Vínculo de espías.
.
.
.
Sakura despierta después de haber vivido una noche extraña. Su mente, como para no dejar la costumbre, se enfrenta entre la alegría de tener la opción de dejar de tratar con el marionetista, y la presión de ser la responsable de lo que el aburrimiento lleve a ese monstruo a cometer.
Aparte de esto, un novedoso pensamiento le roba una hora de la noche: la opción de libertad... pero le parece tan lejana, tan difícil de tomar…
"No puedo alejarme de Sasori como si nada, no puedo dejarlo libre, no puedo ignorar que yo lo dejé vivir."
'Traición' vuelve a ser un concepto recurrente en su cabeza cuando comienza a sopesar la idea. La opción de terminar esto sigue estando ahí, pero ella se siente incapaz de tomarla.
"¿Y si esto es parte de su plan? ¿Y si está jugando con mi cabeza? ¿Y si me está controlando como a una de sus marionetas?" Se pregunta con tanta desconfianza como paranoia ante la amenaza fantasma de una posible trampa puesta por su informante.
Pese a todo, el orgullo es una fuerza inamovible y de mucho peso, una fuerza que le impedirá a Sakura admitir alguna de estas posibilidades, siquiera a sí misma.
"No puedo dejarme caer ahora, no puedo darme el lujo de dudar ahora. No debería hacer nada de eso..."
Desentendiéndose al fin de su aletargamiento físico, la muchacha decide abandonar su lecho e ir a tomar una ducha para posteriormente bajar a desayunar algo y apegarse a su rutina de ir con Sai. Ella debe de actuar a la altura de su situación, y, como tal, tiene que comportarse como una espía.
Luego de transcurrida parte de la mañana, la kunoichi camina por las calles al igual que el resto de los transeúntes de su alrededor. Empero, más temprano que tarde, termina desviando su camino hacia uno mucho más abandonado y apartado del interés del público. De este modo, consigue entrar en el callejón y quedar de pie frente al muro previamente indicado por el joven ANBU de Raíz. Ahora que su objetivo está al alcance de la mano, la precavida ninja observa a sus espaldas una última vez, cerciorándose de que nadie la haya perseguido hasta aquel rincón olvidado de la aldea.
Una vez que está segura de que es la única presencia aquí, Sakura toca la pared que ya conoce. Una respuesta por parte de su aliado no debería demorar en darse a conocer.
Afortunadamente, la entrada no tarda en abrirse ante ella, invitándola a sumergirse directo en la oscuridad absoluta del escondite secreto.
Cuando siente el sonido de la puerta cerrándose tras su paso al cubículo ciego, la voz de Sai resalta su presencia allí atrás, dándole la bienvenida:
—Buenos días. Puntual tu fuente, puntual tú, puntual yo. Así debe ser—saluda con su ya cracterística formalidad— ¿Te estás acostumbrando al trabajo de espía?
En seguida, los ojos de Sakura vuelven a ver la luz. Sai ya está frente a ella de nuevo, enciendiendo su linterna para aclarar el secreto escondite.
—Buenos días. Sí, creo que me acostumbré al oficio—devuelve la cortesía mientras mete su mano dentro de su estuche y saca el pergamino a la vista de su actual confidente.
Ni bien posa sus ojos sobre la información, el ANBU lo arrebata de las manos de Sakura con un movimiento rápido, casi violento.
—Y... ¿Qué hay de ti? —pregunta perpleja por el brusco arrebato de su compañero.
A continuación, la voz del joven se torna seria, más no sus facciones, y comienza a reprenderla de inmediato:
—Tengo una orden para ti. Corrígete. Entraste a oscuras sin saber quién estaba adentro, y permitiste que te quite la información de manera ridículamente sospechosa. Sé que eres más inteligente que esto—esta crítica se siente como un balde de agua fría para Sakura, que ahora comienza a caer en cuenta de su error—. No estás acostumbrada a este trabajo. Sea lo que sea en lo que estás metida, está afectando tu juicio. Abandona esto, o suelta tu estrés. No hay más opciones.
