Manos a la obra
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Poco a poco, los shinobis se habituaron durante todo este tiempo, que han compartido juntos, a actuar como equipo. Y finalmente, luego de varios días de viaje, ambos comienzan a acercarse a su destino.
No obstante, ahora que ya han alcanzado al pueblo, el panorama volverá a cambiar. A partir de ahora deberán ajustar su trabajo, y convivencia, al nuevo ambiente.
A medida que la mañana transcurre y da paso al mediodía, los ninjas abordan la carretera de fina tierra, que divide al bosque circundante, y, a su vez, conduce a la civilización que tanto estuvieron buscando.
Cabe mencionar que, a la vista de Sakura, se nubla por momentos la frontera entre el Sasori conocido por todos, y el "compañero" que tiene actualmente a su lado.
—Repasemos nuestros objetivos—Sugiere la kunoichi, liberándose de la descompresión mental del viaje para pasar a enfocar su mente en la misión.
—Esperan a un experto en toxinas, a un escolta y a un experto en antídotos. Cada cual a su rol—Recita el marionetista, con seriedad en su semblante.
Ella asiente con la cabeza.
—Este pueblo hizo un contrato abierto pidiendo ayuda, y el contacto de mi aldea lo aceptó, advirtiendo de manera anónima que llegaría esta semana. Sai y yo fuimos subcontratados. Así que en el pueblo esperan a un experto en antídotos, y a su personal. Mi aldea no cobraría por los servicios que prestaremos, pero no fuimos informados sobre si nuestro contacto hacía esto exclusivamente para limpiar su consciencia, o pretendía cobrar.
—Yo soy el experto en antídotos desde que acepté su puesto. Creo que puedo encargarme de eso. Ahora ¿Cuál es el plan?
—Encontrar una cura para el veneno. De preferencia, una muestra o una manera de crearlo. Y, si es posible, dar con quién lo crea o con quién lo distribuye.
—Entonces, te ayudaré en tu tarea, y luego tú me dejas hacer la mía—Adhiere sin aminorar su paso.
—Y la tuya es…—Prosigue la rosada con escepticismo.
—Eliminar a la Serpiente. Es necesario—Responde él, con una expresión que sutilmente acompaña al sombrío tono de sus palabras.
—Y así, todos ganamos… Supongo—Musita desviando su vista al paisaje a su derecha, poco sorprendida por la última declaración de su compañero.
—Así es. Yo tendré cuidado con que nadie note mi... rareza. Así que te pido que no me metas en una situación que comprometa eso.
—De acuerdo—Asiente con la cabeza una vez más—.Ahora, llegamos al sito, hablamos con quien nos contrató, y luego podremos dedicarnos a la misión.
Y sin más intercambio de palabras, realizan el trecho restante. Una vez que arriban en el pueblo, lo primero en saltar a la vista es que hay poca gente transitando por las calles, incluso para no ser aún la hora del almuerzo ni haber mal clima en lo absoluto. De hecho, el tránsito es escaso incluso para la cantidad de cabañas y residencias que los extranjeros logran divisar en un primer momento.
No obstante, ambos se limitan a no suponer lo peor tan deprisa. Después de todo, este pueblo funciona principalmente como un proveedor de madera. Así que es bien posible que una porción grande de sus habitantes mantengan un estilo de vida agrícola, con sus viviendas y trabajos alejados de la urbe en la que ellos se están moviendo en este momento.
Con las rutas principales ya memorizadas de antemano por la joven, gracias al mapa que estuvo analizando y ojeando en detalle a lo largo del viaje, no tardan en divisar la localidad del ayuntamiento de este poblado.
Una vez que ingresan en el rústico edificio municipal, con aspecto más de templo antiguo que de edificio, son recibidos por un hombre de avanzada edad, con cabello escaso y blanco en canas. El señor, de aspecto igual de tradicional y formal que la estructura que los alberga ahora, se introduce a sí mismo como el gobernante del condado.
—Somos los enviados para lidiar con su asunto—Dice Sakura, repitiendo las palabras que Tsunade le dictó para presentarse.
