Miedo para dos.


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—No va a haber más afectados por el veneno en este pueblo—comenta en voz baja el pelirrojo, una vez que ambos consiguen estar guarecidos dentro de las paredes que conforman su alojamiento.

—Eso suena demasiado bueno para ser cierto. ¿Por qué lo dices?—pregunta una escéptica Sakura, dejando atrás a su compañero en el recibidor para entretenerse con la búsqueda víveres dentro de la nevera para improvisar algo de cenar.

El shinobi se descalza en la alfombra, para luego quedar junto a ella en el pequeño espacio comedor-cocina.

—Dejé una nota falsa en los informes que les di a los médicos de tu área—explica con un dejo de confianza en sí mismo—. Dice que sólo necesitamos un nuevo infectado para desarrollar una cura. Como el hospital está siendo vigilado, esa información no tardará en llegar a la Serpiente. Así que tendrán sí o sí que dejar de enviarnos gente afectada por su veneno.

La muchacha termina poniendo un contenedor de losa mediano, cargado con agua y dos huevos, sobre el fuego de la cocina.

—Bien por el pueblo, pero… ¿Cómo pretendes que avancemos en la investigación entonces?—replica aún desanimada, con la mirada fija en el agua que pronto romperá en hervor.

—Ya no podremos avanzar solos, eso es un hecho. No hay tiempo ni recursos suficientes en este sitio para ello. Aun así, ahora que ellos creen que estamos cerca de una cura se desesperarán. Harán su jugada para eliminarnos a nosotros y a nuestro trabajo. Entonces como siguiente paso tendremos que intentar capturar ese espía que está merodeando cerca de nosotros y sacarle la información que nos falta para encontrar una muestra del veneno.

Mientras los huevos se cuecen dentro de su cáscara, la kunoichi arma una mezcolanza de zanahorias rayadas, tomate y panceta troceados, y un poco de lechuga, sal y aceite, que luego de saltear, deposita sobre un plato.

—No estoy muy confiada ante la idea de asaltar una base enemiga sólo nosotros dos... Espero que Sai se nos una antes de que eso sea necesario. Hasta entonces, buscaré tratamientos que ayuden a los pacientes que ya tenemos en nuestras manos.

En lo que Sakura lleva su plato y vaso a la mesa, su compañero de misión se asegura de que los cerrojos de las ventanas estén bien trabados. Luego, baja las persianas y pasa a tomar asiento sobre la encimera junto a uno de los ventanales. La situación comienza a desagradarle en demasía. No demuestra sus preocupaciones. Nunca lo hace, pero antes le era mucho más sencillo conservar la cordura ante momentos de tensión. Antes... cuando el único que corría peligro era él.

No es que tenga demasiados problemas con el destino que probablemente les espera a la mayoría de los enfermos en el hospital. Después de todo, él es un químico, no un médico. Para él, cada paciente no es más que un cúmulo de datos. Tampoco tiene problemas con la idea de que la Serpiente sospeche que sigue vivo. La solución a ese problema es la misma solución que a tantos otros: una masacre bien realizada.

Sin embargo, el riesgo de que el veneno llegue a él o a Sakura antes de que pueda encontrar una cura… es... demasiado, demasiado que perder.

"Hablando de riesgos, hoy fue la primera vez en mucho tiempo que tomé una decisión basada en miedo."

Sasori aún la considera una buena decisión. Aún la considera una decisión inteligente, pero el llamar la atención de la Serpiente de esa manera en particular, al fin y al cabo es una movida basada en miedo.

De ahí en más, el de la Arena racionaliza un poco su decisión; el pueblo es pequeño, y los habitantes del mismo se conocen entre sí. El espía debe ser hábil, pero a su vez debe estar trabajando solo. Sin importar cuán hábil sean, el esconder dos espías en una zona urbana como esta es demasiado arriesgado. Definitivamente, hay un solo espía operando aquí, y jugar con él es la mejor manera de hacerse con una cura o con los datos necesarios para crear una.