La ninja sólo atina a guardar silencio ante la cruda reprimenda. Sin mirar otra cosa que el suelo bajo sus pies, no puede evitar sentirse avergonzada e iracunda consigo misma.
— ¿Cómo hacerlo? —rezonga frustrada, cuando por fin consigue sobreponerse al shock inicial—. No puedo evitar pensar en el riesgo…
—Si eres espía, eres los ojos de la aldea—prosigue firme el moreno, sin filtros, ni reparos, más sin otra intención que ser honesto con ella—. Debes tener la vista clara, debes ser confiable. Si no puedes hacerlo, déjale la tarea a alguien que pueda. No creo que no seas capaz de hacer el trabajo. Digo que no sabes lidiar con la presión.
—Tienes razón, pero... Sólo son unas semanas más, y luego ya no habrá más información. Ya dejaré de hacer esto—Sakura vuelve a posar sus ojos sobre su compañero, haciendo un claro gesto de negación con la cabeza antes de continuar—: En serio, no tienes idea de con quién trato. No hay forma de que esté tranquila sin contradecirme como ya lo hice estas semanas.
"¡Oh, mierda!" Se insulta al darse cuenta de lo que dijo. Tan sólo acaba de aceptar que seguirá viéndolo… Ahora sí que se siente manipulada. La idea de libertad ya no suena creíble de ninguna manera.
—Discúlpame por el siguiente tono de voz que voy a usar—augura Sai de forma sorpresiva, levantando un aura suave y enigmático que contrasta totalmente con su severidad anterior.
Por su parte, Sakura no alcanza ni a manifestar intriga cuando su confidente vuelve a sorprenderla con otra acción inesperada.
— ¡Ya regresa a la realidad! —exclama súbitamente el pálido zarandeándola de los hombros, pero recupera la compostura tan rápido como la perdió, finalizando su desempeño con una nueva sonrisa—. Dicen que un grito llama la atención de aquel que tiene la mente en otro lado.
Por primera vez, una de las cosas que lee en sus libros tiene el efecto esperado. Ahora, Sakura tiene toda su atención puesta en él, ya que lo mira con una sorpresa tan grande que no cabe en sí.
—No importa en qué asunto moral te hayas metido. La información siempre es inocente. Al igual que cualquier herramienta, esas cosas no son ni malas ni buenas. Depende de en qué manos esté y cómo se use—continúa explicando al tiempo aparta sus manos de los hombros de ella—. Pero DEBES estar en buena forma. Toda la información del mundo ninja viene de gente como nosotros. Piénsalo: antes de cada misión, te entregan inteligencia sobre la misma. Antes de cada decisión, de cada guerra, de cada tratado de paz, cada persona en esta aldea busca información. ¿Acaso crees que toda la información es robada, o que cae del cielo? Todos protegen su información, y el modo en que se obtiene es por espías, por gente como tú o como yo. Alguien tiene que tomar decisiones difíciles, jugarse la vida y el honor, ocultos en mentiras para que otros puedan tomar las decisiones correctas.
La médica no puede más que dar crédito a todo lo que oye. Es absolutamente cierto. El mundo depende de esta clase de información, y esta solo puede salir a la luz gracias a la gente que opera dentro de situaciones turbias. Ella acaba de recibir una súbita llamada a la realidad, y, así como quien recién despierta, aún no puede vislumbrarla en su totalidad.
—El mundo ninja funciona por gente que hace este trabajo... —retoma Sai, de algún modo rematando las cavilaciones internas de Sakura—. Estate en foco. Ten un número de contactos confiables. Vive sabiendo que Konoha funciona por gente como tú. Estate en buen estado, con la mente fría, en calma. Estas misiones fuera del papel son las que más importan, son las únicas en las que tú sabes por propia experiencia que le ayudan a la aldea. Todas las demás son sólo obedecer y confiar.
