El libro bingo.


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Poco más de dos semanas han pasado, y de una manera casi irreal. Es increíble el poder que puede llegar a tener la rutina sobre una persona. Esa especie de "reloj biológico" en Sakura aún persiste, esperando el momento en el que tuviese que volver a cruzarse con el pelirrojo, en un encuentro desagradable y necesario. Claro que ella está perfectamente consciente de que ese momento no llegaría ni hoy, ni mañana, ni en una semana, ni nunca más.

Desde que su 'contrato' con Sasori terminó, la kunoichi no hace más que aferrarse a su suerte y disfrutar de su nueva y adquirida libertad, aunque no puede evitar preguntarse por las consecuencias de sus decisiones. El hecho de no poder ver ni presentir ninguna, le hace dudar de si en realidad éstas no existen, están ocultas o acechando.

Ahora mismo es casi mediodía, y, como ya es costumbre en plena jornada, hay mucho ajetreo dentro del hospital.

Una vez que termina con el chequeo diario de un paciente que lleva internado desde hace unos días, Sakura deja de lado su equipo y abandona la habitación para entregar las notas de su evolución a una enfermera. Dicha compañera se encargará de archivar el informe en el gran despacho de Shizune, quien es la médica en jefe del hospital.

Dos semanas y la muchacha ya está comenzando a sentirse agobiada por el trabajo en su área, a la vez que considerando seriamente el conseguir una misión de campo para poder salir de la aldea, o escapar a la rutina por un día o dos.

Llegada finalmente la hora del almuerzo, parte de los doctores y del personal médico se toman un merecido lapso de descanso en el comedor del establecimiento. Sakura se une al resto de sus camaradas, aprovechando el tiempo libre para disfrutar la comida que su madre le preparó y empacó en la mañana, ya que la comida propia del hospital no es de su especial gusto, ni el de nadie que conociese.

En medio de su receso, unos dedos finos, suaves y muy familiares aparecen por detrás suyo y le tocan el hombro. Reconociendo la propietaria de estos al instante, la joven detiene su almuerzo y gira la vista hacia atrás para encontrarse nada más, ni nada menos, que con la voluptuosa figura de su maestra. Es raro que la Hokage visite el hospital, a menos que se necesitasen de sus habilidades para alguna curación o tratamiento muy complejo, o que esté buscando a alguien personalmente. Ninguno de los dos casos suele ser común o bueno.

—Hace tiempo que no venía a visitarte—comienza Tsunade con una sutil sonrisa— ¿Cómo te sientes?

—Lo llevo bien—asiente Sakura con la cabeza, devolviendo la mueca de familiaridad—. Aunque creo que voy a necesitar una misión al aire libre para refrescarme un poco.

La mujer mayor sonríe entre complacida y jocosa, como si la muchacha le recordase a sí misma

—Veremos qué podemos hacer con eso. Sólo a ti se te ocurre refrescarte con una misión. Ya ni me molesto en preguntarte por un verdadero descanso—la líder hace una pausa para girarse hacia la puerta del salón y pegar un grito— ¡Shizune!

— ¿Sí, Tsunade-sama? —responde la aludida asomándose desde el pasillo casi al instante, mientras sostiene, a duras penas y con ayuda del marco de la puerta, una pila de papeletas y registros de varios de los pacientes de la mañana.

—Necesito que hagas algo por mí—pide la curvilínea mujer, acercándose a su ocupada subordinada para darle una mano antes de que perdiese el equilibrio o el orden de muchos papeles importantes—. Cuando te desocupes, claro.

Sin perder la sonrisa de su rostro, la Princesa de las Babosas hace uso de su fuerza sobrehumana para cargar más de la mitad de los papeles sin esfuerzo alguno, y depositarlos sobre una mesa que se halla desocupada.

—S- sí, maestra. Sólo tengo que archivar unas cosas ¿Es muy urgente? —indaga Shizune con curiosidad en su mirada, ahora sintiéndose mucho más cómoda sin tanto peso sobre sus brazos.

La joven de pelo rosa observa desde su asiento a sus superiores sin decir palabra, compartiendo la intriga de su compañera ante el propósito de Tsunade para con ella.

