La línea.
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Una vez más se encuentra sola.
Él no la ha matado. Eso se siente… bien. Del mismo modo, ahora ella tampoco planea morir al regresar a la aldea.
Esta nueva situación la alivia muchísimo. Sin embargo, este alivio es algo que no deja de saberle amargo a la aprendiza de la Hokage.
De repente, se pregunta qué tanto castigo merece sentir este alivio.
"La muerte resulta poco."
Luego de recuperar por completo el control de su cuerpo, Sakura se acerca al can inconsciente y lo alza con suavidad. Sin más contratiempos, emprende el camino de regreso a Konoha.
Aún ve aquel lugar como su aldea... y le molesta pensar que no merece llamarla 'suya'.
Mientras avanza por el bosque con el perro a cuestas, sólo ruega a la nada misma que ese pacto que firmó con un ser que, a sus ojos, podría ser el mismo diablo, valga la pena. Si debe vender su alma y dignidad, espera al menos ayudar a la aldea. Aldea a la que ella misma puso en riesgo con sus acciones, en primer lugar.
Quizá ya no tenga honor… Eso le suena irreparable.
"Pero espero al menos tener utilidad en esta situación." Piensa, rogando nuevamente para que esto merezca la pena.
Por más que desde hace un rato ha abandonado el suelo para pasar a desplazarse por las ramas de los árboles, el camino se le hace eterno a la médica.
Aunque se sigue sintiendo mermada en fuerzas, reconoce el camino por el que está transitando, y no está demasiado lejos de su destino.
Como hoy es miércoles, plena mitad de semana, el umbral de Konoha y alrededores no estará casi concurrido. Por ello, no habría demasiados ojos curiosos en las calles. Está sumamente agradecida por eso.
Tras un par de horas de viaje extra, la joven detiene su marcha justo antes de arribar al sendero de tierra que conlleva a las gigantescas puertas de Konoha.
Una vez más vuelve a confiar en Sasori cuando saca la jeringa de su mochila, e inyecta el supuesto antídoto en el can con tanto miedo como cuidado. Pero corrobora con más alivio aún que el marionetista no la ha engañado. A continuación, comienza a sentir al animal bajo su brazo moverse suavemente en el lapso de tiempo siguiente a la inyección.
Una vez que Akino recobra el conocimiento, y se irgue sobre la tierra en sus cuatro patas, no resulta demasiado difícil mentirle para cubrir lo que en verdad ocurrió. Una historia inventada sobre el origen de los químicos que lo sacaron de combate resulta ser más que suficiente.
Además, Sakura lo tranquiliza diciéndole que, mientras que él estuvo en coma, ella se encargó de cumplir lo que fue a hacer allí en primer lugar. Técnicamente, eso no es una mentira. El perro confía en ella, quizá porque es ella quien lo cargó sano y salvo hasta allí y lo sacó de los efectos del veneno, o quizá porque Sasori puso algo en el perro para turbar su juicio. Esa última posibilidad no le resulta tan fuera de lo posible a la médica.
—No vuelvo a hacer esto nunca más—es lo único que musita el animal, aún algo aturdido, para luego desaparecer en una nube de humo y retornar al lado de su despistado dueño.
Luego de quedar acompañada nada más que de sus pensamientos, Sakura vuelve la vista hacia atrás. Alzando su mirada al rojizo firmamento crepuscular, la mujer observa hacia el horizonte por el que ha venido.
A decir verdad, ahora no tiene ni la menor idea de qué es lo que le deparará el día de mañana. Las cosas han cambiado brusca y completamente, tanto que ahora siente que su vida jamás volverá a ser lo que alguna vez fue.
Contempla la infinidad sobre su cabeza en silencio, como intentando mirar hacia el pasado; sintiendo a su vez la suave caricia de la brisa primaveral sobre ella, que le revuelve y despeina los cabellos.
El pasado no está allí, no se contempla allí, ni se alza ante sus orbes esmeraldas.
"No el pasado previo a Sasori, y tampoco el pasado antes de la partida de Sasuke." Resume con cierta decepción.
Recuperándose de su pequeño momento de ensimismamiento, reanuda su marcha para regresar a su hogar.
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La noche siguiente a la despedida, el bosque, más la oscuridad de una noche sin luna y la leve luz de las estrellas rodean al marionetista, quien regresa al sitio en donde próximamente volvería a ver a su actual inspiración.
