Y ahora, nada.
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A eso de las diez de la noche, la puerta del hospedaje de Sai y su contacto es llamada.
— ¿Pasó algo?—Pregunta el ANBU, al encontrarse del otro lado del umbral a su compañera de equipo, cargando una mochila en sus espaldas.
Sakura no se inmuta ante la pregunta. Por el contrario, se encoge ligeramente de hombros, manteniéndose decidida a no dar indicio alguno del confuso suceso que había ocurrido en su propio hospedaje hace un rato.
—Él… necesita espacio para hacer mantenimiento luego del combate—Miente a su compañero.
Sai parpadea con serenidad. No cree la mentira, pero considera que no es momento de expresar sus dudas. Por lo tanto, sin emitir más reacción ante lo oído, se hace a un lado para permitirle el acceso a su morada.
—No hay problema, pasa. Te haremos un espacio aquí.
Sakura obedece al pedido, pasando a tomar lugar sobre el sencillo recibidor de piso flotante. Mientras tanto, Sai vuelve a cerrar la puerta tras ella.
Por supuesto, el motivo de la visita sorpresa es que la mujer se ha retirado del sitio que compartía con Sasori hace unos minutos.
Aún así, en un principio no decidió su destino de inmediato, ya que pasó unos instantes debatiéndose sobre si regresar con Sasori luego de permitirle un tiempo, o si sería mejor darle la noche entera.
Y, después de preguntárselo al cielo y a sí misma por un buen tiempo, optó por la segunda opción.
Esta es la primera vez que el artista pelirrojo reacciona frente a ella de una manera así de explosiva. Lógicamente, Sakura no sabe lo que está pasando por su cabeza, y, si la confusión que vio en los ojos del marionetista es real, él tampoco debe de tener una respuesta a ese interrogante.
—Justo estaba negociando con Hiromu. Aunque me temo que no compramos provisiones suficientes para un huésped extra—Se disculpa con su invitada sorpresa, en lo que asciende el escalón que separa el recibidor del sencillo dormitorio.
—No te preocupes. A decir verdad, no tengo mucho apetito ahora mismo—Emite la mujer, intentando no incordiar a su anfitrión, mientras procede a descalzarse—.Disculpa por caer de improvisto. Espero no interrumpir nada confidencial.
—Para nada—Niega él con la cabeza—.No me molesta que escuches. De todas formas, mañana tendría que informarte de esta conversación. Ven, sígueme a la mesa.
Sakura acata en silencio, y camina tras él hasta llegar a la mesa de té del espacio cocina-comedor. Junto a ésta, el químico protegido de Sai se encuentra arrodillado, bebiendo una pequeña taza de té verde, mientras atiende unos papeles frente a él.
A simple vista, este alojamiento se ve mucho más sencillo y humilde que el que ella estuvo usando junto al marionetista. El suelo del espacio cocina-comedor, a diferencia del recibidor, está conformado por esteras de tatami. Por otro lado, en la pared cercana a la mesita de té se exhibe una cocina, una mesada y un refrigerador. Además, junto a la mesa se encuentra un único ventanal desde el que se puede contemplar el panorama nocturno del pueblo.
Al fondo del pequeño espacio, se encuentra una puerta corrediza de papel, que hace juego con el tatami del suelo. La kunoichi supone que ahí, tras esa gran mampara, se esconden las habitaciones y el baño.
Sai pasa a tomar asiento frente a su compañero de habitación, y le hace un gesto con su mano para que dejase pasar la presencia de ella sin alterarse. Sakura también hace lo propio, sentándose junto al ANBU y dejando su mochila reposando cerca de ella.
Una vez que los tres están compartiendo el mismo sitio y clima, Sai retoma la conversación anterior, explicándole a su invitada sus planes a futuro.
—Mañana me volveré a separar de ustedes, pero volveremos a encontrarnos en un punto cercano a Konoha. Tengo que llevar a Hiromu a un sitio seguro que tengo preparado. Luego, su familia se unirá a él—Ahora, se gira para dirigirse al cuarentón—. Unas semanas después, recibirás una nueva identidad y podrás vivir en relativa paz.
—Ella nos interrumpió antes que me digas cual sería el costo por tu "ayuda"—Contesta el hombre de mediana edad, permitiéndose desconfiar aún de la situación, y sin poder evitar temer por su futuro.
—Estarás en deuda conmigo. En algún momento te pediré que utilices tus talentos, pero lo más probable es que en un futuro seas tú el que vaya a localizar y trasladar a la familia de un contacto, que se encontrará ese día en la misma situación que tú estás hoy.
— ¿Así es como haces las cosas? Porque suena demasiado bueno para ser cierto—Replica nuevamente con reservas en su tono.
—Pues, claro que tendré un ojo y oído sobre ti. Si dices algo que me comprometa, o si sales del pueblo sin contactarme antes, me veré en necesidad de proteger mis intereses. No te preocupes, trabajo limpiamente— Concilia Sai con su usual carencia de tacto, pero con una lógica innegable en sus palabras—.Si no eres un problema para mí, yo jamás lo seré para ti, y también me aseguraré de que tú y tu familia no tengan nada que temer.
—No es que tenga otras opciones…—Bufa Hiromu tras dar un nuevo sorbo a su infusión.
—Pero, aún si las tuvieras, ésta sigue siendo la mejor. No soy consciente de otra red de espías que ofrezca tantas comodidades a sus contactos pequeños. Es por eso que soy eficiente. Me lo agradecerás algún día.
A todo esto, Sakura escucha la conversación de ambos sin emitir palabra. No se había detenido a pensar en la manera en la que Sai conservaba la lealtad de sus contactos, pero sus métodos suenan mucho más benéficos y humanos de lo que esperaría de él. De hecho, para alguien que tiene tantas dificultades para entender las relaciones interpersonales, es muy capaz de utilizarlas en su trabajo.
Hiromu suspira.
—Mi familia estará a salvo de la serpiente ¿Correcto?—Consulta a su protector con voz firme.
—Correcto—Le asegura el pálido ninja.
—Y estaremos a salvo de él ¿Verdad?—Finaliza el hombre de mediana edad con una última interrogante, que ahora esconde un dejo de paranoia y temor.
