Progreso.


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En lo que los ninjas transitan por las silenciosas y casi desiertas calles de tierra que los guian hasta el hospedaje, Sasori rompe la monotonía del ambiente para sugerirle a la muchacha a su lado que continuase por su cuenta. Porque él necesita desviarse del camino por un momento para hacer una compra.

Sakura no objeta, ni responde a la propuesta con más que un ligero asentimiento de su cabeza. Ahora mismo, ella sólo puede pensar en que tendrá que dormirse cuanto antes, para poder estar lista por la mañana. Además, necesita descansar de una molestia que viene acumulándose en su cuello, fruto de todas las malas y rígidas posturas a las que los músculos de dicha zona estuvieron sometidos a lo largo de la estresante jornada, y quizás incluso del mismo viaje.

Por su parte, Sasori no se extraña ante la pasividad y falta de energía que exhibe su compañera, ya que el agotamiento que padece es más que visible en su rostro. Por lo tanto, con el premeditado objetivo de aliviarle un poco la carga, separa su camino del de ella para cruzar a la cuadra de enfrente y posteriormente doblar por la esquina, adentrándose en la búsqueda de algún mercado abierto en el que comprar algo para la cena de esta noche.

Afortunadamente, su caminata no se extiende demasiado antes de dar con una tienda de rámen. Con la una de la madrugada acercándose, y a juzgar por la luz rezumando a través de sus ventanas, la tienda parece estar abierta para los trabajadores serenos que se cumplen servicio durante estos horarios. Como el marionetista ya había esperado en un primer momento, al ingresar en el pequeño comercio nota que él es el único cliente allí presente. Sin perder su tiempo, ni el de los dos empleados sentados y conversando detrás de la mesa de recepción, se acerca para pedir un plato para llevar.

Ante el hecho de no conocer los gustos culinarios de la ninja de la Hoja, vacila unos instantes al especificar de qué ingredientes quiere que preparen el rámen, pero finalmente opta por la carne de cerdo.

Después de completada la espera por el pedido, uno de los dependientes se retira por la puerta trasera a la caja, en donde supone que está la cocina, para empacar y retornar con la recién preparada obra de la casa. El otro se queda a cobrarle. Resulta ser que el rámen casero en este poblado, a diferencia de otros muchos sitios que visitó a lo largo de su carrera criminal, no es precisamente barato, pero después de todo es el precio a pagar por no haber comprado víveres para cocinar en primer lugar.

Cuando Sasori arriba finalmente a la posada con el paquete en mano, e ingresa a la habitación en la que él y Sakura se están hospedando, localiza a ésta última arrodillada en el suelo de espaldas a él, armando el futón que utilizará para dormir esta noche.

Sakura, ya ataviada de su ropa de dormir, consistente en un pijama celeste oculto debajo de una fina bata blanca, cesa de estirar las sábanas de tono caoba para voltearse a ver al recién llegado.

—Ah, ya regresaste—lo recibe con la informalidad a la que el pelirrojo ya la tiene relativamente acostumbrada. Informalidad que la privacidad de su actual asentamiento le permite expresar sin demasiados miramientos.

—No tienes que preocuparte por la cena de esta noche—responde devolviendo el tono, tras cerrar y echar llave a la puerta tras de sí—. Descansa, mañana no será más sencillo que hoy.

Tras haberse descalzado en el recibidor, Sasori se acerca a la mesa, sacando un estuche de plástico sellado desde el interior de la bolsa de papel amarilla de compra, con el logo de la tienda de rámen impreso en rojo en ella. Ante la mirada curiosa de su compañera, se agacha para depositar la cena caliente sobre la madera del tradicional mueble.

—Muchas gracias—parpadea sorprendida por el gesto del ex Akatsuki.

Sakura se incorpora, pasando por un lado del renegado para buscar algún plato sopero de cerámica, más un vaso que llenar de agua dentro de la alacena que cuelga sobre la encimera de mármol. Luego, retorna sobre sus pasos con los utensilios en mano y se arrodilla finalmente frente a la mesa. Se toma el atrevimiento de agarrar el redondo recipiente entre sus manos y destaparlo, sólo para sentir el vapor, y el suculento aroma del fideo, la salsa de soya y la carne cocida de lleno en el rostro.

De repente, el agradable estímulo le recuerda que no comió nada prácticamente desde el mediodía, y siente a su boca humedecerse y a su estómago rugirle desesperado por llenarse del platillo.