Sakura vuelve a bajar la cabeza, aún procesando sus palabras… Nunca lo había visto de esa manera… pero para ella ésta es una revelación. Cada información tiene una historia de cómo fue obtenida, y más de una no debió ser bonita. Aun así, una cosa es traficar información con otras naciones, con otros espías, y otra muy diferente es bailar con el demonio. Sasori es otra cosa, es un asesino despiadado y encabeza el libro bingo con sus demás ex-compañeros en Akatsuki. Su traición no puede ser ignorada. El sufrimiento causado por ese monstruo tampoco… Las cosas ya no lucen tan inocentes e idealistas cuando son puestas en su respectivo contexto.
—Necesito hacer algo antes—asevera la joven en respuesta a sus propias ideas, intrigando así a la otra persona ajena a las mismas.
Cruzando miradas con su compañero por segunda vez, toma aire para relajarse y proceder con un poco más de control sobre sí misma:
—Sé que tengo que calmarme, pero no es tan fácil. No tienes idea de en qué estoy metida.
Sai no muestra haber cambiado su postura ante la réplica.
—Aún no entiendes. Es necesario que los ninjas trabajen unidos con quienes, de otro modo, serian enemigos. Tu informante, tú, yo... ahora mismo estamos unidos sin saber muy bien cómo. No sé quién es tu contacto, qué te da, ni por qué te lo da. Yo no sé qué me das tú, de donde lo obtienes, por qué me elijes a mí, o a qué bien mayor sirvo. El vínculo entre espías es algo único... una confianza ciega, pero cuidadosa... En otros sitios del mundo ninja, esto está mal visto... pero las bases de toda la información que mueve este mundo se dan por confianza, por fe.
—Por eso quiero asegurarme de que mi contacto es confiable—vuelve a aseverar una firme Sakura, como si mientras más insistiese su compañero, más la convenciese de su decisión.
— ¿En serio? —pregunta con un tono más trivial, como si lo que ella dijo fuese demasiado estúpido—. Tú ya confías en él... Hasta yo confió en él.
—No confío en él, no del todo—responde esta vez de modo más tajante.
A estas alturas, la médica cesa de permanecer estática sobre sus pies. Ahora deambula por todo el pequeño recinto, como intentando disipar su creciente nerviosismo de aquella forma.
—Lo suficiente como para depositar tu vida y la mía en la veracidad de su información. Ya confías en él—remarca el de Raíz, exponiendo otra falla más en el discurso de Sakura.
—Si supieras... —suspira con frustración, sobándose la sien con una mano. A decir verdad, compadece la ignorancia del artista.
—Nuevamente, se trata de confianza. No necesito saber. El sistema está funcionando porque ya hay confianza.
El tono de voz de Sai es demasiado calmado. Sakura aún no puede comprender qué lo hace estar tan tranquilo en esta situación. Quizá él no tiene forma alguna de comprender el tipo de trabajo que están llevando a cabo. La idea de que es la experiencia lo que lo mantiene en calma no llega a cruzar por los pensamientos de la muchacha.
—Pero puede ser peligroso. En este preciso momento, podría estar haciendo algo aberrante—acota al tiempo que se detiene de cara a la pared, en un vago intento de disimular y ocultar el semblante de perturbación actual de su rostro.
— ¿Y eso qué? Está manteniendo viva a toda la aldea con su información—objeta Sai aún sin captar la magnitud de la situación.
— "¿Y qué?" ¿Acaso no te importa que se sacrifiquen inocentes? —cuestiona indignada, volviendo a moverse cual animal enjaulado dentro del pequeño recinto. Está comenzando a ofenderse ante el rumbo que está tomando la conversación.
El muchacho, por su parte, no pierde la compostura ante el evidente malestar de su compañera:
—Sólo digo que eso no es lo que lo vuelve o no confiable... Además, toda la cadena de espías es éticamente cuestionable. Mantenemos más gente viva de la que lastimamos... Eso es suficiente. Decisiones difíciles... Alguien debe tomarlas.
—Aun así, para estar tranquila, quiero asegurarme de que no estoy dejando que vaya matando gente por ahí.
No. Tan simple como eso. Ya bastante le duele saber que está trabajando con Sasori. No puede aceptar que él puede ser libre de herir inocentes a su placer. No quiere cargar con la muerte y la sangre de personas inocentes sobre sus hombros.
