Funcionar
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Sasori resultó ser bastante eficiente en lo que a desaparición de cadáveres se refiere. A estas alturas, esto no debería ser un motivo de sorpresa para la ninja de la Hoja.
Se encargó de que el cuerpo fuera enterrado unos cientos de metros lejos de donde lo hallaron. También se encargó de que la tierra que entró en contacto con la sangre fuese removida, junto con cualquier otra evidencia que denotase el que algo anormal haya ocurrido allí.
Luego de que ambos ninjas finalmente coincidieron en que nada allí representaba un riesgo, procedieron a encender una flama que hiciera desaparecer la escena del crimen para siempre.
Un incendio, aunque llamaría la atención de los locales, sería la mejor manera de asegurar que ninguna evidencia pueda recuperarse. Además, habiendo tomado la precaución de podar el pastizal que rodeaba la construcción, no deberían preocuparse de que el fuego se propagase por el bosque hasta el punto de poner en peligro a la gente del poblado.
Tras encender el fuego, extendieron su estadía en el perímetro por un poco más de tiempo sólo para asegurarse que éste comenzase a actuar de manera autónoma, sin apagarse en el proceso.
Un rato más tarde, ya están lo suficientemente lejos de aquel sitio, como para ya no percibir más el olor del humo y madera quemada en el ambiente circundante.
Trabajar con Sasori en esto es casi surrealista. No por cuán extraño es, sino por cuán familiar.
No obstante, la mujer se enfoca en su tarea, y, a su vez, el marionetista hace lo propio con la suya. Ambos, profesionales en su trabajo, apenas intercambian palabras en lo poco que llevan de viaje. No hay necesidad de apelar al diálogo cuando ambos saben muy bien, y de sobra, qué es lo que debe hacerse.
A ojos de Sakura, la situación se viene desenvolviendo de la misma manera en que hubiera ocurrido si, en vez de Sasori, hubiese tenido a su lado a cualquiera de sus compatriotas.
—Mis disculpas por atacar a tu compañero—Habla el marionetista, una vez que ya se han desplazado un trecho más que considerable desde el punto de partida—. No lo habría hecho de saber con quién trataba. Debes entender que no puedo dejar de ser precavido en mi condición.
—Descuida, lo entiendo—Responde Sakura con parsimonia, sin detener el ritmo de sus saltos sobre las ramas de los árboles—.Dadas las circunstancias, creo que todos nos comportamos bastante bien. Gracias.
—No hay que agradecer. Prefiero dejar mi lado menos civilizado para el combate.
—Parece que vas entendiendo...—Agrega con una sutil sonrisa de satisfacción, ignorando la posibilidad de que quizá es ella quien comienza a entender las actitudes del Akasuna.
Luego de que dos horas más de viaje transcurren, los signos del cansancio en la kunoichi toman forma de ojeras, que comienzan a hacerse cada vez más visibles y notorias, bajo sus verdes ojos, a cada oportunidad en la que la luna impacta sobre ella en el ángulo correcto.
—Viajaste todo el día—Rompe el silencio sin demasiados miramientos o preámbulos, llamando la atención de su agotada compañera a su lado—. Sentemos campamento. Viajaremos más rápido si descansas.
—Aún no tengo sueño. Puedo seguir un rato más—Replica defendiendo su orgullo, sin reparar en las fracciones de segundo que le tomó formular esa respuesta.
—No es un argumento sobre necesidad, es un argumento sobre eficiencia—Señala haciendo caso omiso a la objeción, a base de pura lógica—. Yo no necesito sueño, tú sí. Eres medico, así que debes saber la importancia del sueño. Yo hago guardia.
Una vez que descienden al suelo, se dedican a deambular entre la vegetación para encontrar el sitio adecuado en el cual asentarse por el resto de la noche.
Sakura no tarda en elegir el que cree que es el lugar más óptimo para descansar: a los pies de un grueso árbol, que cubre del viento la suficiente área como para crear una pequeña fogata sin riesgo de incendios. La luz que emita el combustible, mientras dure, también le serviría como un despertador cuando ésta se extinguiese por la mañana.