—El hombre que se encargó de la base se encargará del resto de la serpiente, y puedo prometerte que, mientras tú no le perjudiques ni a él ni a mí, no volverás a saber de él. De por cierto, ese hombre estará interesado en toda la información que puedas darnos sobre las demás bases que conozcas. Dársela sería una buena manera de permanecer en su lado amable—Asegura el dibujante con una sonrisa audaz.
— ¿Hombre?—Ríe nerviosamente el temeroso sujeto.
—Es un hombre, y, si no estás en su contra, sigue siendo sólo un hombre—Interrumpe Sakura por primera vez, defendiendo al marionetista por simple reflejo. A decir verdad, aunque su cuerpo y sentido del oído permanezcan en esta habitación, su mente aún divaga cerca del marionetista.
—No lo viste ¿Cómo puedes estar segura de lo que dices?—Le cuestiona Hiromu.
—Porque estuve en su contra, y sigo aquí—Sentencia la ninja con intransigencia en su expresión—.Insisto, por mucho que le parezca aparentar otra cosa, es sólo un hombre. No es más que eso.
Concluye su defensa a su compañero pelirrojo, al tiempo que Hiromu accede a las demandas de Sai.
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Es inútil resistirse… y también es estúpido recriminarse por no haberlo notado antes.
Por un momento, casi llega a considerar esas opciones.
"Eso también sería una primera vez… Creo."
Pero ya había pasado por cambios antes, este es solamente uno más. La simple naturaleza del mismo no debe forzarlo a abandonar su sentido del practicismo. No por esto comenzará a perder tiempo en cosas inútiles.
Sasori es consciente de que nunca tuvo experiencia directa con esto. Incluso, no está siquiera seguro de en qué momento se produjo este cambio. Pero todo eso ya no importa. Ahora, es claro. Ahora, es una realidad y es necesario lidiar con ella… y con ella.
"No puede ser tan difícil." Piensa entre audibles suspiros.
"Como siempre: analiza las opciones, busca el mejor curso de acción, y abstente a él." Se recita a sí mismo, en un esfuerzo por reducir el afecto a un aspecto más de los fríos mecanismos que alteran sus decisiones.
Mientras tanto, el renegado permanece allí, sentado en el suelo, estático e ignorando su cuerpo para enfocarse en desplegar en su mente un árbol de posibles decisiones, y posibles reacciones a éstas últimas.
Después de todo, no quiere tomar una decisión sin considerar primero todas las consecuencias que podrían caer sobre Sakura y sobre él mismo.
Hallándose demasiado ocupado en planificar su futuro en base a esta nueva realidad, deja que su cuerpo y la habitación a su alrededor se enfríen en medio del silencio casi absoluto. Silencio en el que visualiza un laberinto de opciones, que recorre incesantemente en búsqueda de una decisión.
…
Ya hubo suficientes problemas, y todavía existen muchos problemas y riesgos, que nacen a cada vez que ellos vuelven a cruzarse. A estas alturas, eso no es ninguna novedad, y tampoco es algo que vaya a cambiar en ningún futuro.
…
Lo más importante es reconocer que este nuevo cambio es algo que sólo le afecta a él, mientras que el resto de las circunstancias permanecen invariables. Mientras no diga nada, nada cambiará fuera de él. Sólo deben considerarse las consecuencias que ocurrirán si él termina actuando guiado por este cambio.
…
Lo que hace que la conclusión sea obvia a sus ojos.
"No, no existe ninguna opción que lleve a un buen resultado a corto, mediano o largo plazo." Piensa, convencido de su decisión.
Aunque existe una pequeña porción en él que hace que la opción de intentar algo se vea atractiva, el cambio aún no le había vuelto estúpido. Incluso si esto no representase un riesgo a las vidas de ambos… Con sólo imaginar la posibilidad de informarle a Sakura de su… "condición actual", sabe que ella no recibiría bien esa noticia. Jamás lo haría.
Intentar algo sería una pésima idea, sin importar por dónde lo mirase.
"Es mejor que esto no tenga ninguna consecuencia externa. Ni una sola palabra, ni una sola acción. Esto debe permanecer en la nada, sepultado con todo el resto de las cosas que dejé atrás."
Formula dentro de su mente, sólo para quitarse el involuntario atisbo de decepción que le produjo alcanzar una conclusión tan definitiva.
"Ya. Suficiente tiempo perdido…" Se despeja con un movimiento de su cabeza, sintiéndose decepcionado de sí mismo por haber acabado perdiendo tanto tiempo en algo inútil.
"Debo reparar mi cuerpo."
Sin embargo, en el mismo instante que pronuncia estos pensamientos, un pequeño estruendo a sus espaldas se roba su atención.
"Y debo apagar esta cosa." Se corrige con cierta ironía, levantando la mirada hacia el recipiente de latón que Sakura había olvidado sobre el fuego de la cocina al marcharse.
A este punto, el agua hirviendo ha comenzado a brotar por los costados del latón, sólo para terminar explotando de tanda en tanda contra la llama azul de abajo.
El marionetista se pone de pie y gira la perilla del gas pegada a los azulejos de la pared, ocasionando que la llama debajo de la olla se extinguiese. Acto seguido, vuelve a quedarse estático, con la mirada perdida en el arroz pasado en cocción sumergido en el agua caliente.
Decide enfocar su tiempo y mente en una tarea más útil. A fin de cuentas, esto es otro asunto más que dejar atrás, otra cosa inútil que ignorar.
No puede ser tan difícil.
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Una vez pasada la hora de la cena, Sakura insistió a Sai que no se sentiría cómoda si éste le cedía su futón, pero el pálido dibujante podía llegar a ser tan intransigente como el artista de pelo rojo.
Por lo tanto, a la muchacha no le quedó otra alternativa que ir a ocupar la cama de su compañero, y dejar que él hiciese lo propio con una bolsa de dormir en el comedor.
No obstante, y para alivio de la rosada, la mampara principal esconde un minúsculo vestíbulo, que de un lado tiene el acceso al baño, y del lado opuesto aloja otras dos puertas de papel, que separan un dormitorio del otro.
Obedeciendo las instrucciones dejadas por su compañero, Sakura ingresa en la habitación de la derecha. Ésta no posee más que un futón, un armario en la pared, y una mesita de luz, no mucho más alta que el futón, con un velador encima, que a la vez funge como única fuente de iluminación para el dormitorio.
Por suerte, Sakura ya se había cambiado de compresa en el baño de su propio hospedaje, así que no hace más que dejar su mochila cerca del futón y escabullirse bajo sus sábanas aún con la ropa puesta.