Ella sigue viva, y él también. Eso es bueno, no lo niega, pero, aun así, no alcanza para aliviar lo tortuoso de la espera. Él odia esperar. Él siempre odió esperar hasta en los lapsos de tiempo preestablecidos.
Por otro lado, de momento él cumplió su objetivo a corto plazo: logró extender la vida de la chica, o, al menos, extenderla por ahora.
"Pero, ¿A qué precio? ¿Por cuánto tiempo?" Se pregunta con una pizca de paranoia.
Su mente está cambiando y torciéndose. Su lógica toma nuevos rumbos, rumbos distintos, pero no por ello menos convincentes.
Sasori encontró la belleza sin tener que crearla. Eso de por sí cambia muchas cosas. La definición de arte se ve aún más compleja ahora que antes. Él creía que la humanidad y la eternidad eran naturalmente cosas opuestas, que nada artístico podría existir en un ser humano, a menos que sea forzadamente puesto en él. Ahora, mientras que con los aspectos físicos eso se mantiene igual… Con todo lo demás la línea es confusa.
"¿Qué hay con ese tipo de voluntad? ¿Es innata? ¿Es adquirida? ¿Es replicable?" Esa última pregunta le importa a sobremanera.
Quién sabe. Si es algo único, si es algo que no puede reproducirse, entonces esta oportunidad es algo invaluable.
Por ahora, se conforma con la posibilidad de verla de nuevo. Un par de veces, o al menos una vez más. En ese tiempo, tiene que convencerla de que permanezca con vida, haciendo que enmiende su error con su aldea, o quizá dándole un motivo para vivir.
A decir verdad, no sabe muy bien cómo hacerlo... pero hacerlo se siente correcto.
Lo hizo otra vez, le dejó el camino a la kunoichi para que vuelva a encontrarlo, y esta vez sin sutilezas, sin pistas. Sencillamente, un sólo punto en el mapa. Fue un movimiento demasiado arriesgado, lo reconoce.
"¿Por qué?"
La respuesta todavía lo evade. Esa cosa en su cabeza aún se mueve, y aún no la hace encajar como para comprender sus acciones...
Ya quiere que esto acabe... Ahí está ese engranaje fuera de sitio rebotando en su mente, desdibujando lentamente los trazos que definen los más principales conceptos que rigen su comprensión.
Quiere que sus ideas se aclaren. Quiere comprender por qué... pero la razón todavía escapa a su capacidad.
Más temprano que tarde, Sasori llega al sitio del encuentro. A continuación, comienza a planear como ganar posibles batallas en el terreno, en caso de que ella no vuelva sola. Sin duda alguna, agradece la distracción. Al menos, pensar en estrategias es algo que aún puede hacer sin confundirse.
"Esto hará la espera menos insufrible."
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La pesadez del día anterior parece haberse perdido, si no por completo, al menos en su mayoría.
La rosada se encuentra recostada en su propia cama, tapada hasta el cuello y dormida profundamente, hasta que una mano femenina la mece invitándola a dejar el sueño.
—Oye, Sakura ¿Hasta cuándo piensas dormir? —cuestiona entre risas la voz de una mujer mayor a la kunoichi, dando a entender que no desistiría en sus intenciones de despertarla.
— ¿Eh...? —balbucea luego de un rato totalmente adormilada. Acto seguido, la joven refriega sus ojos con torpeza, mientras se incorpora con pereza en la cama.
—Son las 6 de la tarde, hija—le recrimina Mebuki, alejándose del lado de su cama para abrir las cortinas del único gran ventanal de su habitación, iluminando la estancia por completo.
La luz repentina y potente enceguece a Sakura por un momento.
— ¿Tanto dormí? —pregunta parpadeando como un topo arrancado de su madriguera.
—Enhorabuena, batiste tu récord—vuelve a bromear la mujer adulta, volviéndose sobre sus pasos para abandonar la recámara—. No se te trastornaba tanto el sueño desde que promocionaste para chunin.
—Muy graciosa—contesta de su usual mal humor matutino.
Ahora, a Haruno no le queda otra que levantarse de la cama. Tan cansada llegó luego del ajetreo del día anterior, que se había dormido con la ropa puesta, aquella con la que fue a su "misión".
Lo primero que hace tras abandonar el lecho es entrar al baño, y encerrarse allí dentro para dar comienzo a su rutina de una vez.
