Claridad y Desesperación.


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¿Qué se puede esperar que haga un marionetista, estando cuatro días solo y al lado de un yacimiento de arcilla?

No hay que ser un genio para deducirlo.

Su última salida de aquella zona no había dado frutos. Tallar esa muñeca no lo ayudó... No se descargó... No encontró calma en ello. No ha tenido éxito en encontrar una forma fácil de sacarse esto de encima.

Esto ya no es inconsciente. Ya sabe que hay algo ahí, en su insomne mente, que le molesta. Algo que cambió. Algo que... no quiere quedarse quieto.

Y ahora, vuelve a tomar los restos de su última creación, sumergiéndolos dentro de la corriente del arroyo. La humedad no tarda en disolver su forma rígida, volviéndose a unir a la arcilla primigenia, de la que esa misma escultura había nacido.

Las manos del marionetista permanecen en el agua helada. Esta se encarga de limpiarle las articulaciones, apenas distinguibles si humanas o artificiales.

Sasori no siente la temperatura. No sufre el frío. Tampoco le ve sentido al tacto. Al menos, no a esa parte del tacto, ya que para él no tiene utilidad.

Otro esfuerzo, otro momento, otra hora, otro día, otra obra, y otro fracaso... pero no se da por vencido. Vuelve a empezar otra vez más, vuelve a intentarlo de nuevo.

Sólo se decica a seguir creando, mientras que espera por alguien que no se sabe si llegará... pero quiere creer que sí.

El sonido de las hojas y el viento se vuelve tan tortuoso dentro de sus sienes, casi como las manecillas de un reloj.

Y el artista sigue creando... y sigue fallando en cada chance de capturar al mundo en la arcilla.

El tedio acaba por devorarlo a él, y a la escasa paciencia que le queda. Luego de tanto esfuerzo fallido, se siente a sí mismo erosionar. Cada fracaso, cada obra que falla en complacer su necesidad de crear lo atormenta, y acentúa su frustración con el paso del tiempo.

"¿Y ahora, qué?"

Pareciera como si la vida le gritase directo en el alma: "¡Felicidades! ¡Ahora comprendes más de la belleza! ¡¿Puedes vivir bajo la posibilidad de que no puedes crearla?!"

Y la respuesta es no. Un rotundo NO. No puede aceptar esa idea. No puede simplemente resignarse y aceptar esto como algo que está fuera de sus posibilidades.

Cada vez más desesperado, el artista continúa en su afán de replicar incansablemente la imagen de sus problemas en arcilla. Cada figura sale con más detalles que la anterior, pero ninguna lo deja conforme, casi como si sus habilidades creativas se fuesen debilitando de modo directamente proporcional a la cantidad de fracasos. A cada minuto que pasa, Sasori se siente cada vez más cerca de comprender la belleza, y, al mismo tiempo, cada vez más lejos de poder recrearla.

Ahora, observa su más reciente creación. Esta es la última, luego de tres días y tres noches de trabajo seguidas... una de las tantas que ya perdió la cuenta.

Cansado ya de no poder manufacturar nada decente, el atormentado artesano sólo espera que éste último modelo le presentase finalmente la solución a sus problemas.

Ecudriña la escultura minuciosamente, de arriba abajo, y cuando se detiene en sus ojos, vacíos y carentes de esa cosa, ese arte, esa satisfacción que persigue, desespera en ira, destruyendo, por enésima vez, horas y horas de inútil esfuerzo.

Llega el turno de otra nueva chance, otro nuevo intento, otra figura aún más detallada, aún más realista, aún más compleja.

Esta vez, incluso tiñe los ojos de su creación con el verde del follaje que habita en la orilla, y de nuevo procede a mirarla de arriba abajo varias veces, más incluso que a su anterior obra. Empero, al llegar a sus ojos, habla, o mejor dicho, exclama, quizá a sí mismo, quizá a su creación, quizá a su musa:

— ¡¿Ahora qué?! ¡¿Qué me falta por agregar?! ¡¿Qué me falta por comprender?! ¡Di algo! —demanda con un tono de voz y una mirada que expresan ira, desesperación, frustración, y casi demencia, ante la ausencia de la respuesta que se escapa como el agua de un colador a su comprensión.

Si la creación pudiese ver a su creador… probablemente temería a su padre, pero no puede verlo, no puede oírlo, no puede responderle.

