Nubes rojas.
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Otra semana irrelevante, otra semana de sólo esperar y de mantenerse oculto. Tantos días sin ningún evento, que el aburrimiento ya comienza a tomar su efecto en el marionetista. Aún así, no se arriesgará a cometer estupideces.
Él conoce la seriedad de su situación, así que se limita únicamente a mantenerse nómada y a alternar el tiempo que pasa en el bosque o en los poblados pequeños, recolectando rumores y noticias en estos últimos para mantenerse ligeramente informado de la situación del mundo.
Es durante otra de esas aburridas noches cuando, luego de dejar atrás uno de estos poblados, oye un ruido lo suficientemente extraño como para alertar sus sentidos.
El sendero del bosque que Sasori está tomando ahora conduce a una colina, así que no tarda en hacerse un pequeño mapa mental que lo ayudase a identificar la dirección del ruido una vez que agudiza el oído al máximo. Gracias a que ese mismo sonido vuelve a repetirse en intervalos de simples segundos, el artista decide investigar el otro lado de la colina. La curiosidad, y más aún el aburrimiento, lo llevan a intentar averiguar qué es lo que ocurre allí.
Acercándose con cautela a la recta final del sendero, el titiritero puede percibir que no hay peligro en el ambiente... o al menos, no para él.
"Es una voz joven, de niña…" Concluye al estar cada vez más cerca de la fuente del ruido.
Claramente escucha la voz de una niña pidiendo auxilio, en forma de alaridos que serían desgarradores para cualquier tímpano.
Aún movido por la curiosidad se esconde tras los árboles, a una distancia prudente de la que sería la escena del crimen. A pesar de la poca luz de la luna que llega a filtrarse en esa parte de la espesura, Sasori no tiene necesidad de tratar de buscar a su objetivo con la mirada, ya que es este el que se pone al descubierto cuando trata de huír de las garras de dos secuestradores.
Si bien en un principio él no logra descifrar el aspecto de la víctima ni de los captores, una vez que la luz de la luna toca el rostro de la pequeña al momento que ella tropieza y sus perseguidores la agarran del cabello… le resulta familiar, muy, muy familiar...
Es ahí cuando la reconoce como la misma niña que inspiró uno de sus últimos fracasos. Lógicamente, no conoce su nombre, para él es sólo la "niña de los ojos".
La pequeña chilla de dolor ante el agarre, sin posibilidad de escapar o de esconderse, y, aprovechándose del momento, uno de los hombres la suspende en el aire manteniéndola agarrada de ambos brazos. El otro sujeto procede a amordazar los pies de la pequeña. Sin importar cuán fuerte patalee o grite por el dolor en sus hombros y muñecas, sus secuestradores no la liberan.
Sin perder de vista en ningún momento a aquella niña, el ex Akatsuki procede a acercarse con cuidado para poder entender lo que dicen, trepándose a la oscuridad de las ramas de los árboles que los rodean para no ser detectado.
Desde allí arriba, escucha a uno de los hombres gritar:
— ¡Que te calles! No quieres que algo malo les ocurra a tus padres ¿No? ¡Ahora, ven con nosotros!
La niña se calla de inmediato, temiendo por sus progenitores, dejándose tapar boca por un pañuelo muy ajustado. Una nueva amenaza por parte de sus captores le ensombrece la mirada por un momento.
A pesar de hallarse como dentro de un trance en lo que observa el crimen, ese detalle logra resaltar a ojos del marionetista. Después de todo, fue ese detalle en sus ojos lo que llamó su atención la primera vez que la vio. No le hace ninguna gracia el ver cómo su fuente de inspiración se apaga de esa manera. Perder esa mirada le parecería un desperdicio.
Las últimas conversaciones que tuvo con Sakura nunca abandonaron su memoria, así que las dudas sembradas por ella aún existen en él.
"El secreto para la voluntad existía en la protección de aquellos a quienes se quiere" Esa era la teoría.
Siendo honestos, él no siente querer a nadie, aunque, por otro lado, su extremo aprecio por la belleza es el equivalente más cercano que puede reconocer… Y ahora que no esta protegiendo a esa chicha, quizá sea hora de otro experimento.