—Y justo tú lo dices... Escucha, sé que eres nueva en esto, pero piénsalo: tu informante confía en ti, o de otro modo no tendrías sus datos. Está salvando a toda la aldea... ¿Y tú quieres traicionar esa confianza sólo por una duda? Las fuentes de datos son escasas, y tú pareces tener una muy peculiar. Le hará más bien a este mundo como un informante que confía en ti, que como un prófugo que huye de ti y vende esa información al enemigo.
Sakura se queda pasmada un momento ante la respuesta, mas la misma angustia vuelve a corroerla por dentro.
— ¿Y si es verdad? ¿Qué hago si es verdad?
— ¿Si es verdad qué? ¿Que mata? El sujeto está salvando vidas con su información. Se arriesga al dártela. Tú te arriesgas al dar los datos que te entrega porque confías en él, y yo me arriesgo porque confío en los dos—vuelve a asegurar sin pizca alguna de duda en su voz—. Ése es el vínculo entre espías. Tú ya confías en él y él ya confía en ti. Arruinas eso y todo el sistema cae.
La aprendiz de Tsunade parpadea varias veces, entre confundida y contrariada, sin querer dar completo crédito a lo que escucha.
— ¿Tengo que dejarlo que haga lo que quiera, entonces? Me dijo que no haría nada estúpido, pero tengo razones para no creerle, ¿Para no romper la 'confianza', debería sólo dejarlo? —la voz de Haruno se va quebrando de a poco. Ira y culpa se acumulan en su rostro. Una cosa es decir que el mundo es así de retorcido, y otra cosa es pertenecer a él. ¿Es que acaso esto es lo común?
—Para que su información salve a muchos más de los que podría lastimar—la corrige formalmente. Sai tampoco puede dar crédito al tormento interno de Sakura—. Ya confías en él ¿En realidad crees que él te traicionaría haciendo eso? La confianza va de dos lados. Él no quiere romper esa confianza tampoco.
— ¡No entiendes! —grita en negación, con impotencia al saberse incomprendida—Creo que no puede controlarlo. ¡Está demente!
— ¿Y confías en un informante demente? Encuentra una mejor excusa... eso no te lo crees ni tú.
— ¡Es en serio! ¡No estoy sospechando sin motivos! —Sakura comienza a detestar muchísimo esta situación. Está perdiendo los estribos ante el peso de su oscuro secreto.
— ¿Él traicionaría esa confianza? ¿Por qué? Tiene que ser un muy buen motivo.
— ¡Por arte! —exclama a todo pulmón, sin poder retener la verdad dentro de su pecho ni un instante más— ¡Y yo cargaría con la culpa porque soy yo la que lo dejó libre!
A continuación, la joven descarga la tensión acumulada golpeando ambos puños contra la pared más cercana. Aquella tensión aflora de su cuerpo al mismo tiempo que lo hace su impotencia, su derrota, y todas las sensaciones amargas que hasta ahora viene reprimiendo.
Lo soltó. Por fin lo dijo... No puede creer que lo haya dicho. Las lágrimas no esperan más, y comienzan a brotar de sus ojos jade cuando ya no pueden seguir escociéndole la garganta. Aun así, Sakura lucha por mantener su semblante lo más controlado que puede.
La compostura de su compañera está cruzando el punto de no retorno, Sai finalmente lo nota.
Contra todo pronóstico, el ANBU no hace más que guardar silencio y parpadear ante aquella intensa revelación, procesando lentamente la información que ella prácticamente le escupió en la cara.
—Así que de eso se trataba... Ahora cierra... En realidad no eras tú. Intentabas confiar en tu informante... —razona en voz alta, mientras no hace más que mantenerse estático en su sitio.
La inestable joven, aún recargada sobre la pared y de espaldas al artista, se halla incapaz de hablar al sentir su garganta contrayéndose en un esfuerzo por controlar su llanto. Por suerte para ella, no le lleva demasiado el lograr detener su momento de patetismo y recobrar la compostura suficiente para voltearse hacia él. En el momento que vuelve a estar cara a cara con él, sube una mano a su rostro para borrar los surcos que las lágrimas dejaron en sus mejillas.
