Definirle.
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Tras encender la luz del velador sobre la mesita de noche, la joven procede a depositar las toallas y prendas prestadas sobre las sábanas de la cama. Una fina seda bordó, con elegante decorado en hilo dorado, llama su atención entre el pequeño montículo de ropas.
Presa de la curiosidad, toma el pedazo de seda doblada entre sus manos y lo desglosa, desvelando al mismo como una impecable y decorosa bata de dormir. Embelesada por la prenda frente a sus ojos, y por el detalle de quienes la hospedan en su morada, rebusca un poco más bajo las toallas para encontrar un pálido camisón rosado sin mangas que complementa a la bata de dormir.
Tomando el delicado camisón y las toallas encima de éste, devuelve la bata a su anterior sitio de reposo y se dirige al baño de la habitación para darse una merecida ducha que relajase su espíritu de la reciente jornada.
Mientras tanto, al otro lado del pasillo, Sasori está recostado boca arriba en la cama de su propia recámara, igual en tamaño que la de la rosada.
Fingir que duerme es por lejos la parte más molesta de su estadía en esta mansión.
De todas formas, luego de todo este tiempo encontró que los horarios de la familia Kimura son bastante predecibles. Sólo debe fingir que duerme por unas horas, y luego ya será libre de moverse tal y como le plazca, tanto por dentro como por fuera de la mansión. Encuentra esto bastante práctico, ya que permanecer inmóvil por mucho tiempo no es algo que le agradase en demasía.
Ahora, impaciente y sin nada con qué entretenerse más que con mirar el techo, cuenta el tiempo hasta poder volver a levantarse...
Alrededor de tres horas transcurren desde el cese de la actividad en la morada Kimura. Afuera ya hay un manto de estrellas llenando el firmamento nocturno, tal y como el silencio llena cada recoveco de la mansión.
La luz de la Luna se filtra por el vidrio de la ventana y traspasa la barrera de cortinas, iluminando un poco el sitio de descanso de la ninja de Konoha.
Dentro de dicho sitio, un jadeo incesante y apesadumbrado baña la atmósfera. Sakura se halla profundamente dormida, pero a su vez moviéndose bruscamente y enredándose entre las sabanas de la cama.
Dentro de sus sueños, una nube de sinsentidos simbólicos la atacan.
— ¡No te vayas! —grita una Sakura de trece años, mientras el último superviviente de los Uchiha le da la espalda y se pierde en una niebla oscura que impregna toda la escena alrededor de ella.
Dicha niebla barre el escenario completo, dando lugar a la aparición de una nueva imagen que vuelve a tener una versión más joven de sí misma como protagonista.
—La próxima vez, ya no seré un estorbo.
Ahora ella está en un hospital, y tiene la sombra de una versión más joven de Naruto atestiguando su promesa en silencio. Empero, la secuencia no se extiende más allá de ese momento, ya que todo se pierde en las tinieblas y una serie de imágenes de sus momentos más bajos empieza a correr de modo totalmente caótico. No es hasta llegado determinado escenario que el tiempo finalmente comienza a reproducirse con normalidad.
— ¡Naruto, trae a Sasuke-kun! Eres el único que puede… Te lo suplico...
Frente a las puertas de su aldea, Sakura suplica entre lágrimas a su amigo para que trajese a su amor platónico de regreso a casa.
Pero la pesadilla no se detiene ahí... porque otro momento de su vida aparece para atormentarla una vez que el vacío absoluto absorbe por completo el mundo a su alrededor:
—No te metas en mis asuntos—la voz distorsionada de Sasuke ruge una orden, cuasi amenaza, ante la que ella sólo tiembla de miedo y tristeza.
Siendo una niña debilucha y asustada, Sakura queda sumida en un océano de oscuridad y ausencia de vida y sólo atina a gritar el nombre del muchacho, sintiéndose perder la respiración ante cada escena que, involucrando de alguna manera al objeto de su sufrimiento, se fuerza a ser recordada.
Es tan difícil recordar algo positivo en lo que a este tema refiere. ¿Acaso existe tal memoria? ¿Existió tal momento?
La joven despierta de un sobresalto, asustada, con la respiración entrecortada y sintiendo a su corazón atrapado en la mitad de su garganta. Mientras inhala aire a bocanadas para recuperarse de la experiencia, observa la habitación a su alrededor como si temiese encontrar allí a la muerte misma... pero no hay nada más que oscuridad, nada más que soledad y nada más que silencio. Por un momento, su confusión mental es tal que ni siquiera recuerda de qué trató la pesadilla…
No obstante, al mirar al techo casi totalmente negro sobre ella, no tarda demasiado en hacer memoria.
"Siempre es lo mismo." Se queja con porte abatido al tiempo que se sienta en la cama, ya que estar acostada la hace sentir como si el oxígeno le faltase.