Sasori se enfoca en conseguir lo necesario para encender una hoguera que ayudase a palear las bajas temperaturas de la noche. Mientras tanto, a unos pasos de distancia, Sakura se entretiene en preparar su sitio de descanso.
—No es necesario que hagas guardia toda la noche. Podríamos turnárnoslas. Además, ya te dije que no estoy tan cansada—Espeta una vez más, sin sacar de su mente los acntecimientos de un rato atrás, intentando, quizá en vano, ser quien dirija las acciones del improvisado "equipo".
Mientras tanto, desempaca una bolsa de dormir morada doblada de su mochila.
—Piénsalo un minuto. Yo no necesito descanso. Turnarnos es un desperdicio de tu energía—Refuta sin inmutarse, ni distraerse en su labor de hacer que la pila de leños frente a él comiencen a chispear y crepitar.
—Se llama trabajo en equipo. Ahora somos uno ¿Verdad? Dividamos el trabajo—Prosigue Sakura con testarudez, negándose a dar su brazo a torcer—. Además, nuestras diferencias en fisiología no me hacen inferior a la hora de hacer guardia.
—Se llama trabajo en equipo. Las fortalezas y debilidades de cada miembro deben ser tomadas en cuenta al tomar decisiones. Y sí. Por no tener necesidad de dormir, mis capacidades son superiores en lo que a eso respecta—Retruca por última vez, sin modestia alguna.
Jaque mate.
Sakura lo mira, molesta y sin palabras, manteniendo el ceño fruncido. No obstante, sólo atina a dejar escapar un hondo suspiro que sirva para descargar su mal humor.
—En 6 horas partiremos de nuevo… ¿Alguna objeción?—Pregunta sin emoción en su voz, ganándose por fin la mirada del ajeno pelirrojo a frente a la fogata, ahora encendida.
—Ninguna. Recupera energía y volveremos a vernos cuando despiertes. Hasta el amanecer—Se despide el marionetista, contando el contacto visual para ponerse de pie y alejarse a favor de rehuirle a la luz rojiza del fuego, para apostarse en la penumbra de otro árbol cercano al campamento.
—Sí...te diría buenas noches pero...no duermes—Acota en medio de un bostezo, devolviendo la carencia de tacto.
Ahora, sin más palabras en su boca, la ninja de Konoha se escabulle dentro de la bolsa de dormir, para finalmente poder adquirir algo de sueño luego de todo el desgaste físico que el día le ha exigido a su cuerpo.
—Aún puedes decirlo—Habla Sasori de improviso, desde algún punto oscuro cercano a la joven. Pero ésta tiene demasiado sueño como para abrir los ojos e identificar de dónde le está hablando—. No tengo sueño, pero sí tengo noche. Por mi parte, que tu sueño te sea de provecho.
—En ese caso, supongo que buenas noches—Responde en un susurro, demasiado cansada como para que su mente procese que esta es una de esas primeras veces en las que, bajo circunstancias comunes, se reprendería por permitir: dormir confiándole su seguridad a nadie menos que a él.
Pero ya habría tiempo para esos pensamientos por la mañana siguiente. En este momento, la muchacha funciona casi totalmente bajo instinto, y su instinto le demanda dormir.
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Luego de un pacífico rato de permanecer resguardado sobre las ramas más bajas del árbol adjunto al de la kunoichi, Sasori, presa quizá del aburrimiento, desciende al suelo. Sin pensarlo demasiado, y con la debida cautela, pasa a tomar asiento a un costado de Sakura.
Ahora, iluminado por la luz rojiza de las brasas que crepitan y centellean frente a ellos, mantiene la mirada fija en las llamas, con su mano hábil atenta a los hilos que tendió en el área circundante cuando estaba cortando leña para crear la fogata.
