Un rescate atípico.


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— ¿S… Sasori? —pregunta Sakura quedándose por demás estupefacta ante lo que está presenciando.

Definitivamente es él, no hay duda al respecto. Esa voz ya le es demasiado familiar como para confundirla. De inmediato, se agacha para tomar el pulso de uno de sus aliados que yace en el piso justo a su lado. Aún están vivos, sólo inconscientes, unque no sabe por cuánto tiempo.

A continuación, alza la mirada para ver el resto del sangriento panorama que se exhibe a espaldas del ex Akatsuki.

— ¿Qué les hiciste?

—A tus compañeros, sedarlos. En un tiempo se despertarán. Agradece. De no ser porque vinieron contigo, no hubiese gastado parte de mi escaso arsenal en mantenerlos con vida—le responde el marionetista sin inmutarse en demasía, generando un contraste con la agitación que exhibe por su parte la ninja de la Hoja.

— ¿La gente en el edificio…? —formula ella nuevamente, intentando hacerse una idea de la magnitud de su accionar.

—Muerta—la interrumpe—. Y los rehenes, seguros. Esperaba una misión de rescate, sólo que no la esperaba tan pronto. Tampoco esperaba que tú estuvieras en ella.

Directo, al punto, hablando de los captores y los rehenes con el mismo tono que habla de cualquier cosa. La joven se ve entre confusa y exasperada por su escasa comprensión de la situación, atinando solamente a preguntar el resto de sus dudas en voz alta:

— ¿Por qué? ¿Qué haces aquí? ¿¡Acaso me estás siguiendo!?

—Mantén la voz baja. No quiero preocupar aún más a la niña—la regaña de inmediato antes de comenzar a enfocarse en las preguntas propiamente dichas—. Y piénsalo un poco, me encargue de todos en el edificio. Claramente llegué antes que ti, es imposible que te haya perseguido.

La sola mención de la niña pone a Sakura a la defensiva, casi por inercia.

—¿La niña, dices? ¿Qué pasó con los padres?

—Dormidos con la misma droga que tus aliados. Despertarán en una hora, y probablemente sin recordar con quién se cruzaron. Hubiese hecho lo mismo por la pequeña, pero no creo que con ese estado tan débil su cuerpo tolerase mis toxinas. Además es muy joven, pero está arriba, sana y salva. No quiero que sepa lo que hice con sus captores… o con sus padres. Todos están a salvo, planeaba sacarlos de aquí antes que ustedes llegasen.

Esto no tiene sentido, al menos no uno que ella pudiese adjudicarle. Por un momento, duda si no se encuentra tan inconsciente o drogada como sus compañeros en escena. Acto seguido, su posición tensa y combativa se relaja de forma inconsciente, quizá por creer que esto es una alucinación, quizá por creer que esto es una realidad.

— ¿Por qué los ayudas? ¿Por qué estás aquí en primer lugar?

—Estoy aquí para cuidar a Kyo… la niña. En esta situación. Nada más—contesta con el mismo tono impersonal de siempre, pero que en su respectivo contexto es todo menos normal.

Eso es nuevo, demasiado nuevo, desconcertantemente nuevo. Tan desconcertantemente nuevo, que la kunoichi no sabe con exactitud cómo reaccionar o como tomarlo. ¿Es ese el mismo Sasori? En este preciso momento le está resultando particularmente difícil intentar leer algún atisbo de sus motivaciones, o tan siquiera de sus intenciones.

— ¿Ayudarla? ¿Para qué?

La paciencia de Sasori está comenzando a agotarse ante tanta desconfianza sin sentido.

—Luego—pone fin a la "entrevista" sin tacto alguno—. Ahora, no quiero que esto se demore más. Tenemos que mover a tus compañeros y a los padres, y por último a ella. No podemos moverlos a todos al mismo tiempo.

— ¿Quién te puso a cargo? Nosotros éramos la misión de rescate—espeta Sakura con algo de orgullo, aunque no menos desconcertada por la presencia, y la intromisión, del pelirrojo en aquel lugar.

—Hablé con la pequeña, le prometí que la llevaría con sus padres... —dice con un repentino agobio casi palpable—. Lo que te estoy diciendo no es más que procedimiento estándar. Cuando los padres despierten, tú y tu equipo pueden tener el crédito. No me importa. También puedes vigilarme en cada paso, si quieres. Tampoco me importa. Además, sabes que no los lastimé, sólo les di un sedante.

