Último primer paso.


.

.

.

La joven de pelo rosado corre a encontrarse con su informante una vez más. Se mueve velozmente por los árboles, de salto en salto, y de rama en rama, avanzando sin cesar a través del bosque. Como siempre, cuida a lo largo de todo el trayecto que nadie la siga.

No sabe muy bien cómo sentirse con respecto a la idea de que está regresando a contactarlo de nuevo… De cualquier modo, esta vez tiene sus razones para querer encontrarse con él.

En primer lugar, quiere asegurarse que no haya hecho nada estúpido que pudiese poner en peligro su pacto secreto. En segundo lugar, quiere conseguir la información. Y en un tercer, y último lugar, quiere probarse a sí misma que puede con todo esto, por más que de éste último punto todavía albergue ciertas dudas.

"Si es verdad que confío en él, tal y como Sai parece asegurar… " Recita con recelo y escepticismo, pero no tarda en cortarle las alas a ese pensamiento antes de que cualquier imagen mental lo secundase.

"No, no quiero pensar más en ese asunto hasta llegar hasta él."

Cada vez más próxima a su destino, y con sus nervios a flor de piel, la viajera opta por abandonar las ramas de los árboles y realizar a pie el camino restante hacia el yacimiento de arcilla.

Mientras camina por el bosque con el foco de su atención puesto en su mundo interno, un crujido peculiar bajo sus pisadas logra sacarla de su trance. De inmediato, observa sus pies, y se encuentra con que ha pisado y roto un trozo de arcilla seca.

Sakura parpadea perpleja ante el inusual descubrimiento, pero no tarda en subir nuevamente la mirada para escudriñar con más detalle el panorama que la rodea. No tarda en encontrarse con más escombros del mismo material, curvados, suaves a la vista, y esparcidos aleatoriamente sobre la hierba silvestre. Nota, además, que son fragmentos de muñecos que fueron rotos contra los troncos de los árboles, y mientras más se acerca a la orilla, más de estos se encuentra.

Una vez que alcanza finalmente a su destino, no tarda en divisar a su informante. Puntual como siempre, él está esperándola allí, sentado en la arena y de cara al río.

Si bien la costa es imposible de ver desde su posición, se nota que tanta arcilla fue removida de allí, que debió de crearse una caída de, al menos, medio metro de profundidad.

—Viniste... —musita Sasori, percatándose de la presencia tras él—. Consideré la posibilidad de que no lo hicieses.

Sin embargo, el renegado oculta tras su tono de voz cuánta importancia tiene este encuentro para él. Luego de días de frustración, espera y duda, su paciencia y cordura no se encuentran en un punto del que él pueda estar orgulloso.

—Pues, aquí estoy…—responde la joven, sin poder disimular una expresión de desconcierto ante el paisaje que está viendo— ¿Qué…? ¿Qué ocurrió aquí?

Dando otra mirada general a la escena, nota que el inhumano artista se encuentra justo en el centro de la misma, rodeado de lo que parece un cementerio de sus propias creaciones.

—Fracasos—le contesta la marioneta, con una evidente decepción en su tono usualmente apático.

— ¿Fracasos? —repite incrédula mirando la nuca de su informante, quien, desde su llegada, se encuentra inmóvil y de espaldas a ella— ¿Cuántos de esos fabricaste?

En otras circunstancias, Sasori se habría tomado como ofensa las palabras de la kunoichi.

"Esos".

"Mis creaciones no son un "eso"." Replica hacia sus adentros frustrado.

¿"Fabricar"?

"No, eso es un insulto. La palabra correcta es crear."

Por primera vez en su tiempo de creador, el hombre se encuentra tan insatisfecho con su desempeño que considera estos insultos algo ligero.

—Ninguno, están incompletos. No merecen contar siquiera como uno—sentencia en voz alta, y, para sorpresa de Sakura, esta vez gira su cuello hacia atrás para verla.

Ella ve de inmediato que algo en él no está en orden. Algo en Sasori no es común, y, para lo poco que sabe de él, esto sólo la inquieta.

— ¿Incompletas? —insiste confundida acerca del verdadero significado de tan perturbadora respuesta— ¿Por la misma razón que la de la otra vez?

Ante el nuevo cuestionamiento, el ex-Akatsuki vuelve a girar su cabeza al frente.

—La última vez la completé, aunque de todas formas era un fracaso.

—Entonces, ¿Por qué a estas no las completaste?

—Porque son peores fracasos—es la seca y robótica respuesta que obtiene la ninja.

— ¿Y eso por qué?

La situación ya está comenzando a ponerla nerviosa, y, como siempre, la falta comunicación de su anfitrión no hace más que exasperarla.

—Porque no pude capturar la belleza como lo deseo.

Sakura ésta vez no responde. No comprende. Quizá, por un instante se siente curiosa por esta última oración, pero no por suficiente tiempo como para que fuera perceptible en su semblante.

Habiéndose agotado bastante rápido por la poco productiva situación, la médica opta por tomar descanso sobre una gran roca sumergida parcialmente en el agua de la ribera, a un par de pasos por delante de Sasori. En cierta forma, es como si estuviese resignándose sin mayor resistencia a la idea de otra conversación inevitable más.

— ¿Reconsideraste la utilidad de mi información? ¿Es por eso que estás aquí? Definitivamente, eso debe ser... Es bueno que hayas atendido a la razón— retoma Sasori de una manera tan ambigua, que es indistinguible si conversa con la joven frente a él o sólo piensa en voz alta.

—Supongo…—musita de forma vaga y esquiva, sin poder evitar rememorar ciertos momentos de su último encuentro con Sai.

— ¿Encontraste como descargarte?

—Quizás...

—Suerte la tuya... Yo estoy teniendo mis dificultades... Al menos, no tengo seres cercanos a los que esconder nada.

—Y lo ves como una ventaja... —resopla la joven al tiempo que pone los ojos en blanco.

— ¿No lo es?

—Es complejo—suspira—. En mi opinión, es un arma de doble filo.

La ninja ahora se encuentra contrariada consigo misma, ya que se halla, valga la redundancia, a sí misma siguiéndole la corriente a su parloteo sin sentido como si ya se estuviera volviendo una especie de rutina más para ella.

