Libre.


.

.

.

Sasori se encuentra desde hace un rato sobre la misma roca, en la que anteriores veces había hablado con aquella que le salvó la vida. Sentado allí, observa absorto a su última creación, pero su mente no está en esta obra, y, para variar, tampoco está en la ya mencionada chiquilla.

El artista se siente molesto, demasiado molesto, frustrado hasta lo más profundo de su núcleo.

Escudriña su más reciente creación. Estéticamente, es lo más cercano a la humanidad que es posible crear sólo con arcilla. De no ser por el color de ésta, sería fácil que un ojo común la confundiera con un ser vivo, pero él está lejos de tener un ojo común, así que está frustrado consigo mismo por haber sido incapaz de capturar la mirada de esa niña en su arte. Odia saber que eso no es posible.

No se trata sólo de la limitación de equipamiento. A pesar de que es verdad que no tiene las herramientas para conservar el cuerpo de esta jovencita con mayor detalle, ese no es el problema, y está odiando el verdadero problema...

Incluso si tuviese su equipo, incluso así sería imposible porque, en la agonía, ese brillo cambiaría. Ese reflejo en los ojos de la pequeña desaparecería cuando la muerte advirtiera su llegada.

"No, el asunto es incluso peor." Se autocorrige.

Antes, él jamás podría haber considerado algo tan frágil o efímero como "bello", y eso es lo que más lo confunde. ¿Desde cuándo llama así a algo que puede desaparecer con la muerte?

Por supuesto: desde ella, desde que consideró como bella la voluntad de esa ninja, quien, como casi todo en este mundo, es mortal.

Y, de a poco, esa frustración y confusión se convierten en un pánico que, por orgullo, se resiste a mostrar en su cerámico rostro. Esta es, por lejos, su peor crisis artística. Es un bloqueo de las mayores proporciones concebibles.

¿Qué pasa si su definición de arte cambió más allá de sus propios límites? ¿Qué pasa si ya no es capaz de inmortalizar su concepto de belleza? ¿Qué pasa si ya no puede crear?

"¿Qué sería de un artista, si ya no puede ejercer su arte?"

Esa última pregunta lo hace sentirse mucho menos humano, incluso más que el hecho de tener un cuerpo artificial.

.


.

Este es el día del siguiente encuentro, y, para el descontento de Sakura, este día coincide también con ese día.

Maldice su fisiología. Ella, ante todo, es una ninja, y por esta razón jamás permitió que estupideces como esta afectasen sus actividades.

Por nada del mundo, del terrenal, ni del más allá, permitirá a sus ovarios controlar su desempeño durante día de la fecha. Pese a todo, esa aspiración no quita su actual pésimo humor, ni la molestia o el deseo de golpear algo hasta que se rompa, de golpear a Sasori hasta que se rompa. Ese condenado está jugando con su cabeza. Está básicamente riéndose de ella y de los cambios que está forzando sobre su mente, o, al menos, eso es de lo que se convence ahora.

Está segura de que en cuanto lo vea, sentirá unas enormes ganas de saltarle al cuello, cual depredador a su presa. Empero, es claro que esta fantasía temeraria no quedará como más que un simple residuo mental de su mal humor...

"Si tan sólo no estuviera tan limitada por mi necesidad de obtener información…"

Por otro lado, el que ya se conozca la ruta de memoria le hace más sencilla la tarea de tolerar los dolores propios de esta época del mes, que se encargan de atacar la zona baja de su vientre sin reparo alguno. A fin de cuentas, un buen detalle en el día es mejor que ninguno.

Al llegar por tercera vez al punto de reunión, Sakura realiza su rutinario recorrido por tierra, aventurándose entre la maleza, el césped silvestre y los árboles, en busca de su informante. Ante la total ausencia de su presencia en el bosque, la muchacha opta por ir directamente hacia la ribera del arroyo, arroyo en el que usualmente toman lugar sus pláticas, y es ahí donde finalmente lo localiza.

La ninja se encuentra con su anfitrión sentado al pie de su roca 'predilecta'. Empero, no está solo ahí. Si bien se lo ve ajeno en su propio mundo, nota que frente a él tiene una segunda figura humana, que es de la mitad de su tamaño.

Esa muñeca se ve sorprendentemente realista para la kunoichi...

"Al menos, parece una muñeca." Piensa con ironía.

Sin lugar a dudas, esta creación se nota distinta a las demás marionetas que ella ha visto con anterioridad. No parece viva, ni parece que lo haya estado en algún momento del pasado, pero su aspecto es tan detallado que cuesta creerlo.

El titiritero no le quita el ojo de encima a su creación en ningún momento, como si ni siquiera se hubiese percatado de que ya no se encuentra solo en la orilla. Se lo ve totalmente ausente, pero la rosada no tarda en notar que en realidad no lo está.

—Hola—la saluda con su tan usual porte apático, sin despegar su mirada de la frágil escultura frente a él—. Mis disculpas por el error. Creo que perdí la noción del tiempo.

La joven sólo contesta con un bufido de molestia. A continuación, camina hasta una de las rocas a la derecha del artista y se sienta abrazando sus rodillas, con la esperanza de que estar en un sitio de reposo la ayudase a reponerse de los malditos cólicos.

— ¿Hola? —insiste el pelirrojo ajeno a las molestias, y al desgano en general, que trae la médica a cuestas.