Una corriente de frío se cuela por su espalda cuando el sudor de su piel hace mayor contacto con el aire, erizándole cada vello del cuerpo. A continuación, la muchacha sube una mano a palpar su cara, confirmando que en efecto, está transpirando como pocas veces en su vida.
No quiere caer más bajo. No puede dejar que Naruto cargue solo con el trabajo de traer de nuevo a Sasuke. Se prometió a sí misma no volver a ser una carga... aunque eso no quita que soñar con sus recuerdos la deja siempre con peor sabor de boca.
"Una pesadilla... Sólo fue una pesadilla." Se repite sin permitir que su mente siga enroscándose de más al respecto, a la vez que seca el sudor de su rostro con el dorso de su mano. Hace mucho que no tenía pesadillas, pero sabe muy bien que cuando las tiene le cuesta muchísimo volverse a dormir. Por esto mismo, sabe que sería inútil seguir deprimiéndose aquí, al menos hasta que la sensación de opresión en su pecho desapareciera.
De este modo, sin tolerar un segundo más su estadía en aquella habitación oscura y solitaria, la médica decide salir a buscar alivio en otro lado de la casa.
Lo primero que hace es tomar su bata bordó de encima de la mesa de noche, colocándosela mientras se mira en el espejo de cuerpo colgado en la pared. Al estar su mente aún nublada por la desagradable experiencia de hace unos minutos, no se detiene a apreciarse a sí misma con la presentable prenda puesta. Le basta y sobra con notar que está correctamente amarrada.
Luego sujeta la llave de la puerta que había quedado metida en la cerradura, y la gira para destrabar el obstáculo de madera en su camino. Por último, se calza unas pantuflas que hacen juego con la bata y sale al pasillo sin ningún rumbo fijo en mente.
Como era ya de esperarse, un silencio espectral reina sobre cada rincón de la mansión. Por suerte para ella, las lámparas colgadas en las paredes de los pasillos le iluminan tenuemente cada paso que da sobre las baldosas. Con la ligereza y discreción de un gato, Sakura avanza por el primer piso hasta que indefectiblemente termina frente a las mismas escaleras que usó para acceder a su dormitorio.
"¿Qué hora será?" Se pregunta al tiempo que decide dar el paso y comenzar a bajar por los escalones.
Al acercarse a la abandonada sala de estar, la insomne invitada divisa un antiguo reloj de péndulo de madera de roble colgado en la pared. Éste marca claramente las tres y cuarto de la madrugada.
Acto seguido, sus ojos contemplan la única fuente de luz que ilumina la gran sala: la chimenea al fondo de la habitación. Las chispeantes brasas que perturban la amenidad de la noche con un armonioso crepitar, le permiten a la kunoichi el vislumbrar las siluetas de los muebles y el decorado circundante a la rústica calefacción. El más cercano de todos es un sofá aterciopelado.
Redirige sus pasos hacia el sofá, y procede a sentarse en él para simplemente posar sus orbes sobre los escasos restos de leña que quedan, y contemplarlos consumirse en el fuego mientras se pierde dentro de sus propios pensamientos.
No obstante, más temprano que tarde, la taciturnidad del momento se ve sutilmente interrumpida por unas livianas pisadas. Por los pasillos de la planta baja deambula el ex Akatsuki observando pinturas, apenas alumbradas por la escasa iluminación que profesan las lámparas en las paredes.
El artista se detiene un segundo, observando una pintura que se halla a un lado de la escalera. Se lo ve tranquilo, totalmente consumido por el arte. Al arribar a la sala siguiendo el rastro de la belleza exhibida en las paredes, no tarda en percatarse de la presencia que impregna el lugar, despegando su atención de las obras para dirigirla a la segunda habitante en la sala de estar.
—Hola, Sakura. ¿Insomne?
Presa de su anterior momento de distracción, la aludida se sobresalta un poco al escuchar el susurro proveniente de atrás del sofá. Gira su cabeza en la dirección de la voz, reconociendo casi al instante a la silenciosa segunda presencia junto a ella.
—Ah, eres tú—Comprueba, relajándose de su anterior sobresalto, para luego retornar nuevamente su atención a la chimenea.
—Como soy insomne, es aburrido fingir que duermo dentro de mi habitación durante toda la noche. Espero que no te moleste que me mueva por estos lares…—Dice con un tono tan casual como la situación lo permite.
—No importa—Contesta sin mayor interés en el tema, cruzándose de brazos para lograr retener algo más de calor—. Yo tampoco tengo nada que hacer ahora, no puedo dormir.
Sasori permanece de pie, estático, detrás del sofá. Conserva el silencio por un momento más, antes de retomar la palabra.
—Me retiraré mañana. Planeaba irme esta tarde, pero caíste de visita e insistieron demasiado en que permanezca una noche más. Mi coartada no me permitió salir tan fácil. No lo hice por llevarte la contra—Prosigue siguiendo el ya implícito protocolo de apaciguar las, más que rutinarias, sospechas y desconfianza de la ninja para con él y sus acciones.