El marionetista, por su parte, se encuentra ajeno a todo dilema que no le competa.

— ¿En serio? ¿En qué me perjudica?

— ¿No te sientes solo? —indaga pensativa—. A veces, puede ser gratificante tener seres cercanos a ti.

Ella está confiada de sus palabras, después de todo, cada vez que regresa por información, Sasori básicamente la fuerza a conversar. No es muy ilógico deducir que incluso alguien de su calaña debe odiar la soledad.

El artista no hace más que parpadear como si le hablasen en otro idioma incomprensible.

—Lo que no es eterno, no tiene belleza... Tampoco valor... Ante la agonía, la gente cambia, y las relaciones se rompen, se traicionan. No hay valor, ni belleza en relacionarse con alguien y ser "cercano". Siempre es temporal—sentencia pronunciando la última palabra con profunda repugnancia.

Ese ingrato comentario logra tocar a Sakura, aunque de la manera incorrecta. Ese total desdén por lo que hace vivo a un humano, no hace más que ofenderla…

"¿En realidad puede pensar así? ¿Quién se cree para juzgar así a todo el mundo?"

— ¿Acaso crees que tú podrías hacerlo mejor que cualquier otro? —espeta disgustada por lo que escucha, mientras le dirige una mirada de regaño y desaprobación.

—No puedo—se sincera el pelirrojo, igualmente disgustado con este hecho—. Yo también cambié ante la agonía. No soy mejor que nadie más en ese aspecto, y por eso soy un fracaso.

—Sí, lo eres—concede su invitada, pero más a modo de insulto a su ego que otra cosa.

—Podría tomarme eso a mal, pero, viniendo de tu parte, no puedo contradecirlo.

"¿Es eso decepción en su tono de voz? ¿Es eso derrota en su rostro?" Se pregunta Sakura sin dar crédito a lo que presencia. Empero, como no le apetece lidiar con la confusión en este momento, opta por desentenderse de la situación lo más rápido que puede:

—Pues, peor para ti… Supongo.

—Tú no cambiaste ante la agonía. Eso es admirable, bello—resalta el artista.

— ¿No te cansas de repetirlo nunca? —suspira cansada de escucharlo. Ella no entiende qué significa. La verdad, casi le teme a lo que puede llegar a significar.

—No. Todo lo que hice fue por mi arte, por mi definición de belleza... No es algo que pueda, ni quiera cambiar.

Por el contrario, Sasori, a pesar de estar en una época particular como artista, no duda de que la belleza, sin importar cuán poco la comprenda en este momento, siempre fue y siempre será algo central en su vida.

—Te repites demasiado—replica ella con desdén, poniendo los ojos en blanco de nuevo.

— ¿Es difícil tomarme en serio cuando no estoy intentando matarte? —pregunta el renegado con brutal honestidad.

Sakura no detecta amenaza alguna en su tono de voz. De hecho, le suena casi a una broma.

—No sé…

—Irreverente, poco respeto—acota él con el ceño levemente fruncido—. El Jinchuuriki que te acompañaba también mostraba esos modales…

— ¿Y eso qué? —espeta Sakura, poniéndose a la defensiva al instante tras la mención de Naruto.

—No lo sé... —pronuncia apático, volviendo a adoptar un porte introspectivo. De nuevo suena como si se respondiese a sí mismo—. Quizá me alejé demasiado del mundo. Se solía hablar con cuidado, teniendo cierta consideración por quien tienes en frente. Respeto a los mayores... Las cosas cambian. Me desagrada.

—Te recuerdo que tratas a todos de modo similar. Incluso cuando nos enfrentamos por primera vez.

—Nos enfrentamos varias veces—rebate con un tono indiferente, producto de que gran parte de su mente aún camina por otro sitio—. Se podría decir que somos una especie de... rivales, quizá... Es algo que merece un respeto que no se da en el primer encuentro. Muestro respeto ante ti, porque lo mereces luego de lo ocurrido. Creería que merezco lo mismo de tu parte… Claro que no soy tan iluso de creer que muchos de mis pensamientos son compartidos.

— ¿Así que me consideras tu rival? —cuestiona con una ceja alzada de sutil intriga.

—Dije "quizá"... —la corrige, como si aquella diferencia semántica fuese algo de suma importancia—. No tengo intenciones de eliminarte. En eso no coincide la definición, pero me enfrenté a ti. Además, admiro tus fortalezas, y no puedo evitar compararme contigo de vez en cuando... En eso sí coincide. No sé si la palabra correcta sea rival.

—Me halagas... —responde Sakura con sarcasmo—. Lástima que no pueda pensar lo mismo de ti.

— ¿Por qué es una lástima? —parpadea subiendo la mirada de nuevo para observar a su invitada con expresión confundida.

—Sarcasmo. Aprende a detectarlo—replica con irritación, por aquello que no se decide si es falta de atención, o de interés por parte del marionetista.

—Actúas raro. Creo haber modificado mi actitud para evitar la necesidad de cualquier agresión. En estos casos la considero... excesiva... inútil. ¿Cuál es el motivo de la agresión cuando no hay amenaza? Además, notarás que ya ni siquiera tengo preparado este sitio en caso de que hubieses venido con refuerzos.

Como si los roles se hubiesen intercambiado, ahora es Sakura quien no hace más que parpadear perpleja y confundida ante la revelación de su informante.

— ¿No es contraproducente para ti que me digas eso?

Sasori niega con la cabeza.

—Si matarme fuera tu intención, ya lo hubieses hecho en varias ocasiones. A diferencia de ti, yo puedo confiar.

—De todos modos, no es propio de ti andar revelando que estás desprotegido…—analiza la joven con nada más, ni nada menos, que la lógica que su informante suele usar para con ella—. Más bien diría que tú eres el que actúa raro.

—Los cuidados, así como la agresión, son necesarios cuando hay amenaza, pero no la hay—asevera de nueva cuenta, sin variar su semblante, ni su postura ante la incongruencia ya señalada por ella.

—Como digas.

A continuación, Sakura vuelve a desentenderse de la situación llamándose al silencio. Mientras tanto, ella intenta deshacerse de aquella extraña sensación de familiaridad que le causa este escenario. Una cosa es confianza, y otra es ser capaz de relajarse frente a un criminal de este calibre. Ella no quiere llegar nunca a este punto. Al menos, cree aún no estar en él.