—Gracias por atender nuestro llamado—Pronuncia el anciano, recibiendo a los invitados dentro de la sala principal del edificio con una formal reverencia—No hubiéramos recurrido a ustedes si la situación no fuese tan desesperada, ni si alguien en nuestro país hubiese estado dispuesto a hacer algo.
—Estamos aquí para ayudar—Responde la kunoichi, luego de devolver el gesto—.Cuéntenos los detalles de lo que ocurre, y haremos todo lo posible para solucionar esto.
El hombre mayor asiente, conduciéndolos a una pequeña sala de conferencias y reuniones en el primer piso.
La nueva estancia es cerrada, con un rústico suelo de tatami y una mesa tradicional en su centro. Ideal para llevar a cabo una conversación de tal envergadura sin tener que lidiar con oídos alrededor.
Sakura y Sasori toman asiento sobre los cojines del suelo frente a la mesa. El cortés anfitrión les ofrece té, pero ambos rechazan el gesto con formalidad.
—Desde hace unos meses que nuestros cazadores y leñadores vuelven enfermos de sus salidas. Fiebre, efectos sobre la piel, trastornos digestivos... no es algo muy común en estos sitios—Comienza a explicarles, mientras toma asiento frente a ellos—.Tenemos que encontrar una forma de detener esto. Nuestra supervivencia depende del comercio, así que no podemos dejar de enviar gente fuera del pueblo, pero a cada día que pasa perdemos más y más hombres.
—Comprendo…—Musita Sakura, con una sutil mueca de aflicción en su faz.
—Dependemos de ustedes para detener este desastre. Informaré al hospital de su llegada. Hay una posada dos calles al sur de este edificio. Me tomé la libertad de advertirles que irían a alojarse por estas fechas, así que ya deben tener unas habitaciones reservadas para ustedes. No es la gran cosa, pero les permitirá descansar—Sonríe el anciano con gesto cordial—De por cierto, ¿Cómo quieren que les llame?
—Doctor y doctora será suficiente—Habla por primera vez el marionetista, con voz estoica, adelantándose a su compañera—.Dada la particularidad de la situación, comprenderá que debemos ser cuidadosos.
—Comprendo—Asiente el gobernante—.Les recomiendo que pasen por la posada, en lo que yo informo al hospital de su llegada. Allí instruiré al personal para que les informe mejor del problema.
La ninja de Konoha asiente con la cabeza, y procede a ponerse de pie.
—Entendido, iremos cuanto antes. Muchas gracias por su ayuda—Agradece desde su nueva altura, emitiendo una pequeña reverencia a modo de despedida.
Acto seguido, le hace una seña al pelirrojo para que la siga. El marionetista hace lo propio, despidiéndose también con una reverencia, para luego incorporarse sin pronunciar palabra.
Tras dejar atrás el ayuntamiento, ambos ponen un nuevo objetivo a su marcha, desplazándose por las poco transitadas calles en busca del dichoso hospedaje. Al menos, en lo que a Sakura respecta, está decidida a darse un baño y un pequeño descanso antes de ponerse manos a la obra.
— ¿No temes que te reconozcan?—Pregunta a su compañero a modo de susurro—Sabemos que están actuando cerca.
—Ellos eligieron este lugar para probar su producto porque lo consideran seguro. Esa creencia es lo que me mantiene a salvo. No van a buscarme—Responde con seguridad en su porte, haciendo uso del mismo tono que su compañera—.Aun así, evitemos llamarnos por nuestros nombres.
—De acuerdo...—Asiente la joven, dando un merecido voto de confianza al juicio de su acompañante.
Sin mucha más demora, dan con el albergue. Éste resulta ser, por lo que se ve, el único sitio de hospedaje entre cuadras y cuadras de casas y tiendas céntricas.
Parece sencillo por fuera, compartiendo el mismo aire de antiguedad y majestuosidad que el resto de los edificios del poblado. Aunque por fuera no parece poseer más de dos pisos de altura, no por eso se ve menos cálido a ojos de la rosada. Quien ahora sólo puede pensar en un agradable sitio para descansar, luego de lo agotador del viaje.
