(Sin) Errores.


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El inicio de una nueva jornada se despliega sobre los dos ninjas.

Sakura deja calentar agua dentro de una pava y de comienzo a su pequeña rutina matutina. Se ducha, viste y prepara para lo que será otro día más de arduo trabajo e investigación en el hospital del pueblo.

Por otro lado, Sasori no requiere demasiada ceremonia para hacer lo propio. Después de todo, el no necesitar descansar ni atender necesidad fisiológica alguna presentan una ventaja en lo que a eficiencia respecta. Simplemente, se asegura de que las mangas de su oscura ropa cubran correctamente sus articulaciones, más la reciente grieta en su brazo, de la curiosidad de terceros.

— ¿Cuál es tu plan para hoy? —pregunta la joven ya arreglada, dirigiéndose a la cocina para preparar una infusión con el agua recién hervida.

Mientras su compañera procede a sentarse en la mesa para desayunar, el pelirrojo se pone a ordenar un poco el apartamento antes de partir.

—Nos mantenemos alerta, cuidándonos de que nada nos sorprenda. Yo intentaré comunicar a nuestro espía de una manera discreta que sabemos de su existencia, y que queremos negociar con él. Sin resentimientos por el fallido intento de asesinato—responde en su usual tono apático, sin dejar de atenerse a su labor de mantener el sitio en condiciones para cuando regresen esta noche.

—Hecho—asiente Sakura luego de un pequeño sorbo a su té—. Mantengámonos en contacto durante nuestro tiempo en el hospital, sólo para reportar nuevos descubrimientos.

La mujer no se encuentra con el ánimo de extender la conversación más de lo necesario, así que se limita a hablar exclusivamente sobre la misión.

—Contactaré contigo a intervalos de una hora.

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Una vez sumergidos en sus respectivos ambientes de trabajo, las primeras horas en el hospital se abren paso de manera regular, sin que ninguno de los dos se arriesgase a hacer nada anómalo.

Algo importante a destacar es que no arribaron nuevos pacientes con el ya conocido cuadro de envenenamiento. Esto es la confirmación definitiva de que el espía tiene acceso a su territorio y papeles.

Como era de esperarse, Sakura se enfoca principalmente en mantener con vida a los ya afectados por el veneno. Ya no puede permitirse errar, no estando tan cerca, no después de haber aprendido tanto sobre este veneno.

Aún así, las reservas de medicamentos comienzan a descender de manera cada vez más remarcada. Según sus estimaciones, a este paso no podrían durar por mucho más de tres días.

Ayer, se entrevistó con los administradores de los abastecimientos del hospital para sugerirles que dieran prioridad a la inversión de nuevas reservas de químicos, con la única finalidad de ayudar a palear la creciente crisis producida por la Serpiente. Empero, ninguno de ellos pareció estar muy esperanzado ante la idea. No se atrevieron a decirle directamente que sería una tarea difícil y arriesgada, pero la médica pudo verlo en sus caras.

En el otro extremo del establecimiento, Sasori se encarga de tomar muestras de los pacientes que fueron puestos en diálisis. Uno de ellos murió, como lo esperaba. No obstante, las muestras que tomará de sus órganos quizá avancen suficiente la investigación, aunque sea para estirar la vida de aquellos que aún siguen en juego lo suficiente como para que poder recibir un antídoto. Cuando finalmente puedan tomar uno, ya sea por la fuerza o por el engaño.

De todos modos, el panorama no es del todo optimista para él tampoco. Las reservas de sangre están comenzando a escasear con el pasar de los días. Más adelante, se verán obligados a conseguir que los pobladores donen la suya, pero eso sería solo estirar lo inevitable. Ya que el veneno hace aquello para lo que está diseñado: destruir el hospital.

El antídoto que consigan crear tiene que atacar al veneno directamente, además de ser capaz de reproducirse en tiempos relativamente rápidos.

Dadas las características de esta arma, es seguro que la Serpiente tiene una fórmula para crearlo. Después de todo, una vez que este veneno llegue al mercado, el antídoto valdrá demasiado como para no venderlo. Ese será un error que ellos no cometerán, y, ante tal oponente, el renegado no se puede permitir errar.

Es tan condenadamente difícil descubrir una manera de hacer ingeniería inversa, para crear el antídoto por su cuenta… Sería más sencillo si sólo pudiese matar a los pacientes, pero ningún hospital se atrevería a masacrar a su pueblo, ni a utilizar las tendencias humanas como arma…

"Admirable."