Y eso lo está por hacer explotar.

Otro violento ruido de destrucción resuena en la orilla, y otro escenario más acaba con una obra hecha pedazos.

Aún en negación, el insomne creador retorna, metódica y robóticamente, a recoger más arcilla de la ribera.

La impaciencia de esperar sin seguridad, la frustración de no poder crear, las odiosas limitaciones a las que se somete para no llamar la atención lo están matando poco a poco... ¿Qué se supone que haga un artista, si no puede ejercer su arte?

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Muchos consideran este oficio como algo demasiado negativo, pero lo cierto es que existen ciertas ventajas en trabajar como médico.

Aunque la profesión demanda presión, responsabilidad y estrés… la ventaja para aquel que en realidad toma en serio este trabajo, es que puede consumirse en él por completo. Si bien muchos llamarían a esto una desventaja, cuando quieres deshacerte del tiempo, de las dudas, y de cualquier otro pensamiento venenoso, nada es mejor que tener la vida o salud de alguien más en tus manos.

— ¿Sakura? —la llama Shizune desde una de las camillas, tras haber revisado al nuevo paciente a su cargo— ¿Me ayudas aquí?

Su superior se halla cooperando con ella en la guardia hoy, ya que accedió a cubrirle el turno de buena fe a otro colega. En este preciso momento, la mujer está lidiando con un cuadro de envenenamiento menor en la rodilla izquierda de su paciente, quien resulta ser un joven semi inconsciente de diecisiete años.

Sakura acata el pedido de inmediato, dejando sus papeles de lado y apartándose del escritorio junto a la ventana para acercarse a la escena. Con ayuda de su propio chakra, la muchacha presta su asistencia para tratar aquella infección, que poco a poco está complicándose debido a un escurridizo absceso negro en la zona de la rótula. A simple vista, un transversal corte de kunai se puede ver sobre la piel hinchada y podrida del joven... Por suerte para todos, el veneno de aquella hoja no fue lo suficientemente elaborado como para mandar al muchacho a terapia intensiva.

—Menos mal que esta semana la guardia no está tan ajetreada… Porque, con todos los turnos que debo estar cubriendo a lo largo de este mes, esto no daría a basto—se sincera Shizune en medio de un suspiro de cansancio, mientras se desinfecta las manos con alcohol antes de pinchar a profundidad el absceso con su bisturí de chakra.

—No me digas... ¿Hoy te quedarás otro turno doble? —responde Sakura sin poder evitar compadecerse por ella, y por el futuro que le espera a ella misma cuando llegue su turno de ocupar el lugar de "la mano derecha de la Hokage". Con suerte, eso no será hasta dentro de muchos años.

—Ya lo creo...—asiente con su usual optimismo, pero sin tener el ánimo como para reírse—. Desde que Tsunade me dejó a cargo del cuerpo médico, a tiempo completo, casi todas las horas extra van a mi cuenta… Al menos, hasta que esta época de capacitaciones a distancia y misiones de rango A se termine.

— ¿Te dejó completamente a cargo? —pregunta Sakura con suma curiosidad, disminuyendo cada vez más su tono de voz hasta llegar al punto del susurro— ¿Acaso ocurre algo con nuestra maestra?

—Mmmh... No estoy segura. Creo que descubrió algo que puede ser importante, o está por descubrirlo pronto. De todos modos, creo que sólo nos enteraremos de los detalles cuando Tla maestra lo considere seguro.

Mientras tanto, la pelota negruzca de pus bajo la herida, que fue pinchada previamente por Shizune, comienza a disminuir a medida que una mezcla de pus, sangre y restos de tejido agangrenado brota por la pierna del afiebrado paciente. Gracias al tacto sanador de la mujer más experimentada, el sistema inmunológico del hombre es estimulado para palear la infección de su cuerpo sin aumentar su temperatura corporal, comenzando su rodilla. Y en su rol secundario durante el proceso, Sakura enfoca su propio tacto en masajear el tejido aledaño a la gran y profunda bola, estimulando a toda sustancia tóxica a salir a la superficie a la vez que evitando que algo llegase a quedar dentro. Toda esa mezcla de pus putrefacto, más lo que parece ser el resto orgánico de un veneno autóctono, termina cayendo dentro de un recipiente alargado de latón que Haruno sostiene junto a la rodilla del semi inconsciente.