Cada tanto, juega haciendo levitar un kunai con su mano libre. No parece hacerlo con consciencia. Más bien es un reflejo producto de, como todo maestro en su materia, estar acostumbrado a mantener sus dedos en ejercicio.
Se queda allí, estático, pensando... Pensando en lo que hará con la organización una vez que los encuentre, y, a decir verdad... También se halla pensando en ella.
Ahora que lo piensa, es la primera vez que la ve dormir sin el efecto de sedantes o heridas de combate. Después de todo, las primeras impresiones son de dejar una huella en la mente de alguien. Aún así, se ve bien. A pesar de que poco sea lo que puede apreciar por el ángulo, y por estar la kunoichi cubierta por abrigos.
Otra cosa que le parece rara, es que hoy la vio sonreír un par de veces. También la vio relacionarse con ese muchacho de su aldea, Sai. Se sorprendió de ver que ella encontró a alguien que le ayudase a traficar la información, alguien en quien confiarle la situación en la que se encontró durante los últimos meses, alguien que no la considere una traidora. Es bueno saber que la joven, que duerme a unos pasos de él, tiene recursos y contactos para sostenerse.
En fin, estos serán unos días interesantes. Están obligados a trabajar juntos hasta cumplir sus objetivos, y esta vez fue idea y proposición de ella. Hay que admitir que cuando ella le sugirió una cooperación no se lo vio venir, pero él nunca niega una situación de ganancia neta cuando se le presenta.
Invariable al transcurrir del tiempo, allí permanece el marionetista, observando la nada, y pensando en quién sabe qué, con el mismo rostro y con el mismo insomnio antinatural que todas las noches desde hace años. Superó el envejecimiento hace tiempo, junto con el sueño, junto con el hambre... y en su lugar apareció el aburrimiento.
Hablando de sueño, parece que, a diferencia de la última vez, el de la joven de Konoha no está siendo perturbado actualmente por pesadillas. Al menos, no muestra signos externos de estas. Quizá sea por el cansancio físico que le implicó el llegar al encuentro con su contacto… y el de enterrar su cadáver. O quizá, algo en su mente cambió.
La verdad es que Sasori no comprende el sueño. Ya sea porque nunca le interesó, o porque, desde el cambio al que se sometió, ya ni siquiera recuerda lo que es permitirle a su subconsciente el camino libre para que actuase en su mente.
En teoría, para él debería ser posible el volver a dormir. Su técnica debería ser lo suficientemente flexible como para permitir esa situación, pero francamente no encuentra el sentido en dormir sin sueño.
Y sin más altercados, el resto de la noche transcurrió, y con ésta también el sueño de la muchacha.
Para cuando Sakura finalmente recobró el conocimiento, las seis horas pactadas ya se habían consumido.
Ahora, vuelve en sí lentamente, a medida que se revuelve dentro del improvisado lecho para estirarse y desperezarse.
—Buenos días.
Se sobresalta al oír la voz seca de Sasori como primer sonido de la mañana. Al menos, ésta consigue el efecto secundario de espabilarla a causa de la sorpresa.
—Sasori, cierto—Se incorpora con la espalda erguida, recuperándose de la pequeña conmoción—. Perdón por la reacción. La situación es insólita.
Al haber recuperado el pleno uso de sus sentidos, comprueba que la hoguera delante de ella está ahora apagada, y que el Sol está apenas ascendiendo en el horizonte, dejando el panorama aún teñido en suaves matices azulados.
—Imagino que cargas contigo algo que comer. A menos que seas afín a cazar tu desayuno, te aconsejo alimentarte antes de continuar—Sugiere, sin levantarse del sitio en el que amaneció meditando.
—Eso iba a hacerlo por mí misma, sin necesidad de que lo dijeras—Espeta antes de ponerse de pie.
La ninja se dispone a recoger su bolsa de dormir del suelo, y, tras sacudirla un poco, la dobla con delicadeza para guardarla nuevamente dentro de su equipaje, apoyado entre las raíces del árbol detrás suyo. Luego, saca de éste un recipiente de plástico con comida empacada dentro.