Sakura no se molesta en dirigirle la mirada tampoco. Simplemente, se queda en el molde observando a la nada, perdiendo sus jades en el cristalino paisaje frente a ella al tiempo que oye al arroyo fluir. Mientras tanto, siente como si, a cada segundo que pasa, tuviese menos ganas de responder con palabras corteses a ese 'saludo'.

—Ahórrate los modales. Terminemos con esto—dicta de modo tajante, sin más ganas de entrar en una espiral de emociones agotadoras y/o estresantes para su persona—. Antes de que no responda por mis acciones.

Esa última advertencia viene acompañada de un ceño fruncido, más una nueva mueca de fastidio en su rostro.

Por su parte, el renegado no parece haber captado la gravedad o la seriedad, no tan implícitas, de sus palabras.

— ¿Por qué la agresión? —pregunta apático, acomodándose sobre la roca para quedar un poco más cerca del suelo.

—No es asunto tuyo…—vuelve a replicar de forma hostil y arisca—. Mira, en verdad hoy no estoy de humor para esto. Dame lo que vine a buscar.

Sasori parpadea un par de veces, dirigiendo su atención por primera vez hacia su invitada. Al escudriñarla con detalle, acaba por comprobar el peculiar cambio en el porte en general de la joven, notándola más disgustada y malhumorada que todas las anteriores veces que la ha visto. Presupone que él es el culpable de esto. Después de todo, ya está en falta... lamentablemente, no tiene intenciones de ser sutil con sus dudas.

—Bien, dime qué cuernos ocurre y te daré lo que quieres—exige haciendo notar en su voz la carencia de ánimo para lidiar con la voluble muchacha.

— ¿Qué demonios te importa? —contesta igual de ácida la ninja, sintiendo su humor de perros crecer a cada instante que permanece allí, a cada instante que interactúa con él.

Acto seguido, ella se levanta esperando que el cambio de posición la ayude a aliviar sus molestias, tanto fisiológicas como anímicas. Pero no resulta ser el caso, así que, esta vez, opta por mantener sus pies en el suelo, recargando su peso apenas contra la piedra.

—Sólo estoy aquí por tu estúpida información, no para hacer sociales contigo.

—Pues, no estás haciendo muy fácil tu tarea de conseguirla. Era más fácil cuando me seguías la corriente—espeta el ex-Akatsuki con el ceño igualmente fruncido, más un dejo de fastidio en su timbre. La situación también comienza a sacar a flote lo peor del producto del estrés por su más que molesto bloqueo artístico.

La ninja tampoco tarda en devolver el tono de fastidio y el aire sobrador:

— ¿Y si ya no quiero hacerlo? Bah, nunca quise seguirte la maldita corriente.

—Ilógico—musita con los dientes un poco apretados—. Ya me seguiste la corriente antes ¿Qué cambió?

—Olvídalo… sólo dámela y ya—evade con insistencia—. No quiero estar aquí. Hoy más que nunca.

Sakura suspira pasándose una mano por la nuca, con tanta frustración como desánimo expresados en su pose.

De repente, una brisa atraviesa el bosque, levantando una pequeña polvareda que impacta en ambos. Sasori no la percibe. Por otro lado, la ninja sigue empecinada en no responder a ningún estímulo, todo le molesta hoy.

— ¿Será algo que ocurrió en tu aldea? Al menos, así tendría la calma de que no fue mi culpa.

El artista ya se siente estar al borde de perder sus nervios. Se niega a mostrarlo en su rostro, pero no quiere cargar con otro fracaso sobre sus hombros.

— ¿Y por qué te importaría que no fuera por tu culpa? —pregunta con una ceja alzada con desdén, mirándolo por sobre su hombro.

—Supongo que es porque estoy intentando activamente que algo funcione... Me molesta que lo que intento no funcione.

Sakura no se toma a bien esto. Básicamente, está admitiendo que él está jugando con ella, y que le molesta no poder jugar a gusto.

— ¿Qué no está funcionando? —cuestiona agresiva, ésta vez sí girándose bien en dirección al artista.

—Otra buena pregunta—acota pensativo y sin tomar en consideración el negativo estado de ánimo de la joven. En su lugar, termina dialogando más con una parte de sí mismo que con su invitada—. Muchas cosas no están funcionando... Particularmente ahora, el hecho de que estoy intentando que hablemos en paz.

Está de más resaltar que Sakura no se cree ni una de sus palabras. ¿Por qué debería tomarse en serio esa patraña de que él quiere conversar "en paz" con ella? Eso es tan ridículo que no puede verlo como más que otra forma descarada de jugar con su paciencia... De todas formas, y sin saber cómo, la muchacha logra seguir la corriente, quizá así obtenga más pronto la información, y, con ello, este sinsentido se acabe de una vez por todas.

— ¡Vaya! —exclama con un dejo de sarcasmo, acompañado por un chasquido de su lengua—. No creí que tú tuvieses interés en esas cosas.

Resalta el "tú" con cierto desprecio.

— ¿Por? —cuestiona Sasori, volviendo a ignorar el tono despectivo usado por la ninja. No obstante, tras el tono de voz apático que emplea, todavía es perceptible el dejo del fastidio que se oculta tras su invariable faz de aburrimiento— ¿Qué tengo de particular?

La ninja sólo vuelve a levantar una ceja para señalar lo obvio. ¿Qué le parece normal de estar hecho de cerámica?

