Tras él.


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Nuevamente, otro par de días transcurre luego del encuentro en la biblioteca. Relativa tranquilidad, al menos de modo pasajero, logra sentirse en el ambiente.

Esa tranquilidad la hace hallarse otra vez a sí misma dentro de aquel silencioso y no muy frecuentado lugar.

Por más que quisiese negárselo a sí misma, Sakura sabe que no se siente muy tranquila. De hecho, hace tiempo que ya no lo está. Por momentos, contempla la idea de que ya no podrá enfrentarse a Sasori en sus propios términos. Es una realidad el hecho de que él ya tuvo demasiado tiempo de prepararse, y que ahora mismo la está esperando. Duda seriamente de que esto pueda llegar a buen puerto, pero eso tampoco quita que ahora ella quiere algunas explicaciones de él.

Mucho menos quita el hecho de que haberle perdonado la vida es algo de lo que ella no debería salir sin castigo. Su consciencia se lo exige, pero también está la creciente curiosidad de comprender el por qué el ex-Akatsuki le había perdonado la vida a ella. De comprender bajo qué motivos se mueve, y qué razones tiene, o tuvo, para haberlo hecho.

No conforme con la vaga respuesta que le profirió el marionetista en la última ocación, ahora, ella quiere investigar, comprender el por qué real de las acciones del criminal para con ella.

Frente a la mesa, y junto al libro que lee de a ratos, se halla un pequeño papel, algo garabateado y con rayones y dibujos algo simplones, que la joven venía haciendo casi sin notarlo. Retornando su vista al papel, frunce el entrecejo ligeramente.

Coge el borrador que se encuentra al otro lado del libro mencionado, y deshace los trazos sobre la hoja.

Luego, escucha una ligera risa, cerca de donde se encuentra.

—Hola Sakura—saluda Sai sentándose frente a ella sin demasiada formalidad.

—Hola—contesta la kunoichi con voz algo ausente, y sin despegar la mirada de la mesa.

— ¿Qué ocurre? —pregunta notando el anómalo tono en la voz de su compañera. No está ni cerca de comprender qué significa, pero sus libros recomiendan prudencia al oír tales tonos.

Ella arruga el papel, formando un bollo que después oculta dentro de su puño. Dirige la mirada hacia la ventana que da a la calle, junto a la mesa en la que se halla sentada.

—Nada, trataba de dibujar el paisaje de afuera... —comenta restándole importancia a esto último, antes de arrojar el bollito al tarro de basura a unos pasos delante de su posición.

Sin embargo, en un pequeño error de cálculos, el pequeño objeto rebota en el borde del tarro y termina cayendo en el suelo.

El dibujante se agacha para recoger el bollo, y se lo devuelve sin observarlo.

—No lo voy a ver, porque las obras incompletas no se ven sin permiso—señala con una sonrisa—. Es esfuerzo. Es práctica. Uno no desecha el esfuerzo, y de la práctica se aprende. No existe el talento innato, ni siquiera en el doujutsu.

Explica con calma y naturalidad.

—Ni modo, no puedo pensar como artista—bufa ligeramente, con expresión de aburrimiento en el rostro, mientras recarga su mejilla sobre la palma de una mano.

—No en un aspecto en el que no encuentres belleza. Entiendo que, en tu caso, practicar arte sea más difícil.

La rosada lo observa por el rabillo del ojo… El muy idiota aun la cree una asesina artista…

—Supongo... Igualmente, sólo estaba matando el rato—trata de rehuír a ese tema de conversación—. Tener días libres ahora me parece un fastidio.

La muchacha ríe con cierta dosis de ironía en su voz.

— ¿Por? Estar de misión constantemente es agotador…—repone Sai con inmutable expresión sonriente.

—De alguna forma, ya me había acostumbrado a la rutina…

—Suelo disfrutar de la rutina, pero un evento atípico siempre es bueno.