El marionetista pasa a tomar asiento frente a ella, sin hacer más que presenciar la escena sonriendo para sus adentros. En cierto modo, se siente aliviado de haber tenido la suerte de dar en el clavo en cuánto a los ingredientes de la sopa. A decir verdad, hubiera sido incómodo para ambos que el gesto no hubiese sido bien recibido por no ser del gusto de su compañera, o por ser causa de alergia, intolerancia o algún tipo de cosa similar.

Con una sincera sonrisa de complacencia en su rostro, Sakura vierte la cena sobre el plato de cerámica, y sin retrasar más lo que su organismo le pide a gritos, toma los palillos a un lado del plato y da buena cuenta de la preparación.

Hace ya varios días, prácticamente desde que comenzó su viaje, que no come otra cosa que alimento imperecedero, seco o deshidratado. Es más, hace más de un mes que no comíe rámen preparado en un restaurante. En su casa, su madre no suele cocinar la receta. Además, hace mucho que no asiste a alguna reunión de su equipo como para degustar el ramen del Ichiraku, pero no hay motivo en negar que alguien que se dedica a cocinar profesionalmente sabe hacer que sus papilas gustativas se embriaguen como pocas veces en su vida.

Luego de unos instantes de perderse en su bocado, regresa al mundo para volver a dialogar con el criminal sentado en el otro extremo de la mesa.

—Por favor, dime que tienes alguna idea de con qué estamos tratando—expresa con un renovado semblante de seriedad, a la vez que hace lo posible por no perder los modales en la mesa en consecuencia del tamaño de su apetito.

—Ojalá tuviese algo más detallado—responde con pragmatismo, estirando un brazo sobre la mesa para tamborilear sus dedos en un sutil gesto de concentración—. Es una combinación. Los primeros síntomas parecen ser causados por una sustancia de origen vegetal y, por lo que veo, no es imposible tratarlos. Una toxina animal produce los efectos que vimos en los músculos… pero el resto de los síntomas… Creo que son causados por una bacteria o virus. Supongo que la fiebre inicial es usada como una máscara para esconder la reacción ante una infección. Necesitaré trabajar con tejidos vivos, con muestras recientes para intentar aislar al agente. Estoy seguro de que debe estar ahí, y si está ahí… diseñar una cura o vacuna contra una bacteria o virus… Eso va a ser difícil, al menos para mí. Si mi teoría es real, necesitaré asistencia tuya y de cualquier otro médico. Temo que mi experiencia trabajando con agentes microbiológicos y virales no sea suficiente.

Sakura le escucha con atención, preocupada por el panorama que se está presentando ante sus ojos.

—Esto será grave si llegamos al punto en el que tus conocimientos se vuelvan insuficientes—adhiere a la narrativa de su compañero.

—Mis capacidades en el manejo de virus y bacterias nunca fueron demasiado refinadas. Prefiero venenos que pueda recrear en cualquier laboratorio, en vez de necesitar equipo específico para ello.

La aprendiza de Tsunade se muerde el labio inferior ante la frustración de esas últimas declaraciones. Como si la contractura de su cuerpo reaccionase a su estado de ánimo, debe llevarse la mano a la nuca para sobar la zona.

—No quita que esto se ve demasiado peligroso—frunce el ceño ante el recuerdo del angustiante sufrimiento que vivió el día de hoy a través de sus moribundos pacientes—. No saber la manera exacta para tratar a las víctimas, nos hace gastar demasiadas drogas. Sin contar el estrés de no poder dar seguridad a sus familias, o lo que queda de ellas.

—Hago todo lo que puedo—resalta Sasori sin perder la calma—. Si mañana puedo trabajar con muestras recientes, o incluso vivas, intentaré encontrar algún tratamiento experimental. Lógicamente, tú serás la que decida si es aceptable o no. Después de todo, son tus pacientes.

—Gracias de nuevo—sonríe sin demasiado entusiasmo, acabando de sorber lo último que queda de su plato—. Y tendrás acceso libre para tomar muestras de todos los pacientes que no estén en una situación crítica. Siempre que sea bajo mi orden, claro.

—Haré lo mejor que pueda—asiente Sasori poniéndole fin al tema, al menos por hoy—. Intenta descansar por esta noche. Yo me quedaré dentro y fingiré que duermo. No estoy confiado al punto de no querer disimularlo.

Sin más asuntos a discutir, Sakura levanta la mesa y lava los trastes antes de retirarse al futón a descansar.

Para eso de las dos de la madrugada, la habitación ya se encuentra en penumbras, y en el más ameno de los silencios.