—Es importante. Es sobre una reunión informativa... Necesito que reúnas a algunas personas y las cites a mi oficina para hoy en la tarde.

La joven mujer de ojos negros asiente de inmediato a su petición, como si ya estuviese acostumbrada a aceptar las órdenes de su mandataria sin siquiera procesar sus palabras primero.

—Sakura—se dirige ahora a su otra alumna, al percibir su mirada jade posándose sobre ella—. Una vez que termine tu turno, quiero que te dirijas a mi oficina.

Evidentemente, y como Sakura ya había supuesto, su maestra vino a buscarla y no sólo a visitarla.

—De acuerdo—responde Haruno, sintiéndose cada vez más ansiosa por el secretismo que conlleva el porte enigmático actual de su maestra.

—Una vez termine con todo, iré de inmediato—acota Shizune en medio de una reverencia a modo de respeto.

Tras haber cumplido su cometido allí, la Hokage asiente con la cabeza satisfecha con los resultados de su visita. AActo seguido, se vuelve hacia la puerta del comedor, y la abre para abandonar la estancia y regresar a sus propias tareas de liderazgo.

Y con este pequeño acontecimiento, que no ha pasado desapercibido para el resto del personal allí almorzando, Sakura tiene ya una sospecha sobre lo que está ocurriendo. Así que se apresura a hacerle una última pregunta a su maestra antes de que ésta se esfumase del recinto.

— ¿Cuál es el asunto, maestra? —cuestiona parándose de la silla con disimulo. Shizune, por su parte, sólo se limita a seguir a su superior con la mirada al igual que Sakura.

—Hablamos luego—es lo único que pronuncia la mujer sin girarse a sus discípulas, causando que ambas ataran cabos rápidamente. Acto seguido, desaparece del lugar dejando sólo la sensación fantasma de solemnidad y respeto entre todos los allí presentes.

"Lo sabía." Piensa la joven con una chispa de perspicacia, comenzando a imaginarse lo que pasará más tarde ese mismo día.

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Unas horas más tarde, Sakura se adentra en la oficina de la Hokage, tanto expectante como ansiosa. Allí dentro, esperándola, se encuentra su propio equipo, todos menos uno, todos menos el jinchuuriki del Kyubi.

Kakashi, Yamato y Sai ya se encuentran sentados en sillas frente al escritorio de Tsunade, siendo ella quien toma la primera palabra al percibir a su alumna ingresando al despacho:

—Estábamos esperándote. Toma asiento, Sakura.

Respetuosa y amable, aun así sigue siendo una orden, y una que ella obedece. Pasa a acomodarse en la silla vacía que yace a un lado de Sai.

—Decidí reunir a todo este equipo, ya que considero prudente darles esta información antes que al resto de la aldea—comienza la líder esbozando una sonrisa de satisfacción—. Es de especial interés para el equipo siete.

—Falta uno en nuestro equipo—menciona Sai, aportando lo que ya es evidente para todos los presentes.

—Y para eso hay un motivo—aclara la mujer—. Permítanme que les explique.

—Porque tiene que ver con él, y es arriesgado que lo sepa—aporta Sakura, adelantándose a las palabras de su mentora.

—Efectivamente... —admite la rubia con un semblante totalmente serio; acompañando sus palabras con un movimiento de su cabeza—. Yendo al grano, una fuente anónima nos trajo información acerca de los posibles encargados de capturar al Kyubi. Siendo que esta información es preliminar y aún debe ser puesta a prueba, no planeo revelarla ante todos hasta no recibir una confirmación... pero siendo que estamos hablando de Akatsuki, quizás ellos lleguen a Naruto antes de que pueda asegurarme de que esta información es verídica en su totalidad. Así que se las diré a ustedes, ya que son el círculo más cercano a Naruto. Quizá la necesiten antes de tiempo.

A continuación, la Princesa de las Babosas saca un libro negro, de considerable grosor, desde uno de los cajones de su escritorio.

—Estos datos han sido agregados al bingo, así que les diré lo que, por ahora, sabemos. Dejaré a sus criterios el cómo usarán esa información. Creo que es importante que Naruto no sepa esto por ahora. Temo que sea capaz de precipitarse e ir a buscarlos, o escapar de la aldea sin protección con la idea de que eso es protegerla.