Deja abiertos ambos grifos de la ducha, permitiendo que la habitación se impregne de vapor en lo que ella se deshace de toda su ropa.
Luego de confirmar la temperatura del agua, Sakura dedica el tiempo necesario a cuidar de sí misma. Entra a la ducha y cierra los ojos, permitiéndose sentir el torrente de agua tibia caer sobre su piel. Es una sensación táctil agradable para variar, aunque un poco contaminada por aquellos puntos de su cuerpo que aún conservan vestigios de las "batallas" de ayer.
Durante los siguientes minutos, la muchacha enfoca su atención en curarse y recuperarse del evento, borrando toda huella física de lo ocurrido con el jabón y sus técnicas médicas, para que así tampoco quedase rastro del pasado sobre su ser.
"Ojalá pudiera ejercer el mismo tratamiento sobre mi mente."
El tiempo transcurre mientras se mantiene absorta en sus pensamientos, tanto que no se percata cuando el agua comienza a salir menos tibia, cada vez menos tibia, hasta finalmente salir fría. Cuando finalmente logra ser consciente de esto, se apresura cerrar los grifos y dar por finalizada su tarea de recreación.
La mujer abre la mampara de vidrio granulado y sale de la ducha, sintiéndose fresca y renovada, y envuelve su cuerpo en una gran toalla color leche. Luego de secarse un poco la humedad del cuerpo, desempaña el espejo frente al lavabo y observa su propio reflejo, buscando algún rastro olvidado allí. Afortunadamente, no hay ninguno. Al menos, ninguna herida.
Donde sí percata un cambio, es en la expresión de su rostro. Aún se ve agotada y estresada.
Sakura intenta sonreírle a su reflejo, pero aquella sonrisa ya no se ve tan natural como la recordaba. Es distinta. Hay una mueca distinta en ella. Un dejo de amargura, quizá de remordimiento. Le recuerda a aquel gesto que apenas se ve detrás de los rostros de Tsunade, de Kakashi y de Naruto. ¿Cargarán ellos con algo similar?
"Por supuesto que sí." Se responde a sí misma.
Quizá, sufrir es la única forma de alcanzarlos, de dejar de caminar tras ellos.
Parpadeando un par de veces, no tarda en caer en cuenta de la situación en sí misma. No puede creer que estuviese de nuevo en su casa, cuando la noche anterior estaba decidida a confesar la verdad a su aldea, y eso incluía también a sus padres. Recordar aquello aún le revuelve las entrañas y le oprime el pecho. Ha alcanzado un nivel de hipocresía al que creyó que jamás llegaría. Aquello no se siente para nada bien.
"¿Y si me termino convirtiendo en una cosa igual de espantosa que ese monstruo?" Piensa preocupada, levantando una mano para posarla sobre su mejilla, tirando suavemente hacia abajo la piel de su rostro en una mueca silenciosa de perturbación ante la simple idea.
Acto seguido, despega la mano de su faz y la deja caer nuevamente sobre su mejilla de forma brusca, abofeteándose a sí misma para librarse de tales pensamientos. No quiere estas cosas tan horribles rondando por su mente.
Terminado aquel último entretiempo frente al espejo, la muchacha se lava los dientes y sale del baño, aún envuelta en el toallón, directo a su habitación para poder vestirse.
Una vez queda presentable, se dirige al comedor, en donde sus dos padres se encuentran platicando y bromeando como en cualquier otro día normal. La familiaridad de la situación no deja de saberle irónica ahora mismo.
— ¿Haciendo vida de rebelde, eh? Creí que ya habías superado esa etapa—bromea su padre desde la mesa del comedor, totalmente ignorante del reciente historial de su única hija.
Ella siente una calidez invadirla al escucharlo. Se siente contenta de volver a un sitio familiar para permitirse olvidar cualquier otro aspecto desagradable de aquella realidad.
Su madre sólo ríe, mientras se dirige hacia afuera de la residencia con lo que parece ser una bolsa de basura entre sus manos.
—Es la vida del ninja ¿O no? —Sakura intenta que su respuesta sonase igual de casual y despreocupada, pero siente que no lo logra del todo.
Desde que Tsunade la había acogido como su alumna, sus padres la ven como una hija responsable y aplicada en su formación profesional, por lo que desde hace rato que ya la tratan como una shinobi. Si bien todavía se comportan como unos padres comunes y corrientes, ya no se sorprenden o preocupan por cuán tarde, o agotada llegue a casa. Confían en ella, porque se había ganado esta confianza gracias a su esfuerzo en estos dos últimos años como ninja.