Sin perder la cortesía, inculcada por sus padres, se da la vuelta. Acercándose a su compañero de viaje con una manzana en su mano libre, le extiende el objeto rojo delante de los ojos.
No obstante, el pelirrojo sólo reacciona ante el gesto contemplándola en silencio, desde su lugar en el suelo, con una ceja alzada en incredulidad.
Es entonces cuando Sakura recuerda quién es su compañero, sintiéndose sumamente estúpida.
—Ah...—Musita manteniendo su mirada posada sobre su propia mano, quedándose estática.
—Es una mala costumbre que adquirí con mi último compañero. Era tan desorganizado con sus horarios, que era capaz de olvidarse de respirar...—Pronuncia el ninja renegado con cordialidad. En una ineptitud social propia de él, no le fue difícil el malinterpretar el lenguaje corporal de la kunoichi—. Cambiaré ese hábito. Mil disculpas.
Sakura se despeja con una sacudida de su cabeza.
—Perdón, es que tengo el hábito de compartir mi alimento con mis compañeros. Me olvidé que tú no comes.
—Está bien—Agradece sin perder la formalidad—. Te agradezco el gesto, pero sólo necesito un poco de agua cada tanto para seguir funcionando.
Un instante después, el pelirrojo ya tiene a la muchacha extendiéndole otro objeto frente a los ojos. Esta vez se trata de una cantimplora.
—Ten. Supongo que también deberías alimentarte, o hacer mantenimiento. ¿Consejo de médico?—Ofrece, por demás extrañada por el peculiar organismo del shinobi frente a ella.
—No creo que comprendas cómo funciona mi cuerpo, más allá de toda la medicina que practiques, pero tomaré tu consejo.
Él acepta el gesto, tomando la cantimplora con una mano, y vertiendo su contenido sobre la palma de la otra. Luego, cuela ésta última bajo su ropa, hasta tocar su núcleo con ella, usándola para sobar y masajear el tejido de manera casi imperceptible.
— ¿Quién sabe? Podría hacerte una autopsia algún día para estudiar a profundidad como funcionas—Bromea con buen humor, recargando su espalda contra el tronco tras ellos. Mentras tanto, procede a adueñarse de la manzana en sus manos, degustándola en pequeños mordiscos.
—No planeo morir en mucho tiempo. Si tanto te interesa, algún día te explicaré—Prosigue la conversación, aunque sin demasiado interés en ella—. Quién sabe, quizá a otros les guste la idea de ser marionetas. No me atrevería a negarle a alguien el seguir mis pasos, si comparte mis deseos.
—Eh... La verdad que paso. Me gusta tener sentidos, me gusta comer, dormir y sentir el suelo bajo mis pies—Niega tras haber pensando por un sólo segundo en las escabrosas opciones.
Luego del desayuno, recogen sus cosas, y se preparan para reanudar el viaje.
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Otra buena cantidad de horas pasan sin que los ninjas intercambien palabras. Sin embargo, cerca ya del mediodía, y luego de que el silencio se le comenzase a antojar aburrido y pesado a la joven de Konoha, se decide por iniciar una nueva conversación.
—Si bien dije que jamás sería como tú, aun así admito que me da cierta curiosidad. Más que nada porque mientras más te veo, más imposible me parece que puedas existir sólo como un núcleo de tejido humano—Se sincera, sin dejar de avanzar a ritmo uniforme sobre las ramas—. Así que tomaré tu oferta de hoy en la mañana ¿Cómo funcionas?
—La pregunta correcta sería cómo vivo, pero no me molesta responder. Me tomaré la libertad de saltearme los detalles desagradables.
—Por mi está bien—Responde Sakura con genuino interés.
Seguro, este sujeto es biológicamente un monstruo, pero también es una anomalía extrema. Al menos, en lo que a jutsus y fisiología se refiere. El aspecto científico en ella no puede hacer otra cosa que preguntarse cómo cuernos funciona.
