Misión cumplida.
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El marionetista abre su último pergamino y, con la ayuda de un senbon, plasma cada símbolo con exacta presión para no resquebrajar el fino papel desenrollado... Escribir datos encriptados, a estas alturas, le es más natural que escribir normalmente.
Finalmente, ha llegado al punto en el que ya no puede seguir presionando la situación. Lo sospecha, esta rutina está desgastando demasiado a la chica. Está comenzando seriamente a dudar si ella regresará a este lugar, y, si esto se sigue prolongando por más tiempo, quién sabe qué es lo que podría ocurrir.
Sin embargo, si ella no entrega toda su información podría dejar inconformes a sus superiores, y, por ende, él terminaría comprometiendo su seguridad de modo indirecto.
Se arriesgará a concretar una última transacción... y luego ya no habrá más encuentros, no habrá más excusas. Ya averiguó suficiente, al menos, para seguir su investigación por su cuenta.
Las cosas cambiaron mucho para el ex Akatsuki desde la entrada de esta kunoichi en su historia... La definición de belleza creció. Ya no sólo se trata de la eternidad del cuerpo. Ya no alcanza con eso.
Es esa voluntad lo que completará sus obras. Aquel nuevo tipo de belleza que, odia admitir, no comprende. Y ése es exactamente el problema: él es un maestro en la belleza física, porque era la única que conocía, la única que creía real.
Todo era tan simple antes, tan bajo control, tan comprensible… casi como si, literalmente, pudiese tener la hermosura al alcance de sus manos, ahí, accesible a su mente y a su comprensión.
"Fui iluso... arrogante..."
Debió saberlo. Debió saber que algo tan magnánimo como la belleza no puede ser comprendido así como así, no es algo que un artista pueda crear así como así.
De a poco, la frustración se va convirtiendo en ánimo, un ánimo que se traduce en un nuevo mundo de chances que se despliega ante sus ojos. Por último, una nueva dimensión en su arte se le presenta a modo de reto...
Sólo debe comprender, entender el por qué, el cómo funciona, y, finalmente el cómo se crea esa voluntad.
Sasori piensa, con un poco de optimismo, que quizá llegue el día en que verdaderamente consiga ser tan eterno como sus propias obras, aquellas a las que tanto envidia. Quizá, la próxima vez que la agonía toque a la puerta, él pueda enfrentarla sin cambiar, sin mutar y sin fallar a sus propias convicciones.
Mientras tanto, sigue escribiendo sumido en un profundo trance, esperando la incierta posibilidad de que la kunoichi aparezca al quinto día...
Ríe en voz baja.
"Esperando... Qué irónico."
Nunca le gustó esperar, siquiera por los plazos determinados. No obstante, en este caso... En este caso, la espera vale la pena, pero no quita el hecho de que aún es algo que le desagrada.
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El día ha llegado... El día. El maldito día.
Sus manos, ahora desnudas, se encuentran callosas y cubiertas por vendas. Con la finalidad de descargar tensiones, ansiedades y presiones, Sakura ocupó la última semana en un arduo y riguroso entrenamiento.
El ejercicio al aire libre sin el resguardo apropiado del sol le dejó algunas quemaduras de primer grado en la piel, aunque dicha piel ya está comenzando a descamarse como la de una víbora. Además, si hubiera tenido el reparo de pesarse hoy antes de partir de la aldea, no le hubiera extrañado que ésta hubiese marcado, cuánto menos, dos kilogramos de menos en sus cifras…
Pese a todo, aquel brusco cambio de rutina rindió sus frutos, ya que desde el momento en que da inicio a su viaje comienza por fin a sentirse fresca y confiada para poder cumplir con la ceremonia del día.
Contrario a las primeras veces, el recorrido le es metódico, rutinario y casi intrascendente, al punto en que el ligero sonido de sus pisadas en la madera de los arboles es el único que logra sobresalir en su mente. Y así le gusta.
