Bajo la lluvia.


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El primer tramo del viaje se toma un par de días, y todo aparenta que el resto demoraría aún más. Con el tiempo, Sakura se acostumbra cada vez más a la presencia de Sasori, o quizá ya lo había hecho antes sin darse cuenta.

Por órdenes de la Hokage se ven obligados a tomar un camino alterno a su destino. Está claro que tardarían más operando bajo esta estrategia, pero alejarse de las zonas pobladas y caminos principales es vital para evitar que, en lo que demoran en llegar al sitio, algún espía de otra aldea identifique el lugar del que provienen, o los siga. Tsunade incluso le había sugerido a la joven que perdiese un día de viaje, en moverse en un gran círculo, sólo para despistar posibles espías.

Sakura se viene tomando en serio lo de mantenerse en incógnito, demorando la fecha de llegada lo necesario para asegurarse de que nadie pueda identificar el motivo de su viaje, y limitándose a visitar las zonas pobladas sólo en casos de necesidad. Si otras aldeas se enterasen de que Konoha está planeando sabotear un potencial producto del mercado armamentístico, podría darse paso a un incidente internacional.

Por parte de Sasori, él disfruta hasta cierto punto de no tener que pasar todo el tiempo solo. Después de todo, es mejor una conversación poco relevante a ninguna. Por lo que encuentra entretenida la compañía de la ninja de la Hoja. Quizá no pueda hablar con ella del arte, como con Deidara, pero ciertamente ella ríe y conversa más que él. Esto último también le lleva a recordar que ya encontraría su turno para reírse.

Ahora, otro día más de viaje está llegando a su fin. Sakura alza la mirada y observa una densa capa de nubes grises invadiendo el cielo, que apenas dejan pasar los rayos del Sol. Un viento frío recorre el espacio entre el follaje y las ramas de los árboles por las que los ninjas se desplazan, advirtiéndoles silenciosamente que en esta noche la temperatura no se contendría con ellos.

—Deberíamos parar—sugiere la muchacha a su compañero de viaje, tiritando de frío pese a la capa larga y cerrada que ostenta por abrigo para sobrellevar la impiedad del clima.

Él detiene su paso en respuesta, para luego descender al suelo sin pronunciar palabra.

— ¿Busco leña?—pregunta Sasori una vez que Sakura está a la misma altura, desencajando su brazo para revelar el filo oculto dentro de su extremidad.

—Por favor—accede sin mayor ceremonia, mientras ella se enfoca en lo propio, comenzando a buscar un sitio propicio en donde armar una fogata—. Busca una buena cantidad. Esta noche amenaza con ser verdaderamente fría. En estos momentos, creo que envidio el que el frío no te afecte.

—Volveré con la madera en unos quince minutos, más o menos—indica Sasori señalando a su actual posición, al lado de las raíces de un árbol caído y a medio descomponer—. Cuando encuentres un sitio para acampar, regresa aquí.

Pasado el tiempo pactado, el pelirrojo reaparece entre la oscuridad creciente del bosque, haciendo flotar a su lado dos manojos de madera seca con ayuda de sus hilos.

—Encontré un árbol seco. Durará más que la noche pasada, y debería encender con facilidad.

—Bien. Yo encontré un pequeño claro no muy lejos de aqui, No está demasiado protegido de la brisa, pero tú no sientes frio, y a mí una manta extra me bastará para sobrevivir a esta noche—explica Sakura con los hombros encogidos y el rostro congestionado por el frío, que no hace más que acrecentarse a cada minuto que pasa—. Además, tendremos la ventaja de ver 360 grados a nuestro alrededor.

El marionetista, incapaz de percibir la baja temperatura del ambiente del mismo modo que ella, la sigue entre el follaje y a contra viento, al lugar del que ella habla.

Una vez apostados en el campamento, la joven prepara el sitio en el que dormirá, al mismo tiempo que Sasori organiza la leña y prende la fogata. Él haría guardia esta noche, como lo hizo durante la anterior. Así que este tema ya no sería motivo de discusión entre ellos.