Afila su mirada en medio de la oscuridad y escudriña silenciosamente a la niña... Sus ojos... su mirar... entre el llanto algo está cambiando, algo está muriendo…
Esa mirada, esa belleza en sus ojos se desvanece a medida que va renunciando a su voluntad de resistirse, de luchar.
—Mejor así, niña... No causes más problemas —habla su captor una vez que termina de amordazar sus muñecas, cargándosela al hombro como un saco de patatas.
Sasori reconoce el efecto que puede tener en alguien la perdida de sus padres. Quizá ellos sean las únicas personas que él reconoce haber querido, y dadas las circunstancias en las que perdió su última batalla como Akatsuki, le es ilógico negar tales efectos.
El marionetista vio suficiente, es hora de tomar cartas en el asunto.
"Para proteger la belleza... y para averiguar si el secreto de la voluntad se encuentra en la protección."
Ahora, los bandidos se alejan por otro sendero distinto en dirección a una ruta comercial que pasa no muy lejos de allí. El pelirrojo supone que allí debe de encontrarse el carruaje de la familia de la niña, aquel que él mismo había saboteado hace no mucho tiempo atrás...
Por otra parte, Sasori reconoce el modus operandi: secuestro extorsivo, por el que seguro planean pedir rescate a algún familiar adinerado.
Ya no está aburrido, ya no está apático... Ellos están destruyendo la infancia en los ojos de la pequeña, destruyendo una fuente de inspiración, destruyendo belleza. Ahora sí se convence a sí mismo de intervenir.
Tras seguirle el paso al carro de los maleantes por gran parte de la noche, Sasori no hace más que comprobar su teoría: el carruaje está atracado a un lado del camino. Los corceles que tiraban de él se dieron a la fuga, y el conductor y los guardias tampoco se ven por ningún lado. Presumiblemente, estarán muertos y sus cadáveres desparecidos por los maleantes, o habrán corrido por su vida abandonando a los nobles a su suerte. Por otro lado, una rápida mirada al interior del carro le permite corroborar que los padres de la chiquilla no están allí.
Quizás estaban viajando en otro carruaje que también fue asaltado, o quizás el secuestro se produjo hace mucho antes y la niña fue la única estuvo al menos una noche deambulando por el bosque y pidiendo ayuda, o quizás los mataron y sólo los mencionaron a la niña como estratagema para hacer que colaborara con ellos... Demasiadas posibilidades para un panorama tan reducido.
Sea como sea, se verá obligado a seguir a los secuestradores hasta donde sea que esté su guarida para poder hacer algo al respecto.
Lo que sí es seguro es que pedirán un rescate, así que necesitarán viva y sana a la niña por un tiempo, pero no hay modo de saber si tienen intenciones de devolverla con vida. Por ahora, lo más sensato será viajar tras ellos a una distancia prudente, con la idea de tomar acción no bien sepa qué fue de los padres.
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Unos días después de que Tsunade decidiera compartir la información con el equipo siete, Sakura se encuentra con la grata sorpresa de que la situación no ha avanzado a mayores categorías. El verdadero origen de la información no fue descubierto, y el hecho de que no denunciaran a la misma como errónea le da de a poco la seguridad de que su decisión fue la correcta.
Nuevamente comienza a actuar como lo hacía antes de que todo esto ocurriese, aunque las lecciones aprendidas todavía permanecen con ella. Ya no afectada su mente, su desempeño vuelve a ser tan estable como siempre y, aún más importante, libre de estrés.
Y como nada en el mundo puede que ser perfecto, en el hospital las cosas vienen fluyendo a un ritmo bastante monótono para alguien como ella, que ya se había acostumbrado desde hace algún tiempo a llevar una doble vida de riesgo y tensión. Así que sedienta de un poco de adrenalina, la muchacha se vio a sí misma rellenando infinidad de solicitudes para misiones fuera de la aldea durante los últimos días.
Empero, eso de esperar a ser llamada para una misión no le está resultando muy agradable ahora. Quizá por esto decide aprovechar este domingo, su día libre, para visitar el edificio administrativo de la Hokage y averiguar si podrá por fin conseguir una excusa para despegarse un poco de la rutina.