Al igual que casi todas las veces anteriores, la médica arriba al sitio ya pasado el horario del almuerzo. La radiante luz del sol se filtra entre las ramas y hojas de los árboles cercanos a la orilla del arroyo, enrojeciendo ligeramente sus hombros y mejillas.
Tomando la pequeña precaución de refugiarse en la sombra, Sakura se aventura entre las aberturas de la vegetación en busca del lugar que ya conoce casi a la perfección. Gracias a la calidez del día, y a los trinos de las aves sobre las copas de los nogales, logra apartar rápido de su mente la imagen del cementerio de arcilla.
De hecho, no tarda en notar lo extraño que es el no encontrar ni rastro de dicho material por ningún lado del paisaje, como si aquella desagradable experiencia hubiese sido nada más que un delirio de su imaginación…
Sin embargo, su perplejidad no la ciega de notar que la realidad es otra: el marionetista limpió la zona.
"¿Se habrá ido? ¿Acaso vine en vano?" Se pregunta ante lo desconcertante que es el encontrar tanta armonía a su alrededor. Por momentos, siente como si la presencia misma de la marioneta se hubiese limpiado de allí junto con la arcilla.
Manteniendo su desconcierto para sus adentros, la muchacha avanza unos metros más hasta dejar atrás la frondosa vegetación para tomar lugar en las proximidades del río. Finalmente, sus dudas se despejan un poco cuando sus ojos, medio enceguecidos por la luz del Sol, logran divisar a su informante.
Haciéndose sombra sobre la frente con un brazo, Sakura agudiza su mirada para contemplar a detalle su silueta. Si bien le enseña la espalda al igual que en anteriores reuniones, esta vez se encuentra parado frente a la ribera.
Los orbes ámbares del anfitrión, incapaces de sufrir daño alguno ante los rayos ultravioletas, se gira hacia atrás ni bien percibe su presencia acercándose a él. Además, Sakura se percata de que su mano izquierda está sosteniendo un objeto que ya le es demasiado familiar a estas alturas.
Él la estuvo esperando todo este tiempo. En sí, eso no es raro, pero que la esperase de pie sí lo es.
—Al final, aquí estas... —la recibe Sasori con porte enigmático, mientras hace un leve gesto de asentimiento con la cabeza—. Empezaba a pensar que no vendrías.
—Lo mismo digo—responde deteniéndose unos pasos detrás de él—. Creí que habías huido.
—No sé si huir sea el término correcto,pero estuve a punto de partir, lo admito—se sincera sin darle mayor trascendencia a sus propias palabras.
— ¿Por eso empacaste tus "fracasos" contigo?
—No los llevo conmigo, están en el río. Volvieron a ser arcilla—repone el tiritiero sin prestar atención al sentido jocoso de su invitada.
La joven guarda silencio. Alternando ligeramente su vista entre el marionetista y el caudal cristalino delante de ellos, termina optando por sentarse sobre la arena y guijarros del suelo, a los pies de la roca más alta de entre todas las que puede ver allí ancladas. De este modo, puede sacarle provecho a la sombra para protegerse del astro que se alza casi de lleno sobre el cielo.
—Creo que tengo una buena noticia para ti—retoma el renegado luego del breve momento de silencio entre ambos, ganándose nuevamente la atención de su compañera.
A continuación, Sakura nota como se acerca a ella hasta dejar su mecánico brazo prácticamente suspendido sobre su cabeza. Empero, lo llamativo no es el brazo de la marioneta en sí, sino el objeto que su mano sujeta desde el inicio de su encuentro.
—Este es el último pergamino. Todo lo que sé está aquí, así que ya no tienes por qué volver. Hoy partimos caminos.
Los dos orbes jade de la ninja se abren más de lo normal, expresando su sorpresa ante tamaña e inesperada infidencia.
—Así que sí te ibas...
