Actos viejos, tiempos nuevos.
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Luego de una noche de búsqueda, Sasori encuentra en la ribera del arroyo, aquel que ya tan conocido le resulta, un depósito natural de arcilla. Éste no es la gran cosa, pero cualquier material es poca cosa antes de que entre en contacto con un artesano.
Utilizando un filo escondido dentro una de sus extremidades, el pelirrojo corta el tronco de un árbol joven, incapaz de soportar el peso de un humano sobre él, para luego trabajar con su madera, ya que necesita herramientas, y para obtenerlas, necesita crearlas.
Hace mucho tiempo que no crea una marioneta de modo tradicional. El hecho de forjar las espátulas necesarias para moldear la arcilla, es casi nostálgico para él. Esta es una acción propia de su pasado, hecha por un hombre que hace tiempo superó al mismo.
Pasa horas y horas perdido en la tarea de tallar pequeños trozos de madera, eliminando astilla por astilla, con un cuidado y una dedicación propias del amor a su arte.
Le agrada tener algo que hacer, y más le agrada volver a crear...
Cincuenta herramientas, cincuenta espátulas son las que nacen de la, hasta entonces, ordinaria madera de aquel árbol. Cada una posee una función particular y única, cada una es específicamente creada para ser capaz de lograr una textura, una curva, para poder dibujar un detalle. Gracias a sus nuevas creaciones, el hombre se siente tan orgulloso como vivo.
Apenas consciente del paso del tiempo, Sasori sigue en su tarea hasta que finalmente amanece en aquel lado del mundo. Una vez que los rayos del alba son lo suficientemente intensos como para acariciar las obras bajo sus manos, el artista detiene su dedicada labor para acercarse a las aguas del río, teñidas ahora de un leve naranja. A continuación, se agacha en la orilla sumergiendo los dedos de su mano en el agua, para luego rociar tan sólo dos cristalinas gotas sobre la superficie de su núcleo.
Luego de este pequeño mantenimiento, procede a trabajar en la arcilla amontonada en el costado de la ribera. El resultado final no será apto para el combate, pero eso no le importa. Ahora sólo quiere crear, sólo quiere inmortalizar su inspiración.
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Sakura abre los ojos, esta vez refugiada bajo las cálidas sábanas de su cama. Luego, se nueve un poco hacia el costado y revisa el reloj despertador sobre su mesita de luz. Nota que éste apenas marca las cinco de la mañana.
El cielo aún permanece negro casi en su totalidad, y su propia habitación en la penumbra absoluta.
Tras dar vueltas en su lecho por un rato, la muchacha no tarda en notar que esto no le está ayudando a reanudar lo que fuera que estuviese soñando con anterioridad. Por lo tanto, opta por levantarse.
Aún vestida con su camisón negro, Sakura baja a la cocina para servirse un vaso de leche. No dormir esta vez no es una opción para ella. Tiene que hacerlo, ya que dentro de unas tres horas debe dirigirse al hospital, propiedad del departamento médico de la aldea, para comenzar la rutina de servicio a la que estuvo acostumbrada durante los últimos dos meses.
Su maestra la regañará duramente si llega a pescarla adormilada estando de servicio, y lo que menos quiere hacer en este mundo es provocar la ira de la quinta Hokage, más ahora que necesita como nunca de su confianza.
En una necesidad automática de distraerse, se acerca a contemplar el paisaje nocutrno que se extiende tras la ventana de la cocina. Un solitario farol, colgando de la entrada del edifico vecino, funge como fuente de luz en la oscuridad de la estancia. Éste alcanza a iluminar tenuemente la reflexiva faz de la joven, quien no puede evitar recordar a su rubio compañero tras presenciar el amarillo intenso que rezuma del farol.
"¿Cómo le estará yendo a Naruto con el entrenamiento?"
Con todo el ajetreo que ambos tenían encima, no había tenido tiempo últimamente de ir a visitarlo.
Ahora que lo piensa, hace tiempo que no oye noticias verdaderas de él.
Bebiendo de su vaso en la oscuridad de la estancia, su memoria comienza a revivir viejos recuerdos, y también otros no tan antiguos.
El tema de Sasuke... Se pregunta cómo rayos hace Naruto para cargar con ello, y aun así hacer promesas y mantener la sonrisa como si nada pasase realmente.