—Dije que no importa—Responde apática al tema, con la mirada perdida en las brasas—No es necesario que des explicaciones. No hiciste nada malo aquí ¿Verdad? Ya déjalo…
—No suenas convencida, pero comprendo la duda—Insiste sin poder dar credibilidad al nulo interés que manifiesta Sakura en seguir desconfiando de él—Nada les pasará. Al menos, nada por parte mía, y cuando las noticias de lo que les pasó a sus secuestradores se corra, pongo en duda que alguien quiera hacerles algo.
— ¡Ya te dije que no estoy dudando de ti!— Espeta la kunoichi elevando ligeramente el tono de su voz, con hartazgo ante la insistencia del marionetista.
—Baja la voz... la niña duerme—Pide con inmutable calma, para luego señalar el sitio de reposo de la joven frente a él con una de sus manos— ¿Puedo?
—Seguro—Accede ella sin mayor ceremonia, demasiado concentrada en sus propios asuntos como para otorgarle trascendencia a éste simple hecho.
Sasori procede a tomar asiento en el sofá junto a ella. El tacto del colchón recibiendo su peso se siente raro... No ejerce la misma presión en la tela que la que una persona común haría, quizá por ser más liviano o por tener su peso distribuido de una manera extraña. Ahora entiende por qué no lo ha visto sentarse cerca de nadie. Notarían que su peso no es como el de una persona normal.
—Entonces, si no estás despierta para vigilarme ¿Por qué estás aquí?
La cuestión, aunque honesta e inofensiva, ofende a la rosada por un momento. ¿Acaso se cree que ella no tiene vida más allá de vigilarlo?
— ¿Acaso te crees que vivo por y para vigilarte?—Musita, mirándolo con irritación por el rabillo del ojo.
Aunque, inmediatamente después de decir esas palabras, cae en cuenta de que sus sospechas no son infundadas. Ella viene dudando del pelirrojo en voz alta desde que lo conoce. Hoy no tenía por qué ser diferente.
El pelirrojo, por su parte, no manifiesta reacción inmediata al regaño proferido. Simplemente se limita a parpadear como si no comprendiese lo que le dicen.
Sakura suspira, llevándose una mano a la sien, sin permitirse a sí misma ser incordiada por otro factor extra al que actualmente la aqueja.
— ¿Tienes ganas de escuchar algo aburrido?—Pregunta con desgano, interrumpiendo el silencio que recientemente se había formado.
— ¿Preguntaría algo si no quisiera oír la respuesta? Además, tienes cara de querer decir algo, conozco esa expresión—Contesta él, una vez más, como si esta conversación fuese lo más casual del mundo.
La situación de hablar en voz baja con Sasori es algo nuevo, pero, a estas alturas, conversar con él ya puede decirse que es algo casi familiar, y a pesar de no estar acostumbrada, la verdad es que en este momento el ansia de sacarse un peso de encima le puede más.
Qué más da. No pierde nada con hablar a estas alturas.
—Tuve una pesadilla… Hace meses que no tenía ninguna, y cuando las tengo, luego no puedo dormir—Cuenta ella sin ninguna emoción en particular a través de su tono de voz, e ignorando a la vez lo peculiar de la situación.
Prácticamente todo el día en sí había sido bizarro, una minucia más no hacía demasiada diferencia…
—Algo me dice que eso no es todo ¿Qué más?
—No terminé… —Espeta la mujer con los dientes apretados, cerrando su puño frente a sí con irritación contenida—. Me recuerdan sobre situaciones bastante difíciles… sobre una persona en particular... aquel que... Bueno...
Ríe por lo bajo con cierto nerviosismo, sin reunir el valor suficiente como para finalizar la frase. No sabe si de repente el calor se le ha subido a causa de la chimenea, o a causa de su propia incomodidad.
—... ¿Aquel que qué?—Atiende Sasori, esforzándose por no permitirle a su raciocinio suponer algo de antemano.
—Alguien muy importante para mí—Finaliza de modo tajante y repentino, negándose a utilizar otras palabras para describirlo frente a Sasori.
— ¿Aquel que se fue con Orochimaru?—Pregunta el marionetista, con tal carencia de tacto, que rompe el hielo sobre el tema sin consideración alguna a su delicadeza.
Sakura se sonríe contra su propia voluntad al oír la frase. Es la primera vez que alguien habla de esa persona con ella sin delicadeza, y a la vez de un modo que no le despierten ganas de reaccionar a la defensiva. Ciertamente, no es ni por asomo algo que hubiera imaginado que ocurriese.
—Sí...pero no recuerdo haberte dicho eso...—Señala aún con cierto recato.
—Atar cabos no es muy difícil...—Explica con parsimonia—Dijiste que se fue, y el equipo con el que me viste por primera vez era muy pequeño... A eso, sumamos la información que tenía Akatsuki sobre el jinchuuriki del Kyubi... No se necesita ser un genio. Hablas del chico Uchiha.