—No creo poder hacer más para convencerte de que vivas—explica el hombre negando con la cabeza, a la vez que deja caer la información sobre sus manos—. Y mi presencia, durante la última vez que nos encontramos... pareció contra-productiva.
Sakura frunce el ceño insatisfecha y apreta el pergamino contra su pecho de modo inconsciente, pero acaba por encogerse de hombros, sintiéndose incrédula ante lo que oye.
— ¿La última vez? ¿Por qué no desde el principio?—pregunta en voz baja y sin despegar su vista de los blancos guijarros del suelo, ahora grisáceos por la sombra proyectada por el criminal.
—Sigues viva, ¿No?—indaga Sasori con seriedad, dando un paso hacia atrás para otorgarle más espacio—. La última vez fue... peor, por decirlo de algún modo.
—Bueno... —asiente con una ceja alzada—. Eso último no te lo voy a negar.
—No importa. Ya puedes partir, nada te detiene—le repite igual de metódico que antes.
La kunoichi levanta la mirada hacia él, contemplándolo con desconfianza ante lo peculiar y extraño de esta nueva situación.
— ¿Cómo sé que no intentarás detenerme, o sedarme como antes?
—No lo haré—le asegura sin inmutarse demasiado, aún observándola desde arriba—. Pero si tienes alguna idea coherente en la que pueda participar para que partas sin paranoia, veré qué hacer. Digamos que es una muestra de respeto.
"¿Qué dijo? ¿Respeto? ¿Desde cuándo nos tratamos en términos tan cordiales?"
— ¿Qué demonios? —se desconcierta Sakura en un arranque de desconfianza casi automático.
—Eres alguien a quien respeto, y cuando respeto a alguien le doy un trato especial—Sasori, por su parte, no parpadea ni se altera ante la pregunta—. No voy a darte el mismo "trato especial" que le di a los otros que respeté, porque ya no tiene sentido, pero me parece que algún respeto te debo.
— ¿Y por qué no tendría sentido?
—Estoy fracasando en mis obras, y noté que mi forma actual de crearlas no me es útil. Tengo que comprender un par de cosas, y, hasta entonces, seguirán fracasando. Ya no me parece que ese método sea óptimo.
Lógico, predecible, casi obvio. Sakura no sabe por qué esperó otra respuesta.
"Al menos, dice no querer convertir gente en marionetas. ¿Es un comienzo, verdad?" Suspira llevando su cabeza a recargarse contra la pared de piedra tras ella, en un gesto resignado ante la redundancia de sus propios pensamientos.
—Quizá no debí preguntar...
—Aún no comprendo qué tienen mis palabras para causar en ti esa reacción. No entiendo qué puedes interpretar mal de ellas—expresa Sasori mostrando sutilmente su inconformidad ante el desdén de la kunoichi—. Pero es por esta clase de reacciones que me retiraré. Ya no tenemos por qué cruzarnos. Te aconsejaría que no envíes a nadie por mí. No tengo motivos de ser amable con otros…
Ahora, el criminal habla como si fuese una advertencia cordial en vez de una amenaza.
"Quizá, en su retorcida mente lo es."
— ¿No lo comprendes? ¿Es en serio? —lo increpa encontrándose ya de malas por el atrevido y repentino despojamiento de la formalidad a la situación.
Incorporándose para quedar a su misma altura, Haruno no duda en volver a zanjar la distancia con su informante:
—Lo siento, pero es perturbador que un criminal que diseca a las personas para volverlas marioneta cree unas con mi forma. El modo en el que piensas es raro y perturbador, de por sí—respira profundo, forzándose a calmarse antes de terminar alterándose más de la cuenta—. Y, sobre eso último, no prometo nada.
—Como lo desees —concede él sin mayor ceremonia, sin notar, o sin importarle realmente, la razón detrás de su fugaz arrebato—. Entonces ¿Hay algo que pueda hacer para que dejes de pensar que esto es un truco para sedarte o algo así?