Ella, con todo lo que le está pasando, ya se siente abatida y que no da para más... y eso que no carga con un demonio de chakra sellado en su cuerpo.
Entonces, se acuerda de aquello que Sai le había mencionado, aquello de dispersarse y "desahogarse"... Si aún para ella es difícil, ¿Cómo hace entonces Naruto para no enloquecer?
"No... Esa es la pregunta incorrecta." Se autocorrige Sakura.
Naruto enloquece de vez en cuando. El zorro de nueve colas más de una vez afectó su cordura. La pregunta es ¿Por qué eso no ocurre más a menudo?
Aquellas interrogantes la llevan a la piedra angular de su incertidumbre: ¿Cómo se desahoga Naruto? Y más encima, sabiendo que muchos cuentan con su buen desempeño.
Una vez que termina su trago, deposita el vaso en el lavabo de la mesada. Ahora, con una nueva idea más para agregar en su lista de quehaceres, Sakura se dispone a volver a su cama. Mientras vuelve a recostarse bajo las sábanas, piensa en lo mucho que le gustaría preguntarle al rubio cómo hace para vivir con lo que ocurrió.
Aunque la médica consigue dormirse de nuevo, no lo hace por mucho tiempo, ya que, unas dos horas después, tiene que levantarse de nuevo y comenzar con su rutina de trabajo. Empero, no se puede decir que estar en el hospital cumpliendo un servicio no la llene a un nivel personal. Allí, sus conocimientos, habilidades, tiempo de estudio y entrenamiento se traducen directamente en un beneficio tangible para su aldea.
No podría tener oficio más de su agrado en ese aspecto.
Además, ya forma una pieza clave dentro de la organización de su profesión. Sirve de orientación a los médicos que están bajo su rango, y a la vez debe acatar las órdenes de sus superiores. Sea cual sea el caso, tiene práctica en esto.
Ahora, se mueve con eficiencia de habitación en habitación, con su mente fluyendo entre un diagnóstico y otro. En el hospital, con la salud de otros en sus manos, ella no tiene tiempo, ni permiso para divagar, y Shizune, como su indiscutida superior, no se lo permitiría tampoco. Aunque hoy tiene algo de tiempo para recesos durante el mediodía, para almorzar y recuperar energía, no se permite tomarlos. En su lugar, sigue de servicio en la guardia del hospital hasta bien entrada la tarde, más por decisión propia que por exigencias del puesto.
Una vez que su jornada laboral termina, la médica se dispone a realizar un último trámite brucrático antes abandonar todo contacto con la comunidad hasta el día siguiente. De este modo, abandona la clínica para dirigirse a la torre Hokage, tanto para entregarles a los altos mandos un par de papeles y estudios, como para saciar su cada vez más voraz curiosidad. Porque, después de todo, la ninja siente mucho interés por lo que sea que se esté cociendo en las intrigas políticas de los altos cargos, gracias a la transacción "anónima" de información, cortesía claro, de ella misma.
Al adentrarse por los pasadizos del impecable edificio, escucha por los pasillos a un par de jounins hablando acerca de "aumentar la frecuencia de los patrullajes nocturnos por órdenes de los superiores". Cuando finalmente alcanza la oficina de administración pública, Sakura logra ver a todo el consejo de eruditos y consejeros trabajando sobre el vasto escritorio que compone su comitiva.
Ante el ambiente que percibe en la sala, tan tenso y tan forzadamente discreto, la ninja quiere pensar que sus esfuerzos están teniendo resultados, y que la información está siendo útil.
Aunque parte de sí misma todavía detesta que haya tenido que recurrir a Sasori, ya es tarde para ella: ya recurrió a él. Ahora, sólo queda recoger los frutos de lo que tanto padeció por sembrar.
Ya finalizado el contratiempo, Sakura decide volver a atender sus propias necesidades, tanto mentales como físicas.
La verdad es que se encuentra hambrienta luego de no haber probado bocado desde el desayuno, y la primera idea que arriba a su mente al pensar en comida, quizá por causa de la costumbre, es visitar al puesto de Ramen Ichiraku.
No sabe si es por culpa de su estómago, pero desde la otra cuadra comienza a sentir el suculento aroma de los condimentos tan localmente conocidos. A medida que se va acercando al pequeño comercio, la kunoichi comienza a reconocer una voz masculina familiarmente alegre.