—Entonces ¿Es agresión sin motivo? —retoma Sasori empedernido en obtener una respuesta satisfactoria—. Suena… equivocado. Algo pasa.

—No lo sé... ¿Acaso importa?

—Sí, porque podría hacer estas reuniones menos incómodas.

Allí está de nuevo. El marionetista está insinuando una futura reunión. Quizá, esto pasó desapercibido para él mismo, pero no para Sakura. Ella ve una amenaza implícita a través de estas palabras. O, mejor dicho, quiere ver una.

—No tanto como el que no hubiesen más muñecas de arcilla despedazadas por doquier… —recalca la ninja con ironía, mientras varía su mirada a los costados de su posición actual, o, mejor dicho, al cementerio de arcilla alrededor de su posición.

—No sabía si vendrías. Así que no me preocupé por la limpieza—responde el pelirrojo esbozando una pequeña sonrisa.

El actuar de Sasori se denota demasiado casual, demasiado "normal". Ella aún se resiste a esto, se resiste a recibir este trato. De repente, se ve en la necesidad de volver a poner distancia entre ellos, lo que la hace responder, quizá, inapropiadamente:

—No me digas. ¿Por qué tengo que contarte yo lo que me pasa, cuando tú no lo haces?

Sin embargo, Sasori no hace más que contemplarla confundido, sin entender a lo que se refiere.

—No recuerdo haberte pedido eso.

Esa respuesta la toma por sorpresa. Es verdad. Ella saltó a conclusiones, y, probablemente, también malinterpretó la situación.

— ¿Quieres saber el motivo de la "agresión", o no? —arroja un metafórico manotazo al aire para salir bien parada de la escena.

—Pues, sí.

Ahí está ese tono extraño otra vez. Una vez más, el renegado le tiene consideración, sacándola de una situación en la que ella misma se metió.

— ¿Por qué te lo diría, si tu no dices lo que a ti te pasa? —repite la pregunta, con la pequeña esperanza de desentrañar alguna segunda intención detrás del errático comportamiento del criminal. Aún no está lista para admitir, siquiera internamente, ese desliz en su compostura.

— ¿No lo dije ya? Mis últimos intentos de crear arte fueron un fracaso.

—Pero todavía ocultas algo.

—No tengo motivos para mentirte en eso. ¿Que ganaría mintiendo? De hecho, aquí tienes una prueba más: te doy la información—sin contradecir a sus palabras, el anfitrión revela el pergamino, sacándolo desde el interior de su manga. Después, lo deposita sobre la hierba a su lado—. Estoy en el sitio pactado, en el momento pactado, y no represento amenaza a ti. Parece que no miento demasiado.

Sakura posa sus ojos sobre el objeto en el suelo, contemplándolo sin saber cómo reaccionar. No obstante, tan sólo instantes después, se para y salta de la roca en la que se encuentra para aceptar la oferta.

Ahora, sólo le queda hacer lo que había decidido hace unos minutos: marcharse.

Estar cerca de este sujeto ya no la está ayudando lo suficiente a creer que es un monstruo. Ahora, estar cerca de él se siente peligroso para su cordura. Por momentos, ya no reconoce en él al criminal con el que se enfrentó, y esos pensamientos, a su juicio, no deberían tener cabida en su cabeza.

—En cinco días habrá más, si todavía te interesa. Al sexto, no podrás encontrarme. No miento.

Al escuchar su voz proveniente de sus espaldas, Sakura detiene momentáneamente sus planes de retirada.

—Lo pensaré...—masculla sin mirar atrás. Está dudosa, contrariada y confundida sobre la situación, y más aún consigo misma.

Para Sasori, el pergamino es una simple defensa ante haber sido acusado de mentir, y otra invitación a verlo es sólo otra porción de información como premio por regresar.

Aún así, para ella esto es más... Es algo que ve como un ataque o un intento más de manipularla.

"No, ya no vas a manipularme así." Decide la kunoichi despejando su mente con la ayuda de una sacudida de su cabeza.

Es mejor no darle más importancia al asunto de la que realmente debería tener, ya que, por el momento, no posee más que una débil sospecha. Hasta ahora, a lo largo del encuentro, no perdió los estribos en ningún momento, o, al menos, no demostró nada similar. Tampoco ha permitido que sus dudas se filtraran a su voz.

"Ya no me importa. Mi consciencia está tranquila... Sé que di lo mejor de mí esta vez. Además, ya tengo lo que vine a buscar. Ya no tengo por qué seguir aquí."

Tras el breve momento de introspección, la muchacha cumple su palabra y se retira del sitio sin más ceremonia, sintiéndose más que satisfecha con su propio trabajo y desempeño durante la reunión.

Puede decirse que logró con éxito su cometido. Después de todo, una vez más se lleva la información consigo. Ahora que la peor parte ya pasó, intenta olvidar todo lo relacionado a Sasori. Pensar tanto en él no le está agradando.

No le gusta contradecirse con lo que siempre creyó y sintió. Ya es suficiente con aceptar la idea de que el espionaje es necesario. No quiere descender hasta el punto de que tratar con un Akatsuki le fuese aceptable.

No quiere confiar en él. No hay modo de que eso sea natural. No debería ser algo natural.

La aprendiza de Tsunade camina un par de metros, adentrándose cada vez más en la arboleda espesa del bosque. Durante el primer tramo del trayecto, no evitar pisar trozos de arcilla por donde sea que pasa, que se quiebran al contacto con sus pies. En un determinado punto, llega a presenciar un montón de escombros apilados entre las raíces de un tronco añejo, y la visión de los mismos, sin saber muy bien por qué, le provoca un mal presentimiento.

Por alguna extraña razón, aquellos trozos de esculturas la ponen incómoda, como si algo en ellas no estuviera bien.

No sabe definir la razón de esta sensación. Es decir, se trata de esculturas hechas por Sasori. Esta no es la primera vez que las ve, y, a la vez, no hay ninguna evidencia que indicase que la "inspiración" para estas cosas haya nacido de una masacre o algo similar.