Sin más preámbulos, se adentran en la posada. Al arribar al recibidor, Sakura divisa la recepción a unos pocos metros por delante, con la presencia de algunos huéspedes deambulando por la planta baja.
Traga saliva, sintiéndose de repente nerviosa por la posibilidad de que alguien reconozca a Sasori. Aunque a estas alturas sabe que es muy poco probable que eso suceda, aún así permanece como una especie de miedo infundado, del que todavía le es difícil deshacerse.
En esos pocos segundos en los que la joven lidia con la dubitación, Sasori se le adelanta sin sentirse intimidado por el ambiente.
El renegado se aventura por el liso suelo de madera hasta la mujer, castaña y de cabello rizado, que se encuentra atendiendo en la recepción. Apegándose al plan, se le introduce como uno de los doctores que fueron contratados para asistir al personal del hospital.
La recepcionista les agradece a ambos por adelantado, y les aclara que no habría cargo en su contra por el uso de la habitación. En lo que su compañera arriba su lado, el marionetista sólo puede preguntarse, tras ver la preocupación escondida tras las facciones ojerosas de la mujer, cuán desesperada es la situación como para que hayan recurrido a pedir ayuda de este modo.
—Síganme. Les mostraré su habitación—Les ofrece con amabilidad, abandonando su puesto de trabajo para pararse a un lado del primer peldaño de las escaleras, ubicadas al final de un corto pasillo a la derecha de la recepción.
— ¿Nuestra habitación?—La kunoichi parpadea perpleja, acercándose a la mujer para mirarla de reojo.
—La reserva es para la habitación más grande y completa que posee esta posada. Con futones para tres personas, baño y una cocina privada para la suit—Explica sin perder la sonrisa, ni notar nada extraño en la pregunta. Luego, hace un gesto con sus dedos para indicarles a los extranjeros que la sigan.
Sakura acata en silencio, pero no puede evitar morderse el labio inferior, en un mudo gesto que espresa que la idea no le está agradando mucho.
— ¿Pasa algo?—Pregunta el marionetista a su lado, en forma de susurro.
La rosada sacude la cabeza para deshacerse de sus poco profesionales disgustos. Compartir una habitación con él no es funcionalmente diferente a lo que venían haciendo durante el viaje. No hay razón para otorgarle a este hecho una mayor trascendencia.
Una vez en el pasillo del segundo piso, la recepcionista se detiene frente a una solitaria puerta ubicada en la pared izquierda, con el número "34" pintado en blanco sobre el barniz de su madera. Depositando una llave en la cerradura, la abre cuidadosamente, develando al que sería el alojamiento de los ninjas en todo lo que durase su estancia en el poblado.
—Espero que disfruten su estadía. El personal de la recepción estará a su disposición para cualquier cosa que necesiten.
Sin nada más que decir, la mujer le entrega la llave de la habitación a Sasori, y luego una copia de la misma a Sakura. Acto seguido, realiza una reverencia y se retira de la escena para retornar a sus propias obligaciones.
Cuando ambos jóvenes quedan solos en el pasillo de alfombra bordó, ingresan a su nueva estancia. Sakura entra tras su compañero, y cierra rápidamente la puerta tras de sí, apoyando su espalda contra la madera de la misma y dejándose caer agotada en la alfombra del pequeño receptáculo que conforma al recibidor.
Por su parte, la marioneta sigue de largo, descalzándose para poder subir el escalón que le permitiría arribar en el impecable suelo de madera flotante, y explorar la habitación propiamente dicha.
Ésta misma es amplia, tal y como lo había sugerido la mujer que los atendió. Pintada de un suave color marfil, goza de dos amplias ventanas, cerradas con oscuras cortinas, y posee, además, espacio en el piso para tres futones, que se halla delimitado por dos mesitas de luz. Una lámpara de papel se ciñe armoniosamente en el techo, y, como también ya les habían comentado, un pequeño espacio cocina-comedor viene acoplado al dormitorio. Este último se halla constituido por una mesa tradicional, más una heladera, encimera, alacena colgante y cocina pegadas a la pared.