La conversación de ambos se desarrolla de una manera extraña. Es la primera vez que hablan bajo la idea de que no volverán a verse.
—Vete tú primero.
—Está bien... Así sea… De todos modos, fue interesante cruzarme contigo. Gracias por todo.
Sin reparo, ni reencor alguno, el renegado se inclina en respeto ante ella. Luego de esta última cordialidad, el informante decide no perder más tiempo de su existencia en intercambios intrascendentes, así que no tarda en mostrarle el perfil a la joven al momento de emprender su retirada, siguiendo la orilla corriente abajo.
Sakura, quien se halla confundida a más no poder por la reciente despedida, guarda silencio y permanece quieta en su sitio frente a la piedra.
Permaneciendo en un trance, ella ocupa cada momento que pasa en asimilar y convencerse de que lo que está ocurriendo es verdad, y de que realmente aquella rutina se ha acabado. Peor aún, se halla asimilando el todavía más novedoso hecho de que, a partir de ahora, ya no será su problema lo que ese sujeto haga o deshaga de su vida... del hecho de que ya no tendrá que volver a verlo nunca más.
No obstante, las últimas palabras del titiritero detonan un intenso conflicto interno que se superpone a todo lo anterior. ¿El motivo de esta nueva disputa? Simple: su sentido de la moral y del deber.
Ahora mismo, aquel matiz de sus principios, que puede tornarse en una fuente de problemas en las más indeseables situaciones, la hace sentir la necesidad de agradecerle por toda la ayuda brindada.
El tipo la había ayudado después de todo, y de algún modo sabe que no podrá estar en paz consigo misma si no lo detiene en este momento.
— ¡Oye, Sasori!—lo llama dando un paso en su dirección casi por inercia.
En respuesta, el criminal se detiene en seco, ligeramente sorprendido por el inesperado llamado de alguien que, supuso, ya no tendría más interés en volver a dirigirle la palabra. Sin gran expectativa en esta nueva interacción, él se limita a girar su cuello y a volver la mirada por sobre su hombro.
— ¿Hm? —musita con su característico porte entre somnoliento y aburrido.
Sakura se petrifica por un momento, ya que le cuesta deshacerse de los últimos vestigios de su orgullo...
— ¡Gracias! —suelta de súbito, aunque a costa de mover la cabeza hacia un costado para no tener que verlo a los ojos, como si la falta de contacto visual la ayudase a restar importancia a lo que acaba de decir.
—No hay que agradecer... creo. No me gusta lo que hiciste... pero... era necesario—recita el pelirrojo de un modo igual de impersonal, sin mostrar ninguna reacción en particular a la gratitud recibida.
Ya se ha terminado. Esta particular misión finalmente se ha completado. Ahora mismo, cuando por fin está todo dicho, la kunoichi cree que sus problemas han acabado.
— ¿Es un adiós, entonces? —se vuelve a pronunciar el shinobi, esta vez desde la lejanía.
Aquella pregunta la toma por sorpresa, derrumbando, como si fuese un castillo de naipes, una estabilidad que no duró ni un minuto en su mente.
— ¡Por supuesto que sí! —le grita de inmediato con los dientes y puños apretados, ofendida por semejante broma de mal gusto.
"¿Es que ni siquiera a cinco segundos de perderse para siempre de mi vista, puede dejar de fastidiarme con sus molestos comentarios?" Se dice a sí misma, sintiéndose rabiar de nuevo.
"Justo cuando realmente comenzaba a hacerme ilusiones de que este por fin era mi día…"
Todo eso da igual ahora, porque ya no importa, nada referente a Sasori ya importa. Ella está libre, libre de deudas, libre de responsabilidades, libre de presión para siempre.
"Esto se acabó." Sentencia avasallando sus quejas anteriores, sintiéndose así recuperar un poco de control sobre sí misma.