En un primer momento, seducida por la tranquilidad del ambiente, la muchacha intenta conciliar el sueño de la mejor gana posible. No obstante, con el correr de los minutos, la tarea comienza a resultarle más y más difícil. El día en sí fue demasiado acelerado, y, a pesar del cansancio, aun no logra drenar por completo la adrenalina de su organismo. La preocupación, el estrés, y el hecho de compartir una habitación cerrada con una marioneta insomne conspiran ahora mismo para evitar que duerma.

Con las escasas luces de la calle colándose un poco a través de las cortinas, Haruno abre los ojos en la oscuridad y gira apenas sobre sí misma para observar al renegado por sobre el hombro. Por todo el tiempo que pasa escudriñándolo en silencio, el hombre está estático como un maniquí, sentado sobre la encimera de la cocina. Tal es su falta de movimiento que sólo pasa la noche observando por la ventana de la cocina, apenas corriendo la cortina para espiar hacia afuera.

La imagen es monótona hasta para ella, así que vuelve a cerrar sus orbes para enfocarse de nuevo en la labor de intentar alcanzar el tan ansiado sueño. Empero, no pasan más de dos minutos antes de que sienta a Sasori caminando hacia ella, sólo para recostarse sobre el otro futón del cuarto, a unos diez pasos a la izquierda del suyo propio.

El dormitorio se encuentra en silencio, el pueblo afuera también... y el hecho de que ahora esté compartiendo la habitación con alguien que no emite ningún sonido, siquiera para respirar, es antinatural, y, en este preciso momento, convierte la quietud en algo casi sobrenatural y perturbador.

Molesta por no poder encontrar la calma mental suficiente como para dormir, intenta cambiar de posición una vez más, pero el dolor de su cuello se intensifica de una manera que jamás habría previsto. Rechinando sus dientes en respuesta al agudo dolor, se lleva una mano al área a modo de reflejo, y maldice en voz baja. Ahora, ya no le queda otra que sentarse sobre el lecho, profundamente frustrada consigo misma.

Sasori también se incorpora hasta quedar a su altura y posa sus ojos sobre la encorvada figura femenina, en una inevitable reacción a lo que ocurre en su sesgado campo de visión.

— ¿El dolor aún permanece? —pregunta con invariable y casi analítica calma, sin haber tenido ningún problema en dar con la razón del malestar.

—Sí… —acepta ella con voz afligida, moviendo su cuello para estirar los rígidos músculos de la zona—. Espero que se vaya para mañana.

—Es probable que tengas una fuerte contractura. Si es así, una noche de sueño no será una solución.

—Lo supuse… —bufa de mala gana—. En el peor de los casos, ¿Puedo pedirte que uses un sedante en mi?

La kunoichi esboza un poco de ironía en sus palabras, intentando mantener el buen humor lo mejor que se pueda en su actual situación.

—O podría quitarte la contractura—sugiere él con el mismo tono que ella—. Sin drogas.

—Creo que paso—declina la idea sin pensárselo dos veces. El hecho de que Sasori entre en contacto con su cuello es diez veces más incómodo que tener que soportar la maldita contractura el resto de la noche—. Si no mejora, en la mañana compraré una pomad…

La joven intenta volver a acostarse, sólo para sentir al persistente dolor endurecer la base que sostiene su cráneo.

—Espero que seas bueno—amenaza de nueva cuenta tras desistir en su cometido, tragándose el orgullo en el mismísimo instante que ahoga un chillido más de dolor dentro de su boca.

—No me ofrecería si no fuese el caso—aclara mostrando una sutil sonrisa de medio lado.

Minutos después, la adolorida Sakura está sentada en el suelo, de espaldas al futón del ninja renegado. Con su cabeza colgando inclinada hacia adelante, tiene sobre su cuello desnudo una toalla que fue calentada previamente con vapor.

El marionetista, pasando a ocupar el futón justo a sus espaldas, remueve el paño sin previo aviso y emite una advertencia:

—Dolerá un poco.

La muchacha traga saliva, manteniéndose en una pieza entre expectante y nerviosa ante las mil y un ocurrencias que puede interpretar de esa vaga y enigmática sentencia.

—Cuánto antes pueda dormir, mejor. Tú lo dijiste: mañana no será más fácil que hoy.

El punzante dolor que atraviesa a sus músculos aunque sea le sirve para ahogar la incomodidad que está experimentando ahora mismo, al tener a Sasori utilizando sus dedos índice y pulgar para masajearle el cuello.

