La realidad en casa.


.

.

.

No tiene caso perseguirla... Ya está afectada, y de nada servirá añadir más presión...

Aún así, a pesar del abrupto final de la charla, se puede decir que esta fue una experiencia productiva para Sasori.

Quizá, las cosas puedan comenzar a cobrar un poco más de sentido de aquí en más. Por lo menos, ahora ya queda claro que su fracaso en el arte no se debe a que haya perdido sus habilidades creativas. Es por algo peor: es porque la propia definición de belleza posible cambió...

Desde su aparición, el artista sabe que existe una belleza en la voluntad, en el carácter, en esa fuerza que se resiste a desaparecer... una fuerza que no puede capturar, y que tampoco puede replicar, una fuerza que ninguna marioneta que él haya creado posee, una fuerza que no puede entender. Quizá la clave para conectarse nuevamente al mundo esté en comprender el afecto, y en proteger no sólo la belleza dentro del huésped, sino también al propio huésped…

El pelirrojo medita intentando observar el concepto desde distintos ángulos. Ahora todo le suena distinto, le suena más simple, pero también le sabe extraño, aunque no tanto como esperaría.

Ríe para sus adentros. Quizá dejó la suficiente humanidad dentro de sí mismo como para que otro nuevo experimento funcione, y dado el punto de desesperación al que su bloqueo artístico lo ha traído, cualquier cosa suena como una buena idea a estas alturas.

Notando como comienza a desconcentrarse, fuerza su mente a calmarse, a recuperar el foco. Por ahora, se dedicará a buscar pequeñas metas, pequeños experimentos: como ideas o recuerdos que puedan ayudarle a entender un poco más.

Sin embargo, una vez que consigue imponer orden a los pensamientos relacionados a la conversación acontecida, no tarda en caer en cuenta de algo, de un vital e importante detalle que hasta ahora estuvo ignorando inconscientemente...

"En realidad, no sé si la volveré a ver..."

Frunce el ceño, sintiendo a su impaciencia acumularse a cada segundo que se permite contemplar esta idea.

A partir de ahora, serán otros cinco días más de espera en inseguridad.

Aún así, dicha realidad no cambia nada más allá de su propia mente. Porque su cuerpo sigue allí, sentado en la misma posición en la que ella lo dejó y observando el suelo de un modo casi catatónico.

Mientras tanto, la naturaleza a su alrededor sigue su curso, tan inmutable y perenne como el marionetista desearía ser en estos momentos.

.


.

Sakura corre del bosque que la rodea y hace sentir amenazada, pero que parece nunca tener fin. En todo momento puede sentir a su corazón palpitando desbocado, a su respiración entrecortándose, a sus músculos demandando por descanso, y, por último, pero no menos importante, a su mente aún sobrecargada de emociones, palabras y paranoias.

De repente y sin haberlo previsto, la ninja tropieza con una fuerte raíz de uno de los árboles, perdiendo el equilibrio instantáneamente y cayendo sobre unos arbustos espinosos en medio del camino. Aún mentalizada en que debe seguir huyendo de alguien que físicamente la persigue, ella toma impulso de la velocidad a la que venía desplazándose y rueda sobre sí misma. La rápida maniobra es exitosa y la lleva a estar de nuevo en pie en un santiamén, aunque una infinidad de pequeños raspones se exhibe ahora sobre sus brazos, codos y rostro.

"¡Demonios!" Maldice escupiéndole al suelo.

"Si al menos me persiguiese realmente, sería más fácil identificarlo por lo que es, pero el maldito solamente se conforma con torcer y manipular mi mente."

Para más inri, ese retorcido sujeto está haciendo marionetas con su forma...

"¡Con MI forma!"

Alterándose aún más al recordar la imagen de aquel macabro cementerio de arcilla, Sakura se enfoca en tornar una amenaza esta nueva fuente de confusión. De más está aclarar que se siente perturbada por la obsesión del artista.

"¡Del monstruo!" Se espeta a sí misma.