Ante el panorama, Sai ya reconoce que su compañera es incapaz de encontrar por sí misma un modo de recuperar el control a corto o a largo plazo. No por si sola. Así que se acerca con lentitud a ella e intenta animarla a su torpe manera.
—Descárgate y cuenta conmigo... ¿En qué estas metida? Me olvidé de contarte la primer y más obvia regla. Si no puedes sola… entonces no lo hagas sola—susurra con suavidad—. Confianza de espía, de compañero de equipo... ya estamos juntos en esto, y te ayudaré a pasarlo.
En respuesta a su acercamiento físico, Sakura da un paso adelante y lo abraza por sobre los brazos.
—Cometí un error, un terrible error... —musita en una voz lastimera, con la cara hundida en su hombro.
—Todo estará bien. Es sólo tu primera misión como espía, a todos nos molesta la primera misión—responde el moreno luego de unos segundos, intentando amortiguar su dificultad social para los discursos de aliento con un par de palmaditas secas sobre la espalda de la muchacha.
—Lo dejé vivir... Cuando estaba por morir, lo curé... Ni siquiera yo sé por qué lo hice… —prosigue la kunoichi ignorando sus últimas palabras.
Ahora él sólo permanece en silencio y sin mover un músculo, limitándose a escuchar todo lo que ella tenga para decir. Mientras tanto, se esfuerza en descifrar cuál es el sujeto que describe esta aparentemente incoherente oración.
—Huyó. Dejó Akatsuki, y hace unos meses lo vi de nuevo…Quise matarlo… y no pude. Estaba frustrada, cansada, demasiado estresada, quería entregarme, confesar lo que hice… Pero, me dijo que me daría información... sobre Akatsuki, para la aldea… para que yo no me entregase. Y ahora… ya no sé qué hacer. Creo que este demente volvió a matar otra vez, Sai. Por los dioses, ¡¿Qué fue lo que hice?!
—Déjame procesar lo que acabo de escuchar...—pide amagando con separarse del contacto, sumamente impactado por la sola mención de Akatsuki en este confuso contexto.
No puede ser, no hay modo de que sea lo que está pensando… excepto que lo es. La ninja frente a él no estuvo tratando con un informante cualquiera.
Acatando a su deseo, Sakura se aparta de él con un sudor frío recorriendo su espalda, esperando que Sai la atacase, la llamase traidora o algo peor. Eso es lo que se merece, después de todo, y al fin lo obtendrá...
—Le salvaste la vida a un Akatsuki... Fallaste en matarlo una segunda vez... Quisiste entregarte y él te convenció de que no lo hicieses, convirtiéndose en tu informante... —analiza y repasa en voz alta, sin decidir aún si lo que ella le dijo suena como una alucinación ridícula, o como un logro asombrosamente improbable.
—Sí...
—El único Akatsuki reportado muerto por ti es... Sasori de la Arena Roja... Alguien que conquistó un país por su cuenta... y ese Sasori... es tu informante... con el único objetivo de que no te entregues.
—Sí…sí… —asiente avergonzada de ese hecho, sin poder notar que el tono de Sai es de grata sorpresa.
—A ver si comprendo correctamente... ¿Un traidor de la Arena, y miembro de Akatsuki... traicionó a la mayor organización terrorista de este mundo... y puso su conocimiento al uso de la alianza entre Konoha y la Arena... sólo para que sigas con vida?
—Supongo... —vuelve a responder por inercia, esta vez ya sin tener la menor idea de a dónde quiere llegar Sai.
— ¿No sólo le quitaste a Akatsuki un miembro con la capacidad bélica de un ejército por su cuenta, sino que lo haces trabajar para la aldea?
Sakura abre los ojos de par en par con genuina sorpresa, contemplando atónita los del muchacho al recibir preguntas de su parte en lugar de la agresión que ya tenía asumida como inevitable. No puede comprender el por qué de su asombro, no puede comprender que no la esté tratando como la criminal que es.
—Existen distintos modos y formas de impactar la historia, pero tú no te quedas pequeña ante nada... Eso es asombroso. No creo que pueda entender cómo lo hiciste, pero eso es asombroso—concluye con una sonrisa que la descoloca aún más.