Empero, aún así, hay algo que las hace diferentes a la anterior escultura en forma de niña que había visto en su último encuentro…

Movida por esta extraña inquietud, se acerca a las raíces del árbol, y levanta un trozo de arcilla mediano del suelo. Sopla un poco el polvo y la tierra acumulados en su grisácea superficie, y, posicionada en cuclillas frente al pequeño depósito, lo observa con más atención. A simple vista, parece parte de una estructura hueca. Tiene una curvatura sutil, orgánica y suave al tacto.

La joven mueve un poco los escombros de donde sacó el trozo de escultura, como intentando ver si el montón de retazos puede reunirse y tener sentido.

Cual niña curiosa, pretende reconstruir el rompecabezas. Tras tomarse el tiempo necesario para reunir pequeñas porciones de arcilla seca, por fin cree notar allí la forma de una barbilla... y una mejilla.

"Parece que Sasori volvió a buscar modelos para obtener inspiración."

Pero se recuerda a sí misma que, dada la cantidad de escombros, habría sido difícil y poco probable que hubiese tenido mucho tiempo para viajar. Eso significa que no debió haber herido a nadie. No pudo viajar a una distancia segura para haber hecho algo.

Por ahora, esta justificación consigue desechar cualquier suposición escabrosa y sanguinaria.

Una nariz, un ojo, una fracción de una frente... Poco a poco, la imagen comienza a armarse dentro de su mente, a cobrar forma, y, finalmente, a cobrar sentido…

Esto debe de ser una broma de su cerebro... Un mal chiste... La escultura rota comienza a verse familiar, demasiado familiar para su gusto.

La mujer reacciona soltando inmediatamente los trozos, como si estuviesen ardiendo al tacto. Acto seguido, se pone de pie en un solo movimiento, para retroceder debido al shock inicial de la situación.

Ahora, desde una nueva perspectiva, sus ojos abiertos de par en par observan con mejor claridad el panorama desvelado frente a ella… Todas estas muñecas son... suyas.

Son réplicas exactas de su imagen.

Por un instante, su cabeza queda en blanco, quizá por shock, quizá por confusión, quizá porque aún se encuentra asimilando lo que acaba de presenciar. ¿Cuántas? ¿Docenas? No, parecen aún más.

Por un instante, no sabe exactamente cómo reaccionar. ¿Miedo? ¿Disgusto? ¿Ira? La aterra que entre la lista de posibilidades está la opción de no reaccionar en absoluto.

"Tiene que ser una broma... Esto tiene que ser una pésima broma de mal gusto."

La única cosa que es clara en este momento, es que se siente estúpida. Se siente estúpida porque ese sujeto siempre le recalcó que ella poseía "belleza". Por más asco que le hubiese cogido a la palabra desde el momento que la escuchó, era de esperarse que alguna vez pasaría algo como esto.

Así es... El que esto pasara sólo era una cuestión de tiempo.

Por supuesto que el inconsciente trabaja mucho más rápido que la mente, así que esta es la prueba que estuvo buscando desesperadamente todo este tiempo de que este sujeto es un verdadero monstruo.

Sin embargo, nunca lo creyó capaz de... ¿Obsesionarse tanto?

Esto, ya sin lugar a dudas, se está volviendo demasiado retorcido como para lo que su buen juicio puede tolerar.

Lentamente, Sakura comienza a alterarse. La idea de que todo esto haya sido sólo un plan del sujeto para satisfacer su retorcida obsesión por ella ahora la acecha con más fuerza.

Inmóvil frente a la destrozada muñeca con su forma, ella gira su cuello hacia un costado, sólo para contemplar otra extensión del cementerio de escombros. Ahí reconoce aún más aspectos similares a su figura.

"¿Acaso todas tienen mi forma?" Se pregunta, aun sin poder creérselo.

Este acaba siendo el límite de su calma.

"Quiere volverme una marioneta. Quiere hacerlo sin matarme… Me está controlando."

Esa conspiración comienza a asentarse en su mente, haciéndola experimentar miedo, vergüenza, desconfianza… y una herida al orgullo que deviene en un enorme enojo.

Decidida a permitir que sus emociones ganasen terreno, no hace más que dejar a este evento ser toda la excusa que necesita para justificar el disgusto, y la desconfianza, que ese sujeto debió siempre generar en ella. Por fin su mente se hace con un motivo para despreciarlo de nuevo.

Ahora, se siente furiosa, tanto que ya no puede pensar con claridad. Sólo quiere volver sobre sus pasos y enfrentársele. Ni siquiera sabe exactamente qué es lo que va a decirle, o hacerle, pero ya es tarde. Ya sea por valor, por impulsividad o por ambas, y con un plan o sin él, la mujer regresa a zancadas al sitio del que vino, para reencontrarse con quien se siente nuevamente enfrentada.

Volver a identificarlo como algo alienígena, como algo lejano a lo que se puede llamar humano, se siente casi como un alivio a su confusión y angustia anteriores.

La mezcla de sensaciones en Sakura vuelve la situación impredecible. Tanto así, que ni ella misma sabe con exactitud lo que está por ocurrir a continuación.

Por su parte, Sasori se encuentra sumido en una especie de trance, mientras permanece sentado intentando labrar una nueva escultura de arcilla. Aún se niega a la idea de desistir en comprender la voluntad inquebrantable que le quitó la calma, aunque el hecho de tener arcilla a su lado, y ser consciente de que ya no es suficiente, le está doliendo mucho.

A pesar de que una comprensión de la belleza sea, en teoría, algo positivo... El sentirse tan impotente a la hora de crear, ha desestabilizado el equilibrio en su mente por completo.

De repente, el artista comienza a sentir unas pisadas, que, como truenos, hacen temblar el suelo debajo de él. No es alguien que se está escondiendo, no es alguien en control de sí mismo...

Es ella.

Si bien tiene casi toda su atención enfocada en su bloqueo artístico, esta nueva situación logra desconcertarlo internamente. Desafortunadamente, no llega ni a preguntarse cuál es el motivo que trajo de regreso a la chica cuando prácticamente la tiene a sus espaldas, y en un silencio más sepulcral que el suyo propio.

Sakura se queda de pie, inmóvil, esperando que la marioneta reaccionase a su presencia de alguna manera. Quiere comprobar de inmediato si va a volver a tomarle el pelo con esta nueva y escandalosa situación.