—Imagino que conoces sobre el flujo natural de chakra en un individuo común.
—Por supuesto…—Intenta evitar tomar como ofensa a una pregunta tan básica.
—Bueno, también sabes que no todos los caminos de chakra son necesarios para mantener a un individuo vivo. Por eso, se pueden suprimir ciertos canales para inmovilizar a alguien, sin causar daño letal. En base a esos conocimientos, sabemos a dónde apuntar nuestros proyectiles, o dónde golpear para inutilizar a alguien sin matarlo—Explica sin despegar su mirada ámbar del interminable bosque frente a sí. No obstante, no puede negar que la esporádica charla logró captar parte de su atención—. Bajo ese concepto, comencé a investigar cuánto se puede jugar con el flujo de chakra sin perder la vida.
—Aún así ¿Cómo pueden tus células no perecer por carencia de oxígeno, glucosa, esteroides o lípidos? ¿Cómo puedes mantener la vista y el oído, si no posees oídos o globos oculares? ¿Cómo no se te agota el chakra, siendo que es tan poco el tejido que debe generarlo?—Interroga aún desconcertada por la vaga información de la que actualmente dispone.
—Y es ahí cuando debes entrar a teorías ya conocidas, observándolas desde otro ángulo—Señala con perspicacia, casi hablando como si fuese un maestro dando una clase a una estudiante—. Permíteme explicarte. Los marionetistas, más que ningún otro tipo de ninja, somos expertos en maniobrar el chakra como una extensión, o una parte, de nuestro ser, porque eso es a fin de cuentas. El chakra es tan parte de tu cuerpo, como lo son tus manos. Muchos ninjas piensan en el chakra como una herramienta, y la usan para controlar los elementos o incrementar las capacidades de sus cuerpos. Nosotros materializamos nuestro chakra, pero no en elementos, ni en nuestros cuerpos, sino en hilos. Hilos que no están compuestos de ningún elemento. Hilos que no tienen la composición de nuestros cuerpos, pero aun así, son parte nosotros.
La joven se queda callada, escuchando absorta la explicación. Aunque esté del lado de la biología, todavía le resulta difícil de comprender incluso desde la lógica. El chakra, como fenómeno, aún está lejos de ser comprendido con total transparencia por el mundo ninja.
Descontando las innumerables leyendas que narran el origen de éste, existen muchos métodos, certeros e indiscutidos, de cómo controlar el chakra, pero hay muy pocas teorías aceptadas sobre su origen, o de lo que es. Sin embargo, si lo que Sasori le dice no fuera cierto, éste no existiría como tal.
—Luego, debes comparar con otras artes ninja. El manejo del taijutsu es el claro ejemplo de lo que ocurre al usar chakra sin aplicarlo a elementos. Mientras más puertas de chakra puedas mantener abiertas, más habilidades otorgas a tu cuerpo, y en consecuencia, más lo hieres. Tú lo debes sentir al usar tu fortaleza por tiempos prolongados. Por otro lado, algunos artistas pueden abrir sus puertas de chakra accediendo a poderes increíbles. Todo al costo de la destrucción de sus cuerpos en distinta medida.
—Bueno, en eso sí creo que congenio. Sé de algunos ninjas en mi aldea que se especializan en esas artes—Coincide con el nuevo razonamiento, mientras en su mente aparecen las extravagantes imágenes de Rock Lee y su maestro Might Guy.
—Si prestas atención a esa clase de técnicas, notarás que abrir las puertas de chakra no es letal, pero la incapacidad de cerrarlas, antes de que el daño sea extensivo, sí lo es. El cuerpo no está diseñado para sostener la presión del chakra de ese modo. Abrir una puerta de chakra puede dañar al cuerpo, de tal manera que éste sea incapaz de cerrarla. No obstante, si encuentras una manera de utilizar el chakra que las puertas abiertas emiten, de manera tal que no dañe el cuerpo, entonces no necesitarías cerrarlas jamás.