En lo que el fuego consigue encenderse, gracias a una pequeña pared de rocas que el renegado arma alrededor del fuego para protegerlo de las ocasionales brisas, Sakura se detiene en su labor para mirar al cielo con preocupación, al tiempo que soba sus brazos con languidez.

— ¿Crees que vaya a llover?

—No soy muy bueno respecto al clima. Desde que dejó de incomodarme, dejé de prestarle atención, pero esperemos que no sea así.

En la demandante necesidad de mantener su temperatura corporal, Sakura se tapa la cabeza con la capucha de su abrigo al arroparse en su manta y bolsa de dormir, tomando descanso a una corta distancia del calor del fuego.

Ella no suele dormir bien en las misiones de campo, ya que siempre debe mantener un sueño ligero con tal de mantenerse alerta ante posibles enemigos, pero hay que admitir que tener de su lado a un nombre con tanto peso le ayuda a tranquilizarse en ese aspecto. Ahora, más protegida de las inclemencias del mal tiempo, sólo quiere dormirse y esperar a que al llegar la mañana el clima mejore.

Por otro lado, para Sasori es otra noche en vela. Lejos de que el ya no necesitar dormir sea una molestia... es muy práctico. Veinticuatro horas aprovechables al cien por ciento es algo a lo que es difícil de renunciar. Además, ahora tiene una tarea que desempeñar: Tomar guardia. Aunque sabe que ahora es más una rutina y un hábito que una necesidad. Si ya es muy poco probable que alguien les siga en sitios tan remotos, menos lo es luego de todas las precauciones que la kunoichi le insiste en tomar para evitar que suceda tal tipo de situación.

Este método de viaje es particularmente lento e ineficiente, pero el ex Akatsuki no puede culpar a las autoridades de la aldea de la Hoja por ser precavidas.

Aún si alguien estuviese escondido en el bosque y tuviese malas intenciones, no hay a nadie a quien temer. Nadie que se mida con ellos. Ni siquiera con él solo. Todo eso suponiendo que nadie sabe que él sigue vivo. Porque por más bueno que sea escondiéndose, si la información se filtra, tendría a demasiada gente tras él, y no solo tras él: los Kimura y la joven que duerme a tan solo unos metros de él caerían también, tarde o temprano.

"No matar sin motivo."

Esa es la promesa que le hizo a Sakura... pero esta situación sí es un motivo. La organización de la Serpiente debe caer desde el primer hombre hasta el último, sólo para de este modo no poner en riesgo a aquellos que le importan.

"Hey, esas prioridades son nuevas. Quizá esté desarrollando un poco ese tipo de voluntad" Se dice a sí mismo un poco sorprendido de sus propios pensamientos, haciendo uso de un escepticismo casi sarcástico.

Con el paso de los minutos, el aire comienza a apesadumbrarse. Al cabo de un rato, los grisáceos nubarrones se expanden tanto que cierran el cielo en su totalidad.

El criminal de la Arena observa a la kunoichi dormir a unos pasos de él y, mientras hace guardia, recuerda por un instante aquella vez en la que las pesadillas le asaltaron en la mansión Kimura.

"La situación aún no merece despertarla. Todavía no parece que comience a llover."

Ajeno al mal clima a su alrededor, y sin que el sonido del viento agitando las hojas de los árboles lo molestase, Sasori sigue meditando en la oscuridad por otro rato. La idea de la voluntad eterna se encuentra ahí, cerca y a la vez lejos. Pareciese comprensible, pero al mismo tiempo se porta esquiva.

De repente, el sonido de la primera gota congela sus cavilaciones. Ahora, una tras otra, precipitaciones grandes y gruesas caen sobre el bosque cada vez con más frecuencia e intensidad. Ahora se arrepiente de no haberla despertado antes.

La fogata comienza a apagarse conforme la lluvia gana terreno, amenazando a cada instante que pasa con volverse más y más torrencial.

El olor fuerte a humedad, y el tacto del agua cayendo sobre ella acaban por despertar a la mujer, en la misma medida que la voz de Sasori. Se incorpora de inmediato, maldiciendo en su mente al cielo y a su decisión de pasar la noche acampando en la intemperie, en vez de en un hospedaje dentro del poblado más cercano.