Ahora mismo, la joven sólo es consciente de que está abusando de aquella confianza, y de que no planea dejar de hacerlo. No le agrada eso.
En ese sentido, no es para nada sorpresivo que ella no quisiese permanecer más tiempo en aquel ambiente. Mentirles, recordar la situación en la que está metida, y pensar en cuán mejor sería todo si hubiese hecho lo que debía… No. No quiere nada de eso en su cabeza ahora. Así que, luego de unos minutos de charlas y sonrisas falsas, la aprendiza de la Hokage decide salir a buscar calma.
— ¿A dónde vas, Sakura? —pregunta Mebuki desde las escaleras que conducen al primer piso.
Sakura se detiene en el umbral de la residencia, y tuerce su cabeza hacia atrás para observarla.
—Iré a dar un paseo, no tardo. Volveré para la cena—se despide con una última sonrisa falsa, sin darle oportunidad a la mujer de preguntar más nada.
Y, sin más, la kunoichi se marcha.
Luego de unos minutos caminando por las calles con un ánimo ligeramente bajo, la joven observa nuevamente el cielo. Parece que quedan un par de horas antes de que el Sol se ponga por completo.
"De seguro, Naruto está entrenando ahora…" Piensa recordando a su mejor amigo.
Siente ganas de contarle esto a él, ganas de sacarlo de su pecho, de llorar frente al rubio. Pero eso es lo que siempre pasa.
Siempre termina por depender de alguna forma de él, y no permitirá que esa situación se dé de nuevo. No ahora. Él no tiene nada que ver con este asunto. No puede ser tan egoísta de inmiscuirlo a él también.
Frunciendo el ceño ante estas cavilaciones, se deshace de ellas con un movimiento de su cabeza y prosigue con su errático camino. Pasa a través de toda la gente como si fuese un simple fantasma, siempre manteniéndose ausente a su alrededor.
La caminata en sí no le está ayudando a tranquilizarse, y estar rodeada de presencias tampoco. Ahora, solo quiere estar sola, tan sola como se siente, y tan sola como debería estar.
Poco a poco, ella va alejándose de sitios públicos. De esta manera, su errático viaje llega a su fin cuando sus ojos se topan con el gran monumento de la aldea: los cinco rostros de los Hokage tallados en la montaña de piedra. Acto seguido, la sombra de una sonrisa se vislumbra en su rostro.
"Ese parece ser el sitio indicado para mi ahora."
Convencida por esta idea, toma cierta prisa en arribar a la montaña.
Sube por la piedra con ayuda de su chakra, con esperanzas de encontrar soledad en su siempre imponente cima… Pero estas expectativas no duran demasiado, ya que, al llegar a la altura de las cabezas de los Hokages, Haruno divisa una silueta erguida sobre la cabeza de Hashirama Senju.
Bufa con frustración. La suerte no parece estar de su lado hoy.
Aún así, no quiere irse a buscar otro sitio ahora que ya se ha tomado la molestia de escalar hasta allí arriba. Por lo tanto, opta por acercarse con parsimonia por las escaleras que conducen al borde de la primer escultura de piedra, reconociendo finalmente aquella silueta como su compañero Sai.
El moreno se encuentra apoyado contra la baranda de la escalinata de piedra, observando el amplio paisaje de abajo con un atril frente a él, y un pincel entre sus dedos. Tan calmo y sereno como siempre, él parece buscar soledad y tranquilidad de la locación tanto o más que ella misma.
A decir verdad, Sakura sigue prefiriendo estar en un lugar en el que no hubiera ojos obervándola, pero Sai... Es Sai...
El enigmático compañero apenas muestra signos de ser humano... Además, aceptó como si nada la idea de que ella fuese una asesina... Aunque, dada la situación actual, no puede definir si ese gesto es bueno o malo.
Seguramente, el shinobi ya notó su presencia, por más que su expresión demostrase lo contrario. Así que, sin ganas de desplazarse hacia otra de las cabezas de piedra para simplemente estar lejos de él, la mujer se sube los peldaños que le faltan para arribar a la cabeza del primer Hokage.
—Hola—lo intercepta, deteniéndose dos escalones por debajo del ANBU— ¿Te molesta si me siento aquí?
Pregunta yendo al grano, señalando al escalón subsiguiente al de su posición actual.