—Veo. Tiene algo de sentido—Reconoce la kunoichi—. Pero, ¿Cómo llegas, desde la liberación del chakra, a la transformación a la que te sometiste?
—Paciencia, ya verás a lo que me refiero—Retiene la intriga por un instante, en el que sólo se oyen los sonidos de sus saltos sobre las ramas de los árboles—. En principio, si no cierras las puertas de chakra, tu cuerpo terminará por destruirse. No obstante, para un marionetista de determinado nivel es posible canalizar ese chakra en hilo, evitando el daño siempre que pueda conservar su técnica manteniendo el chakra fuera de su cuerpo. Para mí, el chakra es mi cuerpo, y cada hilo que creo es parte de mí. Tengo a mi disposición todo el chakra que existe en mí, y es cuestión de utilizarlo de manera correcta. Y la manera correcta es una técnica de clonación.
— ¿Una técnica de clonación? —Repite con escepticismo, pero no menos interés—.Vamos, eso no es para nada extraño en este mundo. Tiene que haber más que eso.
—Y lo hay. Piensa en las técnicas de clonación, que quizá sean las más complicadas del mundo ninja, pero son complicadas por buena razón. Se tratan básicaamente de transformar un elemento en humano con la ayuda de tu propio chakra, o, al menos, en la copia más fidedigna de un humano que sea posible. Ahora, piénsalo un momento: si es posible convertir elementos en un humano, también debería ser posible hacer el camino inverso.
—Marionetas humanas—Se adelanta Sakura, comenzando a comprender la lógica de la que proviene el discurso.
—Así comencé—Prosigue Sasori, sin negar la conjetura—. Hasta que finalmente llevé a cabo el proceso conmigo mismo. Fui experimentando, convirtiendo cada vez más porciones de mi cuerpo en marioneta, acercándome cada vez más a la mínima porción de material biológico que fuera necesaria conservar para mantenerme con vida. Y al llegar a ese mínimo, lo que quedó de mi cuerpo no pudo mantener cerradas las puertas de chakra. Aunque las consecuencias no consiguieron acabar con mis células restantes, me he visto obligado a mantener siempre mi chakra en forma de hilo, e invertirlo en mi auto sustento.
— ¿A qué te refieres?—Sakura no comprendió esta última declaración.
—A las proteínas, lípidos y glucosa a las que te referías—Aclara Sasori, retornando al punto que había desencadenado la conversación—. Sí, transformar elementos es algo que requiere una cantidad enorme de chakra, pero mis puertas están constantemente expulsando todo el chakra que les es posible expulsar en proporción al diminuto tamaño de mi actual tejido vivo. Mientras lo utilice para mantener mi "cuerpo" en condiciones, todo el resto de mi es, en esencia, un clon creado en base a una marioneta. Así como una técnica de clonación puede convertir un elemento en humano, yo puedo convertir una marioneta en un cuerpo lo suficientemente eficiente para mantener lo que queda de mí con vida.
La ninja de Konoha atiende en silencio, pensando que lo que oye es tan descabellado, que no hay manera de que haya sido posible para alguien el tergiversar la naturaleza hasta ese punto. No obstante, luego recuerda en qué clase de mundo está viviendo, y el hecho de que la ambición de poder, y conocimiento, ya ha logrado muchas cosas del estilo antes. El estómago se le revuelve cuando recuerda al mejor ejemplo que conoce, y que ilustra esta realidad: Orochimaru.
—Así que puedo otorgar a cada parte de mi cuerpo las cualidades biológicas que necesite; como la elasticidad de mi rostro; la agilidad requerida para que mi lengua me permita hablar; suficiente tacto en mis dedos como para manejar una marioneta; además de visión, y audición. Si un clon puede tener todas estas características, yo también. El proceso de cambio fue... delicado—Admite con sutileza, mas sin arrepentimiento alguno por el resultado final de su ambiciosa experimentación—. No creo poder explicarte cómo fue, o cómo se siente. Ya no tengo un cuerpo, sólo un núcleo e hilos de chakra, que son parte de mí.