Sakura, por su parte, cambia el tema de la conversación sin previo aviso:

—Hablando de misiones ¿Sabes cuándo saldrá del hospital Kakashi-sensei?

—Cuando sane.

La joven gruñe ante la inútil respuesta.

— ¿Qué día?

—No lo sé con exactitud. Podríamos ir a preguntar, quizá Naruto esté allí también.

—Supongo... —musita levantándose de su asiento, aventando nuevamente el bollo de papel, esta vez sí dentro del tarro de basura.

Sin decir más nada, procede a abandonar el sitio en compañía del moreno.

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Los característicos ojos azules del hiperactivo rubio, compañero de ambos, se posan sobre los dos jóvenes.

— ¡Sakura-chan! —la llama animadamente, al ser la primera de los dos que reconoce a través de la calle.

—Ah… ¡Naruto! —responde la aludida al voltearse atrás, de forma igualmente animada.

Tras un pequeño trote, Naruto consigue alcanzar a su equipo.

—Hace bastante que no te veía, Sakura-chan. ¿Qué tal todo? ¿Al fin la abuela Tsunade te deja descansar un poco? —conversa en tono bromista, dedicándole una amplia sonrisa a la chica.

—Sí, por fin me liberó unos días —contesta de forma automática, y riéndose también.

— ¿No era que te desagradaba el tiempo libre, Sakura? Eres contradictoria—interviene el ANBU haciendo uso de su típica ineptitud social.

La muchacha pone los ojos en blanco con cierta irritación, y emite un suspiro cansino en respuesta.

—No me sorprende, Sakura-chan es fantástica—elogia el rubio.

El ninja anaranjado, por su parte, debe admitir que, tras varias rabietas y malos ratos, comienza a acostumbrarse a las escasas habilidades sociales del ninja de la Raíz. Así que ignora sin más los comentarios algo salidos de la nada.

—Tú comenzarás a entrenar muy pronto ¿Verdad? —pregunta la kunoichi—. Justo íbamos a ver al maestro al hospital.

— ¿Ustedes también? —responde a esta frase con un mal practicado disimulo—. El sensei me pidió que fuera hoy.

—Entonces, ¿Vamos juntos? —propone el moreno.

—Eh... A decir verdad, prefiero ir sólo con Sakura-chan—replica Naruto, con una cómica mirada de disgusto a su otro compañero.

La aprendiza de Tsunade sólo se limita a fusilar con la mirada a su amigo rubio por la insinuación.

— ¿Por qué? —insiste el ANBU aún ignorante y sin tacto.

Uzumaki se sobresalta, sonrojándose por la vergüenza.

— ¡¿A qué te estás refiriendo?!

—Solo me pregunto por qué…—musita con su pálido rostro sonriente.

— ¿Necesito un motivo? —el portador del zorro evade la mirada azabache, un poco ruborizado e incomodado por sus preguntas.

—Suele haber motivos para una preferencia.

— ¡¿Eh?! —esboza una clara mueca de desconcierto, mostrando haberle perdido el punto a la conversación.

El día de la fecha, Sakura no tiene paciencia para esta conversación de locos, así que opta por adelantarse a ellos, dejándolos solos.

— ¡Espera, Sakura-chan! —exclama Naruto al notar la ausencia de su amiga, antes de comenzar a correr para alcanzarla.

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Allí están: en el hospital en el cual el ex-maestro de Naruto y Sakura se recupera de la ardua batalla librada anteriormente contra Akatsuki... Ver a su líder de equipo herido, hace que Sakura se sienta mejor con su decisión.

Sin mayor ceremonia, los tres jóvenes ingresan dentro de la habitación que resguarda el descanso del susodicho.

—Buenos días, maestro—saluda la joven, cerrando la puerta tras sí.

—Me pregunto cuántas veces se ha leído ese libro—bromea el rubio con picardía, al contemplarlo sentado en su camilla de hospital, re-leyendo la novela erótica de tapa verde.

