Devolver el favor.


.

.

.

Avanza metódica, pero con la moral y el corazón corroídos por dentro a causa de un tumulto de emociones contrariadas. Por una parte, se encuentra aterrada por el destino que le depararía al cruzar las puertas del que alguna vez fue su hogar, y por otra, está furiosa consigo misma por haber traicionado a su gente. Tampoco ayuda que este viaje, el cual había preparado y emprendido para comprender el por qué Sasori la había salvado, no le ha resultado para nada fructífero.

Cuánta decepción se llevó por esto último.

Ahora, tiene miedo, miedo a la muerte que merece. Pero, al mismo tiempo, ella sabe que la merece. Su determinación y aprecio por lo que es justo aún siguen en ella, y en este momento son lo único que la fuerza a seguir adelante. Y lo único que la motiva a buscar el propio castigo por lo que hizo, y, a la vez, por lo que no pudo hacer.

Fuera cual fuera ese castigo.

Su estado anímico es pésimo. En verdad es peor que nunca. Empero, eso no impide que acabe por notar algo fuera de lo normal a su alrededor.

Rápida como un rayo, una presencia acapara su atención. Sin lugar a dudas, aquella figura está pisándole los talones en este momento. Además, es claro que esta amenaza que la persigue no está intentando esconderse para nada.

Vuelve la cabeza hacia un costado, y sus ojos observan hacia atrás, apenas por sobre su hombro. En una oscuridad cada vez más diluida por el advenimiento del amanecer, ve una simple mota a varios árboles de distancia. Aún así, la reconoce con la claridad del cristal.

En su pesimismo actual, ella hubiera querido creer y tener fe en que él la iba a dejar ir. En que iba a escaparse, a esconderse para no ser encontrado.

De inmediato, la joven sacude su cabeza.

"Qué ilusa fui."

Es claro que esto no iba a pasar. Él no es una persona común. Él ni siquiera es una persona, para empezar.

"Volvió por mi."

Y sólo podría estar tras ella por una simple razón: matarla para que no hable.

No, aún más macabro. Viene a capturarla para convertirla en parte de su colección. Eso es más artístico que sólo acabarla sin más.

Desesperada, y sin más pensamientos en su cabeza aparte del de escapar, intenta redoblar su velocidad para conseguir dejarlo atrás y fuera de su alcance. Partidaria de evitar el combate, por el principal problema de la precaria visibilidad que el bosque le ofrece a estas horas de la madrugada, recurre a desplazarse diagonalmente entre las ramas, en una táctica simple para confundirlo sobre su localización.

A pesar de esto, su perseguidor se ve distinto. Sus movimientos son más rápidos, más bruscos. Hasta parece tratarse de otro oponente distinto.

De inmediato, y sin previo aviso o alerta, comienzan a llover proyectiles por todo el reducido campo de visión que le proporciona su linterna.

Sakura reacciona rápido y esquiva la primer tanda de delgados misiles con relativa facilidad. No obstante, cargar al perro ninja inconciente le está cobrando una cierta penalización a la agilidad. En un fugaz instante, se detiene sobre una rama para volver a acomodar al animal, que estaba comenzando a resbalársele del brazo, y eso es lo que acaba por sentenciar su caída ante su táctico agresor.

Un senbon, traicionero y silencioso, se escabulle entre las ramas y hojas y consigue clavársele en la cara trasera del muslo, cerca del glúteo.

En consecuencia al parcial adormecimiento, que comienza a ramificarse dentro de la pierna afectada, la kunoichi flaquea al intentar saltar a otra rama, y termina cayendo al suelo.

En el intento de proteger a Akino con su propio cuerpo, termina realizando una maniobra torpe que no consigue amortiguar correctamente el impacto, causando que la ninja se haga aún más daño al aterrizar en la tierra.

El marionetista, oculto entre la cobertura que le brinda la frondosa vegetación, e incapaz de cansarse, no tarda en aprovechar el flaqueo de su perseguida para terminar con la distancia que lo separa de ella.

Sakura aprieta los dientes por el dolor al incorporarse. Tiene indicios de moretones en la piel y un hombro demasiado adolorido por el mal aterrizaje, pero eso no le impide retomar la huida frenética.