Por otro lado, las preocupaciones de la kunoichi son más personales. Su estrés es más acentuado. Intenta seguir los consejos de Sai y encontrar el modo de dispersar sus tensiones en las pequeñas actividades que tiene a su alcance, como lo es ahora mismo la cocina. Todo con la finalidad de conservar la objetividad el tiempo suficiente para solucionar el problema que tienen entre manos.

No obstante, a pesar de sus esfuerzos, le es endemoniadamente difícil el dejar de pensar en sus pacientes. Ahora, Haruno se halla a sí misma guiando su mente hacia el hogar que dejó atrás al comenzar el viaje, pero el resultado de la actividad es sólo figurarse el peligro que podría correr Konoha si esta arma llega al mercado.

La comida se le atasca en la garganta en consecuencia de tales confabulaciones. Frunce el ceño con desagrado. No más pensar en casa. Evidentemente, no le está ayudando a pasar mejor la cena.

Tras haber recobrado la compostura, gracias a un sorbo de agua del vaso junto a su plato, alza su mirada para contemplar al inmóvil ninja frente a ella. Los ámbares del pelirrojo se encuentran ajenos, perdidos dentro del fragmentado panorama que las diminutas ranuras de la persiana permiten apreciar del exterior.

— ¿Tienes algún consejo para que no me vuelva loca?—rompe el silencio, ganándose la mirada del ex Akatsuki al instante—. Para que te lo esté preguntando a ti, en realidad estoy necesitando alguna idea.

Sasori parpadea con implícita confusión.

—Si eres más específica en lo que te preocupa, quizá pueda ayudarte.

—Mis pacientes, el destino final de esta arma, el intento de asesinato… —comienza a enumerar con cierto mal humor en su semblante. Se supone que esto debería ser evidente, tan evidente que debería estar de más explicarlo.

—Ya entendí, ya entendí—la interrumpe con el ceño ligeramente fruncido—.Y creo que puedo decirte lo que yo hago, pero no garantizo resultados. ya que no creo que mi mente sea un parámetro al que comparar a nadie.

—Lo sé—suspira Sakura con cierto cansancio, apoyando el codo sobre la madera para recargar su mejilla sobre su mano libre—. Por eso no te pregunté antes, pero a tiempos desesperados, medidas desesperadas.

— ¿Hay algo que pudieras haber hecho mejor por tus pacientes?

—No lo sé—musita con un poco más de desgano, desviando sus jades hacia su tenedor, que juega con su plato de ensalada y huevos cocidos.

—Eres una médica. Por supuesto que lo sabes—afirma con una media sonrisa, en un mejor ánimo que el que ella ostenta—. Piénsalo un momento.

—Con la poca información que tenemos, tomé la decisión que consideré más adecuada. Logré extender la vida de la mayoría de ellos, pero los demás…

—No te estoy preguntando por los resultados—corrige el renegado con elocuencia, incorporándose para pasar a tomar asiento frente a la joven—. En el momento que tomaste la decisión, esa era la mejor opción. Así que, con respecto a tus pacientes ¿Puedes negar objetivamente que hiciste cuanto estaba a tu alcance por ellos?

—No—afirma luego de unos instantes de muda dubitación.

—Entonces, no te molestes en exigirte más de lo que es posible. Están en las mejores manos, y esas manos hacen todo lo que pueden, y sólo lo que pueden. Ahora, aplica el mismo método a tus demás preocupaciones.

La mujer detiene el tenedor cargado de un nuevo bocado a medio camino, reflexionando sobre las inspiradoras palabras del marionetista. Suspira una vez más, tomándose el tiempo necesario para enderezar su tono y formular una respuesta que esté a la altura de la conversación:

—El destino final del arma… iniciaste un plan para forzar a la Serpiente a salir a la luz. Si aprovechamos esa oportunidad, podemos eliminar el riesgo antes de que el arma haga daño. Estoy intentando mantener mi salud mental en su sitio para poder estar a la altura que la misión me exige, pero aún así, el intento de asesinato…

—Me derrotaste—le recuerda Sasori—. No tienes permitido temerle a un sólo espía sin renombre. Y dadas las características de este pueblo, debe ser sólo uno. ¿Vas a bajar la guardia ahora?