—Dicen que es bueno. ¿Debería leerlo? —dice de la nada Sai.

Sakura se sonroja por esto último, dedicándole una mirada furtiva al dibujante.

—No digas esas cosas en frente mío, ¡Pervertido de closet!

—Buenas, chicos—saluda el jounin desde su lecho de descanso, entrecerrando su ojo sano, en señal amistosa, al trío de ruidosos de siempre.

El rubio deja de prestar atención a la mini-escena a sus espaldas, y se acerca con intriga hasta el costado de la camilla.

Hatake abandona finalmente la lectura, casi leyéndole la mente a su ex-alumno más revoltoso cuando lo tiene en frente.

— ¿Listo para comenzar el entrenamiento, Naruto?

— ¡Sí! Por supuesto que lo estoy—Responde el aludido con entusiasmo, cerrando el puño frente a sí.

—Me lo imaginaba—sonríe antes de adoptar una mirada más seria—. Mañana me darán de alta, así que dentro de dos días, a medio día, te esperaré en el viejo campo de entrenamiento n° 12 para comenzar.

— ¡Genial! ¡Con esto pronto sobrepasaré las habilidades de Sasuke! —afirma con una sonrisa aún más amplia, y con una mirada llena de determinación.

—Qué bien que ya te hayas recuperado, maestro—intercepta la rosada, sumándose a la escena—. Son muy buenas noticias.

—Créeme que lo son—le sonríe su ex-maestro.

Sakura permanece con el grupo mientras conversan. Lo que ella había ideado en realidad, era verse con su Sensei a solas, antes de que saliera del hospital…

Ahora, parece que tendrá que cambiar sus planes. En un principio, iba a pedirle ayuda Kakashi, de modo indirecto, para rastrear a Sasori. Aunque de más está aclarar que ni muerta le habría dicho la verdad. Después de todo, aún no quiere que el peso de la ley caiga encima de ella.

Primero, ella intentará sacarle las respuestas a Sasori, a los golpes si es necesario… Luego… Luego, sí. Dejará su futuro, y su vida, a manos de aquellos a los que traicionó.

Por otro lado, al haber escuchado la conversación de Naruto y Kakashi, se hace con información que le será provechosa, y sumamente útil para su auto impuesta misión. Es decir: el dónde y el cuándo comenzarán a practicar sus dos compañeros.

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Dos días más tarde, habiéndose preparado tanto en equipamiento, como en excusas; más no en su mente; la kunoichi decide interceptar a Kakashi antes de que Naruto lo haga.

Las viejas costumbres no se pierden, así que Uzumaki probablemente no se despertará a tiempo para acudir a su primera sesión de entrenamiento.

Tal y como se lo había propuesto, Sakura parte de su hogar antes de las doce del mediodía. Como su objetivo es cruzarse con su sensei antes de que Naruto lo hiciera, debe llegar antes de esa hora al lugar establecido.

Se dirige a paso ligero al punto de reunión, empeñándose, durante el camino, en distenderse de sus tensiones, en relajarse.

Kakashi, al contrario de Naruto y Sai, es un ninja experimentado y muy observador. El Ninja Copia puede darse cuenta con mucha facilidad cuando algo no anda bien, y más aún si su inusual petición no se ve creíble ni natural.

Reza porque su plan salga bien, poniendo cada gramo de su esfuerzo mental para que su actuación resultase.

No obstante, la consuela pensar que, al menos, es la última mentira que dirá. Luego de esto, dirá la verdad… Será más difícil, pero al menos estas falsedades se acabarán.

Una vez la suela de sus botas hace contacto con el suelo entre tierra y césped silvestre del lugar, sus ojos comienzan a buscar a Hatake. Sus pasos la llevan a internarse un poco más en el claro, empedernida en la búsqueda de quien fuera su maestro antaño. Sin embargo, no lo encuentra por los alrededores, ni siente su presencia cerca de ella.

Suspira.