Sakura observa el tomo, agradeciendo que Tsunade parezca no haber identificado el origen de los datos. Luego, observa de reojo a su compañero a su lado, quien mira a la Hokage con la misma expresión inocua de siempre. Ahora, esa actitud inexpresiva se muestra útil para actuar como ignorante.

Ella, por su parte, no sabe muy bien cómo responder a esto, ya que se le vienen a la mente los recuerdos del precio de esta información. De todos modos, ahora por fin podrá ver el fruto de sus trabajos.

— ¿Podemos confiar en esta fuente? —pregunta el ninja copia, ganándose la atención de Sakura y la de todos los demás.

Por su parte, la muchacha siente un nudo en el estómago al oír la pregunta.

—Es más información de la que teníamos antes de que apareciese—acota Tsunade con una confianza que está lejos de ser ciego optimismo—. Si esto fue encontrado por alguien en nuestra red de espías, podemos dar fe de sus intenciones. Al menos, cree que estos datos merecen llegar a nosotros. Además, todo fue encriptado de una manera ajena a las que nuestra aldea ha manejado hasta ahora. Si quisiesen engañarnos con datos falsos, podrían habernos dado códigos más sencillos. Nadie codifica tanto una mentira. Aún así, lo estamos comparando con los datos de otras aldeas aliadas.

Sin retrasar más el objetivo de la reunión, la mujer abre el libro y lo ojea una última vez, antes de leer en voz alta su contenido a los miembros, allí presentes, del equipo siete:

—Al parecer, Akatsuki siempre se mueve en parejas, ya que podrían enviar a otro equipo de dos miembros para capturar al Kyubi. Esto es lo que sabemos de ellos: el primero se llama Hidan. Es un ninja renegado de la aldea de los Baños Termales, y un miembro reciente de Akatsuki. Es probable que aún no maneje la disciplina que manejan los miembros antiguos. Masculino de 22 años, porte físico importante; pelo corto y plateado, carga el anillo número tres en el dedo índice izquierdo. Su estilo de combate conocido es predominantemente taijutsu, y carga consigo algún tipo de arma llamativa y de gran tamaño, presumiblemente una navaja. Compensa su falta de experiencia en la organización con una fama muy extendida de resistir enormes cantidades de castigo físico sin aminorar sus movimientos. Se rumorea que es capaz de pelear sin bajar su ritmo a pesar de heridas, que serían letales para otros. No se sabe si es debido a esta cualidad, pero circula el rumor de que este sujeto es inmune a la muerte. Esto es sólo un rumor, pero para que un hombre tenga un rumor como tal sobre sí, debe tener una resistencia monstruosa.

Tsunade detiene su relato un momento, para así compartir sus propias reflexiones con el grupo:

—Si esto fuese verdad, entonces la única forma de tratar con él será sellarlo de algún modo, lo que no puede ser sencillo. Sé que la idea de alguien inmortal suena ridículo, pero siendo que tratamos con la organización terrorista más grande del mundo ninja, será mejor tomarlo en serio.

"¿Otro inmortal en Akatsuki?" Se pregunta Sakura con suma incredulidad, sin poder hacer más que batir de arriba abajo sus pestañas a cada fugaz parpadeo.

"No, Sasori no es inmortal." No tarda en corregirse a sí misma, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio inferior a modo de reprimenda.

— ¿Hay más, Tsunade-sama? —pregunta a su maestra con un porte tan serio, que es casi transmisible al ambiente.

—Inmortalidad... Suena demasiado similar a la búsqueda de Orochimaru—analiza Kakashi con voz profunda.

Sakura podría jurar que la atmósfera de la situación se vuelve densa cada vez que se nombra al Sannin de las Serpientes... tan densa que casi puede cortar como un cuchillo, como si el mismo nombre tuviese vida propia.

—No creo que recurra a técnicas similares a las de él. Si Orochimaru creyese que un método de adquirir la vida eterna es mejor que aquel que ya utiliza, ya habría cambiado de táctica—razona el capitán Yamato, cuyas palabras no tardan en ganarse la aprobación de los demás.

