella quiere respuestas de él.
.
.
.