Avanza a base de pura voluntad, cojeando, con el perro bajo su brazo sano y sin detenerse para sacarse el proyectil de la pierna mala. Tampoco piensa en voltearse a recoger su mochila del suelo, que fue desprendida durante la caída.

Los senbons son armas de precisión. No generan grandes daños, a menos que sean apuntados a un órgano vital o nervio central. Por suerte, este no es el caso. Sólo está un poco sedada. Aún tiene una chance, aún puede escapar.

"Si me detengo, o giro hacia atrás, él me alcanzará."

No tarda en comenzar a sentir desesperación, al notar a su paso ralentizándose cada vez más debido al adormecimiento que se está extendiendo al resto de sus extremidades.

Presa del pánico, y en un estado más que deplorable, Sakura sólo huye de su agresor.

No obstante, un segundo proyectil da contra ella y la derriba. Ya sin sentir a ningún músculo responderle, cae boca abajo sobre la tierra y el polvo una segunda vez. Aún así, a juzgar por el dolor que siente cuando su cuerpo vuelve a hacer contacto con el suelo, cree que todavía no ha sido afectada en sus órganos.

No cabe duda que su estado actual no es una casualidad.

Con medio rostro apoyado sobre el suelo, sólo presencia cómo el ex-Akatsuki camina hasta quedar en su, ahora borroso, campo de visión.

Lo ve pararse a su lado.

Teme por su vida. Pero aún más siente la bronca de que ya no pagaría por sus crímenes. Al menos, no frente a quienes debe hacerlo.

Por su parte, Sasori se queda parado, observándola desde arriba con frialdad.

Pero ella ya casi no consigue distinguir su silueta. Sólo ve una mancha amorfa y cambiante de color negro y rojo.

—Necesito detenerte. Será mejor que te calmes. Si no traes problemas, me encargaré de que a tu perro no le pase nada más que una pequeña extensión de su siesta.

— ¿P… por…q-qué…? —intenta preguntar desde el suelo, sintiéndose impotente por la desesperación que le provoca el no poder mover un mísero musculo, ni siquiera de su rostro.

El maldito enfermo es demasiado bueno en lo que hace.

—Te lo diré más tarde.

Ella hace un esfuerzo por no perder la conciencia, pero su vista se vuelve más y más borrosa, hasta que finalmente acaba por quedar inconsciente tras unos breves segundos de lucha.

.


.

Para cuando Sakura finalmente despierta, su cuerpo aún se siente entumecido. Y lo segundo que nota, al recobrar la lucidez, es que está recargada contra un árbol.

Escucha agua correr no muy lejos de donde se encuentra. Parpadea varias veces para aclarar su vista, hasta que consigue distinguir todos los matices que conforman a su alrededor: un pacífico claro, en medio del bosque, con un arroyo cruzándolo a cierta distancia de su posición. Por otro lado, ahora es de día. Por lo que no demora en sentir los rayos del Sol brindándole calidez, y dándole de lleno en el rostro.

La ninja intenta moverse, sólo para notar que no tiene suficiente control de sus extremidades. Todo el esfuerzo que realiza, apenas le alcanza para moverlas un milímetro.

Frustrada, mira a su derecha sin mover su cuello, y ve a Akino recostado a su lado, inmóvil. Por un momento, teme que estuviese muerto, pero se tranquiliza al ver el movimiento suave de su respiración. Parece dormido. O, al menos, igual de intoxicado que ella.

Ahora, mira a su izquierda y encuentra su mochila, también recargada en el tronco del árbol.

— ¿Qué pasa? —pregunta en voz alta, sin esperar respuesta alguna.

En realidad, lo hace sólo para ver si aunque sea tiene control sobre sus cuerdas vocales. Al parecer, esa parte de su cuerpo aun posee cierta libertad.

De un momento al otro, Sasori aparece en escena, caminando hacia ella con una jeringa en la mano, que rápidamente guarda dentro de su túnica.

Sakura lo observa con odio. ¿Quién se cree que es? ¿Qué rayos está planeando?

El sujeto frente a ella sólo es un psicótico, un monstruo sin empatía alguna. Las sensaciones acumuladas de lo que le ocurre en este sitio, y de lo que debería estarle ocurriendo en Konoha, son demasiado para que la joven pueda pensar con claridad.