—Sí, con él soñé… —Suspira con un repentino aire derrotista, bajando la mirada a su propio regazo—Y con demasiadas cosas que no me gusta recordar.
El tono de Sakura es decaído, profundo, triste. Es una faceta que el marionetista no recuerda haber visto en ella anteriormentede manera tan pura y abierta, por lo que procesar un modo de acoplarse a ella, que a la vez no resulte chocante, debería ser meditado.
Quizá por eso, Sasori contempla con calma las opciones que se le presentan a responder, antes volver a emplear su tono de voz usual. Un tono no necesariamente desinteresado, pero claramente despegado del pesar que se siente en el hablar de Sakura. A comparación del hablar de la joven, podría decirse que su tono es optimista.
—Me recuerdas a mi ex compañero en cierto aspecto... Sólo que peor.
— ¿Peor? ¿Qué quieres decir?—Parpadea intrigada, volviendo a observarlo, ahora con curiosidad.
El tono de Sasori pareció redirigir la situación, sacándola de su depresivo rumbo, al menos de forma momentánea.
—Él le daba importancia a las pequeñas cosas que vienen y se van, y sólo dejan un montón de humo y destrucción tras ellas, pero al menos él las controlaba. Tú también les das importancia, pero él disfrutaba que se vayan... Tú no.
Finaliza, consiguiendo que la rosada alzase una ceja en total incredulidad ante la comparación.
—Te juro que no los comprendo—Prosigue, manifestando su ignorancia a tema con aún menos tacto que antes— ¿Qué valor tiene algo que no estará allí para ti cuando pase el tiempo?
— ¿Cómo responder eso?—Pregunta ella con sarcasmo, riéndose por lo bajo por lo extraña que le sigue pareciendo la cuestión, y el atípico tono en que es presentada—. No puedo controlar lo que siento por otras personas. Sí, se fue, pero eso no quita que me gustaría que regrese.
—Y a mí me hubiese gustado, en su momento, que mis padres siguieran vivos, pero hay una diferencia: ellos no decidieron irse—Rebate el pelirrojo sin perder el interés en la oportunidad de enriquecer su conocimiento gracias al intercambio de ideas, aunque ajeno a la pulsión emocional latente en el tema.
— ¿Podrías decirme algo que no sepa?—Protesta con el ánimo nuevamente por los suelos, sintiendo a la vez como sus ojos amenazan con humedecerse. Esa respuesta había logrado tener impacto para mal en ella—Trato de cambiar eso, quiero convencerlo de alguna manera o incluso forzarlo a atender a razones si hiciera falta…
La joven intenta defenderse en vano. Aunque, actualmente sus palabras no suenan convincentes comparadas a las de su compañero de charla.
—Hey, está bien. No te pido que me hagas entender tu forma de pensar. Si algo aprendí contigo es que todos, tú y yo incluidos, no podemos creer en algo que no vemos o sentimos. Sólo mira cuánto tardé en convencerte que no soy un asesino. Si algún día entiendo lo que dices, será porque lo experimenté o vi de cerca, y si algún día crees lo que digo, será porque lo ves.
— ¿Cómo puedes creerle a alguien, si primero hace una cosa y luego hace otra? ¿Cuál de las dos acciones es más verídica que la otra?—Interroga Sakura con nueva confusión en sus ideas, apoyando su cabeza contra el respaldar del sofá en un intento de recobrar un poco la compostura.
—No recuerdo haber actuado de manera contradictoria en ningún momento—Asegura sin ver fundamento alguno detrás de las dudas de la kunoichi.
—Tú mismo dijiste que tu voluntad es quebrantable ¿A qué debo creerle entonces? ¿Al hecho de que me hayas intentado matar, o al hecho de que me hayas intentado mantener con vida?—Vuelve a preguntar de un modo aún más directo que el anterior.
—Trabajaba para Akatsuki. Desobedecerlos implicaba mi muerte, ya que todos me perseguirían. En ese momento, proteger mi vida parecía lo correcto.
—Antes matabas sin problemas, y ahora te decides por salvar a unos prisioneros de morir—Prosigue con otro ejemplo, intentando demostrarle a toda costa que su lógica esboza contradicciones por doquier.
—Ya te dije que sólo mato cuando tengo motivos—Se defiende con un dejo de molestia en su voz, cansado de repetirse a sí mismo—Eso no cambió. Puedo hacerlo sin problemas.
—Si tu voluntad es quebrantable, eso también está sujeto al cambio ¿O me equivoco?
—Sí, es posible que cuando me enfrente a mi propia muerte cambie mi pensar, ha ocurrido antes. Les pasa a todos. Casi todos.
—Con casi todos, ¿Te refieres a mí, verdad?—Pregunta pensativa, enarcando una ceja.
—A ti y al señor Kimura.
Sakura parpadea perpleja un momento ante el cambio en sus palabras. Por otro lado, lo ve como la oportunidad perfecta para dejarle en claro un punto que hace tiempo viene ignorando.
