Tenerle cerca.


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El marionetista sigue erguido y estático en su sitio. Sakura ya había partido hace unos minutos, y él solo permanece allí pensando, pensando en lo que dijo, pensando en lo que haría.

La dejará viva. A ella. Sólo a ella. En principio, esto parece ser personal. Él nunca ha hecho nada por motivos personales… No. No debería ser personal. Esto es artístico, pura y estrictamente artístico.

Él la quiere viva, por arte, por belleza. Eso es todo. Sus acciones se basan en el arte.

"Sólo por arte." Repite Sasori para sus adentros.

Esa cosa en su cabeza sigue inquieta y fuera de su sitio, chocando contra los muros de su pensamiento y resistiéndose a dejarse a sí misma o a otras ideas esclarecer. Esa cosa sigue reestructurando sus pensamientos, su lógica, intentando crear un nuevo orden, un nuevo sentido para las acciones hasta ahora cometidas.

Esto es distinto. Este aspecto de la belleza no lo había considerado antes. Lo sabe, y eso le molesta.

Está confundido. Mareado. Esta clase de sensaciones le ocurren siempre que se cruza con ella. Ella siempre lo deja con un desorden mental considerable. Ya quiere que esto se acabe. Ya quiere que estas ideas terminen de acomodarse.

Esa tenacidad es parte de ella. Él está solo interesado en esa belleza particular. Pero esta voluntad es parte de la joven... Entonces, la quiere viva...

¿Por qué?

"Por ser quien es."

... Sí, esto es personal.

No hay otra definición que pueda aplicársele a esto. Ahora lo sabe. Así que hoy por hoy tiene una duda menos. Aun así, eso no lo alivia.

Sasori tendrá que esperar más tiempo. Porque al tenerla cerca, la confusión entra en alza, y sólo cuando ella se va siente que puede comprender un poco más.

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Durante el trayecto hacia Konoha, y ya lejos del punto de encuentro, es cuando el temor de Sakura por su propia seguridad se va desvaneciendo. Aunque, aún así, su mente no para de analizar todo lo que había pasado.

Está calmándose. Está volviendo a la aldea para pasar otros cinco días allí en relativa calma.

La ninja vuelve a pensar en las actitudes del marionetista, en sus palabras... Él dice no hacer nada sin motivos, preciándose a sí mismo de no ser un asesino, ¿Cómo es posible decir eso? ¿Por qué hace todo esto?

Es que no tiene sentido. No tiene que tener sentido. De a momentos, ella ya no se siente ser la misma persona.

"Haciendo tratos con terroristas... No debería simplemente estar de acuerdo con las cosas que estoy haciendo." Reflexiona mirando al pergamino que empuña en su mano izquierda.

Además, ese sujeto está lejos de ser ordinario. Sus acciones no son ordinarias, sus motivos tampoco. ¡La cantidad de víctimas en su haber tampoco lo es! ¡Ni siquiera es humano! ¡¿Por qué está de acuerdo con esta transacción?!

Por otro lado, la única respuesta que obtiene de él respecto a cualquier cosa siempre es "Arte".

Arte, arte, arte. Siempre el arte. ¿Cómo puede alguien justificar actos tan viles de una manera tan infame? ¿Debería siquiera prestarle atención a esa palabra? Se detesta por el mismo hecho de prestarle atención ¡Es un asesino, por amor a Dios!

Aunque, si es un asesino ¿Por qué no la mató? ¿Por qué cuido de ella? ¿Por qué insiste en hablarle? ¿No debería de tenerle rencor por haberle derrotado aquella vez? ¿Por destruir su abominación asquerosa de marioneta?

"¿Cómo puede alguien pasar de intentar matarme, a luego decirme que quiere que viva?"

Y la respuesta sigue siendo tan críptica como antes: "Arte".

Ahora, la muchacha comienza a notar que tiene miedo de estar en Konoha. No porque la descubran, no por eso, sino por algo de lo que ya se había percatado en los anteriores días. Porque, al menos cuando esté frente a Sasori, al tenerlo cerca, puede sentir desprecio. puede odiarlo, puede temerle, puede rechazarlo y puede tenerlo físicamente para recordar lo que es. En ese sentido, es bueno verlo para recordar que ni sangre tiene, para ver esa chispa alienígena y fuera de este mundo en sus ojos, y para enfocarse solo en su locura.

Pero cuando ella está sola, cuando está en la aldea… Ahí ella piensa, y cuando piensa, las cosas comienzan a cobrar sentido.