Por otro lado, al costado izquierdo de dónde irían armadas las camas, hay también una puerta blanca, que Sasori deduce que conduce al baño de la habitación, y en la pared izquierda al recibidor en la entrada, donde Sakura se encuentra ahora, se halla otra puerta. Ésta es de madera, y en su interior debe de estar el armario con los futones y las sábanas.
— ¿Cómo lo haces?—Pregunta la joven desde su lugar en la alfombra de la entrada, desconcertando al ninja renegado por un instante.
—Pues, aquí viviremos el tiempo que estemos fuera de la misión. No tendría problemas en trabajar veinticuatro horas, pero hay que mantener apariencias—Piensa Sasori en voz alta. No obstante, no tarda en manifestar sus dudas de la misma forma— ¿Cómo hago qué?
—No preocuparte por ser identificado. No volverte loco—Aclara con una ceja alzada.
—Práctica y precaución. Prefiero ocuparme a preocuparme—Responde sin entender el punto de la joven.
—Lo sé... pero… ¡Agh! ¡Sólo olvídalo!—Exclama con exasperación, dejando de prestarle atención a la marioneta para deshacerse de su propio calzado.
—Como decía, sobran dos camas, pero, por el fin de mantener apariencias, utilizaré una durante el tiempo que pasemos aquí.
La joven deja el asunto de lado, se pone de pie para pasar a enfocarse en lo que debe hacerse.
—Acomoda tus cosas, pongamos este sitio en orden y podremos comenzar con la misión. Me ducharé, porque no tengo intenciones de pasar todo el día en un hospital en mi estado actual—Indica mientras abre el armario a su lado para buscar toallas—Deberías conseguir mudas de ropa nuevas, para no llamar la atención con el estado de lo que ahora llevas puesto.
Menciona tras pasar cerca de él, con ambas manos ocupadas, dirigiéndole una mirada por el rabillo del ojo al sucio ropaje que su compañero porta actualmente.
—De acuerdo—Asiente con un dejo de perplejidad—.Tengo un poco de dinero a mano.
— ¿De dónde...?— Sakura se detiene, bufando con prisa y desdén—No importa. No quiero saber. Nos vemos en unos minutos.
Dicho esto, la muchacha pasa a encerrarse en el cuarto de baño. Tan sólo instantes después de haber visto la puerta blanca cerrarse, el ex Akatsuki comienza a oír el sonido del agua de la ducha corriendo.
Ahora, con una nueva tarea en mente, Sasori vuelve a calzarse y abandona el dormitorio. Cerrando la puerta con llave, retorna sobre sus pasos para descender al primer piso.
De camino a la planta baja, se toma la libertad de explorar sus alrededores, observando con cuidado los detalles de su actual hospedaje, como posibles entradas, salidas y caminos a tomar. No quiere ser sorprendido por nadie, ni tener que improvisar un escape en caso de una situación repentina.
Sigue su trayecto, abandonando la posada y caminando por las calles que rodean su alojamiento, hasta encontrar un sitio adecuado en el que adquirir ropa civil.
Sin intención de ser quisquilloso en la tarea de renovar su guardarropa, se detiene en la tercer tienda que ve desde que abandonó la hostería.
Ingresa en su interior sin mayor ceremonia, ignorando la gente comprando o atendiendo, y sólo opta por valerse de su crítico ojo de artista para escoger directamente, de la ropa en exhibición, lo que cree que es de su talla. Después de todo, conoce perfectamente las dimensiones del cuerpo que él mismo se construyó, por lo que no tiene intención alguna en perder tiempo probándose nada.
De todos los diseños y colores de la actual moda, que se presentan ante sus ojos en los estantes y góndolas, no se molesta en escoger nada más que ropa simple y básica, obediente a su usual gusto por el color negro, y lo suficientemente larga y gruesa como para cubrir las articulaciones más reveladoras de su cuerpo.
En lo que dura el trámite, no deja en ningún momento de buscar con sus ojos alguna actividad sospechosa ante la posibilidad de que alguien de la organización de la serpiente lo esté observando. Es una posibilidad pequeña, pero él ahora está en su territorio. Así que no está de más ir con precaución.