—Ya veo... —musita la aprendiz más reciente de Tsunade luego de un rato, corroborando al tacto que ya no haya líquido que seguir drenando.

Enhorabuena. Ahora sólo queda ocuparse de cerrar la herida de kunai, y como ésta no es muy profunda, a Sakura no le lleva demasiado ahorrarle la tarea a su superior haciéndolo ella misma.

—Aún así, creo que es algo importante de verdad... como un flujo de información nueva. Y si me quiere ocupada al cien por cien, lejos de su oficina, implica que quiere atender cada detalle de la situación personalmente—es lo único que puede responder Shizune antes de finalizar su tarea sobre el paciente, administrándole una inyección de antibióticos y analgésicos para dejarle el resto de la recuperación a su organismo.

— ¿De dónde crees que obtuvo la información? —insiste la muchacha, insatisfecha por lo poco provechosas que le resultan las palabras de la mano derecha de la Hokage.

—Es precisamente para que no lo sepa que estoy aquí—resalta peculiarmente entretenida por la curiosidad ajena—. Imagino que deben ser datos confirmados, o por confirmar, que requieran trato o consideración personal e inmediata.

Su joven auxiliar sólo se limita a escucharla al tiempo que aparta el recipiente de latón lleno de pus de la zona desinfectada, con la intención de vaciarlo en el lavabo del cuarto de baño de la enfermería.

—De todos modos, no te preocupes por eso ahora. Eso es deber y decisión de Tsunade. Nosotras, como médicas, sólo podemos apoyar y respaldar en lo que podamos. De donde venga esa supuesta información… es algo que corresponde a los espías, no a ti o a mí—finaliza Shizune tomando distancia de la camilla, tanto para dejar al paciente descansar, como para estirar un poco su espalda baja.

Haruno no puede evitar sonreír un poco por la ironía de la situación, aunque la mujer de mayor rango no lo interpreta así.

—Con este ya terminamos… Más bien, terminaste tú. Fin de tu turno. Ve a dormir un poco, antes de que te arrugues como una pasa—comanda Shizune en medio de su elongamiento, al ver cómo Sakura pasa a su lado con intención de salir un momento al pasillo para hacerse su ya acostumbrada taza de café.

Aquella actitud trabajólica que la joven viene adoptando este último tiempo no pasó desapercibida para ella, así que llegó la hora de cortarla por lo sano.

—Pero… —Sakura parpadea perpleja ante la orden recibida, quedándose varada frente a la puerta de la enfermería.

—No permitiré que te quedes tantas horas extra como la última vez. Estás aquí en la guardia desde las cinco de la madrugada, y ya casi van a ser las cuatro de la tarde—replica con cierto tono de regaño bien intencionado, que se asemeja bastante al de una hermana mayor—. Si pasan diez minutos y aún te veo aquí, tendrás problemas, jovencita. Descansa. Es una orden.

Esta vez, a la muchacha no le queda otra opción más que obedecer. Así que agacha la cabeza y regresa al escritorio para recoger y guardar sus cosas dentro de su bolso.

Mientras sus desganados pasos la llevan a dejar atrás la clínica de emergencias, no puede evitar fruncir el ceño con disgusto ante la expectativa de tener horas libres por la tarde. Sí, quizás ahora se siente un poco menos 'a punto de estallar' por la situación, pero no lo suficiente como para disponer del tiempo para pensarlo demasiado.

Una cosa es que le digan que su información es útil, y otra diferente es presenciar de primera mano lo que parece ser una reacción positiva a su trabajo.

"En realidad estoy aportando a la aldea..." Reconoce con genuino asombro. Es probable que parte de la información de la que Shizune habló está llegando a su maestra en este momento, y, quizá, parte de esa información sea la que ella trajo.

A medida que el hospital pasa a ser una mancha en el horizonte cada vez más pequeña ante el andar distraído de Sakura, la idea de que este premio merezca el precio va cobrando más y más credibilidad.

"Quizá, si esto salva vidas, y si ayuda a que Akatsuki sea detenido, todo este tormento merezca la pena… Sí, quizás mi error no está resultando ser tan grave como parecía al principio."

De repente, el tener estas dudas en su mente ya no le duele como antes. Es más, hasta la alivian en cierta medida.

"Quizás, realmente estoy haciendo lo correcto."