Hablando de rutinas, otra no tan rara se está desarrollando dentro de la oficina de las misiones, ya que ni bien llega se topa con varios clientes desesperados frente a la mesa de juntas, dejando salir su pánico a través de su tono de voz… o de su actuar. Ella no puede culparlos, ya que cuando un civil corre peligro, el miedo es sólo una respuesta lógica.
Empero, la siguiente clienta desafortunada que cae de modo arbitrario en busca de ayuda se trata de una mujer más pálida que el papel, y que llama su atención de manera inmediata. Dicha mujer se hace notar en la oficina principalmente por tener el cabello largo y rubio, además de estar vestida con un kimono elegante y fino. Empero, al mismo tiempo mantiene un aspecto ojeroso, despeinado y mal maquillado que contrasta mucho con el título nobiliario que sus ropas presumen.
Sakura la ve temblar de a ratos, amenazando constantemente con entrar en un estado de pánico mientras pide ayuda en un hilo de voz, para una situación que no parece estar en condiciones de explicar.
Algunos de los clientes y empleados presentes intentan calmarla sin éxito, mientras que otros ya saben cuán infructuosos son estos intentos y no se molestan en unirse. Sin embargo, Haruno no llega a decir palabra, ya que su presencia allí es eclipsada por la férrea voz de Tsunade, quien arriba a la sala justo después de la mujer del kimono.
La Hokage había oído el ruido desde su oficina, y hoy no es un día en el que la paciencia le sobrase, así que hace uso de su mejor porte y se presenta frente a la desesperada noble. Con la idea de atender este asunto con brevedad y poner un poco de orden en la abarrotada oficina, Tsunade se lleva a la alterada mujer a su despacho personal.
La medida surte efecto con brevedad, ya que el sitio que fue testigo del quiebre nervioso de la noble vuelve a circular con relativa normalidad. Por otro lado, Sakura, presa de la curiosidad, pierde interés en esperar su turno en la cola de clientes para solicitar una misión a la junta, así que decide dirigirse al despacho de su maestra.
Sin animarse a tocar la puerta, sólo se limita a quedarse de pie frente a ella, pudiendo oír los sollozos y el inestable tono de la mujer del otro lado.
Justo cuando va a pegar un oído a la madera para intentar dilucidar qué es de lo que conversan, súbitamente se dejan de oír los llantos de la clienta. En su lugar, la puerta se abre de par en par, y la atronadora voz de Tsunade da órdenes a quien pueda oírle.
— ¡Un médico y la lista de shinobis disponibles! ¡Ahora! —demanda poderosa desde la entrada de su oficina.
Sakura atiende al instante a la primer parte de su pedido. Sobre la segunda, uno de los jounin presentes en la sala de misiones corre hasta allí con una carpeta entre manos.
Mientras Tsunade revisa las carpetas, su pupila ya se encuentra socorriendo a la inconsciente mujer en el suelo del despacho.
— ¿Qué pasó? —pregunta Sakura a su maestra, sintiéndose ya involucrada con lo que sea que hubiese llevado a esta mujer a su aldea.
—Secuestro extorsivo. Secuestraron a su hermana, cuñado y sobrina. Exigen rescate—responde concisa y al punto, escudriñando a fondo los datos recopilados en los papeles.
— ¿Quiénes?
—Ese es el punto, no se sabe quién. Así que tendremos que enviar un equipo estándar.
La pálida mujer recostada en sus brazos finalmente comienza a recuperar la consciencia. Una vez que consigue ver con relativa nitidez, ella le dedica una sonrisa para calmarla, retornándola al mundo de los vivos con la siguiente frase:
—Haremos algo, por favor quédate aquí conmigo.
Tsunade espera a que la clienta recupere la compostura para informarle de su proceder:
—Enviaremos un equipo de cuatro: un jounin, dos chunin, un médico. No sabemos quiénes fueron los responsables, así que tomaremos todas las precauciones necesarias. El costo se conversará luego de que el rescate se realice, y créanos que traeremos a su familia sana y salva. Sólo necesitamos que nos diga todo lo que sabe.
— ¡Gracias, gracias! ¡Muchísimas gracias! —agradece la clienta entre lágrimas de alivio, incorporándose hasta quedar arrodillada en el suelo y reverenciarse frente a Tsunade consecutivas veces.