Hablando de precaución, no haría algo como cambiarse de ropa fuera de la privacidad de la habitación. Así que, cargando la nueva muda comprada dentro de una bolsa de plástico, regresa al hospedaje tomando esta vez otro camino distinto, para de este modo familiarizarse mejor con el terreno.
Afortunadamente, consigue regresar antes de que la rosada haya salido de ducharse. Así que no se lo piensa dos veces al momento de aprovechar a cambiarse de ropa, antes de que ella tenga oportunidad de salir y comenzar con otro ataque de vergüenza. Se asegura de estirar bien el cuello de tortuga de su camisa de algodón, para cubrir la articulación que une su torso y su cabeza. Después, estira las mangas y las ajusta tensando el hilo que las compone.
Como su ojo rara vez se equivoca, la ropa nueva le queda como anillo al dedo.
En los minutos que Sakura tarda para salir del baño, el marionetista ajusta el equipamiento que guarda dentro de su abdomen y extremidades, asegurándose de que la capa de Akatsuki permanezca oculta en su sitio, y de que un par de senbons permanezcan siempre cerca de alguna salida para su fácil expulsión.
De un momento a otro, la revitalizada mujer reaparece desde el vapor de agua sobresaliente del cuarto de baño, vistiendo de manera más civil para disimular mejor su origen. Además, carga consigo, en una cartera cruzada sobre su pecho y hombros descubiertos, el material que trajo para utilizar en el hospital, así como un pergamino en el que selló una pequeña cantidad de armas de filo para que pasasen desapercibidas.
Sakura observa al marionetista, sentado en el suelo frente a la mesa, vestido también de civil, y aparentemente esperando por ella.
El cambio de ropa te sienta bien, casi ni te reconozco—Bromea la ninja, depositando la ropa sucia, que carga entre manos, dentro de un cesto apoyado sobre la encimera de la cocina.
— ¿Lista para comenzar?—Pregunta el pelirrojo, con la sombra de una sonrisa en su rostro como reflejo de su actual humor.
La joven asiente con energía, y ambos proceden a retirarse una vez más de sus aposentos, y, sin más tiempo que desperdiciar, llegan al hospital en cuestión de minutos, en donde un muchacho ya les está esperando.
—Buenos días—Saluda el joven de cabello castaño, y ambo blanco, al divisar a los ninjas en la recepción, acercándose a ellos— ¿Son ustedes los especialistas que nuestro alcalde trajo del exterior?
—Afirmativo—Responde Sasori.
— ¿Cuál de ustedes es el médico, y cuál el químico?—Pregunta con un tono de voz acelerado, haciendo sospechar a ambos sobre la gravedad de la situación.
—Yo seré la que me encargue de sus pacientes—Se apresura a aclarar Sakura.
—Y yo soy el que analizará las muestras, y procurará sintetizar una cura.
—Muy bien. Les mostraré las instalaciones en las que trabajarán de ahora en adelante. Además, responderé a todas las preguntas que pueda, y, en caso contrario, les apuntaré a alguien de mis superiores—Prosigue, haciéndoles un gesto con su cuello a los invitados para que lo siguieran por los pasillos de la planta—.La actividad en el hospital ha sido incesante en los últimos días, disculpen la falta de modales.
El improvisado guía les hace un pequeño recorrido por el interior del hospital, y a medida que avanzan, comienza a informarles en detalle sobre la situación.
El primer caso de infección, del que la gente del hospital tenía registro, fue hace unos meses, cuando uno de los aldeanos fue encontrado paralizado por un leñador que se hallaba regresando al pueblo. Ésta primera víctima murió a las pocas horas de haber llegado a la guardia, sin que se llegase a identificar el motivo.
Así, lentamente los casos de gente que enfermaba, sin aparente motivo, comenzaron a hacerse más frecuentes y numerosos. La mayoría de los que murieron en tratamiento, murieron a causa de complicaciones diferentes, pero todos tenían algo en común: comenzar su agonía con la parálisis del cuerpo que exhibió la primera víctima.