Terminado el entretiempo, la Hokage sigue adelante con su narración:

—Ahora, sobre el segundo…Su nombre es Kakuzu. Tiene noventa y un años de edad y, por su pose y estructura muscular, su apariencia ronda los cuarenta.

— ¿Envían a un anciano a capturar a un bijuu? —pregunta con sorpresa el Ninja Copia, pero manteniendo la compostura como sólo él sabe hacerlo en momentos de tensión.

— ¿N-noventa y un años? ¿Pero cómo puede ser? —reacciona Sakura, con un mal presentimiento albergándose en su interior.

Por su parte, el dibujante escucha estoico, sin articular palabra ni mostrarse sorprendido.

—Eso nos lleva al siguiente punto. Similar a su compañero, esta persona soporta grandes castigos y, a pesar de su edad, es enviado en misiones de alto riesgo—la narradora vuelve a detener su ritmo con el objetivo de vociferar sus pensamientos—: Nuevamente, este sujeto es rumorado inmortal, quizá por su edad. Suponemos que encontró una forma de abandonar el envejecimiento, pero no sabemos cuál es su método.

"¿Es que todos esos sujetos son inmortales?" Piensa Sakura preocupada.

—Además, carga su anillo en el dedo medio izquierdo, y ninguno de estos dos usa el sombrero con el que se identifica a un Akatsuki. Por otra parte, su aldea de origen es la Cascada, y su fuerza y resistencia es elevada a estándares de ninjas en su edad óptima, por lo que se requiere extremo cuidado al manejarlo. Lo que es peor, existe un rumor de que se lo ha visto realizando jutsus avanzados, de al menos tres elementos.

—Imposible…—musita Yamato atónito.

Normalmente, a un shinobi le toma una vida dominar un elemento. Con suerte, domine dos, pero si es verdad que este hombre no envejece, quizá sea aún más viejo. Quizá tuvo suficiente tiempo para controlar más jutsus—lo corrige Tsunade—. Es un rumor difícil de creer, quizá el más difícil de creer sobre este sujeto. No sé con exactitud cómo adquirimos esta información, pero se lo considera el tesorero de Akatsuki, ya que se dice que maneja sus fondos. Esto requiere una mente calculadora, por lo que deben considerar que no será sencillo de engañar.

—No hay hombre sin desventajas. ¿Qué más sabemos de él? —habla por primera vez Sai, haciendo uso de toda su templanza.

—Esto quizá sea útil: nuestra fuente dice que este sujeto tiene tendencias al sadismo y que incluso eliminó personalmente a sus anteriores compañeros de equipo. Esta falta de disciplina, e incapacidad de trabajar en equipo, puede ser usada en su contra, suponiendo que sea real.

La kunoichi no está contenta de admitirlo, pero aunque esto no sea más que una advertencia, no le cuesta imaginar cuán grave sería la situación si es que estos sujetos llegan a la aldea sin que ésta sepa algo sobre ellos. Sasori, con esto, tranquilamente pudo ya haber salvado a Naruto y a miles de vidas más…

Por otro lado, lo peculiar de la situación la lleva a ver a Sai con discreción para curiosear un poco su reacción a todo esto. Él se mantiene inmutable como siempre, y sin dirigirle una mirada de regreso.

Sin sentirse extrañada por la falta de expresividad de su compañero, Sakura retorna su vista al frente, y en ese breve instante su mente se percata de algo.

— ¿Usted confía en esto, Tsunade-sama?

—Esto necesita ser confirmado, pero es seguro que proviene de nuestra red de espías. Si nuestros espías envían esto a nuestras manos, es porque ellos consideran a esta información relevante. Y más allá de que sea o no real, es importante porque es todo lo que sabemos sobre ellos. No se lo diré al resto de la aldea hasta recibir datos que confirmen esta información, pero quizá no recibamos datos antes de que ellos arremetan contra Naruto. Si ese es el caso, quiero que ustedes sepan esto y estén alerta para poder prevenir lo que sea.

—Hablando de eso, ¿Y Naruto? —pregunta la kunoichi volteando a ver a Kakashi y Yamato con intriga.