—Tendremos una charla más. Luego, los paralizantes perderán efecto. Ya veremos que ocurre desde ahí—habla la marioneta, como si esta situación no tuviese nada de anormal.

Luego, se posiciona de cuclillas para poder ver a la mujer a los ojos desde su misma altura.

Gracias a este oportuno cambio de posición y perspectiva, Sasori consigue alejarse del Sol lo suficiente como para que la ninja fuera capaz de sostenerle la mirada sin problemas, ya sin la molestia de la luz enceguecedora disparándole desde arriba de la rojiza cabeza.

— ¿Por qué no estoy muerta? —pregunta con perplejidad, aún ligeramente aturdida por la droga.

—Dije que no sería responsable de tu muerte. De hecho, estoy tratando de evitarla.

—He decidido…

— ¿Te parece que estás en situación de decidir algo? —Corta la oración haciendo uso de su autoridad, obtenida a la fuerza.

—No tengo por qué creerte una palabra—espeta de mala manera, cortante y enojada.

—Y yo decidí que no seré responsable de tu muerte.

— ¿De qué demonios estás hablando? ¿Se supone que, siempre que hablas con alguien, lo paralizas primero? —vuelve a espetar una mordaz Sakura, con indignación por la situación.

—De hecho, es algo bastante común—acota con ironía el pelirrojo, como si aquello fuera algo de poca importancia—. Escucha, porque seré directo: quiero evitar tu muerte, y notarás que tengo recursos para hacerlo...

La rosada frunce el ceño, aún más indignada y molesta que antes.

—Todos quieren vivir. Si quieres morir, es por un motivo. Tengo que destruir ese motivo. Quiero que desistas en tus intentos de suicidio, y no es mi preferencia abusar de los sedantes. Pero estaré dispuesto a hacerlo si no hay otra alternativa más pacífica.

El pelirrojo entrecierra y afila aún más su mirada con la última advertencia.

Sakura, por su parte, sólo ríe. No le queda más que reír. La situación no tiene ningún sentido. Ese sujeto, además de ser peligroso, está totalmente loco.

— ¿Qué demonios es lo que tienes en la cabeza? ¿Ahora se te da por evitar que muera? ¿Incluso si yo soy la que quiero entregarme? —pierde la compostura de nuevo, elevando el tono de su voz con cada vez mayor furia en él— ¿¡Por qué!?¡¿Es que nunca es suficiente para ti?! ¡Ya déjame en paz!

Indiferente a sus reproches, Sasori vuelve a dirigirse a ella con inmutable calma, como si intentase hacerla entrar en razón.

—Quiero que vivas. No quiero ser el responsable de tu muerte, no puedo permitirla.

— ¿¡Por qué no puedes permitirla!? —cuestiona aún más, si esto es humanamente posible, molesta y enojada que antes.

El pelirrojo sigue sin variar su timbre o su expresión a la hora de responder a la demandante kunoichi. Sólo se limita a parpadear un par de veces, entrecerrando nuevamente los ojos, como si se sintiese confundido acerca de algo.

—No lo sé, aún no lo comprendo del todo. Pero sé que esto es mi responsabilidad. Así que no morirás por mi culpa. Está decidido.

Ella hace caso omiso del sutil lenguaje corporal de la marioneta frente a ella. Sigue creyendo que está jugando con ella. Sigue sintiéndose furiosa por este ridículo sinsentido. Y niega con la cabeza con terquedad.

—Eso es totalmente estúpido—replica en un casi susurro, bajando la mirada con frustración hacia su propio regazo.

—Tú sabes lo que es tener una meta, a primeras vistas estúpida, y querer cumplirla a toda costa.

Esa contestación finalmente logra afectar un poco a Haruno. ¿Se refiere a cuando intentó matarlo? ¿O a que aún quiere entregarse?

Pasmada y perpleja, se queda sin palabras para responder.

Sasori hace uso de este nuevo silencio, para demostrar su punto y dejar en claro sus intenciones:

—No te maté, y tuve mis chances. Tu perro está sedado, cuando pude haberlo matado. Tómalo como una muestra de que no estoy jugando.

— ¿Que no estás jugando?—repite con los dientes apretados—. Primero, me salvas de morir. Luego, me dejas irme para que me entregue. Y ahora no me dejas recibir mi castigo. ¡¿Cómo puedes decir que no estás jugando?!