Luego del "tour", Sakura y Sasori se separan, y comienzan a intentar solucionar el misterio desde sus distintos puestos: Sasori en el laboratorio; Sakura en el departamento de emergencias.
En un primer momento, es obvio para ambos que esto es obra de un veneno. Solamente aquellos que salieron del pueblo cayeron enfermos, pero aun así no han encontrado el método por el cual este veneno está ingresando al organismo, ni tampoco la razón de que se evapore sin dejar rastro.
Ahora, Sakura por fin tiene sus manos y mente ocupada en la que es su área. Actualmente, hay cinco víctimas en cuidados intensivos. Al arribar a la sala, toma control de facto de un pequeño grupo de doctores, que no hacen más que subyugarse a su liderazgo de la mejor gana, y comienza a hacer lo posible por estabilizar a los pacientes y mantenerlos en este mundo.
Mientras tanto, del otro lado de la instalación, Sasori lee los reportes escritos sobre los muertos. El patrón que comienza a leer, empieza a desarrollarse ante sus ojos. El diseño de este veneno, sólo por lo que se deja entrever a través de datos y registros, le parece ingenioso… Una obra de arte.
El marionetista ve el genio en el desarrollo de los síntomas. Los doctores trataban la parálisis, pero una vez que este síntoma se solucionaba, surgía otro en su lugar. Usualmente le seguía una fiebre repentina, y nuevamente era tratado, solamente para ser azotados con otro nuevo síntoma, como sarpullido, hipotermia, dolores localizados, o perdida de circulación en las extremidades.
¿Qué es esto?
No hay forma de que este arma tenga un sólo origen. No hay forma de que sólo el veneno sea lo que esté causando esta, aparentemente irracional, seguidilla de síntomas.
Cuando Sakura es informada por su equipo de estas circunstancias, cambia su táctica. El tratamiento usual les falló a todos los demás, así que tendría que cambiar el orden de sus prioridades y encontrar una manera de mantener a estos pacientes con vida en vez de curarlos.
El error de sus colegas se hace evidente ante los ojos de Sakura. Deduce que no hay forma de que todos los síntomas nazcan del veneno. Probablemente éste cause algún tipo de vulnerabilidad a nivel inmunológico, una alergia a los medicamentos, o una reacción adversa a los múltiples tratamientos a los que el paciente es sometido.
Comienza por sedar a los pacientes conscientes para ahorrarles sufrimiento, luego se enfoca en atender la ascendente temperatura de uno de ellos. Primero por medios físicos externos, intentando no utilizar las mismas drogas que se ya se usaron con los pacientes anteriores.
No bien consigue un segundo libre, se dirige acompañada por uno de los médicos a ver al marionetista.
Éste se encuentra analizando las muestras de los pacientes actuales.
—Necesito cualquier dato que tengas—Le dice al arribar a la habitación administrativa, en la que le habían dicho que se hallaba su compañero.
—Nada concreto—Responde con su atención centrada en los escritos en sus manos—.Si quiero tener datos más seguros, necesito tener acceso a los cadáveres de todas las victimas recientes. Quiero analizar sus tejidos. Además, puedo experimentar con ello sin riesgo de matarles.
—Creo que necesitamos el permiso de los familiares para eso—Responde Sakura con una mueca de escepticismo ante la propuesta, apoyando su hombro sobre el marco de la puerta.
—Son sólo carne—Expresa sin mala intención, pero sin un ápice de consideración o paciencia—, y carne que puede darnos la clave para salvar a tus pacientes actuales. Mientras perdemos el tiempo en burocracias, las pistas pueden descomponerse dentro de los cadáveres.
El doctor que acompaña a Sakura, interrumpe por primera vez.
—Tengo la llave de la morgue. Yo me responsabilizaré de cualquier queja, si es que exista una. Si alguien no puede entender que el cadáver de su familiar puede salvar vidas, no me parece motivo suficiente para permitir que alguien muera. Si esto es lo que puede darnos la ventaja, sígueme. Tendrás lo que necesites de mí.