—Has vuelto... Esto es raro—expresa monótono, y sin moverse de su cómoda posición sobre el suelo.

Sin pronunciar palabra, la recién llegada toma lugar en uno de sus costados.

Mientras tanto, Sasori sólo se limita a seguir discretamente sus movimientos, siniéndose más expectante que bajo sensación de amenaza.

Sin previo aviso, la kunoichi estira hacia atrás su pierna izquierda, y, con tanta fuerza como ira acumulada, patea el húmedo cúmulo de arcilla entre sus manos haciendo que se desintegrase dentro de la corriente del arroyo.

—No sé con qué estés experimentando ahora, pero ya no me causa ninguna gracia. ¡Así que deja ya de jugar conmigo! —demanda luego de haber ganado la atención de su informante gracias a semejante acto de rebelión.

Todo indica que una tormenta se ha venido gestando dentro de Sakura, y que él es tanto su centro, como su origen.

—Sólo estoy intentando comprender... —objeta Sasori impasible ante la repentina y explosiva situación actual, haciendo uso de un tono suave y confundido, que pasa casi totalmente desapercibido a los oídos de la ninja.

— ¡Cállate! —chilla aún más molesta— ¡Déjame en paz de una vez! ¿¡Por qué estás haciendo todas estas monstruosidades con mi maldita forma!?¡¿Qué clase de aberración estás tramando?!

— ¿Te molestan mis creaciones? —pregunta de nuevo, como si la situación careciese de toda la gravedad que la ninja señala con su comportamiento.

— ¡¿Y aún lo preguntas?! —grita ahora con los puños tensos, conteniendo las ganas de agarrarlo de la ropa para incorporarlo a la fuerza.

El marionetista aún la observa desde abajo, aún sentado. No obstante, nota que la amenazante presencia a su lado no esperará una respuesta de su parte por mucho más tiempo.

—No me dejas mucho…—responde de forma ambigua, con su mirada ámbar volviendo a perderse en el paisaje.

— ¿Creíste que no me iba a dar cuenta? —sigue insistiendo Sakura, sintiendo que habla con una pared.

—No lo creí relevante... —explica como si hablase del clima—. Todas mis creaciones fueron fracasos, y por eso fueron destruidas. No deberían haberte incomodado. De todas formas, ya comprendí que no son útiles. Así que ya no fabricaré más de ese modelo.

— ¡Para de una vez! —su voz comienza a temblar, y a quebrarse cada vez más—. Ya demostraste tu punto. Ya no voy a entregarme. Conseguiste mantenerme viva. ¡Ya deja de jugar conmigo!

El cambio emocional en ella ya no sólo se manifiesta por la inestabilidad de su voz, sino que también en su postura cuando pasa de estar quieta a gesticular con sus brazos de manera casi violenta.

— ¡Ya déjame en paz! ¡Entiende que no soy algo con lo que puedes experimentar, maldito enfermo!

Pero hay respuesta, ni reacción, por parte de Sasori. Al menos, ninguna que Sakura pueda notar.

Nada más lejos de la realidad, ya que dentro de él también hay algo que poco a poco amenaza con explotar. Por supuesto, de un modo diametralmente distinto al de ella.

— ¡Para con esto! ¡Para…! ¡Para…! ¡PARA!

Y esa es la última réplica que necesita escuchar el sobre estresado subconsciente del artista, para conseguir aflorar a la superficie de una vez por todas.

De repente, algo en el aura misma de Sasori reacciona. Algo cambia en su postura, en sus expresiones faciales. No es bien definido qué, pero ahora... Cuando Sakura lo observa ponerse de pie, volteándose lentamente hacia ella para mirarla desde arriba, en gesto sobrador, nota que hay mucho que aún no sabe sobre él. Las palabras que prosiguen a sus acciones, sólo acentúan esta realidad.

— ¿Parar qué? —espeta con una molestia que viene desde lo profundo de su mente—. Tú apareces y cambias lo que comprendo posible. Cambias mis ideas, mis lógicas, y lo único que hago, ante todo ese cambio... es intentar hacer algo que me ayude a comprender las cosas de nuevo... ¡Y estoy fracasando en cada intento!

Furioso y desesperado, el titiritero cede finalmente el control de su voz, mas no el de su cuerpo, que sigue erguido y sin movimiento destacable.

— ¡¿Juego!? ¡¿Te crees que estoy jugando?! ¡¿Quieres que deje de buscar respuestas?! ¡Entonces, dámelas!

Eso suena mucho más humano de lo que ella habría llegado siquiera a imaginar, pero, aún así, no es suficiente para hacerla dudar en su intención. Muy por el contrario, él sólo le proporciona el mechero para terminar de hacer estallar la bomba.

— ¡Por Dios! ¡Deja de mirarme de esa forma tan retorcida! ¡Deja de considerarme bella! ¡Deja de involucrarme con esas abominaciones a las que llamas arte! Yo jamás quise ser parte de esto, tú lo sabes, ¡Y sólo te aprovechas, utilizándome como si fuera un objeto! —le reclama fuera de sí, mientras se lleva las manos a la cabeza en un arrebato histérico— ¡Grábate de una vez que no soy arte! ¡No soy arte! ¡No soy belleza! ¡Ni tampoco soy un puto concepto abstracto para que analices a tu antojo!

— ¡Ese es el maldito problema! ¡No puedo emular tu belleza, porque eres más que un condenado objeto! —espeta él indignado a más no poder por las referencias despectivas a su arte—. Podrías ser como cualquiera y me conformaría con copiar tu figura, o incluso con convertir tu cuerpo en arte... ¡Pero no! ¡Tienes que tener algo más! ¡Tenías que ser algo más! ¡Tú, y tu voluntad tan ridículamente persistente me quitaron aquello de lo que me enorgullecía! No importa cuán perfecto sea el moldeado de la arcilla... ni si convirtiese tu cuerpo en una marioneta. ¡Seguiría siendo una obra vacía, y yo seguiría disconforme! Tú llegas, y complicas mi arte como si tuvieses algún derecho a cambiar mi situación. ¡No pienso detenerme porque quiero entender!

Sakura no puede dar crédito a toda la basura demente que escucha, y menos aún al tono con el que lo dice.