—No—niega Sakura irguiendo su postura, casi ofendida ante tamaña pregunta.

—Entonces, nada te tomará por sorpresa—ríe por lo bajo por lo descabellada que la preocupación de la ninja le parece en este momento— ¿Crees que alguien puede enfrentarte a ti sin elemento sorpresa, y además derrotarte antes que lo conviertas en una mancha contra la pared?

—No era necesario ser tan gráfico…—replica haciendo un esfuerzo para no dejar escapar una risa contrariada—.Y no, no debería ocurrir.

—Haz tu trabajo, yo haré el mío. En el peor de los casos, cambiamos el orden de nuestras misiones: primero los mato a todos, y después les robamos todo lo que tengan sobre esta arma.

La simpleza de esta última declaración, combinada quizá con la veta sarcástica y bien intencionada de Sasori, logra apaciguar las inquietudes internas de la muchacha. Al menos de momento.

—Gracias… supongo.

En lo que una sutil sonrisa tarda en formarse en los labios de la kunoichi, un pequeño retorcijón se aloja en su vientre bajo y se adueña de su atención. Se lleva una mano a sobar la zona afligida, mordiéndose el labio inferior con cierta incomodidad. La naturaleza acaba de elegir un momento por demás inoportuno para dar comienzo a su ciclo.

—Permíteme un momento—pide levantándose de su asiento con disimulada prisa.

Toma su mochila descansando en el suelo del recibidor, y sin más contratiempos se dirige rumbo al baño. Una vez resguardada bajo la privacidad de las cuatro paredes del recinto, revestidas en azulejos color durazno pálido, no demora un segundo más en confirmar manualmente sus sospechas.

Al bajarse el short de lycra negro, junto con las finas bragas moradas, puede presenciar una mancha escarlata sobre la pequeña comprensa blanca que llevó puesta durante todo el transcurso de la jornada, a modo de advertir de antemano la llegada de su período.

Bufa entre fastidiada por lo inoportuna que es la idea de sangrar durante una misión, y aliviada por poder finalmente descartar la ansiedad a la que la espera por ésta misma situación la tuvo sujeta a lo largo de la última semana.

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Las horas pasan en el dormitorio, con todo el ambiente nocturno en el más tangible de los silencios.

La ninja de la Hoja descansa arropada bajo las frazadas del futón, mientras que el marionetista se halla a su lado, tumbado sobre el suyo propio sin hacer más que permanecer en discreta vigilia. Esta vez, Sasori conserva sus hilos posicionados en todas las entradas habidas y por haber de la habitación. Casi desea que quien sea que los está observando, sea lo suficientemente estúpido como para hacerse presente durante esta noche. A decir verdad, le ahorraría mucho trabajo.

Aunque a los ojos del ex Akatsuki Sakura parezca estar sumergida en el séptimo de los sueños, la realidad es que a estas horas de la madrugada las cosas no marchan tan bien como cabría esperar.

La chica está sudando mucho, y su mente se encuentra inundada de pesadillas. Al final, sus intentos fueron en vano. Quizá pudo distraerse por un tiempo durante la cena, pero no había logrado engañar a su subconsciente. Tampoco pudo lograr una verdadera calma.

Su sueño se desarrolla inundado de imágenes y sonidos confabulándose para crear un cóctel de situaciones aterradoras, que solo sirven para materializar sus preocupaciones en el sitio al que se retira por las noches.

Los pacientes que no pudo salvar atormentan su descanso. El deceso de aquellos que aún respiraban cuando se retiró del hospital no tarda tampoco en agregarse a la pesadilla. De a ratos, sus pacientes son reemplazados por sus padres, o por sus amigos en Konoha. Por momentos, su hogar y este pueblo le son indistintos. Sus habitantes se entremezclan, y sus finales también. Podría jurar haber oído incluso a su maestra, gritando en un autoritario tono para intentar controlar al personal médico, que dentro de sus sueños es tan incapaz de lidiar con el veneno como ella lo es fuera.