Ella levanta su equipo y huye a toda prisa del cielo abierto, buscando refugio bajo el primer árbol que sus ojos divisan en la oscuridad de la noche.

—Tenemos que salir de aquí—expresa el marionetista, que la sigue hasta refugiarse bajo la sombra del mismo árbol. No sin antes haber tomado la precaución de recoger lo que queda de leña, intentando protegerla de la creciente humedad ambiente.

— ¿Salir?¿A dónde?—pregunta Haruno de mala gana, observando cómo el diluvio empapa todo a su alrededor—. No son condiciones para explorar, y no veo ningún lugar seco.

—Crearé uno—le aclara sin perder la calma—. Encontré un lugar mientras buscaba leña, que podría modificar para convertirlo en un refugio contra la lluvia.

— ¿En dónde?

—Sígueme.

Sakura acata la invitación, muy irritada con el nuevo improperio del clima. Este territorio es desconocido para ella, y lógicamente también lo son sus patrones climáticos.

No obstante, no pasan muchos minutos de recorrido antes de que la lluvia se aminorase y diese paso al agua-nieve.

Por más que intentaran moverse bajo el amparo de las copas de los árboles, la densa lluvia consigue filtrarse entre las hojas para caerles encima, al igual que convierte el suelo bajo sus pies en un fango helado, haciendo casi imposible la tarea de pisar en medio de la oscuridad sin salpicarse las ropas.

Unos momentos antes de que el mal humor de Sakura, cada vez más palpable, escapase de su boca, su compañero la hace detenerse frente a un enorme árbol añejo que destaca por sobre el resto de la vegetación a su alrededor.

Por lo que la lobreguez de la noche le permite vislumbrar, el diámetro de su tronco principal es sorprendente y el entramado de sus hojas es lo suficientemente frondoso como para que el agua tardase en filtrarse entre ellas. Sin embargo, esto no quita que si la tormenta se sigue prolongando, el árbol no proporcionaría demasiada protección.

Anticipándose a esto, Sasori tira de los hilos que previamente repartió entre los árboles circundantes mientras guiaba a Sakura al sitio, arrancando un número considerable de ramas finas cubiertas de hojas alargadas.

—Espérame un momento—indica sin mirar a su compañera—. Sostén la leña, e intenta que no se moje demasiado.

Sakura se acerca para recibir con ambos brazos los leños que el pelirrojo estuvo guardando dentro de su abrigo durante todo el trayecto.

— ¿Qué estás haciendo?—aprovecha para preguntar, sin gozar de la suficiente visión como para ver el destino de los delgados hilos azul fluorescente.

Sasori no pierde su tiempo y trepa a la copa del árbol gigante a sus espaldas. Gracias a sus hilos de chakra, manipula las ramas que cortó, entrelazándolas entre sí con el ramaje periférico de menor altura. De este modo, y al cabo de un rato, consigue crear una red o "manta" improvisada que bloquea la entrada del agua, y en menor medida de la brisa, y que, gracias a su particular ángulo de inclinación, puede desviarla hacia los alrededores.

Por otro lado, Sakura frunce el ceño con impaciencia, incapaz de observar en la oscuridad el trabajo realizado por el pelirrojo, pero el hecho de que de repente haya dejado de llover sobre ella le indica que, sea lo que sea, está funcionando.

Minutos después, el marionetista desciende al suelo junto a su compañera llevando hojas, pequeños trozos de corteza y manchas de barro distribuidas por todo su rostro y ropaje.

—Deja tu equipo a un lado del tronco. Haré una nueva fogata en el medio con la madera seca que llevas. Tú podrás posicionarte a un lado del fuego.

Sakura parpadea impresionada por el logro del ex Akatsuki de conseguir que el agua dejase de representar un inconveniente para levantar un nuevo campamento. Acto seguido, accede en silencio a las indicaciones del ninja renegado y, con una menor frustración de la que hace un rato poseía, comienza a cumplirlas. No obstante, antes de que pudiera agradecerle por el refugio, el Akasuna le dice algo que la desorienta de nuevo.

—Y... deberíamos hacer lo mismo con nuestra ropa.