— ¿Ves que sí tenía razón? No soy especial por ello.
—No lo entiendo aún. Además, es diferente, creo...—Vuelve a contradecir sin inmutarse—. Digamos que las amenazas a las que él se enfrentó, y las que tú has tenido enfrente tienen distinto calibre.
—Y sobre lo de que no te crea un asesino…—Retoma Sakura—Opino que un asesino despiadado hubiese tenido un trato diferente con esta familia, pero eso de ninguna forma borra tu pasado, y tampoco hace nada para convencerme de que no volverás a actuar como antes. Ayudaste a esta familia, pero eso no quita que has matado a miles.
—Mi comprensión del mundo cambió. No digo que no haya matado a miles, sólo que ya no tengo motivos para hacerlo—Vuelve a rebatir sin perder la calma ni alterar la relativa armonía del ambiente—. Yo guío mis actitudes según lo que comprendo, así como tú por tu sentido de la moral. Si en algún momento tu sentido de moral cambiara, probablemente tus acciones también. Además, si desconfiaras tanto de mí, en estos momentos no estaríamos hablando.
—Supongo...—Responde sin darle demasiada importancia al punto del marionetista, más por orgullo que por desinterés real.
Dirigiendo su mirada nuevamente a la chimenea, Sakura nota, tanto de vista como en su propio cuerpo, como el calor se va extinguiendo segundo a segundo, y con él también la poca luz que ilumina la escena.
— ¿Puedes echarle más leña? Tú debes saber en dónde hay más…—Se dirige a él, cambiando el tema, y tono, de conversación sin previo aviso.
—Seguro.
Sasori se levanta y camina en medio de la oscuridad hasta un arcón del otro lado de la sala. Abre el cofre, y saca dos piezas grandes de leña de su interior. Con cuidado, las posiciona en el fuego de la chimenea con su mano izquierda y, luego de manipular las brasas calientes con ella, vuelve a sentarse. La sensación de su peso entrando y saliendo del sofá sigue siendo anormal para la kunoichi.
—Debe enfriarse un poco, podría quemar algo—Dice alejando la mano del mueble, manteniéndola suspendida en el aire.
—Si corrías riesgo de quemarte, podrías haberme dicho que lo hiciera yo—Resalta con ironía, contemplando lo bizarro de la escena en sí con los brazos cruzados bajo su pecho.
—No me quemo, mi mano se calienta. Sólo debo dejar que se enfríe un poco.
—Como sea, gracias igual—Comenta distraída, pero a los pocos segundos extrañadísima caer en cuenta de la peculiaridad de este encuentro.
Hace retrospectiva, sin recordar cómo habían acabado teniendo esta conversación, ni en qué momento la tensión del ambiente desapareció. Todo esto es demasiado raro, demasiado raro como para ser una conversación, y demasiado raro como para ser una discusión...No consigue encontrarle ningún calificativo que pudiese describir lo que está pasando sin quedarse extenso, o corto.
Quedándose en silencio, cierra sus ojos con más serenidad que antes y respira hondo, exhalando un suspiro, al tiempo que deja caer su espalda nuevamente sobre el respaldar del sofá.
—Dijiste que la voluntad del señor Kimura no se quebrantó. ¿Cómo descubriste eso?—Pregunta de nueva cuenta la insomne rosada, con algo de interés en averiguar bajo qué parámetros el pelirrojo mide las voluntades de cada ser humano con el que se cruza.
—Según el mismo, y según lo que vi, fue por su deseo de proteger a su familia. Así que tu explicación comienza a acumular evidencia a su favor.
—Te lo dije, no es tan raro—Repite. Para ella es algo tan obvio que no comprende por qué Sasori sigue poniendo dicha afirmación en tela de juicio.
—Sólo conozco dos ejemplos, no son suficiente para generalizar—Señala con escepticismo—Aún necesito más datos.
—Eres terco— Acota ella a modo de crítica.
—Meticuloso—Contra argumenta.
—Como sea, me alegro de que la familia parezca estar bien—Se despeja con una sacudida de su cabeza—Me temía que la experiencia les haya afectado demasiado.
—Les afectó. De vez en cuando la niña tiene pesadillas. Lo primero que su madre hizo al llegar aquí es aumentar la seguridad. El Señor Kimura sale a fumar solo, al menos una vez por día. Su esposa me dijo que no lo hacía antes.
—No lo había notado…—Dice la joven con un dejo de preocupación en su mirada.
—Está bien. Ellos siempre procuran mantener las apariencias ante las visitas. No te preocupes por ellos, se tienen como familia. Están mejorando. El rescate llegó a tiempo para evitar verdaderos daños.
—Querrás decir que tú llegaste a tiempo—Corrige con una, ya no tan forzada modestia.
—No, hablo del rescate. Si ellos creyeran que su supervivencia se debió a la casualidad de que un extraño haya ayudado, su confianza en el mundo habría disminuido considerablemente. Haber sido rescatados por un equipo enviado por su familia, les ayuda a vivir con cierto grado de confianza.