Su cuerpo se agita y retuerce entre las sábanas, mientras su pesadilla se transforma poco a poco en una sucesión de terrores que conjuran cada preocupación actual y la amplifican en un ciclo que se niega a permitirle despertar.

En un arrebato de inconsciente lucha contra el intangible enemigo, el brazo de Sakura azota el suelo sin medir para nada su fuerza. Acto seguido, el vaso que había utilizado para tomar un analgésico para los cólicos antes de dormirse, es aplastado bajo la brusquedad de su tacto y se desparrama en mil pequeños pedazos de cristal afilado.

El sonido del vidrio rompiéndose en medio de la oscuridad alarma a Sasori, quien prende la luz en un simple segundo con ayuda de sus hilos de chakra, sólo para encontrarse con la mujer a su lado aún dentro de un profundo trance, soñando y balbuceando incoherencias. Además, una de sus manos yace extendida en su dirección, sangrando sobre un considerable número de pequeños cristales.

Él sabe que la falta de sueño, la mala dieta y el estrés de los últimos días deben de haberle afectado a su compañera, pero no se habría imaginado que sería hasta este punto.

Lo primero que hace es abandonar su lecho para arrodillarse frente a la escena. Acto seguido, hace levitar en el aire la muñeca dañada de la muchacha, sólo lo suficiente como para poder pasar su propia mano por debajo de ésta y barrer los trozos más grandes de vidrio de las cercanías de la dormida.

— ¡Sakura, despierta!—exclama mientras se sacude las manos de cualquier resto de vidrio que se le haya quedado adherido.

Sin embargo, la mujer no sólo no reacciona a su llamado, sino que al observarle la herida más de cerca, el pelirrojo nota que es más profunda que lo que en un primer momento parecía.

Ante la visión de la sangre brotando con insistencia de la nívea piel suspendida en el aire, Sasori prueba con una maniobra mucho más brusca, intentando sacudirla desde un hombro para lograr que recobrara el conocimiento.

Sin despertar por completo, la kunoichi responde al gesto por puro reflejo. Ni bien los dedos del marionetista rozan la seda de su bata, ella libera su mano herida del débil control de los hilos de su compañero, y lo toma con fuerza de la muñeca.

Un sonido seco se escucha a continuación, y luego una grieta de unos dos centímetros de longitud se forma en su antebrazo como producto de la violencia del agarre. Entrando en pánico ante la idea de perder la integridad del único cuerpo móvil que tiene disponible para existir en el mundo, el ninja renegado apenas atiende a gritarle a su compañera:

— ¡Soy yo, idiota! ¡Despierta de una vez!

Sakura vuelve finalmente en sí, sólo para espantarse casi por instinto del velo carmesí en fondo blanco que de repente inunda su borrosa visión.

Suelta de inmediato el brazo de Sasori sin atinar a hacer más que respirar agitadamente, con el dorso de su mano sana cubriéndole la vista de la enceguecedora luz de la habitación.

Una vez que se acostumbra un poco a la luminosidad de la escena, aparta las sábanas de su cuerpo para sentarse sobre el lecho. Atrayendo su mano ensangrentada hasta su campo de visión en silencio, no reacciona al panorama final con nada más que un ceño fruncido, seguido de un bufido de frustración desde lo más profundo de su garganta.

—¿Cómo hice para cortarme de esta manera?—susurra más para sí misma que para el pelirrojo, dejando escapar un hondo suspiro contrariado e incrédulo en el proceso.

Sasori, ahora de pie junto al futón de su compañera, reacciona ante la obviedad de la cuestión con un seco resoplido.

— ¿Por obra de una pesadilla, quizás?—le responde con un tono más irónico de lo que su mente había formulado, mientras que no deja de sujetarse el antebrazo con recelo.

No obstante, la no intencionada mordacidad de su compañero logra sonsacarle una risa entre dientes a Sakura, quien parece recobrar un poco más de vitalidad luego de éste último arrebato de espontaneidad.

—Bueno, el mal sueño ya terminó. Ahora, si no te importa, voy a limpiar todo el vidrio del suelo antes de que te cortes un pie—remarca el marionetista con cierta impaciencia, carente quizás del correcto tacto ante la situación.