— ¿Por qué intentas "hablar en paz"? ¿Por qué te importa?

—Porque tengo algún interés en hacerlo—responde su informante con otro automatismo.

Sakura no sabe ni por qué esperó otra cosa. Todo siempre acaba siendo así con él, y no es como si existiesen motivos para esperar lo contrario.

— ¿En hacer qué? ¿'Esas cosas' que no funcionan? —vuelve a cuestionar con impaciencia, sin sentir otra cosa que su humor volverse más negativo a causa de lo estúpido e irritante que se está tornando ese jueguito de las respuestas a medias.

—En hacer cualquier cosa. Si hago algo, es porque tengo algún interés. Si no funciona, me molesta. No hay nada raro en eso.

Está exasperándola con esa manía de evadir sus preguntas, y ella no está de ánimo para seguir dándole el gusto de lidiar con tal imbécil conversación.

—Bien, como sea. No es asunto mío—musita con desinterés, volviendo a desviar su mirada verdosa hacia el arroyo.

Luego de un momento más de silencio, sólo interrumpido por el sonido del bosque, Sasori decide volver a insistir. Después de haber esperado a que el aura agresiva de su invitada disminuyese un poco, comienza una nueva interacción como segundo intento de comprender los motivos detrás de la situación actual:

— ¿Aunque sea puedo saber qué hice para ver este retroceso? ¿A qué se debe tu cambio de humor?

—A que tu presencia me fastidia—emite de modo seco y cortante, sin rodeos, tacto o paciencia, y sin permitir que vuelva a hacerla enfadar de modo gratuito.

—Mientes... —acusa el artista ofendiéndose sólo por un instante, sintiéndose poco y nada conforme con la vaga justificación, o excusa, proferida por ella—. Mi presencia no cambió, y antes no existía esta situación...

El criminal no tarda demasiado en notar que esta táctica no servirá de nada para hacer desistir a la kunoichi de su tosquedad, así que se auto interrumpe con un pequeño suspiro, sabiendo que no le queda otra que resignarse temporalmente.

—Como sea, no importa. Supongo que puedo esperar un poco más por la respuesta.

Y eso es lo que ocurre después: más minutos de silencio en los que él sólo espera, mientras la sangre de Sakura no hace más que comenzar a hervir de nuevo.

Ella no tiene la obligación de decirle nada. Para empezar, ni siquiera quiere estar aquí. No quiere conversar con él, no quiere seguir jugando su enfermizo juego.

El marionetista retorna sus orbes a observar su creación, casi olvidada en su mente desde el último intercambio de palabras que sostuvo con su invitada, sin notar aún cuán cerca de explotar está la presencia frente a él.

A continuación, la joven se despega finalmente de la roca y hace un ademán de alejarse, dándole la espalda a Sasori y pisando el suelo con brusquedad para dejar claras sus huellas en él.

—Me voy—dicta sin dignarse a mirar hacia atrás, y sin importarle si él la escuchó, o si todavía está muy ocupado con su muñeca.

— ¿Sin información? —pregunta perplejo por la impredecible, y precipitada, nueva acción de la muchacha.

—Olvídala. Ya no la quiero—objeta irritada, movida por un impulso nacido de todos los desagrados acumulados— ¿Algún problema con eso?

Sin darle tiempo al ex-Akatsuki a responder, gira su rostro apenas por sobre su hombro para dedicarle una mirada amenazante por el rabillo del ojo. Aquello no es nada más que una silenciosa advertencia de lo que podría pasarle si se le ocurre, tan si quiera, la idea de intentar sedarla, envenenarla o secuestrarla a modo de represalia por desafiarlo de nuevo.

Pero Sasori sólo se limita a mirarla en silencio, con expresión entre molesta y aburrida en el cerámico rostro.

—Creo que sí tengo un problema con eso, pero no te importa—es lo único que termina respondiéndole, haciendo caso omiso de su sublevación.

Sakura no se sorprende demasiado por aquellas palabras. Es obvio que él tendría un problema con eso, ya que ella es una especie de juego a sus ojos. Eso cree, y eso es lo que tiene planeado a sacarle en cara ahora, sin reparo alguno:

—Ya no quiero ser parte de tu juego. No merece la pena, y tampoco me interesa que me uses y manipules como se te dé la regalada gana.

Dicho esto, la médica vuelve su vista al frente y comienza a caminar para largarse de allí, sin reparar en el hecho de que está permitiéndose fallar a su objetivo, que está dejando el lugar con las manos vacías...

No llega ni a realizar diez pasos antes de que Sasori la sorprenda con una inesperada acción:

—Aquí está el último pergamino que preparé. Te daría el resto de la información, pero aún no la tengo escrita.

Ella se da la vuelta de inmediato, sorprendida y atónita al oír algo caer tras ella, y, posteriormente, comprobar con sus propios ojos la presencia de la herramienta arrojada a sus pies.

— ¿Eh? ¿Por qué me la das?

—Por la misma razón que te la di antes—responde la marioneta desde su cómoda posición, como si la respuesta fuese la más obvia del mundo.

La joven niega con la cabeza repetidas veces.

—No me refería a eso…Es sólo… —se detiene abandonando su sorpresa e incertidumbre iniciales por otro arrebato más de enojo ante lo pedante de la nueva, y más que confusa situación—. Bien, no me importa, ¿Sabes qué? ¡Haz lo que quieras!