— ¿Porque debería creerte? Sigue pareciendo demasiado ilógico el que estés aquí…—vuelve a poner en duda sus palabras por inercia, y casi también por costumbre.

—Ya pasamos por esto, no estoy mintiendo—dice denotando su prisa por completar su objetivo—. Ven conmigo un momento.

La kunoichi no tiene más remedio que acatar, y seguir al autor de la masacre. Éste la guía hasta una puerta cerrada, vieja y medio podrida en el piso de arriba. El silencio es mantenido por ambos, hasta que Sasori comienza a seguir su propio protocolo.

— ¿Kyo? ¿Estás bien? —pregunta bien cerca de la madera, con su ya característico tono, el mismo que tanta desconfianza le ha traído a Sakura, pero, quizá debido a la inocencia de la pequeña, ahora causa el efecto contrario.

—S… Sí—se oye una débil voz al otro lado de la madera vieja y mohosa de la puerta— ¿Se fueron los hombres malos? ¿Dónde están mamá y papá?

Sakura siente su corazón en la boca al oír la voz de la menor. Sabía que era se trataba de una niña, pero no sabía que era tan pequeña como ahora suena.

—Pronto te llevaremos con ellos. Por favor, mantén la calma. Falta poco.

—Está bien—musita con todo el alivio que humanamente es capaz de esbozar.

Dicho esto, el marionetista le pide silencio a la médica con una seña de su mano. Ella obedece sólo por el cambio de tono en la pequeña, y sólo para no asustarla.

—Lleva a los tuyos, yo llevo a sus padres—le indica en susurros—. Sé que tienes más fuerza que yo. Los despertaré luego de atender esto, así que siéntete libre de vigilarme si aún desconfías de mí. Tu misión será cumplida y nadie sospechará nada.

La ninja mira lo mira con frustración, pero resistiéndose a realizar algún acto estúpido o precipitado, ya que al menos la situación parece estar bajo control. Ahora, Sasori la guía hacia una habitación sin puerta en la que, supone, se encuentran los padres.

Al ingresar en el recinto, Sakura visualiza en la oscuridad a ambos rehenes tumbados en el suelo, con manos y pies atados, y se apresura a revisar que aún respiren.

—Sólo estoy salvando a una niña, y protegiendo que nadie me descubra. Tú harías lo mismo en mi lugar—replica defendiéndose de la mirada acusadora que le dedica Sakura.

A ella le cuesta admitirlo, pero esta vez la marioneta tiene la total razón... ella hubiera hecho lo mismo en su lugar.

En un solo un par de viajes, ambos se las arreglan para cargar primero a cuatro de los inconscientes, desplazándolos a unos cuantos metros de distancia del baño de sangre.

Una vez que está satisfecho con el claro que albergará el despertar de los padres de Kyo, Sasori deja los deja a ambos apoyados contra el tronco de un árbol lo suficientemente alto para que fuera fácil de reconocer a la distancia, al menos con la tenue iluminación violácea que les brinda este cielo previo al amanecer.

A continuación, espera porque su improvisada compañera de misión terminase de reunir allí a sus camaradas para dar inicio a la siguiente fase de su plan.

—Te aconsejo dejar a tu equipo en algún lugar cercano a éste. Traeré a la niña con sus padres, y los despertaré. Luego, tú te quedas con el crédito y les inventas una mentira a tus compañeros cuando despierten. Fin de la historia—le indica cuando la ve arribar una segunda vez al claro, cangando al último de sus compañeros sobre su espalda.

Sakura no pronuncia palabra alguna, ni siquiera asiente con la cabeza. Solamente cambia ligeramente su plan para llevarse a su compañero inconsciente lejos de los rehenes, y luego regresar al claro para llevarse también a los otros tres. De esta manera, vuelve a cumplir las instrucciones del pelirrojo de forma tácita y sin reparar demasiado en ello.

—Ahora, por la niña—instruye el renegado una vez más, una vez que la muchacha se aparece frente a él ya sin más ninjas sedados que llevarse de allí—. Puedes quedarte con tus compañeros, o con los padres. Sígueme si aun desconfías de mí o si simplemente se te place, pero démonos prisa antes que los sedantes pierdan su efecto.

Sin tener mucho interés en quedarse a escuchar una respuesta a sus palabras, el hombre salta de nuevo a los árboles y se enfoca al completo en cumplir con la parte más importante de su rescate.