Y eso le aterra.

Le aterra comprender. Le aterra creer que comprende. ¿Puede eso siquiera entenderse, o es que se está volviendo loca? Ver sentido en las palabras de la marioneta, en sus acciones… Se siente sucio, tanto que teme convertirse en algo similar a él.

Las dudas la carcomen por dentro, mientras sus pasos siguen el camino que la conduciría a casa. Está demasiado confundida por todo lo que está sucediendo, casi como si su realidad amenazara con resquebrajarse.

Es culpa del pelirrojo, o, al menos, eso se dice a sí misma.

Por el momento, Sakura decide que lo más apropiado será volver a su casa y sólo volver meditar las cosas una vez pasados todos estos hechos. Luego, se encargará de hacer llegar la información que recibió de este encuentro.

De hecho, ya tiene en mente una alternativa para cumplir con dicha labor…

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El día anterior no levantó sorpresas, ni sospechas al retornar a su aldea, ya que sólo habían sido unas horas en las que estuvo deambulando fuera de ésta. Además, no había librado ninguna batalla, ni nada que pudiese dar pie a tales interpretaciones. El único detalle que podría considerarse relevante es que sus padres, especialmente su madre, han tomado la pequeña afición de bromear, entre suspicaces y preocupados, por lo despistada y dubitativa que se ve ella desde el suceso. Sin embargo, la jornada transcurrió deprisa, dentro de lo que cabe, y la joven consiguió conciliar el sueño esa noche sin mayores problemas, al menos, un sueño más decente que en situaciones anteriores.

A estas alturas, Sakura no sabe si el hecho de haber recobrado el buen sueño es algo bueno o malo. Sorprendentemente, ahora se ve a sí misma intentando evitar enfrentarse ante tales dilemas morales.

Por otro lado, una vez transcurridos dos días desde el intercambio de información, la médica finalmente pone en marcha su plan.

Temprano en la mañana, abandona el hogar residencial de su familia con un peculiar destino en mente. Faltando poco más de una hora y media para el mediodía, la muchacha arriba a la biblioteca que suele frecuentar para cultivarse en su profesión, e ingresa en el armonioso lugar sin mayores ceremonias.

Camina por el piso de madera flotante hasta acercarse a su estantería predilecta, y, de una de sus repisas, toma un magnífico ejemplar de toxicología. Acto seguido, pasa a tomar asiento discretamente en la mesa contigua a una de las ventanas.

Sumergiéndose un poco en la lectura, comienza a esperar.

Él siempre viene a la biblioteca este día de la semana. Siempre a devolver el mismo libro, y siempre volviendo a pedirlo prestado. Sai siempre tiene ese libro a mano: una especie de autoayuda para antisociales, aunque no le rinda demasiados frutos.

El dibujante nunca deja de actuar de manera rara, más allá de cuanto lea o cuánto practique.

Como ella había previsto, no tarda en oír el sonido de la madera y las bisagras girar a lo lejos. Al alzar la vista, lo ve cruzar el umbral principal de la biblioteca. Él se percata de que está siendo observado, y le devuelve la mirada desde la entrada. Luego de repetir la rutina con la bibliotecaria, para volver a retirar su libro predilecto, ingresa en los pasillos llenos de estantes y lectores silentes en dirección a Sakura.

—Buenos días, Sakura—saluda en voz baja y con cordialidad.

—Buenos días—contesta la rosada en el mismo tono.

— ¿Disfrutaste el viaje? —pregunta por protocolo, esbozando su típica sonrisa vacía antes de tomar asiento frente a ella.

—Claro…

La kunoichi nota que Sai sabe de la naturaleza atípica de su viaje de anteayer, por lo que no puede evitar lanzar una mirada cómplice a los ojos negros del ANBU.

— ¿Ocurre algo? —parpadea él con sutil intriga.

—Si aún tienes intenciones de mantener cerrada la boca… Entonces, sí...—susurra ella cambiando su expresión a una de concentración y cautela—. Tengo que mostrarte una cosa...

Sai vuelve a parpadear un par de veces, analizando la frase para sus adentros.

—Asumiré que estás haciendo lo correcto. Cuentas con mi silencio—accede con una sonrisa enigmática, utilizando un tono igual de discreto que el de ella.

Sakura asiente con la cabeza ante la afirmativa, cerrando el libro que estuvo leyendo mientras esperaba por él.