Es claro quién está comiendo allí, y ya era hora de que se cruzara con él. La suerte parece finalmente sonreírle a la rosada.
"Hoy mataré dos pájaros de un tiro." Piensa con los ojos brillosos por el entusiasmo.
Ahora, sintiéndose más motivada por el descubrimiento, se encamina a paso acelerado a la tienda. Y, una vez frente al espacioso umbral, levanta con una de sus manos la cortina blanca, que hasta el momento le impedía ver a los comensales.
— ¡Ahaa! ¡Sí! ¡Me estaba muriendo de hambre! —exclama Naruto emocionado, a punto de engullir un enorme tazón de su comida más predilecta en este mundo: ramen.
A un lado de él, Kakashi y Yamato ríen: el primero, despreocupado, y el segundo, con algo de pena. Los tres lucen sucios, y con la ropa gastada de tanto entrenar.
Hatake es el primero en percatarse de la amistosa presencia femenina detrás de ellos, girando su cabeza hacia atrás para saludarla.
—Oh, Sakura, ¿Cómo has estado? —le sonríe a su ex-alumna.
— ¡Buen provecho! —prosigue el hiperactivo joven, para luego percatarse de lo mismo que su ex-maestro. A continuación, se voltea hacia atrás con genuina sorpresa plasmada en su rostro— ¡Sakura-chan!
—Hola, Sakura—saluda Yamato uniéndose a la conversación.
— ¡Qué sorpresa encontrarlos por aquí! —exclama entusiasta la susodicha al tiempo que se adentra en la tienda.
— ¡Cuánto tiempo sin verte! —conversa su amigo rubio, mientras la invita a tomar asiento junto a él—. Veo que tú también has estado trabajando duro.
Uzumaki esboza una sonrisa juguetona al contemplarla con la bata blanca médica aún puesta sobre su uniforme ninja.
— ¿Eh?
Sakura baja la mirada, un poco sonrojada por el detalle, y nota que, efectivamente, olvidó quitarse la bata.
—Mira, qué descuido el mío... Pero seguro que tú andas mucho más ocupado que yo—Sakura sigue el hilo de las bromas, señalando al atuendo sucio y desgarbado de su compañero.
Naruto ríe divertido.
— ¡Por supuesto! —responde con entusiasmo, golpeando un puño contra la palma de su otra mano—. Muy pronto voy a perfeccionar mi propia técnica, ¿Puedes creerlo? ¡Sobrepasaré a Sasuke dentro de muy poco!
De repente, Uzumaki oye el estruendo, nada disimulado, del estómago de su amiga como reacción a sus palabras.
—Ahora que lo pienso...—retoma el muchacho— ¿Por qué no comes con nosotros? No has almorzado ¿Verdad?
Haruno se queda sin palabras ante la propuesta, atinando sólo a reír incómoda y enrojecerse por el sonido de sus entrañas.
—Te invito… Más bien, el capitán Yamato te invita—prosigue Naruto con una sonrisa pícara, señalando al aludido con un gesto de su cuello—. Él es el que siempre paga la cuenta.
El usuario del elemento madera no se ve muy de acuerdo con la sugerencia.
—Dije que sólo sería una vez, Naruto...—responde con molestia, más de su bolsillo que de su alma.
—Eh… supongo que yo puedo pagar por uno de mis alumnos—interviene Kakashi con buen humor—. Hace bastante que no comemos juntos.
Si bien su gesto no es mal recibido, a ella le cuesta creer que lo haga de modo desinteresado. Más bien, parece una artimaña de Kakashi para seguir gozando de los privilegios económicos de ser amigo del capitán a largo plazo.
—Bueno, supongo que por esta vez está bien—sonríe la kunoichi, mientras ordena un plato similar al de sus compañeros.
—Bueno, ahora sí. Necesito recuperar energía luego del entrenamiento—exclama para sí mismo el rubio, mirando apetitosamente el plato frente a él, listo para comenzar a engullirlo sin piedad.
Y así, los cuatro pasan un agradable tiempo hablando y poniéndose al día con todo lo que ocurre. Bueno, todos salvo Uzumaki, que su amor al ramen de ese lugar no lo deja hablar por engullir.