—Para nada... —responde el pálido esbozando una sonrisa, aún demasiado metido dentro de su arte.
—Bien—es lo único que musita Sakura, sentándose de espaldas a su compañero y sobre el peldaño anterior al que él está ocupando.
Abraza sus rodillas en completo silencio, observando el horizonte que se deja ver desde tan particular vista.
El lugar es calmo y silencioso, pese a que no se encuentra sola en aquel lugar. No obstante, el moreno no tarda en romper el silencio sin dejar pintar.
—No tengo que ser muy avanzado en relaciones interpersonales para saber que algo te pasa— Sai se muestra demasiado suspicaz.
Sakura interpreta esto como que su voz la delata demasiado, y no se equivoca. Empero, no se mueve de su posición, ni deja de observar al episodio crepuscular con serenidad.
— ¿Quieres hablar de ello? No son necesarios los detalles... Tampoco creo que quieras compartirlos...
Haruno emite un bufido en respuesta.
—Sólo diré que me rindo—responde con desánimo, sin voltear la mirada a su compañero en ningún momento, pero, aun así, termina aceptando su invitación.
— ¿Rendirte? No suele ser tu estilo—repone el pálido como si nada, sin tener la menor idea a qué se refiere Sakura.
—El arte no es mi estilo, me rindo. Nunca lo voy a entender—sentencia ella, sumamente cortante y frustrada.
— ¿Por qué ahora? —pregunta Sai con interés, dejando de lado su pintura para por fin poner su atencion en su compañera. Aún convencido de que la kunoichi está hablando de "ese tipo de arte", toma la precaución de abordar con seriedad el asunto.
Después de todo, es importante guiar con cuidado a alguien que disfruta de un arte tan oscuro. Si es que algún arte puede llamarse así.
—Por nada—responde de mala gana la rosada.
—Entiendo que el arte pueda ser un camino difícil, pero debe observarse desde fuera del ojo común. Con una situación tan única como la tuya, deberías verlo desde una perspectiva única también. Ven, quiero mostrarte algo—la invita con un movimiento sutil de su cuello—. Levántate.
El dibujante señala su atril, llamando a la joven a observar su arte. Ella, levantándose de su posición, contempla sin mucho interés la obra de su pálido compañero de equipo.
—Pero ven a ver de cerca.
Ella bufa y se acerca todavía más para escudriñar en detalle el lienzo, apoyándose sobre el barandal a un costado de Sai.
— ¿De qué se trata? —pregunta intentando descifrar la figura que los trazos representan.
Ahora que la contempla más de cerca, Sakura puede prestar más atención en la imagen. Es una escena que, como no podía ser de otra forma, parece tener vida. Líneas de movimiento indican que la escena en cuestión se da en una caída libre. Dos bestias de tinta, más precisamente leones dibujados en un clásico estilo antiguo, se encuentran en un combate frenético contra una figura humana. Los tres protagonistas de la obra parecen caer por un precipicio. Toda la escena está en blanco y negro. Todo menos esta figura humana, claro.
Ahora que lo nota, el personaje humano no coincide con el estilo de dibujo de Sai. Los ángulos son muy suaves, y los detalles, demasiados. Parece como si este sujeto hubiera sido dibujado por otro artista. Es más, no parece estar dibujado. Es demasiado real.
Sakura no tarda en advertirlo... Estuvo vivo… Esa figura no siempre fue un dibujo.
—U... Un momento... —sus ojos verdes se abren más de lo usual, reflejando sorpresa por el descubrimiento.
—No hay necesidad de jugar a la hipocresía conmigo... el arte es arte—explica Sai, refiriéndose al estilo de arte que cree que Sakura practica.
— ¿Cómo hiciste para dibujar esto, Sai? —cuestiona la médica sólo para oírlo de boca de quien tiene en frente.
—Lo notaste. No es necesario fingirlo. La pintura es mi creación. La escena es mi creación. Ciertas partes del dibujo son mi creación. Él no—dice esto último refiriéndose al humano dibujado.
—Entonces… La persona que está aquí…—prosigue ella, señalando al hombre ubicado al centro de la obra— ¿Es… real?
—"Real" es un término que cambia bastante. No está viva como tal, si a eso te refieres, pero lo estuvo. Así que puede decirse que sí es real.
— ¿Lo estuvo? —repite confundida.
—Fui enviado en una misión de eliminación. Él era mi objetivo. Ahora, él está en esta pintura. ¿Aún no ves el arte?