En un principio, su tacto es frío, duro y carente de la calidez que un cuerpo humano suele emanar. No obstante, el material no tarda en contagiarse del calor de sus propios cuello y nuca. Sakura maldice en voz alta para aliviar la molestia sufrida bajo su piel, y para dispersar la incomodidad que este nuevo silencio añade a lo bizarro de su situación. Conservar ese aspecto infantil suyo hace que este tipo de altercados sean percibidos como incomodidades, cuando deberían ser tomados exclusivamente de forma práctica.

Por su lado, Sasori enfoca su fuerza en las yemas de sus dedos, sabiendo casi a la perfección dónde apretar, y con qué presión hacerlo para deshacer los nudos que se formaron durante todos estos días en el cuello ajeno.

—Dame unos minutos, y el dolor desaparecerá—pide con concentración en su labor.

—Si estás haciendo esto más doloroso a propósito… No es un chiste gracioso—espeta Haruno con los dientes apretados, mas sin mover un músculo de su actual posición.

—Deja de actuar como un paciente molesto—la regaña con fastidio en su voz—. Tú sabes cuán desagradables son.

Esto último la obliga a recuperar la compostura. Ninguna otra frase hubiese funcionado mejor. Ahora no puede hacer más que cerrar la boca y volver a tragarse su orgullo e incomodidad, permitiendo finalmente que él trabaje en su cuerpo todo el tiempo necesario para comenzar, por fin, a aflojar la rigidez de sus fibras.

—Voy a usar un senbon para forzar un movimiento en tus músculos. ¿De acuerdo?

—Hazlo—le exige con impaciencia—. Si a estas alturas desconfiara de ti, sólo sería una idiota.

El pelirrojo responde clavando dicha aguja en distintos puntos de su cuello, apenas atravesando la piel, apenas causando una pequeña molestia ante la cual sus músculos se tensan y reacomodan sección por sección.

Cuando Sakura siente el último pinchazo, el renegado aparta la aguja de ella y le pide que mueva su cuello. Con un poco de miedo ante el resultado de la particular terapia, ella acata a la orden y trata de ver por primera vez al hombre a sus espaldas sin utilizar su columna para girarse. Para su sorpresa, el dolor está ausente, y puede observar sin problemas a un Sasori orgulloso de su trabajo.

—De seguro puedes curar las pequeñas heridas en tu cuello. De todos modos, ya estás lista.

—Eres sorprendentemente bueno. ¿Cómo practicaste esto? ¿Qué utilidad tienes para este talento?

— ¿Segura que quieres saber? —pregunta con una ceja alzada.

—Pensándolo de nuevo… puedo hacerme una idea. Gracias por no responder, y gracias por la ayuda—reformula con el buen humor recobrado, mientras lleva su mano cargada de chakra a sanar los pequeños puntos de incisión, de los cuales unas gotitas de sangre están comenzando a emerger.

—De nada. Descansa y procura no dormir en una mala postura. Tus músculos todavía son susceptibles a regresar a su rigidez anterior—indica el titiritero antes de apartarse de su actual posición.

Sakura asiente en silencio, y sin emitir más palabra, vuelve a su cama. Esta vez, demora en dormir el mismo tiempo que tarda en borrar la sensación de los rígidos dedos de cerámica que hace unos minutos recorrían la base de su columna. Sasori quizá sea un engreído, pero viene siendo demasiado útil estos últimos días. Tiene que pagarle o compensárselo de alguna manera. Porque si hay algo que ella odia en este mundo, es el sentirse en deuda con alguien.

Por otro lado, el de la Arena abandona su propio lecho una vez más, y regresa a cobijarse en su anterior posición a un lado de la ventana. No puede quitarse de la cabeza la idea de que ambos están siendo observados. Después de todo, esta nueva arma es demasiado compleja, demasiado refinada como para descuidarla un sólo segundo. Demasiado esfuerzo fue puesto en ella como para que no haya nadie trabajando como espía para la Serpiente. Si tan solo pudiera encontrar a este hipotético servicio de inteligencia, podría utilizarlo para llegar a la base en la que se esconden.

Dada la naturaleza del veneno y la cantidad de víctimas, deben estar manufacturándolo relativamente cerca del poblado y sus alrededores. Quizá pueda hasta encontrar una cura ya creada por la propia organización. Después de todo, nadie crearía un monstruo como este sin también idear una manera de detenerlo.