—Ichiraku... le dije que iba por mi cuenta, y que comience el almuerzo sin mí... Creo que allí quedo mi sueldo—contesta su ex maestro con cierta pena en su voz.

—No esperaría otra cosa—suelta una ligera carcajada despreocupada, antes de volver al tema principal de la reunión— ¿Eso es todo, maestra?

—Eso es todo lo agregado al libro, así que ya pueden retirarse. Tengan lo dicho en mente, en caso de que algo ocurra. Pronto realizaré un anuncio al resto de la aldea, una vez que hayamos comparado con nuestros datos.

—Maestro, capitán… será mejor que vuelvan antes de que Naruto note que hay gato encerrado—les recomienda la aprendiz de Tsunade manteniendo el buen humor en su semblante.

—Así sea, volveré a mis asuntos. Tendré los datos en cuenta—expresa el formal discípulo de Danzo, ajeno a la plática de sus compañeros y simulando ignorancia al respecto con suma facilidad.

Sakura está por seguir el camino de su equipo, pero antes de cruzar el umbral de la puerta decide girarse para pedirle un último favor a su mentora.

— ¿Ocurre algo? —pregunta la líder de Konoha, levantándose de su escritorio para secundar la retirada del resto.

—Tsunade-sama. Si no es molestia ¿Podría echarle un último vistazo a ese Bingo? —solicita amablemente, señalando al robusto ejemplar apoyado sobre la superficie del estudio—. Quisiera fijar la información en mi mente.

—Supongo que no hay problema, pero dije todo lo que sabemos sobre ellos.

—Lo sé. No tardaré mucho—promete esbozando una sonrisa algo recatada—. Es que siempre me gusta darle un repaso a todo lo que debo aprenderme.

—Tengo un par de asuntos que tratar ahora mismo en el hospital, así que guárdalo en el segundo cajón del escritorio cuando termines de usarlo.

—De acuerdo—asiente respetuosamente, acercándose al escritorio y tomando el objeto entre sus manos. Luego, avanza un par de pasos hacia las ventanas para beneficiarse de la luz del Sol allá afuera, logrando así tener una visión mucho más cómoda de aquella pequeña imprenta.

La ninja comienza a hojear el libro al tiempo que queda totalmente sola en el despacho, sola junto con aquellas letras que no tardan en identificar el primer nombre en su lista de personajes a revisar.

"Itachi Uchiha."

"El hermano de Sasuke..."

Entre el texto que describe al Uchiha desertor, se resalta el primer par de frases: "Responsable del exterminio de su propio clan. Masacró a cientos de ninjas de su propio apellido en una sola noche, y escapó de la aldea sin alertar a nadie.

Tratar con extrema precaución."

Aquello no es nada nuevo para ella, así que se salta un par de páginas más, pasando de largo otro centenar de nombres que no reconoce o no llaman su atención. El siguiente nombre infame que se muestra ante sus ojos es todavía más llamativo, y hasta irónico considerando el tema tratado durante la reunión.

"Orochimaru."

"Ese maldito..." Replica mentalmente antes de retomar la lectura.

"Uno de los tres legendarios Sannin. Ninja desertor de Konoha, originario del país del Arroz, huérfano durante la Segunda Guerra y discípulo durante su infancia de Sarutobi Hiruzen. Controla un gran número de jutsus e invocaciones, posee un número desconocido de aliados y espías a sus servicios. Presumible fundador de la aldea oculta del Sonido.

Responsable directo de la muerte del tercer Hokage y antiguo maestro, Sarutobi Hiruzen.

Peligroso de por sí, y por aquellos que lo rodean. Maestro en el espionaje y en técnicas prohibidas.

No combatir a menos que no exista opción."

El lenguaje del libro es técnico y metódico. Más allá de que intente expresar cuán peligroso es el sannin de las serpientes, Sakura no puede evitar pensar que unas simples palabras no alcanzan siquiera a describir la sensación de tenerlo cara a cara, con aquel aura cortante y siniestra que lo rodea, y que se genera con sólo verlo a los ojos.

Sakura vuelve a pasar página una vez más, navegando entre toda la información clasificada en el tomo hasta toparse con otro nombre muy familiar.

"Sasori de la Arena Roja."