—Jamás lo hubiera pensado de esa manera—Vuelve a quedar perpleja ante lo lógico de la conjetura— ¿Cómo se te ocurrió eso?
—Simple. Cuando me uní a Akatsuki, lo hice para tener a alguien que me cubra las espaldas. Pasar mucho tiempo sin confiar en nadie es dañino, puede volverte loco.
Sakura medita un momento las palabras de Sasori. Tienen sentido. Ella no estaría aquí si no fuera porque Sai fue su confidente en los últimos meses.
—Supongo que ahora estoy mejor—Expresa con tanta honestidad como le es posible demostrar en este momento—. Será mejor que ya vuelva a la cama. En la mañana partiremos.
Sakura se pone de pie, caminando unos pasos frente a la chimenea para estirar sus brazos y hombros, con una sensación en ella muy distinta a aquella con la que despertó hace un rato.
—Partiremos de regreso, ¿Eh?—Repite el marionetista casi en un susurro, con la mirada perdida en algún punto de la alfombra, como analizando meticulosamente la frase y agradándose a cada segundo que pasa con el significado que va adquiriendo.
— ¿Alguna queja?—Espeta con cierta desconfianza ante sea lo que sea que el pelirrojo parece estar interpretando de sus palabras.
Al alzar su mirada ámbar para atender nuevamente a su compañera de charla, la intensidad de la luz de las brasas ardiendo se cuelan en el panorama, permitiéndole vislumbrar con la suficiente claridad los detalles de la elegante bata roja que porta la mujer, a la vez que proporcionar una visión generalizada de su silueta, del rosa de su cabello desprolijo, y del contorno de los rasgos de su rostro que no hacen más que complementar la elegancia de la imagen.
—Nada, me llamó la atención el que me incluyeras en la oración—Responde, antes de sonreír de medio lado por un instante—De por cierto, la bata te sienta bien.
— ¿Eh?—Tarda sólo unos segundos en procesar y reaccionar ante lo que acaba de escuchar. Eso no es algo a lo que ella esté acostumbrada. Ese comentario pareció salir de la nada.
—No te pases de listo—Es lo único que la ninja llega a responder, además de fruncir el ceño con ligereza y cruzar los brazos bajo su pecho.
—Solo daba mi opinión, nada más. Es la primera vez que te veo fuera del uniforme. No esperarías que no note el cambio ¿Verdad?
—No te la he pedido—Replica con orgullo, alejándose unos pasos de la chimenea hasta detenerse detrás del sofá, manteniéndose de espaldas al pelirrojo. Ahora, mirarlo a los ojos después de su pequeño comentario la hace sentir incómoda.
—Sólo opinión—Repite el marionetista con cierta apatía, sin darle demasiada importancia a la pequeña escena—Soy un artista. Después de todo no puedo evitar apreciar algo que llama mi atención.
—Suficientes situaciones raras por hoy—Piensa en voz alta, sacudiendo su cabeza en un intento de despejarse de su reciente malestar—Me voy a dormir.
Retorna la marcha, ésta vez para alejarse de esta bochornosa situación, antes de que tenga chances de durar un segundo más.
Sube las escaleras del primer piso a paso acelerado, pero cuidando de no hacer ruido hasta por fin arribar a su habitación, sin reparar en mirar detrás de ella en ningún momento. En serio, habían sido suficientes situaciones raras por hoy.
Una vez que el recorrido por el extenso pasillo se termina, entra en sus aposentos y cierra la puerta tras ella con llave.
Aguarda unos segundos, aún con la espalda pegada a la puerta, tranquilizándose. Recién nota que está sonrojada sólo cuando comienza a sentir como el calor abandona sus mejillas, y cuando su respiración, levemente acelerada, se normaliza en la quietud de la oscuridad.
Ya le había costado asimilar que Sasori no era lo que el libro bingo decía de él, pero este paso… No. Sencillamente no. Acostumbrarse a que Sasori diga esa clase de cosas… No, ni ella ni el mundo estaban tan de cabeza para que eso sea normal.
Sintiendo al sueño volver a apoderarse poco a poco de sus párpados, no tarda en decidirse por volver a guarecerse bajo las sábanas del lecho.
Al acercarse a la cama, pasa frente al espejo de cuerpo colgado en la pared no muy lejos de la misma… Y no puede evitar el impulso, casi inconsciente, de detenerse frente a éste último. Se toma un momento para contemplarse a sí misma en el cristal. Está oscuro, pero la luz de la Luna le permite distinguir lo suficiente su propia figura.
Esa imagen de ella, vestida de esa manera, apenas alumbrada por la luz plateada de la noche, es tan inusual, que por poco no se reconoce a sí misma… y, permitiéndose por unos instantes alimentar su ego…
Sí… se ve bien esta noche.