Permaneciendo fiel a ese fresco golpe de realidad, la ninja de Konoha se larga de allí por el mismo camino que tomó para ir, sin importarle más nada de aquel lugar. En este momento, ni siquiera le preocupa que Sasori esté libre también. Aquello es algo que simplemente no tiene más cabida en mente.
No sabe si por confianza o por simple alivio, pero ahora mismo el ex Akatsuki se aleja para siempre de su vida con la misma velocidad con la que ella se aleja de este claro olvidado de la civilización.
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El sol ha comenzado a ponerse desde hace un buen rato, dejando a su paso una estela de tonalidades rojizas y anaranjadas. Este es el panorama que siempre la recibe al regresar a casa.
Empero, esta vez Sakura se rehúsa a traspasar las puertas que separan a Konoha del territorio silvestre y hostil. Hay algo aún la ata al cielo abierto, algo que la mantiene allí, de pie y sin hacer más que contemplar anonadada el símbolo de la Hoja tallado sobre el robusto cartel del solemne umbral. Aquel mismo cartel que guardó celosamente todos los secretos de su hogar desde tiempos muy antiguos.
Ella siempre había creído que una vez terminado su trato con Sasori, ya no le quedarían más dudas ni asuntos que atender. Había creído que su mente por fin se despejaría, y que, por ende, sabría perfectamente cómo volver a sumergirse en sus propios asuntos... en su propia vida.
Y ahora que cae en cuenta de que en eso se equivocó, no puede decir que le sorprenda demasiado. Porque no pasaron más que unas horas, contando al viaje, y su mente está tan… en blanco, que le está pareciendo insoportable.
Realmente, Sakura se siente como si ya no tuviese nada para hacer.
"Nada interesante, al menos."
De repente, la joven se siente contrariada por lo desinteresado que le supo este último pensamiento.
"¿Desde cuándo el pensar en mi vida se me antoja así de aburrido?"
Por ahora decide no acomplejarse demasiado con ello, ya que se conforma con creer que simplemente será cuestión de volver a adaptarse a su ritmo de vida anterior. Después de todo, es normal atravesar por un cierto "período de letargo" luego de pasar por una misión larga.
"No es algo por lo que preocuparse en demasía. Las cosas, tarde o temprano, volverán a su lugar por sí solas." Se promete con un aliento de optimismo que quizá se ve reforzado por la brisa cálida que arrastra la lenta retirada del sol por el horizonte.
Aún así, en este momento aparece un recordatorio en su mente que no tarda demasiado en desplazar a sus demás ideas controvertidas. Se trata de un deber que aún le queda por cumplir, y que es tan importante como lo fue la reunión en sí...
"Es cierto. Mi misión no ha concluido todavía. Aún hay algo muy importante que debo hacer."
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Unos días después de la última reunión entre la kunoichi y su informante, la acción se traslada a uno de los múltiples callejones comunes y corrientes que esconde la urbanización conglomerada de la gran Konoha.
Suaves golpes resuenan por las paredes del mismo, obligando a una misteriosa puerta allí camuflada a reaccionar ante el llamado de las visitas.
Siguiendo el protocolo para estos encuentros, Sakura Haruno se adentra en el oscuro portal que se despliega ante ella. En el interior oscuro y cerrado de esta morada secreta, la luz de una linterna ya ha revelado la presencia de su anfitrión.
—Sin nada precipitado esta vez—reconoce Sai complacido por la favorable circunstancia de este nuevo encuentro—. Ya vas acostumbrándote al trabajo.
—Supongo, pero ya no es más mi trabajo—se sincera ella con una sutil sonrisa de satisfacción—. Este es el ultimo pergamino.
El ANBU medita sobre la noticia por un momento.
—No más información, entonces... y supongo que el precio era su libertad, ¿No?
—Creo que sí. No me pidió explícitamente que lo deje en paz, sólo me advirtió que no tendría consideración por quien lo persiga—aclara sin un ápice de dubitación en su semblante—. Pero, sí. Ahora está libre... aunque creo que ya no es un problema mío. No hará nada extraño si quiere permanecer oculto.