— ¡Sólo te concedí otra oportunidad de vivir! ¡No hice nada más! —se defiende negando con la cabeza, casi como si negase la realidad misma— ¡Nunca quise que me tratasen como una cosa!

— ¿Vivir sin poder ejercer mi arte? ¿Tengo que recordarte todo lo que hice por él? ¿Y acaso eres sorda? ¡Te estoy diciendo que el problema es que no eres una cosa!

— ¡Lo preferirías así! —lo acusa con indignación, alejándose unos pasos más de él para prolongar el momento en el que ya no pueda resistir más las ganas de golpearlo—. Sino, ¿Por qué rayos te molestaría que fuera una persona?

—Porque así podría entender. Podría capturar la belleza. Podría ejercer mi arte. Y lo peor es que no quiero que seas una cosa—aclara con tanta ira como frustración, como si le doliese decir esas palabras tan contradictorias a su antigua visión artística del mundo—. Porque te quitaría una belleza ¡Y acabo de decir que lo único que quiero es entender!

Mientras más menciona la palabra "belleza", más repugnancia le genera a Sakura.

— ¡No vuelvas a mencionarlo jamás! ¡Viniendo de ti, esa maldita palabra es un insulto! Además ¿Qué tanto quieres entender? ¿Acaso soy un conejillo de indias, que sirve para que experimentes a gusto?

— ¡Quiero entender cómo demonios lo hiciste! —exclama ya cansado de repetirse a sí mismo, y de explicarle las cosas a alguien que hace oídos sordos a sus palabras— ¡Si con alguien experimento, es conmigo mismo!

Sakura emite un resoplido casi afónico para intentar recuperar el aliento.

—Deja de mentir. Me sobornas con información para mi aldea, mientras te dedicas a jugar con mi sentido de la lealtad… ¡Y todo eso para que no interfiera en tus experimentos! —vuelve a acusar la mujer, rehusándose a creer palabra alguna de sus justificaciones— ¡¿Y cuántas veces tengo que repetírtelo hasta que lo entiendas?! ¡Yo no te hice NADA!

De un momento para otro, ambos se encuentran totalmente perdidos en la discusión, casi chocando sus frentes uno frente al otro, atacándose sólo con palabras.

Eso es todo lo que les queda ahora.

Él jamás dañaría a su inspiración, y ella no dañaría, al menos no demasiado, a alguien que aún puede ser útil a su aldea.

Defendiéndose con palabras, intentan justificar sus acciones, soltando sobre el otro el peso de sus propias dudas, y cambios que ninguno de los dos es capaz de seguir callándose.

—Y piénsalo por un segundo: fracaso en mi arte, me relaciono con alguien que intentó eliminarme, transmito información que arriesga aún más mi posición con Akatsuki... Si todo eso no es signo de que algo me pasa, no sé qué lo es—pronuncia el pelirrojo, ésta vez con un aire más introspectivo que molesto, intentando apelar de una vez por todas al sentido común de la explosiva e imprudente mocosa frente a él—. Yo soy Sasori de la Arena Roja. Aquel que es capaz de conquistar un país por sí solo, y estoy discutiendo de estas cosas con una adolescente que ni siquiera entiende de arte ¿Cómo puedes decir que no me hiciste nada?

El tono de la marioneta va mutando a uno cada vez más sarcástico, como si a más palabras pronunciadas, más notase lo inverosímil que es toda esta situación.

—Después de todo esto... ¿Aún eres tan ridícula de creer que eres sólo otra parte de mi colección?

Sakura bufa con fastidio, masajéandose las sienes en señal de un estrés que ya traspasado las barreras psíquicas para convertirse en un palpitante dolor de cabeza.

— ¿Qué tengo que pensar? ¿Que realmente me ves como una persona, y no como una cosa? ¡¿Cuándo, en todo este tiempo, ni siquiera te molestaste en aprenderte mi maldito nombre?!

Sasori afila su mirada en respuesta, como un disimulado gesto de la intriga que logra despertarle la particular réplica de la joven.

—Jamás me llamaste por mi nombre... Tengo uno ¿Sabes? —recalca ofendida y con la respiración todavía acelerada.

Cruzando los brazos sobre su pecho, ella le dedica una mirada severa que se compenetra con el regaño más que explícito de su reciente frase.

Una pausa más…

—Haruno Sakura— Sasori rompe el hielo casi como si llevase un siglo sin hablar, aunque sin otorgarle importancia alguna a sus propias palabras—. Ahí está tu nombre. Y, si no tuvieses algo que te hiciese más que un objeto... Entonces, nada de esto habría ocurrido.

Ninguno de los dos sabe qué es lo que hay en esa última respuesta, pero, luego de decirla, es como si ambos hubiesen sentido ese particular agotamiento que conlleva el haber dejado salir el alma por la boca.

Sakura da un paso atrás, mientras que Sasori se deja caer en el suelo, sentándose sobre un tronco caído al ras de la hierba.

El artista se lleva una mano a la frente, ocultando sus ojos de ella. Nuevamente,lo encuentra con una pose, y expresión, nada propia del monstruo que ella vino a enfrentar.

La mujer no tarda en responder a este cambio de compostura. Sintiéndose también mermada en fuerzas, toma asiento a metros de él, manteniéndose con la espalda recargada contra el tronco de otro árbol. Sin embargo, ella aún se encuentra en shock. Aún se encuentra a la defensiva. Aún está esforzándose por ver como un monstruo al hombre sentado frente a ella.

— ¿Algo más que decir? —pregunta el pelirrojo, manteniendo ese porte de pseudo estrés y cansancio, con sus dedos índice y pulgar presionando el puente de su nariz.

— ¿Por qué un enfermo mental cree que una persona normal como yo tiene respuestas a sus preguntas sin sentido? —lo retruca con un tono entre cansado e irónico, mientras arranca el césped en un gesto disimulado de ansiedad.

—Porque todo comenzó contigo.

— ¿Qué cosa comenzó?