—Sakura—se dirige ahora a su aprendiz, quien asiente de inmediato ante la sola mirada que le dedica su mentora—. Un médico con experiencia de combate es más adecuado para esta misión, ve a prepararte.
—Sí, maestra.
Unos minutos más tarde, Sakura y los otros tres ninjas escogidos ya se encuentran apostados frente a las puertas de la aldea, recibiendo las últimas instrucciones de la Hokage antes de iniciar una misión a contrarreloj. Sakura había preparado su chaleco para misiones acorde a lo que se espera de una misión de rescate. Si bien ya comienza a sentir el clima adrenérgico del ambiente, ella tiene presente que esta misión será corta, móvil y que requiere de una preparación específica. Pocos víveres a mano o ninguno, pero con suficientes herramientas y armamento para desarmar o detener a posibles enemigos, la kunoichi se compromete al máximo con su causa. Después de todo, las vidas que hay en juego aquí siempre serán la prioridad principal para ella.
De hecho, dicen que el éxito de una misión depende de tres cosas: del shinobi que la realiza, de la información que tiene a su disposición, y del inventario que carga consigo. Sakura es el shinobi adecuado, su equipo es el adecuado, y ahora está por obtener la información que necesita, la última pieza que falta para armar el rompecabezas.
Como siempre, Tsunade es breve y al punto. La clienta había recibido una nota de advertencia hace una noche, y supuestamente recibirá en tres días una segunda con el precio del rescate y el lugar del intercambio. Entonces, la idea es acabar con la situación antes de que la segunda nota llegase. Otro dato de interés es que la familia secuestrada estuvo viajando en un carruaje de su propiedad por una ruta conocida del País del Fuego, por razones de negocios inmobiliarios.
Los pasos a proceder en ese sentido son sencillos: recorrer la supuesta ruta en reversa, averiguando en qué pueblos se avistó a la familia, y una vez identificado el trayecto en el que el rapto dio lugar, se explorará un perímetro alrededor de este tramo. Cuando ya hayan sido localizados los bandidos, habrá que proceder de manera estándar protegiendo al objetivo, neutralizando amenazas y efectuando el rescate.
Sin más tiempo que perder, el improvisado equipo de cuatro ninjas sale de la aldea. Cada momento cuenta.
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El marionetista sigue celosamente el rumbo de los secuestradores a lo largo del camino, y por dos noches seguidas. Al tercer amanecer, los secuestradores toman un desvío del camino principal, dirigiéndose por una ruta casi totalmente recuperada por la naturaleza luego de los años de desuso, probablemente a causa de la última guerra ninja a juzgar por su aspecto.
Finalmente, en la noche del tercer día los bandidos llegan a su destino: el caparazón de una antigua fortaleza a medio construir, con claras manchas negras causadas por fuego. No es un escenario tan raro para el pelirrojo, ya que había escuchado a Kakuzu renegar de esta clase de situaciones cada vez que uno de sus deudores caía en ella. Nobles de poca experiencia en el mundo de los negocios intentan construir bases en épocas de sequía, pero un simple error echa a perder el proyecto a manos de los incendios forestales.
Hablando de falta de experiencia, ¿Qué están pensando estos sujetos? Esta locación es demasiado llamativa, la gente de poblados aledaños ya debió haber oído de ella. Si existe una misión de rescate ya en marcha, no se necesita ser un genio para considerar sospechoso este lugar.
Mala idea, muy mala idea. La sutileza, el sigilo y el secreto son los aliados más importantes de aquel que se encuentra en desventaja. Evidentemente, estos cretinos tienen una carrera criminal muy de pacotilla como para saber eso.
Haciéndose con una mejor posición para espiar, Sasori puede ver como llevan a la inconsciente y débil criatura hacia el interior de la fortaleza, aunque aún no ve señales de los padres en los alrededores... y se niega a creer que hayan sido tan idiotas como para haberlos matado y sólo quedarse con la niña para intercambiarla por dinero.
Desde encima del techo de la instalación, escucha apenas conversaciones entre los secuestradores. Una de ellas dando a entender que mandaron la nota de rescate antes de que los prisioneros llegaran. Otra movida apresurada. Además, no parecen convencidos de qué hacer con los cautivos a la hora del intercambio. Parece que la mayoría de ellos no tiene problemas en ponerles fin a los adultos, sin embargo, no muchos están contentos con hacer que la niña comparta su destino… Al menos, puede rescatar de esto que los padres también están allí adentro como rehenes.