Apagando la luz de la lámpara a su costado, se permite relajarse un poco, acomodándose en el lecho y embriagándose con la nueva oscuridad que la rodea y protege del mundo exterior.
Mientras yace boca arriba sobre el futón, puede oír de vez en cuando los movimientos del ANBU en el comedor, a escasos metros de ella. De hecho, si cierra sus ojos y se concentra bien, puede oír hasta el suave eco de las pinceladas sobre un lienzo.
No puede evitar sonreír, notando cómo el shinobi en el comedor-cocina no parece mostrar ninguna intención aparte de desvelarse, mientras se dedica a atender a su inspiración artística.
De hecho, se lo percibe totalmente absorto al tiempo, como si intentase plasmar una imagen antes de que el recuerdo se desvanezca de su memoria.
"Y, hablando de arte, y de memoria…" Se dice, comenzando poco a poco a rememorar un par de sucesos no tan lejanos en el tiempo.
La reacción de Sasori, de hace unas horas atrás, la había tomado por sorpresa.
"¿Qué demonios había sido eso?"
A decir verdad, esa simple interrogante le suena vacía. Ya que no siente que pueda responderla de ninguna manera, por el simple hecho de que no tiene pleno conocimiento de todo lo que ha ocurrido mientras estuvo en coma.
Para empezar, no sabe qué demonios ha pasado en todo ese tiempo que Sasori invirtió para conseguir la cura, y, para seguir, ni siquiera puede recordar algo previo a su último despertar en aquella cama de terapia intensiva.
Pero, aun así… en aquel momento, pudo ver en sus ojos que ese arrebato de frustración lo había sorprendió hasta a él mismo.
En verdad, mientras más recuerda la escena, el rostro de Sasori, sus palabras o su propia reacción… menos sabe qué interpretar al respecto.
En un primer momento, estuvo convencida de que permitirle espacio era su mejor opción. Además, no quería pensar en lo que le dijo. Es demasiado confuso, y demasiado incómodo.
Honestamente, se encuentra un poco decepcionada.
Esperaba que, al terminar la misión, todo pudiese estar bien aunque sea por un instante.
"Pero bueno, nada de esto ya importa. No es momento para ser pesimista. Después de todo, la misión se acabará mañana, y este asunto también."
Quizá gracias a estos últimos pensamientos, o a pesar de ellos, la rosada logró conciliar el sueño con relativa facilidad.
No obstante, una figura misteriosa terminó haciendo aparición en su estado de inconsciencia.
La figura era muda, sin rostro o forma definida… pero se sentía extrañamente familiar. Pero, por algún motivo, su mente se negaba a definirla con claridad, y, por algún capricho de su psique, esta resultaría ser la clase de sueño que olvidaría a los pocos minutos luego de despertar.
Afortunadamente para Sakura, esta fue la primera vez en muchos días que consiguió descansar con relativa normalidad… Aún así, todo fue a costa del advenimiento de un borroso espectro que, a partir de este momento, se dedicaría a acosarla sólo con su presencia, haciendo que se pregunte su identidad sólo para olvidarlo, junto a sus dudas, en los instantes siguientes a la apertura de sus párpados.
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Un poco más temprano de lo que el taciturno artista de Konoha hubiera previsto, la gran mampara de papel, que separa el comedor de las recámaras, se abre sin más dilación y por primera vez en el día. Detrás de la delgada puerta, una somnolienta muchacha de pelo rosa desaliñado se deja ver.
—Buenos días—Levanta su mirada de la mesa, sobre la que estuvo dibujando hasta hace un rato, para saludar a la recién despierta Sakura con una de sus características sonrisas vacías—No te esperaba por aquí tan temprano. Apenas son las seis y cuarto.
—Buenos días—Contesta ella, mientras intenta cubrir un pequeño bostezo con su mano derecha—Imagino que partirás con Hiromu, mientras nosotros estamos en el hospital.
En lugar de acompañar al muchacho en la mesa, Sakura se dirige a la cocina del hospedaje con la iniciativa de preparar el desayuno.
— ¿Dónde guardas el té?—Pregunta de espaldas a él, tomando la pava sobre la rejilla de la cocina para llenarla de agua.
—En el segundo cajón de la mesada—Indica Sai, al tiempo que cierra su cuaderno de dibujos y lo aparta de la mesa—Y sí, creo que podemos encontrarnos en unos quince kilómetros al norte de la puerta principal de la aldea. Les dejaré los datos sobre el antídoto, en caso de que tengan algún problema en el hospital. De todos modos, supongo que no debería darse ese tipo de situación.
— ¿Viajarás sin haber dormido?—Señala Sakura a modo de regaño.
Mientras tanto, pone el agua a calentar sobre el fuego y también hace lo propio con el té: repartiendo un saco de hierbas en tres tazas de porcelana.
—Dormí unas horas—Le informa, de manera que la mujer no puede distinguir si le dice la verdad o está mintiéndole—No te preocupes por eso. Aprovecha para pensar en el reporte que daremos en Konoha. Intercambiaremos nuestras ideas en siete días. Tendré que desviarme al regresar, pero aceleraré mi paso.
Otro momento de sutil silencio se crea entre ambos ninjas, dando lugar a una especie de nueva sensación de cotidianeidad para la joven médica, que la hace añorar aún más a su aldea y a su propio hogar.
No obstante, cuando lleva las dos tazas de té a la mesa y se sienta para tomar la infusión junto al ANBU, éste se decide a romper el silencio con el objetivo de retomar la conversación de antes.
—Antes de que te retires al hospital, toma esto. Es para nuestro químico, cortesía de Hiromu.
El pálido joven le extiende sobre la mesa un pergamino cerrado.
— ¿Las bases de la Serpiente?—Pregunta la muchacha en voz baja, escudriñando el objeto a detalle.
—Precisamente—Afirma él en el mismo tono—.Dile a tu compañero que el precio es la vida de mi informante. Está bajo mi protección.
Dicho esto, la situación retoma la armonía. Armonía que Sakura utiliza para desayunar algo en compañía de Sai antes de retirarse al hospital, y antes de volver a separar su camino de él durante el viaje.
Además, gracias al hecho de haber madrugado más de la cuenta, la joven termina llegando al trabajo una media hora antes del momento en que se la necesita. Por lo tanto, aprovecha el tiempo extra para completar su desayuno en el comedor del hospital.