Comienza a temer por el momento en que la situación escape a su control, y le aterra pensar que eso ya pudo haber ocurrido sin que ella fuese consciente de ello... Todo aquello la hace caer en cuenta ahora del craso error que cometió al haber abierto por demás la boca cuando le habló sobre los sentimientos.

"¿Qué cosas repugnantes hará luego? ¿Con qué hará morbosos experimentos ese enfermo sin escrúpulos?"

Si antes lo veía como alguien peligroso, y en quien dudosamente se podía llegar a confiar, ahora está segura de que ha acabado creando, o despertando, en todo caso, a un monstruo.

Comienza a culparse por crearlo, por dejarlo vivo en primer lugar... y por no sentirse en control para ponerle fin.

En su casi-crisis interna, prefería mil veces cuando ella era un mero objetivo a matar. Al menos, en ese entonces ella no era nada más que otro blanco, y él no era nada más que un criminal.

"¡ES sólo un criminal!" Vuelve a espetarse con más enfado que antes.

Sakura, víctima finalmente del agotamiento tanto psíquico como físico, desiste de su huída contra sus propios demonios y recarga su peso contra el tronco de otro gran árbol hallado en su camino. En señal muda e implícita de derrota y cansancio, emite un largo suspiro para tratar de recobrar el aliento. Mientras tanto, se deja caer sentada entre las enormes y fuertes raíces del nogal.

Permaneciendo unos momentos con la mirada perdida al frente, logra apaciguar un poco el torrente de caos mental que estuvo reinando sobre su cordura desde que se fue del arroyo.

"Es como si ahora él hubiese decidido tenerme como un objeto de fascinación morbosa... como si ahora el asunto fuera diferente, como si ahora fuera personal..."

Eso es lo que cree en un principio, pero cuando se permite indagar un poco más en la realidad… Es cierto. Es algo que cada vez se viene notando más, y que cada vez se hace más difícil de ignorar. El marionetista está cada vez más y más cerca de su persona, de su vida, de cosas personales suyas.

Con desdeño y desagrado, la muchacha debe admitir que él ya se enteró de muchas cosas sobre ella: desde sus pensamientos y sus códigos, hasta un poco de sus sentimientos. Especialmente irritante y espeluznante resulta el hecho de que parece estarlo registrando todo a ojo matemático, como estudiándola... como si ella fuese un maldito objeto de estudio. Esto la tiene muy consternada, tanto que ya no tendrá forma de sacarse de encima la idea de que el marionetista ya tejió hilos dentro de su mente. Todo ha escalado a un punto en el que ella teme haberse convertido en una marioneta suya sin siquiera haberlo notado.

La pupila de Tsunade bufa con frustración.

"¿A quién pretendo engañar? Hace mucho que esto dejó de ser "confianza de espías" o "trabajo de espías". Hace mucho que dejamos de ser desconocidos, o de cumplir un rol de ninjas. De hecho, es obvio que ese imbécil jamás me consideró una simple asociada."

No. Él solamente había usado el disfraz de informante para poder acercarse a ella, y, por un tiempo, ella se tragó el cuentito de los espías. Fue estúpidamente inocente, estúpidamente ingenua.

Había creído esa mentira, había mordido el anzuelo. Se había dejado engañar.

"¡Por un criminal, encima! ¡Pero si la boca del lobo tenía un cartel!"

Y ese es el fin de la escasa calma que todavía le queda.

.


.

La abandonada y desgastada pared de piedra del callejón, en donde se vienen llevando a cabo las transacciones de información, resuena de forma escandalosa por los insistentes golpeteos de la kunoichi.

Normalmente, la joven habría seguido el protocolo de discreción que había pactado con su compañero, y habría aguardado hasta el domingo para otra reunión. Sin embargo, en su estado de alteración actual no está dispuesta a tomar ese camino. Esta vez, ella no puede esperar, no puede simplemente irse a casa como si nada luego de lo que presenció durante su estadía fuera de la aldea.

La reunión tiene que ser en este mismo momento. No le importa que ya sea casi de noche, ni que la persona a la que busca ni siquiera se encontrase allí. Para ella, esto es una emergencia y su conciencia no la dejará tranquila si no hace aunque sea el intento...