—Esto—responde apartando la mano de sus ojos, como si se señalara a sí mismo—. Mis fracasos en el arte, mis intenciones de que sigas viva. Ahora, hasta concibo la idea de que puede haber belleza en la voluntad. Peor aún: ya no concibo la belleza sin voluntad. Ahora, estoy siempre esperando a que aparezcas al quinto día. Odio esperar, ¿Sabes? Las cosas son distintas. Y todo es desde que TÚ apareciste…

— ¿Y qué te hace pensar que yo te ayudaré a encontrar tales respuestas? ¿Eh? —vuelve a cuestionar la muchacha, arrancando con más fuerza la hierba sin siquiera notarlo.

—Ya te lo dije: porque todo comenzó contigo.

— ¿Así quieres jugar? ¿Crees que tengo la culpa de todo? —frunce el ceño molesta e inconforme por la revelación— ¡Pregunta, entonces! ¡Y luego déjame en paz!

El criminal levanta la mirada para observarla a los ojos. Los ámbares le se iluminan ante esta oportunidad de obtener información, mostrando un entusiasmo fácilmente confundible con locura, o simple desesperación.

— ¿Cómo lo haces? ¿Cómo mantienes tus estúpidas ideas cuando vas a morir? —pregunta sin pizca alguna de tacto— ¿Qué clase de estupidez te lleva a contradecir el instinto de supervivencia? ¿Por qué no puedes ser como cualquier otro ninja idiota que no me importaría en lo más mínimo?

—Por las personas que amo... Por las promesas que hice... ¡Porque la vida de mi equipo y mi aldea me importan más que mi propia vida! —responde de mala gana, irritada por los desdenes constantes hacia las cosas que la hacen humana.

— ¿Por qué la vida de otros vale más que la tuya, entonces? ¿Cómo se supone que funciona eso? —insiste con una molestia similar, ya que no puede comprender ni encontrarle sentido a lo que le dice la ninja.

— ¡Porque me importan! Porque no soportaría vivir, sabiendo que podría haberlos salvado. ¡Y porque estoy agradecida con ellos, porque hacen lo mismo por mí!

Por un momento, Sasori permanece en silencio, pensativo. Piensa en lo ocurrido en las últimas semanas…

"Porque existe alguien que le importa. Porque existe alguien a quien quiere mantener vivo."

Esas dos cosas no le parecen tan ajenas, no después de todo lo que ocurrió este tiempo. Él reconoce que tiene a ese alguien en frente suyo… pero, en lo que respecta a ese último ítem en la lista…

— ¿Y que ocurriría si ellos no hicieran lo mismo por ti?

De repente, la imagen de Sasuke intentando atravesar a Naruto con su espada aparece en la mente de Sakura. La pregunta acaba de tocar un punto sensible. Sin haber tenido manera de prever esto, la interrogante la desestabiliza. Jamás lo había pensado...

—Trataría de cambiarlo, de llegar a sus corazones, de ganarme su cariño, o de enseñarles lo que creo que es correcto, y trataría de que lo entiendan como yo lo hago—recita luego de unos breves instantes de duda, casi tartamudeando.

— ¿Aunque te odiasen?

—S-sí… ¡SÍ! —asegura por segunda vez sacudiendo su cabeza, como si esto la ayudase a despejar su mente de cualquier duda— ¡Sí, lo haría!

Pero su esfuerzo no puede engañar a este par de oídos, que prestan atención a cada una de sus palabras como si buscaran el sentido de la vida en ellas. Y, de hecho, lo hacen.

—Es la primera vez que te oigo dudar—analiza el concentrado artista ante la poco convincente voz de la mujer.

— ¡No estoy dudando! ¡Claro que lo haría! ¡Llevo años haciéndolo! —espeta negando con la cabeza.

— ¿A pesar de que alguno de ellos te quisiera lejos... O muerta?

Sin saberlo, Sasori mete el dedo aún más dentro de la llaga. Buscando solucionar su propia confusión, procede a aumentar aquella albergada en la mente de Sakura.

— ¡Eso no importa, porque yo lo amo! —exclama ella casi por inercia, y casi como si las palabras hubiesen cobrado vida propia para escapar de su boca.

Después de todo, ese es su último recurso para justificar el por qué insiste en apreciar al Uchiha. Sasori no es consciente de haberlo mencionado, pero su aparición en la mente de Haruno sólo puede terminar de una sola manera: alterándola.

—Amor, eh...—repite Sasori ligeramente sorprendido, manifestando un interés casi científico por lo que oye—. Suena imposible...

Sólo cuando el artista le responde, Sakura cae en la magnitud de lo que acaba de decir al tiempo que se siente sonrojar. Un momento de silencio prosigue a continuación, momento en el que intenta recuperar el color pálido de su rostro aparte de su compostura, para así responder con un nuevo insulto al ego de su informante:

—Por lo visto, para ti sí lo es.

—Hablas con una marioneta—rebate él sin inmutarse—. Eso suena imposible también.

—Mataste a Chiyo, que era tu propia abuela, y ni siquiera lo sufres—recrimina con desaprobación—. No creo que pueda importarte otro ser humano.

—En otro tiempo, habría coincidido contigo—le concede sin remordimiento alguno por lo sucedido con su abuela—. Pero, si que me importe un humano es necesario para comprender lo que me falta, entonces... Eso se volverá una nueva meta.

— ¿Por qué insistes tanto? ¿No puedes simplemente aceptar lo que te digo y ya? No es tan difícil, no hay un gran misterio, y no es nada raro para nadie. En serio, no es nada raro. No es la gran cosa, y que no lo comprendas es prueba de que eres un caso perdido.

—Si alguien aparece, y vuelve a escribir todo lo que das por cierto ¿Podrías simplemente "dejar de insistir"? ¿Podrías decir que "no es la gran cosa"? Apareciste, y me demostraste que es posible que algo dentro de la vida de un ser humano puede ser bello, y puede durar. Desde ese momento, no estoy conforme con mis creaciones, ni con mis acciones. Antes, al menos, mi patético cambio ante la agonía era algo común a todos los seres. Luego, llegas tú a mostrarme lo contrario... Mostrándome mis fracasos... Jodiendo con mi cabeza... ¿Si alguien llegase a tu vida, y reescribiese tu tan preciado código de moral y justicia, podrías sólo "dejarlo ser"?

Ahí llega otra pregunta desconcertante para ella.