—Acompáñame… Vamos a caminar por ahí—pide la aprendiza de la Hokage sonriendo con aparente confianza.

Para Sai, es evidente que ella está buscando una mejor posición para poder hablar. Reflexiona sobre la naturaleza de lo que tiene preparado para él, mientras la ve pararse y dejar su libro nuevamente en su respectivo estante. Después, ella se encamina hacia la puerta de entrada de la biblioteca, y él se limita a seguirla en silencio portando una expresión similar a una sonrisa, pero a la vez claramente fingida.

Sea lo que sea, Sakura está metida en algo. El muchacho lo sabe, y sólo debe ver si es posible ayudarla, y ayudar a la aldea.

Con Sakura como guía, ambos caminan por las calles hasta llegar a un lugar ideal para almorzar, y, de paso, para tener algo más de privacidad.

Se adentran en el pequeño restaurante, y la ninja sigue su camino abriéndose paso por las mesas, hasta que finalmente da con la ubicación ideal para mantener una conversación importante con la discreción requerida. Se trata de una mesa que se encuentra en un rincón del local, más o menos alejada del tumulto, y que, a su vez, se camufla a través de las ya ocupadas de más adelante. Esto les otorgaría alguna que otra protección de las miradas curiosas.

Sai camina tras ella, y se sienta en frente de la mujer sin mayores ceremonias.

Un camarero no tarda en divisarlos, y se acerca a tomar sus órdenes.

—Ramen de pollo, por favor—pide el pálido ninja con naturalidad— ¿Ordenarás algo, Sakura?

—Ah, sí. Una sopa de alubias rojas, por favor—responde sonriéndole al tercero en escena, dejando escapar, sin querer, parte de su nerviosismo a través de su tono de voz.

Luego de anotar los pedidos, el camarero se retira, dejándolos nuevamente solos.

—Ya tenemos una coartada...—piensa en voz alta Sakura, mirando en la dirección de donde, supone, se encuentra la cocina del restaurante.

Al cabo de un rato de conversaciones irrelevantes entre los dos comensales, el mozo retorna con sus pedidos. Éste les deja los platos sobre la mesa, y vuelve a retirarse para seguir atendiendo a la demás clientela.

Sai se encuentra bastante intrigado, y, para su suerte, Sakura habla antes de que él le preguntase algo.

—Creo que ya es hora de que sepas por qué estamos aquí… —comienza mientras toma la cuchara de al lado de su plato, y la llena de la humeante y suculenta sopa con intención de ingerir su contenido.

—Suena bien—Sai toma los palillos despegándolos uno del otro. Luego, los utiliza para servirse un bocado de sus fideos.

El contraste con la forma de comer de Naruto es destacable. Es demasiado controlada, demasiado limpia, casi robótica.

Sakura degusta la delicia de su almuerzo antes de responder.

—Tengo información. Más bien, conseguí información… —se corrige con una sacudida de su cabeza. Aún se encuentra un poco nerviosa—. Que es beneficiosa para la aldea.

Revela finalmente en voz baja.

A continuación, la principal duda del moreno no tarda en cobrar forma y salir de sus labios:

—Y... ¿Por qué estoy aquí contigo?

Sakura prosigue con su explicación, ayudándose con las pequeñas pausas generadas mientras come, para apaciguar la pizca de nerviosismo que aún reside en ella en este momento:

—Es sobre Akatsuki, para ser exactos. Así que si fuese yo quien la entregase a la aldea sería sospechoso ¿Cómo podría explicar que la obtuve?

Esa frase llama de inmediato la atención de Sai, quien aseria las expresiones de su rostro, quedándose un poco incrédulo de lo que escucha.

—Tú eres un miembro de la Raíz, así que quiero dártela a ti. Tú podrías proporcionársela a los altos cargos o al cuerpo de inteligencia. Eres un ANBU, tu posición es mejor que la mía.

El artista ahora tiene una mejor perspectiva de la situación. Sin embargo, repasa los sucesos para cerciorarse de todo lo que está oyendo.

—Pretendes que yo entregue información que tú conseguiste... y que cree una excusa acerca de donde la conseguí. ¿Estoy escuchando correctamente?—pregunta extrañamente tranquilo para Sakura.

Por su parte, ella vuelve a señalar la vital importancia de su participación en este juego:

—La información estará más segura contigo que conmigo. Tú eres un espía. Este es tu tipo de trabajo. Tu coartada es mil veces mejor que la mía.