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Luego del desayuno, ambos se despidieron de la familia y agradecieron la hospitalidad. La niña se veía algo apenada por la partida del Akasuna, quien le calmó diciéndole que algún día pasaría de visita.
Sakura observó la despedida del marionetista, aún sin dejar de notar lo extraño de la relación que consiguió entablar con la familia. Ya no había incredulidad en ella. Sabe que esto es real, pero su mente y su corazón funcionan a diferentes ritmos.
Ambos dejan la estancia juntos, y emprenden el viaje alejándose del portón. Habían rechazado el transporte en carruaje que la familia ofreció a ambos; Sasori porque "Su viaje como monje comenzó a pie, y se realizaría a pie en su totalidad"; Sakura, por su parte, se excusó diciendo que el camino le serviría como entrenamiento.
—Este fue el fin de mi estadía con los Kimura. Pude sacarle provecho, y también, es una despedida entre nosotros—Habla el pelirrojo con cordialidad, una vez que dejaron atrás el pueblo, para adentrarse en la espesura del bosque circundante.
—Por alguna razón, sé que esto es, muy probablemente, otra despedida momentánea—Comenta la rosada con ironía, cuidando la distancia emocional al dirigirse al marionetista.
—Quizá. No planeo acercarme a la aldea, así que no esperaría que nos crucemos pronto.
Sakura logra reunir el suficiente coraje, luego de todo el trayecto, para preguntar algo extraño al renegado de la Arena. Si iba a despedirse de él, no quería hacerlo sin antes saber la respuesta a cierta duda que desde la noche anterior está asechando en su mente.
—Sasori…—Llama de forma enigmática, deteniendo sus pasos casi al instante— ¿No te hubiera gustado quedarte allí? Kyo se había encariñado mucho contigo. Quizás era la oportunidad perfecta de dejar el pasado atrás y comenzar de nuevo.
Sasori se detiene al escuchar la tan particular propuesta, quedándose estático en su sitio, y sin voltear hacia ella.
—No. Es agradable. Lo reconozco, pero es falso. Si permanezco demasiado tiempo allí, seré encontrado, y les pondré en riesgo. Ellos son temporales. No les caería bien si supieran quien soy. Son una buena familia, pero no son mi familia—Responde Sasori, con un tono ligeramente apesadumbrado.
La ninja, que le oye, nota una inflexión en su voz, pero acaba atribuyéndola sólo a su imaginación.
—Te veías tan… tan… humano—Se sincera, con una voz profunda y acongojada—Al principio… Es más, hasta anoche no quería creerlo, pero... Quizás ese es tu lugar en el mundo.
—No lo creo—Niega el pelirrojo, afilando su mirada ante lo que oye—. Disfruté mi estadía, pero... no puedo mentir tanto y llamar a un sitio "mío".
Sakura suspira con cierta frustración ante la negativa. No obstante, toma como meta personal el insistir en la idea, permitiéndose involucrarse de modo más cercano con el caso.
—Escucha, si es por mí… te dije y te vuelvo a decir que no importa. No dudo de que seas bueno con ellos, con Kyo…—Prosigue acercándose al ex Akatsuki para conseguir, al menos, quedar frente a él para conseguir que la mirase cuando le habla—Creo que no sería malo que te quedaras aquí..
—No me estas escuchando—Reprende totalmente serio, alzando la mirada para posarla la idealista muchacha frente a él—Este no es mi sitio. Aprecio a los Kimura, aprecio a Kyo, pero ese no es mi sitio. No puedo permanecer en un mismo sitio. Soy un artista, busco comprender la belleza. No puedo pasar mucho tiempo en un mismo sitio o con las mismas personas. Mi búsqueda nunca se termina.
La aprendiza de la Hokage niega con la cabeza con terquedad.
—Pero aún así te sigues quedando en el país del fuego. ¿Por qué?
—Sólo tengo que buscar un par de cosas cerca de este país. Cuando las tenga conmigo, veré que hacer.
— ¿Y por qué no esperar aquí, junto a ellos? Te vuelvo a repetir que si es por mí…
—No es tu culpa—La interrumpe el marionetista, con un movimiento de su cabeza—. Imagínate si Akatsuki los relaciona conmigo. ¿Crees que podré defenderlos? Tú misma lo dijiste: salvé a tres y maté a miles. Aunque, algunos de los que maté, eran más famosos que otros. Pertenecí a la organización terrorista más grande del mundo. Además, soy capaz de convertir a un humano en una marioneta. Cargo conmigo más drogas que una farmacia. Soy una marioneta que conserva todo su tejido vivo en un paquete del tamaño de un pergamino...
Sasori pausa antes de retomar la palabra, apaciguando la severidad que manifiesta su semblante en estos momentos.
—Ellos no podrían aceptar la verdad sobre mí.
Sakura alza la ceja, incrédula.
— ¿No te importan lo suficiente como para tomar el riesgo?—Hace un último intento por convencerlo.