Finalmente, como una especie de premio de los dioses hacia su pericia, y para su alivio y esperanza, la puerta se abre con cierto recelo.

—Te dije que seas delicada al acercarte a este sitio—la regaña Sai al asomarse desde la oscuridad de la recámara, pero no tarda en serenarse un poco al notar la presión grabada en el rostro de su invitada sorpresa—. Pasa y cálmate. Y también respira un poco.

Ella obedece sin chistar, siguiéndolo al interior del escondite en un gesto casi sumiso.

Una vez que vuelve a sentirse refugiada dentro del recinto, y como si la oscuridad y claustrofobia emanantes el sitio la embriagasen, Sakura se permite tomar aire con mucha más lentitud. Poco a poco va recuperando el aliento, permitiendo que el persistente aroma a madera y tinta invadieran sus fosas nasales y relajasen sus sentidos. Acto seguido, deja escapar un suspiro como si llevase años sin respirar.

Finalmente, un cambio de ánimo es perceptible a través del aura de la médica. El mero hecho de estar en un lugar en donde no tiene la necesidad de fingir para protegerse, la hace recuperar la compostura que el transcurso de la jornada le había arrebatado. Siente como si la energía volviese a entrar a su cuerpo, revitalizándola a un nivel espiritual.

—Gracias... gracias al cielo que te encuentro…—sonríe Sakura secándose el sudor de la frente con una mano.

Sai, como de costumbre, procede a reforzar la iluminación de la habitación con su linterna. Gracias a ésta, nota algunos peculiares detalles en la vestimenta ajena que hasta entonces habían pasado desapercibidos: rastros de sangre y pequeños raspones sobre su piel, y también sobre su rostro. Además, sus ropas en general lucen un poco sucias.

La chica extiende frente a él su mano derecha, y a continuación le enseña la nueva recompensa que se ganó gracias a su labor como espía.

—Esto es para ti.

—Estás herida... —exterioriza sus silenciosas observaciones, mientras recibe el pergamino y procede a guardarlo dentro de uno de los numerosos cajones que hay ocultos en las paredes de la habitación— ¿Que te impidió atender tus heridas? ¿Estás bien? Algo así puede llamar la atención.

—No te preocupes, no son heridas de combate. Sólo me caí—niega ella sin perder la sonrisa.

No obstante, esto no alcanza para aplacar las réplicas de su compañero:

—No estás en condiciones... y no me refiero a lo fí encontraste una forma de relajarte... o pasó algo nuevo. ¿Hay algo que quieras contarme?

Su pregunta no es más que mero protocolo, ya que Sakura no se hubiera arriesgado a ir hasta allí en un horario y día inapropiados, si no fuese por alguna razón importante, y, más aún, luciendo como luce.

—Sabes que esto me está superando—responde casi a modo de susurro, pero no demora en tomar una bocanada de confianza para exteriorizar su nerviosismo, torciendo su anterior mueca despreocupada en una de visceral inquietud— ¡El muy enfermo hizo estatuas con mi forma! ¿Qué demonios, Sai ? ¡¿Cómo se supone que pueda confiar en ese sujeto luego de algo así?! ¡Ya no puedes volver a decirme que no está planeando algo peligroso!

Sai respira profundo ante la demandante queja de su compañera. La ve demasiado alterada, y su reacción le parece algo exagerada. Sasori de la Arena Roja efectivamente es un artista, por lo que es esperable que realice su arte. Aún así, intenta no quitarle importancia al asunto. Artista o no, sigue siendo un shinobi peligroso, aunque le cuesta encontrar una respuesta que pueda expresar su punto sin alimentar los nervios de Sakura.

—Pues... parece que era en serio cuando te dijo que eras su inspiración...

"Allí está aquella repugnante calificación de nuevo." Reacciona ella con un desprecio que parece adueñarse de todo su cuerpo.

— ¡¿Inspiración?! ¡Al demonio con eso! —grita fuera de sí, con los puños bien cerrados sobre sus sienes— ¡No quiero tratar con él! ¡Ya no quiero saber nada con este enfermo!