La idea de tener que cambiarse de ropa con Sasori presente no le causa la más mínima gracia, pero el helado viento, que con cruel facilidad atraviesa su mojada vestimenta, no tarda en hacerle cambiar sus prioridades. Una vez más envidia a su acompañante por no sentir frio.

"Un momento… Si no siente frío, entonces ¿Por qué…?"

Sakura se sorprende por el extraño pedido, y se da vuelta para confirmar lo que le está pidiendo. Nota que el marionetista ya se ha quitado la ropa del torso, y se está limpiando el rostro con ella.

— ¿Qué?—Pregunta Sasori con una ceja alzada—Dijiste que mañana viajaríamos por caminos poco transitados. Si alguien nos ve y parece que necesitamos ayuda, es más probable que nos recuerden o quieran acercarse a nosotros. Tenemos que secar nuestra ropa.

El marionetista toca un lado de su abdomen, abriendo un compartimento dentro de su estómago. De él saca una tela negra doblada. Al ser desglosada, ésta revela un patrón en su diseño que le arranca una mueca de disgusto a la empapada muchacha.

—Es en serio. Usa esto para mantener el calor, mientras ponemos a secar tu manta.

La rosada frunce aún más el ceño,retrocediendo unos pasos de modo casi inconsciente.

—Oh no… no, no, no—Niega rotundamente con la cabeza—. No esperes que me ponga eso. Definitivamente NO.

—Me agrada tu terquedad y todo, pero creo que te caerá peor la idea de que tenga que cargarte enferma hasta el sitio de la misión. O peor aún, hacerme cargo de ti mientras estás enferma—Intenta persuadir sin perder la calma, ante lo que considera nada más que un irracional berrinche por parte de su compañera—. Pondremos nuestra ropa a secar esta noche, y mañana seguiremos como si nada. Toma esto y cámbiate, o cuando enfermes y no lo puedas hacer por ti misma, lo haré yo.

Sin tener palabras para responder a la despiadada lógica del shinobi, extiende su mano frente a él de un solo movimiento, arrebatándole la infame prenda de las manos con brusquedad.

—Privacidad—Ordena Sakura de forma autoritaria, dándole la espalda al ex Akatsuki para poder disimular mejor el reciente pudor, reflejado casi en su totalidad en el color de sus mejillas.

—Está bien. Nada que no haya visto antes. Tú has visto mi núcleo, y no es que me haya ofendido—Responde Sasori, quitándole importancia a la situación.

A sus ojos, esto no es la gran cosa. Hace tiempo que el cuerpo humano dejó de ser motivo de vergüenza o recato para él. Por esto mismo, no puede percibir esto más que como un simple deber de mantenimiento.

Acata en silencio, procediendo a rodear el árbol y apostarse del lado contrario al del que se encuentra la kunoichi. No obstante, al desviar su mirada hacia el agua, escurriéndose de forma incesante alrededor de la inmensa copa de su actual refugio, recuerda que Sakura es una joven común y corriente. Demasiado común a comparación de las compañías que Sasori tenía en Akatsuki. Era obvio que ella reaccionaría de este modo.

Evidentemente, el estilo de vida que adoptó durante los últimos 20 años hizo que perdiese algo más que sólo su tacto físico.

Mientras tanto, en la otra cara del tronco, Sakura suspira resignada.

Tendría que hacerlo. Su salud y la misión valen más que su infantil vergüenza. Siente el frio calar sus huesos a través de la ropa empapada, y la idea de no sentirlo más no tarda en romper las últimas barreras de su voluntad.

Con las manos trémulas, se agacha para abrir su mochila, y de ella extrae una bolsa de plástico con un pergamino dentro.

Al no haber cabido ropa para cambiarse, luego de todo lo que había empacado para el viaje, no le quedó de otra que valerse de un par de pergaminos para poder invocarla cuando la necesite, tal y como muchos ninjas suelen hacerlo con las armas.

Se acomoda en cuclillas y abre el rollo, para un segundo después tener frente a sí otra bolsa de plástico, con ropa seca y limpia dentro, apoyada sobre el césped húmedo. Así como esta muda no le quedan demasiadas, y no quiere verse en necesidad de agotarlas durante el viaje, pero en este momento eso ya no le importa.