La kunoichi niega con la cabeza obstinada, mordiéndose el labio inferior para no increparlo por dárselas de líder con tanto libertinaje. Pese a esto, se decide que lo mejor será estar presente allí sólo por si acaso... además de que quiere presenciar dicha hazaña con sus propios ojos. Imitando al marionetista, ella utiliza los nogales y sus ramas como vehículo para regresar hasta la fortaleza.

Una vez que vuelve a compartir morada con el marionetista, su siguiente movimiento es atravesar la sala desgarbada por el combate hasta dar con él al final de las escaleras del primer piso. Afortunadamente, llega justo a tiempo para contemplar cómo él destraba la puerta de habitación en donde la niña lo espera.

Por su parte, Sasori quita el senbon del interior de la cerradura sin prestar demasiada atención a la presencia que acababa de arribar a su lado, y que luego lo sigue al interior de la recámara.

Temerosa, la niña retrocede y se hace un ovillo en una esquina cuando ve a la mujer desconocida entrar. Esta reacción le provoca algo extraño a Sakura... Resulta algo irónico el hecho de que la pequeña le tenga más miedo a ella que al propio Sasori. De inmediato sacude su cabeza, recordándose que eso es sólo porque él llegó aquí primero.

—Tranquila, Kyo. Ella está conmigo... Nosotros salvamos a tus padres, ahora vamos a llevarte con ellos ¿Sí?

Kyo demora un instante en asentir con la cabeza. Mientras tanto, Sasori le dirige una fugaz mirada de advertencia a su compañera, pero que basta para que comprenda que no debe interrumpir lo que sucederá a continuación.

Haruno no necesita decir nada para dar a entender que recibió el mensaje. Puede entender que, si la pequeña confía en él, será mejor no entrometerse en su interacción. No tendría sentido, porque de ese modo sólo conseguirá asustar a la criatura y dificultar aún más su rescate.

Sin previo aviso, el pelirrojo se agacha hasta quedar a la altura de la niña, extendiendo sus brazos hacia ella con suavidad.

—Te cargaré para llevarte. Quiero que escondas tus ojos entre mi ropa y no mires para afuera ¿De acuerdo?

Su tono de voz es distinto, no menos serio, no más infantil... sólo distinto... humano, quizá… Ese no es un adjetivo que esperaría utilizar en este tipo, aunque también podría ser parte de un sueño el estar frente a una escena que no jamás habría esperado ver con Sasori en un rol protagónico.

Ajena a la situación de ambos adultos, la inocente criatura se acerca con confianza y permite que él la cargue en sus brazos.

—Ahora esconde tu cabeza.

Kyo vuelve a obedecerlo, apoyando su cabeza en su pecho y quedando envuelta por la túnica que el marionetista utilizará para cubrirle la visión periférica. Sakura parpadea al caer en cuenta de la cercanía existente entre el pecho de la niña y el núcleo del marionetista.

—Falta poco, no mires. No se vale espiar—le indica nuevamente el adulto antes de comenzar a caminar despacio rumbo al pasillo infestado de sangre.

Con calma y tranquilidad meditada, ambos atraviesan el resto de la carnicería en ruinas. Sasori carga a la menor con una mano, y usa la otra para asegurar que la ropa no le permita ver nada de lo que él hizo para rescatarla. Mientras tanto, Sakura lo sigue en silencio sepulcral, sin poder despegar su mirada de lo insólito del evento que acontece frente a sus narices.

Cuando ya están guarecidos nuevamente en la parsimonia del claro escogido para la pareja de nobles, el ex Akatsuki vuelve a dirigirse a la pequeña escondida bajo su abrigo:

—Ya puedes ver.

Aquello consigue darle la confianza necesaria a Kyo para asomar la cabeza con cierta timidez, y lo que ve hace que su pequeño corazón de un vuelco de alegría.

—Tus padres están muy cansados, pero ya van a despertar, luego podrás ir a casa con ellos—continúa explicándole al tiempo que la niña en sus brazos comienza a temblar y a llorar de emoción—. Ahora estamos caminando hacia donde se encuentran. Despertarán pronto. De seguro estarán felices de verte.

A continuación, Kyo es descendida al suelo con cuidado, y corre hasta el regazo de sus padres para tratar de despertarlos.