Tan mal se denota su arrebato emocional, que Sai teme que vaya a romper algo de allí en medio de su ataque de ira.

—Él es una fuente de información—intenta razonar con ella, esta vez cuidando con más precaución el no contribuir a avivar las llamas, habiendo ya descartado cualquier intento por extinguirlas.

—Es un criminal que debería pagar por lo que hizo—contesta Sakura tajante, y guiada por su moral con la más férrea de las convicciones.

—Estamos hablando de Sasori de la Arena Roja... —vuelve a intentar apelar, con agudo realismo, a su sentido común, aunque ya sin un plan de respaldo en caso de terminar enfrentándose a las consecuencias de hacerla enfadar—. Si los criminales de su rango pudiesen simplemente "pagar por sus crímenes", el mundo ninja sería más sencillo de controlar.

—Lo dejé vivir…—musita con los dientes apretados y repulsión en su voz—. Y fue Sasori quien me convenció de ser mi informante. Yo sólo iba a entregarme... Creo que él tiene planes para mí. Me está controlando de alguna manera.

Nuevamente, Sakura comienza a ignorarlo y a dejarse llevar por sus miedos. Ya no está sonando como ella misma. Ya no hay confianza alguna en su tono de voz.

— ¿Tienes idea de lo que se siente saber que alguien sólo te está usando, manipulando?

¿Sugerir que está siendo manipulada? Eso es demasiado raro en ella. El dibujante considera cada vez más necesario el devolverla a la realidad lo más pronto posible.

— ¿La aldea estaría más segura con o sin tus acciones? Además, si es verdad que te está manipulando, y tú te diste cuenta, puedes usar eso a tu favor.

La inesperada respuesta de su interlocutor consigue calar en algún lugar de su mente, dejándola sin palabras.

—Pusiste una amenaza para la aldea a trabajar a nuestro favor—prosigue el de Raíz un poco más confiado—. Conseguiste información única. Quizás no seas una espía experimentada, pero obtuviste buenos resultados.

—Es por la aldea, eso pienso, y eso creo, pero a cada día, y a cada momento que pasa, es como si lo sintiera cada vez más cerca de mí… estudiándome como si fuese un objeto…—confiesa alzando la mirada hasta la de él, sintiéndose avergonzada de sí misma por haber permitido que la situación escalara hasta este punto—. Está aprovechándose de mi ¿Comprendes? Está utilizando este trato como excusa para acercarse a mí...

A medida que se expresa, Sakura debe reprimir el natural impulso de llorar, un impulso que se ve reflejado en el inestable control de su propia voz:

—No quiero ser una inspiración para ese infeliz. No quiero...

—No puedes decidir eso...—niega Sai manteniéndose impasible como la voz del pragmatismo—. Pero puedes hacer algo para mantenerlo lejos. Puedes evitar que esto te altere. Te quiere viva, ¿No? Entonces, ¿A qué le temes?

—Hizo muñecas con mi forma—vuelve a resaltarle inmensamente frustrada— ¿Qué seguirá después? ¿Hasta cuándo piensa detenerse? ¿Hasta qué punto puede obsesionarse conmigo?

— ¿A qué le temes? —insiste él con una sinceridad y escepticismo aún más palpables— ¿Te amenaza de alguna forma?

La kunoichi emana un hondo suspiro, con la única finalidad de recuperarse del anterior desliz en su compostura.

—No lo sé... —responde insegura, a la vez que sorprendida de la ausencia de ideas en su mente para sustentar su punto—. Sólo lo siento, lo percibo.

—Una cosa es ser precavida, y otra es ser paranoica... Ya sabes que si él quisiera hacerte daño, ya lo hubiese hecho. Escucha: él sólo negocia contigo. Evidentemente, quiere saber algo de ti y te necesita viva para eso. Además, la aldea no tiene otra forma de acceder a esa información. Él no pretende dañarte, y confía en ti. Todo eso es más de lo que cualquiera puede decir.

—Pues, yo creo que ese sujeto sólo disfruta de jugar con lo que yo hago—repone terca, y cruzando ambos brazos sobre su pecho—. De forzarme a hacer lo que no quiero.