Le grita, sin encontrarle razón de ser a todo esto. Aún así, sin poder mover el cuerpo, se ve mucho más desesperada que amenazante.

El marionetista, por otro lado, se ve más intrigado que molesto por ésta última objeción.

— ¿Castigo, eh? ¿Castigo por qué?

—Por no poder matarte. Por traicionar a mi aldea. Por el daño que causarán mis acciones—recita la joven como si fuera lo más obvio del mundo.

Sasori siente cómo lo dicho por la mocosa vuelve a reafirmar en silencio la teoría por la cual él la había detenido en su intento de "suicidio". Por lo que decide seguir tratando de esclarecer el asunto, y tratar de conseguir, de una vez por todas, que ella desistiese de sus estúpidas ideas autodestructivas:

—El problema es que yo siga con vida…Entonces, ¿Si yo muero, ya no hay necesidad de castigo?

Sakura escucha perpleja la frase, mas guarda silencio y no lo interrumpe. ¿Acaso él está contemplando la idea de morir?

Para ella, esto sólo prueba, aún más, cuán inestable es este sujeto. Por lo tanto, le sirve como recordatorio de que no debe bajar la guardia, ni mucho menos confiar en ninguna sus palabras.

—Te salvé, cuando mi en mi misión debí matarte… Así que traicioné a mi aldea. Merezco pagar por ello, y nada de lo que digas va a convencerme de lo contrario. —siente su sangre hervir ante toda esta farsa—. Desiste de una vez por todas, por amor de todos los dioses.

—Entonces, si me matas cumplirías con tu misión, y aún en ese caso ¿Todavía habría necesidad de castigo?

Como ya era casi de esperar, el Akasuna ha vuelto a ignorar sus reclamos, y sigue persiguiendo su tonto objetivo. Este tipo está siendo realmente pedante e irritante. ¿Por qué insiste tanto? Peor aún, se encuentra hablando del tema como si fuera poca cosa, sin entender ni importarle nada de todo lo que ella está pasando por esta acumulación de sucesos y errores.

— ¡YA CÁLLATE! —le grita fuera de sí— ¡¿Acaso te crees que quiero seguir impune después de lo que hice?!

El criminal comienza a reír. Al principio, despacio. Luego, sin contenerse.

La risa, descarada, jocosa, y hasta sádica, no hace más que sonarle como mil insultos a la ninja de la Hoja.

—Tú no te sientes mal por fallarle a tu aldea—vuelve a reír—. Esto no se trata de Konoha, ni de la misión, ni de ninguno de esos grandes ideales de los que tanto presumes.

El titiritero cesa de reírse por un momento, para quedarse observándola con los ojos más abiertos de lo normal, y extraña y retorcidamente divertido por la situación.

De este modo, ya ha conseguido ganarse el odio casi total de Sakura, quien no puede hacer nada más que sostenerle la mirada con impotencia y cierta repugnancia.

—Tú tienes vergüenza. No quieres vivir con lo que has hecho. No te soportas a ti misma. Esto jamás tuvo que ver con tu aldea, ¿Verdad? Es solo tu orgullo.

Los verdaderos colores de Sasori se ven ahora. Él no está ofreciendo su propia vida. Al menos, ella ahora no lo cree así. Está midiendo su mente. La está interrogando para contrariarla. Y el desgraciado bastardo ha llegado más profundo en su cabeza de lo que ella misma jamás logró llegar.

Ahora, lo detesta aún más por haber sacado a relucir una desagradable verdad. Una verdad que se siente casi como una abofeteada en toda la cara para Sakura.

Sin poder decir nada en su defensa esta vez, lo único que atina a hacer es quedarse con un trillar de palabras groseras en la punta de la lengua, al darse cuenta de la enorme contradicción en su modo de actuar.

Y es que, en cierto momento de la historia, aquel asunto ha dejado de ser tratado de modo profesional, o como una mera cuestión de honor o deber como shinobi de Konoha. Ha mutado a ser un asunto más personal con él, con ella misma. Le ha cogido un resentimiento personal a Sasori, al asunto, a sí misma.