"Aquí estás..."

"Reporte y testimonios recopilados de la aldea oculta de la Arena y allegados: Ninja desertor de la Arena. Habilidades principales: técnica del marionetista, creador de marionetas, manejo y confección de venenos de alta complejidad.

Crímenes a los que se le adjudica: Asesinatos múltiples, atribuyéndosele principalmente el del tercer Kazekage."

"Por ahora, nada nuevo bajo el Sol..." Piensa con una pizca de ironía, mientras sus orbes se mueven de derecha a izquierda, leyendo y procesando la información. El curso de las letras fluye entre tecnicismos y términos sintéticos, y la lleva rápidamente hasta la información más actual de la ficha.

"Encontró la forma de convertir a sus víctimas en marionetas. Estas aún conservan los jutsus que poseían en vida. Ha acumulado a lo largo de los años ejércitos de marionetas, y es imposible estimar cuántas de ellas fueron en su época shinobis."

"¿Cómo iban a olvidar ese 'pequeño' detalle?" Reflexiona en un primer momento, notando que lee aquello que fue evidentemente escrito en base a su propio reporte.

"Su cuerpo fue convertido por él mismo en una marioneta. Luego de su deceso, éste está en posesión de la Arena. Al parecer, estaba persiguiendo una forma de inmortalidad."

"Técnicamente, persigue la belleza, la inmortalidad es solo un efecto colateral." Corrige casi por inercia al escrito.

"Dado su trato con la numerosidad y variedad de sus víctimas, se considera que poseía un instinto sádico, un gusto retorcido por la crueldad y el asesinato, y una ética de naturaleza cuestionable que no hacía distinciones entre un aliado y un enemigo, y por ello no se podía negociar con él."

Sakura no puede evitar, quizá nuevamente por inercia, hacer una pausa y reaccionar con cierta incredulidad ante éste último párrafo.

"Eso no es del todo cierto… es decir, el sujeto es un monstruo y un asesino, pero no parece totalmente sádico… y menos aún imposible de negociar."

A partir de ahí, le es inevitable seguir leyendo:

"Experto en el trabajo con venenos a base de metales pesados. Muerto por Haruno Sakura, chunin de Konoha; y Chiyo, hermana sagrada de la Arena, caída en combate.

De la batalla se recuperaron ciento cinco marionetas en distintos estados, incluyendo los restos destruidos del tercer Kazekage, Hiruko, y el presumible cuerpo real de Sasori.

Consérvese esta entrada en el libro como precaución ante jutsus de resurrección."

Escenas de la conclusión de la batalla vienen a su mente al finalizar la ficha de su actual informante. Por un momento, Sakura recuerda a su difunta compañera en batalla, aquella formidable guerrera a la que le sigue debiendo la vida. Empero, antes de que una nueva sensación de amargura la embargase, la ninja se enfoca en volver a pasar las páginas hasta que otro nombre cautivase su atención.

"Sasuke Uchiha."

Sus ojos jade se abren más de lo normal ante semejante título. Su conmoción interna sólo dura un instante, pero se le antoja tan eterno que hasta se siente contener el aliento.

"Único sobreviviente de la masacre del clan Uchiha. Dueño de un talento muy avanzado para su edad. A día de hoy vive con la obsesión de vengarse por lo ocurrido."

Esa sensación de amargura, de malos recuerdos, de otros buenos y de tiempos menos complicados, ya no parece que vaya a abandonarla hasta dentro de un rato. Es increíble, y casi absurdo de a momentos, el efecto que logra siempre en ella ese bendito nombre.

"Las órdenes de captura en su aldea de origen aún no han sido declaradas, y las otras naciones todavía no han pronunciado una postura o palabra al respecto."

Donde él esté, es probable la presencia de Orochimaru. Aunque no exista una orden de caza o captura sobre él, dada su peligrosidad, y la de quienes lo rodean, se comprende el uso de la fuerza."

Al leer todo eso, comienza a maldecirse por ser tan curiosa. Ya ha tenido suficiente por hoy.