A continuación, otro grupo de hombres sale del edificio. Estos tipos parecen estar a cargo de la operación, pero aun así en el lenguaje corporal, y en el modo de tratar a los secuestradores que previamente vio, se denota debilidad y miedo. Asume que un grupo de criminales tuvo la idea de este secuestro y contrató mercenarios para llevarlo a cabo. Ni siquiera tienen la decencia de imponerse ante aquellos que contratan...
"Amateurs y cobardes... ¿Por qué abunda tanto esta clase de basura?"
El marionetista decide dejar que las horas pasen y que termine de anochecer en aquella vieja fortaleza, ya que considera que, dado el gran número de sujetos en el edificio, será mejor realizar su jugada bajo el total amparo y filo de la oscuridad, cuando el enemigo baje la guardia con una falsa sensación de seguridad. En definitiva, esto sólo le da más tiempo para pensar.
Esta es la primera vez que participa en una misión de rescate, o mejor dicho, es la primera vez que participa en un rescate por voluntad propia. Esto es nuevo para él, pero aún así lo cree necesario. La idea de que la protección es una parte integral de una voluntad perenne merece ser explorada.
Tras contemplar la situación a detalle, por un momento recuerda el desacuerdo que vio entre los propios secuestradores. Parecen planear la muerte de los adultos, más dejar a la pequeña viva. Por un instante, se identifica con el escenario. No tiene buenos recuerdos de esa época, así que ahora tiene una excusa más por la que proteger a esta familia...
"Como si necesitara otra..." Ríe ante lo ridícula que sonó su anterior idea.
Llegadas las altas horas de la madrugada, Sasori por fin se prepara para infiltrarse dentro de la fortaleza derruída. Esta vez volverá a vestir la túnica de Akatsuki, quizá su arma más efectiva, y a la vez su mejor as bajo la manga.
Nubes rojas sobre tela negra. En un principio parece un uniforme contra productivo, demasiado llamativo para pertenecer a una organización terrorista, pero esa opinión pasa algo por alto: Akatsuki no es una simple organización terrorista, es la organización terrorista más temida del mundo ninja.
El poder y la influencia tanto de cada uno de sus miembros en su mérito individual, como de la organización, hablan por sí mismos. Cuando alguien carga con tanto poder, el sigilo es innecesario, y el impacto se vuelve el arma más efectiva de todas. Cada civil o ninja que viese las nubes rojas sabe que se encuentra bajo el peligro de muerte más real que jamás haya conocido, pero claro, el uniforme es un ícono y sólo sirve para evocar la identidad de Akatsuki como idea. Quien lo viste es automáticamente perseguido por todas las aldeas y naciones. Quien lo viste, lo hace renunciando al mundo, poniéndose en su contra, y con la confianza de que éste ya no puede detenerlo.
Y por esto, las nubes rojas son quizá la mejor arma en el arsenal de un miembro.
A la hora de la acción, no le es difícil acceder al interior de la guarida por un simple hueco pal parchado en su techo. Las obras sin terminar, después de todo, no destacan por su seguridad. Luego, se desplaza sobre el cielo raso del edificio por medio de una red de vigas colgante que funciona como soporte estructural interno, presuntamente para un nuevo piso que jamás llegó a concretarse. De este modo, logra mantenerse fácilmente fuera de la línea de visión de los guardias. Mientras tanto, el artista comienza a maquinar el plan de acción más sólido que tenga a su disposición.
Por otro lado, en su desplazamiento por los cimientos del piso de arriba, Sasori se topa con que los dos adultos cautivos que le faltaban por localizar están encerrados en una habitación distinta a su hija. Posiblemente, estén haciendo uso de amenazas para mantenerlos en silencio, o para que les revelen la clave de su cuenta familiar. Quizá esa sea la única buena idea de este grupo de idiotas.
Dentro del área a neutralizar, el renegado se encuentra poco más de una docena de guardias, además claro de los sujetos que parecen estar a cargo del crimen. Estos mercenarios no se ven particularmente fuertes. Quizá tengan distintas aptitudes para el combate, pero ninguno exhibe una bandana que indique entrenamiento ninja. Aun así, no descarta la posibilidad. Por otra parte, fuera del edificio hay un número similar de sujetos.