Quizá a lo largo del día no recibe más pacientes, pero eso no quita que Sakura está teniendo más que suficiente esta tarde con los presentes.

La buena noticia durante esta situación, es que cada vez es más eficiente en combatir las primeras etapas del veneno. La mala es que, mientras más pacientes mantiene con vida, más medicamentos son consumidos y más pacientes llegan a síntomas nuevos que hasta ahora no había visto. Todo este estrés con el que debe lidiar gracias al nuevo reto que el veneno le presenta, llega a su pico máximo cuando dos pacientes más se le mueren en las manos.

El dolor se adueña de su vientre bajo durante los escasos momentos subsiguientes a su fracaso, seguido de una sensación de sofoco ante la cantidad de movimiento que se está dando dentro de la habitación de los recién fallecidos. No se lo piensa dos veces al salir al pasillo en busca de un respiro, de algo que la ayude a recuperar el foco tras el brusco acontecimiento que acaba de presenciar.

Arrebujada por la momentánea soledad que consigue, la médica apoya su espalda contra la pared y cierra sus ojos en un intento de deshacerse de los recuerdos recientes. Cada vez están más cerca de ponerle fin a esta situación…

"No puedo permitirme flaquear ahora. No puedo perder el foco cuando la investigación está tan avanzada..."

Luego de este pequeño entretiempo, Haruno se las arregla para serenarse y recobrar la compostura. Ahora, con la mente un poco despejada, regresa a ocuparse de los pacientes que todavía luchan por su vida en otras habitaciones del ala de emergencias.

Al momento de ingresar en una de ellas para revisar el estado de una paciente a la que había estabilizado hace unas dos horas, se lleva una grata sorpresa. La joven mujer de veinticuatro años duerme en su camilla. Se la ve tranquila, mucho menos pálida que hace un rato, y con la respiración armonizada a las máquinas que marcan sus signos vitales.

"Está estable." Piensa Sakura al contemplarla de cerca, sin poder contener una pequeña sonrisa bajo su barbijo.

De repente, y sin previo aviso, otro doctor entra a la habitación y se sorprende de ver a la mujer extranjera junto a la camilla.

—Doctora, venía a cambiar la solución salina.

Sakura lo escudriña con disimulo. A simple vista, el invitado, ataviado con barbijo y anbo, no tiene nada de especial que lo destaque a sus ojos. Por este motivo, no puede recordar haberlo visto deambular por su área de trabajo durante los últimos días. Este simple hecho basta para hacerla encender sus alertas y sospechar lo peor.

—Gracias, pero yo me encargo. Seguro que ya estás bastante ocupado con los demás pacientes—pide con amabilidad, haciendo todo esfuerzo posible para disimular la desconfianza en su porte.

—Le agradezco el gesto. Nos vemos mas tarde—accede el hombre sin dar motivo alguno de sospecha a través de su actitud, mientras le alcanza la bolsa de solución a las manos.

La ninja se esfuerza en grabar en su memoria el aspecto de este sujeto. Al menos, en lo que respecta a su mirada afilada, la cabeza que le saca de altura, la tez pálida y el castaño oscuro y rizado de su cabello.

Es claro que ella no utilizará la bolsa que le entregó, ya que matar a los pacientes sería lo primero que la Serpiente intentaría. Mantener un ojo en los enfermos que dependen de ella y no tomar ninguna decisión que pueda ponerlos en riesgo, es el criterio bajo el que se mueve en estos momentos... Unos momentos cruciales, que aprovechará para ir en búsqueda del marionetista una vez más, con la finalidad de narrarle lo ocurrido y entregarle la muestra que acaba de conseguir.

De este modo, con una nueva estratagema entre manos, y con la correcta discreción que caracteriza a un ninja, Sakura regresa al laboratorio en el que su compañero está trabajando. Sin mostrar expresión en la parte visible de su rostro, llama a la puerta con suaves golpes de su mano.

Casi de inmediato, Sasori responde al llamado, saliendo a recibirla ataviado con gafas y guardapolvo, más una peculiar expectativa reflejada en su mirada.

—Novedades. ¿Podemos hablar? —pregunta ella en voz baja.