Al final, el libro Bingo es sólo eso, un libro. Es sólo un montón de palabras que no corresponden por completo a la realidad. No pueden describir correctamente a Orochimaru, están evidentemente erradas sobre Sasori, y no hay forma de que Sasuke pueda definirse sólo por lo que allí está escrito… pero, aun así su nombre está en esas páginas.

La muchacha cierra el tomo en un veloz movimiento de sus palmas y emana un profundo suspiro, decidida a librarse de cualquier pensamiento relacionado al tema por el resto del día. Sin más interés en lo que el ejemplar tiene para ofrecerle, lo retorna al sitio de descanso que le corresponde.

Sin más asuntos que atender allí, la médica procede a marcharse de la oficina.

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Es una fría noche sin luna. A eso de las dos de la madrugada, dentro de un nada llamativo bar de mala muerte, la reunión de un dúo de artistas se lleva a cabo. Unos artistas fugitivos de la ley que en otra situación, u otro sitio, llamarían la atención de todo el mundo, pero que en este preciso momento y lugar, pasan totalmente desapercibidos.

Disfrazados y camuflados con ropas nada acordes a su profesión, el artista de lo eterno y el artista de lo efímero se encuentran reunidos en un pequeño poblado, que sirve de descanso al viajero mercante que camina a través de las rutas comerciales del País del Fuego. Sentados frente a frente e una mesa de madera junto a la pared, ambos se presentan al público de la cantina como si nadie los persiguiera.

Deidara oculta sus ojos dispares tras una capucha, mientras Sasori oculta sus articulaciones con ropa de corte ancho.

—Siéntete libre de tomar mi trago, también—ofrece el pelirrojo, empujando su bebida hacia su ex-compañero con un movimiento perezoso de su mano.

— ¡Y eso es lo bueno de ir a tomar contigo! —exclama el joven con júbilo, aún animado por el efecto de la bebida anterior— ¡Se toma doble!

— ¿Cómo están las cosas por allí? —pregunta en voz baja, reprendiendo con su tono a su ex-camarada.

—No muy mal, sino no estaría hablando contigo. Mi nuevo compañero es una molestia con patas. Te juro que podríamos usar su presencia como método de tortura—se queja Deidara haciendo una mueca de disgusto.

—Yo me acostumbre a ti. No puede ser tan malo—ríe el marionetista de forma jocosa—. Entonces, ¿Aún no sospechan que estoy vivo?

—No aún, pero sabes cómo son los otros miembros. Es cuestión de tiempo antes de que alguno note algo atípico—explica entre trago y trago de cerveza— ¿Qué has estado haciendo? ¿No te has muerto de aburrimiento?

—Esperando y escondiéndome. En un tiempo podré infiltrarme en la Arena y recuperar parte de mi armamento.

—Eso ya lo sé... te pregunto por qué más estás haciendo ¿Sigues con tus pensamientos tan eternos y aburridos, como tu idea de belleza?

El titiritero le dirige una mirada entre agresiva y amistosa.

—Curiosamente, no. He estado pensando en lo que creo bello... Aparecieron ciertas cosas, ciertas ideas... Estoy cambiando como pienso al respecto.

— ¿Listo para aceptar que el arte es efímero? —pregunta con un descarado entusiasmo, al que su superior no tarda en reaccionar.

—Ni lo sueñes.

—Está bien, entiendo. Todavía no compartes mi genio artístico—presume Deidara en un tono jovial, aunque también con un aire de arrogancia y supremacía artística ante su mentor— ¿Qué descubriste?

—Que mi arte no es tan eterno como me gustaría que fuera. Pensé que un detalle era por naturaleza efímero, pero me equivoqué. Tengo que encontrar un modo de hacerlo perdurar.

—Eres innecesariamente complicado, la belleza es más sencilla—niega con un movimiento de su cabeza, detonando una vez la eterna discusión entre ambos— ¿Cómo puedes obsesionarte con el tiempo, si los mismos instantes duran nada?

Un hombre sentado en la barra logra escuchar por encima la conversación de ambos artistas, y directamente pasa a considerarla una charla de ebrios.

—Jamás comprenderé como puedes considerar bello algo que no puede siquiera verse—insiste una vez más la marioneta, con una marcada expresión de fastidio ante tan desagradables ideas.