Deposita la bolsa sobre las raíces emergentes del árbol, a su costado derecho, y ahora, sin demorar más lo inevitable, lleva sus dedos a desabrochar la prenda negra que viste, que ya no le serviría más de abrigo al estar humedecida producto de la lluvia.

Dobla su túnica con simpleza y la deja sobre las raíces a su izquierda, planeando hacer lo mismo con el resto de las prendas una vez que se las saque.

Ahora, lo siguiente en su lista es su blusa roja. Sin embargo, una vez que se la quita para dejar su sostén blanco al descubierto, escucha la risa de Sasori detrás del árbol. Se voltea en ambas direcciones con brusquedad, temiendo que él la haya observado, pero, para su tranquilidad, este no es el caso.

Sólo por un momento, sólo por un instante, Sasori recuerda que el pudor es algo que existe. No puede más que reconocer lo cómico de la situación, y simplemente se permite reír.

— ¡De no ser porque yo me reí antes, harías bien en esperar un golpe!—Le grita la mujer en tosca respuesta, odiando el frio y el agua más que nunca, mientras lleva sus manos a su espalda para desabrochar el sostén— ¡Así que estamos a mano!

—Aún no pregunté nada—Se defiende el pelirrojo con sorna—. No estamos a mano todavía.

La ninja de la Hoja maldice entre dientes, mientras el frío hace lo suyo, arrasando profundamente la piel expuesta de su cuerpo, en los breves instantes que se demora en ponerse las prendas limpias sobre el desnudo torso.

Prosigue en su labor, quitándose esta vez la falda y la calza debajo de ésta, que también están lo suficientemente mojadas como para que se le enrollasen en las piernas, y tuviese que forcejear un poco para lograr quitárselas.

Tras doblar y depositar éstas últimas telas sobre las demás, remueve la última prenda, aquella que protege su intimidad, y por todos los motivos que la llevan a tener prisa, acelera el ritmo de sus acciones para volver a estar vestida tan rápido como su cuerpo entumecido se lo permite.

—Ya terminé—Le habla a su compañero en una voz tan firme como el frio le permite emitir, mientras se voltea a recoger la pila de ropa mojada a su lado.

— ¿O sea que ya no hay nada que quieras esconder y puedo moverme? —Pregunta Sasori de modo redundante, ya solo para devolverle el favor del otro día y darse el pequeño lujo de irritarla por un momento más.

—Que sí, que ya puedes hacer lo que se te de la condenada gana—. Reacciona no tan amablemente, dirigiéndose a una rama colgando a su altura, que Sasori se había encargado de dejar preparada a su lado con anterioridad, para colgar sus prendas.

El ninja renegado aparece en escena nuevamente desde atrás del árbol y observa a la muchacha sumergida en su labor. Nota que sus nuevas ropas son más abrigadas que las que ahora están reposando sobre la rama del árbol que él había preparado para armar un tendedero más tarde. No obstante, ese suéter blanco que trae puesto es demasiado delgado como para que sirviese de suficiente abrigo para su compañera.

— ¿Es necesario que lo diga? —Señala en tono de regaño—.Vamos, usa la túnica que te di.

—Ya te dije que no me pondré una túnica de Akatsuki—Espeta Sakura sin girarse, con los dientes apretados por negación y frio.

—Sakura—Llama ahora con más suavidad—Piénsalo por un momento. Es sólo un trozo de tela, y uno que te permitirá descansar sin poner tu salud en riesgo. Te protegerá del frio hasta que la tuya seque.

—Ya lo estás haciendo sólo para molestarme—Bufa en fastidio, mas finalmente acaba por ceder de nuevo ante la lógica planteada.

Unos minutos más tarde, Sasori se encuentra trabajando para encender un nuevo fuego bajo la gran copa del refugio, de modo que la tarea de secar la ropa, y mantener la buena temperatura durante la noche, fuese mucho más sencilla.