Esta última reflexión, la hace relajarse inconscientemente de su, hasta ahora, actitud severa y hostil. Sus facciones se serenan, su respiración se tranquiliza, y su profunda mirada color jade observa silenciosamente su propio regazo.

El pelirrojo vuelve a hablar luego de unos instantes, sacándola de su ensimismamiento temporal para lograr que subiera nuevamente su mirada para contemplarlo en silencio. De más está aclarar que, para él, el cambio de aura expresado a través del lenguaje corporal de Sakura no pasa desapercibido.

—Yo no estoy precisamente orgulloso de mis acciones. Tú lo sabes: la primera vez que nos vimos, en la agonía, yo perdí mi voluntad e iba a dejarme morir. Tal como tú quieres hacer ahora. ¿Sabes por qué quiero vivir?

La rosada lo observa con expresión casi confundida, mas no lo interrumpe.

—Sólo el que vive puede mejorar hasta estar conforme consigo mismo. Sólo viviendo podría encontrar algo digno de ser llamado arte en mí—hace otra leve pausa, a punto de cometer su segunda y más grande infidencia—. Si hubiese muerto ese día, me hubiese pasado lo que te pasará a ti cuando te entregues. Desde la otra vida, verás cómo moriste sin llegar a ser lo que deseabas. Tú me salvaste de eso, e intento devolverte el favor. Te quiero viva. Y tú no quieres morir pensando esta basura de ti misma.

Sakura se había aleccionado a sí misma para desconfiar de todo lo que ese sujeto dijese. Sin embargo, algo dentro de ella se deja convencer por aquellas palabras, y casi sin su consentimiento. Al menos, sin el consentimiento de su mente consciente.

Ella quiere culpar a las circunstancias actuales de su vida como las causantes de su confusión. Aunque, incluso de esta manera, todavía se encuentra incapaz de negar que esta es la primera vez que Sasori suena especialmente elocuente. Tan elocuente, que ahora realmente le está costando creer que esto es otra mentira barata para manipularla a su conveniencia.

No obstante, decide mantenerse en silencio por un momento más. Aún necesita unos instantes extra para meditar una respuesta, u acción prudente ante la inesperada confesión.

No quiere admitirlo, pero esas palabras la han afectado. Aún así, jamás cometería la estupidez de demostrarlo, y de este modo verse aún más débil o influenciable. Después de todo, ella aún no confía para nada en él, y esto tampoco le parece motivo suficiente para comenzar a hacerlo.

Sasori, por su parte, no necesita ninguna respuesta para continuar con su discurso:

—No espero que cambies tu manera de verme. Yo mismo creé mi fama, y veo que la creé de manera efectiva. El punto es que quiero evitar tu muerte, y, para eso, tengo que eliminar lo que sea que te incline al suicidio. Te quiero viva.

Vuelve a repetir la última frase, como queriendo que a ella se le grabase a fuego en la mente.

—No es tu decisión—le responde cortante la chica, pero sin ánimo de volver a levantar la voz, ni de enfadarse al vicio, para luego ser ignorada descaradamente. Más bien, intenta advertirlo de modo implícito de que no tiene ningún derecho de manejarla a ella, y a sus acciones, como a él se le antojase.

—Tú eres persistente. Créeme que lo sé, y es algo que aprecio. Pero dije que te quiero viva.

— ¿Tanto como para matarte?

—No lo dije en serio—replica el pelirrojo, sin perder el tono de seriedad que ha venido utilizando durante el último tramo de la conversación.

—Mientes—acusa con renovada irritación.

—Pensé que si me matabas, ibas a renunciar a la idea de entregarte. Probé mi hipótesis. No te hagas ideas estúpidas.

Los ojos de la joven se abren un poco más al escuchar esto último.

— ¿Debo suponer que fue un acto altruista de parte de algo que no tiene sentimientos?

Si hay algo que aún no ha cambiado, pese a todos los infortunios que le habían tocado pasar, es que aún peca de conservar esa veta curiosa que de vez en cuando la deja mal parada.

—Dije que te quiero viva—vuelve a repetirle, como si fuese una nueva verdad universal.

Mientras el renegado más se empeña en repetir esta premisa, aún más incrédula y confundida acaba la rosada.

— ¿Tanto vale mi vida para ti? —pregunta con una mueca entre contrariada e incrédula, y sin estar convencida en absoluto de sus palabras.