Ante el punto errático de su última inferencia, Sai responde de una manera casi agresiva y, para su tono de voz, eso es una sorpresa. Sin embargo, no es la agresión sacada del libro de la última vez. Esta vez, es una reacción honesta. Algo en las palabras de Sakura consiguió irritarlo.

— ¿Quién controla la situación? ¿Quién da las órdenes? ¿Quién indica el inicio y el fin de las reuniones? ¿Te amenaza? ¿Cuál es el instrumento que usa para controlarte? ¿Creer es suficiente?

Las preguntas son certeras, y claramente dedicadas a demoler todo miedo y todo argumento para tenerlo. Aún así, el tono es inusualmente personal.

—No… pero no hay forma de que sepas… ¿¡Cómo demonios puedes no entender de lo que te hablo!? —objeta la muchacha molestándose por recibir una respuesta así de condescendiente.

Sai, por su parte, recupera la calma con un talento casi medido y, a continuación, se apunta la luz de la linterna al rostro. Después, saca su lengua.

El gesto no le sorprendería viniendo de Naruto, pero a Sakura le parece bastante anti climático e infantil por parte de un ninja como él… No obstante, no es hasta que ve su lengua al detalle que su compañero logra obtener la reacción que esperaba. Y es que es imposible no reaccionar ante la serie de símbolos negros se encuentran tatuados sobre la superficie de su lengua.

— ¿Es eso… un… sello? —formula incrédula.

El pálido muchacho no responde, sólo vuelve a guardar el órgano en su lugar. La respuesta debería ser obvia, así que confía en que Sakura entienda el implícito mensaje por sí misma. Ser utilizado, ser manipulado, ser controlado… Él sabe mejor que nadie de qué se trata eso. Por este motivo, sus palabras se sintieron casi como un insulto para él.

— ¿Quién? ¿Por qué? Dime algo—exige frustrada por la ausencia de explicaciones— ¿Es eso un sello?

Sai sólo alza una ceja en incredulidad.

Ahí es cuando Sakura cae en lo obvio:

"Él no puede hablar. Al menos, no de ese tema en particular."

Sai sí que sabe lo que es ser controlado. De hecho, Sai está siendo controlado en este preciso momento.

—Por lo que me dijiste, tu informante no es peligroso para ti, y tampoco está intentando controlarte. Además, si así fuese realmente, aún puedes hacer algo al respecto—el ANBU habla como si nada extraño hubiese pasado, pero a la vez la mira a los ojos con una evidente complicidad.

Por otro lado, la aprendiza de la Hokage sólo se mantiene pensando a fondo sobre su descubrimiento…

"Sai no es inofensivo. Todo lo contrario, él es un ANBU. Él no permitiría que un enemigo lo sellase. Alguien de aquí le hizo esto. No puedo creer que alguien en Konoha pueda usar estos métodos en sus aliados. En sus propios espías..."

—Entonces ¿Seguimos con esto por el bien de la aldea? —pregunta la ninja con la misma complicidad, luego de haber podido procesar un poco mejor las implicancias de todo esto.

Ella supone que si Sai tiene un sello en la lengua, quizá sólo de este modo pueda hablar al respecto.

—Y porque estamos en una posición en la que sólo nosotros podemos ayudar—la complementa él haciendo referencia tanto a la situación de la kunoichi, como a la propia—. Si eres su inspiración y te quiere viva, eso implica un respeto único... No veo por qué debas temerle.

—Aunque, incluso con todo lo que ha pasado... todavía no puedo predecir lo que hará—se lamenta por un momento, acordándose de la polémica naturaleza de su informante.

—Pero puedes predecir que NO hará.

— ¿En verdad lo crees?

A decir verdad, aquella pregunta no cumple otra función más que rellenar espacio vacío. Porque ella ya no está pensando en Sasori. Muy por el contrario, su reciente asombro por lo que acababa de descubrir acerca de su compañero, está acaparándose toda su atención en este preciso momento.

—Lo creo... —sonríe el joven con un poco más de entusiasmo que antes—. Ya avanzaste demasiado como para que confíe en ti en este aspecto. En lo que no confío, es en que te descargues.