Gracias—Responde el pelirrojo sin variar su semblante—.Y sé que no quieren escuchar esto, pero si alguien…
—Lo sé—Interrumpe Sakura, con el ceño fruncido en molestia evidente—Si fracaso en salvar a alguien, quieres analizarle. De más está aclarar que haré todo lo posible para que eso no pase.
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Sasori, una vez solo en la morgue, y ataviado con la correcta vestimenta reglamentada para la operación; que incluye barbijo, guantes de látex y un gorro para el cabello; dedica una buena parte de su tiempo a abrir y remover tejido de cada órgano de todos los cuerpos allí preservados en refrigeración.
No es por presumir, pero él ya tiene años de práctica en abrir y destripar todo tipo de cadáveres. Sabe muy bien dónde, cuánto y con qué cortar para hacer un trabajo limpio. De este modo, con el frío y preciso tacto que sólo alguien de su calibre puede tener, sólo basta de unas escasas dos horas y media para recoger muestras de, al menos, unos diez cuerpos.
Guardando las muestras obtenidas en varias cápsulas Petri, se las lleva al laboratorio al finalizar la recolección, con el único objetivo de descifrar el modus operandi del veneno dentro del cuerpo.
Esta arma es una obra maestra. El sólo pensar en los estragos que podría causar en una guerra, en la cantidad de medicamentos que se requieren para tratar todos estos síntomas, el caos que puede causar en el personal médico de un país, le hace comprender lo invaluable de este producto en un conflicto a gran escala.
Este veneno destroza las capacidades médicas del bando oponente, genera un agotamiento, y estrés, que sería insostenible si las victimas llegasen en mayor número. Desmoralizante, letal, costoso… Definitivamente, le causa un poco de envidia el no haber sido él quien creó esto.
Cada vez que un síntoma cae, sale uno nuevo, como orquestados en una cadena.
Algunas combinaciones son muy delicadas. Tratar ciertos síntomas puede empeorar otros, o imposibilitar su trato debido a la mezcla de químicos usados para intentar curar al afectado.
No hay forma que sean solo metales pesados, o toxinas animales. Quizá se trate de un virus o bacteria alterado artificialmente... ¿Han llegado a cultivar un arma biológica?
¿Cuál es el modo de ingreso del veneno al cuerpo? ¿Cómo se compone? ¿Cómo se orquestan los síntomas?
Es complicado de saber con tan poco tiempo y tan pocos experimentos en la baraja. Ahora, se pregunta hasta qué punto las habilidades de la kunoichi le servirán frente a esto. Evitar más muertes se ve difícil. Esta cosa está creada para que evitar las muertes sea el proceso más largo, complicado y estresante posible.
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—Hay que bajarle la presión arterial. Necesitamos suministrarle óxido nítrico—Dice Sakura, preparando al paciente postrado en la camilla para otra dosis del fármaco vasodilatador—.Sujétalo, por favor.
Indica a uno de los doctores, a lo que éste accede.
La joven doctora realiza con precisión el trabajo de suministrar una dosis del gas, mientras el resto del personal se reparte tareas varias, entre ellas, monitorizar el gasto cardíaco, y demás datos en una de las pantallas próximas a la camilla. La complicación consigue ser revertida, al menos temporalmente.
— ¡Señorita Haruno, por aquí necesitamos más ayuda! —La llama otra doctora desde la habitación contigua. La aludida acude lo más rápido que puede, incorporándose de forma improvisada a la labor de reanimar a otra paciente, en shock por deficiencia respiratoria.
— ¡La estamos perdiendo!—Exclama uno de los doctores.
Sakura se apresura a extender su palma curativa sobre el pecho de la mujer, modificando su expresión facial ante la sorpresa.
—Una sustancia extraña está obstruyéndole las vías respiratorias… Se lo voy a extirpar manualmente. Necesito que alguien me alcance un recipiente con agua—Pide sin perder los nervios, mientras concentra todo el chakra verde que puede en la palma de su mano hábil.
Al instante de que alguien respondiese a su pedido, mete su mano embebida en chakra dentro de la bacinica suministrada. Un segundo después, la extrae con una burbuja de líquido verdoso formada a su alrededor.