Otro problema a considerar, es que es necesario pensar en esta arma como parte de una estrategia mayor. ¿Cuál es el siguiente paso, luego de inutilizar los hospitales del enemigo?

"Dejarlo sucumbir a causa de heridas o enfermedades, que en otra circunstancia serían fáciles de tratar."Conmina Sasori sin mayores dificultades.

Si la serpiente considera que este pueblo debe ser borrado del map, para que nadie pueda hablar, o para despertar el interés de futuros clientes, sería demasiado fácil. Sólo deben esperar unos días hasta que los medicamentos escaseen. Luego, la más mínima plaga sería una sentencia de muerte.

El ex Akatsuki sonríe en la oscuridad… notando que se metió demasiado en su tarea de ayudar a Sakura.

"Ey... al fin y al cabo es más divertido que simplemente tener que esperar sin nada más que hacer."

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Amanece en el poblado, y la ninja médica se despierta casi de forma programada. Sin perder tiempo, se levanta de la cama, busca su ropa guardada dentro del armario y entra al baño para vestirse.

—Ahora saldremos a comprar provisiones para esta noche, y luego partimos al hospital. De paso, me compraré algo extra por el camino para desayunar—ondica a su compañero aún apostado junto a la ventana, una vez que reaparece en el dormitorio ya cambiada y preparada para iniciar el día.

—Mejor sería si sólo yo regreso aquí con lo que compremos, mientras tú sigues camino hasta el hospital—ofrece él como nueva opción, descendiendo al suelo para igualmente alistarse para salir—. Tus pacientes pueden esperar menos que mis estudios.

Ella da su consentimiento de buena gana ante la propuesta, terminando de preparase y de dejar el apartamento en condiciones antes de su partida. Para la propia Sakura, el despertar de hoy se siente distinto a los anteriores: más frenético, más enfocado, con más preocupaciones en mente para ambos.

De este modo, una vez que los dos dejan atrás el albergue, ya no hay tiempo ni humor para chistes en su agenda. Aunado a esto, las compras resultan ser un trámite bastante ligero,ya que los dos deciden que los víveres a conseguir sean básicos y sin demasiadas pretensiones sobre ellos.

Como ya lo habían acordado antes de salir a la calle, tas finalizar la labor es Sasori quien se encarga de almacenar las compras en el hospedaje. Tarea que sólo lo retrasa unos 15 minutos para llegar a su lugar en el laboratorio y ponerse manos a la obra. Al ingresar al trabajo, una nota pegada en la puerta del laboratorio reza: "Hubo un fallecido anoche, ve a la morgue."

Vaya manera de comenzar el día…

Se dirige a la habitación que es destinada a resguardar los casilleros que albergan los registros y contabilidad de la instalación. Una vez allí, abre el cajón de uno de los casilleros, y toma los informes que encargó anoche, antes de irse, al jefe de cuidados intensivos que sustituyó a Sakura. Ahora, con un nuevo objetivo en mente, abandona el receptáculo, desplazándose por el pasillo, mientras lee el progreso de los pacientes durante las últimas ocho horas. Según los reportes, hay tres nuevas víctimas.

Bien, esto es lo que necesita: muestras frescas.

Del otro lado de la instalación, Sakura no está nada agradada con el panorama actual: un paciente muerto por la noche, nuevos pacientes que tratar, y los que lograron sobrevivir un día más, ya están desarrollando síntomas nuevos de los que no se tenía nota alguna… Al menos, están sobreviviendo más que los anteriores, pero ¿Cuál es el punto de sobrevivir a los síntomas anteriores, si sólo lo haces para morir ante el siguiente?

Ahora mismo, está por fin terminando de estabilizar a un joven muchacho, que hace pocas horas había llegado presentando la parálisis generalizada, primer síntoma que da inicio a la agonía.

Justo cuando puede darse darse el lujo de tener un respiro, siente a Sasori a sus espaldas, arribando a la habitación en la que ella y su paciente se encuentran.

El marionetista cierra la puerta tras sí, y pasa a tomar lugar junto al extremo contrario de la camilla, ataviado, al igual que ella misma, con una bata de laboratorio y un barbijo. El invitado se dirige a ella con una desconexión emocional, que en este momento la rosada no puede más que envidiar.

— ¿Es este el caso más reciente?

—Todo tuyo—Responde Sakura de forma concisa.

—Necesito darle anticoagulantes—Expresa a través del barbijo, contemplando la faz de su compañera con una mirada afilada, que expresa la seriedad frívola con la que se está tomando la misión—. ¿Representa un peligro?