En un principio, Sakura se irrita con él, por lo que percibe como una provocación gratuita hacia su persona. No obstante, no tarda en recordar que un enfado de parte del shinobi sería totalmente lógico y justificable. Después de todo, ella casi le rompió el brazo cuando él trató de despertarla.

En lo que Sasori se dispone a barrer el suelo en completo silencio, ella se enfoca en tratarse a sí misma antes de que el corte siga perdiendo sangre y siga manchando el suelo. Lleva su mano sana y embebida en chakra a la herida, que ocupa desde superficiales aberturas en su palma, hasta dos que son medianamente profundas en la unión de la muñeca y dorso de la mano, y la presiona con suavidad en todo lo que demora el proceso de reconstrucción del tejido y la producción inducida de anticuerpos.

Con la mirada fija en su labor, no puede evitar sonreír para sí misma. Definitivamente, el último "consuelo" que recibió del pelirrojo le da entre risa y pena por haberle hecho casi perder el brazo, pero no puede evitar reconocerle de buena gana el gesto de haberse molestado en intentar despertarla bajo una situación como ésta.

—Gracias por la ayuda…—le dice sin perder la sonrisa contrariada. Empero, la situación en sí aún se siente algo bochornosa como para animarse a mantener contacto visual.

Por su parte, el de la Arena sólo responde con un asentimiento de la cabeza, a la vez que vacía la pala dentro del tarro de basura escondido debajo de la encimera. Ahora, deposita los dos instrumentos de limpieza por ahí cerca, y se hace con el trapo del fregadero. Lo humedece con el agua del grifo para que le ayude a absorber la sangre que cayó en el suelo al lado de la cama de la rosada. Tan callado como antes, regresa a los futones y se acuclilla frente a la mancha rojiza que está en el medio de ambos.

Una vez que termina de limpiar el pequeño desastre del suelo, retorna sobre sus pasos y abre la llave de la pileta para lavar el trapo bajo el chorro frío que fluye de ésta.

Sumergido en su tarea, Sasori alza la mirada para posarla una vez más sobre lo poco que se puede entrever dentro de las ranuras de la oscura persiana. Habían pasado unos veinte minutos desde la última vez que revisó la actividad en la calle, y ahora vuelve a sentir la necesidad de cerciorarse una vez más de que nadie los esté vigilando.

Notando que el agua finalmente deja de teñirse de rojo al caer sobre el trapo, cierra el grifo y procede a estrujar la tela con ambas manos para remover el exceso de humedad de la misma. Tras devolverlo a su anterior posición sobre el mármol, se arremanga la camisa negra de mangas largas con su mano derecha, dejando en exposición la grieta pequeña de su antebrazo izquierdo.

—Maldición—musita para sí mismo con una expresión nada complacida por la vista, volviendo a cubrir su antebrazo con la tela un segundo después.

— ¡Lo siento!—exclama la joven desde el futón, tras percibir el aura de su compañero y sospechar lo peor— ¿Qué tan grave es? Dime que no lo rompí demasiado...

Sasori suspira.

—No es grave. No podré usar este brazo como escudo, ni sostener mucho peso con él hasta que encuentre un modo de repararlo, pero no se caerá. Eso será suficiente—hace una pausa recuperando la apatía característica de su porte—. Al menos, ahora sé que eres infinitamente más hábil despierta que dormida. Es algo que tendré en vista de ahora en adelante.

— ¿No puedes utilizar…? No lo sé… ¿Arcilla, tal vez?—sugiere Sakura intentando no sonar irrespetuosa en su ignorancia sobre cómo contribuir a remendar el cuerpo de un títere andante como Sasori.

—No. Necesito cerámica de marionetista. No es algo que pueda encontrar con facilidad. No te preocupes. Hubiese sido más grave que la sangre entrase a través de mis articulaciones y se coagulase dentro de mis manos, y no fue el caso–La tranquiliza el pelirrojo de modo seco, apresurándose por cambiar el tema—. Ahora, en serio… ¿Qué fue eso?