Por ahora, decide encargarse de ellos de adentro hacia afuera, asegurando el interior del edificio antes de salir de él. Si todo sale bien, aquellos que patrullan el exterior ni notarán lo que ocurre adentro hasta que sea demasiado tarde.
Mientras tanto, el guardia que custodia a la pequeña ya ha oído suficientes sollozos, y francamente está agotado de amenazarla o golpearla para que conserve el silencio. En un ataque de frustración, sale de la habitación en la que la retiene sólo para escapar de ella. Asegura la puerta tras él, y al darse vuelta logra visualizar a una silueta muda y desconocida apenas a centímetros de distancia de su nariz. De inmediato toma el candelero de la mesa a un costado de la puerta, y al apuntar la fuente de luz directamente a la presencia, se petrifica al identificar unas manchas rojas en la túnica negra que esta porta.
Un escalofrío le hiela la sangre, y permanece paralizado por el miedo durante unos eternos instantes, dándole la oportunidad fugaz a su verdugo para llevar una de sus frías manos a su cuello. En el segundo que sigue, puede sentir la punzada de un senbon debajo del cerámico pulgar que ahoga sus gritos de ayuda. Luego, sólo vacío.
La pequeña rehén escucha un sonido seco del otro lado de la puerta, y después al picaporte girar. Al principio, se niega a levantar la cabeza de su regazo, se niega a mirar, pero su curiosidad acaba ganando a su miedo… Cuán grande es su sorpresa al descubrir que la figura frente a ella, tenuemente iluminada por la luz de un candelero, no es la del hombre que la insultó y maltrató desde que llego aquí. Es otra persona, una que ya vio antes una vez, cuando entró sin permiso a su carruaje. El primer extraño, el que no lastimó a sus padres.
El desconocido le susurra con un tono distinto al que escuchó desde que fue capturada, uno menos enojado, menos nervioso, menos amenazante.
—Todo estará bien, para ti y para tus padres.
Después de tantas horas de llanto, la inocencia de la pequeña se encuentra desesperada de aferrarse a algún dejo de esperanza, aunque aún no supera la conmoción como para articular palabra alguna.
— ¿Cómo te llamas? —pregunta la figura.
—Kyo... —responde finalmente con una voz quebrada y débil.
—Kyo, guarda silencio para que los hombres malos no sepan que estoy aquí. Pronto podrás ver a tus padres.
La jovencita asiente con la cabeza, al mismo tiempo que parte del brillo de sus ojos, ya hinchados y enrojecidos del llanto, retorna después de tanto sufrimiento. La figura sólo la mira una última vez antes de salir de la habitación.
Sasori traba la puerta para asegurarse de que la niña no escape. Acto seguido, vuelve a treparse a las vigas del edificio, donde también ata el cadáver del sujeto que acaba de matar, para así evitar que el avistamiento de su cadáver pueda significar la alarma de los intrusos.
Su actual inventario de venenos letales es escaso como para gastarlo en esta clase de enemigos, así que se propone neutralizarlos sin utilizar lo más valioso de su armamento.
Tres hombres patrullan con linternas los extensos pasillos que se encuentran debajo de él. Luego de analizar el patrón que sigue cada uno en su recorrido, el marionetista se deja caer sobre el primero que queda fuera de la vista de los otros. Con kunai en mano, el hombre apoya su rodilla en la espalda de su víctima, y el resto de su peso en la hoja del kunai.
"Uno menos."
El cadáver de su nueva víctima esta vez le sirve como señuelo y arma para acabar con los otros dos. Un cuerpo muerto carece de la sutileza y delicadeza de una verdadera marioneta, pero él no está en una situación donde pueda darse el lujo de escoger.
Sasori invierte el tablero, poniendo la propia fuerza de sus enemigos en su contra. Poco a poco, los guardianes de distintas ventanas y puertas sucumben uno a uno a mano de sus mismos camaradas muertos, cada uno alzándose luego como una nueva herramienta inanimada de asesinato bajo el frío control del marionetista. Entre la perplejidad, desesperación o lucha de todos aquellos matones de poca monta, ninguno de ellos alcanza a percatarse de la identidad de su verdadero verdugo. De este modo, sin más necesidad de dejarse ver, sus improvisadas herramientas se encargan de limpiar los pasillos por él.