Sakura continúa observando la escena en completo silencio, entre enternecida y preocupada por la niña y por lo que tuvo que pasar. En cierto modo, también se siente derrotada. Esta vez él le ganó en un rescate… un rescate. Esto es demasiado extraño como para no reírse de ello, aunque fuese sólo para sus adentros. Empero, sólo llega a sonreir de medio lado, porque aún es muy orgullosa para admitir que en este caso debe afrontar que se equivocó.

—Despertarán pronto. Están muy cansados, pero en unos minutos estarán contigo. Quédate a su lado, estoy seguro que soñarán mejor contigo cerca—recita mientras se deshace de su túnica de Akatsuki antes que los padres despierten. Bajo ella viste ropajes sencillos y gastados, lo suficientemente largos para ocultar sus articulaciones de la vista de cualquiera.

Lentamente, los nobles comienzan a despertar. Aunque al principio se muestran confundidos y desorientados, comienzan a registrar la información a su alrededor al cabo de simples segundos. Es la voz de su niña lo que los hace espabilar y reaccionar ante el mundo real, haciéndolos abrazar a su tesoro con tanta fuerza como el corazón encogido de felicidad. El amor por su hija es lo que les regresa la vida... mas no las memorias de cómo llegaron aquí.

— ¿Que nos pasó? —pregunta el padre con perplejidad al ver unas dos figuras erguidas frente a ellos en medio de la luz cobalto del amanecer.

Sasori toma la iniciativa y comienza a mentir:

—Fueron secuestrados y sedados. Sakura, ésta kunoichi, y su escuadrón fueron enviados a rescatarlos—informa señalando a la joven a su lado.

— ¿Y tú? —interviene la madre de la pequeña.

Sakura no deja de preguntarse cómo explicaría el marionetista su propia participación en el asunto, pero es la niña quien se adelanta y responde por él:

—Él es mi amigo. Él me encontró en la casa y me dijo que todo estaría bien, y después me buscó y me trajo con ustedes.

—Soy alguien que estaba por ahí... —agrega Sasori con una sonrisa discreta en el rostro—. Oí lo que pasaba y quise ayudar. El equipo de rescate y yo coincidimos en el momento, y los rescatamos.

— ¿Y el resto del equipo? —vuelve a preguntar el señor volteando a ver hacia los alrededores, mientras la señora revisa el estado general de su hija.

—Dijeron algo sobre saneamiento, búsqueda de evidencia... Cosas aburridas que no deberían impedir que sigan con sus vidas—lo acalla el artista sin otorgar demasiada importancia al tema.

Sakura no deja de observarlo en silencio, comprobando a cada instante como su mentira tiene éxito.

—Pues, nadie que ayude a la familia Kimura se queda sin nuestro favor ¿Hay algo que pueda hacer para agradecerles? —pide con honestidad el padre de la familia.

—No es necesario. Nosotros sólo prestamos nuestros servicios. Su cuñada vino a pedirnos ayuda, y gracias a ella pudimos localizarlos—declina Sakura con una incomodidad ante la situación que amenaza con hacerla sonrojar y sudar frío. No por nada las mentiras nunca se le dieron bien.

—Por favor, es a mi compañera aquí presente a quien deberían agradecerle—aclara Sasori con falsa modestia, improvisando sus palabras sobre la marcha.

—Comprendo... ¿Y tú, joven? —esta vez el señor se dirige específicamente a Sasori—. Seguro podemos ofrecerte algo.

—Soy un simple monje nómada. No puedo pedir nada a cambio por hacer una buena acción—declina cordialmente con un gesto de su cabeza—. Seguiré viajando tal y como vine haciéndolo por el último mes.

— ¿Un mes de viaje? Por favor, al menos déjanos ofrecerte una comida a nuestra cuenta—replica la señora Kimura con tanta obstinación como humildad.

Kyo se une a su madre en la invitación:

— ¿Podemos invitarlo a casa? Nosotros invitamos amigos cuando están de viaje. ¿Podemos, podemos, podemos? Él es mi amigo.

Al hablar, la niña se ve con mucha más vitalidad de la que mostró hace unos cuantos momentos atrás.

—No creo que a él le convenga eso...—comenta la kunoichi con una sonrisa forzada, tratando de hacer desistir a la niña por las buenas.

—Excelente idea, hija... —concede la señora Kimura complacida con la sugerencia—. Y después de lo que hizo por nosotros creo que podemos llamarlo amigo. Podemos ofrecerte hospedaje. Si has estado viajando por un mes, no creo que hayas podido dormir bien por las noches.