Sasori se gira para contemplarla con una ceja alzada en sutil incredulidad, quedando ahora apoyado contra la encimera de mármol.

—¿A qué te refieres? ¿Qué de todo?—repregunta ella con intriga, imitando la expresión facial de su interlocutor.

—Mira el desastre...—señala burlándose de la situación—. Sabía que tenías problemas de sueño, pero no que tenía que mantenerte lejos de todo objeto cortante.

La joven reacciona molestándose por la manera en la que el pelirrojo enfatiza su punto, pero después de la escena que acaba de protagonizar, y después de casi costarle el brazo, una situación como esta es un costo mínimo.

—En serio, eres extraña, aunque no necesariamente es algo malo… —vuelve a apaciguar a su compañera de modo sutil—. Excepto en este caso. Definitivamente, en este caso fue un problema.

Sorprendida por el súbito cambio del tono de su voz, Sakura solo llega a reírse.

—Vete al demonio—vuelve a reír, levantándose de su lecho para encaminarse al lavabo del baño—. Está bien. Lo entiendo, me merezco el chiste. ¿A mano?

—Cuando te haga la pregunta vergonzosa, estaremos totalmente iguales.

El ninja renegado detiene un momento su discurso, recordando un detalle más que interesante de un pasado no tan lejano en la noche. Un detalle que enciende una pequeña chispa de malicia en su mirada, que a su vez regresa a posarse intrépida sobre la joven en el otro extremo del alojamiento.

—De hecho... Ahora que lo pienso... Esa pastilla... y esa reacción ¿Es lo que creo que es?—pregunta de improvisto, con la sombra de una sonrisa en los labios.

Mientras se lava las manos, la kunoichi lo escudriña a través de la puerta abierta del baño.

— ¿Esa es tu pregunta?—expresa denotándose decepcionada por el casi nulo desafío que su compañero pretende presentarle. Tratándose de él, esperaba algo mucho más descarado y embarazoso.

—Puedo ser más específico, si quieres—sugiere en un tono que pretende ser amenazante.

No obstante, la mujer hace aún más palpable su incredulidad a través de su rostro.

— ¿Eso es todo lo que puedes hacer?

Sasori se toma bastante en serio el pequeño acuerdo que mantuvieron desde los primeros días de viaje hasta el pueblo, por lo que se muestra bastante reflexivo ante el planteamiento.

—Tienes razón—asiente al cabo de unos segundos de interno análisis—. Mejor me guardo la pregunta para más adelante. Además, no es como si no supiera la respuesta.

Sakura regresa al dormitorio, sintiéndose nuevamente contrariada consigo misma.

—Juro que no te entiendo. Es obvio que te divierte molestarme, y este momento es perfecto para hacerlo. Si hasta permiso tienes… ¿Por qué no aprovechas esta oportunidad, entonces? —pregunta sin arrepentirse de haber perdido su chance de hacer que Sasori desperdicie su pregunta.

— No lo sé... ¿Respeto, quizá? —responde sin otorgarle mayor importancia a la pregunta, ni notar nada raro en ella.

— ¿Eso es todo? —replica la joven ligeramente irritada por la triste explicación. En este momento, lo lógico sería esperar que la molestasen un poco más—. En fin... Si tú no quieres hacer preguntas, entonces las haré yo. ¿A cuántos más respetas en ese sentido?

—Veamos…—medita sin mutar su anterior tono, reacomodándose un poco más contra el mármol—. El tercer Kazekage... Deidara... Tú.

Entre sorprendida y desconcertada, ella lo interrumpe.

—Esa es una lista demasiado extraña, y francamente no sé si podría haberme imaginado en ella—apoya su espalda contra la madera de la puerta cerrada del baño—. Dime al menos que estar cerca de esa compañía es algo bueno según mis estándares.

—Supongo... —prosigue de modo enigmático—. En un mundo como este, el respeto es algo raro... Cuando dejas de ser un niño, muchos adultos bajan de su pedestal... y aquellos oponentes que en la aldea te enseñaron sólo a despreciar, resultan ser gente en realidad respetable.