—Según los reportes, las hemorragias no se dan hasta luego de cuatro síntomas—Relata poco convencida con la idea—.Eso nos da 15 horas… No lo aconsejaría ahora.

— ¿Algún método que puedas utilizar para buscar heridas en la piel? Quiero dar con el punto de entrada del veneno. Hasta ahora, los médicos del pueblo han estado actuando bajo la idea de que la toxina es inhalada, por no poder encontrar una herida de entrada. No me sorprende, siendo que este hospital no tiene médicos entrenados para resolver esta clase de misterios. Este pueblo es sólo uno de muchos establecimientos madereros, y no hay motivo alguno para que deba estar preparado para esta clase de ataque—Prosigue el renegado, rozando dos de sus dedos, refugiados bajo el látex de unos guantes, sobre el antebrazo del inconsciente muchacho postrado frente a él—.Teorizo que debe ser introducido con una jeringa, en una arteria principal, y que la herida debe sanar con una rapidez tal que ni yo, ni los médicos podemos encontrarla en pacientes avanzados.

—Sólo nos queda el camino difícil, entonces—Agrega con la misma profesionalidad que su compañero, ahogando un suspiro de frustración bajo su actual protección facial—. Presionemos manualmente las zonas en donde crees que pudo haber sido la inserción. Si la herida está presente, sangrará.

Habiendo llegado a un acuerdo, ambos desvisten con cuidado al más que drogado paciente, y comienzan a examinar su piel en búsqueda de sitios por donde sería estratégico inyectar a alguien desprevenido.

Lleva unos minutos de meticulosa revisión, pero finalmente logran dar con el supuesto punto de entrada. Éste se deja ver en la pantorrilla derecha, cuando Sakura presiona la piel haciendo brotar una única, y diminuta, gota de sangre.

—Teoría probada—Pronuncia Sasori con una invsible sonrisa, oculta bajo la máscara protectora—.Tomaré muestras de sangre y fluidos. Ahora que tengo una idea de cuál es el método de inserción, puedo acotar mis esfuerzos a un menor número de teorías y estudios.

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Unas horas más tarde, el marionetista continúa con su investigación dentro del laboratorio, leyendo y teorizando en cada tiempo muerto, que se produce luego de la obtención de resultados de cada tejido que va analizando.

El resto del personal que trabaja con él en esta área circula por el laboratorio, entrando y saliendo para traerle nuevos datos de los cuales tomar nota para su investigación, tales como nuevas muestras o nuevos reactivos. Algunos compañeros incluso se toman el atrevimiento de aconsejarle descansar, o de bajar al comedor de la planta baja para abastecerse con algo.

Obviamente, rechaza a estos últimos intentando ser cortés. No obstante, alguno de los atolondrados, pero bien intencionados de sus compañeros, le deposita una botella de agua mineral sobre la mesa para que "Al menos, se hidrate un poco". Sin embargo, el incompetente subordinado se va antes de que pudiese reconocerlo y poder insultarle por el hecho de no saber que no se puede comer ni beber dentro de un laboratorio.

"Bueno, ya que estoy, supongo que podré darle algún uso." Piensa con una ceja alzada, levantando su mirada del microscopio para posarla sobre el objeto reposando sobre la larga mesa de mármol.

Ahora que lo piensa mejor, la botella de agua mineral serviría como sustrato para uno de los cultivos que está preparando dentro de una caja Petri, enfocada por el lente del microscopio, para intentar aislar un posible componente biótico del menjunje de fluidos, que fue extraído ayer de las vías respiratorias de una paciente.

Cuando el experimento debería ya estar listo, se topa con un resultado inesperado: la lente del microscopio deja ver que no hubo ningún crecimiento en la muestra.

Imposible, él aún no está utilizando ningún tipo de antibiótico. Esta es una muestra que puso a crecer en el agua de la botella.

Extrañado, toma la pipeta de vidrio, en la que había almacenado el agua para mezclar en la muestra, y escudriña el delgado artefacto con atención. Debe haber algo extraño en ella. En el mejor de los casos, quizá se trate de una cura.

Lo que en un principio fue una simple corazonada, al cabo de unos minutos se transformó en una realidad diferente. Tras finalizar un análisis extra de los componentes del agua de la pipeta, se encuentra con niveles altos de arsénico.

Esto no es agua potable, esto es un claro intento de asesinarle.

"Sakura."