Las viejas costumbres no se quitan, después de todo. En su nerviosismo, olvidó caer en cuenta de que el Ninja Copia no es precisamente conocido por su puntualidad.

Sonríe con cierta nostalgia, al percibir lo familiar que le resulta el pequeño detalle. Baja la mirada al césped bajo sus pies, contemplando a éste ser peinado suavemente por la cálida brisa de la primavera.

Suspira de nuevo, y procede a acomodarse contra el tronco de uno de los árboles que rodean el agreste claro. A continuación, aguarda a que Kakashi finalmente haga acto de presencia en la escena. Mientras deja al tiempo transcurrir, se siente despegar de la realidad, y perderse en un sinnúmero de recuerdos…

Varios minutos pasan, hasta que una presencia conocida más aparece en el lugar en el que ella se encuentra.

— ¿Sakura? ¿Eres tú? —pregunta el jounin de pelo plateado desde la frontera del campo, en lo que se acerca sin prisas en dirección a su ex-alumna.

—Buenos días—sonríe con entusiasmo al salir de su ensimismamiento, y se incorpora para interceptar a su ex-maestro.

Sakura debe levantar un brazo para cubrir sus ojos de los rayos de sol, que comienzan a enceguecerla una vez que abandona la sombra que la copa del árbol le ha brindado bajo su seno.

Ambos ninjas se encuentran.

Luego del amistoso saludo, Hatake rasca su cabeza, entre despreocupado y desconcertado, por el inesperado suceso de hallar a la kunoichi allí. Quién seguramente está esperando por alguien ¿Por Naruto, quizá?

— Sorprendentemente, parece que Naruto hoy llegará más tarde que usted—bromea ella, mirando en la dirección por la que provino Kakashi—. Y, por lo que veo, el capitán Yamato también.

El jounin sonríe con un dejo de pereza ante la ironía de la situación, y luego regresa su atención a vociferar su desconcierto sobre la presencia de Sakura en aquel lugar:

— ¿Qué te trae por aquí, Sakura? ¿Estabas buscando a Naruto? ¿Quieres que le deje un mensaje de tu parte?

Ella niega con la cabeza ante aquellos cuestionamientos, ganándose una mirada curiosa y expectante del hombre.

—Maestro... —Sakura junta sus manos frente a ella a modo de plegaria—. Necesito tu ayuda para una misión. Más precisamente, la ayuda de una de tus invocaciones.

La pregunta de su ex-alumna es muy inusual. El ex-ANBU parpadea perplejo ante tan extraña petición.

— ¿Ayuda de mis perros? ¿Estás en una misión de rastreo? ¿Desde cuándo tomas esa clase de misiones?

—Sólo necesito algo de dinero, y hay un noble que quiere que rastreemos un cargamento robado. Nada peligroso. Sólo un trabajo rápido para sacar un par de Ryus.

—Aun así, me sorprende que no hayas tomado trabajo en el hospital.

—Lo he estado haciendo, pero pasar tanto tiempo rodeada de enfermos y situaciones tristes está dejándome agotada. Esta misión me permitiría tomar algo de aire. En verdad necesito eso.

Kakashi ríe al escuchar la explicación.

—Comprendo. Estuve en el hospital también, te juro que no veía la hora de salir—infiere volviendo a rascar su cabeza, con su único ojo visible denotando un claro gesto de alivio—. Está bien, te ayudaré.

Acto seguido, el ninja se hace un corte superfluo en el dedo pulgar, para luego realizar los sellos correspondientes para su técnica de invocación.

Una vez efectuada la técnica, y disipado el humo consecuente de la misma, se revela ante ambos ninjas un perro con gafas de sol negras.

—El olfato de Akino es bastante bueno, y su velocidad también—explica Kakashi—. Él te ayudará a encontrar lo que necesitas, Sakura.

Luego de unos minutos para que Sakura y Akino familiarizaran, los dos se despiden de Hatake.