Después de todo, no quiso tomar recursos del inventario del dibujante, ya que éste le había informado anoche que no poseía demasiados.
Terminado este pequeño asunto, la médica se encamina a su puesto de trabajo en el ala de cuidados intensivos, intentando alejar al marionetista de su mente.
¿Qué clase de relación tiene con Sasori, como para que él se haya molestado así por lo ocurrido? No puede definirlo, y un hospital no es el sitio para estar preguntándoselo.
Lo único que le queda claro es que le hubiera gustado estar en buenos términos con él anoche, y que, debido a que hoy lo vería de nuevo en el hospital, ninguno de los dos podría esquivar la incomodidad por demasiado tiempo.
De este modo, la kunoichi inicia la jornada como si nada hubiese ocurrido, y se sumerge en sus tareas por completo. Poco a poco, las horas transcurren en un ambiente poco agitado que, para desagrado de la mujer, le permiten que la situación actual del marionetista regrese de vez en cuando a su mente.
Acorde al panorama actual de la clínica, la mayoría de los pacientes ya han recibido el alta durante ayer y la madrugada de hoy. Respecto a aquellos pocos que todavía están internados a causa de las complicaciones acarreadas por el envenenamiento, la mayoría de los que fueron sometidos a sus tratamientos han sobrevivido. Una historia distinta es la de los pocos sujetos que fueron tratados por su compañero…
Todos ellos habían fallecido.
Ahora, la principal tarea de la ninja es dar una mano a los médicos clínicos, para que pudiesen lidiar de modo eficiente con el delicado estado de los internados si este empeorase. Además, Sasori debería de informarles sobre la síntesis de antídoto en base a las notas de Hiromu, pero el renegado no ha hecho acto de presencia en la clínica desde que ella llegó al hospital.
Al cabo de un rato, Sakura comienza a preguntar a varios miembros del personal por si lo habían visto en las premisas del establecimiento.
La respuesta que recibió fue positiva, lo que eventualmente la llevó a buscarlo en el laboratorio.
En un principio, no pudo encontrarlo en su área predilecta de trabajo, pero sí se topó con claras señales de que el lugar no estuvo vacío por demasiado tiempo.
"Pero, si no está en terapia intensiva, ni aquí… Entonces ¿Dónde…?" Se interroga, extrañada por el misterio del paradero del ex Akatsuki.
Siguiendo su búsqueda, la muchacha opta por descender a los pasillos de la primera planta, albergando el presentimiento de que Sasori puede encontrarse en la guardia. No obstante, al pasar cerca de la recepción, Sakura se extraña aún más al oír el eco de unas voces que se perciben agitadas, dolidas y enojadas.
Por supuesto que no todos los familiares procesan de la misma manera la muerte de un ser querido. De vez en cuando, existen aquellos a los que la pena les lleva a descargar sus iras y pesares ante el medico que les vio morir. Eso, en sí mismo, no es lo que la sorprende. Lo que sí lo hace, es la estoica voz que intenta aplacar a las otras.
Al doblar la esquina del último pasillo, se encuentra en el vestíbulo de la recepción, y consigue observar, desde unos metros de distancia, una escena que ya ha visto anteriormente en su experiencia como trabajadora de la salud.
Un pequeño grupo de personas le bloquean la vista del pelirrojo, mientras no hacen más que reclamar a los dioses y al marionetista una explicación del por qué "de todas las personas en el mundo, fue justo mi hijo el que debió partir."
La rosada, desde detrás de una columna de hormigón, consigue entender la mayoría de los gritos y las exclamaciones que rezuman ira y dolor. No obstante, no alcanza a descifrar la respuesta del marionetista a los reclamos de los familiares, ya que el hombre no levanta la voz en ningún momento.
Mientras tanto, las recepcionistas, y el resto del personal del hospital que circula de tanto en tanto por el vestíbulo principal, no se inmutan demasiado ante la escena. Quizá, porque todos en este ámbito están acostumbrados a lidiar con el dolor de los familiares de los pacientes fallecidos, o quizá por propia petición del marionetista.
—Se tomó la mejor opción, dada la información disponible y las circunstancias. Insúltame si te hace sentir mejor, pero no hará mi decisión más o menos acertada—Dice en un tono calmado, aunque sólo audible para la mujer de tercera edad que llora frente a él.
— ¡Mi hijo murió en vano!—Grita la afectada madre, antes de lanzar una bofetada que es evitada con facilidad.
—No fue así. Él nos dio una oportunidad de salvar al resto. Retírense antes que deban ser retirados—Le contesta, apático, al notar cómo el personal presente comienza a mirarlo en gesto comprometido, a medida que la actitud de los padres se va enturbiando.
Aún así, Sakura sólo necesitó escuchar a la embravecida mujer para saber casi palabra por palabra las respuestas que Sasori le dio a continuación.
Comentarios insensibles, pero eminentemente lógicos sobre cuán valiosos fueron los datos obtenidos de la muerte del muchacho en cuestión... No, esa no es la manera de tratar con una madre o padre que sufre la pérdida de su hijo.
Pero, después de todo… No existe una manera correcta de lidiar con alguien en ese momento.
No se puede hacer nada por las personas que perdieron seres queridos, deberán superar su duelo por el único camino que existe: el tiempo.
Dos recepcionistas y un enfermero se involucran, y, con mucho mayor tacto que el exhibido por el marionetista, escoltan al grupo de personas fuera del sitio. Sin importar cuánta organización exista en un hospital, nada puede evitar esta clase de escenas, y, sin importar cuán talentoso sea el médico, no se puede evitar que tarde o temprano la muerte reclame a uno de sus pacientes.
Por su parte, Sasori se limita a permanecer en su sitio, estático, hasta que la turba de padres es removida de su espacio personal. De esta forma, el cambio de ambiente hace que la kunoichi consiga tomar la suficiente confianza para acercarse a él por primera vez desde la noche anterior.
Pero no por esto Sakura se salva de una nueva sensación de incomodidad, que pasa a tomar lugar en sus entrañas. Aún recuerda la última vez que lo vio, y todavía no ha conseguido sepultar la desagradable emoción que el recuerdo acarrea sobre su mente. Pero sabe que no pueden seguir evitando hablar por mucho tiempo más.
"No eres una niña, deja de actuar como una." Se critica, sobreponiéndose a su incomodidad.