—Podemos hablar. Y también tengo novedades—responde en el mismo tono, mientras le indica con un movimiento de su cabeza que lo acompañe al interior de la estancia.

Sakura escudriña el ambiente que se deja entrever tras la espalda de Sasori, y asiente sin más. Tras haber comprobado que el ex Akatsuki es el único que se encuentra allí dentro, no demora en reconocer que su propuesta es un sitio mucho más propicio para compartir información que el pasillo.

—Tú primero—sugiere la misma Sakura luego de cerrar la puerta tras sí.

—Hace un rato, luego de la última vez que nos reunimos, desapareció la hoja que usé para escribir nuestra invitación a negociar—le informa Sasori, con un brillo en su mirada que denota su impaciencia ante el hecho—. Así que tendremos que reunirnos con quien nos espía esta misma noche.

—Y yo tengo un sospechoso—resuelve mostrándole la bolsa de solución salina que trajo escondida dentro de su bata de médica—. Si esto está alterado, ya tenemos un culpable.

Ambos shinobis se acercan a la mesa en la que Sasori estuvo trabajando hasta ahora. El pelirrojo le indica a su compañera que traiga a la mesa una serie de recipientes de vidrio que él tiene guardados dentro de un armario.

Ella acata sin rechistar, entre intrigada y ansiosa por comprobar si finalmente había dado con el dichoso espía. Acto seguido, su compañero destapa la bolsa de plástico y reparte un poco de contenido dentro de cada recipiente. A continuación, procede a volcar un reactivo distinto dentro de cada uno de los alargados contenedores. Dichos reactivos, consistentes en distintas bases y ácidos, dejarían un muy pequeño margen de error cuando alguno de ellos reaccionase con el posible veneno que se sospecha presente en el solvente.

Al cabo de unos minutos, los primeros cinco recipientes no reaccionan para nada al entrar en contacto con sus respectivos solutos. No obstante, el último sí que lo hace: oscureciendo el contenido en su interior, para luego formar un suero blanco y cortado en la superficie del matraz.

Sasori toma la muestra con una de sus manos enguantadas, acercándola tanto a su propia visión como a la de la aprendiza de la Hokage.

—Eso no debería ocurrir. Así que ya tienes un culpable—concluye ante la irrefutable prueba de la presencia de veneno en la mezcla. Se permite esbozar una pequeña sonrisa de satisfacción por el descubrimiento—. Descríbeme al espía. Haré una pequeña investigación, mientras tú te ocupas de atender a los pacientes que todavía viven.

Sakura asiente con la mirada encendida de entusiasmo. Su deducción fue directo al grano. Quizá esto del espionaje en realidad le está sentando bien.

De repente, se siente más motivada que nunca, como si la mayoría de sus preocupaciones se vieran eclipsadas por la esperanza de tener una pista sólida para finalmente avanzar con la investigación.

Luego de un breve intercambio de información, durante el que planifican en conjunto su siguiente jugada, deciden separarse por lo poco que resta de la jornada. Mientras las pocas horas que faltan para terminar su turno se consumen, necesitarán aparentar vulnerabilidad ante aquel que los vigila... y manteniendo una comunicación constante, correrán el riesgo de asustar a su presa. No cometerían ese error.

—Cuídate—expresa el pelirrojo antes de que Sakura abandone el laboratorio.

No obstante, no obtiene más respuesta que un sonido seco de la puerta al cerrarse. Ahora, sin permitirse más distracciones, el ex-Akatsuki enfoca su atención a la tarea que le corresponde.

El método más rápido para adquirir una cura ya no es investigar el veneno, sino al propio personal del hospital. Cualquier dato que pueda servir como punto para presionar al espía a ceder, hará más fácil la tarea.

Gracias a la crucial pista descubierta por su compañera rosada, al renegado no le toma mucho tiempo informarse sobre el personal. Después de todo, le otorgaron la llave y el libre acceso al departamento administrativo del sitio, en donde se archivan todo tipo de registros sobre los empleados. En primera instancia, decide descartar a todo aquel que tenga familia viviendo en el pueblo. No tendría sentido que uno de los pobladores arriesgase su vida y la de sus seres queridos por ayudar a asesinar a su propia aldea de origen.

Luego de pasar por varias fichas y perfiles, con la rapidez que sólo puede tener alguien que sabe cómo seleccionar la información que busca, el marionetista se topa con tres que llaman particularmente su atención.