—En cierta forma, ya lo hice... —se sincera al notar que tanto la presión, como la tensión con las que llegó aquí ya se desvanecieron, al menos, de su cuerpo.

—No, no te descargaste... —la corrige el ANBU con aire de sermón—. Sólo explotaste en el lugar correcto, y por pura casualidad.

—Pero me encuentro mejor, aunque no lo creas.

Sai termina dando crédito a sus dichos cuando le dedica una segunda mirada. En efecto, se la ve renovada en comparación a cuando recién llegó.

—Te creo, pero la próxima vez que explotes puede ser en un sitio con ojos más hostiles que los míos—vuelve a regañarla en su ya robótico y característico tono recobrado.

Aquel es, sin duda alguna, un comentario que ella necesitaba oír.

—Lo tendré en cuenta—asiente sin poder permitirse ignorar una advertencia así de realista—.Gracias por escuchar… y perdón. No lo sabía...

Sai comprende perfectamente que su lastimera disculpa va dirigida al sello de su lengua, pero prefiere atenerse a la limitación impuesta por su maestro de no hablar al respecto:

—No sé de lo que hablas. Sólo no vuelvas a este escondite fuera de horario... Comprometes mi seguridad.

—Claro, discúlpame también por eso—ríe avergonzada, rascándose la nuca con una mano al sentir la incomodidad respecto al tabú del sello escalando sobre el ambiente—. No te preocupes, no volverá a ocurrir.

Dicha promesa viene acompañada de un fugaz guiño de su ojo izquierdo, que devuelve el tono cómplice al artista del movimiento.

—Está bien... —le agradece él con una sonrisa vacía—. Introducirte al verdadero espionaje sin entrenamiento,suele ser una mala idea... pero tú has salido no sólo bien parada, sino en una posición única... Felicidades.

Sakura recibe el reconocimiento en silencio, mientras decide que ha llegado el momento de decirle adiós a su confidente.

Una vez que ambos coinciden en que su tiempo allí ha expirado, la jóvenes proceden a abandonar el escondite. Luego de que ya no queda prueba alguna de que en ese lugar se llevó a cabo una reunión, los dos separan sus caminos para dedicarse cada uno a lidiar con sus propios asuntos.

Por su parte, la kunoichi opta por permanecer resguardada en la privacidad del callejón por un rato más, ya que tiene pensado aprovechar la discreción del sitio para atender sus heridas y aspecto desgarbado antes de regresar a casa.

Ahora que Sasori pasó a ocupar un segundo lugar en sus pensamientos, la misteriosa situación de Sai es lo que tiene lugar en sus cavilaciones.

"¿Acaso la Raíz pone sellos en sus miembros sólo para evitar que revelen cualquier tipo de información sobre sus líderes?"

Tras comenzar a pensar en el tema, el camino de regreso se le pasa en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, no es hasta que arriba a su hogar que cae en cuenta de lo tarde que es.

"Mis padres, o, mejor dicho, mi madre me matará..." Se resigna en medio de un suspiro de frustración. No hay peor momento para lamentarse de no haber respetado el horario para la reunión que este.

Efectivamente, un golpe correctivo de su progenitora es lo primero que recibe su cabeza al ser abierta la puerta.

— ¡Te dije que no volvieras tarde! —chilla la mujer regañando a su única hija— ¿Tienes idea de la hora que es? ¡Ya me tenías preocupada!

—Lo siento mucho, mamá—clama la joven mirando apenada al suelo, mientras se soba la cabeza con ambas manos.

Aún vive con ellos. Aún está sujeta a sus reglas, aunque más por cariño y tiempo que por otros motivos. Desde que recibió entrenamiento de la Hokage y, más aún, luego de volverse chunin, el trabajo abunda y su paga es más que suficiente para mantenerla en caso de que decidiese mudarse sola. Quizá es que nunca encontró una verdadera razón para mudarse… aunque, francamente, tener que mentirle a sus padres sobre lo que hace está cerca de volverse la causa de una temprana emancipación.