Sai se encoge de hombros, aún escéptico al planteamiento de la situación.

—No sé qué me entregas, ni qué quieres hacer con esto... ni a quién debería dárselo. Podría dejar esta información en la Raíz, y por ende dársela a Danzo… Supongo que si en realidad es algo tan importante, se abrirá espacio hasta llegar a Tsunade.

Sakura niega con la cabeza, apartando la cuchara con sopa de sus labios y devolviéndola al plato.

— ¿Podrías hacerlo llegar al departamento de inteligencia, aunque fuera de una manera anónima? Yo, como ninja médico, no tengo mucho acceso a esa rama, ni a la información que se mueve en ella.

Sai también niega la propuesta con un gesto de su cabeza.

—No. No hay forma. Si entrego algo falso, o erróneo, tendré más problemas de los que deseo.

Sakura comprende que su compañero tenga sus reservas, y que no quiera arriesgarse ante tan dudosa fuente de información, ya que su posición es tan o más riesgosa que la de ella, pero, aun así, ella ahora necesita realmente de su ayuda. Nadie más puede brindarle una mano con un asunto así de delicado. Así que decide seguir insistiendo.

—Por ahora, sólo te diré que debes confiar en mí. Necesito alguien que sepa descifrar el encriptado que protege la información, alguien con la experiencia adecuada, alguien adecuado a este trabajo. No te lo estaría pidiendo si no fuera realmente necesario.

El artista se queda en silencio un momento. La situación todavía se presenta demasiado arriesgada, pero, al final de todo, Sakura es su compañera.

—Veré que puedo hacer…—accede finalmente para alivio de la chica, quien emite un suspiro en respuesta y permite que su expresión se relaje—. Pero debo preguntarte una vez más ¿Qué me estás por entregar?

Sai planea ponerse serio con esta pequeña misión en la que ahora se verá involucrado junto a Sakura. Mientras más pormenores ella esté dispuesta a revelarle, más podrá hacerse una idea de en qué acaba de meterse.

—Información sobre los miembros de Akatsuki. Considerando que están detrás del Kyubi dentro de Naruto, necesitaremos estar preparados—responde ella igual de centrada.

Dicho esto, la ninja le pasa por debajo de la mesa el pergamino. Sai lo recibe, dándole una discreta mirada cuando lo tiene sobre su regazo, y pasa los dedos por el papel buscando alguna textura extraña.

— ¿Quién sabe de dónde sacas esta clase de cosas? Por cómo está cerrado, debo suponer que carga veneno. Parece que hay alguien que sabe lo que está haciendo—musita para sí mismo, luego de estudiar detenidamente al valioso objeto en su posesión. Acto seguido, sube la mirada para encontrarse con la expectante de la rosada—. Haré llegar la información a los equipos de descifrado, y si la Hokage pregunta algo, le diré que la robé de la Raíz.

—Gracias, Sai—sonríe con sincera gratitud al muchacho.

—Antes que nada, tienes que saber que esto me hace cómplice de lo que sea en lo que estés metida... Si explota en tu rostro, también explotará en el mío. Debes confiar mucho en quien sea que te dio esta información. Sólo por eso confió en ti. A partir de ahora, estaremos juntos en esto. No me digas nada que no quieras que sepa. Ahora tengo un interés directo en esto.

—Muchas gracias. Muchas gracias en serio—repite más animada que nunca.

No obstante, lo que dice Sai es verdad. Tanto la aldea, él y ella misma, están dependiendo de la confianza que le tiene a… a Sasori.

"Esto no puede ser bueno..." Se dice Sakura mientras se lleva una mano a la sien con cierta preocupación.

—Pero confías en mi para algo de este calibre... Supongo que eso es bueno—agrega el dibujante intentando animarla sobre la situación—. Entiendo que no quieras mencionar más datos. No sé cuán delicada sea tu situación, pero manéjala con cuidado.

Aconseja ante la mirada apesadumbrada de su compañera.

—Estoy haciendo lo posible por ayudar a la aldea en lo que pueda. Estoy tomando todas las precauciones habidas y por haber—afirma Sakura, tanto para calmar las inquietudes de Sai como para hacerlo con las suyas propias.

Ahora, sin más asuntos cruciales en la agenda para atender, ambos ninjas se permiten finalizar su comida como si se tratase de un suceso cotidiano.

Sai guarda el pergamino en sus bolsillos y comienza a levantarse de la mesa. Sakura también lo hace, aunque de una manera menos agraciada.