— ¿Aún dudas al respecto?

—Deja de burlarte de mí ¿Quieres? Eres detestable—evade llevando la cabeza hacia atrás para recargarla contra el tronco.

Casi parece que tan obvias preguntas son hechas sólo con el objetivo de exhasperarla. Así que, harta ya de todo esto, sólo suspira con frustración y cierra los ojos verdes con cansancio.

—Bien. Veámoslo de la siguiente manera—Sasori decide cambiar de estrategia. Intenta abordar el asunto desde un ángulo más político—. Guardé cierta información. Puedo dártela para que ayudes a tu aldea. Akatsuki irá tras el Kyubi, y no serán sutiles... De hecho, con la clase de monstruos que enviarán para capturar a tu amiguito, no necesitarán serlo tampoco.

La rosada ya no tiene la cabeza recostada contra el árbol. Ahora, está erguida nuevamente y con los ojos clavados en los ajenos, escudriñándolos entre atenta y expectante, hasta sorprendida.

Sasori esboza una media sonrisa de complacencia ante el resultado de su pequeña artimaña.

—Podría informarte sobre sus técnicas, y así evitarías que tu aldea y amigos sufran demasiadas perdidas... Créeme que no hay forma de que no haya ninguna. Donde ellos pisan, siempre hay muertos.

Sakura parpadea, obligándose a ser precavida. Esta extraña y totalmente sorpresiva propuesta le da un mal presentimiento.

—No tengo por qué confiar en ti. Además, mi aldea puede defenderse por sí misma.

Sasori, por el contrario, ríe por lo bajo ante tal absurda negativa de la kunoichi. Por más desconfiada que sea de él, eso no se lo cree ni ella misma.

—No tienes idea de a qué están por enfrentarse... Si crees que yo soy un peligro, ellos están a otro nivel. Son en realidad inmortales.

Haruno se queda en una pieza al comprender que él va a totalmente en serio con lo que dice.

—El destino que le espera a tu aldea no es agradable. Puedes ir, entregarte y morir, dejando a Konoha sin uno de los médicos que créeme que necesitará. O, puedes negociar conmigo y darles una chance de salir bien parados ante esa situación.

La muchacha siente un escalofrío recorrerle la espina dorsal. La idea la intimida, y encima el Akasuna es plenamente consciente de que ella ya no podrá hacer caso omiso a esta realidad.

—Sólo te diré una cosa por adelantado: ellos enviarán sólo a dos ninjas, sólo a dos shinobis, para que entren a tu aldea, pasen por sobre la seguridad, peleen contra todo el que se oponga y capturen a la bestia de nueve colas. Sólo a dos personas.

El rostro de la chica capta totalmente lo que el pelirrojo está diciéndole. Tanto que su expresión muta a una de preocupación total.

El marionetista se jacta internamente por haber dado en el clavo.

—No puedes imaginar qué clase de monstruos son. ¿Quieres que tu aldea pelee sin información sobre ellos?—pregunta de forma suspicaz.

Una gota de sudor resbala finalmente de la frente de la ninja, al verse atrapada en una real y casi palpable encrucijada.

— ¿Esos Akatsuki...son inmortales? —interroga atónita, sin dar crédito a lo que oye—. Me cuesta imaginar algo más horrendo y asqueroso que Orochimaru y tú.

El renegado ignora el insulto gratuito sin demasiados problemas.

— ¿Negociarás?—comienza a insistirle a su cautiva, pero sin perder la formalidad de su voz.

—No voy a hacer trato con un crimi…

—Artista—la interrumpe casi por inercia.

—Cállate, imbécil—vuelve a enojarse por un segundo, esta vez sin retener las groserías que piensa dentro de su boca.

— ¿Apenas puedes hablar, y aún así sigues insultándome? —Sasori ríe, ligeramente entretenido ante la perseverancia casi teatral de la chiquilla—. Escucha: que yo siga con vida es un fracaso para con tu aldea, pero puedes convertir mi existencia en algo útil para ti. Es eso, o ve y muere sólo para dejar a tu aldea perecer cuando tuviste la oportunidad de ayudarla.

Sonríe de medio lado nuevamente, al contemplar en su expresión que ella está a punto de ceder.