Es curioso cómo funciona la mente de las familias nobles. Aún no se han recuperado de su desventura, y ya ofrecen su favor a quien los saca de ellas.

Por otro lado, Sakura se va poniendo cada vez más nerviosa. ¿Dormir? ¡Si Sasori no duerme! Ellos no tienen idea de la clase de persona que están por dejar entrar a su morada. Los peligros que puede traerles… Está bien que los haya salvado, no puede negar eso, pero no quita que él….

—Admito que una cama suena bien… pero no puedo aceptar su oferta de inmediato. Se acerca el solsticio, es tradición de mi monasterio aislarme los días previos a esa fecha—explica el pelirrojo, mintiendo con una naturalidad tan irrisoria que consigue interrumpir el pensamiento de la joven.

Quizás al ser la única que está al tanto de que la realidad no guarda ninguna semejanza con la historia del monasterio, Sakura no puede evitar poner los ojos en blanco ante el giro que el escenario está tomando, y ante la normalidad con la que logra encastrar una mentira tras otra.

— ¿Por favoooor? —suplica Kyo volteándose hacia la marioneta con sus grandes orbes negros vidriosos e ilusionados.

—Quizá en unos días los visite. La familia Kimura es conocida por estos sitios—termina cediendo ante los ojos de su inspiración.

Ahora la alumna de Tsunade lo mira muy, muy sorprendida, tanto que no cabe en sí. Finalmente es la hora de intervenir:

—Oye... —lo llama en un susurro, mientras lo sujeta de una de sus holgadas mangas para asegurarse de captar su atención.

—Parece que quiere hablar conmigo. Probablemente, sea sobre los trámites de su misión. Ya volvemos con ustedes.

Tras la brevísima excusa, que la familia parece comprarse sin problemas, el pelirrojo se deja guiar discretamente por la joven hacia atrás de una arboleda.

— ¿Qué estás haciendo? —lo cuestiona en un susurro, y con el ceño fruncido.

De tanto en tanto, Sakura escudriña con recelo a la familia a través de la pequeña separación entre los troncos, temiendo constantemente porque sospechen algo.

—Actuando como una persona normal, así no puedo ser encontrado por nadie que me busque. Además, estoy siendo agradecido con el gesto amable de una pareja a cuya hija salvé—responde él con un tono de voz similar, y como si no fuese nada de mayor trascendencia.

— ¿Estás bromeando? Si te quedas en un lugar en donde todos puedan verte, te descubrirán. Además ¿Tú, agradecido? ¿Es en serio? —replica como gritando en voz baja, sin creerse nada de lo que le está diciendo.

—Se llama 'esconder algo en plena vista'—la corrige sin siquiera parpadear—. Son civiles, no notarían nada ni aunque estuviese bajo sus narices. Para la mayor parte del mundo, si yo me quedase quieto en un armario parecería un maniquí demasiado detallado.

— ¿Cómo les vas a ocultar que no comes, bebes o duermes? ¿Crees que no notarán al tocarte que tu cuerpo es sintético? —insiste la muchacha, cada vez menos convencida de que aquello sea una buena estrategia para continuar manteniéndose oculto.

—No habrá contacto personal, además fácilmente podría fingir que duermo, y puedo ausentarme y decir que como afuera para no abusar de la hospitalidad. Por eso dije que soy monje. Puedo salirme con la mía exhibiendo costumbres extrañas sin llamar la atención. Yo soy el de los planes complicados aquí.

Sakura suspira con frustración. Apoyando una mano sobre el tronco del árbol que actualmente los cubre, se lleva una mano a la sien con sentimientos encontrados.

—Esa niña… Ella era tu modelo ¿Verdad?

—Sí.

—Por eso la protegiste ¿Cierto?

—Quizá—musita el criminal de manera críptica, desviando su mirada hacia el vacío tras un ligerísimo parpadeo.

— ¿Es por su voluntad? ¿O es como el Tercer Kazekage? ¿Bajo qué lógica estas actuando...? —sigue cuestionando a su compañero, aún con la mínima duda de si tiene planes macabros para con ella.