Se trata de tres miembros que ingresaron hace relativamente poco, y la foto de uno en particular coincide con la descripción física que Sakura le dio. Obviamente, no le informa a nadie del ámbito sobre su descubrimiento, ya que si la noticia se corre el pueblo entero lo colgará sin siquiera dudarlo, y por ahora lo necesitan vivo.

Durante la hora restante de servicio, el Sasori de la Arena Roja regresa al laboratorio solo para mantener las apariencias. La realidad es que pasa más tiempo pensando en cómo lidiar con el espía, que buscando una manera de manufacturar un antídoto.

Al final del día, ambos vuelven a encontrarse a la salida del trabajo. Ninguno de los dos tiene otra novedad que reportar, al menos ninguna que pueda discutirse en este área y con tanto público presente. Por lo tanto, se limitan a leerse los rostros y a seguir el protocolo que habían establecido la noche anterior.

— ¿Información en el albergue?

—Información en el albergue.

Ni bien ambos regresan al hospedaje, y como ya se le había hecho rutina, Sasori baja las persianas y traba la puerta de entrada a modo de seguridad. Luego, procede a desplegar un mantel de plástico sobre el suelo adyacente al recibidor, con una nueva tarea en mente.

Sentándose frente a la sintética manta, el hombre se desnuda el torso y abre uno a uno los compartimentos que este mismo esconde, sacando de su interior una considerable cantidad de armas y químicos enfrascados, que luego deposita sobre la lona de plástico. Esta vez, cambiará la distribución de su equipo a una más apta para las posibles eventualidades que podrían llegar a darse en las siguientes horas.

—Por lo que veo, sugeriste un horario de reunión bastante próximo—parpadea la rosada al encontrarse con la extraña escena tras salir del baño.

El pelirrojo asiente, aún sumergido en su tarea de reinventarse a sí mismo.

—A las tres de la madrugada, detrás del hospital—recita como si leyese el prospecto de algún compuesto—. No creo que el hombre que nos espía pretenda combatir. Casi siempre, negociar es una mejor opción para alguien en su profesión, pero, sólo por si acaso, estaré listo para hacerlo.

— ¿O sea que me estás diciendo que no siempre estás listo? —pregunta al pasar cerca suyo, con disimulada mueca de preocupación ante la incertidumbre que la noche levanta sobre ella.

—No siempre al cien por ciento. Nadie está siempre en su mejor posición. Por mucho que alguien quiera convencerte de lo contrario, ese alguien te miente… O se miente.

—Bueno, por mi parte, alimentarme siempre es parte de mi preparación—acota Sakura en un intento de hacer humor sobre la situación.

Haciendo honor a su frase, se dispone a husmear en la heladera para prepararse algo de cenar.

— ¿Planeamos algo para convencerlo de que coopere? —retoma el hilo de la conversación con su compañero, mientras finalmente opta por prepararse unos macarrones con un poco de crema.

—Investigué un poco sobre él: es un extranjero. Así que no tiene nada aquí con lo que negociar. Me temo que tendremos que apelar a su egoísmo e instinto de supervivencia.

— ¿Quieres mantener la apariencia de ser sólo un químico? En ese caso, yo podría encargarme de ser la negociante agresiva.

—Suena bien. Mantendré la apariencia de ser el… más… ¿Suave? —comenta el criminal en un tono bizarramente casual—. Sí. El más suave de ambos.

Por un momento, la mujer se tienta a hacer algún comentario irónico sobre sus últimas palabras, pero no tarda en decidir que este ya no es momento para tonterías. Algo grande pasará esta noche, y debe estar mentalizada para lo que sea que ocurra durante esa reunión.

—Entonces, le prometeremos dejarlo vivir si nos entrega información útil—concluye en lo que deja la pasta hervir en una olla.

—Le tendrá más miedo a la organización que a nosotros, al menos en un comienzo. Y podremos usar eso a nuestro favor, pero habrá que prometerle que estará a salvo de la Serpiente también.

— ¿Alguna sugerencia?

—Decirle la verdad: que en poco tiempo no quedara nada de ellos, y que si él no desea estar junto a ellos, puede decidir estar a salvo a cambio de un poco de cooperación—prosigue sin dejar de enfocar su atención en repartir, uno por uno, todos sus senbons envenenados por cada recoveco de su cuerpo cerámico.