—Cuando los veas a todos en la otra vida, será divertido explicarles—realiza su último movimiento, con una satisfacción interna sólo equiparable a su maestría al momento de negociar con un potencial aliado.

La mirada de Sakura se vuelve súbitamente triste, mientras sus ojos se clavan en el hueco entre sus muslos. No puede creer que esté realmente contemplando la idea de hacer un trato con Sasori...

Aún así, ella no ve pérdida alguna en seguir siendo cautelosa...

—Por más tentador que suene—se apresura a detener el avance de las maquinaciones del marionetista—, ¿Cómo sé que no seguirás cometiendo crímenes y asesinatos con libertad?

Lo interroga dirigiéndole una mirada entre desconfiada y reprobatoria.

Sasori nota que ella no ha negado su propuesta.

—Si prolonga tu vida, ten por seguro que me privaré de hacerlo—asegura sin dejo alguno de segundas intenciones en su porte—. No mataré a menos que sea necesario.

— ¿Necesario?—repite con el ceño fruncido.

—Protección de mi propia vida o la tuya.

— ¿Pero cómo puedo confiar realmente en lo que dices? —vuelve a demandar, queriendo convencerse a toda costa de que el pelirrojo no está ocultándole una posible mentira.

—Permaneceré en este sitio, y podrás buscarme cuando te plazca. Después de todo, no estamos muy lejos de donde te derribé.

Aclarado el punto otra vez, el marionetista vuelve a preguntar, impaciente por la confirmación final:

— ¿Negociarás?

— ¿No vas a pedir nada más? ¿Sólo que viva? —continúa desconcertada, aún preguntándose hasta qué punto el sujeto frente a ella mantiene la cordura.

—Cuando negociemos, veremos si consigo algo más—infiere esta vez casi sin poder seguir ocultando su impaciencia—. Por ahora, sólo tu vida. ¿Estás dispuesta a hacer un trato, entonces?

Ella se queda callada un momento más. Desde hace unos diez minutos que se hizo a la idea de que terminaría accediendo de alguna u otra forma, pero no quiere hacerlo sin antes evaluar completamente la situación.

Intenta hacer otro esfuerzo en leer intenciones ocultas en la faz del pelirrojo, pero, como siempre, éste se mantiene inmutable y apático.

—B... bien—accede finalmente.

Ahora que el trato está cerrado, y que la situación puede decirse que juega a su favor, Sasori prosigue, animado e interesado, a explicarle las condiciones del particular tratado:

—Esta es mi oferta inicial, y creo que será generosa. Volverás a tu aldea y no harás nada estúpido—hace una pequeña pausa para ponerse de pie, pero no se aleja de su actual sitio—. Te encontrarás conmigo dentro de cinco días, a partir de hoy, en este mismo lugar. Aquí recibirás parte de la información. Y, si no noto nada raro, recibirás aún más, siempre luego de intervalos de cinco días.

—Bien—vuelve a repetir como autómata, con la mirada perdida en algún punto del paisaje y el ceño fruncido en un dejo de indignación, al contemplar lo bajo que ha caído al hacer negociar con un asesino como él.

—Perfecto. Así me asegurare de que sigas viva, y tú tendrás tus datos.

Ahora, saca de nuevo la jeringa de su túnica. Vuelve a agacharse junto a ella, y, con una velocidad más que práctica, clava la aguja en su hombro, presionando lentamente el pequeño objeto y permitiéndole al fluido entrar en el organismo de Sakura.

Ella siente un ligero calor, y contiene la respiración debido a la nueva y brusca cercanía de él. Por un momento, vuelve a tener por su vida. Jamás confiaría en lo que él le inyectase en sel cuerpo, pero ahora no tiene opciones. Ya que ni siquiera puede moverse.

—Mis venenos, mis antídotos. Podrás pararte en unos minutos. Tengo una dosis extra para tu amigo. Cuando despierte. no recordará nada de lo sucedido. Me tomé la libertad de dejarla en tu equipaje—habla con calma inmutable, y mirando fijamente la jeringa clavada en su hombro, como si la cercanía física actual no necesitase de su atención, ni fuese motivo de incomodidad en lo más mínimo.