—Dímelo a mí... —acota en medio de un resoplido, comprobando como el mismo Sasori acaba de convertirse oficialmente en un ejemplo claro de esto.

—Entonces, eso significa que ya no eres una niña—corta el matiz de seriedad en su tono a mitad del camino, cambiándolo para acoplar la conversación a un punto más infantil y malicioso—... y no lo digo por... tu sabes... sangre…

Sakura se avergüenza ante el comentario, tornando el color de su piel un par de tonos más cercanos al de su cabello.

— ¡No tienes que ser así de especifico, maldición! —espeta dirigiéndole una mirada furtiva, tensando los puños a cada lado de su cuerpo en gesto brusco.

—Volviendo a hablar en serio—continúa el criminal, permitiéndose reír de la reacción obtenida antes de volver a abandonar el tono—. Sí. Creo que el título de niña te queda pequeño desde hace un tiempo. Ya te mueves por tu propio camino, en vez de seguir el que siempre te presentaron. Quién sabe a dónde te llevará... Sólo te aconsejo que lo pienses antes de seguir una ruta similar a la mía.

—No te preocupes. No pienso seguir tu camino—niega con la cabeza en total convicción—. Ya bastante "gracioso" sería si mi familia y amigos se enterasen de mis actividades actuales.

Sasori no puede evitar sonreír con suavidad ante el simple hipotético planteado por su compañera.

—Suena como una buena conversación para la sobremesa—añade con una pizca de ironía.

—Hoy le hice una grieta en el brazo a uno de mis compañeros de equipo, pero puede corregirlo con un poco de cerámica—vocifera la joven con un sobreactuado tono de simpatía, fingiendo hablar con sus padres sólo para acentuar el ridículo de la situación.

—El mayor problema es que no podrá usar la hoja dentro de su brazo para cortar leña—completa la frase el pelirrojo, tomando diversión en hacer progresar la hipotética conversación.

—Sería complicado de explicar—musita Sakura, tapando su boca con una mano para disimular la carcajada que la situación le termina arrancando—. El único con el que podría hablar de esto es Sai.

—Y lo escogiste bien—concede con un porte bastante más centrado que el de la ninja—. No cualquiera obtiene un contacto como él. Tienes talento como espía.

—Prefiero la medicina—afirma recuperando la compostura—. Me gusta más reparar daño que traficar información, aunque al final del día no puedo negarme a ayudar a mi aldea en lo que pueda.

—Asegúrate de hacerlo despierta.

—Eso pienso hacer—ríe por lo bajo, abandonando su posición junto a la puerta para acercarse a su futón—. Ahora, si me disculpas, tengo que asegurarme de poder estar en condiciones para mañana.

—Suena como un plan. Hazlo, mientras yo vigilo que no vengan a atacarnos…Además, pensaré una pregunta que esté a la altura de tus expectativas—responde con un tono entre mordaz y jovial, extrañamente entretenido con la idea de maquinar un modo apropiado de incordiarla.

Entretenido con la idea...

Por unos minutos, y sin que ninguno de los dos se lo propusiera, las tensiones que los acosan por fin se desvanecen. Bromear sobre su situación le permite a Sakura regresar a la cama, en un mucho mejor humor que aquel en que la abandonó. Por su parte, Sasori regresa a hacer guardia mientras simula dormitar sentado. Él es consciente de que la misión aún está lejos de terminar. Las cosas sólo se acelerarán a partir de ahora. Necesita estar listo para lo que el futuro de esta misión le deparase.

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Nota de (Co) Autor: Antes que nada, sentimos la demora en actualizar, pero por múltiples razones que no vale la pena ahondar, el boceto de este capítulo fue difícil de editar xD. También, quiero (personalmente, como co-autor) agradecer por los reviews que esta historia ha recibido (en especial los del último capítulo). A pesar de que como autores, ninguno de nosotros dos es partidario de escribir un testamento al final de cada capítulo para agradecer por reseñas, siempre leemos, valoramos y agradecemos comentarios y críticas.

Saludos!