—Tienes razón—concede el discípulo de Danzo, un poco impresionado por el profesionalismo que comienza a demostrar su compañera—. Lo importante es que esto ayudará a la aldea. ¿Me permites aconsejarte algo?
—Claro.
Sakura intenta recibir con una sonrisa natural la solucitud. Después de todo, una de las cosas que cree haber aprendido de esta experiencia es que Sai es más de lo que parece, y que merece la pena oírlo. Francamente, hace unos meses no hubiese esperado hablar en estos términos con él.
"Bueno... también, hace tan sólo unos meses, había tantas cosas que no imaginaba..." Piensa con ironía.
—Mantén una buena relación con tus contactos—la aconseja—. Algún día podrás necesitarlos. La vida de un espía no se acaba. Algún día podemos ser descubiertos. Nuestros nombres ingresarán a los libros bingo, y, desde ese momento, nadie verá en nosotros más que lo escrito en ellos. Allí, solo aquellos en los que confías pueden ayudarte.
En un principio, el consejo no es lo que ella se esperaba, así que hace una mueca y frunce un poco el ceño ante sus palabras. Parte de ella aún no puede acostumbrarse a ese aspecto de su trabajo. Por un lado, es verdad. Nada pasará si nada se sabe... pero ¿Qué pasa si esto se da a conocer? ¿Qué pasa si Sasori es descubierto?
—Tú hiciste lo necesario por el bien de la aldea. Sólo de eso eres responsable—continúa Sai, viendo el gesto poco discreto de la muchacha—. Eres importante aquí, y lo eres de una manera única. No olvides eso.
—Sí...quizá aún haya algo que pueda hacer aquí, para la aldea... —reflexiona en voz alta, aunque no muy convencida ante la idea—. Sólo recuérdame: lo dejé vivir ¿Por qué eso no me convierte en una traidora?
Sakura ya sabe la respuesta, puesto que ya se la repitió a sí misma antes, sólo necesita oírlo de otra persona, para así ver que no suena tan falso como cree.
—Los traidores lastiman a sus aldeas. Tú no.
"Suena cuerdo." Le concede al artista.
Sorprendentemente, ahora se siente en paz con el hecho de dejarlo vivo, y también con haber negociado con él. Quizá, el proceso no haya sido precisamente agradable, pero no es algo de lo que se arrepienta. Ya no más.
Eso le alcanza para poder pasar página y seguir adelante con su vida.
—Sólo me preocupa un poco que… tú sabes... él sigue siendo un criminal—acota con calma, casi parodiándose a sí misma durante estadíos más tempranos de su incursión al espionaje.
—Vamos, esa palabra no significa mucho. Criminal es el que desobedece una regla. Tú y yo desobedecemos las reglas por el bien de la aldea. No se trata de quién es un criminal o no, se trata de quién es un peligro o no.
Sakura posa sus ojos sobre los ajenos, a la vez que se lleva una mano a las caderas.
—Sé honesto, ¿Crees que Sasori sea un peligro?
—Tú lo conoces más que yo ¿Tú lo crees así?—indaga el ANBU sonando tan directo como ella—. No tiene el apoyo de Akatsuki, no tiene su armamento, y para más inri tiene que permanecer oculto. Además, creo… creo que sus tendencias ya no son tan… drásticas... Así que supongo que no suena como una amenaza.
Como no podría ser otro modo, una formal sonrisa vacía se encarga de concluir a la respuesta del muchacho.
—Pero es una simple suposición. En verdad no podemos saberlo... Y hablando de saber, me sorprende que mi maestra no haya averiguado quién es la fuente anónima aún…—señala Sakura, sin poder evitar que una mueca de satisfacción se adueñe de su semblante en medio de su mensaje—. Supongo que nos viene bien a los dos.
—Y también le viene bien a él—agrega él sin que su observación sea muy bien recibida.