—Ni yo qué le ves a algo que siempre se queda igual.

El rubio saca un pájaro de arcilla desde adentro de una de las holgadas mangas de su abrigo, y se lo muestra a Sasori sin reparo alguno. Éste lo observa moverse antes de devolverle una mirada severa a Deidara, quien retoma la palabra con una sonrisa maniática impresa en los labios.

— ¿No es hermoso? —el hipo interrumpe su frase— ¿Sabes qué lo haría más hermoso?

—Suficiente bebida. Ni se te ocurra hacer eso ahora—lo amenaza el marionetista, alarmado ante la idea de que el bar pueda explotar en un ataque artístico de su ex-subordinado.

Deidara ríe divertido ante la reacción de su compañero.

— ¡Lo sé, lo sé! Es un chiste. Solo quería molestarte un poco.

— ¿Cansado de estar del otro lado de la molestia? —pregunta Sasori de forma mordaz, debatiéndose si el mocoso está demente o simplemente borracho. Probablemente un poco de ambas.

—Un poco. Es bueno ser yo el que molesta de vez en cuando.

Sin perder más tiempo, ambos criminales finalizan su reunión y salen del bar, adentrándose en el bosque sin un rumbo fijo. La única meta que comparten es la de buscar algún claro alejado de la posada. De este modo, deambulan como solían hacerlo antaño, solos, en silencio, contemplando el arte desde puntos de vistas opuestos.

Al cabo de un rato, el artista de lo efímero es quien finalmente rompe el silencio:

—Quizá no comparta lo que piensas, pero aún me intrigas. No creas que no noté la evasiva ¿Qué es esto tan revolucionario para tu arte?

—Creo que me equivoqué, la voluntad puede ser eterna.

— ¿Y qué piensas hacer al respecto?

—Mis marionetas no tienen voluntad, y aquellas que la tenían, ya no la poseen.

— ¿Es decir…? —indaga Deidara, sin tener pista de lo que le hablan.

El marionetista se lleva la mano a la frente con frustración... Demasiada consideración a lo finito parece lesionar las capacidades de comprensión de su ex compañero.

—Que a mi modo de crear le falta algo para poder ser verdadera belleza. Me equivoqué, mis métodos no son suficientes, y en algunos casos, son totalmente contra-productivos. Después de todo, yo le puse fin a la voluntad de muchas de mis creaciones.

—Y como las características de la voluntad cambian según el entorno, vas a terminar por apreciar lo efímero.

— ¿Presionas tu suerte, sabes? —repone irritado, antes de ganar compostura y proseguir—. El problema es que la voluntad suele ser demasiado efímera como para que me la tome en serio, pero creo que encontré un caso en el que no es así.

—Algún día te voy a convencer—acota Deidara sonriendo con sorna, para luego llevar su atención a lo último dicho por su superior— ¿Quién es ese caso?

La pregunta resuena de inmediato en su cabeza.

"No puedo responder esa pregunta... Demasiado riesgoso... Si él involucra a Sakura con Akatsuki, o si la organización se entera de qué es lo que ocurre, comprometería su seguridad." Razona Sasori con tanta precaución como intención de mantener la identidad de esa chica en secreto.

—Alguien...

— ¿Confidencialidad? —pregunta el Akatsuki oriundo de la Roca con una ceja alzada en suspicacia—. Está bien. Dada tu situación, lo comprendo.

No tardan mucho más en llegar al espacio abierto y solitario que buscan, y el ave que Deidara mostró en el bar vuelve a salir de las manos de su creador, quien realiza un sello de manos para hacerlo crecer. Una vez que la obra alcanza el tamaño ideal para alzar el vuelo, el artista sube a su lomo de un salto y se despide de su ex compañero sin mayor ceremonia:

—Hablaremos en otra ocasión. Ten en cuenta que si pierdo contacto contigo, implica que las cosas están difíciles para ti—de inmediato, el ave de arcilla se desprende del suelo y poco a poco empieza a elevarlo por los aires— ¡Suerte con tu musa!

El pájaro finalmente se hace uno con el cielo, esfumándose por completo de allí junto a su dueño.

El marionetista, por su parte, vuelve a quedarse solo con sus ideas.

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