Sakura queda paralizada al oírlo. Sabe que Sai puede hacer muchas cosas con sus atípicos jutsus y su sentido artístico, pero no se esperaba esto. Al menos, no se esperaba que se lo admitiera con tanta facilidad.
—Ya veo. Supongo que eso cambia un poco el sentido del cuadro—reconoce con cierta intriga, tomando distancia de la obra.
Sai vuelve a hablar. Esta vez con más autoridad, con más confianza:
—Sí, maté, e incluso obtuve arte de ello. ¿Eso me vuelve "malo"?
Sakura no sabe cómo reaccionar ante esta interrogante. Su rostro sólo muestra confusión.
—Yo... Yo... Creo que...
Sai responde aún con el tono de voz propio de él. Esta vez, sin sonrisa, pero tampoco con severidad. Simplemente, tomándose en serio el asunto:
—Escucha antes de responder. Él fue mi oponente. Mi objetivo. La situación era sencilla: él o yo, su vida o el bien de la aldea. Era un prodigio en el taijutsu... He visto pocos movimientos como los suyos, rústicos. Le faltaba mejorar, pero tenía potencial.
La kunoichi escucha atenta e interesada, volviendo a dejar sus ojos fijos sobre la obra sin terminar.
—La manera en que se movía... era bella... —admite Sai con un tono de voz muy particular, que a la vez le resulta algo familiar a la chica—. Eliminarlo fue una pena... pudo ser algo mucho mejor. Por eso lo incluí en mi obra. El jutsu que usé en él, sólo lo uso como mi más grande muestra de admiración. Claro que, si hubiese existido otra salida, lo hubiese dejado vivir... pero no podía, así que lo volví arte. Le di una muerte dinámica, artística, bella, y luego inmortalicé la escena en este lienzo. Podría haber muerto y ser olvidado como un cualquiera... pero él merecía más… Así que él entró a mi a colección...
El artista termina su explicación con una conclusión que acabará por resonar en la cabeza de Sakura:
—Eso es arte, no asesinato.
Ella, asombrada, y ciertamente aún más confundida sobre el tema, sacude la cabeza intentando aclarar sus ideas.
—Me estás asustando, ¿Sabes? —le habla con cierto temblor en su voz. Si no fuera Sai quien le habla, ya habría retrocedido por simple reflejo.
—Y aún mantienes la apariencia... Somos ninjas... Tarde o temprano, matamos... Yo he matado y mataré, tú has matado y lo volverás a hacer. La muerte es parte de nuestras vidas. Al menos, los artistas le damos un mayor sentido a lo inevitable.
La muchacha deja de mirar el dibujo, y retorna su vista hacia el paisaje del crepúsculo en un aire reflexivo.
—Maté por la aldea, tú mataste por la aldea, todos mataremos por la aldea. ¿Qué tiene eso de especial?... Aunque sea, con el arte honramos al oponente, a su lucha. Mostramos más aprecio que el que sus propios compatriotas le tienen. En algún momento, caeré por servir a la Hoja, y espero ser la obra de arte de alguien, entonces—finaliza el artista, sonriendo ante lo abstracto del pensamiento.
—Supongo que no lo había visto de ese modo—se sincera bajando la mirada a los dedos de sus pies, que se mueven inquietos, mientras ella todavía se encuentra procesando en profundidad las palabras del ANBU.
Lo que él dice es, desde cierta perspectiva, algo cierto. Pero admitirlo, incluso para sus adentros, sigue siendo costoso. Aunque no por ello lo de Sasori le deja de parecer algo reprobable…
—Sea lo que sea tu arte... Si eres fiel a tus convicciones. ¿Qué tiene de malo perseguir la belleza? El homicida disfruta de quitar la vida, el artista no. Ahí está la línea. Esa es la diferencia. Está en ti saber de qué lado estás.
La ninja no responde, manteniéndose sumergida dentro de sus cavilaciones. Quizá Sai no está tan errado en lo que dice. Cree que quizá, y sólo quizá, podría tener algo de razón. Por lo menos, en teoría se oye más lógico que su propio código, el cual viene errando y errando desde que el pelirrojo apareció en su vida.
De inmediato, abre los ojos con asombro por lo que acaba de encontrar en sí misma.
"¿Aquello realmente significa algo? ¿Es algo así como una nueva revelación?"