La serpiente acaba de realizar su primer movimiento contra él. Después de todo, es lógico que le ataquen, porque él está buscando una cura. Pero ahora, el siguiente paso es atacar al médico que lo está acompañando en esta misión.

Sin mostrarse alterado por fuera, sale del laboratorio tan rápido como puede para interceptar a la kunoichi antes de que el enemigo lo haga.

Afortunadamente, tras arribar al departamento de cuidados intensivos, consigue escucharla activa, e intentando salvar a uno de los pacientes que ha estado atendiendo desde ayer. Aguardando apoyado contra la pared junto a la puerta, la escucha por unos quince minutos, socorriendo al moribundo hombre de tercera edad, que en este momento se está debatiendo entre la vida y la muerte, hasta que finalmente la máquina que marca las pulsaciones de su corazón se queda congelada.

Sasori oye a la mujer intentando resucitarlo varias veces, pero todas son en vano. En un arranque de frustración, la ninja golpea la pared, haciéndola temblar y asustando a todos los colegas presentes en la planta. Luego, la oye respirar profundo y comerse la frustración.

Después de que todo el revuelo pasa, y la habitación vuelve a quedar en silencio, Sasori levanta su mano para llamar a la puerta. Unos segundos más tarde, Sakura atiende al estímulo, saliendo del cuarto para toparse con el marionetista por primera vez desde un largo rato.

—Tú. Yo. A solas. Ahora—Le susurra de modo conciso, y con una mueca de seriedad a la que su desmoralizada compañera no podrá simplemente negarse.

—Hay nuev—Intenta hablar ella, pero es interrumpida por el pelirrojo, que se impone con una seriedad en su expresión, que esta vez raya en la amenaza.

—Emergencia. Ahora.

Sin darle tiempo para volver a objetar, Sasori le hace un gesto con su cuello a la ninja para que le siga.

Sin aminorar el paso en ningún momento, guía a la ninja por los pasillos de la instalación a paso rápido, descendiendo en cada nivel hasta llegar, nada más ni nada menos, que al depósito subterráneo del hospital. En el que se encuentra el horno utilizado por el hospital para deshacerse de los órganos, y demás desperdicios orgánicos.

Por lo que Sakura puede ver, el sitio está bastante descuidado, además de pobremente iluminado. Por lo que no puede más que ver su expectación e intriga incrementadas ante el repentino cambio de aura del ex Akatsuki.

Sasori la lleva a hasta un rincón oscuro, que se halla alejado de las escaleras, además de rodeado de enormes pilas de bolsas de basura y de cajas contenedoras de desperdicios varios. Éstas servirían para evitar que el sonido escapase del sitio en el que llevarían a cabo tal transacción de información.

—Intentaron envenenarme—Le confiesa una vez que han conseguido resguardarse de las vistas y oídos de todo el mundo—. Probablemente también seas un objetivo.

— ¿¡Que!? ¿Quién? —Exclama ella, apenas pudiendo reproducir el tono de susurro en el que Sasori le está hablando.

—No logré identificarlo. Sólo sé que intentaron darme arsénico de beber. Así que debes tomar todas las precauciones posibles—La instruye, cogiéndola con cierta brusquedad de un brazo ante la amenaza, que por un instante percibe en la compostura de la muchacha, de desplomarse ante el estrés—. No dejes que nadie se te acerque. En el remoto caso de que quien esté tras nosotros quiera usar el arma en nuestra contra, deberá inyectarnos. Si lo intenta conmigo, es muy probable que fracase por no saber dónde apuntar.

—Mantendré la distancia y los ojos abiertos—Asiente Sakura, frunciendo un poco el ceño ante la incomodidad del agarre.

Recuperando el aliento y la energía de un solo resoplido, aparta en silencio la mano del marionetista, con la suya propia, en un acto casi involuntario.

—Si identificas a alguien sospechoso, debes decírmelo. Sabes que tengo asuntos que atender con esa organización—Prosigue en sus indicaciones, ahora con la calma recobrada.

No obstante, las horas siguientes a la reunión fueron una montaña rusa de paranoias y crisis. Pero al menos, los pacientes que ingresaron la noche anterior han conseguido progresar en sus síntomas sin morir. Aunque durante transcurso del día han ganado tres más.

El pelirrojo está viendo las cosas a gran escala. Los recursos del hospital se están gastando a ritmos alarmantes, y las víctimas del veneno siguen llegando a ritmo casi ininterrumpido… El punto de quiebre no puede estar lejos. El personal del hospital ya está en suficientes apuros teniendo las medicinas adecuadas, y para cuando estas se acaben el orden colapsará. Si la serpiente decidiera que este sitio no debe tener supervivientes, sería tan simple como introducir una plaga menor.