Este último pensamiento, cada vez más presente en su mente, le basta para seguir subsistiendo. Después de todo, esa es la máxima tranquilidad a la que se atreve a aspirar hoy en día.

No obstante, como aún sigue sin querer regresar a su hogar tan pronto, se dedica a deambular un rato por la aldea sin un verdadero rumbo establecido. Sólo porque no quiere dejar de moverse, porque no llegar a casa, y porque no quiere pensar nuevamente en demasía sobre aquellos dilemas sin respuesta, siempre por el temor de que estos últimos vuelvan a estresarla.

En medio de su errático recorrido, y sin haberlo notado, Sakura pasa frente de la florería de los Yamanaka. Esto lo sabe al instante en que escucha una voz femenina y enérgica llamándola desde atrás.

— ¡Hey, Sakura! ¿Cómo estás? —exclama Ino, saliendo del interior del negocio de su familia para saludar a su amiga transeúnte.

— ¡Ah! ¡Hola, Ino! ¡Cuánto tiempo!—sonríe la aludida al voltearse hacia ella, sin poder ocultar su cansancio del todo.

Pese a no estar en su mejor ánimo, Sakura se esfuerza en preparar su mejor tono entusiasta para poder platicar un poco con la Yamanaka.

— ¿Mucho trabajo? —pregunta animadamente la muchacha, luego de un pequeño trote que la pone cara a cara con su amiga de pelo rosa. No obstante, Ino debe contener sus impulsos, de una manera nada disimulada, para evitar hacer un peculiar cuestionamiento.

—Si es sobre Sai… voy a negar todo lo que me preguntes—se sincera Haruno con cara de pocos amigos al leer la expresión de zorro de su amiga. Los rumores, sean fundados o infundados, pueden ser algo verdaderamente molesto una vez que llegan a la imaginación ajena.

Su ex-rival parpadea perpleja y sorprendida ante la reacción defensiva.

—Entonces, ¿Es aún…? —Ino cambia su frase a medio camino, volviendo a mentir sin talento alguno—. Entonces... ¿Era en serio que no te gusta?

— ¿Recién te das cuenta? Creía que mi rival tenía dos dedos de frente—responde la alumna de la quinta Hokage, de un modo burlón y jocoso. Enseguida, lleva una mano a su cintura y suelta una risita maliciosa, ante la cara de disgusto que esboza ahora la kunoichi rubia.

—Al menos, no tengo cuatro…—espeta su amiga, recuperando su sonrisa pícara de comadreja—. Además, no. Sai te considera fea, de todos modos. ¿Es por eso?

Esta vez, con una mayor suspicacia de la prevista, y para doble remate, la estratega logra su cometido de picar el orgullo de la médica.

—¡No!… Es sólo que Sai no es mi tipo… ¿Entiendes...? —espeta Sakura con los dientes apretados, tragándose su propio ardor ante el anterior insulto.

"Aunque fue mi culpa, después de todo." Se admite a regañadientes, ya que fue ella misma quien sacó el tema de la frente en esta ocasión, y, a la vez, fue su propio orgullo el único lastimado.

—Entonces ¿Qué chicos te gustan? —pregunta de nueva cuenta, abandonando la pelea de egos momentáneamente para conseguir entablar una conversación real.

Sin embargo, aquella trivial e inocua pregunta de su ex-rival no hace más que incomodarla y recordarle lo lejano que es Sasuke para ella ahora, y lo poco que está haciendo para ayudar a Naruto en su causa. Además, trae a colación ciertos recuerdos desagradables…

Ante el nuevo panorama, Sakura no puede hacer más que suspirar desalentada y encogerse de hombros.

—Ya sabes… No necesitas que te responda —evade la pregunta, bajando la mirada con desánimo—. Estoy post guardia, y me siento cansada... Creo que me iré a dormir un poco.

La aprendiza sube una mano hasta su nuca, sobándola con suavidad. Sin haberlo pensado demasiado, acaba usando el cansancio como excusa para disimular su intención de rehuírle a la incómoda situación sin ofender a su amiga.

Ino queda sorprendida, sin saber cómo reaccionar al marcado declive de la escena. Ella no esperaba una reacción así...