Si quiere saber cómo están las cosas con este sujeto, sólo tiene que averiguarlo por sí misma. Así que se acerca caminando por su espalda, y, al no notar una reacción temprana de su parte, le toca el hombro para conseguir que voltease hacia ella.
—Buenos días—Lo saluda con suavidad, en un tono que pretende esconder sus dudas sobre si el humor de anoche todavía persiste en él.
Por su parte, el distraído marionetista se sobresalta al reconocer la voz de Sakura tan de cerca, y demora un instante en girarse para devolver el cordial gesto.
—Buenos días—Responde finalmente, con su apático tono usual.
Esta seca y simple frase basta para tranquilizar a la rosada. Finalmente, ese suena como el Sasori que ella conoce. Quizá, sus inseguridades desde el principio fueron infundadas.
— ¿Estás bien?—Prosigue Sakura sin perder la sobriedad o la discreción.
—Sí, lo estoy. Disculpa mi comportamiento. Fue inaceptable e inútil. No volverás a ver ese tipo de circunstancias brotar de mi—Prosigue él, dejando salir de su boca unos pensamientos tan honestos como inconexos, buscando redimirse tanto ante la joven como ante sí mismo, al comprometerse a ponerle fin a la situación que la parte más irracional de su mente había iniciado.
—Descuida—Expele la oriunda de Konoha, sin poder contener el alivio, ni un dejo de nerviosismo, en su semblante—. Todo está bien.
—Hoy terminaremos con nuestros asuntos en el hospital. ¿Verdad?— Pregunta ahora el marionetista, tomándose la libertad de guiar la conversación a lo profesional para facilitar la transición a una situación menos incómoda.
Sakura conserva el silencio por un momento. La situación de anoche parece haber desaparecido sin dejar rastros, pero de algún modo siente que en realidad no es así.
"Ni siquiera Sasori debería… Pero bueno, quién sabe con él…" Razona, sintiéndose de repente insegura de su primera corazonada.
"Quizá, alguien tan mecánico como él sí pueda dejar atrás una situación así como si nada."
Pero, si él no puede hacerlo, quizá esta es su manera de lidiar con ella.
Siente que puede respetar eso.
Si dejar este asunto olvidado es lo que el hombre necesita para superarlo, entonces se ganó su privacidad. Pero claro, eso no quita que todavía desea saber qué es lo que ha ocurrido para terminar desembocando en ese nivel de frustración.
"Quizá, Sai pueda contarme más al respecto." Formula, tras haber descartado en silencio la opción de hacer lo propio con el marionetista.
—Sí. Hoy terminamos, y mañana comienza el viaje de estaba buscando para adjuntar tus notas del laboratorio al reporte para las autoridades del hospital—Le contesta la mujer, permitiendo a Sasori dejar el tema atrás.
Si sepultar lo ocurrido está bien para él, entonces estará bien para ella. Después de todo, aún desea estar en buenos términos con él, y este parece un buen comienzo.
—Sígueme al laboratorio, allí tengo lo que necesitas—Le indica el pelirrojo, comenzando a caminar en dirección a las escaleras más cercanas a la recepción.
Sakura obedece sin objetar, forzándose a regresar a un estado de puro profesionalismo.
Una vez que están de regreso en el campo de su ex informante, éste saca una carpeta azul oscuro del cajón de un armario, junto a los estantes de químicos en la pared, y la pone en manos de la kunoichi de Konoha. A cambio, ella le otorga a Sasori el pergamino de Sai.
—Sai te intercambia esto por la vida de Hiromu. Es un listado de bases de la Serpiente—Explica Sakura, mientras sostiene la carpeta con ambas manos.
—Acepto la oferta. Desde aquí podré comenzar—Emite Sasori, sin dejar de escudriñar el rollo de papel entre sus dedos—.Agradécele de mi parte cuando le veas. Y creo que nosotros nos veremos al terminar. Tenemos que conversar con las autoridades del pueblo antes de retirarnos. ¿Verdad?
La rosada asiente con la cabeza.
—Sí. Esta noche les hablamos, y mañana abandonamos el pueblo… —Deja un momento de silencio, dudosa de continuar su oratoria— ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro que puedes—Concede el renegado, esbozando una media sonrisa de modo inconsciente— ¿Qué ocurre?
Sakura desciende su mirada al suelo, sin poder dejar de agitar ligeramente la carpeta entre sus manos en un sutil gesto de ansiedad.
— ¿Está… realmente todo bien?— Pregunta sin miedo, mas extrañada por el indescifrable corte en el porte del ex Akatsuki.
—Todo está bien. No te preocupes—Repite de un modo aún más normal, mas carente de tono que la vez anterior, evitando adrede, al igual que ella, el contacto visual—.Nos vemos en unas horas. Si necesitas algo de mí, estaré aquí adentro. Al menos, aquí no pueden entrar los civiles.
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El resto del día transcurrió sin sobresaltos. Ambos se cruzaron sólo un par de veces en la clínica o en el área administrativa, pero las suficientes como para que Sakura creyese un poco más en las palabras de Sasori.
Las cosas parecían bien, y, sea lo que sea que había afectado a su… al marionetista anoche, ya estaba bajo control.
Desde el punto de vista del pelirrojo, el día en sí le sirvió como periodo de pruebas.
El ser consciente del lugar que Sakura ha venido ocupando en su mente, no parece impedirle seguir actuando como si nada hubiese cambiado dentro de él. Esto le resulta agradable, ya que es así como debería ser. A decir verdad, no quería que este cambio afectase su forma de actuar al punto de que fuera necesario alejarse de Sakura. En su lugar, sólo quiere atenerse a disfrutar de su compañía, y, a pesar de comprender y aceptar que el tiempo que pasarían juntos está contado, no tiene intenciones de hacerlo aún más extraño o poco grato.
Finalmente, a eso de las ocho y treinta de la noche, ambos consiguen liberarse de sus tareas en el hospital.
Tras despedirse de toda la gente con la que estuvieron trabajando todo este tiempo, abandonan el sitio para dirigirse una segunda vez al municipio del pueblo.
Una vez que ingresan al edificio, de aspecto antiguo y formal, que ya los había recibido durante su llegada a este pueblo, un par de secretarios los vuelven a guiar a la pequeña sala de conferencias en el primer piso.