—Porque vi como su belleza y su voluntad se apagaban en sus ojos al pensar que sus padres morían. Yo sé lo que es eso, y no quería que le toque a ella. Suficiente explicación—se expresa de forma concisa, y nuevamente sin inmutarse ante sus propias palabras, o ante a quién se las dice—. Defendí algo que consideré que merecía la pena defender, no te debo más explicación que esa. No hablaré más del tema.

Sakura no sabe qué pensar sobre esto, pero de alguna forma cree poder entenderlo. No le queda más que acatar cuando finalmente comprende que no recibirá más información, y desiste en el tema. Además, por primera vez cree comprender lo que está diciendo, o quizá no comprenderlo, pero sí... ¿Sentirlo?

—Toma esto—vuelve a hablar la marioneta ofreciéndole una jeringa a la médica—. Tus compañeros están por despertar, y necesitamos que duerman un poco más de tiempo. Con estas dosis dormirán por treinta minutos más. Distraeré a la familia por ese tiempo, y luego me retiraré indicándoles que te esperen. A partir de allí son todos tuyos.

La ninja acepta el presente, digiriendo lo que escucha sin mucho desacuerdo.

—Cuando mi equipo despierte, escoltaré a la familia Kimura de regreso a su hogar... y no te quiero allí—finaliza Sakura con total seriedad y firmeza en su semblante.

—Lo sé... Por eso la excusa del solsticio—asiente él casi sin reaccionar a sus palabras—. Ahora, ve con tus compañeros y haz lo que tengas que hacer para que esto salga bien. No recordarán nada de lo que ocurrió, o al menos no me recordarán a mí, así que no deberá ser difícil mentirles.

Tras este último intercambio de palabras, la mujer se aleja del claro sin despedirse de Sasori.

No puede creer lo que está por hacer. Sedará a sus compañeros por orden de él… Sabe que es necesario, de hecho su cuerpo se mueve casi por sí solo, llevándola con la droga en mano hasta donde sus camaradas se encuentran durmiendo. Empero, aun así algo se siente mal al comenzar a deslizar el sedante por las venas de cada uno de ellos.

De todos modos, ya es tarde, ya hizo el trabajo, y para su sorpresa, la voz de su conciencia no la está torturando demasiado esta vez. Quizá porque tiene algo importante con qué ocupar el tiempo antes que despierten.

Es también procedimiento común después de cada misión el revisar el área del enfrentamiento y sus restos, humanos o no, para intentar averiguar si las fuerzas a las que se enfrentaron eran parte de algo más grande. Ella se encarga de atender ese asunto en lo que su equipo despierta. De esta manera, la situación se le hace menos un poco menos llamativa, y más profesional.

Por otro lado, la mentira que suelta cuando sus camaradas la cuestionan alarmados sobre qué rayos había sucedido es concisa: fueron sedados. Ella reaccionó a tiempo y se las arregló para sacarlos del área de combate. Luego completó la misión y dejó a los Kimura a unos metros de la escena del rescate para que no viesen los destrozos o a los rescatistas caídos durante el asalto. Una aldea como Konoha debe proteger su reputación, así que si un par de nobles ven ninjas abatidos, esta reputación se vería dañada. Ahora, los rehenes están esperando por ellos para ser escoltados a un lugar seguro.

Ya hay suficiente vergüenza en sus compañeros por creer que cayeron en medio de una misión que debería haber sido sencilla, así que no la presionan mucho más por detalles. Según ellos, ella les hizo un enorme y impagable favor.

Luego haberse recuperado de la conmoción y el adormecimiento, y de haberse puesto al día con la kunoichi, los ninjas le agradecen su esfuerzo sin desconfiar de la palabra de quien es la alumna más joven de la Hokage, aunque le advierten que, dado a como se dio la misión, será responsabilidad de ella elaborar el reporte de la misión a su llegada a la Hoja. La mujer acepta esta realidad sin ningún problema, y, una vez que todos están en pie, los lleva a conocer a los Kimura.

Y ya no hay rastro del marionetista, al menos de momento.

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Nota de coautor (lahonestidadenmi) : El final de Naruto fue basura. Detestamos lo que hizo con Sakura y esperamos hacer un trabajo más satisfactorio para nosotros y espero para ustedes en esta historia.
En serio, basura.

Pero en serio. Basura.

Comentario de coautor (?): Kishimoto es el rey de los mensajes hipócritas. Y no sabe nada sobre personajes femeninos o relaciones humanas.

Comentario de coautor (lahonestidadenmi): Notaran que hay distintos grados de desagrado.

Post Data: Basura.