Finalmente, la situación escala a un punto en el que la confusión de Sakura logra aplacar su miedo. De inmediato, esto abre paso a la incredulidad y a las preguntas:
— ¿No crees que sea una traidora? ¿No me condenarías a muerte?
—Un traidor le causa daño a la aldea... mientras que tú le trajiste un aliado con el poder de acabar con un Kage por su propia cuenta... Eres una espía. No una traidora.
—Pero mató a demasiada gente sólo por diversión, Sai. No puedo quedarme como si nada al enterarme de eso—replica aún desanimada.
—Un libro de historia condenaría tus actos, pero los que saben la verdad te tendrán por heroína. Además, ¿En realidad crees que va a seguir asesinando? Él quiere que vivas... y te conoce lo suficiente como para convencerte de evitar que te mates. Matar sólo te acercaría más a que te entregues o hagas algo estúpido. Si en realidad te quiere viva... te mantendrá viva.
— ¿Tan notorio es que estoy mal? —bufa al escuchar a Sai mencionar el suicidio.
—Sí, por eso insistí en que te descargaras—le señala nuevamente sin el adecuado tacto.
— ¡No cambia que está demente! —espeta con el ceño fruncido—. Cree que asesinar personas y transformarlas en marionetas es arte, y está orgulloso de hacerlo. Tarde o temprano, ya no podrá contener esa sanguinaria naturaleza.
—Y yo guardo un humano en un pergamino—responde el de Raíz con un dejo de ironía—. Es un artista, no un sádico. Estudié su trabajo... él es... selecto.
— ¡No lo llames artista! ¡Maldición, Sai! ¿Para qué te conté esto? —se revela alejándose de él con los puños tensos a cada lado de su cuerpo, debatiéndose entre atender al impulso de golpearlo por insensible o al de abrazarlo por comprensivo—. Estamos hablando del sujeto que hace unos meses quiso matar a Naruto, ¿Lo olvidas?
—Me lo contaste porque puedo entender tanto tu posición como espía, como su posición como informante y artista. Y él está salvando a Naruto con su información en este momento—rebate él de modo capcioso.
— ¿Y si hubiera sido Tsunade la kage secuestrada y asesinada por él, seguirías diciendo lo mismo?
—Sabes mi respuesta, esto es más grande que simples personas. Se trata de la aldea. Conseguiste la ayuda de este sujeto. Es más útil de nuestro lado que muerto.
—Sabes... Creí que habías aprendido algo cuando estuvimos en la guarida de Orochimaru—repone decepcionada y sin poder dar crédito a lo que oye de parte de su compañero.
—A nivel personal, sí—concede Sai sin inmutarse ante la presión psicológica de la cuestión—. Pero la aldea es más grande que las personas. El tercer hokage lo sabía, vivimos su decisión. La vida de uno por la vida de una villa entera. Un sacrificio que en vez de darlo él pudo haberlo dado un espía anónimo. La información que brindamos, los cambios secretos en el balance de poder, el trabajo de un espía, el sacrificio que un espía hace por debajo la mesa, sin que nadie se entere... ese sacrificio puede evitar escenas como esa. La información que estás obteniendo de él ya ha salvado vidas, sólo no sabemos cómo. Piénsalo por un momento: la mayor fuerza de Akatsuki no son sus miembros, es su aislamiento, el modo en que evitan que el mundo se informe de ellos. Nos estas dando una posición de privilegio.
Al oír esas palabras, Sakura cae en cuenta de que, nuevamente, no lo había figurado de ese modo. Jamás se consideró a sí misma en este nivel de importancia. No había escuchado en realidad cuán importante era el contenido de estos pergaminos… Bueno… lo oyó de boca de Sasori, pero es claro que no confía en él… Porque es claro, ¿Verdad?
—Entonces, ¿Qué debería hacer con Sasori? —pregunta tan confundida como honesta, habiendo ya superado su anterior sobresalto emocional— ¿Seguirle la corriente hasta que todo acabe?