—Ya veo...—Responde la rosada con una voz ausente, asimilando poco a poco todo lo que acaba de oír.
—Claro que aún poseo sensibilidad en el núcleo—Prosigue con cierto orgullo—. Al fin y al cabo, éste contiene las puertas de chakra abiertas. Su necesidad de agua es más por una cuestión de facilidad en la expulsión de chakra.
En una curiosidad cada vez más latente, la kunoichi intenta imaginar los detalles que el marionetista dejó de lado por el bien de mantener la conversación acotada. El nivel de precisión con el que debió ser necesario influir en su propio cuerpo, el nivel de precisión con el que actualmente le da vida a su cuerpo actual, el nivel de conocimiento de anatomía, y biología, como para emular la vida en tal nivel no es sólo conocimiento teórico. Éste último puede adquirirse por medio de estudios médicos. En cambio, se trata del nivel de comprensión personal de la biología, al punto de poder ingeniárselas para replicar un ojo funcional de manera permanente.
Esta conversación con él le acaba de dar un nuevo aprecio por las técnicas de clonación, pero no le quita las ganas de preguntar el resto de sus dudas, por morbosas que sean.
—Entonces, en realidad nunca tienes necesidad de ingerir alimentos—Deduce sin mucha expectativa, esperando que el ex Akatsuki no negara su afirmación.
—No. No tengo necesidad de ingresar nutrientes a mi organismo—Responde estoico.
—Y no tienes necesidad de dormir.
—Mi núcleo contiene todo tipo de células, y, en circunstancias normales, sentirían agotamiento, pero el constante flujo de chakra al que son sometidas no es precisamente una circunstancia usual.
— ¿Respirar?
—Tampoco, no tengo pulmones.
— ¿Puedes percibir olores?— Pregunta intuyendo nuevamente la respuesta de antemano.
—Sí.
La manera automática en la que respondió las ultimas preguntas le resulta llamativa a Sakura. De repente, se pregunta por cuánto tiempo podrá preguntarle cosas hasta que se agote, o se dé cuenta que le están tomando el pelo.
— ¿Y jamás te agotas?
—No siento agotamiento, aunque mi energía no es ilimitada—Responde el renegado, todavía sin reconocer que su compañera está buscando molestarle.
—Este…— Balbucea la kunoichi, pensando en más preguntas que hacerle.
— ¿Tienes otra pregunta?
La seriedad, con la que el pelirrojo dice esto último, es como si pidiese a gritos que siguiese bromeando con él.
— ¿Beber?
—Es necesario mantener cierto grado de hidratación para facilitar el flujo del chakra—Sigue contestando de una manera tan automática que casi resulta graciosa.
— ¿Transpirar?—Prosigue Sakura, a estas alturas ya jugando con la paciencia del marionetista.
—No. No me sobrecaliento.
— ¿Orinar?—Pregunta, con la exclusiva intención de llevar el tema a un ridículo tal, que Sasori se viese obligado a dejar de lado su usual tono.
—No. Ninguna materia ingresa a un cuerpo que no existe, así que ninguna necesita salir.
La simple estupidez de la pregunta, combinadas con la seriedad, y estoico tono de la respuesta son tan absurdamente contrastantes que la joven tiene que hacer grandes esfuerzos para contener la risa.
No obstante, estos no tardaron en fracasar.
Ella comienza a reír de la situación, con una risa honesta, casi una carcajada. La situación ya es demasiado para ella.
En la distracción del momento, por poco tropieza con una rama, que por suerte logra esquivar. El hecho de que casi caiga a causa de su propia risa, sólo acentúa el ridículo en el que se encuentra, y se ve forzada a detenerse y tomar aire para recobrar la compostura.