—Tienes suerte de que aún no hayamos cenado. Porque la próxima vez que llegues tarde te quedarás sin comer—la regaña Mebuki entre mal humor y el chiste, mientras es seguida al interior de la residencia por su hija.

La subsiguiente cena con sus padres se desarrolla como un acontecimiento normal, cotidiano y pacífico... y a la vez totalmente contrastante al resto de su vida…

—Tranquila, mujer. Conoces a tu hija y sabes cómo es. Si llega tarde habrá sido por una buena razón—comenta Kizashi con su usual tono despreocupado, interrumpiendo por un momento el monólogo rezongón de su esposa proveniente de la cocina.

Sakura no puede hacer más que sonreír ante las palabras de su padre mientras se arrebuja en su silla y mira fijamente su plato vacío. Siempre halla algún motivo para estar agradecida de que él sea la fuerza que contrarresta la agresiva efusividad de Mabuki, y esta no es la excepción.

—De todos modos, siento curiosidad—responde la mujer luego de un rato, mientras se abre paso a la mesa del comedor con una gran olla humeante entre las manos— ¿Qué tanto andas haciendo estas últimas semanas, Sakura? ¿Horas extra?

—Sí, estuve muy ocupada últimamente... tengo a un par de pacientes con pronóstico reservado atascados en mi mente…. Quizá necesito alguna misión lejos del hospital—miente la médica, esta vez con una naturalidad tal que en tiempos pasados se habría asustado de sí misma.

—Dale un espacio para respirar, querida—aconseja el hombre a la vez que se levanta de la mesa para ayudar a su esposa a servir la comida en cada plato—. Tratar con heridos a menudo no debe ser algo muy agradable.

Sakura vuelve a asentir ante las palabras de su padre. Luego, deja transcurrir la velada familiar con la precaución de evadir cualquier pregunta sobre sus actividades. No le gusta tener que mentirles, pero sabe que por ahora es necesario.

Una vez que la noche por fin le regala un poco de soledad, Sakura se permite disfrutarla quedándose recostada boca arriba sobre su cama, con toda luz apagada y mirando fijamente el techo sobre ella. En la completa oscuridad y silencio de su alcoba, la muchacha se permite rememorar los acontecimientos de la reciente jornada, teniendo todavía la imagen del sello fresca en su mente.

De un momento a otro, mira hacia un costado del lecho y ve la foto del antiguo equipo siete allí posada, como siempre, sobre su mesita de noche... El contemplar a la inmortalizada versión más inmadura de sí misma dentro del recuadro, le hace recordar varias pre concepciones del mundo que, en su inocencia, solía creerse sin cuestionamiento alguno.

Por ejemplo, creía que Konoha era diferente al mundo, que cosas como las que ella está viviendo, y como las que Sai está viviendo, eran cosa de afuera... como si todos los matices que siempre han conformado la profesión de un ninja, fueran una corrupción incompatible con la nobleza y la historia de su aldea.

Por un momento, añora aquel antiguo sentimiento de protección, de seguridad o de que las cosas "volviesen" a ser como antes, pero ella es suficientemente madura hoy como para reconocer que Konoha nunca fue así, y como para admitir que este sentimiento sólo provino de alguien ignorante de la verdadera realidad.

En ese sentido, lo único que ha cambiado desde entonces es que ahora tiene los ojos abiertos. Quizá esto no sea lo más agradable del mundo, pero es así, y es necesario. Además, cada adulto de su entorno que sabe esto siempre miró hacia un costado, haciendo siempre lo posible porque esta realidad no se desvelase ante sus inocentes ojos hasta después de superada la primera etapa de su vida.

Todos los adultos de su entorno la protegieron de esto mientras era niña. Eso puede apreciarlo. De hecho, el que los ninjas de su aldea, más sus maestros y sus padres, así como los de cada niño, le hayan permitido a ella y a los de su generación vivir bien a pesar de esto… Es reconfortante.

Empero, la etapa de los sueños y la fantasía se ha terminado. Ahora, ella está del lado de los adultos. Hoy es su turno de hacer lo que se debe hacer, y de hacerlo a escondidas de las nuevas generaciones.

.

.

.