— ¿Y lo llamas por su nombre, así sin más? No te atrevas a decir que no confías en él. Trátalo como se trata a un informante, como se trata a un artista. Como se trata a un aliado. Respeto, confianza. No puedo decirte más con lo poco que sé al respecto.
Sai ya cambió su objetivo. Ya no se trata de confortar a Sakura, ya considera haber logrado eso. Ahora, está intentando marcar a fuego la idea de la confianza. Pues es la ausencia de esta lo que podría costarle mucho, tanto a la aldea como a la kunoichi. Honestamente, no cree que esté en condiciones de enfrentarse a quien dice ser su informante.
—No puedo demostrarle un respeto inexistente a una cosa inhumana como Sasori… Creo que voy a terminar igual que el Tercer Kazekage—devuelve con una ironía que deja un gusto de fondo mucho más similar al resentimiento.
—Perdón, pero de vez en cuando debo ser efusivo para hacer notar mi punto... —advierte el shinobi, preparándose para gritar—: ¡Lo estás llamando por su maldito primer nombre! ¿A quién engañas con esas palabras? ¡Confías en él, maldita sea! ¡Date cuenta!
Si bien la estrategia consigue sobresaltar a su compañera, más que nada porque jamás lo vio expresarse con esa agresividad, no logra hacerla desistir de su paranoia.
— ¡Si lo llamo por su nombre, es porque no le tengo ningún respeto por nada! —espeta Sakura con indignación—. Sí, quizá confíe un poco en la información, pero... ¡Demonios, Sai! Hace no más de tres meses trató de asesinarme y ahora quiere que siga viva ¿No te parece que es sospechoso?
—Puedes ayudar a toda la aldea y puedes ser la razón por la que tenemos información de primera mano, sobre una organización terrorista que es tan poderosa como cualquier país... O aún más. Te desahogas para pensar con la mente clara y arreglas tus asuntos con él como lo que ustedes en realidad son... Informante y espía—vuelve a intentar hacerla entrar en razón—. Y, si deduzco correctamente: artista e inspiración.
— ¡No soy una inspiración! ¡No soy una maldita cosa! —se queja iracunda ante el ostentoso título— ¡Para ese sujeto, la inspiración recae en marionetas humanas! ¿¡Es que no te parece lo suficientemente perturbador!? ¿Y si trata de volverme una marioneta?
—La inspiración viene del mundo, la creación viene del artista. Y si un hombre como él quisiera hacerte una marioneta, entonces ya lo eres.
— ¡¿Que ya lo soy?! —Sakura toma demasiado personal esto último, y levanta al shinobi de la ropa de su pecho con un gesto de violencia... un gesto que carga con más ira de la que en realidad está dirigida a ese comentario.
¿Así que él quería que se descargue? Pues ahora está peligrosamente cerca de conseguirlo.
— ¡Estoy diciendo que si él quiere volverte una marioneta, ya lo hubiese hecho! Ya cálmate—se defiende Sai, pero sin perder la compostura a diferencia de ella—. Cada vez que vas a pedirle información, es una chance de morir ¡Y sigues aquí! Así que él no te quiere muerta.
Aquello consigue traerla de regreso a la realidad, al menos lo suficiente como para soltarlo tras caer en cuenta que está dirigiendo su reencor hacia el individuo equivocado.
—De acuerdo... Bien... —emite en medio de un suspiro que la ayuda a serenarse, al tiempo que pone un poco de distancia entre ella y el ANBU.
A continuación, Sakura se pasa ambas manos por el cabello, en un esfuerzo por apaciguar esa molesta confusión que persiste, y se encarga tanto de nublarle la razón últimamente.
—Iré a verlo en unos días. Voy a obtener la información... me quedaré tranquila al saber que no mató a nadie y volveré aquí a dártela a ti... —repite para sí misma, sintiendo como sus pensamientos se armonizan ante el simple hecho de recitar sus "quehaceres" en voz alta.