— ¿Sakura? ¿Sai-kun?

Una voz femenina, algo chillona e inconfundible, los llama desde la recepción del restaurante.

—Buscas ayudar a la aldea por fuera de los medios ordinarios. No eres tan diferente a la raíz, Sakura—musita el shinobi en relación a la conversación de hace un rato, antes de que la dueña de la otra voz se acerque corriendo.

Sakura no llega a responderle a su compañero, ya que al levantar la vista al frente, corrobora que la voz pertenece a quien supuso en un primer momento: Ino.

"¿Qué hace ella aquí?" Se pregunta Sakura por un instante, más sorprendida que alegre por la casualidad.

Al mirar con más atención a la recepción, la médica deduce que probablemente Ino esté volviendo de algún tipo de misión, ya que logra divisar al señor Inoichi hablando con conocidos del restaurante.

Al igual que Sai y ella, ambos Yamanaka pasaron a comer algo en el lugar, e Ino no pudo evitar notar a los los ninjas al fondo del local ni bien puso un pie en él.

—Hola, Ino—la saluda con disimulada incomodidad, agitando una mano en el aire a la altura de su cabeza.

Sai, por su parte, sonríe sin decir palabra e imita el gesto físico de su acompañante.

La rubia se les planta en frente, sin hacer más que observar extrañamente sonrojada a los dos jóvenes, con sus enérgicos orbes celestes bien abiertos de perplejidad.

De inmediato, Haruno nota la errónea conclusión a la que está llegando su amiga, sin poder evitar que sus propias mejillas se contagiasen del rojo de las ajenas.

— ¡No es lo que parece! —espeta de inmediato con los brazos cruzados sobre el pecho.

El armarse imágenes ambiguas de cualquier cosa es algo muy típico de Ino, y éste es el peor momento para ello. Están en un sitio público, por amor de Dios.

— ¡Oye! Estaban los dos solos aquí. ¿Me vas a negar que se ve demasiado peculiar?—repone la otra chica lanzando mirada de picardía sobre el dúo, mientras deja una mano cubriéndole la socarrona sonrisa.

Para más vergüenza de Sakura, a Sai no se le ocurre otra cosa que volver, ineptamente, aún más embarazosa a la situación:

—Tiene razón, se ve peculiar—agrega como quien habla del clima, simplemente reconociendo la verdad. Después de todo, en un sentido objetivo, la idea de una reunión sin Naruto, Kakashi o cualquier otro miembro de su equipo se ve peculiar.

— ¡Tú cállate! —grita Sakura avergonzada a más no poder, sin verle la gracia a la situación.

Definitivamente, ambos ninjas se las pagarán.

—Supongo que será mejor retirarnos. La comida es a mi cargo. Es lo común en esta clase de situaciones—sonríe el artista, sólo para hacer enfadar más a la médica, y enfatizar el ánimo burlesco y pícaro de Yamanaka.

—Ya cierra la boca, Sai. Anda, camina y sácanos de aquí—reniega entre dientes la kunoichi de cabello rosado, sin poder dejar de notar como, de un segundo al otro, han pasado a ser el centro de atención del resto de los mortales que circulan por el restaurante.

Sai deja el dinero en la recepción, para luego esfumarse de la escena junto a su compañera.

En lo que dura la incomodidad del ambiente, la rubia no cesa de reírse de los frutos de su malévola intromisión, especialmente, de la expresión de su amiga, quien parece un volcán a punto de entrar en erupción.

Sai no habla por el simple motivo de que no tiene nada que decir, y Sakura, por temor a empeorar el malentendido. Con Sai cerca, eso no es demasiado descabellado de pensar. Ino por su parte, se divierte una vez más haciendo enfadar a Sakura con estas tonterías.

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La semana pasa con rapidez, sin más cosas relevantes de por medio. Por su parte, el dibujante no tarda más de dos días en arreglárselas para hacer llegar la información a la unidad de decodificación de forma anónima. Sakura todavía no comprende qué clase de contactos tiene Sai, ni quiénes son o dónde trabajan, pero le sorprende su eficiencia. Pareciera que lo que al ANBU le falta en habilidades sociales, lo compensa con creces en habilidades de dudoso origen.

Sin duda, haber acudido a él fue la mejor idea que pudo tener.

Ahora, la duda la atosiga terriblemente, pero por otras razones. ¿Y si la información resulta ser falsa?