—No podemos decirle toda la verdad, lógicamente—razona la kunoichi—. Veamos… ¿Qué piensas sobre decirle que la Serpiente finalmente llamó la atención de un pez más grande que ellos, y que sus días están contados?

—Suena bien—sonríe Sasori—. Nada aterra más a un espía que la idea de que su red de contactos esté desvaneciéndose. Si pones acento en ello, podría causar su efecto. Procuraré mantener mi personaje, a menos que mi intervención sea necesaria, pero francamente no creo que lo sea. Una simple muestra de tu fuerza debería ser suficiente para intimidarle, si fuese necesario. Solo ten cuidado de...

—No llamar la atención de otros sujetos. Lo sé—bufa la ninja, revolviendo la pasta con una cuchara de madera— ¿Qué hacemos luego de tener su cooperación?

—Depende de lo que consigamos. Si nos otorga un antídoto, usarlo todo a excepción de las suficientes muestras para replicarlo. Si nos da una formula, tendremos que ponerla en práctica. Si nos da un lugar… Ya no tendremos tiempo de esperar a Sai. Aún así, no te pido que me acompañes. Mi trabajo no será agradable de ver.

La kunoichi se extraña por esta última oración en su discurso. Frunce el ceño con inconformidad.

—Si tenemos que asaltar una base para obtener el antídoto, no hay modo de que vallas allí sin mí—le espeta con una mano en la cintura, y con la cuchara de madera en la otra—. Y después de ver lo que estos enfermos han creado, no me opongo a lo que quieras hacer con ellos. ¿Además, qué pasa si al final no quiere colaborar con nosotros?

—Tortura… genjutsus… suero de la verdad… —contesta pragmático—. Colaborará con nosotros, sin importar si planea o no hacerlo. Claro que prefiero evitar esos métodos. La mejor información se consigue sin ellos.

—Como sea—Sakura chasquea la lengua, volviendo a revolver la olla con impaciencia—. No hay manera de que me pierda algo como esto. Así que… ¿Algo más que quieras discutir al respecto?

—Si tienes alguna otra duda durante la reunión, observa mi posición: si mi lado izquierdo está más cerca tuyo que el derecho, te estoy aprobando. Si no, cambiamos de plan—completa Sasori, cerrando finalmente los compartimentos de su abdomen al haber quedado satisfecho con la remodelación.

Sakura suspira.

—Imagino que revisar los alrededores antes de la reunión será la mejor opción...

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Esa misma noche, dos horas antes del horario pactado para la reunión, el perímetro circundante al punto de encuentro ya había sido revisado con antelación por ambos ninjas, y una hora antes, ya se encuentran en posición, resguardados en la oscuridad de un callejón y esperando por el momento de hacerse presentes. No obstante, no es sino hasta cuarenta y cinco minutos más tarde que ven llegar al espía, abriéndose paso sin prisa alguna a través de la desierta calle, iluminada tenuemente por un par de faroles repartidos por las esquinas.

En ese preciso momento, la médica y el químico salen hacia la calle y se presentan frente a él.

De acuerdo a lo planeado, es la mujer abrigada bajo su capa negra la que toma el rol de ser la principal voz del dúo:

—Entiendo que hayas intentado matarme a mí y a mis pacientes. Es tu trabajo, no hay rencores. Te contactamos porque creemos que podemos negociar. Creo que los tres nos encontramos en posición de beneficiarnos mutuamente.

—No estoy muy seguro de eso—contesta el desconfiado hombre frente a ellos, luciendo una indumentaria bastante similar a la de Sakura—. Veo cómo puedo serles de utilidad, pero no entiendo cómo pueden beneficiarme. Es decir… Sí, conocen mi rostro y a quien me emplea, pero aún me necesitan. Si no, no estaría vivo.

—Cara a cara, y siéndote honestos, queremos el antídoto, los datos para crearlo, o simplemente una dirección en donde podamos encontrar esos datos. Y tú… Me imagino que quieres vivir—recita con una expresión sombría que claramente ha aprendido a imitar de quien tiene al lado.

— ¿Amenazas ya tan temprano? ¿Qué no estábamos negociando? —objeta el espía sin dejarse intimidar tan fácilmente.

—No es una amenaza, y sí, estamos negociando. Pasa que la Serpiente no tiene mucho futuro por delante. Este producto cruzó una línea. Llamó la atención de peces más grandes.

— ¿Alguna prueba de esto?