— ¡Te lo devolveré a salvo cuando termine, sensei!

—Te la devolveré en una pieza—acota el perro, sin dejarse tratar como cosa menor.

—Que tengas suerte—se despide por su parte el jounin, agitando su mano derecha, mientras mete una mano en su bolsillo y saca su preciado libro erótico sin otra intención que leer un poco.

Mientras Sakura y su acompañante canino corren alejándose del campo, se cruzan con el, igualmente agitado, camino de Naruto. El portador del zorro corre con rumbo contrario, dirigiéndose al campo del que ellos vienen.

Uzumaki se sorprende de ver a la rosada allí y, entre perplejo y sorprendido, ni llega a terminar de pronunciar su nombre antes de que ésta pase al lado suyo en un fugaz instante.

— ¡Hola y adiós, Naruto! Tengo prisa, ¡Suerte, y saluda al capitán Yamato de mi parte! —grita siguiendo de largo su camino ante su perplejo amigo, quien tampoco se detiene en su trayecto.

Se había quedado dormido y, por primera vez en la historia, es él quien llega más tarde que Kakashi a una reunión.

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El improvisado dúo sale del gran umbral de Konoha, y es el can el que toma la iniciativa antes de internarse en el bosque.

—Ahora que estamos fuera de la aldea, no hay manera que confunda olores. Tú sólo dame una muestra, y yo encontraré esto. En cualquier lugar del mundo, lo encontraré.

—C-claro—musita la joven, sacando de su mochila la prenda que había conservado de su último encuentro con el marionetista. Luego, lo acerca al hocico del animal con suavidad.

Akino olfatea la muestra, y luego el ambiente, intentando encontrar cualquier rastro de esencia.

—Sígueme—comanda el perro de las gafas, mientras se echa a correr—. Mi olfato puede localizar varios rastros del olor que me diste. Los más cercanos a nuestra posición son antiguos, y están casi extintos. Quizá, los ladrones hayan cometido otros crímenes cerca de la aldea, y parecen haber huido bosque adentro. Por la levedad del olor, creo que podríamos tardarnos varias horas en alcanzarlos.

—Tú eres el experto. Te seguiré, tengo raciones para unos días si fuese requerido—sonríe la muchacha, con absoluta confianza en las habilidades de rastreo y detección del animal junto a ella.

Sin más, ambos comienzan el viaje.

Avanzan sin parar, desplazándose a través del terreno silvestre, y vasto, del bosque a las afueras de la aldea. El animal se mueve mucho más rápido que Sakura, Incluso le cuesta seguirle el paso en ocasiones. Tanto así que, corriendo tras él, tarda la mitad del tiempo en llegar a la escena donde se dio su último combate con el marionetista. De hecho, parece que una lluvia ha borrado las huellas de éste.

Se detienen un instante en el bosque de helechos, donde la rosada aprovecha para recuperar el aliento. Mientras tanto, el cánido olfatea el terreno, extrañado por el peculiar descubrimiento.

—Este sitio tiene el olor… pero también tiene tú olor… ¿Qué está pasando aquí?

Sakura se estremece ante la pregunta del can. Había pasado por alto la inteligencia de su acompañante. Tiene que ingeniárselas, y rápido, para prolongar el teatro un poco más…

—Tomé esta misión antes. Intenté rastrear a los ladrones por mi cuenta, pero hasta aquí llegué.

—No le mencionaste eso a Kakashi, ni a mí.

—Fue vergüenza. No quería admitir que fallé, y no quería perjudicar la reputación de la aldea.

Hasta ella misma se sorprende de cuán bien se le da mentir cuando la presión es tan alta, pero no puede permitirse ser descubierta. Al menos, no aún.

—Eres una idiota. Deberías haber acudido a mí antes. No diré nada. Todos cometen errores de jóvenes—regaña Akino, aunque aparentemente ajeno a los verdaderos sucesos que en realidad han ocurrido. No sospecha nada… aún.