No tarda en alejar esos pensamientos de su mente. Ya es tarde para arrepentirse después de lo lejos que ya había llegado con todo esto. Si la situación ha llegado hasta estos puertos, entonces sólo será cuestión de ganar, o, en el peor de los casos... morir.

Empero, las cosas parecen progresar e ir a su favor ¿Por qué desmoralizarse al vicio? Sasori está loco, pero al menos debe poder confiarse en él un poco.

"Apoyaré a mi aldea en lo que pueda."

Eso es lo único que tiene cabida en su mente por ahora, mientras reza porque Akatsuki no se mueva hacia Naruto. Al menos, no hasta que ella logre extraerle hasta la última gota de información al pelirrojo...

Gracias a esta última conjetura anidándose en su subconsciente, no es del todo consciente del tiempo transcurrido hasta que, nuevamente, se encuentra en vísperas del siguiente encuentro que tendría lugar luego del alba.

Es como si la espera ahora se sintiese distinta, como si el propósito se sintiese más palpable que nunca, y como si ello la ayudase a alejar la incertidumbre, y demás pensamientos desmoralizadores de su mente.

Quizá, la prueba definitiva de su nuevo estado se halla en la última noche que pasará antes de volver a contactar con su informante. Esta está resultando ser tranquila, silenciosa y cálida… e ideal para reflexionar y sumergirse en su mundo interior. Es como si la particular sinfonía obrando alrededor de ella la llevase inconscientemente a ahondar en aquellos pensamientos que durante el día intenta evitar.

De este modo, cobijada bajo sus cálidas sábanas, y con la mirada perdida en algún punto del cielo nocturno tras la ventada junto a su cama, Sakura acaba perdiéndose en lo profundo de sus cavilaciones.

La verdad es que ahora quiere verlo. No sólo para obtener la información, sino porque cada vez que le habla recuerda cuán diferentes son. Al menos, teniéndolo cerca tiene esperanzas de que una palabra, o acción idiota, le recuerde por qué asociarse con él es una mala idea, ya que cuando lo tiene lejos sólo acaba más confundida que al principio.

De repente, un rápido pantallazo, a modo de resumen de todos los hechos ya conocidos, se vuelve a dibujar en su mente.

Suspira.

Evaluando su propia situación desde este "nuevo" punto de vista… Quizá, ya no hay nada que temer. Quizá, él realmente ya no es una amenaza. Quizá, a partir de ahora vivirá pacíficamente sin lastimar a nadie. Al menos, hasta que su antigua organización lo encontrase y le diera muerte…

Suspira de nuevo, esta vez con hartazgo. Luego, se gira sobre sí misma quedando de espaldas a la ventana.

Ahí están de nuevo esos pensamientos que detesta tener.

Él es un caso perdido, el inmenso historial de crímenes y asesinatos que carga, más el hecho de que hasta se jacta de ello así lo dictan.

"Imperdonable. Lo suyo es imperdonable."

Es sumamente iluso y tonto creer que la realidad puede ser diferente a la actual, y ella es una persona realista. Ella no cree en payasadas idealistas.

Con esta aseveración adueñándose de su juicio, no tarda en caer dormida de una vez por todas.

La salida del Sol trae consigo una nueva mañana, y la nueva mañana trae consigo la expectativa de su siguiente encuentro con la marioneta. A su vez, todo la anterior trae consigo su nueva partida de la aldea, en busca de información, en busca de su necesidad de ser útil a su aldea, y, al mismo tiempo, en busca de una necesidad personal de cerciorarse una y otra vez cuál es la situación que está viviendo.

Mientras parte abandonando la civilización una vez más, Sakura se pregunta qué haría la abuela Chiyo en su lugar, sólo para intentar seguir firme en su intento de desprecio. Después de todo, fue la duda que la anciana tuvo lo que dio origen al marionetista, y la misma Chiyo se dio cuenta de su error. Por eso intentó matarlo en aquella ocasión.

Si su propia familia lo reconoció como un error, entonces ella también debería hacerlo.

Al menos, al tenerlo cerca recuerda lo que ese sujeto es.

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Nota de autores:

Yo (lahonestidadenmi), les pido disculpas por la tardanza. Entre asuntos personales y académicos me vi imposibilitado de mantener el ritmo y es posible que vuelva a ocurrir. Si les interesa esta historia agréguenla a sus alertas. Prometo continuarla así como a mis otras historias siempre que pueda.