Una vez que los ninjas se descalzan frente a la mampara de papel, e ingresan a la sala, se encuentran al canoso alcalde sentado sobre el suelo de tatami, y frente a la mesa, bebiendo el té junto a varios señores feudales de menor jerarquía del poblado.
—No tienen idea de cuán agradecidos estamos. Por siempre estaremos en deuda con ustedes—Dice el anciano, acompañando a todos sus invitados en una reverencia de gratitud hacia los ninjas—Si en algún momento necesitan algo, haremos lo posible por devolverles el bien que nos han causado.
Su rostro, carente del miedo y la desesperación con el cual lo conocieron, le da la apariencia de ser un hombre varios años menor.
—Me alcanza con que nunca le den información a nadie sobre nosotros—Pide el ex-Akatsuki a todos los presentes en la reunión, conservando un cierto tono respetuoso, mientras acompaña a la dama en la mesa de té junto al resto de los comensales.
—Así será—Sonríe el alcalde—. Haré todo lo posible para que su presencia aquí sea una vaga memoria de la que ningún detalle relevante pueda obtenerse. Es lo mínimo que podemos hacer por ustedes.
—Eso es todo lo que necesitamos—Habla la ninja de Konoha, rechazando una tacita de té a uno de los secretarios que se acerca hasta ellos con una pava entre manos—.No deben agradecernos por esto, es simple humanidad.
Por su parte, el marionetista, al igual que la última vez, niega el cortés ofrecimiento con inmutable elegancia.
—Y aún así es escasa, joven médica. Aún así, es escasa—Prosigue el señor de mediana edad—.Disfruten su última noche aquí, y no teman en pedir nuestra ayuda en el futuro. No soy el único que se siente en deuda con ustedes. Tienen en esta aldea un aliado, quizá no muy útil, pero más que dispuesto a servirles.
Luego de este pequeño acto de presencia, que culmina con una formal reverencia y con un acta de reconocimiento con el sello y firma del alcalde del pueblo, los dos extranjeros vuelven al punto cero.
Con la misión ya oficialmente completada, con el principal conflicto solucionado, y con todo tecnicismo tramitado, el único destino que la noche sienta sobre sus mentes el hospedaje que les dio lugar desde que llegaron allí, con el único objetivo de descansar y prepararse para partir en la mañana.
Una vez de regreso en su ya acostumbrado alojamiento, Sasori finalmente se atreve a romper el silencio que el viaje forjó entre ellos, haciendo la pregunta que se estuvo guardando desde el principio del día.
—Sai y Hiromu ya se han retirado. ¿Verdad? —Pregunta Sasori desde la mesa de té del comedor.
—Sí. Se fueron hoy por la mañana—Le responde Sakura, poniendo a hervir unos fideos en una olla para la cena de esta noche—. Por favor, dime que no desconfías de su capacidad de controlar a sus contactos.
Sasori sonríe por segunda vez en el día ante el pequeño brote de paranoia en la joven.
—Todo lo contrario. Sé qué hará lo imposible por mantener en silencio a ese hombre. No solo yo corro peligro si el habla más de lo que corresponde— Responde él, contemplando la espalda de Sakura relajándose con sutileza ante la tranquilidad que sus palabras acaban de transmitirle.
—Sai es un espía muy capaz—Acota ella con suavidad, revolviendo la pasta con una cuchara de madera—.No fracasé en nuestros primeros meses de conocernos gracias a su guía.
—Y no fracasamos en esta misión gracias a sus talentos como espía. Tienes un gran aliado—Concede sin atisbo alguno de recelo en su voz. Después de todo, fue gracias a Sai que ellos pueden estar ahora mismo de este modo, y teniendo esta charla.
Sin embargo, es justo cuando todo tema de conversación vinculado a la misión se evapora, que Sakura termina siendo víctima de la incomodidad una vez más.
Por momentos, al encontrarse recibiendo todo el vapor del agua en su rostro, siente los recuerdos de esa noche regresando a ella. Recuerda haber arribado a la habitación con un calor infernal dentro, luego, recuerda haber puesto arroz sobre el fuego, haber ido al baño… y, luego…
"¿Por qué me pongo incómoda cuando pienso en eso?" Se cuestiona en medio de un resoplido de molestia.
—No vas a dejar de actuar extraño hasta que te lo diga. ¿No es cierto? —Habla el pelirrojo desde su lugar en la mesa, sin haber tenido demasiados problemas en notar el corte en el aura de la muchacha—. Trataba de evitar otro momento vergonzoso... Tienes una pregunta, la voy a responder. Luego, deja de actuar con tanto cuidado alrededor mío, es molesto.
La kunoichi se ve sorprendida por el directo método que el marionetista toma para dedicar su atención al asunto. Por suerte para ella, no tuvo que pensar demasiado antes de expresar sus dudas.
— ¿Qué paso anoche? —Pregunta con el ceño fruncido y aire de seriedad, pasando a apoyar su espalda contra el mármol de la mesada junto a la cocina—.Y no respondas evasivas.
— Anoche, pude racionalizar cuán cerca estuve de perder a alguien que no quiero perder—Pronuncia Sasori sin placer alguno a través de su semblante, y sin atreverse a mirar directamente el demandante rostro de la dama—.No estoy acostumbrado a perder cosas, y tampoco estoy acostumbrado a que me importe perder gente. Así que… Fue eso, sólo un evento al que no estaba acostumbrado.
Sakura conserva el silencio ante la sentencia. No había considerado algo tan simple y humano como eso. Quizá, fue estúpido de ella no haberlo notado.
Es lógico, ahora que lo piensa.
—Suficiente—Lo interrumpe, un poco arrepentida de su propia pregunta—.No es necesario que me cuentes más. ¿Me acompañas mientras ceno?
Pide con una sonrisa fingida, esta vez, tomando ella la iniciativa de dejar el tema atrás.
—Por supuesto—Accede de buena gana, mientras se pone de pie—Sólo permíteme que me ausente un poco, a ver si mis arreglos se mantienen tan bien como deberían.
Sakura se sorprende y preocupa un poco ante esta nueva mención, más aún cuando ve a Sasori llevarse una mano a palpar un costado de su abdomen por sobre la camiseta negra de manga larga.
— ¿Pudiste atender tus heridas? No corres riesgo de perder ese cuerpo ¿Verdad?
—Pues, ya no me sentiría cómodo combatiendo con él—Se sincera con un dejo de ironía—.Creo que me veré en necesidad de pedirte ayuda con esto.