Algunas cosas nunca cambian. Un encuentro en Ichiraku ha sido así desde siempre.
— ¿Has tenido muchas misiones últimamente, Sakura? —pregunta el Ninja Copia desde el costado de Naruto.
Sakura nota que, por no quitarse su preciada máscara, su maestro no probó bocado alguno. De hecho, ni siquiera se fijó si había ordenado algo, o si el plato extra allí presente es para cierto compañero suyo.
—Sí, día tras día—asiente con la cabeza, con un dejo de satisfacción personal—. Pero eso me agrada. Me da la oportunidad de practicar en el ninjutsu médico.
—Sakura-chan es increíble—acota Naruto, apenas dejando escapar las palabras entre bocados.
— ¡Idiota! No hables con la boca llena—lo regaña la chica de inmediato ante el detalle.
Pasan otros minutos más. Los dos adultos conversan sobre sus asuntos, mientras uno de ellos termina su plato. Sakura aún trata con el suyo… y Naruto… Bueno, Naruto ya va por la quinta porción.
—Oye, Naruto—lo llama en voz baja, y ligeramente encorvada sobre la barra.
Mientras tanto, el aludido sólo le dirige una mirada curiosa en respuesta, ocupándose en tragar los últimos fideos que quedan en su plato.
—Sobre Sasuke...—decide comenzar la joven, con intención de ir al grano lo más que se pueda. Después de todo, confianza entre ambos para hablar del tema no es que faltase.
—Aún crees que…
—Sí—contesta tajante al percibir el tono de Sakura.
El porte general de Uzumaki no deja de ser jovial. Aun así, ahora suena decidido, sin un ápice de duda en su respuesta. Es más, ni siquiera necesita oír la pregunta entera para que las palabras correctas vengan a su mente.
La mirada de la chica se entristece un poco.
— ¿Cómo puedes afirmarlo así? ¿Cómo estás tan seguro? —vuelve a preguntar, esta vez con un tono más alterado.
—No hay que pensar demasiado en ello. Sólo lo creo, y lo persigo. Es Sasuke. No necesito otro por qué—repone con convicción, y con la mirada perdida en algún punto del estante frente a él.
La médica no puede ocultar su sorpresa, aunque las mismas dudas continúan presionando su mente.
— ¿Cómo? ¿Cómo puedes cargar tan… así con eso? ¿Cómo…?
Naruto se incorpora en su asiento, enderezando la espalda, para lucir más decidido todavía si se quiere.
—Porque no renuncio a lo que creo, jamás. Es el camino que escogí ¿Recuerdas? —prosigue él de forma retórica, mirando ahora a su compañera de charla— ¿La paso mal? Sí. A veces, me molesta fracasar tanto, pero es para eso que entreno.
Por su parte, Sakura desvía la mirada al tazón vacío debajo de su nariz. Acto seguido, recarga la mejilla sobre una de sus palmas en gesto pesimista.
—Lo haces sonar tan fácil…
Uzumaki niega con la cabeza.
—No lo es.
La pupila de la Hokage sólo permanece en silencio, parpadeando contrariada por la situación. ¿Desde cuándo Naruto suena tan sabio? De a ratos, no parece el mismo al que ella siempre estuvo acostumbrada. Y, probablemente ya no lo sea...
"Eso es algo bueno a recordar." Se dice a sí misma, mientras cae en cuenta que hace rato que ella tampoco parece ser la misma. Por lo tanto, esto no debería ser algo difícil de creer.
—Prometí traerlo de vuelta—le recuerda su amigo con seriedad, para luego volver a inclinarse ligeramente sobre sus brazos, apoyados sobre la barra—. Es una misión, una promesa que no se cuestiona. Sólo voy a cumplirla.
Ella frunce el ceño en gesto reprobatorio, negando aquella afirmación con la cabeza.
—Es imposible no cuestionarte muchas cosas. En algún momento… las cosas te superan—repone bajando aún más el tono de su voz.
—Dije que no es fácil—corrige el rubio, como siempre, sin retractarse de nada de lo que dijo—. Y sí. Eso les pasa a todos. ¿Qué con eso?
Por supuesto, Naruto carga con el Kyubi. Si alguien sabe lo que es estar en una situación sofocante, es él… Es egoísta compararse. Pero, aun así…
—A veces… ¿No crees que algunas metas no valen la pena? ¿Que son simplemente imposibles?