"Nadie comete errores tan grandes como los míos." Piensa Sakura, casi sintiendo la sofocante presión como si fuera un peso muerto sobre su propia espalda.

—Sigamos. Dentro de nada recuperarás tu honor. Tendremos que avanzar más—habla con determinación el animal parlante, intentando quizá darle ánimos a la joven, acarreando remordimiento temprano en ella sin saberlo.

— ¿E-en verdad? ¿Y es aún más lejos? ¿Fuera del país? —pregunta nerviosa.

—No. No lo creo, pero me temo que los encontraremos ya entrada la noche.

Una gota de sudor desciende por la frente de la joven.

—B-bien—suspira con pesadez—. Vamos para allá.

La kunoichi mantiene la farsa por el resto del viaje. Tras caer la noche, aún siguen con la frenética persecución, pero ella lo sabe, lo puede ver en el ánimo de su compañero. En cualquier momento se encontrarán con él. En cualquier segundo. En cualquier instante.

— ¡El rastro es reciente! ¡Estamos cerca! —exclama el valiente can, acelerando aún más el paso.

La ninja no responde, ya que está demasiado nerviosa porque, pese a la luz de su linterna, sabe que la oscuridad del ambiente dificultará detectar al marionetista cuando hiciese acto de aparición frente a ellos. Sólo asiente con la cabeza y se prepara para ejecutar su plan. Akino no debería estar involucrado. Nadie, salvo ella, debería estar involucrado.

El ritmo de ambos se incrementa, mientras se acercan más y más a la fuente del aroma. Sakura puede sentir la adrenalina recorrer su cuerpo sin parar, a su corazón palpitando de forma desbocada, y a las manos dentro de sus guantes sudar… Sabe que el marionetista está cerca, aunque poco fuera lo que pudiese ver, aunque no lo pudiese percibir…

De repente, y sin previo aviso, el objetivo se presenta ante ellos en un ruido sordo.

Al igual que antes, el marionetista se les adelanta. Sin darles tiempo de reaccionar a ninguno de los dos, el ex-Akatsuki se deja ver inmediatamente frente a ambos.

— ¿Estos son tus refuerzos? —se mofa sutilmente, apenas alumbrado por la luz de la linterna de Sakura—. Espero estés mejor preparada que la última vez. Mi asunto es contigo, no le tendré consideraciones a tu amiguito.

El perro intenta, con esfuerzo, detener su paso derrapando en la tierra, ya que la aparición del sujeto desconocido lo toma totalmente desprevenido.

— ¡¿QUÉ DEMON-?!

Akino no logra completar la frase siquiera. Sakura reacciona dándole un puño al suelo, resquebrajándolo en un radio de cuarenta centímetros. En consecuencia, el perro sale despedido al aire perdiendo movilidad. La kunoichi salta en dirección a su compañero de viaje y clava una jeringa en su cuerpo, soltando su contenido directo en su torrente sanguíneo. El rápido pulso que tenía, debido a la adrenalina de la búsqueda y la reciente sorpresa, hacen que los químicos se diseminen por el organismo del animal mucho más rápido de lo usual.

En un instante, la pequeña criatura cae en un coma farmacológico inducido por Sakura.

A todo esto, Sasori sólo contempla esa repentina explosión de ferocidad. Sin moverse ni un milímetro de su posición, observa a la joven tan sorprendido como interesado.

—Eso fue inesperado...

— ¡No le hagas daño! —pide rápidamente la chica en defensa del perro ninja, protegiéndolo con su propio cuerpo—. Si no lo atacas, yo no te atacaré a ti.

—Primero lo dejas inconsciente y luego lo defiendes... Como sea… Mientras no sea una amenaza, no me importa…—habla indiferente al pequeño testigo, que ahora está fuera de combate. Luego, Sasori retorna su interés, y atención, a las intenciones desconocidas de la ninja frente a él—. Pero no pude evitar notarlo… ¿No vienes a combatir?

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