Sakura levanta sus manos por sobre su túnica para mostrar que no está utilizando ningún jutsu. Acto seguido, alza su pie unos centímetros sobre el suelo, y con un muy moderado pisotón crea un pequeño temblor en esa sección de la calle de tierra.

—La médica que enviaron puede demoler el hospital con un pie—sonríe ante su pequeña maniobra—. La serpiente va a caer, y todos los que estén relacionados con ella también caerán. Si colaboras con nosotros, tendrás una chance de escapar.

El espía se esfuerza en ocultar el nerviosismo que la reciente técnica ocasiona, y logra responder con ponzoña en su voz:

— ¿Y qué hay del químico? ¿Se supone que son un dúo entrenado para asesinar juntos, o algo por el estilo?

—Sólo soy un compañero de misión, nada más—interviene Sasori con un paso al frente, simulando recelo ante la pregunta.

—Supongamos que te creo—continúa el espía—. Estoy vinculado con la serpiente, así que seré perseguido de todas maneras, y ellos están muy cerca de mí como para que sobreviva mucho tiempo si llego a hacer una jugada en su contra.

—Situación hipotética…—retoma la palabra la joven, tomando nuevamente inspiración en Sasori para negociar—. Digamos que, en tres días, todos los agentes de la Serpiente que se encuentran operando por esta zona murieran en una circunstancia tal que sea difícil contar los cadáveres… Sería muy poco agradable ser uno de esos cadáveres… pero sería muy práctico para ti que todo el mundo crea que eres uno de esos cadáveres. Además… Seamos honestos: como espía de campo, no eres muy exitoso. Te descubrimos. Incluso, podríamos haber difundido tu identidad y para quien trabajas, pero si hubiéramos hecho eso, no nos serias tan útil como ahora. De esta forma, los tres podemos ganar. Tú salvas tu propia vida, y nosotros salvamos un par de vidas más. Todos felices.

Sakura imita casi a la perfección el tono que Sasori solía utilizar durante las primeras conversaciones que tuvo con ella a partir de su primer combate.

—Esta no es una decisión que pueda tomar a la ligera, y tampoco es que sea posible que les dé lo que quieren en este momento—niega el extraño con la cabeza, mientras unas gotas de sudor surcan su pálido rostro—. Si estamos en buenos términos… Imagino que será posible que me esperen hasta… Digamos… Mañana al mediodía. Quizá tenga algo más tangible con lo que negociar.

La kunoichi hecha un rápido vistazo a la posición de Sasori antes de responderle:

—El tiempo no es algo que la Serpiente tenga de sobra. Te aconsejo que seas prudente en salir del barco antes de que se hunda.

—Deja de actuar como si estuvieras dándome una opción—espeta con impaciencia y sofoco ante los intentos de su interlocutora de presionarlo—. Ya lo entendí, o me mata la Serpiente cuando ustedes hablen, o, si tu mentira fuese cierta, me matará el grupo para el que ustedes trabajan. Suponiendo que dicho grupo exista. Dame hasta el mediodía. Tendré algo para ustedes, o, de lo contrario, podrán tomar acciones en mi contra… Sólo… No revelen que fui descubierto… Ya vi lo que les ocurre a aquellos que fracasan.

—Pero tú no fracasarás. Tú tomarás la mejor decisión que tienes disponible. Después de que lo consideres, estoy segura de que coincidirás en que mi oferta es la mejor opción.

—Suficiente de esta farsa. Al mediodía te entregaré las instrucciones que te llevarán a obtener lo que necesitas de mí. Cumplirás las instrucciones, y yo desapareceré. De más está decir que no podrás adquirir lo que quieres si yo muero. Me aseguraré de ello.

—Suena justo—sonríe con complacencia—. Y entiendo que desconfíes. Será un intercambio de favores bastante estándar, entonces.

—Un placer negociar —contesta el hombre con sarcasmo, antes de darse la vuelta y volver con prisa sobre sus propios pasos.

Una vez de regreso en el albergue, Sasori y Sakura finalmente pueden decirse a sí mismos que el largo día se terminó. Por esta razón, se permiten relajarse un poco y hablar de nuevo con informalidad.

—Eso salió… mucho mejor de lo que me hubiese imaginado—concede el ninja renegado desde el recibidor, con una sutil expresión de agradable asombro en el rostro—. Tienes talento para las negociaciones agresivas.