Exclama ya exasperada de él y de sus impredecibles acciones, mientras se agacha y recoge el pergamino del suelo con un movimiento brusco. No entiende el por qué de este cambio de actitud, y su forma de responder sólo la saca de quicio y no deja de sonarle a burla.

—Habrá más información aquí si cambias de opinión—pronuncia él sin permitir tiempo a más réplicas.

Como contrapartida, Sakura no tarda en explotar de nuevo.

— ¡Deja de hacer eso! —le chilla fuera de sí, girándose atrás una segunda vez para encararlo. Está harta de toda la situación, harta de lo que sucede, y de lo que ha venido sucediendo desde que tuvo la brillante idea de permitir que ese sujeto siguiese vivo.

— ¿Qué hice ahora? —objeta el pelirrojo, bajando de su roca e incorporándose en el mismo suelo silvestre desde donde la joven le grita, a su parecer, sin motivos.

— ¡De hablarme de esa manera! ¡De jugar conmigo! —continúa con unos crecientes deseos de golpearlo y romperle no una mejilla como la primera vez, sino la cara en su totalidad.

—Tú me hablas con desdén y prejuicio, yo te hablo con respeto—la corrige con un inconsciente tono de reproche.

Él viene cediendo ante ella y sus intereses desde hace tiempo ya, tratando de mantenerla en la línea y de disminuir su desconfianza, a costa siempre de posponer la búsqueda de solucionar sus propios problemas, ¿Cuál puede ser el bendito error en eso? ¿Cómo puede ser lógico pensar siquiera en la existencia de ese error?

— ¿Cuál es ese error del que me acusas? ¿Cómo demonios se supone que estoy jugando contigo?

— ¡Ese es el error! Tú, justamente tú ¿Hablándome con respeto a mí? No tenías respeto por tu abuela, ni por tus compañeros en aquella organización, y en su momento tampoco lo tuviste por mí ¿Cómo pudo eso cambiar de repente? ¿Cómo esperas que me crea que dicho cambio existe?

—No fue de repente. Si respeto a alguien, es simplemente porque se lo ganó—se defiende el pelirrojo, sonando más ácido y sarcástico de lo que sería usual en él gracias al enorme estrés con el que está cargando su mente, y gracias a la inoportuna presión a la que ella lo está sometiendo ahora.

— ¡Pasas de tratar de matarme a salvarme la vida! —exclama indignada y ofendida a más no poder por la deleznable justificación del artista, que no hace más que olerle a excusa barata para esquivar las acusaciones— ¿Cómo puedo confiar en alguien así? ¿Qué parte de esto no es un juego? ¡¿Cómo sé que no terminaré como esa cosa?!

En medio de su descargo, Sakura señala la muñeca blanca que aún se deja ver tras la espalda de Sasori.

—Yo lo hago por respeto y porque quiero que sigas con vida. Esos son mis intereses. No sé qué sea lo que te importe a ti—explica el criminal una vez más, consiguiendo dominar mejor su tono de voz—. Y esta muñeca es solo arcilla y muchas horas de mi tiempo, nada más que eso. No hay ninguna muerte involucrada.

El marionetista aclara esto casi como si intentase prevenir una posible, y a estas alturas previsible, acusación de asesinato, seguida de calificativos como "monstruo", "fenómeno", "abominación", y otra larga lista que ya tiene completamente figurada en su mente.

La muchacha no responde. No responde porque ella tampoco sabe cuál es el orden en las cosas que le importan… o qué cosas le importan. Simplemente, se limita a mirarlo con desconfianza y desaprobación.

No obstante, el silencio de su compañera no hace más que impacientar a Sasori con el devenir de los segundos.

— ¿Y ahora qué? ¿Le vas a tener miedo a un montón de arcilla, también? ¿Intentar capturar la belleza en el barro es algo aborrecible? ¿Tengo que rendirme en cualquier intento de ejercer mi arte? ¡Pues, mírala de cerca!

Sakura observa pasmada cómo el artista atrae a su muñeca con hilos de chakra, hasta ponerla directamente frente a ella. Ahora que la ve mucho más de cerca, nota que las facciones de esta niña de arcilla son detalladas, suaves. Además, el pelo de la misma está tan finamente tallado, que no pareciera estar compuesto de barro.

— ¡Esta cosa es un fracaso! —grita Sasori con toda la frustración interna acumulada, volviendo a tirar de la escultura con su técnica, esta vez con violencia, haciendo que se estrellase contra un árbol a un costado de ambos. Como no podría ser de otro modo, la muñeca se hace añicos tras impactar contra la dureza del tronco.

Luego de este arrebato emocional, el tono de voz, la expresión y el ánimo del artista se calman, casi como si parte de su estrés se hubiera destruido al oír el ruido de la muerte de su obra.

—Y no es ni útil ni suficientemente bella...

La kunoichi no puede hacer más que quedarse estática en su sitio, contemplando consternada la obra a su izquierda, o a lo que queda de la misma, mejor dicho. De ella sólo quedan infinidad de pequeños pedazos esparcidos por todo el suelo y césped que rodean al árbol impactado. No comprende el por qué de esta acción. Hasta ella debe admitir que esa muñeca era perfecta. Pensándolo bien, esta es la primera vez que lo ve menospreciar una de sus obras.