Esta es la primera vez que su misión consiste en salvar gente… A decir verdad, nunca pensó en tratarla con una mayor seriedad que otras tareas anteriores…. Pero ahora… Ahora, se ve en la obligación de tomar una decisión que es difícil, pero necesaria.

La próxima vez que Sakura se acerca al laboratorio, superada por la situación, para preguntarle por un tratamiento alternativo, el ninja renegado le ofrece una nueva opción.

—Diálisis constante—Pronuncia desde su butaca, despegándose del lado del microscopio para atender a la muchacha—.Es demasiado costoso, y es probable que salga mal, pero tiene una chance de limpiar el organismo de la toxina. Te aconsejo que lo pruebes con pacientes que estén en distintas fases. Si el tratamiento funciona, y podemos limpiar la toxina, tendremos que tratar el daño residual.

Sakura, aunque al arribar al departamento estaba dispuesta a hacer lo que fuera para frenar las muertes que no dejan de acontecer bajo sus manos, ahora escucha la opción dudando de su eficacia.

— ¿Estamos tan mal que debemos recurrir a algo así? —Pregunta con un claro desgaste, tanto mental como físico, a través de su compostura.

—Aún no estoy ni cerca de producir un antídoto. Si queremos darles una chance, tendremos que comenzar a usar tratamientos experimentales. Ya perdimos varios pacientes.

Sakura asiente sin vocalizar réplica alguna. Puede entender el que encontrar un tratamiento alternativo sea la única opción que tienen ahora.

— ¿Crees que será posible que creemos un antídoto? —Pregunta, preocupada por sus pacientes.

—Sí, el antídoto existe. Esto es demasiado peligroso como para no tener un antídoto. Y si ellos pueden, nosotros también, sólo que nos costará un poco más... —Sentencia, esta vez haciendo uso de un tono enigmático que a la kunoichi no le está agradando para nada.

El marionetista le había mentido, aunque a ella le haya llevado hasta ahora el poder notarlo. Esto no salvaría a nadie, pero permitiría estudiar el progreso de los síntomas de manera aislada. Quizá con esto Sasori, pueda conseguirse un poco más de datos para encontrar la clave para detener esto, antes de que los recursos del hospital se agotasen…

A Sakura no le queda de otra que aceptar la idea de usar tratamientos experimentales. La medicina que ella conoce está fallando, y, si no están en condiciones de crear una cura, entonces es su obligación intentar todo lo que pueda funcionar. Sus motivos son humanos.

Pero los de Sasori son eminentemente prácticos. Esto es un arma de guerra. Ya no podían tratar este asunto como si fuese algo civil. Debían administrar el tiempo, los recursos y los pacientes con eficiencia militar.

Sasori sabe que Sakura, actuando bajo su propio juicio, no habría permitido esto, ni ahora, ni nunca. Pero su misión es salvar vidas, y él se decidió a ayudarle. Quizá, cuando ella comprenda por completo el funcionamiento de esta arma, recién así pueda entender por qué una decisión tan drástica es necesaria. Aún así, no le permitiría a la kunoichi tomar una decisión que la volvería responsable por tantas muertes.

Pero aún así, aguien debe tomar esta clase de decisiones antes de que sea tarde. Y ese alguien es él.

La diálisis propuesta por Sasori sirvió para estabilizar a los pacientes. Mientras haya sangre almacenada en la instalación, el hospital podrá mantenerlos estables, en el tiempo que les lleve el hacer estudios para comprender en dónde se está incubando la enfermedad.

Si algo bueno tiene esto, es que no parece ser transmisible de persona a persona. De esta manera, uno sólo puede apenas imaginarse el terror que esto causaría, si pudiese transmitirse de un huésped a otro.

Una vez el largo y pesado día llega a su fin, dando paso a la paz y serenidad de la noche, ambos shinobis dejan instrucciones al personal nocturno, al igual que habían hecho la noche anterior, para luego salir del hospital cuidándose las espaldas.

A partir de ahora, ya no será conveniente el hablar en público.

A partir de ahora, tendrían que ser por demás cuidadosos, sólo para mantenerse lo más seguros posible.

A partir de ahora, para poder organizar el plan que seguirían el día siguiente, tendrían sí o sí que esperar a llegar al albergue.