—Tuve tiempo para aprender, al haber estado tanto tiempo del otro lado—responde Sakura a su lado esbozando una sonrisa de oreja a oreja, casi sintiendo ganas de brincar sobre el suelo de la alegría.

—De nada.

— Ja. Muy gracioso…—espeta sarcástica, aunque no por ello de mal humor.

Haruno dobla delicadamente su túnica y la guarda en el armario dentro de la pared del recibidor.

—En fin… Mañana ocurrirá—suspira satisfecha, descalzándose para dirigirse al baño a ponerse el pijama.

—Mañana ocurrirá—repite Sasori, mostrando una sonrisa mucho más discreta—, ya sea porque nos dé lo que necesitamos, o porque le quitaré lo que necesitamos. Como sea, ve preparándote para otro día agitado.

—Estaré lista, igual que siempre, pero ahora creo que merezco un poco de descanso.

Quince minutos más tarde, ya no hay más ajetreo ni actividad en el hospedaje de los ninjas. Las luces se mantienen apagadas, el silencio se ubica en su máximo apogeo, y Sakura finalmente está refugiada bajo las sábanas de su cama, preparada para abandonarse a una merecida noche de buen sueño.

La somnolienta muchacha intenta poner paz en su mente antes de rendirse al letargo, alejando las preocupaciones que no merecen un sitio en su cabeza en este momento. En lugar de pensar en incertidumbres, en venenos, antídotos o espías, se permite a sí misma preguntarse por qué estará haciendo Sai ahora. Esa es una interrogante mucha más práctica, más seria. Sin lugar a dudas, sería de mucha ayuda si el ANBU estuviera presente.

Poco a poco, se siente sumergirse en el sueño como si fuese el agua caliente de una bañera.

"Sólo un compañero de misión. Nada más."

No… no quiere dormirse con esa frase en el último resquicio de su consciencia. Quizá después de que esto termine…

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Otro día más. Otra jornada más de arduo trabajo para los improvisados compañeros de misión. Otra oportunidad de salvar vidas, y otra oportunidad de perderlas.

En ese sentido, el panorama arranca mal para Sakura, ya que, tras haber arribado al hospital con el aliento recobrado gracias a los acontecimientos de la noche anterior, tiene que afrontar la primera mala noticia del día: El último paciente de aquellos que fueron sometidos a los tratamientos del pelirrojo, había fallecido en la madrugada.

Rehusándose a regresar a su estado de frustración anterior, la ninja de Konoha se dirige de inmediato al laboratorio para informarle de esto al marionetista.

Aún falta para el mediodía, y en ningún momento vio ni sintió al espía en el hospital o sus alrededores.

"Pero no tendría sentido que haya huido, se estaría condenando a sí mismo." Razona al abrirse camino a través de la puerta del laboratorio sin llamar.

—Oye—llama la atención del pelirrojo en un susurro al quedar a su lado.

— ¿Algún contacto? —le pregunta el aludido sin mirarla directamente, haciendo uso del mismo tono.

Él, por su parte, se encuentra realizando anotaciones sobre las observaciones que va captando de una solución color caramelo, calentándose sobre la llama que sale expulsada del centro de la mesa.

—No, pero falleció el último de los pacientes sometidos a tu tratamiento—notifica sin poder evitar desviar la mirada con desagrado ante los hechos—. Pensé que querrías tomar muestras.

—Estás en lo correcto—asiente sin demostrar aflicción alguna ante lo que escucha—. Te pido que permanezcas en el laboratorio hasta que regrese. En tres minutos, el contenido del recipiente que está sobre el fuego reaccionará.

Sasori señala con el bolígrafo al vaso de precipitados que descansa sobre un trípode de hierro, el cual es a su vez calentado por las llamas.

—Te pido que lo saques del fuego en ese momento.

—Por supuesto. Unos minutos no deberían ser demasiado—asiente ella para luego quedar a solas en el laboratorio, acompañada solamente por el encargo, y por las anotaciones a su lado.

La kunoichi observa el laboratorio con cuidado. A simple vista, no es mas que un salón largo con dos filas de mesas a los lados. Un no muy ancho pasillo separa las mesas, y, sobre éstas, se encuentran estanterías llenas de frascos y botellas cuidadosamente nomencladas.