— ¿Por qué lo hiciste? —es lo único que Sakura atina a preguntar, manteniendo un dejo de melancolía en su faz.

—No es lo suficientemente bello—pronuncia Sasori tras recuperarse completamente de su anterior sobresalto, y refiriéndose al objeto en cuestión con un tono excesivamente crítico, como un insulto a sí mismo—. Su existencia es mi fracaso. Frustra. Espero que la próxima sea más hermosa. La próxima tiene que serlo.

"La próxima será más bella". Esa respuesta hace descender a Sakura al mundo real otra vez. No tarda en recordar con quién está hablando. No tarda en recordar quién y qué es ese artista... De repente, ese "La próxima" le suena terriblemente mal. La naturaleza criminal y asesina de ese sujeto es algo imposible de olvidar, y esa simple realidad ya es suficiente para que un mal presentimiento, y una fundada desconfianza, se albergasen nuevamente en su interior.

— ¿Qué podría haber que fuera más hermoso que eso? —pregunta fingiendo seguir consternada por lo que presenció, con la única intención de sacarle más información al marionetista para comprobar si sus sospechas no están equivocadas.

—Pues, el modelo que la inspiró, para empezar—contesta Sasori, aparentemente sin notar la doble intención de la interrogante—. Su mirada era demasiado... profunda... No pude imitarla.

Esa respuesta es toda la excusa que Sakura necesita para atar cabos y sacar conclusiones, tornándose a la violencia:

— ¿¡Modelo!?

Movida nuevamente por la ira y el enojo, se acerca a él en un rápido movimiento. Con una maniobra de taijutsu, más algo de fuerza bruta, logra agarrarlo por su túnica, a la altura del pecho, antes de que llegase siquiera a reaccionar al estímulo.

— ¡La niña! ¿¡Que hiciste con ella!? —le exige cuando lo tiene justo donde lo quiere: con su rostro a centímetros del de ella, para así obligarlo a ceder a la presión— ¿¡Que hiciste con sus padres!? ¿¡Te dejaste ver, grandísimo idiota!?

Sasori no cede a la presión, ni se muestra intimidado. Por el contrario, permanece impasible ante la agresión, sólo su propio arte puede afectar sus nervios.

—En esta clase de momentos, sería bueno que recuerdes qué clase de cosas hago y en qué clase de cosas estuve metido—le aclara con naturalidad a su captora—. No, no me dejo ver. Tu vida depende de que no haga eso. La mía también.

— ¡Pero permitiste que te vieran! ¡Ahora, alguien más sabe que vives! —replica sin mostrar titubeo alguno en su ira. A continuación, la kunoichi comienza a avanzar, empujando a su informante hacia el mismo árbol en que impactó su muñeca segundos atrás.

—Piénsalo por un segundo. Soy Sasori de las Arenas Rojas ¿Te parece que voy a ser tan descuidado, cuando hay tantos intereses míos en juego? —evoca con una serenidad que nada calma a Sakura.

Ella aprieta un poco más el agarre, exasperada ante lo que percibe como una descarada tomada de pelo por parte de su cautivo.

— ¿Y cómo va ese modelo tuyo a pasearse por ahí, sin ningún tipo de compañía adulta? Si te la encontraste, significa que tuviste que pasar a través de algún tipo de defensa. ¿Y te atreves a negar lo que tú mismo estás dejando en evidencia?

—Sí. Tuve que hacerlo ¿Podrías soltarme? —pide con un tono aún demasiado sereno para el gusto de Sakura, quien aprieta más el agarre en su pecho al volver a sentirse ignorada.

Finalmente, la ninja de Konoha termina de empujar la espalda de Sasori contra tronco del nogal, obligándolo así a pisar los restos de su obra despedazada.

—Tu mano está demasiado cerca de mi núcleo. Me desagrada.

Ella también se decide por ignorar ese comentario, sin siquiera escucharlo, ya que está demasiado consumida por un estrés irracional. En su lugar, sólo se limita a mantenerlo sujeto con firmeza. Acumulando más fuerza en su agarre, libera una de sus manos para aprisionar el cuello de su cautivo contra el tronco, imposibilitándolo a mover o girar la cabeza, o, al menos, eso haría si tuviese un cuerpo humano.

— ¡Te enfrentaste contra alguien, idiota! ¡Saben que vives! ¡Por tu estupidez, los dos estaremos en problemas! —continúa recriminándole, mientras apreta todavía más la mano que sujeta su ropaje.

Ahí es cuando Sakura obtiene una reacción. Una reacción nueva.

—No me gusta que toquen mi núcleo ¿Entiendes? —musita el hombre afilando la mirada, adquiriendo un aura distinta, más seria, más desafiante—. Suéltame. Ahora.

Aquella orden es sumamente tajante, firme y amenazante, a pesar de que el marionetista no puede mover una sola articulación en el proceso.

— ¡No me importan tus excusas! —espeta haciendo caso omiso de la advertencia—. Yo te salvé de morir. El hecho de que estés aquí me lo debes a mí, y tú estás arriesgándolo todo por tu estúpido egoísmo.

—Estaba a punto de enloquecer—explica manteniendo el porte de seriedad—. Cualquier ninja en mi posición necesita algún modo de evitar el estrés para no tomar decisiones estúpidas. No subestimé a nadie la noche que me acerqué a esa niña. Sólo buscaba conservar mi cordura. Cosa que deberías intentar tú también.