—Y no tienes idea de lo que la inspiración es para un artista. Vivimos para crear belleza, vivimos buscando belleza, buscando inspiración... Es una razón para seguir, una prueba de que la belleza existe. Una prueba de que quizá nuestros esfuerzos no son en vano. Si en realidad eres la inspiración de este sujeto, vivirás.… Y…—mientras se acomoda la ropa de nuevo, Sai detiene su monólogo, notando, de forma un poco tardía, que su compañera ya no lo está escuchando como antes—. Sólo te estoy confundiendo más ¿Verdad?
Ella sólo lo observa con una ceja levantada al tiempo que se lleva una mano a la cadera.
—Solo quiero decirte que si él no te quiso muerta hasta ahora, me hace creer que no representa una amenaza para ti. Sobre la inspiración… olvídalo… si quieres tomar algo de mis palabras, es que te aconsejo tener cuidado, pero no ser paranoica.
—Claro, y ¿Qué pasará cuando todo acabe? ¿Qué deberé hacer? ¿Dejarlo que se marche? ¿Capturarlo?
—Eso es cosa tuya... Hay gente con la que no quiero meterme, y creo que él está en la lista… pero si decidieras que él debe caer…
Sakura se lleva la mano libre a sobar el puente de su nariz. El sólo pensar en la idea de volver a luchar contra Sasori le hace doler la cabeza.
—Sea cual sea mi decisión... ¿Podré contar con tu apoyo, al menos?
—Jamás soltaré una palabra. Cuenta conmigo—sonríe el artista—. Ahora entiendo un poco más lo que te pasa. Pero que te quede claro: Eres una heroína, una que no puede salir a la luz… pero eso es parte de ser espía. Estas salidas has hecho más por Konoha que lo que te imaginas.
—Gracias, lo aprecio de verdad...—agradece devolviéndole una sonrisa mucho más débil y desanimada—. Y no te preocupes, Sasori no sabrá que sabes.
A continuación, el ambiente dentro del escondite vuelve a fracturarse. Tanto la médica como el ANBU se ven privados de nuevas palabras, cada uno analizando y asimilando las implicancias de los sucesos de esta reunión desde diferentes perspectivas. Como no podría ser de otro modo, es la mente de Sai la que encuentra primero una última reflexión para compartir con su compañera:
—Algunos creen que el odio de los shinobi y reyes mueve el mundo... cada guerra, cada batalla, cada invasión... Fruto de odios, desconfianzas... pues es la confianza de los espías lo que mantiene el mundo en su lugar. Somos nosotros los que cooperamos sin importar nuestras naciones o diferencias. Los que nos arriesgamos a confiar por el bien de nuestras aldeas. Fe y confianza contra odio... suena como movimiento... suena bello. Ese pensamiento es lo que me mantiene cuerdo como espía… quizá te sirva.
Antes de darle fin a la reunión, Sakura se decide por despedirse de su compañero con un segundo abrazo, ya que cualquier otra alternativa sería menos amistosa. Aunque dada su titánica fuerza, quizá para él no hubo mucha diferencia en lo que respecta a dolor recibido.
Aún así, el dibujante logró su objetivo, no tanto como le hubiese gustado, pero ahora la ninja se ve menos desequilibrada. No, eso es muy poco: se la ve más madura.
Alguien más sabe ahora su secreto, así que el peso de su silencio ya no se siente igual. Sakura no puede negar que haberle contado la verdad a alguien se sintió como una liberación para su espíritu. Aunque, lejos de haberse librado de toda su angustia, ahora sus expectativas serán más altas, ya que si las cosas salen mal, ya no será sólo su pellejo el que estará en juego… y, como siempre, no puede hacer más que tragarse la incertidumbre, y esperar a que el día del próximo encuentro llegue rápido... y sólo confiar, confiar en que el pelirrojo no pierda sus casillas.
A pesar de su constante temor al futuro de su situación, lo que más puede decirse que la mantiene feliz ahora, es que, por primera vez desde que tomó esa ridícula decisión, cuenta con algo de apoyo.
.
.
.
Nota de autores: Hemos vuelto. Agradecemos a todo el que no perdió la fe y creyó que no volveríamos a actualizar. Han sido dos meses complicados, pero esperamos publicar mucho más a menudo ahora.