Notando el dejo de incertidumbre que comienza a arribar sobre su compañera, Sai decide proceder con más tacto:
—Sé lo que hago, y tengo mis métodos. Puedes confiar en que no cometí errores. Es natural que dudes, pero créeme: he llevado la información borrando nuestras huellas. Somos los únicos que sabemos el origen de los pergaminos, y somos los únicos que sabemos de él.
—Por favor, no volvamos a hablar de él. Mejor, hagamos como que nunca pasó—le pide ella sintiéndose ya un poco exhausta y harta de aquel tema de conversación.
—Calma, desde que salgas de aquí, todo esto no existió—promete el moreno sin perder el profesionalismo.
—Pero si llegan a descubrir que sigue vivo... —Sakura vuelve a pensar en voz alta, reparando una última vez en la posibilidad de que su secreto saliese a la luz.
—No tienen motivos para desconfiar de ti.
—Técnicamente, sí. Fui yo quien luchó contra él. Yo lo reporté muerto—rebate con todo el ánimo de querer ser convencida de lo contrario— ¿De qué otro modo explicarían que siga vivo?
—¿Te engañó porque es un criminal con mucha experiencia? —responde Sai, permitiéndose un poco de sarcasmo para hacer ver su punto—. Suena más creíble que creer que le perdonaste la vida.
—Pero lo más probable sería que reuniesen pruebas, que investigaran al respecto... y no sé hasta qué punto la Arena y Konoha tienen conocimiento sobre sus habilidades.
—Hasta el punto en que él pudo infiltrarse en la Arena dos veces, y matar a su Kage… también dos veces—Sai habla verdades con el filo propio de un arma.
—Carajo, ¡Es verdad! —asiente Sakura sin llegar a evitar que una carcajada escapase de su boca.
Para las naciones, Sasori había "muerto" sin revelar sus secretos a nadie. No hay modo en que las aldeas sepan demasiado sobre él.
—Creo que supiste cubrir bien tus huellas... y estoy seguro que él también. Como tú misma dijiste: él no quiere ser encontrado. Ya tienes la sabiduría necesaria como para manejar tus asuntos, y no te preocupes por lo que yo sé... Desde el momento en el que salgas de aquí, será como si nunca hubiese sabido nada—vuelve a prometerle haciendo uso de un aire de serenidad y profesionalismo casi contagioso—. Aun así, ahora somos contacto mutuo. Si te vuelves a meter en esas cosas, puedes recurrir a mí.
Gracias a estas palabras de contención, Sakura finalmente logra su cometido de sonreír con sincera paz interior.
—La verdad, nunca esperé que alguien se tomase a bien lo que hice. Gracias.
—Algunos tienen que tomar las decisiones difíciles. Tenemos que apoyarnos entre nosotros por el bien de todos.
—Sí, supongo que tienes razón—asiente encontrándose algo más relajada, mientras sube una mano a su hombro para masajearlo.
"¿Sai toma esta clase de decisiones a menudo?"
No puede decir que lo envidie...
—Entonces, es el fin de esta misión. Aquí nunca paso nada. Quizá algún día te pida un favor... pero, por ahora, podemos disfrutar de un trabajo bien hecho—agrega el dibujante para terminar de animar a su compañera, no sin antes recordarle que tiene una especie de deuda con él.
Sin embargo, Sakura no se molesta por este comentario.
— ¡Claro! —exclama con toda su vitalidad recobrada, tal y como si una carga pesada hubiera desaparecido de su espalda.
Ahora, ella en verdad se siente como si realmente fuera libre.
Sin mucho más intercambio de palabras, ambos ninjas se despiden. La puerta que los vio moverse al margen de la ley vuelve a cerrarse, sellando para siempre un secreto como si nunca hubiese existido.
¿Misión cumplida?
Suena irreal... pero puede decirse que esto se ha terminado.
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Nota de autores: Esto no terminó.