—En unos minutos estarás más cálida. Procura dormir si te place. No creo que el torrente dure mucho más que unas horas. Estos árboles no crecerían si estos climas fueran prolongados en el área. En unos minutos tendré la fogata.

—Gracias, supongo—Musita la muchacha, sentada en el césped entre las espaciosas raíces de su actual techo natural, y manteniendo su espalda apoyada contra el tronco.

Para lograr retener la mayor cantidad de calor posible, abraza sus rodillas, encogiéndose ligeramente sobre sí misma, y, en un gesto casi inconsciente, aspira el aroma de la túnica de nubes rojas que ahora la arropa y protege del clima desde el puente de la nariz hasta poco más debajo de las pantorrillas.

Huele a pino, a flora silvestre, y a intemperie en general… Es un olor peculiar y más que conocido para ella. Y como se esperaba, hay rastro de aroma humano en ella, tan sólo un dejo de arcilla. De algún modo, esto ayuda a que la túnica de Akatsuki pierda su magia.
Como el marionetista había dicho, es sólo una porción de tela. Entonces ¿Por qué tuvo tanto rechazo en ponérsela?

La respuesta la halla en que es parte de la fuerza principal de Akatsuki. Cualquier cosa relacionada a ellos es tan repudiada, o temida, que han convertido este trozo de tela en un objeto místico, tanto a sus ojos, como a los de todos los que les conozcan.

Sin embargo, el miedo es sólo un arma más que ellos podrían usar, y la túnica, a fin de cuentas, es sólo tela. Y sus miembros, aunque poderosos, sólo son mercenarios.

Sumergida en sus cavilaciones, contempla al pelirrojo a la distancia, que por fin logró contrariar lo suficiente a la humedad ambiente como para encender un fuego.

Los miembros de Akatsuki sólo son personas. Personas con historias propias, sí. Con talentos únicos, y algunos más monstruosos en sus acciones que otros. Sin embargo, por primera vez, las palabras que Sasori le dijo sobre Akatsuki comienzan a cobrar sentido. Detrás del terror, detrás de los símbolos, detrás de los rumores, la túnica es solo una túnica, y los hombres son sólo hombres.

Ahora, con la fogata ya encendida y crepitando, la joven observa a Sasori moviendo la rama, en la que ella colgó su ropa, con sus hilos de chakra, para improvisar con ésta, y con otras ramas cortadas, un tendedero que poder colocar al lado del fuego. A un lado de la ropa de Sakura, cuelgan también las prendas que cubrían su mecánico torso.

Por su parte, el marionetista conservará el resto de sus prendas puestas, con la idea de secarlas sólo con la ayuda de mantenerse cerca de la fogata. De este modo tardaría más, pero al menos no tendría que lidiar con la situación que surgiría del pudor de su compañera si él también tuviera que removerse los pantalones. Si su compañera se percató de este detalle, hizo un buen trabajo en fingir que no fue así.

Recordando que esas prendas se encuentran ocultas entre las demás, Sakura se pone de pie para alcanzar la rama, moviéndose en dirección a la fogata, para acomodar su ropa ella misma y quitar disimuladamente sus prendas menores de la vista de Sasori.

— ¿Por qué aún la conservas?—Pregunta al arribar junto al marionetista, mientras ordena el resto de su ropa para que reciba calor de manera uniforme—. Me refiero a la túnica.

Mientras Sasori observa al aire buscando una respuesta, la rosada toma la precaución de ahorrarse un momento embarazoso, ocultando su ropa interior bajo la túnica negra, asegurándose que secara con el resto de las telas, a la vez de sacarla de la posible visión del pelirrojo.

—Es útil ¿No?—Responde como si fuese algo obvio, para luego dejar caer la rama-tendedero sobre el soporte, creado con otras ramas, que aguardaba eguido frente al fuego.

Ella lo regaña con la mirada.

—Puedes hacerlo mejor…—Replica con una mueca de fastidio, refiriéndose a lo poco creíble de su mentira.

—Es una señal internacional de "no se metan conmigo"—Vuelve a vacilarla con la misma sutileza.