Sakura no lo sabe a ciencia cierta. Quizá ambos se equivocan. No obstante, de algo sí se siente segura ahora mismo, y es que ella no tiene la razón en esto.
De repente, se siente un poco agradecida con su compañero de equipo. Ya que él acaba de ayudarle a darse cuenta de que no tiene la razón. A fin de cuentas, le ha despejado un poco la maraña de confusiones que era su mente hasta este momento.
Sai observa algo confundido el silencio prolongado, y el lenguaje corporal de Sakura, sin saber cómo interpretarlo.
—Espero haberte ayudado un poco... Todos tenemos ese debate en un principio—dice dedicándole una mirada enigmática.
— ¿Crees que todos lo tenemos? —pregunta de nueva cuenta, y aún con la mirada perdida en el suelo.
—En un principio, sí... Luego, descubrimos si somos homicidas o artistas. Ya sabrás de qué lado de la línea estás. Personalmente, no creo que seas el primer caso…—Sai vuelve a esbozar una sonrisa enigmática—. Pero podría equivocarme.
—Yo tampoco lo sé—infiere ella, con los ojos puestos una vez más en el cielo, el cual ya está comenzando por fin a oscurecerse por la ausencia paulatina de luz del Sol— ¿Y si... matas cuando no debes, y no matas cuando debes? ¿En cuál de las dos entrarías?
Reflexiona en voz alta con un hilo de voz, más para sí misma que para él. Pero ahora no está aplicando sus dudas solo marionetista, sino a sí misma también.
— ¿"Matar cuando no debes"? —no comprende el dibujante—. Uno mata por defenderse, porque se lo ordenan... o por arte. El matar nunca es un deber. Si te defiendes, es por conveniencia. Si te lo ordenan, es por honor. Si es por arte, es por belleza.
La rosada procede a ser más específica, sin pensárselo dos veces:
—Cuando te lo ordenan… y fallas…
—Fallar es fallar. No hay mucho que pensar—interrumpe Sai.
—Cuando desobedeces, cuando elijes no matar—aclara ella, frunciendo un poco el ceño ante la escasa comprensión de su compañero.
—Las órdenes tienen motivos. A la larga, todas las ordenes deben tener un solo origen: "Protege la aldea y sus secretos". Creo que no importan las órdenes, sino los motivos de éstas. Si la aldea es beneficiada, yo desobedeceré una orden...—ahora sí deja de pincelar y voltea a verla, con una sonrisa complice en su rostro—. Claro que tú no le dirás eso a nadie ¿Verdad?
—Hasta ahora, era algo que creía contrario a mis principios...—acota la kunoichi con desánimo, agachando la cabeza.
Sai, in perder la paciencia, intenta aclarar su punto por medio de un ejemplo:
—Si un Hokage diera la orden de enviar a todos los shinobis a una misión suicida, y tú conoces un mejor modo de solucionar el conflicto. ¿Obedecerías?
—No es a eso a lo que me refiero—niega ella con la cabeza—. Cuando hay una amenaza, y no te encargas de eliminarla, estás desobedeciendo. No hay puntos grises.
—En este caso hipotético… ¿Perjudicas a la aldea? —Sai plantea esto con un tono ligeramente distinto.
Sakura no duda ni un momento su respuesta, dejándose llevar sin un ápice de cautela en sus palabras:
—Pues, claro que sí, estamos hablando de algo a nivel internacional—pero cierra su boca de inmediato cuando se da cuenta de que dio un paso sin retorno…
Sai se encoge de hombros.
"Oh no, seguro que ya sospecha algo... Maldición, ahora tendré que contarle. Y esta vez ya no podré escapar de la conversación." Piensa angustiada, maldiciéndose al instante por ello.
No obstante, para su suerte él es el que toma el timón de la interacción, y lo hace de un modo que ella jamás hubiera pronosticado.
—No soy estúpido. No me digas más, a menos que en realidad quieras que sepa todo... —revela dejando a Sakura internamente estupefacta y atónita—. Escucha... me caes bien, pero si amenazas a la aldea... tengo deberes.
El moreno vuelve a sonreírle, como si estuviera hablando de algo sin ninguna importancia, dejándola aún más pasmada que antes.
—Te digo esto como... amigo... Sea lo que sea que hayas hecho, asegúrate de no perjudicar a la aldea. Benefíciala de ser posible, y no tendrás nada malo a mis ojos, ni tampoco deberías tenerlo ante los ojos de nadie.