—Lo que necesites. ¿Cómo puedo ayudarte?
—La verdad, me ayudaría mucho si pudieses conseguir en Konoha, o en Suna, las herramientas y materiales que necesito: cerámica de marionetista, y un kit de creación de marionetas estándar. No puedo conseguir esas cosas en pueblos civiles y sabes más que bien que no puedo ingresar libremente a poblados ninja.
—Haré lo posible—Asiente ella, más que dispuesta a devolver de alguna manera lo que él hizo por ella para salvarla del veneno de la Serpiente—. Me encargaré de no levantar sospechas.
Y así, ambos pasan la última noche en el pueblo sin mayores sobresaltos. Como siempre, el marionetista lo hizo insomne, y ocupando su tiempo en permanecer mirando al horizonte nocturno a través de su ventana predilecta. Mientras tanto, la kunoichi volvió a gozar de un buen sueño, que sería el último que pasaría antes de poder regresar finalmente a su hogar.
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Temprano por la mañana, la actividad, tan ausente durante la noche, vuelve a hacerse presente dentro del mono ambiente cuando la joven se despierta.
Sakura se ocupa en ducharse y desayunar, mientras que Sasori se encarga de la limpieza y de armar el equipaje, con provisiones y sus equipamientos, para la inminente partida del sitio.
Una vez que tienen todo preparado para el viaje de regreso, entregan las llaves de la habitación a la recepción, para luego salir al poblado y, por último, terminar adentrándose en la intemperie espesa y verdosa del bosque.
Como principal estrategia al volver a encontrarse a merced de espías y amenazas de otras naciones, ambos toman la precaución de alejarse de los caminos principales para evitar ser rastreados.
En sí, el trayecto de regreso a Konoha sería más corto que aquel que utilizaron para llegar hasta aquí, pero, aun así, tomarían las precauciones posibles para proteger la invaluable información que cargan con ellos ahora.
Quizá debido a este último detalle, los ninjas no se atrevieron a cruzar palabra de un modo despreocupado hasta que lograron estar lejos del condado, y de cualquier civilización aledaña que estuviera marcada en el mapa.
En este contexto, es cuando la hora del almuerzo ha quedado atrás que Sakura por fin se permite conversar con el marionetista, sobre un asunto que estuvo llamando su atención desde ayer.
—Oye, Sasori…—Rompe el silencio con firmeza en su voz, sin aminorar la frecuencia de sus saltos, por sobre las ramas de los árboles, para avanzar a la par de él—.Tengo un par de preguntas que hacerte, ahora que nadie puede oírnos.
Sakura sabe, desde que observó los reportes del marionetista, que éste está ocultándole algo, y ahora ya no quiere que esa situación continúe así.
—Supongo que podría responderlas. ¿Qué ocurre? —Contesta el hombre, sin sospechar en lo más mínimo el punto de la rosada, quien ha logrado ocultar hasta ahora los dejos de bronca que esto le causa.
—Estuve observando las notas que ambos tomamos en el hospital, y los métodos que usaste para tratar a tus pacientes.
Si el llamamiento inicial no le había indicado al Akasuna la dirección que esta conversación tomaría, esta segunda frase sí que lo , por el momento decide evitar que su raciocinio se adelantase a las palabras de la dama.
— ¿Qué encontraste?
"¿Va a jugar al inocente? ¿Conmigo?" Piensa la mujer, irritándose un poco más.
Ella no está de humor para esto. Nada empeora más su ánimo que saber que alguien le está tomando el pelo, y más le irrita que, de todas las personas del mundo, ese alguien sea él.
¿Acaso ellos no habían vivido suficientes cosas juntos como para confiar el uno en el otro, aunque sea un poco?
— ¿Me ocultaste cosas durante nuestro tiempo en el hospital? ¿Cosas relacionadas a la misión? —Le pregunta de un modo mucho más directo y cortante, y con un tono y una expresión que le advierten a su interlocutor que ella no está jugando con esto...
—Dije todo lo que necesitabas saber—Se defiende Sasori, pasando ya a evitar el tema y su mirada totalmente a propósito.
Sin embargo, sólo acaba consiguiendo que la vena en la frente de la rosada se hinche un poco más.
—Esa no fue la pregunta—Le reprocha Sakura, dejando que su enojo se filtre a través de su voz—.Entendiste la naturaleza del veneno antes que yo ¿No es así?
La mujer hace esta pregunta en un último esfuerzo por guiarlo a decir la verdad por elección propia, antes de tener que sacársela por las malas.
—No entiendo a qué te refieres—Repite Sasori, emitiendo un forzado bufido de fastidio ante la insistencia.
— ¡Oh, por todos los dioses! ¡Deja ya de jugar conmigo!—Le grita, al escuchar la última evasiva que piensa tolerarle—.No intentaste salvar a tus pacientes. Los sacrificaste para obtener más conocimiento del veneno. ¿Estoy en lo correcto? ¡Y más te vale que no vuelvas a responderme basura!
Sasori se mantiene con el ceño fruncido, mirando a la nada misma frente a él, mientras piensa exhaustivamente una oración que no lo dejase peor parado a ojos de ella.
Es verdad, él decidió en su momento que era necesario sacrificar una pequeña cantidad de pacientes para avanzar la investigación, hasta un punto en que la Serpiente se sintiese amenazada por sus progresos.
—Sí, estas en lo correcto—Se sincera de repente, deteniendo una nueva réplica en los labios de su compañera—.Consideré que los datos que obtendríamos de sus muertes eran más valiosos que sus vidas.
La respuesta, contraria a todo pronóstico, consigue mejorar ligeramente el humor de Sakura. Al menos, ya no está ocultándole lo que hizo.
Eso era todo lo que ella quería: llevarse bien con el marionetista, de igual a igual.
Cree que existe algún tipo de confianza entre ellos. Entiende que, para la gente en la misma situación en que ambos se encuentran, es necesario guardar secretos, pero no ve el cómo ocultarle esto podría ser una buena idea.
— ¿Por qué me lo ocultaste? —Vuelve a cuestionar a su ex enemigo, aunque con un tono distinto: más dolido.
Sasori demora otro instante más en articular una explicación a la nueva interrogante. Sí, se lo ocultó, y, dadas las circunstancias, cree que lo volvería a hacer.