—Claro... Siendo que quieres pasar desapercibido para que no se enteren de que estás vivo… Tiene toda la lógica—Responde sarcástica, exigiéndole una respuesta más honesta, mientras que se aleja para pasar a armarse un nuevo sitio de descanso cerca de la fogata.

El marionetista se queda en su sitio, tardando unos segundos en articular otra respuesta.

—Porque aún rescato algo benigno de mi tiempo en Akatsuki...—Expresa con parsimonia en su timbre—Digamos que es un recuerdo.

La mujer no puede evitar expresar su incredulidad ante la declaración.

— ¿Algo benigno?—Pregunta antes de bostezar, viéndose invadida por el sueño a cada segundo que pasa recostada sobre su bolsa de dormir, usada ahora sólo como colchón—Maldición… ¿Qué es lo benigno para ti?

—Estar rodeado de gente que no se horroriza al pensar en lo que hice. O en lo que soy. Quizá no todos, pero allí tuve un compañero. Alguien con quien hablar del arte y en quien confiar. Tenía un espacio en el que podía meterme horas en mi arte, y en mis pensamientos, sin tener que preocuparme constantemente por que alguien me encuentre y me ataque…—Prosigue sin variar la serenidad de su semblante—.No digo que no me merezca ser perseguido. Hice cosas por las que cualquiera tendría derecho a buscar venganza o justicia… Entiendo eso, pero no quita que, del mismo modo que para cualquier otro… Vivir cuidándome las espaldas no es algo muy agradable.

Detiene su oratoria por un instante, sólo para deshacerse de esa clase de pensamientos inútiles que acompañan en cierta medida al tono de sus palabras.

—Historia pasada.

Sakura no responde, limitándose solamente a mantenerse en posición fetal con los ojos cerrados.

— ¿Estás despierta?

—Creo que entiendo… Perdóname por preguntar—Responde en un tono sumamente adormilado.

—Duerme. Mañana seguiremos camino.

Aunque el cansancio se apodera del cuerpo de Sakura, su mente permanece activa por unos minutos más.

Las palabras del marionetista sonaron tan… Sinceras… Quizá hasta dolidas. Por un instante, la joven le deseó paz. No obstante, de inmediato se reprende por ello.

Él mismo lo dijo: él hizo cosas imperdonables… pero ella apenas si conoció al Sasori que el libro bingo describe. Ella conoció a otro hombre, a un hombre peligroso y con un pasado oscuro, pero principalmente a un hombre confundido. El Sasori que ella conoció no es aquel que es perseguido por naciones y organizaciones.

O, al menos, eso quiere decirse a sí misma. No existe tal división, al menos no en la realidad. El hombre que tiene a su lado, aquel en el que confía que le proteja mientras duerme, es el mismo que creó marionetas humanas. En cierto modo, ella le está dando una chance para que se redima.

¿Es eso justo? Quizá. A ciencia cierta no lo sabe… pero sería inconsistente defender al último Uchiha si respondiera "no" a este dilema.

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Las horas pasan, y el cielo se despeja. A medida que el Sol se asoma entre las nubes, las telas se secan con mayor velocidad.

El insomne marionetista prefiere no perturbar el sueño de la muchacha. Prefiriendo en su lugar que sea el alba el que haga el trabajo por él.

Otro rato más pasa, hasta que los rayos de luz solar son lo suficientemente potentes como para dar contra los párpados de la joven durmiente, y acabar por devolverla a la realidad.

Ella abre sus ojos lentamente, incorporándose con su habitual pereza matutina y emitiendo un desganado bostezo.

—Buenos días, Sakura—La recibe el marionetista desde su lugar frente a la fogata, cuidando la situación del fuego para que este no escape de ella—. Cuidado al abrir los brazos, no vaya a ser que vea algo detrás de la túnica.

Sakura se despabila al instante, inspeccionándose el pecho tras notar que el cuello alto de la capa se había desprendido en algún momento de su sueño. No obstante, lo único que se asoma es el cuello de su suéter tejido en hilo blanco.

—Muy gracioso—Ríe con sarcasmo, pero sin molestarse demasiado por el chiste. En cierto modo se lo merecía por lo de hace unos días— ¿Mi ropa ya se secó?