Ahora, rescatar a los padres será una historia completamente distinta. Se requiere de una estrategia más directa y precisa que unos torpes cadáveres controlados desde un ángulo muerto.
Estima que, dentro de la habitación en la que ellos están atrapados, hay por lo menos unos tres guardias. Ya que la estructura en ruinas del techo no favorece un acceso sigiloso desde el desván, y mucho menos permite el paso de sus marionetas de carne, sólo es posible infiltrarse a su morada por la puerta de la habitación. Así que sin otra jugada en su baraja, desciende definitivamente al suelo y, sin sutileza alguna, tira abajo la entrada en su camino usando dos de los cadáveres como catapulta, dispuesto a enfrentarse cara a cara con quienes estén dentro.
Siete hostiles en total, contando a cuatro más que vinieron desde otras habitaciones o pasadizos del edificio tras oír el alboroto de las masacres aledañas. El marionetista esperaba menos. Sin perder un segundo más, y con un solo movimiento circular, hiere las gargantas de los dos sujetos más cercanos a él haciendo uso de las hojas ocultas en sus brazos. El shock ocasionado de ver a dos mercenarios caer le compra un instante extra de tiempo al shinobi, más que suficiente para lanzar un proyectil a un tercer hombre antes de que el cuarto arremetiera contra su torso.
El impacto del golpe hace que la marioneta se separe en partes, cayendo al suelo dividida por sus articulaciones. Este es el único cuerpo disponible que tiene Sasori, y no se arriesgaría a perderlo por un ataque así de miserable. Los agresores, al ver a su oponente desensamblarse, pierden la concentración y no logran recuperarse de su confusión a tiempo para comprender que cada pieza de una marioneta es tan peligrosa como la marioneta en su totalidad.
Para cuando Sasori vuelve a ensamblarse, sólo quedan los rehenes, que observan desde una oscura esquina de la habitación al hombre que los rescató aún con mayor terror que aquel con el que miraban a sus captores. Las nubes rojas causan ese efecto en todos.
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Aún en medio del viaje, Sakura y el equipo de rescate ponen toda su energía en llegar cuanto antes a la mansión abandonada. Según la información que pudieron recolectar, el secuestro se dio a unos kilómetros del lugar.
Habitantes de los pueblos cercanos que visitaron en busca de más información les notificaron de la existencia del esta fortaleza. Luego, al explorar intensivamente los alrededores del camino, no tardan en encontrar huellas de un vehículo en clara dirección a la construcción.
Una vez caída la noche, el equipo por fin logra dar con su aparente objetivo. En la lejanía oculta entre el follaje se puede observar un movimiento. Eso es, con toda seguridad, un grupo de posibles hostiles patrullando un perímetro del bosque. Aquello confirma que los encontraron, ya que nadie hace guardia en un montón de maleza y árboles a menos que éstos contengan algo.
—Por lo que veo, no son sujetos muy especializados en secuestros, ni muy inteligentes—comenta confiado uno de los chunin del escuadrón, un muchacho pecoso de un año menor que Sakura.
—Muy bien, tendremos que avanzar con cuidado. ¿Ideas? —pregunta el otro miembro de igual rango, que esta vez se trata de un hombre joven de veinticinco años, que resalta por el buen par de patillas que fue lo único que se dejó sin afeitar en la cara.
— ¿Alguno de ustedes tiene conocimiento avanzado de Genjutsu? —pregunta Sakura, recibiendo al instante un asentimiento por parte del confianzudo de pecas y cabello corto color caoba—. Perfecto. ¿Puedes limitar los sentidos de los guardias?
—Puedo evitar que se percaten de lo que ocurra fuera de su inmediatez, pero para cubrir a los guardias dentro y fuera del edificio los efectos serán limitados. En principio, haré que no puedan oír ni ver lo que ocurra más allá de unos metros alrededor de sí mismos, pero no podré mantener el efecto por mucho tiempo.