Sasori se detiene una rama por delante de ella, y la contempla carcajearse, sin mover una sola articulación, con una cara que sutilmente expresa el hecho de que recién cae en cuenta de que la mujer sólo le está tomando el pelo.
Sakura vuelve a reír al ver la expresión de incredulidad de su compañero de misión.
—Luego te devolveré la pregunta embarazosa—Reacciona a la risa, sin variar la apatía de su voz.
—Disculpa... —Se lamenta ladeando el rostro, tapándose la boca con una mano para ayudar a contener y aplacar la risa—Juro que no fue adrede... Bueno, sí lo fue.
Se reprende internamente por comportarse de una forma así de infantil en medio de una misión, pero, para su mala suerte, pierde la compostura de nuevo, y, en consecuencia, vuelve a reír. Aunque ya ni sabe por qué.
—Es justo que en el futuro me perdones una risa—Es lo único que pronuncia el marionetista, sin perder la elegancia—. ¿Seguimos viaje?
Sakura da su consentimiento con un movimiento de su cabeza, y, en lo que logra recobrar finalmente la compostura, ambos retoman el camino sin volver a mediar diálogo por otro largo rato.
No obstante, durante el transcurso del día, la mujer recuerda cada tanto la conversación, y reacciona siempre riéndose en voz baja.
Si se detiene a pensarlo con detenimiento, es estúpido cuánto le afecta. Sabe que esto es infantil, y que es más bajo e insípido que el nivel de humor de su amiga Ino, pero el hecho de que la broma sea sobre una figura usualmente intimidante es nada menos que hilarante para ella.
Casi parece como si la ilusión se hubiese roto, como si toda el aura de amenaza y respeto que suele emanar Sasori, tanto a sus enemigos como a sus aliados, se desvaneciera en la mente de la joven al reírse de él. Finalmente él bajó a su nivel, y de una manera muy poco ortodoxa para ser quien es.
Por otro lado, Sasori intenta mantener su mente enfocada en cosas más importantes, pero no puede evitar, de vez en cuando, notar los inconstantes ataques de risa mal disimulada de su acompañante.
Unas horas antes de que el Sol comenzase a desaparecer del cielo, ella rompe la armonía de sus cavilaciones para ponerse a su altura y dirigirle la palabra por primera vez desde el altercado del mediodía.
—Oye… —Llama, con un tono que el marionetista interpreta como arrepentimiento.
No tarda en deducir lo que saldrá de su boca, por lo que adelanta su respuesta sin expectativa alguna en la oratoria de la muchacha.
—Está bien, tendré mi turno de preguntar algo embarazoso—Responde sin emoción en su porte, mas con verdadera intención de devolver el favor en un futuro.
Aunque no lo parezca, Sasori nunca se consideró a sí mismo la gran cosa, ni se tuvo en más estima de la que le corresponde. Es algo natural el conocer tu lugar en la cadena alimenticia, cuando has tenido monstruos y dioses por compañeros.
No le molesta que rían de él, pero después de que esta circunstancia haya estado resonando en sus oídos a lo largo de todo el día, ya es necesario que la jovencita frente a él aprenda que dos pueden jugar el mismo juego.
—No objetaré al respecto—Accede sin negar las palabras del ninja renegado, con una recién nacida sonrisa de condescendencia en sus labios—.Creo que tienes todo el derecho a incomodarme algo igual de estúpido a modo de venganza.
—Tomaré tus palabras en cuenta para cuando tenga que satisfacer mi curiosidad—Contesta con un discreto, y casi imperceptible, brillo de entusiasmo en los ojos.
—Pues, pregunta. Anda...Si no, me sentiré culpable el resto de la noche—Pide en un gesto inusualmente modesto.
—No. Será cuando se me ocurra—Niega para dejar el tema por el momento, volviendo su atención a sus propios pensamientos.
—B-bueno...—Susurra Sakura bajando la mirada, sintiendo a la risa volver como si fuera un resfriado mal cuidado.
Este será un largo, largo viaje...