Pregunta, antes de ponerse de pie y desabrocharse la capa de Akatsuki.

—No debe faltar mucho, y, siendo que no tengo tacto en la mayoría de mi cuerpo, no sabría decirte—Responde evitando mirar al tendedero a unos pasos de sí mismo—.Además, no creo que te guste que ande revisando tus prendas de cerca.

—Excelente punto—Asiente la rosada sin modestia alguna, acercándose al improvisado sitio en donde la ropa se está secando para palparla—. La mayoría ya se secó casi completamente.

Sonríe complacida por el descubrimiento. Acto seguido, se quita la túnica prestada y la deposita sobre la rama, que hace de tendedero, y se vuelve a su bolsa de dormir para sacudirla y guardarla dentro de su equipaje.

—Para cuando termines de desayunar, quizá ya hayan secado. Luego, seguiremos camino—Indica el renegado de la Arena, tras finalizar su tarea y sacudirse la ceniza de las manos y ropa—. Deberíamos avanzar hacia zonas en las que la lluvia no haya mojado la leña si queremos tener fuego para esta noche.

—Estoy de acuerdo. Además, no querría llegar al punto en que considere usarte de combustible—Bromea la joven, con el buen humor casi totalmente recobrado.

— ¿Recuerdas nuestra batalla? ¿Parecía inflamable entonces?

—No lo sé...—Responde con honestidad, pero no menos diversión por la actual conversación—En ningún momento te puse dentro del fuego. No sé qué efecto tiene en ti.

—Pues yo sé que el agua tiene el efecto de hacerte perder la ropa—Esboza el marionetista con una pizca de mordacidad—. Guardaré ese detalle entre nosotros. No queremos que el rumor se corra.

Sakura se sonroja por un instante, empujando la bolsa enrollada dentro de su mochila con una mezcla entre incomodidad e irritación por lo atrevido de la broma. No obstante, no encuentra un motivo válido para replicar algo, ya que, a fin de cuentas, ella misma se presentó para el chiste.

—Si sigues por este camino, estaremos a mano y perderás tu derecho a preguntarme algo—Espeta con cara de pocos amigos desde su posición en el suelo, y con la vista fija en su propia mano aplastando la bolsa dentro de la mochila.

—Comprendido. Aguardaré al momento adecuado—Responde Sasori, sin inmutarse en demasía. Aunque decidido a esforzarse por proteger su futura oportunidad.

La ninja gruñe, sospechando, no sin motivos, que quizá en el futuro se arrepienta de haberle dado esa advertencia. Luego, sacude su cabeza para espabilarse, y deja a la bolsa en paz para sacar un pequeño estuche de comida, desde uno de los compartimentos de su equipaje.

Un rato más tarde, después del desayuno, la kunoichi se dispone a guardar su ropa. Mientras tanto, Sasori se encarga de deshacer el entramado de ramas, que había preparado la noche anterior sobre los árboles para impedir que el agua se filtrase, de modo que no quedasen rastros de su estadía allí.

Mientras tanto, el marionetista aprovecha para volverse a colocar la camiseta y túnica negra que llevaba puestas el día anterior.

Sakura, por su parte, analiza la ropa que ella misma lleva puesta ahora, y no es la indicada para un ejercicio tal como viajar largas distancias. La noche anterior, ante la prisa y el frio, escogió el atuendo que planeaba usar una vez arribase en su destino.

Sería mejor cambiarse a algo más apropiado.

—Privacidad—Ordena de nueva cuenta a su compañero de misión, quien, sin emitir palabra alguna, se auto exilia al otro lado del árbol una vez más.


Nota de autor/es: Agradecemos a la página de Facebook Sasosaku Love por sus palabras y por habernos recomendado. Queremos devolverles el favor, así que si alguno de nuestros lectores está interesado en ver más contenido de este pairing, allí tiene una fuente. Nuevamente le agradecemos al/los administradores de esta página.

Post Data: no tenemos un calendario para que sepan cuando actualizamos pero si podemos decirles que nos dedicamos a editar y preparar la publicación de un nuevo episodio al menos dos días a la semana a menos que la malvada universidad nos haga saltearnos alguna reunión.