—Eso será útil. Podemos derrotarlos en grupos pequeños; antes de que alerten a quienes están dentro del edificio. Así mantendremos seguros a los rehenes—acota el jounin al mando del equipo, quien no se ve mucho más mayor o experimentado que Kakashi, o la propia Sakura.
—Muy bien, no hay tiempo que perder. Ataquen y neutralicen a tantos objetivos como puedan. No dejen que alerten a quienes están dentro. Si alguno resulta herido, arroje una bomba de humo y yo los atenderé en seguida. Nos veremos cuando el exterior esté bajo nuestro control—pronuncia la pupila de Tsunade, antes de que el grupo se dispersase entre la gran espesura para cubrir mayor terreno.
Dentro de nada, el genjutsu del muchacho comienza a funcionar, y el reloj a correr.
Los guardias no tardan en comenzar a caer ante el escuadrón; el miembro mayor del escuadrón realiza sellos y hunde en el suelo a los primeros tres guardias, asegurándose luego de que no vuelvan a respirar.
Por otra parte, el joven de pecas despliega su destreza con las armas arrojadizas, utilizándolas para distraer y guiar la atención de otro grupo hasta tenerlos en mira. De esta forma consigue derribar sin problemas a un par.
Sakura toma otro método al divisar a lo lejos la fortaleza oculta entre el follaje, flanqueando al enemigo al asentarse cerca de la fortaleza, y de este modo evitar el avance de los bandidos. Rápidamente comienza a contraatacar con taijutsu y fuerza bruta a cada enemigo que se acerque a su zona de acción, presionándolos a ceder terreno. Cada tanto, alguno de ellos intenta alertar al interior con alguna maniobra, pero es detenido por la infranqueable kunoichi. Los movimientos de Sakura son fluidos, y le permiten leer y esquivar sin demasiado esfuerzo los ataques de sus agresores, que no demuestran ser demasiado adeptos al combate cuerpo a cuerpo. Desde luego no son guerreros muy experimentados. Son secuestradores, mercenarios como mucho, y usualmente dependen de las amenazas. Sin eso, no representan peligro alguno.
De repente y sin previo aviso, la muchacha es sorprendida por un grupo pequeño que viene peligrosamente armado, pero una bomba de humo le compra suficiente tiempo para que un golpe de puño haga tronar las costillas del primer enemigo, luego una patada desestabiliza al segundo al mismo tiempo que su equipo llega a asistirle con los otros dos que quedan. Hubiera podido enfrentárseles por su cuenta si hubiese optado por destrozar el suelo bajo sus pies, pero de este modo habría alertado a los hombres dentro del edificio.
De un momento para el otro, cuando parece que por fin han acabado con todos, un sello explosivo escondido bajo la tierra se detona, tomando al grupo por sorpresa. El equipo de rescate no logra recuperarse a tiempo del estruendo para cuando escuchan de inmediato la puerta cerrarse tras ellos. Un guardia había aprovechado la distracción y el ruido para escapar y alertar al interior de la fortaleza de la amenaza.
— ¡Nos atacan!
Se escucha el grito desde la construcción. Un solo error ya es demasiado.
El equipo se abalanza a la puerta con la velocidad de un rayo. No pueden permitirse el tiempo para medir sus reacciones. Los rehenes están en peligro.
Acorde al fracaso de su plan, Sakura se deja llevar por el impulso y abre la puerta con un violento impacto. A continuación, la tenue luz de la Luna ilumina una sorpresiva escena en el salón de entrada. El guardia que escapó de ellos se encuentra desplomado en el suelo, empapado en un charco de color carmesí. Erguida a un lado de su cadáver, se erige la figura responsable del asesinato.
Manchas rojas se observan en las paredes, y nadie atiende al pedido de auxilio del guardia muerto. En seguida, nubes rojas sobre una túnica negra llaman la atención del equipo de rescate.
Ellos definitivamente no estaban preparados para esto...
Y ese medio instante que el escuadrón usa para notar la gravedad de la situación en la que se encuentran, es suficiente para que la figura vuelva a moverse.
Los compañeros de la kunoichi se desploman también en el suelo al ser impactados por senbons en sus muslos, mientras una voz muy conocida la saluda con una media sonrisa en su rostro.
—Sakura… No esperaba verte tan pronto.
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