Sin embargo, no necesita mucha suspicacia para inferir en que la pregunta no le sentó muy bien a Sakura. Si bien ella está tiene ganas de perseguir a su amiga sólo para obligarla a hablarle sobre lo que le pasa, lo que le dijo es verdad: ella sabe la respuesta. Ella sabe que Sasuke aún es un dolor dentro de la mente de su ex-rival, y ya no puede ver a Sakura atascada de ese modo en el pasado.

Pero al final del día, sus piernas no se mueven acorde a sus deseos. Una vez más, no tiene el valor, ni convicción necesarios para detener a Sakura. Otra vez más, sólo se despide de ella en voz baja, para luego dejarla escaparse como siempre.

Su tono de voz al evadirla le sonó tan raro, que bastó para que Ino se convenciese a sí misma de que hoy no es el día, ni éste es el método. De ahora en más, si quiere conseguir que Sakura hablara con ella, tendrá que ser más sutil. Así que la deja ir por el mismo motivo por el cual quería hablarle: por su bien.

La alumna de Tsunade, por su parte, suspira de nuevo y abandona la escena tan espontáneamente como calló en ella. Ahora sí, su cuerpo y mente coinciden en que debe regresar a su hogar de una vez por todas.

Ino es su amiga, y en algún momento fue su mejor amiga. Aunque poco a poco van recuperando ese vínculo, hoy no está de humor para esa conversación.

"Y será difícil que algún día vaya a estarlo realmente." Piensa desanimada.

Al salir ese infame tema, le respondió a Ino de manera automática, así como les responde a todos los que intentan abordar este tópico con ella.

Cada vez que "el amor" sale como tema de conversación, ella siempre alude al Uchiha, y cada rara vez que alguien menciona su nombre, ella siempre responde que es a quien quiere… Por suerte, pocos tienen el valor de mencionar tales asuntos en su presencia.

Ahora que lo piensa mejor, esos asuntos se sienten demasiado lejanos en el tiempo… y es la primera vez que los siente así.

Es imposible no notar la diferencia al comparar con el pasado, y aquello la asusta. Desde que este nuevo desastre se ha venido desarrollando alrededor de ella, cada vez ha pensado menos en Sasuke, o en cualquier cosa relacionada a él.

"Es por el bien de la aldea, y por el bien de Naruto. Es necesario mantener el control. Es necesario mantenerse enfocada."

Así es como intenta justificar la ausencia del Uchiha en su mente.

No le gusta haber comenzado a pensar en él de modo tan poco recurrente. Hoy en día, ni siquiera sabe cuándo este pequeño cambio comenzó. Naruto le prometió que lo traería de vuelta… y ella está dejando de pensar en cómo ayudar a su amigo. Esto es casi como dejarlo sólo en su búsqueda… Cuando ella le prometió que no sería así.

Quizás, este detalle es lo que más le desagrada de esta situación, y lo que la hace sentirse horrible consigo misma. Si, debe ser por eso… No debería permitir que ninguna situación la hiciera olvidar, siquiera por un momento, que Naruto y ella aún tienen que recuperar a su compañero. Al hombre que am…

El repetir de nuevo esa frase, hace que la sienta un poco más oxidada… Un poco más forzada. Es la primera vez que esto ocurre.

De repente, le preocupa que existiese la posibilidad de que sus sentimientos pudieran apagarse, extinguirse.

"No… Los sentimientos no se apagan tan fácil… Debe ser la situación. Debe ser el día. Sasuke aún me importa."

Es solamente el estrés. Es sólo que él está lejos de la aldea. Es sólo que está siendo corrompido por personajes detestables como Orochimaru. Es sólo que está cegado por la venganza. Es sólo que ella tiene otras preocupaciones más urgentes que atender… que no habla de él hace mucho.

Cuando este asunto termine, todo volverá a la normalidad.

Finalmente, la médica llega a su hogar, y tan sólo unas dos horas después cena junto a sus padres, manteniendo una fachada mucho más convincente que la que estaba acostumbrada a usar.

De a poco, se está acostumbrando a fingir que nada ocurre. Quién sabe, quizá en eso consiste el ser un adulto.

Sin embargo, cuando la familia Haruno está acabando de limpiar los trastes, a eso de las diez y media de la noche, toda la electricidad en la aldea sufre un apagón.

"Hace mucho que no se cortaba la luz" Piensa Sakura, sin atribuirle demasiada importancia al pequeño percance.