Ahora, los dos se quedan en silencio, confundidos por sus propias inquietudes. Sin embargo, la manera en la que se enfrentan a sus dudas sigue siendo radicalmente distinta. Mientras que Sakura se aferra a cada detalle posible, con tal de no perder las bases de lo que ha pensado por años, Sasori rema contra toda marea con el objetivo de avanzar, y dejar totalmente atrás lo que le fue demostrado obsoleto.

—No es raro—vuelve a negar Sakura—. Puedo asegurarte que no soy la única. De hecho, he conocido, y todavía conozco a muchas personas que darían su vida sin dudarlo por sus convicciones.

Nuevamente, ella decide ignorar toda pregunta que pueda desorientarla. Prefiere cualquier otro tema antes que cargar más confusión innecesaria en su mente.

—No lo sabes. Eso es algo que nadie sabe hasta estar al borde de la muerte—niega sus palabras con férrea seguridad en sus ideas—. Créeme que vi a mucha gente en ese estado. Todos cambiaron... Hasta que fue tu turno.

—De todos modos, te equivocas sobre eso. Es algo más común de lo que quieres creer.

—Creo en lo que puedo ver. Cuando esté a punto de matar a alguien, y no muera la chispa en sus ojos, recién ahí creeré en lo que dices. No antes.

— ¿Acaso el Kazekage Gaara no dio su vida por la aldea la primera vez que lo asesinaron?—insiste la rosada con el ceño fruncido ante la terquedad contraria— ¿O el tercero, cuando tú lo mataste?

—No fui yo quien se encargó de Gaara, y respecto al anterior Kazekage... No creo que haya tenido una verdadera convicción a la que aferrarse.

Él solo se limita a aportar datos fríos, lógicos y sin emoción. Sólo hechos. No obstante, maneja un tono totalmente distinto al que utiliza cuando habla de temas que admite no comprender.

—Todo el orgullo que mostrara ante su nación se desvaneció en sus últimos momentos. Al final, sólo era un sujeto cansado de mantener su puesto. Le dio la bienvenida a su muerte. Hasta me atrevería a decir que le hice un favor. El Tercero aceptó su muerte sin resistirse a ella... como yo.

—Ya deja de repetir lo mismo. ¿Acaso hay una forma de callarte?

—Pues, sí, si eso te mantiene viva.

Ese comentario le ha cerrado el camino a Sakura.

La ninja odia sentir que este tipo la trate como algo tan frágil, como si no le hubiese pateado el trasero hasta la agonía, tal y como hace escaso tiempo le recordó...

— ¿Podrías dejar ya de hacer eso? Es incómodo—pide ya exasperada del trato que le da—. No necesito que me preserves como si fuera un artefacto coleccionable, o como si fuera un objeto de tu propiedad.

—Tú dices querer proteger la vida de tu aldea ¿Eso no la hace un objeto? —indaga con curiosidad, intentando apelar a su sentido común por segunda vez—. Y ya te dije que no eres un condenado objeto. ¿Prestas atención?

—No te atrevas a comparar esas dos cosas—advierte ofendida por la ocurrencia de su informante—. No compares tu obsesión enferma con lo que yo siento por la gente que me importa. Tengo lazos con mi aldea, vínculos. Los quiero, y me preocupan sus vidas. Tú sólo quieres preservar lo que haces ver por "belleza", y eso no es más que un puto objeto. No te atrevas a compararlos.

—Tú proteges tu aldea, porque le das valor personal en alguna forma—aclara mostrándose transparente en su intención por ccomprender—. Si a ti no te importase ese valor, no los defenderías. La única diferencia es el nombre del valor.

— ¿Qué puede saber de esto alguien como tú, que nunca sintió nada por nadie? —replica sin comprender el por qué de su molesta insistencia.

—Ya dije que sentí apego por mis padres... Aunque eso fue hace algún tiempo ya. Si comprendiese por completo, no estaría teniendo esta conversación. A ti no te gustaría perder a tu aldea, y la proteges. A mí me desagradaría tu muerte, y pretendo evitarla. Quizá estoy ciego, pero veo similitudes... Dime cúal es la diferencia—pide directo y sin rodeos, esperando por algo que explique el error en su razonamiento.

—No estoy protegiendo algo en ellos—niega ella con indignación ante tal falta de empatía—. Los estoy protegiendo a ellos. No es que los desee vivos. Es que me preocupo por ellos. Me importan, los quiero. ¿Entiendes? ¿Ves la diferencia? ¿O aún me dirás que es lo mismo?

Para cuando Sakura termina su pequeño interrogatorio, Sasori queda casi preso dentro de su mente, intentando resolver ese dilema recién planteado.

Es entonces cuando ella se pregunta cómo demonios llegó a esta situación.

¿Cómo termino conversando de esto con este engendro? Peor aún, ¿En qué se supone que está pensando ahora?

Contempla al artista con la mirada fija en el suelo, permaneciendo dentro de un profundo trance... Y, por un instante, le recuerda a sí misma.

No.

"No, no, no, no. ¡NO!" Se horroriza internamente ante la simple idea. Inaceptable.

Esto tiene que ser parte de su plan. Él quiere confundirla. Quiere que regrese allí de nuevo, para poder seguir usándola para experimentar con lo que sea que su torcida consciencia se haya obsesionado.

No da crédito a tal flaqueo en su propio pensar. Eso no es parte de ella.

Ahora, sin volver a intercambiar palabra alguna con el pelirrojo, se pone de pie con la férrea y necesitada intención de huir físicamente de aquella sensación. No obstante, en el fondo sabe que ésta la acompañará, sin importar cuánto corriese, cuánto se alejase o cuánto intentase evadir al criminal.

"Él no pregunta eso con honestidad. Él no está reflexionando sobre mis palabras. Es una mentira. Es un plan. No es humano. No es como yo. ¡No es nada más que un monstruo!" Es lo que se grita a sí misma, en un intento de reemplazar el miedo que tiene ante su propio pensar... y ante a quien tiene en frente.

—No sé si volveré...

Es lo último que Sasori escucha antes de que Sakura huyese del lugar.

.

.

.


Nota de autores: Si, este capítulo se demoró pero creo que comprenderán porque ahora que lo han leído. Espero que el resultado final haya valido la pena y sepan comprender que la demora solo implica que buscamos que el capitulo sea lo mejor que podamos publicar.