Esta nueva interrogante no hace más que confundir al aspirante a Hokage, quien pone cara de perplejidad y alza una ceja sin comprender, como si aquella frase no existiese en su diccionario.
Si bien el ninja naranja se denota confundido por la pregunta de su amiga, de todas formas trata de responderla de un modo hipotético:
—No. Si no creyera en el valor o lo posible de mis metas, entonces, no tendría sentido pelear por ellas. El viejo pervertido dijo una vez que soy muy tonto como para rendirme—recuerda haciendo un puchero con la boca, y, al mismo tiempo, sin perder la seriedad de su tono—. Así que ni siquiera considero esa opción.
Sakura fuerza una sonrisa ante sus palabras.
"¿Eso es todo? ¿Ese es el secreto? ¿Ser suficientemente tonto como para no dudar?"
Por su lado, el muchacho le devuelve la sonrisa de un modo más natural, intentando brindarle seguridad de modo tácito.
—No te preocupes tanto ¿Sí?...Lo conseguiremos, lo haremos—trata de animarla dándole una palmada en la espalda, al igual que ella lo había hecho antaño.
Es un gesto inocente en intención, pero a la chica no deja de saberle un poco irónico.
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Luego del tardío almuerzo, más el ameno encuentro, Sakura vuelve a quedarse sola.
Mientras resuelve el camino de retorno hacia su hogar, luego de todo el ajetreo de la jornada, reflexiona sobre lo que ha ocurrido el día de la fecha, y, también, sobre todo lo que ocurre y ha ocurrido hasta ahora. Comienza a creer, con ironía, que meditar sobre el pasado ya se ha convertido en su nuevo pasatiempo favorito.
No cuestionar sus acciones, no cuestionar sus objetivos… No, ella no puede hacer eso.
¿Debe repetirse a sí misma, una vez más, lo mucho que detesta su posición actual?
Ha traicionado sus principios, ha dejado vivir a un asesino… a un artista.
"¡Lo que sea!" Se recrimina por haberse corregido a sí misma.
Trabaja con él, guardando secretos frente a su aldea, frente a su hogar, frente a sus amigos y frente a aquellos que confían en ella.
¿Qué diría la vieja Sakura de toda esta situación? Ella ya sabe la respuesta: aquella Sakura se hubiese quitado la vida.
Y eso es otro asunto que pesa sobre sí misma.
Ella está viviendo esta situación, con dolores, con molestias, con dudas, con incertidumbre, pero ninguno de estos factores pesa suficiente para hacerla desistir de seguir adelante.
¿Qué pasó con sus códigos? ¿Qué pasó con sus convicciones? ¿Qué pasó con sus principios, con su voluntad?
Cómo le gustaría ser más como Naruto…
"Aunque, si así fuera ¿No estaría muerta, ya?" Se pregunta confudida.
Le duele admitirlo, pero, durante estos últimos tiempos, ella nota que comienza a parecerse demasiado a Sai:
"Primero el bien de la aldea, los métodos son secundarios."
Wow...
En serio acaba de repetirse esa frase… y, pensándolo un poco más… esto resulta tener un torcido sentido del humor.
La kunoichi ríe, sólo porque ya está agotada de reaccionar con lágrimas.
"¿Qué carajo está pasándome? ¿En qué cosa me estoy convirtiendo?"
Evidentemente, no está mutando hacia algo que le guste, pero tampoco hacia algo que odie.
"¿Acaso... es este el estrés de espía del que Sai hablaba?" Parpadea con súbita perplejidad.
Naruto es demasiado noble, demasiado bueno, demasiado fiel a sus creencias. Sasori, por otro lado, es un total fenómeno, sacado de una pesadilla o un manicomio. Sai, al menos, está conforme con lo que hace, y tiene razones de peso que justifiquen su actuar.
Todos ellos están conformes con lo que hacen, con lo que son. Y, luego… luego está ella, intentando ser tan pura en sus ideales como Naruto, intentando alejarse tanto como sea posible de los pensamientos de Sasori, y fracasando en los dos intentos.
Ríe con amargura, aunque ya ni sabe por qué. Quizá, es su subconsciente el que se está riendo de su propio patetismo.
Y lo peor de todo es que no puede decir que se odia por esto.
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