La expresión de Sakura pasa de afligida a asombrada al oír esto último. De manera inconsciente, se relaja al escuchar la palabra 'antídoto' dentro del discurso.

El pelirrojo, aún sin mirar directamente su rostro, sino su hombro, prácticamente descifra sus facciones y le lee la mente.

—Aún dudas de mi... —acota frunciendo el ceño con expresión aburrida en el rostro cerámico—. Escucha, soy un artista, no un sádico.

Retira la jeringa de la piel ajena, de forma tan hábil como la introdujo.

—Si quisiera matarte, ya lo habría hecho. No demoro más de lo necesario. Odio esperar.

El pelirrojo vuelve a ponerse de pie, cediéndole espacio a su cautiva para que se incorporase.

Haruno suspira con cierto alivio.

—G… Gracias… Supongo—responde aún un poco incómoda, mientras siente como sus extremidades poco a poco comienzan a responder.

La joven sube el brazo izquierdo para sobar su hombro derecho, el cual había sido pinchado por la aguja, y que a la vez es el mismo que se había golpeado la noche anterior.

—Supongo que me has ahorrado la molestia de hacer eso yo misma…

Sasori ríe ante el comentario.

—Eres buena. Muy buena. Pero… ¿Desarrollar un antídoto para un veneno desconocido, mientras estás afectada por él?... Si lo logras, me inclino ante tu habilidad.

Dicho esto, el precavido marionetista se aleja aún más pasos de Sakura.

La rosada procede a ponerse de pie como puede. No obstante, sus piernas todavía no coordinan del todo bien como para poder sostenerse por sí mismas. Por lo que se tambaleó hasta volver a apoyarse contra el tronco tras ella. D este modo, el árbol le servirá de soporte en todo lo que su cuerpo demore en recuperar poco a poco la motricidad.

—Por mera curiosidad… ¿Qué se supone que harás en todo ese tiempo?

Cuestiona, entre curiosa y desconfiada, con una mano aún apoyada en el tronco.

—Esperar. Pensar que haré si pretendes dañarme o vienes con refuerzos. En pocas palabras: pensar y asegurar mi supervivencia. No es que tenga otra cosa que hacer…—responde el ex-Akatsuki, nuevamente como si se tratase de un asunto irrelevante.

— ¿No vas a ir por ahí volviendo marioneta a las personas? Supongo que es un principio…—comenta ella con ironía.

—No tengo equipo para hacer esas cosas—finalmente, él parece haberse ofendido un poco por el ninguneo artístico—. Además ¿Te crees que cualquiera tiene el privilegio de entrar a mi colección? Te dije que soy artista, no asesino.

—Creo que ya me estoy arrepintiendo de esto—vuelve a acotar la joven, con más ironía que antes.

—No, no te estas arrepintiendo—rebate el pelirrojo, viendo por detrás de la frase.

Ella sacude un poco su cabeza.

—Suficiente. Tendré que verte en cinco días. Pero no tengo por qué verte ni un sólo segundo más hoy—sentencia con firmeza, dejando en claro que el encuentro ha terminado.

El marionetista asiente, y se despide con el mismo rostro apático con el que la vio despertarse. No tarda en perderse en el bosque.

Al quedar sola una vez más, Sakura observa al cielo. Los rayos del Sol ya no están tan fuertes... Probablemente, el mediodía ya quedó atrás.

Una vez que siente haber recobrado sus fuerzas casi por completo, la muchacha se dispone a revisar su equipo y a prepararse para partir.

Maldice su situación… Aunque, dentro de todas las opciones posibles, esta parece ser la mejor de todas. O, al menos, eso es lo que quiere decirse a sí misma.

Aún así, las mentiras todavía no se acaban... Y no parece que vayan a acabarse pronto.

.

.

.


Nota de autores

Pusimos una buena porción de nuestros cerebros en hacer este fic y muy particularmente este capítulo lo más fiel a los personajes que fuera posible xDD

Creo que no lo he dicho antes, pero una opinión, crítica, amenazas de muerte o tomatazos sobre estas escenas serán muy apreciados para nosotros.

Una última cosa yo (lahonestidadenmi) estoy en una época de exámenes por lo que retrasare las publicaciones por unos días. Si algo se realiza será más por la ayuda de mi co autor que por mi participación.

Gracias por leernos.