La joven se arrepiente al instante de haber dicho lo que dijo. Se odia a si misma por ser tan descuidada. Aunque… no puede evitar que un pensamiento reviviera dentro de su mente y se presentase sin previo aviso ante ella.
"Esta es la oportunidad perfecta para entregarme."
Después de todo, ella sabe dónde está Sasori. Puede hablar, entregarlo, entregarse. Podría recibir finalmente el castigo que se merece.
La sola idea la hace morderse el labio inferior con nerviosismo reprimido y sudar en frío.
—Yo…—Sakura comienza a hablar, pero se paraliza por el miedo.
Sai, por su parte, la observa sereno y expectante, sin tener la menor idea de lo que está por escuchar.
Eso sólo la pone aún más nerviosa.
—Tengo que…
¡Demonios! Tiene que decirlo. Ella es pésima mintiendo. Tarde o temprano la descubrirán, ¿Verdad?
Pero, aún así, las palabras se resisten a salir de sus labios. El aliento le falta. El corazón se le acelera. Las palmas de sus manos sudan. Odia su cobardía. Odia ser tan débil. Tiene en frente la posibilidad de terminar con todo esto, y lo único que está haciendo es el ridículo.
—Por tu bien, será mejor que me aleje antes de que digas algo estúpido—sonríe Sai de forma algo forzada, rascando su mejilla con un dedo índice.
Él no es estúpido, aunque a menudo lo parezca. Quizá, de cierta forma presiente que lo que ella dirá es algo que no le conviene saber, aunque por motivos que distan mucho de ser reales.
—Ayuda a la aldea y nada malo habrá ocurrido jamás—aconseja en un tono calmado—. Eres una ninja competente, podrás hacerlo. Veo tu intención… No sé en qué te has metido. Solo veo que mordiste más de lo que puedes masticar. Pero, si estás aquí conmigo, es porque aun estás a tiempo. Los ninjas tenemos secretos. Los ninjas necesitamos tener secretos. Lo comprendo.
Se sincera ampliando su sonrisa, en implícita señal de complicidad.
La kunoichi no puede creer nada de lo que oye. Ni siquiera piensa correctamente en cómo salir de esto. Lo único que llega a formular es que debe alejarse de allí lo más rápido que pueda.
Cualquier cosa errónea sobre artes prohibidos o poco éticos que pueda pensar Sai sobre ella, es preferible mil veces al hecho de que descubra que Sasori sigue con vida gracias a ella.
—Yo... tengo que irme—expresa súbitamente en un impulso por rehuir a la situación.
—Sakura, sé qué harás lo correcto, sea lo que sea en lo que te metiste—sonríe calmadamente el moreno, dejando en claro que no es tan tonto como parece.
— ¿De qué estás hablando? —intenta fingir sentirse ofendida por la insinuación—. No ocurre nada.
Sai vuelve a pintar, como si nada hubiese ocurrido.
—Después de lo que sabemos el uno del otro… Quizá sea poco, pero es importante. No hay necesidad de que finjas que no pasó nada. Yo fingiré esa parte. Si haces lo correcto, entonces comprendo.
— ¿Por qué lo harás? —pregunta totalmente sorprendida por la reacción del pálido.
—Todos tomamos decisiones difíciles. Tú quieres a tu aldea. Sé que no quieres dañarla—explica sin perder la calma en ningún momento—. Sea lo que sea que hiciste, no creo que lo hagas para perjudicar a la Hoja. Así que no es necesario que nadie se entere.
Ella se queda estática por un momento, sin saber qué responder. No obstante, termina optando por despedirse antes de que la conversación se volviese aún más extraña.
—Gracias… Nos vemos, Sai.
A continuación, Haruno se aleja corriendo sorprendentemente aliviada. No solo porque le acaban de perdonar la vida sin saberlo… sino porque encontró en Sai una ayuda que no esperaba. En cierto modo, ahora está un poco más tranquila. Ya que logró convencerse de que su secreto está, en cierta forma, a salvo por ahora.
Sin más distracciones, se dirige a su hogar. A estas alturas, ya ha anochecido casi por completo, y tiene mucho en qué pensar durante el resto de la noche. Pero, por sobre todas las cosas, tiene que esperar, esperar a que llegase el día en el que se encontrará con el marionetista cara a cara una vez más.
Por ahora, sólo resta esperar que Sasori esté del lado correcto de la línea.
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