En medio de su enojo, que se acrecienta aún más por lo último, la ninja de la Hoja insiste en el agarre sobre su ropa y cuello, sin reparar en la anterior advertencia de su informante. De repente, siente algo cálido a través de sus prendas, y ese algo escapa de su tacto tan rápido como logra captar su presencia.

En consecuencia, la marioneta pierde la firmeza por un instante, dando el aspecto de estar totalmente muerta. Luego, levanta la mirada hacia la jade de su captora, recuperando el soporte propio. Ahora, la mirada de Sasori es severa, y el ambiente también es totalmente distinto.

—Suéltame. Ahora.

Eso ya no es una sugerencia amable. Ya no es un ser indiferente el que le exige esto. Sakura lo nota, y no tarda en reaccionar al nuevo estímulo. Esta vez, acata la orden, soltando al pelirrojo. Acto seguido, retrocede un par de pasos, cediéndole nuevamente espacio tanto a él como a sí misma.

Por su parte, el renegado sigue estático, mirando al suelo con porte amenazante. Un aura pesada lo rodea, y casi parece que todos los ruidos del bosque se han callado ante su cambio de ánimo.

Finalmente, ha cruzado un límite. Ha presionado demasiado a Sasori.

"¿Va a atacarme?" Se pregunta la muchacha notando cuán lejos había llegado. Si sus acciones llegaron al punto en que está dudando de si este es el fin de su pseudo alianza… Entonces, ella ha llegado demasiado lejos.

Mientras continúa alimentando la distancia con el artista, alcanza a ver, por una fracción de segundo, un movimiento por debajo de la túnica del marionetista. Supone que es el dichoso núcleo, que está regresando a su posición original luego de haber sido parcialmente removido de su sitio por culpa de ella y su brusquedad. Por otro lado, su miedo y sorpresa actuales se encargan de apagar su rabia. Ahora, Sakura no hace más que prepararse para lo peor.

—No vuelvas a tocarme—es lo último que ordena su informante con esa mirada amenazante que ha logrado intimidar y hacerla entrar en razón, antes de que el ambiente retornase a lo 'normal'... o tan normal como puede ser el ambiente en torno a él.

Sin embargo, el cambio de aura se presenta otra vez de forma repentina, descolocando de nuevo a la aprendiza de la Hokage.

"¿Cómo hace ese sujeto para controlarse así?"

—No tomé un sólo riesgo. Ni para ti, ni para mí, ni para nadie. Espero que haya quedado claro. Porque no lo repetiré otra vez—prosigue él con total autocontrol—.Ya tienes la información. Eres libre de partir. Habrá más en cinco días, si te interesa. Si no vienes, me retiraré de este sitio. Como sea, ya no tienes ninguna obligación de verme. He hecho lo que pude. Ya puedes sentirte libre.

Libre… Escuchar esa palabra elimina parte de la presión que ella carga. Y con esa presión fuera del camino, su cerebro comienza a interrogarla. ¿Por qué está siendo considerado de nuevo? ¿Por qué le ofrece más información? ¿Por qué la deja libre? ¿Por qué, si hasta hace segundos estaban discutiendo? ¡Si hasta hace unos segundos parecía que fuese a fulminarla por haberle tocado el bendito núcleo!

"No..." Se corrige a sí misma.

"Yo estaba discutiendo."

Toda agresión o agresividad en la última conversación nació de ella. Se maldice por haber dejado a la situación tomar lo mejor de ella. Hasta había dicho que no quería más información... Con esa simple estupidez había puesto en riesgo a la aldea, a Naruto, ¿Y aún después de lo que hizo, de haberlo presionado y provocado de esa manera, el hombre frente a ella se sigue ofreciendo a darle aún más información?

Aún con confusión, remordimiento, y otra mezcla de sensaciones encontradas por su propio comportamiento anterior, Sakura se las ingenia para mantener la compostura y responder algo más o menos coherente.

—Considerando que ahora decidiste irte de paseo por ahí, dejándote ver como si nada, exijo que cambies de sitio—expresa con ironía, más que nada para ocultar cuán intimidada estuvo segundos atrás—. Ya no es seguro. Si decides esperar por tu obsesión ridícula, al menos, no comprometas el secreto.

—Sigue el río unos kilómetros hacia abajo. Allí hay un depósito natural de arcilla... Allí estaré—propone el marionetista, señalando en dirección de la corriente del agua con un gesto de su cuello, totalmente ajeno al regaño interno de la mujer.

— ¿Qué tan lejos es?

—Unos kilómetros. ¿Por qué estás tan interesada?

—Porque quiero saber dónde enviar gente a perseguirte—responde con sarcasmo, aunque sin intención de provocar otro conflicto. Sólo… No quiere cambiar por completo su tono de voz. No quiere mostrar debilidad. No quiere mostrar arrepentimiento. Después de todo, aún tiene sus dudas, y, todavía más importante, aún es muy orgullosa como para hacerlo.

—Primero: es mala idea. Los mataría. Segundo: mientes—refuta Sasori con su usual aire sobrador y crítico—. Pero te mostraré el sitio. A diferencia de ti, yo puedo confiar.

Sakura se saca la mochila por un momento, y de uno de sus bolsillos toma una píldora que luego se lleva a la boca.