—Ese modo de pensar es… noble, pero no muy realista—Critica con un cierto dejo de modestia en su voz—Porque me importan, me alejo de ellos. Nada cambiará esa decisión. No puedo defenderlos de mis enemigos, ni hacer que me acepten.
—Bueno… Viéndolo así, quizá ahora sí podamos entendernos un poco mejor—Contempla, con los ojos abiertos de par en par, extrañamente maravillada con lo que acaba de escuchar. Sin querer, perdiendo de este modo el hilo de la conversación anterior.
— ¿A qué te refieres?—Pregunta el marionetista, al contrario de la rosada, sin abandonar la seriedad.
—A tus sentimientos—Responde sin disimular su impresión en su tono de voz.
— ¿Qué tienen?
—Que aún sí puedes sentir—Asevera con una sutil sonrisa de complacencia y satisfacción.
—Dije que sentía algo por mis padres—Parpadea sin comprender a qué se refiere la muchacha—, No que la posibilidad de darle importancia a alguien además de ellos era nula.
—Lo sé, lo sé. Es sólo que me costó admitir que tienes corazón—Dice con crudeza, confiada de que la frase no sería ofensa para el pelirrojo.
—Técnicamente no tengo—Replica con ironía, aunque sin manifestar mayor reacción a lo dicho por la joven.
—Sabes que no me refiero a eso. Aún así, es bueno saber que incluso alguien con tu historia tiene algo rescatable.
—Genial. Ya estaba dudando si tanto decirte que no soy tan monstruo como se dice de mí tenía algún resultado. No puedo culparte por dudar—Responde antes de volver a mover sus pies sobre el césped silvestre para proseguir con el viaje.
Luego de una media hora más de trayecto en silencio, Sasori se dirige nuevamente a su compañera para despedirse.
—Fue bueno compartir viaje, pero acercándonos a zonas pobladas no es bueno que nos vean juntos. Hora de despedirnos.
Fue un hecho sumamente raro el que a la ninja de Konoha se le hubiese hecho tan ameno el recorrido desde que habían abandonado la mansión durante la mañana. De hecho, no notó el tiempo que realmente había transcurrido hasta que la hora de separar caminos había llegado.
—Adiós, entonces—Responde Sakura con anormal naturalidad—No me hagas arrepentirme de esto.
—Y tú sigue viva. Después de todo, esto sería una pena si dejaras de estarlo.
Ahora, Sasori se aleja del sendero que está tomando la kunoichi, y comienza a caminar en dirección al bosque a su alrededor, con rumbo al este.
—Es un trato—Sonríe la joven al contestarle—Mejor así. Además, esto de acostumbrarme a hablarte es raro.
—Mejor así, no me gusta acostumbrarme a aquello que no puedo tener de manera permanente.
Esto fue lo último que Sakura escuchó de él antes de perderlo de vista definitivamente.
Prefirió no darle importancia, ni pensamiento. Como ya había dicho antes: ya tuvo suficiente con la charla de la noche pasada.
Así que, retornando su vista al frente, prosiguió con su propio rumbo.
Sería un largo viaje para volver y, en algún recóndito y escondido rincón de su mente, le pareció un desperdicio despedirse del pelirrojo tan rápido. Por la sencilla razón de que tener que viajar tanto tiempo sola con sus propios pensamientos, sería demasiado aburrido.
Se sorprendió de sí misma al caer en cuenta de lo peculiar de dicho pensamiento que había cruzado por su mente, con la rapidez y espontaneidad de un rayo.
"Bien, creo que ya estoy enloqueciendo completamente." Piensa apenas un poco contrariada consigo misma, mientras se desplaza a gran velocidad sobre las ramas de los árboles.
Sin embargo, cree que es lógico que llegase a pensar algo así, luego de lo que presenció en la mansión Kimura. Nuevamente, su mente madura más rápido que sus sentimientos, y desde que todo esto empezó, sin darse cuenta, comenzó a utilizar ambos aspectos de sí misma.
Después de todo, para bien o para mal, nada de su visita a aquel lugar había salido como lo hubiera esperado.
Sacude su cabeza nuevamente como regañándose, eso es algo bueno. Sasori no había matado ni lastimado a nadie. Es más, ahora está convencida de que, de alguna forma, el recuerdo de los difuntos padres del marionetista despertó sentimientos positivos en él hacia aquella familia.
Aun así, la rareza de la situación no se acaba ahí. Ahora, mucho más curioso y llamativo es el hecho de sorprenderse cada vez más seguido hablando de forma 'civilizada' con un asesino, o bueno... ¿Ex-asesino?
Ya no está segura siquiera de cómo puede o debería calificarlo. Ningún calificativo parece adecuarse ni a él, ni al disparatado vínculo que con él lleva. Antes, él era su informante. Hoy… mejor dejarlo en nada. Definirle es en sí mismo demasiado difícil y cansino.
Ni modo, deberá conformarse con llamarlo simplemente por su nombre a secas.