Los doctores se apartan lo suficiente como para no interrumpir la intervención, y la rosada procede en su labor, jalando la obstrucción extraña y gelificada, mezclada con líquido fisiológico, fuera del tejido pulmonar, gracias a obligarla a desintegrarse y filtrarse a través de la membrana de las células, por medio de su chakra.
La inconsciente mujer se revuelve por el dolor que esto le provoca, así que un par de compañeros deben sumarse a la operación, sosteniéndola de los hombros para permitirle a Sakura finalizar su tarea de destaparle las vías respiratorias de nuevo.
—Ya casi... —Dice en un hilo de voz por el minucioso esfuerzo que requiere para conseguir que el gel se desintegrase, y pasase a través de los tejidos sin romperlos, mientras una gota de sudor surca su frente.
La viscosidad de la sustancia hace muy difícil la extracción, pero darse por vencida no está dentro de sus posibilidades.
Finalmente, luego de la intensidad y delicadeza del momento, la mujer vuelve a respirar.
Los doctores quedan impresionados ante el talento y la capacidad de acción de la joven kunoichi, quien se apresura ahora a depositar la flema sanguinolenta, acumulada dentro de la cápsula de agua que envuelve a su mano, en una fuente esterilizada, que de causalidad tiene a mano en ese momento.
—Por favor, llévenselo al doctor, al laboratorio, para que lo examine...—Pide alejándose de la camilla, tomando la fuente entre sus manos para entregársela a uno de sus colegas que justo se encuentra abandonando la habitación.
Secándose el rostro con una toalla, que le alcanza otra de sus compañeras presentes, sale un momento al pasillo para recobrar el aliento.
El pelirrojo se había mantenido informado acerca de los esfuerzos, y progresos, de su compañera mientras trabajaba en el laboratorio. Era necesario para tener un adecuado concepto de a qué se enfrentan. Además, considerando que este veneno está diseñado para romper la voluntad de los médicos, la mujer se está enfrentando a esta situación de una manera admirable.
—Ese soy yo—Asiente al empleado que arriba al laboratorio preguntando por él—.Dame eso, creo que tengo una idea de qué es.
El enfermero le entrega la sustancia, y de inmediato el marionetista comienza a analizarla en las instalaciones que le facilitaron. Hace tiempo que no trabajaba de este modo... Lo gracioso es que la última vez que se dedicó a la investigación de venenos, fue cuando estuvo con la organización que ahora es responsable de este caos.
Sonríe con algo de nostalgia, y prosigue con su trabajo sin más distracciones.
Ambos ninjas continúan trabajando en la instalación hasta que el Sol se pone, y hasta que el agotamiento y el estrés comienzan a ralentizar el juicio de la rosada.
Reconociendo que, por el bien de sus pacientes, no puede poner su juicio en juego, deja instrucciones al personal de turno nocturno antes de retirarse con la idea de dormir, al menos unas cuatro horas, antes de regresar a su puesto a la mañana siguiente. No se permitiría descansar mucho más que eso, no mientras sus pacientes aún estén en riesgo.
Con notorio cansancio reflejado en su porte, Sakura se quita la bata blanca del hospital, que le entregaron al poco tiempo de llegar, y la deja colgada al lado de las de sus compañeros de área, para luego guardar unas pocas cosas dentro de su cartera y abandonar finalmente el hospital. No sin antes despedirse del resto de los doctores, y recordarles sus instrucciones una última vez.
Tras ella, el marionetista la sigue hasta el albergue en silencio.
La primer jornada en el hospital fue agotadora para ambos, pero principalmente para Sakura. Ella no es un científico de investigación, es un médico. Le importan las vidas de sus pacientes, y es muy consciente de que, en base a la experiencia, no todos sobrevivirían.
Sakura sabe que debe enfocar sus esfuerzos en encontrar una manera de tratarlos, y en que cada paso quede lo suficientemente documentado, como para encontrar una solución definitiva a esto antes de que llegue al mercado. Si esto se libera como un arma, los resultados podrían ser una catástrofe de aquellas que no se observan desde la última guerra ninja.