La muchacha se despide de su familia en el living de la residencia, llevándose una vela encendida consigo en su ascenso por las escaleras, para que la llama le iluminase el camino a su recámara.

Una vez que está refugiada del mundo dentro de la soledad de su propia habitación, se deja caer boca abajo sobre la cama, dejando la única y tenue fuente de luz disponible reposando sobre la mesita de noche junto al lecho. Insomne, sólo se dedica a observar la flama consumir poco a poco la cera.

Aunque la paz y tranquilidad de la noche la envuelven en cierta calidez, no logra hacer que su mente y párpados se descarguen de toda la tensión acumulada durante la jornada.

Al cabo de un rato, sus ojos se aburren de contemplar la vela, por lo que deciden buscar un nuevo punto sobre el cual posarse.

Finalmente, el foco de u atención recae sobre la repisa colgando en la pared. Allí, la luz revela vagamente las tapas de unos viejos libros, que tienen todo el aspecto de estar cubiertos de polvo.

La kunoichi recuerda haber leído esos tomos en los principios de su educación como ninja. Un repentino arranque de nostalgia se adueña de ella, haciéndola levantarse de su sitio de descanso con rumbo al mueble.

De forma casi azarosa, ella toma uno de estos tomos escolares de historia, y sopla el polvo acumulado sobre su tapa. A continuación, decide arrojarse boca abajo sobre la cama para leer sus páginas allí.

Una vez que acomoda el libro abierto lo suficientemente cerca de la luz de la vela, algún resquicio de nostalgia se despierta en ella. Al volver a tener contacto con esos textos de antaño, la muchacha comienza a recordar con cierto añoro la niñez que dejó atrás. Recuerda que, en aquellos tiempos, leer estos libros era algo que la enorgullecía. Era algo que parecía importar, porque era un sinfín de conocimientos que podría aprender y recitar de memoria ante algún profesor.

"Historia sobre el mundo ninja: conocer el pasado es la clave para no repetirlo en el futuro."

Recuerda que solía repetir esa frase como si supiera su significado. Empero, ahora, es consciente de que en realidad no lo sabía. Ni siquiera cree saberlo hoy en día.

No obstante, al releer estos pasajes, ya tan familiares para ella, algo nuevo comienza a aparecer frente a sus ojos, como si todo este tiempo esa imprenta hubiese estado escrita en un código que ella era incapaz de descifrar.

Hay un tipo de frase en estos libros, una clase en particular, una combinación de palabras que ella siempre repitió de memoria. Y, a la vez, es algo que suele repetirse en cada evento histórico que jamás leyó.

"(…) Gracias a la información obtenida (...)"

"(…) Una fuga de información permitió (…)"

"(…) Informantes advirtieron (…)"

"Una fuente anónima (...)"

"(…) Una fuga de datos (…)"

"Un contacto que trabajaba encubierto (...)"

Cada evento, cada batalla, cada decisión... cada vez que leyó de estas situaciones, cada vez que recitaba estas palabras, orgullosa de lo que creía que era una comprensión adecuada de lo ocurrido, cada vez que leyó, o pensó en esto, lo ignoró como si sólo fuesen sonido de fondo, y como si fuesen algo insignificante.

Ahora, la joven percibe la red de espías, de hombres y mujeres, que, como sonido de fondo, han influido en la historia tal y como el mundo la conoce. Han influido hasta el punto en que son mencionadas en cada evento de cada libro de historia, sin ninguna excepción. Todos ellos como ninjas anónimos que han participado en permitir, o evitar, masacres, batallas o guerras.

Por primera vez en su vida, se observa a sí misma en el pasado, y ve el abismo que el tiempo creó entre su antigua yo y su yo presente.

Y ahora, se pregunta sobre el futuro...

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Hoy es el día en que el artista se enterará si la espera valió por algo. Hoy puede ser el último día de todo esto, y él solamente yace en el centro de un cementerio completo de sus creaciones fallidas.

Algo comienza a sonar en su cabeza, cada vez más fuerte.

No encuentra satisfacción en su arte usual. Hay un problema con las cosas que no están vivas. La arcilla no alcanza. El detallismo no alcanza. El sagrado criterio que rige su arte es la voluntad. Y es consciente de que, actualmente, sólo hay dos tipos de voluntad sobre las que puede trabajar.

Una, es la suya. La otra… a la otra espera verla hoy.

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