Mientras tanto, Sasori se queda en su sitio, limitándose a observarla acercándose al río y capturar un poco de agua con la palma desnuda de su mano, para así ayudar a pasar la píldora a través de su sistema digestivo.

— ¿Aún crees que te envenenaré? —cuestiona con una ceja alzada, sin saber cómo interpretar la inesperada acción de la voluble kunoichi. Él cree ya haber hecho suficiente para despejar esa duda.

—No. Esto es para mí.

Ahora, Sasori puede atar cabos en su cabeza. Es allí cuando comprende la fuente del alterado temperamento actual de su invitada. No obstante, decide guardarse lo recién comprendido para sí mismo.

—Sígueme.

La rosada asiente en silencio, incorporándose y acercándose nuevamente a su informante. A continuación, comienza a desplazarse unos pasos por detrás de él sin tener intención de abandonar la distancia entre ambos como mecanismo de defensa. De este modo, guiada por el criminal, camina cuesta abajo en silencio total.

Ambos cargan con sus propios estorbos mentales, y ambos los guardan para sí mismos, provocando que sólo el correr del arroyo, y el ocasional trino de un ave se escuchen a medida que se desplazan por la orilla.

Por un lado, Sasori se encuentra temiendo por el futuro de su arte, y, a la vez, lidiando con una sensación desagradable en su núcleo, en donde Sakura presionó en medio de su ataque de ira. Por el otro, Sakura aún se preocupa por qué pasó con el "modelo" de Sasori.

"¿Qué fue de esa niña? ¿Qué fue de sus padres? ¿Los habrá matado Sasori? ¿Habrá dejado evidencia de que sigue vivo?"

En su necesidad de responder estas preguntas, rememora la ajetreada conversación que tuvo con el pelirrojo hace un rato… pero le pesa el recordarla… Por más motivos para desconfiar de él que tuviese, ella reaccionó de más.

Es verdad… este sujeto es capaz de infiltrarse en la Arena y secuestrar a un Kage… Alguien así de experimentado no sería descubierto con facilidad. Y, sobre el destino de estas personas, él dijo que sólo mataría con el objetivo de preservar su vida. Al final del día, si en algo puede confiarse cuando se habla de Sasori, es que se toma en serio sus obsesiones.

Sakura suspira con frustración. Por más que intentase evitar esos pensamientos extremistas, aún así sigue temiendo la posibilidad de un engaño, y comienza a creer que este temor seguirá torturando su mente de forma indefinida.

El silencio a su alrededor se torna incómodo por momentos, interrumpiéndose solamente por el sonido de sus pisadas, el correr de las aguas del arroyo, y el viento entre las hojas, aunque ahora el ambiente se siente diferente. Hay otra presión… No, eso sería incorrecto. En realidad, ya no hay presión. Sasori ya no tiene la obligación de esperar. Sakura ya no tiene la obligación de verle. Esta vez, ambos tienen más opciones a mano.

El marionetista ya tomó la suya: aún está dispuesto a darle más información, y la kunoichi también parece haber tomado la propia...

Otro rato más pasa hasta que finalmente detienen su caminata y arriban al nuevo sitio.

En aquella zona del arroyo, un depósito de arcilla cubre parte de la costa bañada por el agua, y un claro pequeño, cubierto de hierba, se ve desde la orilla del rio que habían bordeado y seguido por la anterior hora.

—Aquí estamos. Ya conoces el sitio. Puedes retirarte cuando te plazca—habla el criminal, liberándola del viaje sin mayores pretensiones.

—Sólo…dame…un momento—pide Sakura, sujetándose el vientre y sentándose bajo la sombra de uno de los árboles cercanos a la ribera. Entre el calor sofocante del Sol, la caminata expuesta al mismo y un nuevo retorcijón de su vientre bajo, se le hace necesario parar a refugiarse bajo la sombra.

—No es un problema.

Sasori ignora a la ninja sin más, y, tras deshacerse de su calzado sobre la arena, se adentra en el rio hasta dejar que este tape sus tobillos.

Sakura lo contempla de espaldas a ella. Lo ve agacharse para tomar agua con su mano derecha, mas esta jamás sube a la altura de su boca.

Cuando el marionetista regresa a tierra firme y vuelve a colocarse los zapatos, la kunoichi observa una mancha de humedad, a la altura del pecho, en la ropa negra del hombre.

—Mientras mantengas tu distancia, no me molesta cuánto te tardes—acota su informante, para luego sentarse en un tronco caído que cuelga sobre el arroyo y concentrarse en hacer desaparecer la sensación fantasma del tacto en su núcleo.

—Sobre eso... Me llama la atención ¿Por qué mojas tu núcleo? —pregunta con curiosidad, ya sin la presión usual. Como ya posee la información consigo, se atreve a tomarse la libertad para hablar de lo que ella quiera.

No, casi que se siente obligada a hacerlo. Hoy, su actuación fue una vergüenza. Dejó que su estrés se llevara lo mejor de ella, y ese idiota le restregó su autocontrol en el rostro. Debería mostrar algo de orgullo al respecto, así que se siente obligada a mostrar que es tan capaz de lograrlo como él. Además, la ausencia de presión cambia en cierta manera la situación. Él ya admitió que entregaría más información más allá de lo que ella haga, y siempre que se presente a buscarla. Hasta ahora, él se ha empeñado en mantener cierto honor en su palabra… Usar la palabra 'honor' refiriéndose a Sasori aún es raro.