Incómoda ante la idea de, por error, tocar alguno de los recipientes, se mueve mas cerca de la pared del fondo. Al menos, las mesas allí están vacias y el aroma de los reactivos es menos fuerte.

Mientras tanto, Sakura se siente poco a poco comenzar ser presa de los nervios. La hora se acerca, y no vio nada desde que puso un pie dentro de su trabajo.

"Ahora que lo pienso, la reunión de anoche ocurrió con demasiada fluidez."

Desde que este pensamiento cruza su mente, se pone más alerta que nunca. No quiere más sorpresas. Y hablando de sorpresas… Ya pasaron tres minutos… y no hay ninguna reacción.

¿Se habrá confundido? No, imposible. Sasori es demasiado meticuloso en lo que hace para equivocarse en el tiempo, mucho menos en los reactivos... pero si el error no está en Sasori… Entonces, sólo puede estar en su mente.

La sangre se le hiela de repente, al notar que ha sido capturada en un genjutsu. De inmediato, toda ella comienza a correr atrás a la velocidad más apresurada que puede permitirse para analizar la situación. Empieza por recordar sus pasos, preguntándose a partir de qué momento pudo haber caído en la trampa. Ya no se trata sólo de recuperar sus sentidos, sino de poder actuar de manera acorde a cuando los recuperase.

"Probablemente en este momento estoy siendo atacada... Está bien. Calma… El tiempo en las ilusiones es mas flexible que en la realidad. Recuerda el entrenamiento. Reconoce tu situación. Libérate. Contraataca" Razona en un segundo.

No hay forma que intentasen atacarla en el refugio. No sería seguro. El genjutsu debió haber sido realizado en el hospital, pero no había visto al espía llegar durante las primeras horas. No hay modo que ese tipo la atacase con Sasori presente. Eso tampoco sería seguro.

"¿Sasori mismo fue una ilusión?"

Poco probable. Conoce demasiado las expresiones de Sasori. El creador del genjutsu debería haber hecho que Sasori mostrara preocupación por el paciente fallecido, pero él no se inmutó, así que la conversación que tuvo con él hace minutos debió de ser real.

Ese es el último dato que necesita.

"Estoy en el laboratorio, mi atacante no puede estar lejos."

Sólo tiene una chance. Realiza un sello de manos.

— ¡Liberación!

Sakura cambia su flujo de chakra con tal fuerza, que su mente y sentidos se recuperan aunque sea lo suficiente como para que pudiese comprender su situación.

Frente a ella, la amenaza se materializa junto con el resto de la realidad. Sus ojos contemplan primero al hombre que anoche negoció con ella, blandiendo una jeringa que apunta a ella, y luego, un metro tras él, al muro del fondo del laboratorio.

El condenado traidor que intentó inyectarla con algún letal fluido, ahora esboza una mueca de pánico al verla liberada de su ilusión. Acto seguido, ella arremete contra la muñeca del agresor, obligándolo a soltar la jeringa. A continuación, por puro instinto concentra fuerza en su puño y le proporciona un generoso golpe en el pecho. El subsiguiente crujir de sus costillas se ve ahogado sólo por el ruido del impacto de su fornido cuerpo estrellándose contra el muro.

De inmediato, la exaltada ninja nota su error al no haber medido su fuerza. Se apresura a acercarse al hombre para medir su pulso, pero no encuentra ninguno.

"No puede ser…" Articula en shock. Acaba de matar a su única chance de solucionar esto a tiempo.

Sin embargo, no tiene siquiera tiempo de maldecirse a sí misma. Su reciente sorpresa se ve interrumpida por una aún mayor cuando el agudo dolor de un senbon se instala en su hombro derecho sin previo aviso.

"Imposible... Se suponía… que solo… había… uno." Es lo único que Sakura atina a pensar, mientras las palabras se vuelven cada vez más difíciles de formar en su cabeza.

Se gira de inmediato por sobre su hombro herido, para así poder identificar la silueta borrosa de un segundo asaltante a unos metros de ella.

Con un último esfuerzo, y a sabiendas de que esto es el fin de su trayecto, da un par de pasos y lanza un último puñetazo que sólo logra asestar sobre el borde de la mesa en la que Sasori tenía sus reactivos.

El impacto hace colapsar el mueble, pero la muchacha pierde el conocimiento antes de oír el estruendo de los vidrios al romperse, y antes de siquiera ver a la silueta de su verdugo desaparecer.

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