Sakura no habría considerado aceptable, ni moral, sacrificar pacientes para conseguir un bien mayor. No podía habérselo dicho. Hacer esto a sus espaldas fue necesario para la misión.
"Hay verdades que ella no está lista para oír." Se recita a sí mismo, notando a media frase que esta declaración tiene mucho más peso y profundidad de lo que en un primer momento parecía.
—Por tu bien y por el de la misión—Prosigue estoico, recitando las palabras más rápido de lo que puede realmente procesarlas—.No creí que estarías de acuerdo con mis métodos, pero en esas circunstancias eran necesarios. Si no tomábamos medidas para que la Serpiente nos considere una amenaza, no hubiéramos…
—Cállate. No quiero oírlo—Lo interrumpe la kunoichi con brusquedad. Él la está tratando como a una niña otra vez, y no planea dejar pasar esto sin dejar las cosas en claro—.Ya sé lo que vas a decirme. ¿Creías que no entendería por qué lo hacías? Que, aun sabiendo que el veneno estaba diseñado para destruir hospitales, ¿No entendería la necesidad de tus medidas?
—Yo…—Es la única palabra que el pelirrojo articula, antes de volver a ser callado por la irritada mujer.
— ¡Deja de subestimarme, y deja de protegerme como si fuese una niña!—Le interrumpe con un tono tosco, antes de forzarse a recuperar la calma.
Por mucho que le irrite, Sakura no puede negar que en el pasado ella no le dio ninguna señal que le dé a entender que compartir estos planes con ella sería una buena idea.
—Puedo entender que existen decisiones difíciles, que a veces deben tomarse. La tomaste a mis espaldas porque no confiabas en mí, y, si hubiésemos trabajado juntos, quizá habríamos conseguido un antídoto nosotros antes de que ocurriera el resto de la mierda.
La segunda parte del discurso toma por sorpresa al marionetista. Definitivamente, hay ira en Sakura, pero no está enojada porque haya sacrificado civiles. Sino, por no haber sido incluida en el proceso…
"Esto… Esto es algo nuevo." Piensa Sasori, observándola tan absorto en la revelación que no cabe en sí.
—Todo lo que tenías que hacer era explicarme que era la mejor opción. Tu idea de usar diálisis tampoco era la mejor manera de obtener muestras. No eres médico, y se nota. No me hubiera gustado sacrificar pacientes, pero te hubiera hecho caso y hubiéramos obtenido mejores resultados. Quizá, hasta una cura alternativa—La rosada hace una pausa, y respira profundo, recobrando un semblante calmo…
En realidad, no está enojada con él, no como antes lo estuvo. En este momento, está enojada a causa de un evento particular, y quiere solucionarlo de una vez para volver a estar bien con el marionetista.
—Entiendo que mentirme puede llegar a ser necesario en ciertas ocasiones, pero jamás vuelvas a hacerlo porque crees que no puedo soportar la verdad. Ya superé eso. ¿Queda claro? —Insiste de un modo más que autoritario, y sosteniéndole la mirada de un modo similar.
—Claro—Responde el marionetista de manera anti climática.
Insatisfecha con la respuesta, la mujer vuelve a insistir, ya que no dejaría el tema enfriarse ahora, que por fin ha podido exponerlo de manera satisfactoria.
—No me ocultes más cosas porque creas que no puedo tolerar oírlas. No es el caso, y quiero que lo digas. Sea lo que sea, puedo tolerarlo, y, si no es así, pues tendré que aprender rápido.
—No te ocultaré cosas con la justificación de que no creo que puedas tolerarlas. Te lo prometo. Pensé que era necesario, y pensé de manera errónea. No te volveré a subestimar— Asegura el marionetista, mintiendo a medias, permitiéndose una única excepción.
Una cosa es confiar en Sakura, no se opone a eso, pero contarle eso… No. Eso debe ser una excepción. Ya está determinado a que sea así.
No obstante, para su sorpresa, ésta parece ser toda la respuesta que la mujer deseaba.
Una sonrisa cándida se dibuja en el rostro de la kunoichi de Konoha, causando un momentáneo, casi imperceptible, flaqueo en la determinación del marionetista.
Sakura suspira con alivio y piensa en voz alta:
—Gracias a los dioses que ya podemos dejar esa basura atrás, era demasiado molesto. ¿Amigos?
Ahora, el tono severo de la mujer ha cambiado por completo. El marionetista no sabe si sorprenderse por sus palabras, o por la manera en la que ha aprendido a lidiar con su ira.
— ¿Amigos? —Repite Sasori, con clara confusión en su faz.
—Sí. Amigos—Afirma con una determinación similar a la que emplea en su campo de trabajo—.Admito que me estuve preguntando por un tiempo sobre qué clase de cosa somos. Así que, en vez de seguir preguntándomelo, puedo decidirlo: amigos. Eso suena bien. ¿No te opones?
—No, para nada—Niega con la cabeza, reemplazando su creciente perplejidad por una sonrisa de medio lado—.También estaba intentando descifrar eso. Y tu idea hace las cosas sencillas. Aunque, me sorprende que puedas llamarme amigo.
—Hey—Bromea la mujer con un tono jocoso—.Caminas justo en el límite de cuánta basura puedo tolerar en alguien. Pero estas del lado bueno de mi línea. Si no te vuelves más estúpido de lo que eres hoy, estás bien para mí.
Sasori guarda silencio, ampliando sutilmente su sonrisa ante las palabras de la dama a su lado.
—Ya suficientes desventuras compartimos—Ríe Sakura—.Llamarte amigo recién ahora, quizá sea hasta un poco tarde.
—Suenas convencida—Acota ahora el criminal, ocultando un atisbo extra de buen humor que le sorprendió adquirir— ¿Pero qué pasa si algún día se sabe que vivo, y te envían a enfrentarte a mí?
—Estoy convencida—Vuelve a afirmar sin siquiera pestañear—. Y, si eso pasa, entonces fingiremos tu muerte una segunda vez. Solucionaremos los detalles cuando sea necesario.
—Como venimos haciendo hasta ahora.
La mujer le asiente con la cabeza.
—Tú sí entiendes—Agrega con un tono cómplice, guiñándole un ojo a su nuevo amigo.
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Notas de autor/es: Debo advertirles que los próximos episodios demorarán en salir, porque deben ser sometidos a una re-escritura fuerte. Además, las festividades de fin de año consumirán el tiempo de ambos. Felices fiestas.