—Porque lo necesito. Y porque lo pasaste muy cerca de él sin mi permiso, y eso no me gusta.

— ¿Cómo? Creí que no tenías sentido del tacto—vuelve a insistir, mostrándose un poco más tranquila.

—Una marioneta no tiene sentido del tacto, yo sí.

—Supongo que tiene lógica.

—Del mismo modo, una marioneta no tiene ningún sentido y yo aún los poseo.

—Pero apuesto a que no tienes necesidades fisiológicas, ni sentido del gusto.

—Dije que necesito agua. Te equivocas en lo primero. Y, como no tengo que comer, puede decirse que no tengo sentido del gusto.

—Tampoco duermes, ni te cansas ¿Verdad? —pregunta Sakura, esta vez por simple inercia.

—No duermo, y físicamente no me agoto, pero a cambio, tengo una recién descubierta tendencia a revelar información que puede matarme.

La joven no puede evitar sonreír a medias ante aquel comentario, sin importar la intención con la cual va dirigido el mismo. La verdad, aún tiene más dudas sobre el sujeto frente a ella, pero no es como si estuviesen en términos lo suficientemente amigables como para conversar de cualquier sinsentido. La situación ya es lo suficientemente rara por ahora.

—En fin. Será mejor que me vaya—se incorpora la muchacha sin darle más vueltas al asunto.

—Fue una buena conversación, obviando ciertos detalles molestos, pero puedo ver más allá de eso—pronuncia él con su acostumbrada y formal calma—. Cinco días. Si no estás aquí en cinco días, no me encontrarás. Libre al fin.

La ninja le da la espalda a su informante y camina unos pasos en dirección opuesta al río, pero detiene su marcha tras apoyar la palma de su mano sobre un tronco en medio de su camino.

— ¿Con que puedes ver más allá de todo lo que esta evidentemente mal? —pregunta con una ceja arqueada, más una mueca de contrariedad en su rostro, pero sin voltearse a mirarlo.

—Eso es porque yo defino lo que está bien o mal—responde el artista con convicción en su voz al tiempo que desciende también a tierra firme—. No me lo dicen las reglas de ninguna aldea. No me lo dice ningún libro bingo. Como sea, tengo que encontrar un modo de estar conforme con mi arte ahora. Estaré ocupado… Y, en caso de que no volvamos a vernos... Aprovecha tu libertad. Sé que yo haré lo mismo.

Y, sin más palabras de por medio, ambos comienzan a moverse en distintas direcciones.

.


.

Por primera vez desde que esto comenzó, Sakura se siente en control de sí misma. Aún puede regresar allí, por aquello que cree que sería la última información, pero lo más importante de todo es que Sasori ya no intentará convencerla de nada.

"No más charlas idiotas para confundirme. No más reglas que seguir…" Se dice con suma satisfacción personal.

No más reglas que seguir.

"¡No más reglas que seguir!"

Ahí es cuando ella comienza a preocuparse de nuevo…

"Él tampoco tiene que seguir mis reglas…"

Sobornar a Sasori con su suicidio es lo que hasta ahora ha impedido que él volviese a matar. Esa es su única carta actual para controlarlo. Ahora, él será tan libre como ella, y ya no podrá encontrarlo hasta la fecha pactada… Es más, él mismo admitió que intentaría volver a estar conforme con su arte.

La libertad no tarda en convertirse en remordimiento para la médica. Lo dejará suelto en el mundo, una vez más. Ahora, cada vida, y cada nueva gota de sangre derramada estará en sus manos, y sólo puede esperar que la situación del pelirrojo sea lo suficientemente dura como para disuadirlo de asesinar…

Con la libertad, llega la responsabilidad… Ahora, cree comenzar a comprender el impacto de lo que acaba de hacer.

.


.

Esa noche, él ya no sabe si va a volver a verla. Eso le molesta. Aún así, sabe que esto terminaría así más temprano que tarde. No puede mantenerla captiva por siempre... Al menos, no en una situación tan delicada como en la que él se encuentra ahora.

Lo más molesto de todo es no saber si ella conservará su vida, además, claro, de la incertidumbre de no conocer si este intento es otro ítem más en su lista de fracasos.

"Incapaz de crear belleza. Incapaz de cumplir mi definición de belleza, y, quizá… Incapaz de proteger la belleza."

Eso en sí mismo no es suficiente. Su aparente desconexión con su musa lo atosiga, y la frustración se acumula en él hasta el punto de que casi la siente en las venas que, desde hace años, ya no tiene.

Sasori observa el cielo estrellado que se despliega sobre su existencia, como buscando una respuesta o solución a esto. Luego, observa casi con odio al banco de arcilla bajo sus pies, que pareciese reírse de él ahora mismo.

No llegó tan lejos rindiéndose. No empezaría a considerar la opción ahora...

.

.

.


Nota de autores:

Primero que nada, gracias a todos nuestros lectores y felices fiestas para todos ustedes. Debido a la cercanía de estas fechas nos demoraremos en la entrega del próximo episodio. Este capítulo fue una pesadilla de editar. Nos esforzamos mucho en hacer a estos dos personajes distintos el uno del otro y lo más realistas y fieles que podamos representarlos. Nos encantaría alguna especie de feedback sobre nuestro trabajo en este episodio. Seria nuestro regalo de navidad XD

Esperamos que lo hayan disfrutado. Felices fiestas.